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domingo, 5 de noviembre de 2023

La vida tras perder a mi hija es terrible. Pero también bella

En la tradición judía, la persona que ha perdido a una madre o un padre ha de recitar el Kaddish, la oración del doliente, a diario durante 11 meses, y la comunidad te reconoce como un avel, como un doliente, a lo largo de todo ese año. Se te aconseja que evites la jocosidad y los conciertos, los banquetes de boda y las fiestas del bar mitzvah. Habrás de abstenerte de la música en directo (salvo que tu sustento dependa de ella). No has de ir en busca de alegrías o frivolidades innecesarias. Habitas un lugar de contemplación intensificada, tanto por tradición como por ley religiosa.

Pero si eres una madre que ha perdido a su hija, como yo la pasada primavera, cuando murió mi hija de 14 años, Orli, estás sola. No hay tradición de oración diaria o ascetismo más allá de los primeros 30 días. No hay ninguna norma que exija un ritual de un año de duración: puedes hacer cualquier cosa. Vas en caída libre. Nadie sabe cómo, exactamente, relacionarse contigo. (No es infrecuente que la gente llore cuando me ve).

Sin guías religiosas, y resguardándonos de la angustia de los demás en medio de la nuestra, tenemos que hallar nuestro propio camino. Allí donde el judaísmo prescribe que un hijo doliente evite la alegría innecesaria, pensé que, tal vez, mi familia tenía que buscar activamente la belleza. Teníamos que hacer lo que Orli habría hecho.

En junio del año pasado, en las escasas semanas que transcurrieron entre el primer tumor cerebral de Orli y el segundo —cuando su batalla de varios años contra un cáncer hepático, después de ronda tras ronda de quimioterapia y radioterapia, un trasplante de hígado y muchísimas operaciones quirúrgicas, se había transformado en algo aún más aterrador—, nuestra familia tuvo la bendición de poder pasar unos días junto al mar, en una pequeña localidad pesquera. Una mañana, temprano, Orli se fue a montar en bicicleta ella sola, haciendo caso omiso de las reticencias de sus médicos (que temían por su equilibrio) y de sus padres (que estaban preocupados de por sí). Me la encontré sentada en un malecón formado por unas enormes rocas, con un libro en la mano, contemplando el mar. Se dio la vuelta cuando me oyó llegar y sonrió de oreja a oreja. Aquello, dijo con gran gestualidad, era beneficioso para su salud mental. Se refería a la arena, al mar, a la soledad, a la belleza, a la autonomía. No hacía desaparecer todo por lo que había pasado, y lo que sospechaba que tendría que pasar, pero la sostuvo, durante un rato. Esto, esto es lo que necesito, me dijo.

Esta temporada ha consistido en intentar averiguar qué vio Orli allí. 
Me he pasado estas últimas semanas insistiéndole al resto de nuestra familia en que salgan al mundo conmigo, a ver lo bello que es, y también lo terrible, asombroso y doloroso. Ahora estamos tratando de aprender a vivir. A menudo tropezamos.

Al principio del verano tuve la idea de embarcarme en un gran tour de la tristeza, y visitar los lugares de Europa en los que habíamos vivido, en los años antes de que todo esto empezara. Quería ver a mis amigos y quedarme unos días con ellos, e intentar recobrar, aunque fuese brevemente, mi capacidad de asombro. Mi hija pequeña, Hana, y yo decidimos que por todo el camino iríamos dejando cuentas blancas con una O dorada—migas de pan semipermanentes— como una forma de llevarnos a Orli con nosotras, de mantenerla cerca. Buscábamos a Orli a nuestro paso; buscábamos para encontrarnos a nosotras mismas. En la costa española, a 90 minutos al norte de Barcelona, nos fuimos de caminata por senderos rocosos, donde los pinos del Mediterráneo crecen inverosímilmente en la inhóspita roca y, aferrados a la vida, florecen y reverdecen, aunque muy curtidos y maltrechos. Mira cómo sobreviven, nos decíamos la una a la otra. Mira cómo sobreviven.

El cumpleaños de Hana coincidió con la mitad de nuestro viaje, en París. Les pidió a sus amigos que la llamaran o le mandaran un mensaje de texto en la hora exacta de su nacimiento. En el momento en que llegaron los mensajes, cayó una rápida tormenta veraniega. Mientras que mi pareja, Ian, y yo nos refugiábamos bajo el toldo de un restaurante cerrado, Hana corrió a bailar bajo la cálida lluvia. Levantó la vista y vio que estábamos delante del número 13, el día del cumpleaños de Orli y su número favorito. “¡Es Orli!”, exclamó Hana. Y nosotros pensamos: ¿Quién sabe? Quizá sí es.

En parte, sé que nuestros viajes fueron un medio de huida. De hecho, me habría mantenido en esa huida si Hana e Ian hubiesen estado dispuestos, si las finanzas nos lo hubiesen permitido. Si hubiese podido desraizarnos del todo, probablemente lo habría hecho. (Sé que éramos afortunados, en medio de una enorme desgracia, por tener la capacidad de huir siquiera). Nuestra casa se nos puede hacer a veces muy pesada y fantasmagórica. Me he pasado horas limpiando la habitación de Orli, primero recogiendo el material médico para donarlo y después cambiando la ropa de cama en la que murió. La habitación conserva el perfume de Orli, en un pequeño difusor de varillas aromáticas que hacen promesas olfativas que no pueden cumplir.

