miércoles, 11 de febrero de 2026

Omelet Mousseline de puerros


Omelet Mousseline
Francesco Tonelli for The


Esta tortilla es más esponjosa y ligera que la clásica. Utiliza la técnica de Auguste Escoffier: batir las claras de huevo e incorporar las yemas con movimientos envolventes. Un poco de nata para montar enriquece la tortilla, lo que la convierte en una excelente opción para una última capa de azúcar glas o un relleno de mermelada. Servida dulce o salada, es un plato etéreo que se deshace en la boca.



Ingredientes
Rinde:
1 porción
3 huevos grandes, claras y yemas separadas
1 cucharada de crema para batir
Una pizca grande de sal marina fina, al gusto
Pimienta negra recién molida, al gusto
1 cucharada de mantequilla sin sal

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Información nutricional
Preparación
Paso 1
Con una batidora eléctrica, bata las claras de huevo hasta que formen picos firmes. Mientras tanto, en un tazón grande, bata las yemas con la crema para batir, la sal y la pimienta. Incorpore ¼ de las claras a punto de nieve a las yemas. Incorpore suavemente las claras restantes en dos partes.

Paso 2
Coloque una sartén de 20 a 23 cm (preferiblemente antiadherente o, si no, de acero al carbono bien curado) a fuego alto. Derrita la mantequilla hasta que deje de burbujear.

Paso 3
Vierta la mezcla de huevo y reduzca el fuego a medio. Con una espátula, extienda la mezcla de huevo para cubrir toda la sartén y cocine hasta que cuaje en el fondo. Esto toma solo unos segundos. Use una espátula para doblar el huevo sobre sí mismo en tres partes. Incline la sartén y un plato para servir juntos, y voltee la tortilla sobre el plato.

Ramp Omelet

Ahora mismo, mi combinación favorita es la de puerros y huevos, una combinación especialmente satisfactoria. Con un poco de mantequilla, los puerros dan lugar a unos huevos revueltos estelares y, sin mucho más esfuerzo, a una espectacular tortilla de queso.

Ingredientes
Rinde:
2 porciones
4 huevos grandes
Sal y pimienta
2 cucharadas de mantequilla
½ taza de puerros picados
1 onza de queso Gruyère rallado

Preparación

Paso 1. 
Romper los huevos sazonar con sal y pimienta y batir  

Paso 2
Calentar una sartén para omelette a fuego medio y añadir la mantequilla. Cuando empiece a chisporrotear, añadir los puerros y cocinar durante unos 30 segundos, hasta que se ablanden. Verter los huevos y remover para incorporar los puerros. A medida que los huevos empiecen a cuajar, incline la sartén y levante los bordes del omelette para que los huevos crudos se asienten en el fondo. Cocine durante un minuto como máximo y luego espolvoree el queso sobre los huevos.

Paso 3
Con una espátula, doble el omelette en tres partes. Colóquelo en una fuente con la costura hacia abajo. Sirva inmediatamente.

Mi boeuf bourguignon clásico francés, buey al vino.

Beef Bourguignon
Christopher Testani for The New York Times
Total Time
2½ hours, plus marinating
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Mi boeuf bourguignon clásico 

Al igual que el coq au vin, su plato hermano de la región francesa de Borgoña, el boeuf bourguignon es un guiso de carne cocinado a fuego lento en un vino tinto intenso, acompañado de cebollas perla, champiñones y tocino crujiente en cubos. Use un buen vino, algo sencillo pero fácil de beber. Marca la diferencia en el resultado final. Como todos los guisos de carne, es mejor prepararlo con uno o dos días de antelación; no saltee los champiñones ni las cebollas hasta justo antes de servir. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar. 


Rinde: 4 a 6 porciones 
1.4 kg de carne de res deshuesada para guisar, cortada en cubos de 5 cm y secada con papel absorbente 
2¼ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida 
140 g de lardones, panceta o tocino, en cubos (aprox. 30 ml) 
1 cebolla, finamente picada 
1 zanahoria grande, en rodajas 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
2 cucharadas de harina para todo uso 
1 botella de vino tinto de 1750 ml 
1 hoja de laurel grande 
1 ramita grande de tomillo 
225 g de cebollas perla, peladas (aprox. 12 a 15 cebollas) 
225 g de champiñones cremini, cortados por la mitad si son grandes (aprox. 110 ml) 
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra 
Una pizca de azúcar 
Perejil de hoja plana picado, para decorar 

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Preparación 

Prepara la receta con nosotros 

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Paso 1 
Sazona la carne con 2 cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. Deja reposar al menos 30 minutos a temperatura ambiente o refrigera hasta por 24 horas. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocina los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, aproximadamente de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transfiere la carne a un plato forrado con papel absorbente. Reserva la grasa en la olla. 

Paso 3 
Precalienta el horno a 175 °C. Sube el fuego a medio-alto y cocina hasta que la grasa empiece a humear. Coloca la mitad de los cubos de carne en una sola capa en la olla, dejando espacio entre los trozos. Cocina hasta que estén bien dorados por todos lados, de 10 a 15 minutos; transfiere los trozos a un plato a medida que se doren. Repita con el resto de la carne. 