He puesto bonita la habitación, como si todavía fuese suya. Los carteles feministas de Orli siguen en la pared, y los libros organizados como ella los colocó cuidadosamente; la habitación se mantiene como ella la diseñó, siempre ligeramente cambiada, despojada ahora del terror. Cuando acabé de renovar el espacio, ya sin sus máquinas de oxígeno y sus cientos de frascos de píldoras, sus tubos y cojines ajustables para las extremidades, su silla de ruedas y su cómoda al lado de la cama, cubierta con una nueva manta y una almohada con colores sutiles a juego y una funda de edredón de Ikea, me acosté en ella y lloré.

Y todo eso es para decir que no estoy bien ahora mismo. No quiero hablar, pero quiero que escribas. Cuando entrevisté a la escritora francesa Anne Berest, hace unas semanas, le dije que no tenía una hija, sino dos, y que una había muerto. Empecé a llorar. “Lo siento”, le dije, recomponiéndome. “¿Por qué?”, me dijo, mirándome directamente a los ojos. “Es algo muy triste”. Allí juntas sentadas, estábamos cómodas en la incomodidad.

Todavía tiendo a despertarme por la noche y repasar una y otra vez las cosas que salieron mal y pensar en que podría haber protegido a Orli. Me reprocho a mí misma haberle fallado. Es completamente irracional, eso también es cierto. Yo no podía salvarla; no se podía salvar. Soy su madre, ergo he fallado. Con la luz del día, me doy cuenta de lo defectuosa que es esa lógica de las 4 a. m. Eso me hace recordar que, cuando estábamos al principio en la sala de urgencias con ella, en noviembre de 2019, después de un mes de pediatras que no veían lo que tenían delante de ellos, de volver semana tras semana a ver a los médicos y pedirles que, por favor, la examinaran una vez más, no eran ellos a los que culpaba, sino a mí. “Pero yo la amamanté”, les decía todo el tiempo a los médicos de urgencias, a sus rostros abatidos, cuando me explicaban que el dolor que Orli sufría se debía a innumerables tumores hepáticos. “Pero yo la amamanté”.

Trato de reorientarme saliendo todas las mañanas a andar. Intento ver las plantas en flor, cómo crecen las papas silvestres que se extienden a lo largo del camino junto a mi casa, la fecundidad de agosto, el verdor que llegó como en una exhalación durante los meses después de que Orli nos dejara aquí, y a nuestra suerte. Me doy cuenta de que no soy capaz de hablar con las personas que veo en el mercado agrícola, pero soy sensible a la fruta que ya está madura, al sabor del final del verano, a la calidez de la piel de cada durazno.

A veces he intentado hablar de lo que veo. Cuando el día del cumpleaños de Hana terminaba, y hacía largo rato que el cielo se había despejado tras el repentino aguacero en el que buscamos a Orli, nos quedamos en la calle hasta muy tarde. Las sofocantes temperaturas del día se habían suavizado por fin, aún había una maravillosa luz fuera, y paseamos con una maravillosa amiga francesa nuestra desde hace muchos años, que nació casualmente el mismo día que Hana, algunas décadas antes. Los adultos eran reacios a volver al apartamento, al disfrutar de una compañía tanto tiempo negada.

Hana se quedó parada de pronto, disgustada. La vida es terrible, dijo. Sé que lo es, dije yo. Yo también me siento así, todo el tiempo. Pero mira a tu alrededor, dije. Estamos en París. Son las 10:30 de la noche y el mundo está lleno de personas. Esta calle, estos edificios, son preciosos. La luz es agradable, es una belleza esto, hay brisa. El dolor siempre está ahí para nosotros. Nos estará esperando en el apartamento cuando volvamos esta noche, y se tumbará junto a nosotros en la cama o vendrá a vernos cuando despertemos: siempre lo tenemos. Pero tenemos que dejar entrar a esta belleza, también. Esa será la tarea para el resto de nuestros días: sostener este dolor y esta belleza el uno junto a la otra, sin permitir que uno aplaste o desplace al otro. También tenemos que dejar entrar esta belleza.

Sarah Wildman es editora sénior en el Times y colaboradora de Opinión. Es autora de Paper Love: Searching for the Girl My Grandfather Left Behind.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Educación: el polémico estudio que afirma que niños más atractivos sacan mejores notas

Es posibles que los niños y niñas más agraciados físicamente saquen mejores notas?

Eso es lo que asegura un reciente estudio llevado a cabo por economistas estadounidenses, que concluyó que los estudiantes más atractivos no solo obtienen mejores resultados académicos sino que también permanecen más tiempo escolarizados.

El economista Daniel S. Hamermesh, de la neoyorquina Universidad de Barnard, y dos colegas de otras dos universidades de EE.UU. llegaron a esta conclusión tras estudiar la amplia información incluida en el informe estadounidense "Atención temprana a los niños y desarrollo en la juventud", que sistematizó los datos de 1.300 niños edades entre 6 meses y 15 años de edad.

Para su investigación también utilizaron el informe británico "Estudio del desarrollo de la niñez en Reino Unido", que contiene una cronología de la vida de 17.000 niños británicos nacidos en una sola semana en 1958.

Una de las preguntas que surge al leer las conclusiones preliminares del estudio publicadas por el Buró Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos es cómo midieron los expertos el nivel de atractivo de los estudiantes.

Cómo determinar quién es lindo y quién no? Diseñar una forma de medir la belleza es todo un desafío. Quizás por eso los autores decidieron confiar en las clasificaciones ya incluidas en los estudios que utilizaron para su investigación.

En el caso del informe estadounidense, la apariencia de los sujetos fue evaluada por un panel de al menos 10 jóvenes que miraron segmentos de videos de las entrevistas que ofrecieron los niños durante la investigación. Los evaluadores podían dar una calificación de 1 (no atractivo) a 5 (muy atractivo o lindo).

En el estudio inglés fueron los maestros los que ofrecieron una de las siguientes categorías a los menores: atractivo, no atractivo, con una "característica anormal" o "mal nutrido, desaliñado y sucio".

Los niños evaluados como atractivos en ambos estudios demostraron tener mejores resultados académico que sus compañeros clasificados como menos atractivos, aunque los autores controlaron la influencia de otras variables como el origen étnico, el género, la educación y los ingresos de los padres.

La Dra. Judith Kleine Staarman, profesora de Educación de la Universidad de Exeter (Inglaterra) y especialista en los procesos de aprendizaje, advierte que el estudio relaciona los resultados académicos con el aspecto físico de los niños, pero que esto es solo una correlación y no se puede interpretar como causal.

Lo que intenta explicar es que no por lucir más atractivos las personas son más inteligentes. Pero entonces, ¿por qué se produce esta correlación?

¿Culpa de los profesores? Hamermesh y sus colegas utilizaron la gran cantidad de datos disponibles para probar diferentes teorías. Encontraron evidencia de que los profesores suelen tener una mejor relación con estudiantes más atractivos, lo cual pudiera explicar la brecha entre unos y otros.

También concluyeron que los que fueron clasificados como no atractivos en algún grado, eran más proclives a reportar ser víctimas de acoso por parte de sus compañeros, lo cual afecta el rendimiento académico.

Además, vieron que se reportan menos casos de problemas de comportamiento entre los estudiantes más agraciados.

Así, los datos demuestran que los más "lindos" son más proclives a terminar sus estudios y a tener resultados positivos consistentes en lectura y matemática.

De hecho, el estudio de Hamermesh confirma que aquellos cuya apariencia "está un punto por arriba del promedio" logran mantenerse en la escuela cinco meses más que los compañeros que tienen una apariencia considerada promedio.

Judith Kleine considera que este estudio deja muchas preguntas sin respuesta. "El informe no explica claramente por qué está sucediendo esta correlación entre apariencia y desempeño académico".

No obstante, no desestima la importancia de los prejuicios que tienen los profesores.

Seguramente, uno tiene preferencias subconscientes, incluso yo, que estoy tan alerta sobre esto, pero le pasa a todo el mundo".

El estudio estadounidense ofrece luz también sobre otras investigaciones que afirman que las personas atractivas ganan más dinero que las que no lo son.

Estas revelaciones podrían ayudar a comprender por qué, ya que de acuerdo a los resultados de esta investigación, los más "atractivos", incluso siendo niños, suelen tener mejores experiencias educativas y mantienen un mejor rendimiento académico.

Esto podría significar que al llegar a la adultez las personas consideradas más atractivas tienen una posición más ventajosa para enfrentarse a la vida profesional.

Lea el informe completo en inglés aquí.

BBC y El País

https://lasideas.es/6-juegos-para-aumentar-el-autoestima-de-los-ninos/

viernes, 1 de junio de 2018

WALTER ISAACSON. “Es importante que no tengamos miedo a la tecnología”. El biógrafo de Steve Jobs y Albert Einstein se centra en su último libro en el origen de la era digital a través de sus múltiples visionarios.

Nueva York 30 OCT 2015 - 14:28 CET

Walter Isaacson (Nueva Orleans, 20 de mayo de 1952) es más que un biógrafo en serie. Se atreve con los grandes genios, como Steve Jobs y Albert Einstein. El presidente del The Aspen Institute y antiguo director ejecutivo de Time publica ahora Los Innovadores (Debate), en la que echa un vistazo al origen de la era digital a través de sus múltiples visionarios, de sus talentos y de sus habilidades, de sus éxitos y de sus fracasos. En su trabajo se remonta hasta 1843, cuando Lady Lovelace describió la esencia de los ordenadores modernos. La única hija legítima del poeta Lord Byron supo ver que estas “hermosas máquinas” no tenían que limitarse a manipular números. También afirmó que ningún ordenador sería capaz de pensar.

Un siglo después, surgieron las primeras computadoras. Luego llegó la revolución de Internet. Cuando va a las conferencias y ferias tecnológicas, Isaacson trata siempre de mirar a la gente que está detrás de los productos, para entender lo que está por venir. La innovación real, comenta en esta entrevista, la logran los que son capaces de estar en el punto de unión entre humanidades y tecnología. Por eso el futuro, afirma, estará en manos de las personas que sean capaces de crear esa simbiosis hombre-computador y de la manera más simple.

Pregunta. La tecnología es algo que se da por asumido. ¿Pero entienden las nuevas generaciones las máquinas que usan?
Respuesta. Hay que enseñar matemáticas de una manera diferente, para que se enfoque más en cosas como la lógica y algoritmos, que son claves para la programación, y estadísticas, más que en cálculo. Pero también sería bueno volver a los días en que el usuario podía abrir los dispositivos electrónicos y fisgonear entre los circuitos, en lugar de estar sellados hasta el punto de no llegar a la batería.

P. Es como si se renunciara a poder arreglarlas.
R. Eso es fundamental. Nos estamos viendo alienados por una tecnología que cada vez parece más misteriosa. Por eso escribí este libro, para que se entienda que la tecnología está creada por gente normal. Son personas que entendieron cómo interruptores que se apagaban y encendían creaban un circuito para hacer lógica. Es importante que no tengamos miedo a la tecnología.

P. El origen de la Era Digital lo personifica en Ada, condesa de Lovelace. ¿Por qué?
R. Entendió que era importante conectar el arte a la tecnología, para así poder amar a la vez la poesía y las máquinas. Con su amigo Charles Babbage mostró cómo con tarjetas perforadas se podía programar calculadoras numéricas para hacer fotos, música y palabras, no únicamente números.