Paso 4 
Reduzca el fuego, si es necesario, para evitar que se queme. Incorpore la cebolla, la zanahoria y el ¼ de cucharadita de sal restante y cocine hasta que estén blandas, unos 10 minutos, revolviendo ocasionalmente. 

Paso 5 
Incorpore el ajo y la pasta de tomate y cocine durante 1 minuto. Incorpore la harina, cocine durante 1 minuto y luego agregue el vino, la hoja de laurel y el tomillo, raspando los restos dorados del fondo de la olla. Vuelva a colocar la carne dorada y la mitad de los lardones cocidos en la olla, tape y transfiera al horno. Cocine hasta que la carne esté muy tierna, aproximadamente una hora y media, volteando la carne a la mitad de la cocción. 

Paso 6 
Mientras tanto, en una sartén grande a fuego alto, combine las cebollas perla, los champiñones, ¼ de taza de agua, el aceite de oliva y una pizca de sal, pimienta y azúcar. Deje hervir a fuego lento, luego tape y reduzca el fuego a medio, cocinando durante 15 minutos. Destape, suba el fuego a alto y cocine, revolviendo con frecuencia, hasta que las verduras estén bien doradas, de 5 a 7 minutos. 

Paso 7 
Para servir, esparza la cebolla, los champiñones y el resto de los tocinos cocidos sobre el guiso y espolvoree con perejil.

Coq au vin, pollo al vino, clásico francés

Coq au Vin
Christopher Testani for The New York Times. Food Stylist: Simon Andrews.
Total Time
2½ hours, plus marinating
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El coq au vin es un guiso francés clásico en el que el pollo se cocina lentamente en vino tinto y un poco de brandy para obtener una salsa exquisita, llena de carne tierna, crujientes trocitos de tocino, champiñones y cebollitas de perla. Las recetas tradicionales requieren un pollo entero troceado, pero usar solo carne oscura da como resultado un plato especialmente suculento sin el riesgo de que la carne blanca se cocine demasiado. Sin embargo, si prefiere sustituirlo por un ave entera troceada, simplemente añada las pechugas en los últimos 30 minutos de cocción a fuego lento. Si prefiere omitir los crutones como guarnición, puede hacerlo, pero aportan un delicioso toque crujiente y mantecoso junto con la carne y las verduras tiernas y cocidas a fuego lento. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar.

Ingredientes

Rinde: 4 porciones 

1,4 kg de muslos y contramuslos de pollo 
2½ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida, más al gusto 
3 tazas de vino tinto fuerte, preferiblemente de Borgoña 
1 hoja de laurel 
1 cucharadita de hojas de tomillo fresco picadas 
113 g de lardones, panceta o tocino, cortados en cubos de 6 mm (aproximadamente 1 taza) 
3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, más al gusto 
1 cebolla grande, cortada en cubos 
1 zanahoria grande, pelada y cortada en cubos 
225 g de champiñones blancos o marrones, cortados por la mitad si son grandes, y luego en rodajas (aproximadamente 4 tazas) 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
1 cucharada de harina común 
2 cucharadas de brandy 
3 cucharadas de mantequilla sin sal 
225 g de cebollas perla peladas (aproximadamente de 12 a 15 cebollas) 
Una pizca Azúcar 
2 rebanadas de pan blanco, cortadas en triángulos, sin corteza 
¼ taza de perejil picado, más para servir 

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Guía de sustitución de ingredientes 


Preparación 

Paso 1 
Sazonar el pollo con 2¼ cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. 
En un tazón grande, mezclar el pollo, el vino, la hoja de laurel y el tomillo. Tapar y refrigerar durante al menos 2 horas o, mejor aún, toda la noche. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocinar los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transferir los lardones a un plato forrado con papel absorbente, dejando la grasa derretida en la olla. 

Paso 3 
Retirar el pollo del vino y reservar la marinada. Secar bien los trozos de pollo con papel absorbente. Calienta la grasa de lardón a fuego medio hasta que esté a punto de humear. Si es necesario, añade el pollo en una sola capa y cocina hasta que esté bien dorado, de 3 a 5 minutos por lado. (Añade aceite si la olla se ve un poco seca). Pasa el pollo a un plato mientras se dora. 

Paso 4 
Añade la cebolla picada, la zanahoria, la mitad de los champiñones y el ¼ de cucharadita de sal restante a la olla. Cocina hasta que las verduras estén ligeramente doradas, unos 8 minutos, removiendo los restos dorados de la olla y ajustando el fuego si es necesario para evitar que se quemen. 

Paso 5 
Incorpora el ajo y la pasta de tomate y cocina durante 1 minuto. Luego, incorpora la harina y cocina durante un minuto más. Retira del fuego, aparta las verduras a un lado de la olla, vierte el brandy en el lado vacío y enciéndelo con una cerilla. (Si te da miedo encenderlo, simplemente reduce el brandy durante 1 minuto). Una vez que se apague el fuego, agrega la marinada reservada, deja que hierva y reduce el fuego a la mitad (a 1½ tazas), aproximadamente 12 minutos. Retira la espuma que se forme en la superficie. 

Paso 6 
Agrega el pollo, los jugos acumulados y la mitad de los tocinos cocidos a la olla. Tapa y cocina a fuego lento durante 1 hora, dándoles la vuelta a la mitad. Destapa la olla y cocina a fuego lento durante 15 minutos para que espese. Prueba y agrega sal y pi   mienta, si es necesario. 