P. Las referencias al vínculo que debe haber entre belleza e ingeniería son constantes en su libro. Leonardo Da Vinci hizo eso mucho antes que Ada Byron.
R. Es la persona por excelencia que supo conectar arte con ingeniería y ciencia. Espero que mi próximo libro sea sobre él.

P. ¿Se puede ser visionario sin ser un genio?
R. Hay poca gente realmente inteligente. Muchos de los protagonistas de la era digital son personas normales. Lo que hay que saber es ser creativo, imaginativo. Hay que ser capaz de pensar diferente, como dijo Steve Jobs. Pero también se necesita saber crear equipos de personas. Unos son buenos teniendo ideas, otros ejecutándolas. Se puede ser un innovador independientemente de la personalidad que uno tenga. No hay una fórmula única.

P. ¿Y no es también estar en el momento y el lugar adecuado?
R. Cierto. Pero siempre es el buen momento para ser creativo.

P. Usted explica que innovación es un término que se usa con exceso. ¿Pero muy a menudo se confunde con invención?
R. Ser innovador no significa que siempre haya que ir inventando cosas. Significa que hay que hacer las cosas de otra manera, para crear una conexión con la gente.

P. Las mujeres fueron claves en el origen de la era digital, pero aparecen en la historia con un papel secundario. ¿Por qué?
R. No creo que haya diferencias entre hombres y mujeres a la hora de hacer cálculos matemáticos o de crear máquinas. El problema es que en los inicios los hombres pensaron que las máquinas eran más importantes que los programas y se equivocaron. La historia tampoco ha creado modelos a seguir de mujeres innovadoras. Por eso debemos reconocer el trabajo de Ada Byron o el de programadoras como Grace Hopper, para que inspire a más mujeres a introducirse en la tecnología.

P. La implicación militar fue esencial en el desarrollo de las primeras computadoras y de internet. ¿Debería recuperarse esa colaboración para dar el próximo salto?
R. Es importante que los gobiernos sean socios plenos y financien la investigación científica de base en las universidades. Ayudó a crear cosas como los microchips. No se trata de que participen en la creación de un nuevo producto, sino de preparar la tierra de cultivo para que germine la innovación futura.

P. ¿Cree que las empresas maduras tienen miedo a innovar?
R. Lo que creo es que las compañías que están dispuestas a comerse sus propios productos son las que innovan mejor. Apple creó el iPhone sabiendo que acabaría con el negocio del iPod; estaba dispuesto a canibalizarlo para poder crear algo nuevo.

P. IBM y HP fueron pioneras. Ahora llevan años tratando de transformarse. ¿Tan rápido va la tecnología que no siguen el paso?
R. El gran problema es que las grandes compañías no innovan bien, porque no quieren ir contra sus propios productos.

P. ¿Son imposibles de gestionar?
R. En la era actual, hay que ser ágiles. Ser pequeñas te da esa ventaja. Es mejor que tratar de ser un conglomerado.

P. ¿Cuál es su opinión sobre las patentes? Elon Musk ofrece las suyas para acelerar el coche eléctrico. En el extremo están Apple y Samsung peleándose por un diseño.
R. La tensión entre esos dos modelos ayuda a crear la dinámica para innovar. Por eso no creo que todo deba estar completamente abierto o cerrado. Sí pienso que las reglas deben evolucionar, para permitir sistemas más abiertos en lugar de patentarlo todo.

P. Da por hecho que la colaboración entre el hombre y la máquina está ganando a la idea de la inteligencia artificial.
R. Es la gran historia de la era digital. Combinar la capacidad de las máquinas con el juicio humano es más exitoso que crear máquinas que puedan pensar sin humanos.

P. ¿Habrá entonces una conexión física?
R. Claro. De alguna manera la está habiendo con los relojes y las gafas interactivas. Algún día los dispositivos electrónicos estarán dentro de nuestro cuerpo. Ya tenemos marcapasos.

P. ¿Cuál será la próxima disrupción tecnológica?
R. La banca y espero que suceda pronto. El sistema actual no permite hacer pequeñas transacciones con facilidad y deja a mucha gente al margen. Bitcoin es el inicio de esta disrupción. Espero que Apple u otra compañía encuentre la manera de esquivar a la banca tradicional y utilice pequeños pagos con monedas digitales.

sábado, 3 de junio de 2017

Palabras para el aniversario, saludos, recuerdos, agradecimientos. Serrat.

Introducción.

Saludos, recuerdos y agradecimientos.

Barzilai, conocido por sus colegas por empalmar un chiste con otro, es optimista respecto al futuro. En el congreso de Madrid, arrancó su charla contando el caso de un hombre de 100 años que fue a hacerse un seguro de vida. “No hacemos pólizas a personas de 100 años”, le informaron. “¿Cómo que no? Mi madre se acaba de hacer un seguro de vida aquí”, respondió. Tras pedirle disculpas, los empleados de la aseguradora le citaron para que firmara los papeles el siguiente martes. “El martes no puedo. Se casa mi abuelo”, lamentó el hombre de 100 años. “¿Su abuelo?”, exclamaron los trabajadores. “Sí, él no quería, pero sus padres le han presionado”, contestó el centenario.

50 años no es nada
“Qué es lo que me queda/ de aquella mañana/ de esos dulces años/ si en ira y desengaño/ los días de gloria/ los dejamos ir”
"Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano. Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos Órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común"

Niñez
Cuando Éramos Niños
Joan Manuel Serrat

Cuando tú llevabas trenzas, cuando yo era un chiquillo,
no había penas, no hacía nunca frío.
Con un juguete buscábamos la paz.
Tú con tu muñeca, yo con el caballo bravo.