Paso 7 
Mientras tanto, derrite 1 cucharada de mantequilla y 2 cucharadas de aceite en una sartén antiadherente o grande a fuego medio-alto. Agrega las cebollas perla, una pizca de azúcar y sal al gusto. Tapa, reduce el fuego a bajo y cocina durante 15 minutos, moviendo la sartén con frecuencia para que las cebollas se muevan. Destapa, aparta las cebollas a un lado de la sartén, agrega los champiñones restantes y sube el fuego a medio-alto. Continúe cocinando hasta que se doren, removiendo los champiñones con frecuencia y removiendo la cebolla con cuidado de vez en cuando, de 5 a 8 minutos. Retire la cebolla y los champiñones de la sartén y séquela bien. 

Paso 8 
En la misma sartén, derrita 2 cucharadas de mantequilla y 1 cucharada de aceite a fuego medio hasta que burbujee. Agregue el pan y tuéstelo por todos lados hasta que esté dorado, aproximadamente 2 minutos por lado. (Ajuste el fuego si es necesario para evitar que se queme). Retire de la sartén y espolvoree con sal. 

Paso 9 
Para servir, sumerja los crutones en la salsa de vino y luego cúbralos con perejil. Agregue las cebollas perla, los champiñones y la mitad restante de los lardones cocidos a la olla. Rocíe con la salsa de vino, espolvoree con perejil y sirva con los crutones por encima. 

martes, 10 de febrero de 2026

_- LITERATURA. David Uclés: “La Guerra Civil sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos”



_- El escritor andaluz, autor de ‘La península de las casas vacías’, acaba de ser galardonado con el Premio Nadal por su nuevo libro, ‘La ciudad de las luces muertas’, escrito al mismo tiempo que el libro que le llevó al éxito.

Desde hace más de dos décadas, los lectores españoles demuestran una madurez extraordinaria eligiendo frente a la crítica o los gurús sus propios fenómenos literarios masivos de calidad. Ocurrió con Soldados de Salamina, de Javier Cercas, que aportaba desde la generación de los nietos de la Guerra Civil una nueva mirada al conflicto. Y ha ocurrido ahora con la de los bisnietos mediante una obra fundamental como La península de las casas vacías, de David Uclés (Úbeda, 36 años). Pero el precio de aquel éxito (30 ediciones y más de 300.000 ejemplares vendidos) y del reciente han sido distintos para cada uno de ellos. A Cercas le acompañó, cómo no, la controversia. A Uclés, en ocasiones, el escarnio. En 20 años, el ambiente ha cambiado y la polarización devora. Más cuando demuestras una audacia como la del autor andaluz y aplicas fórmulas de realismo mágico, rigor, humor o un narrador libérrimo no a cualquier asunto, sino a la gran herida colectiva de nuestra historia.

Aun así, el escritor, con 17 años de trabajo y una fe en su obra que pudo con la enfermedad coronaria que padece, la falta de recursos y todas las carencias que le supuso sacarla adelante, refrescó el asunto y demostró con ello que el gran trauma debía ser abordado desde una perspectiva nueva para sus coetáneos. La polémica en torno a él no cesa. Las editoriales se lo rifan y ha conseguido el Premio Nadal (que publica Destino, del Grupo Planeta) con La ciudad de las luces muertas. ¿Supone eso que abandona a la editorial que apostó por él y lo acompañó hasta la cumbre? “No”, dice él.

La semana pasada saltó con él de nuevo la polémica, esta vez en torno al curso organizado por Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla titulado 1936: ¿La guerra que todos perdimos? Los interrogantes son nuevos. Antes se había enunciado como una afirmación y a Uclés, que había sido anunciado en el cartel, no le gustó. Eso y algunos acompañantes como José María Aznar o el político que militó en Vox, Iván Espinosa de los Monteros, le hizo retirarse, también que otros invitados renunciaran y finalmente que la organización lo pospusiera.

Como el tema anda aun encendido, empezamos por preguntarle:

No se cansa usted de polémicas. Hace una semana decidió retirarse del curso organizado en Sevilla por Arturo Pérez-Reverte sobre la Guerra Civil, como contamos en EL PAÍS. No quería verse en el mismo lugar que Aznar o Espinosa de los Monteros. ¿Por qué nos ha quitado el gusto de verles debatir en un mismo foro?

Yo no deseaba ninguna polémica más porque ya me he visto envuelto en muchas últimamente. Sin embargo, para mí era un deber moral no formar parte del mismo plantel con figuras antidemocráticas como Aznar o Espinosa de los Monteros. Me avergonzaba, sencillamente.

No todos perdimos la Guerra Civil, eso está claro. La afirmación que estaba en el cartel (La guerra que todos perdimos) y que después los organizadores aseguran que debía ir entre interrogantes, aun con ese matiz posterior, ¿significa que no lo tendrían claro?

Con ese lema los organizadores hacen gala de una equidistancia que no hace sino blanquear el franquismo. Durante la Transición quedó claro que hubo vencedores y vencidos. La guerra sí la sufrimos todos, pero no la perdimos todos. La provocaron quienes la ganaron, es decir, un grupo de militares fascistas que querían imponer su moral a todo un pueblo.

Finalmente, han pospuesto el congreso, ¿lo considera un triunfo personal?

Lo veo como un triunfo común, no solo mío, sino de todos los participantes que hemos tenido el coraje de dar un paso atrás y no participar en unas jornadas que, con ese cartel, pretendían, creo, dar la sensación de que los abajo firmantes compartíamos la misma tesis.

Le ha enmendado la plana a Arturo Pérez-Reverte, ¿tiene eso su precio en el mundo literario de este país?

Desconozco cuáles son las consecuencias, si bien, lo volvería a hacer y lo más importante es que tengo ahora la conciencia muy tranquila.
 
De La península de las casas vacías a La ciudad de las luces muertas, ¿qué distancia hay?

Las escribí al mismo tiempo. Cuando investigaba para La península…, lo que iba saliendo de Barcelona, lo más bonito, no lo puse, me lo guardé para La ciudad…, salvo lo del bibliobús y el exilio a Francia de Mercè Rodoreda. La península… es la novela de mi vida, pero en los años de barbecho que la iba haciendo también construía la otra.

No hay apenas distancia, son paralelas, entonces. La que ahora aparece es, digamos, un hecho diferencial de la primera.

Las dos becas que me dieron para ambas, la Leonardo y la Montserrat Roig, se solapaban en el tiempo. Es más, el título de La ciudad de las luces muertas es anterior al otro, que se llamaba en un principio Odisto.

Se había presentado al Premio Nadal varias veces, ha dicho. ¿Siempre con la misma novela con que lo ha ganado?

No… Con La península… me presenté también. A ese y a otros. Al Herralde, al Primavera, al Planeta, al Lara, al Nadal…

Sabe que ahora mismo, mientras leen esto, se les están abriendo las carnes a varios comités de selección de novelas de varios premios y editoriales en general, ¿no?

Un editor muy importante me confesó en la Feria del Libro que al llegar a su casa, después de contarle esto, se haría el harakiri. “En mi mesa no está”, me contaba. Y yo respondía: “Claro, mira por Odisto, el primer título”…

El escritor David Uclés ganó el Premio Nadal por 'La ciudad de las luces muertas', su último libro. Ximena y Sergio

Ya… Pero, claro, con ese nombre y 700 páginas, como para leérselo, pensarían.
Me presenté a todos. Lo interesante sería entrevistar a la trabajadora de Correos de Úbeda que me veía con los manuscritos. Me gastaba 100 euros por ejemplar. Cuando comprobaba adónde los enviaba me decía: “Hijo mío, ¿no te puedes presentar mejor al premio de la Caja Rural?”. Y yo, con mis veintipocos años: “¡Que no, María! ¡A los grandes!”.

Era un soñador empedernido. ¿Lo sigue siendo? Los sueños cuestan…
Lo he descubierto, no lo sabía. Todo el mundo me hablaba de las zancadillas. Los primeros, los libreros. “Te van a caer palos por todos lados”, me advertían. Me estaba tratando todo el mundo muy bien. Pero este año, ya caí. Aunque eso no me resta nada del sueño, eh. Yo soy feliz viviendo. Mudándome, tocando música en la calle, aprendiendo a cocinar cosas nuevas, teniendo amantes… Eso es escribir también. ¿Qué es escribir? ¡Vivir! Vivir y luego plasmarlo. Si me va muy mal, muy mal, si me cancelan porque llevo boina, me voy a Praga, a Dinamarca, a cualquier país que me guste, y soy feliz. Yo cumplí un sueño ya. Con La península… me quité la espina de mi vida. Pero quiero seguir escribiendo, me desvivo por escribir.

Dice que es el libro de su vida y hace bien en ser consciente de ello. Me recuerda a un magnate de televisión a quien le dio por organizar una fiesta en honor a una película que fue un bombazo monumental. Tomó la palabra en medio de la euforia del equipo y les dijo: “Aprovechad y disfrutad porque en vuestra vida vais a tener un éxito ni parecido a este…”.

Ya, ya… ¡Hay que ser conscientes! A ver, yo mantengo la ambición y la energía. Quiero superarme, seguir haciendo novelas totales sobre un periodo, pero no sé si superaré lo que ha supuesto La península…

¿Tiene miedo de su propio listón?
No, cada aventura merece su objetivo. Con esta nueva he querido rendir homenaje a Barcelona. Si consigo que guste, el objetivo está cumplido…

Para eso ha elegido una distopía lírica.
Sí… Una distopía en busca de la luz. No sé aún las interpretaciones que tendrá, pero da pie a muchas más que la anterior porque estaba sujeta a una historia que no me podía saltar, la de la Guerra Civil como eje. Aquí solté completamente la imaginación. El apagón que cuento puede tener un corte literario o político si lo agarras por el lado del fascismo, y casa mucho con el presente.

Para eso le ha dado un sesgo hiper­ecléctico que va de Simone Weil a Rosalía o de Carmen Laforet y el boom literario latino­americano a Carlos Ruiz Zafón, un autor cuyo éxito fue despreciado por las élites.
Sí, y soy consciente. Pese a los desprecios, si un título merece éxito y recompensa de los lectores, lo voy a respetar. Los que te quieren criticar porque sí, lo van a hacer. Ruiz Zafón vendió decenas de millones de ejemplares en todo el mundo. Ahí lo dejo y le doy su valor.