¡Ning, nang, cómo resuena la gran campana...!
¡Recuerdos de buena hora vienen y van...!

De un barco corsario yo era el capitán;
de papel de periódico lo fabriqué.
Collares y coronas lucías, gentil;
eras reina a veces, o cautiva humilde.

¡Ning, nang, cómo resuena la gran campana...!
¡Recuerdos de buena hora vienen y van...!

Por Navidad nevaba, cantábamos canciones;
la madre nos daba barquillos y turrones.
Un poco de esperanza y nos veíamos pastores,
un soplo de alegría: ángeles sopladores.

¡Ning, nang, cómo resuena la gran campana...!
¡Recuerdos de buena hora vienen y van...!

Eran tiempos felices.
No necesitábamos más que caramelos y anises
y juegos halagüeños.
Reíamos y nos estremecíamos,
sabíamos soñar.
El nido lo teníamos en el campanario.

¡Ning, nang, cómo resuena la gran campana...!
¡Recuerdos de buena hora vienen y van...!


Teresa Rita Lopes
(de "Retrato de familia")

Antes cuando "no había muerto nadie todavía"
Yo tenía Madre cinco tías cuatro tíos varios primos
cuatro abuelos seis bisabuelos
Me acuerdo de un niño
vecino mio que fue a mi cumpleaños y regresó
llorando a casa porque no tenía primos
¡Quería
tener primos y ya está!
Era un niño rico que lo tenía todo
pero su Madre no podía ir a comprarle primos al supermercado
Porque para poder tener primos se necesitan tíos
o tías y su Madre y su Padre eran hijos únicos
Como yo
A veces me aburría tanta familia y tanto
besuqueo (yo me limpiaba siempre la cara con la mano)
¡Poco sabía yo la falta que esos besos
me iban a hacer hoy!
Hoy sé que solo se es feliz
cuando no nos paramos a pensar en ello.

Madurez. Adultos
Miguel Peixoto

A la hora de poner la mesa, éramos cinco:
mi padre, mi madre, mis hermanas
y yo. después, mi hermana mayor
se casó. después, mi hermana pequeña
se casó. después, mi padre murió. Hoy,
a la hora de poner la mesa, somos cinco,
menos mi hermana mayor que está
en su casa, menos mi hermana
pequeña que está en su casa, menos mi
padre, menos mi madre viuda. cada uno
de ellos es un lugar vacío en esta mesa en la que
como solo. pero estarán siempre aquí.
a la hora de poner la mesa, seremos siempre cinco.
mientras uno de nosotros esté vivo, seremos
siempre cinco.

Cosas que hemos visto.

Pablo Neruda. Barrio sin luz

¿Se va la poesía de las cosas
o no la puede condensar mi vida?
Ayer -mirando el último crepúsculo-
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

Las ciudades -hollines y venganzas-,
la cochinada gris de los suburbios,
la oficina que encorva las espaldas,
el jefe de ojos turbios.

Sangre de un arrebol sobre los cerros,
sangre sobre las calles y las plazas,
dolor de corazones rotos,
podre de hastíos y de lágrimas.

Un río abraza el arrabal
como una mano helada que tienta en las tinieblas:
sobre sus aguas se avergüenzan
de verse las estrellas.

Y las casas que esconden los deseos
detrás de las ventanas luminosas,
mientras afuera el viento
lleva un poco de barro a cada rosa.

Lejos... la bruma de las olvidanzas
-humos espesos, tajamares rotos-,
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
los bueyes y los hombres sudorosos.

Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
mordiendo solo todas las tristezas,
como si el llanto fuera una semilla
y yo el único surco de la tierra.


Alegrías.

Me ha recibido una primavera espléndida. Días radiantes, luminosos, y una temperatura amable, casi cómplice.

Como vi hace muchos años todo lo que hay que ver, paseo por sus calles sin la urgencia del turista, me dejo llevar por su voluntad y disfruto de cada rincón sin hacerme preguntas. Qué bien, pienso solamente, qué gusto, y de repente, me acuerdo de mi teléfono móvil porque hace muchas horas que no lo veo. Se habrá descargado, y no me importa.
Y entonces lo entiendo, comprendo mi bienestar, esta inesperada alegría. Porque desde que llegué no he sabido nada de la Operación Lezo, de la familia Pujol, de la Púnica, de la Gürtel, del fiscal Anticorrupción, de la Audiencia Nacional, de la cárcel de Soto del Real. La pestilencia de España no es lo suficientemente poderosa como para cruzar el océano, desde aquí no escucho el crujido que anuncia que tantas cosas se están viniendo abajo. Por eso respiro tan bien, por eso camino con los pies ligeros. Pronto volveré a casa, pero en estos días horribles, San Francisco me ha dado un nuevo motivo para amarla. No lo olvidaré.


Juego y Paradoja con nuestro Cervante y Su obra maestra Don Quijote.
Cervantes, capítulo 51 de la segunda parte. El puente y la horca.



La bondad

una visión precristiana o anticristiana que, desde los estoicos hasta los ilustrados –de Séneca a Rousseau–, propugna la bondad como placer, entre otras razones porque surge antes del amor a uno mismo que del amor a los demás: dado que somos seres fundamentalmente sociales, no podemos ser felices sin la felicidad de quienes nos rodean, de manera que contribuir a la felicidad de los demás significa contribuir a nuestra propia felicidad. Esa contribución es la bondad, una bondad compleja y manchada y ferozmente humana –no simple ni impoluta ni arcangélica–, esencialmente gozosa también, dado que no ignora que, aunque seamos seres egoístas y violentos, tenemos necesidad de los demás, y que esa necesidad no es una humillación ni una flaqueza, sino una fuente de alegría y una garantía de plenitud vital. a veces tiendo a pensar en secreto que la maldad es la forma más refinada de la estupidez, y la bondad, la forma más refinada de la inteligencia.