¿Se identifica con él?
Si tuviera miedo a la crítica, lo hubiera quitado del prólogo y habría puesto a Francisco Casavella con El día del Watusi, por ejemplo, pero, al final, quería homenajearlo también en una novela que trata de Barcelona.

Ha fichado por Planeta, decían los titulares cuando ganó el Premio Nadal…
A ver… Esta novela la publico en el Grupo Planeta. Pero sigo en Siruela. La promoción de La península de las casas vacías continúa, mínimo durante un año, ya tenemos fechas por América Latina y Europa. Yo sigo con Siruela. Continúo trabajando con ellos.

¿Qué cara se les quedó cuando se enteraron del premio?
Yo entiendo el disgusto… Bueno, el susto. Lo supieron a la vez que todo el mundo. Cuando se reveló el fallo. Pero hablé con ellos y les expliqué la decisión de presentarme. Esta novela encaja mucho en el Nadal. Yo ¿qué hago si tengo ese sueño desde hace 15 años? Debo intentar cumplirlo. A Siruela nunca le prometí esta novela. Otra cosa es la segunda parte de La península. Fui a verlos después y se lo volví a decir: “La segunda parte se publicará en esta casa”. Y la gira es prioridad.

¿Qué ambiente encontró al entrar por la puerta?
Pues algunos nos pusimos a llorar, como niños, la emoción fue fuerte. Hubo berrinche. Los quiero un montón, son mi familia. No ha sido una decisión tomada por dinero. Para mí representa un prestigio muy grande, el premio más antiguo del país y mira quiénes lo han ganado antes…

¿Por qué a los escritores se les exige una pureza en esos términos que en otros no cuenta? Más si, aparte, se llevan el trozo más pequeño de la tarta: solo el 10% del total de un libro. ¿Por qué eso no se dice tampoco?
No lo sé. No lo entiendo, la verdad. Pero es cierto que nos vemos juzgados continuamente.

¿Por cierto desequilibrio entre lealtad y libertad, quizás?
Yo, la lealtad, la mantengo. No hay un ápice de traición. Pero nos juzgan demasiado sin saber.

Quizás haya otros factores: ¿siente la envidia?
Sí. Ya lo sé desde pequeño, ojo.

¿Por qué?
Desde chico me di cuenta de que por envidia, quizás a expresarme libremente, sufría acoso. Yo, a los 14, me puse una gorra. Puede que fuera un gesto rebelde. Mi padre es guardia civil y no le gustaba que la llevara, la gente en el colegio que si maricón, encima, por la pluma y por la gorra. Luego se ha quedado la gorra por estética: a mí me gusta. Me pegaban desde los nueve años. En el barrio. Me tiraban piedras, me atizaban con hierros, me metieron una vez en un garaje y me dieron una paliza entre cuatro. Mi madre me ponía alcohol en los moratones. Es que me emociono. No por mí, por ella. Mi pobre madre… Fue atroz. Pero yo me lancé al mundo y no oculté nada. Soy gay y lo digo, ando de la mano por la calle con quienes amo, pero yo sufrí un acoso horrible y todos lo supieron y fueron testigos: desde los profesores a mi familia.

¿Qué aprendió, a pesar de todo, de aquello?
Pues que hay gente mala. Ya está. Que tienes que hacer tu vida y asumirlo. Y lo que veo ahora… Algunos me pegan con la palabra, pero es lo mismo. Da igual, cuando veo ciertos vídeos es que salta la rabia, el veneno. Hay veces que me río porque el odio es tal que no me reconozco en el David Uclés del que comentan… ¿Quién será? ¿De quién hablan? Es frustración, lo sé y me compadezco de ellos. Habrán sufrido su falta de cariño y sus traumas que les causan ese veneno.

¿No es un honor que ciertos haters le critiquen desaforadamente? Un gran éxito, en el fondo.
Sí, muchos lectores me lo dicen, que es lo mejor que te puede pasar con ciertos nombres. Algunos critican sin aludir al libro, solo al aspecto, como en mi adolescencia.

Luego está la audacia que demostró en La península… ¿Todavía quiere que no se lo tengan en cuenta quienes se niegan a indagar en esa memoria? ¿Fue inconsciencia o valentía?
Tenía ilusión de crear una épica. De hacer memoria. Lo sigo manteniendo. No tergiversé nada. Tampoco respecto al bando republicano. Soy progresista, soy de izquierdas. Pero hoy, 90 años después, no puedes dejar de plasmar los errores del bando republicano también en Paracuellos o en las checas. Me parecen necios quienes desde la derecha critican el libro por cuestiones ideológicas. Hay pocos ejemplos de eso. Pero el mío quizás aporta cierta frescura.

También ha sabido contar bien cómo lo ha hecho: 17 años de trabajo, su sustento como músico ambulante, sus escasísimos recursos…
Es que ha sido una aventura en sí. Así fue. Al final vino un triunfo, pero hace dos años seguía siendo un muerto de hambre. Miraba hacia atrás y no lo hacía con orgullo. Ahora sí, claro. Algunos han querido rodar un documental de eso y me he negado. Prefiero que me juzguen por la obra, pero ojo, que mi vida, cómo llegué a escribir la novela, es otra historia. Yo llegué a tener cero euros. Comiendo lo que podía, donde me dieran. En París, Madrid, Alemania, Suiza…

¿Nadie confiaba a su alrededor? ¿Nadie entendía lo que pretendía hacer?
Nada, no entendían nada. No habían leído una página y me decían: “Aquí estás tú escribiendo una cosa que lo mismo es una mierda”. Yo lo explicaba a mis amigos o mi familia. Pero cómo iban a entender. Era complicado. Más cuando sacaba matrículas en los estudios y mi padre me decía: “Tú, unas oposiciones te las sacas con la gorra, nunca mejor dicho”. Y yo, 34 años, sin cotizar. Encima, mal del corazón. “¿Qué pensión vas a tener? Si tienes una baja, ¿dónde vas?”. A los 33 fibrilo por primera vez. Y sin pastillas. Volví a Úbeda. Es duro volver a casa de tus padres. No me podía quedar solo, además. Cada uno tiene sus males, pero este aflige mucho. Cuando te da, dura dos minutos. Estamos en este mundo un rato, no más, esa filosofía, por la enfermedad, me acompaña todo el rato. Por eso soy feliz también. Bueno, tengo muchos motivos para ello, pero precisamente por eso, más. Yo, con estar vivo…

Cree que después de todo lo que le ha ocurrido, ¿el mayor aprendizaje de su vida es el fracaso?
Mi futuro llevaba esa letra f: fama o fracaso. No iba a hacer unas oposiciones ni publicarlo en cualquier editorial. Si no salía, estaba dispuesto a seguir escribiendo y tocar en la calle hasta que me muriera. Ya está. Siempre lo he tenido claro. Y eso me lo daba la enfermedad, la arritmia. Que, por otro lado, es dura. Cuando me daba fuerte, si estaba con mi padre, le mordía el hombro del pánico.

Para seguir con eso había que tener también mucha fe. Supongo que hoy lo han entendido.
De sobra. Me acompañaron a la entrega del Nadal, a mi padre nunca le había reprochado ninguna incomprensión cuando me decía que iba a tirar mi vida por la borda. Bueno, esa noche cuando se acostaron, a mi padre le di un beso y una colleja. Le dije: “Anda, eh, la novela del abuelo, lo que nos ha traído”. Se le puso una sonrisilla de niño chico… No hubo palabras. Yo sé que me decía: “Gracias”.

Y en todo ese proceso, ¿cuántas veces apareció la desazón?
En un momento sentía que me estaba empezando a entrar la frustración. No leía a autores de mi generación. Yo también sentía envidia. Eso es humano. Pero la localizo y no la llevo a ningún límite como otros. Leí Panza de burro, de Andrea Abreu, porque me lo recomendaban y a mí me entraban esas reticencias, pero acabé llorando y hasta le escribí. Nunca me contestó, pero da igual. Chapó, menuda maravilla. Como me pasa con Calabobos, de Luis Mario, un obrón… Es de mi quinta y lo recomiendo, claro. No me puede la envidia, cuando algo es bueno, vence la admiración. Así soy.

Son éxitos merecidos los suyos, pero con usted pasa que cruza otra línea y ha llegado a representar un paradigma de la polarización. ¿Cómo le sienta a su corazón esa, a menudo, saña?
Yo no me coloco al lado de ningún partido político, hago mi trabajo, con respeto. Lo que pido es que se me trate igual. Claro que hay crueldad, e inquina y envidia. Y me duele. Y es verdad que se ha disparado desde que hablé delante de Isabel Díaz Ayuso del problema de la vivienda. Hasta entonces, me habían criticado muy poco.

¿Con el premio, además de las ventas, ya está buscando piso?
Bueno, yo trataba de hablar en nombre de mi generación. Si yo, con lo que he vendido, no puedo comprar una vivienda digna… Quería decirlo así y salió mal. Aun así, seguiré hablando de los problemas que afectan a mi generación: de los alquileres, de los fondos buitre, de la gentrificación.

Entonces, poco se arrepiente.
De no haber matizado, sí, pero lo sigo pensando. Luego ella me invitó a tomar un café en la Puerta del Sol.

¿Y va a ir?
¡Cómo voy a ir si no hay cafés en la Puerta del Sol! Ahí son todo cadenas, no hay nada genuino. Salvo La Mallorquina, pero está siempre atestada de gente.

Hombre, me parece que ella se referiría a su despacho en la Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid.
No pienso entrar en ese edificio hasta que no pongan una placa que conmemore las torturas que se dieron en lo que fue la Dirección General de Seguridad. ¿Un café fuera de ahí? Donde ella quiera.

¿Qué es la ambición literaria? ¿Tiene energía para mantenerla?
Es no tirar la toalla cuando eres consciente de que te metes en un jardín, aunque te vayan a dar por todos lados. Hay que hacerlo desde la honestidad y el rigor.

Ahora llega un apagón como metáfora en medio de Barcelona. ¿Está preparado para que las mentes de vía estrecha nacionalistas vean fantasmas?
Barcelona tiene la suerte de haber sido escenario de una herencia inmaterial impresionante, con todos los artistas y creadores y la gente que han vivido allí. La ciudad está por encima de todo eso.