Ay, mi amor,
sin tí no entiendo el despertar.
Ay, mi amor,
sin tí mi cama es ancha.
Ay, mi amor
que me desvela la verdad...
Entre tú y yo, la soledad
y un manojillo de escarcha.
Estribillo del romance de Curro el Palmo de Serrat


El chiste de cazador casado con joven  y el paraguas.



"La comedia avanza, a través de lo burdo y lo burlesco, hacia una meditación más sutil sobre el dolor del ser humano" Shakespeare.
la famosa frase de Puck: “¡Señor, qué tontos son estos mortales!”. Noche de Reyes

...si me despertara tras un largo sueño, /
me harían volver a dormir; y entonces, dormido, /
soñaría que las nubes se abrían y mostraban riquezas /
que caerían sobre mí, de tal forma que, al despertar, /
lloraría por soñar otra vez”.


"Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquílaco).

Violeta Parra.
Gracias a la vida (Thanks to the life)
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco, ...
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro al fruto del cerebro humano
Cuando miro al bueno tan lejos del malo
cuando miro al fondo de tus ojos claros.

Volver a los 17.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo ...

 Joan Manuel Serrat.
 Aquellas pequeñas cosas,...
Uno se cree/
que las mató /
el tiempo y la ausencia. /
Pero su tren/
vendió boleto/
de ida y vuelta./
Son aquellas pequeñas cosas,/
que nos dejó un tiempo de rosas/
en un rincón,/
en un papel/
o en un cajón./
Como un ladrón/
te acechan detrás/
de la puerta./
Te tienen tan/
a su merced/
como hojas muertas/
que el viento arrastra/
allá o aquí,/
que te sonríen tristes y...

  Res no és mesquí
 A Josep Obiols (y la música a "Raimon" Obiols)
 Poema de Joan Salvat-Papasseit - Música de J.M. Serrat

Res no és mesquí, ni cap hora és isarda, ni és fosca la ventura de la nit. I la rosada és clara que el sol surt i s'ullprèn i té delit del bany: que s'emmiralla el llit de tota cosa feta. Res no és mesquí, i tot ric com el vi i la galta colrada. I l'onada del mar sempre riu, Primavera d'hivern - Primavera d'estiu. I tot és Primavera: i tota fulla, verda eternament. Res no és mesquí, perquè els dies no passen; i no arriba la mort ni si l'heu demanada. I si l'heu demanada us dissimula un clo perquè per tornar a néixer necessiteu morir. I no som mai un plor sinó un somriure fi que es dispersa com grills de taronja. Res no és mesquí, perquè la cançó canta en cada bri de cosa. -Avui, demà i ahir s'esfullarà una rosa: i a la verge més jove li vindrà llet al pit.

 NADA ES MEZQUINO

Nada es mezquino, y ninguna hora escabrosa,
ni es oscura la ventura de la noche.
Y el rocío es claro el sol sale y se fascina
y tiene deseo del baño que se maravilla
el lecho de toda cosa hecha.

Nada es mezquino, y todo rico como el vino
y la mejilla curtida.
Y la ola del mar siempre ríe,
Primavera de invierno -
Primavera de verano.
Y todo es Primavera:
y toda hoja, verde eternamente.
Nada es mezquino, porque los días no pasan;
y no llega la muerte ni habiéndola pedido.
Y si la habéis pedido os disimula un hoyo
porque para volver a nacer necesitáis morir.
Y no somos jamás un llanto
sino una fina sonrisa
que se dispersa como gajos de naranja.
Nada es mezquino, porque la canción canta
en cada brizna de cosa.
-Hoy, mañana y ayer se deshojará una rosa:
y a la más joven virgen
le vendrá la leche al pecho. (Al amor efímero)

Llegar a viejos.


Si se llevasen el miedo,
y nos dejasen lo bailado
para enfrentar el presente...
Si se llegase entrenado
y con ánimo suficiente...

Y después de darlo todo
- en justa correspondencia -
todo estuviese pagado
y el carné de jubilado
abriese todas las puertas...

Quizá llegar a viejo
Sería más llevadero,
Más confortable,
Más duradero.


Si el ayer no se olvidase tan aprisa...
Si tuviesen más cuidado en donde pisan...

Si se viviese entre amigos
que al menos de vez en cuando
pasasen una pelota...
Si el cansancio y la derrota
no supiesen tan amargo...



Joan Manuel Serrat)

Nada tienes que temer,
al mal tiempo buena cara,
la Constitución te ampara,
la justicia te defiende,
la policía te guarda,
el sindicato te apoya,
el sistema te respalda
y los pajaritos cantan
y las nubes se levantan.

Cruza los dedos,
toca madera.
No pases por debajo de esa escalera.
Y evita el trece
y al gato negro.
No te levantes con el pie izquierdo.

Y métete en el bolsillo
envuelta en tu carta astral
una pata de conejo
por si se quiebra un espejo
o se derrama la sal.

Y vigila el horóscopo
y el biorritmo.
Ni se te ocurra vestirte de amarillo.
Y si a pesar de todo
la vida te cuelga
el "no hay billetes"
recuerda
que pisar mierda
trae buena suerte.

Toca madera,
toca madera.
Cruza los dedos,
toca madera.

miércoles, 13 de julio de 2016

Bello y manchego. Las personas que somos guapas nos vemos a menudo en la obligación de justificar nuestra hermosura y dejar claro que somos, también, inteligentes.

En una entrevista que leí recientemente, la modelo Irina Shayk decía que en su caso la belleza estaba en el carácter. Como persona bella, entendí por dónde iba, leí entrelíneas. Las personas que somos guapas, pero guapas, guapas, nos vemos a menudo en la obligación de justificar nuestra hermosura y dejar claro que somos, también, inteligentes y buenas personas, y que, además, no damos importancia al hecho de ser hermosos y que por lo tanto los demás tampoco deben. Pero somos conscientes que esto no es así: en muchos casos nuestra beldad se percibe como una ofensa, un agravio… ¡No se hacen idea ustedes queridos lectores (a los que imagino normales en la mayoría de los casos, con excepción de algún “resultón”) lo duro que puede llegar a ser! En mi caso (y en el de muchos de mis compañeros de preciosura, porque esto lo tenemos hablado), tengo que soportar cómo, permanentemente, se pone en duda mi aspecto: que si me he operado los labios, que si me he hecho un lifting, que cómo puede ser que tenga estas piernas tan bien torneadas… En sus caras puedo leer una mezcla de escepticismo y envidia cuando, con toda la humildad del mundo, les contesto que es genético. Que nací así y que estoy perfecto con la cara lavada. Y eso es casi lo que más les molesta: que hagamos lo que hagamos estamos deslumbrantes.

Llegados a este punto, son dos los mensajes que quiero lanzar:
Uno. Si no son gallardos no se esfuercen por parecerlo. La belleza no es para quien la trabaja.
Dos. Trátennos con dignidad a las personas que estamos to buenas, nosotros no tenemos la culpa de ser así.

http://elpais.com/elpais/2016/07/11/estilo/1468237039_038415.html

lunes, 18 de febrero de 2013

¿Por qué nos gustan las cosas hermosas? de NYT.


Por Lance Hosey

Del gran diseño, el experto Gary Hamel dijo una vez, es como la famosa definición de juez Potter Stewart de la pornografía - lo sabes cuando lo ves.

¿Lo quieres? también: estudios de exploración del cerebro revelan que la visión de un producto atractivo puede activar la parte del cerebelo motor que rige movimiento de la mano. Instintivamente, nos acercamos a las cosas atractivas, la belleza, literalmente, nos mueve.

Sin embargo, mientras que se sienten atraídos por el buen diseño, como el señor Hamel señala, no estamos muy seguros de por qué.

Esto está empezando a cambiar. Una revolución en la ciencia del diseño ya está en marcha, y la mayoría de las personas, incluyendo diseñadores, ni siquiera son conscientes de ello.

Tome color.
El año pasado, los investigadores alemanes hallaron que sólo echando un vistazo a los tonos de verde pueden impulsar la creatividad y la motivación. No es difícil adivinar por qué: asociamos colores verdes con vegetación, alimentos - tonos que prometen alimento. Esto podría explicar en parte por qué las vistas de paisajes desde la ventana, en programas de investigación, puede acelerar la recuperación del paciente en los hospitales, ayuda al aprendizaje en las aulas y estimula la productividad en el lugar de trabajo.

En los estudios de los centros de atención a llamadas, por ejemplo, los trabajadores que podían ver el exterior completó tareas 6 a 7 por ciento más eficiente que los que no pudieron, lo que genera un ahorro anual de casi $ 3.000 por empleado.

En algunos casos, el mismo efecto puede suceder con un mural fotográfico o incluso pintado, si se ve como una visión real de la naturaleza.

Las empresas invierten mucho para entender lo que incentiva a los empleados, y resulta que un poco de color y un mural podría ser un truco de gran ayuda.

La Geometría simple nos lleva a revelaciones similares. Desde hace más de 2.000 años, los filósofos, matemáticos y artistas se han maravillado con las propiedades únicas del "rectángulo dorado": restar un cuadrado de un rectángulo de oro, y lo que queda es otro rectángulo de oro, y así sucesivamente y así sucesivamente - una espiral infinita . Estas proporciones mágicas llamadas (alrededor del 5 por 8) son comunes en la forma de libros, televisores y tarjetas de crédito, y proporcionan la estructura subyacente de algunos de los diseños más queridos de la historia: las fachadas del Partenón y de Notre Dame , la cara de la "Mona Lisa", el violín Stradivarius y el iPod original.

Los experimentos que se remontan al siglo 19 han demostrado repetidamente que la gente siempre prefiere las imágenes en estas proporciones, pero nadie sabía por qué.

Luego, en 2009, un profesor de la Universidad de Duke demostró que nuestros ojos pueden escanear una imagen más rápido cuando su forma es un rectángulo áureo. Por ejemplo, es el diseño ideal de un párrafo de texto, el más propicio para la lectura y la retención de uno.

Esta forma sencilla acelera nuestra capacidad de percibir el mundo, y sin darnos cuenta, nos lo emplean siempre que podamos.
Ciertos patrones también tienen un atractivo universal. Fractales naturales - irregular, auto-similar geometría - ocurren prácticamente en todas partes en la naturaleza: en las costas y vías fluviales, en los copos de nieve y las nervaduras de las hojas, incluso en nuestros propios pulmones.

En los últimos años, los físicos han descubierto que las personas siempre prefieren una cierta densidad matemática de los fractales - no demasiado gruesa ni demasiado escasa. La teoría es que este patrón refleja el estilo de los árboles, en concreto la acacia, en la sabana africana, el lugar almacenada en nuestra memoria genética de la cuna de la raza humana.

Parafraseando a un biólogo, la belleza está en los genes del espectador - el hogar es donde está el genoma.