Fue durante un tiempo muy cosmopolita, ahora no tanto.
Barcelona es mucho más, sigue siéndolo. Tuvo tiempos mejores, quizás, pero así vengan los buenos o los malos, la ciudad permanecerá y se hará más fuerte. Lo que más le afecta hoy en día es el turismo y de ahí viene esa asfixia. Hay tantas interpretaciones posibles que allá cada cual. Pero el regusto de esta novela es esperanzador. Espero que el lector sepa apreciar el discurso con el que me identifico ahora.

¿Cuál?
Que a pesar de nuestros malos momentos, arrimando el hombro, hemos sido capaces de ser comunidad. Hay que inventar esperanza frente a la oscuridad.


LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS
2ª parte

Si uno lo analiza fríamente la cosa es demasiado simple. El ejército, garante de la integridad territorial del Estado y defensor, bajo juramento, de los ciudadanos que lo integran, decide que el gobierno, al que ha elegido libremente el pueblo, no es el que debería ser en función de su propio criterio y probablemente inducido por intereses arcanos. Bajo ese criterio, una parte importante de ese ejército, decide dar un golpe de Estado por la fuerza con la intención de tomar el poder e instaurar otro régimen de signo contrario más acorde a sus intereses, creencias y gustos. Al no conseguirlo, y viendo la oposición ciudadana a dicho golpe, decide que todo aquel que se oponga será detenido, encarcelado o fusilado sumariamente, sin acusación formal, ni cargos, ni juicio previo. Y ya de paso sacar al ejército afín a la calle e ir conquistando a cañonazos, plaza a plaza, todo el territorio nacional quitándose de en medio a todo el que se oponga.  Eso sí, buscando aliados afines dentro y fuera de las fronteras. Es decir, un ejército equipado y mantenido por los ciudadanos mediante sus impuestos, que en vez de protegerlos, que es su cometido, se dedica a encarcelarlos, hacerlos desaparecer o fusilarlos al alba, respondiendo a intereses particulares e ideológicos. En fin, resumido eso es lo que pasó. 

Pero déjenme decirles que un ejército así no lo integran soldados, sino principalmente suboficiales, oficiales, jefes y generales fanáticos, sicarios asesinos, que responden a apegos espurios, tendencias ideológicas conservadoras, e intereses oscuros que nada tienen que ver con la “Patria” y con su defensa. Son esos que dicen <<”Salvar a la patria”>> y que siempre lo hacen cuando nadie les ha pedido ayuda, excepto la oligarquía, la aristocracia, la nobleza, la banca, los latifundistas, los del clero, la burguesía, y los ilusos que creen que ese ejército, subvencionado por la derecha (Banca Marx, III Reich, fascismo italiano y compañía) les van a resolver sus problemas de habitabilidad, sustento, sanidad, educación y progreso.  En definitiva ese ejército sublevado es lo que era,  como quedó demostrado.

PERIODO 1939 - 1947
Los peores años de la dictadura fueron los ocho siguientes al finalizar la “Contienda”. Llamarla guerra es un eufemismo macabro para darle justificación al genocidio que se realizó en nuestro país ya que para que haya una guerra tiene que haber una declaración formal de la misma. En la guerra son combatientes y, a menudo, civiles colaterales; en el genocidio, los civiles son seleccionados por su identidad e ideología. La represión fue brutal dentro y fuera de nuestras fronteras. Se hicieron purgas meticulosas de ciudadano en ciudadano, barrio por barrio, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad. Nadie escapaba al control del régimen. Se estimulaba y premiaba a los ciudadanos que delataban a sus vecinos aunque fuera sin pruebas, ya se era culpable antes del juicio.  Juicios farsa sin garantías procesales ecuánimes y sin ni siquiera defensa. Había prisa por purgar y se hacían juicios sumarísimos de hasta 20 personas a la vez. Eso da una idea de qué tipo de justicia se impartía en aquellos años y siempre juzgados por la justicia militar. Ya saben el dicho <<La justica militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”>>

Pero no hubo sólo cientos de miles de desaparecidos forzosos entre hombres y mujeres, también estaba la desaparición forzada infantil. Niños robados a sus padres y familias para reasignarlos a familias adeptas al régimen franquista. En esos “secuestros” tuvo mucho que ver la Sacrosanta Iglesia Católica que colaboró con el régimen franquista para salvar a esas “criaturitas” de caer en las garras del diabólico comunismo, y que dicha práctica trascendió hasta la década de los 70-80. Acuérdense del caso de Sor María. Y ya que hablamos de la curia católica alineada con el régimen, también habría que hablar del papel que jugó la Iglesia durante y después de la guerra. Los casos flagrantes de delación a ciudadanos trasgrediendo el secreto de confesión. El cobro de sustanciosas “Dádivas”, en metálico o en propiedades por emitir informes de buena conducta cristiana para exonerar a presos, incluso se daban casos de exigencia de “Favores de cama” a las mujeres e hijas de los encarcelados. Nunca existió en el bando vencedor el sentimiento de reconciliación, ese que ahora tanto reivindican: lo que se quería era una cruel venganza; y cuanto más larga, mejor.