La revista LIFE llamó a Jackson Pollock "el pintor vivo más grande en los Estados Unidos" en 1949, cuando él estaba creando lienzos ahora se sabe que se ajustan a la densidad óptima fractal (alrededor de 1,3 en una escala del 1 al 2 de vacío a sólido). Podría últimas pinturas de Pollock como resultado de su esfuerzo permanente para excavar una imagen enterrada en todos nuestros cerebros? 

Respondemos de manera tan dramática a este patrón que puede reducir los niveles de estrés hasta en un 60 por ciento - con sólo estar en nuestro campo de visión.

Un investigador ha calculado que, dado que los estadounidenses gastan $ 300 mil millones al año frente a las enfermedades relacionadas con el estrés, los beneficios económicos de estas formas, si se aplica ampliamente, podrían estar en los miles de millones. No debería ser ninguna sorpresa que el buen diseño, a menudo en formas muy sutiles, pueden tener efectos tan dramáticos.

Después de todo, el mal diseño funciona a la inversa: los equipos mal diseñados pueden lesionar las muñecas, las sillas incómodas pueden forzarle la espalda y la iluminación excesivamente brillante y la pantalla del ordenador puede provocar el cansancio de sus ojos.

Creemos que el gran diseño, como el arte, es una ciencia, no un don misterioso de los dioses, no es algo que se produce sólo a partir de diligentes estudios y conocimiento de causa. Pero si cada diseñador entiende más sobre las matemáticas de la atracción, la mecánica de afecto, todo de diseño - desde casas a los teléfonos móviles a las oficinas y coches - ambos podrían verse bien y ser bueno para ti. Ver el original en el NYT

Lanza Hosey, el oficial jefe de la sostenibilidad en la arquitectura RTKL firma, es el autor de "The Shape of Green: Estética, Ecología y Diseño"


domingo, 15 de agosto de 2010

Apostasía

... Lo que me gusta del verano es que, con la modorra, se reduce la actividad social y uno se encuentra, de repente, con bastante tiempo para leer. Acabo de terminar, con algo de retraso, el ensayo que publicó Umberto Eco sobre la fealdad (Historia de la fealdad, Lumen 2007) y, más allá de los méritos que pueda tener el texto, me ha llamado la atención el que no ha quedado resaltado con suficiente fuerza algo que para mí es una evidencia: que se puede considerar al conjunto del arte contemporáneo, con muy pocas excepciones, como una apología de la fealdad.
Lo que supone el arte contemporáneo es, básicamente, una inversión radical de valores estéticos; un repetir, con las brujas de Macbeth, lo que es feo es bello, lo que es bello es feo (la frase también se cita en el libro). Si alguien tiene alguna duda, no tiene más que entrar en cualquier museo consagrado al arte contemporáneo y hacerse esta pregunta: ¿cuántas de las obras aquí presentes puedo considerar realmente bellas?
Eso nos llevaría a un cuestionamiento sobre la propia noción de belleza que todos los defensores de lo contemporáneo retorcerán hasta convertirla en su contrario. Pero no, no valen bellezas convulsas, ni tampoco bellezas diferentes. Por una vez me refiero sencillamente a ese ideal clásico, forjado por valores como la armonía, la simetría y la economía de medios, que siempre ha guiado al buen gusto. Y la respuesta, si uno es sincero consigo mismo, será finalmente: muy pocas o prácticamente ninguna.
...No pretendo hacer valoraciones, sino establecer una evidencia: que hoy en día el sentido de la belleza está prácticamente ausente de la producción de la mayoría de los artistas.
Una vez aclarado esto, uno puede echar un vistazo a su alrededor y constatar que el panorama es absolutamente desolador. La transgresión, que puede ser una virtud cuando la norma impera, acaba siendo mera tontería y mero sinsentido cuando se convierte en la norma. Y para constatar que es así, no hace falta irse muy lejos. Casi todos los artistas en cualquier coloquio repiten hoy en día el credo posmoderno: que hay que alejarse de los cánones clásicos; que el rol del creador es innovar y romper tabúes.
Pero, ¿qué queda por hacer de nuevo, que no se haya intentado ya mil veces? ¿Y qué tabúes quedan por romper que no hayan sido rotos? La respuesta, una vez más, es que prácticamente ninguno. Y yo, que por otra parte soy el primero en defender que el arte debe ser un territorio de libertad absoluta, me encuentro últimamente hastiado y aburrido por esta imperante normativa artística que nos impele a ser cuanto más asquerosos y más hirientes y transgresores mejor.
En definitiva, creo que ha llegado el momento de cambiar de rumbo. Yo no sé si lo podré hacer, y seguramente la mayor parte de la gente que ha crecido conmigo en este caldo ideológico/estético finisecular tampoco; y desde luego no animaré a quien tenga el odio metido en el cuerpo a no dar rienda suelta a sus pulsiones más destructivas, si eso le ayuda como terapia (el arte, a fin de cuentas, tiene que estar al servicio en primer lugar de los artistas). Pero sí animo a los creadores jóvenes a tomar conciencia de la nueva situación y a posicionarse, con pleno conocimiento de causa, en el panorama actual. Y sobre todo, en unos momentos como estos, a no repetir como papagayos las cada vez más manidas premisas posmodernas.
Antes de escribir una Historia de la fealdad, Eco escribió una Historia de la belleza. Y estoy convencido de que, al final de sus días, hasta un posmoderno incorregible como él, cuando mire atrás preferirá recordar todo lo que encontró hermoso, y no todas las fealdades contemporáneas. Leer más. José Ángel Mañas, Babelia 14/08/2010