Y los golpistas se hartaron de venganza hasta empalagarse. Tan es así que tras de la “Contienda”, que no guerra, extendieron sus tentáculos incluso más allá de nuestras fronteras. A los republicanos huidos se les persiguió incluso fuera de España. Tras cruzar la frontera de los pirineos, huyendo de la represión franquista, los putos “Gabachos” les hicieron un recibimiento hostil y recluyeron en campos de “refugiados” a más de 550 mil españoles en condiciones infrahumanas. Campos que no eran campos, sino arenales vallados con alambre de espino en playas batidas por el viento, las olas y la humedad. Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès, Gurs, etc. Sin el menor tipo de consideración y de auxilio por parte de las autoridades francesas y pasando hambre, frio, enfermedades, plagas, etc.  muchos murieron en aquellos campos, algunos tuvieron  posibilidades y emigraron a América, se calcula que unos 50 mil. Otros (300 mil) viendo la falta de colaboración y la mala disposición de los gabachos, decidieron regresar a España con las consecuencias que ello podía reportar. Imaginen en qué condiciones estaban para preferir enfrentarse a una larga condena e incluso a la muerte. Por último cerca de 200 mil optaron por quedarse y subsistir buscando labores y trabajos en régimen de semiesclavitud, trabajando por poco más que el cobijo y la comida. Francia, la tierra de la “Grandeur” que se envanecía de ser la cuna de la <<”Liberté, Égalité, Fraternité”>>  no era más que un espejismo, un trampantojo, un bluf. Al final no eran mejores que los franquistas. Eran xenófobos, clasistas, ecpáticos e insolidarios. Pero no estaban lejos de sentir en sus propias carnes lo mismo que les pasó a los refugiados españoles.

Si para franceses las cosas se pusieron mal, imaginen como se pusieron para los españoles que se quedaron en el país galo. Seis meses después, el 1 de septiembre de 1939, al amigo austriaco de Franco, aquel del bigotito ridículo, le da por invadir Polonia y el 10 de mayo de 1940 los nazis atacan a Francia. En poco más de un mes, el 14 de junio, entran en Paris sin pegar un tiro.  El 22 de ese mismo mes firman el armisticio y se crea el conocido como “Gobierno de Vichy”, (Pronazi) a cuyo frente estaba el colaboracionista Mariscal Philippe Pétain ¿A dónde fue la “Grandeur française”, ese “Chauvinisme” tan francés? Con ese gobierno “Títere” a los españoles se les puso el tema “Muy crudo”. Los campos de refugiados pasaron a ser campos de concentración. El trabajo en semiesclavitud se convirtió en trabajo forzado, es decir en esclavitud a secas. 

Pétain mandó a Madrid, al palacio del Pardo, la lista de republicanos en sus campos de concentración con objeto de que Franco extraditara a aquellos españoles retenidos. Franco hizo una lista con los que le interesó y del resto, la inmensa mayoría, dijo <<”Estos no son españoles, hagan con ellos lo que quieran”>> Así que el gabacho colaboracionista se los entregó al “amiguito” de Franco, ya saben, aquel del bigotito ridículo, y este los terminó llevando al campo de concentración austriaco de Mauthausen-Gusen. Los nazis les pusieron en el uniforme de preso un triangulo invertido azul que significaba “Apátrida” con una ese mayúscula en el centro que significaba en alemán (Spanier). Allí fueron 7.533 españoles de los cuales sobrevivieron aproximadamente 2.000. También hubo españoles en otros campos de concentración como Dachau, Buchenwald, Ravensbrück (mujeres) y Sachsenhausen,  todos ellos en Alemania. 

Al resto se les dieron dos alternativas. Unirse a las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) o enrolarse en el ejército o en la Legión Extranjera Francesa. Algunos escaparon y se unieron a la resistencia francesa en la lucha contra los nazis. Cuando acabó la II Guerra Mundial en el 45 muchos españoles en el exilió habían pasado 9 años de calamidad en calamidad. No fue mejor el destino de los que no pudieron huir o que se quedaron. El régimen franquista estigmatizó a cualquiera que tuviera la más mínima relación con “Los rojos”. Esposas, hijos, padres, hermanos, y demás familia serían señalados y marginados de aquella sociedad nacional-catolicista en donde no se les daba tregua, ni cobijo, ni perdón. Una sociedad fanatizada y sometida por la superstición religiosa y el miedo a un régimen represor, asesino y vengativo.

Continuará... 

LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS 3ª parte

En el 47 se cerró el último campo de concentración en Miranda de Ebro. Por un lado la Europa libre miraba de reojo lo que estaba pasando en España. Churchill criticaba con la boca pequeña a la dictadura española pero no veía con malos ojos que hubiera un régimen fascista. Eso era mejor a tener un sistema social-comunista en forma de república en la otra punta de Europa más allá del telón de acero. Por eso no apoyaron a la oposición antifranquista porque mayoritariamente era el Partido Comunista el mejor organizado y el único que mantenía una estructura capaz de iniciar una contraofensiva contra el franquismo como ocurrió en la invasión del valle de Arán en octubre del 44. Sin ningún apoyo por parte de los aliados, principalmente Francia (de nuevo abandonados por los gabachos) y Reino Unido aquella aventura duró escasamente una semana. Tampoco Moscú le puso muchas ganas a aquella especie de reconquista contra la dictadura. Y, de nuevo, los españoles, tanto los exiliados y represaliados quedamos compuestos y sin novia. Nos quedaban 40 años de represión, de totalitarismo, de injusticias, de miedo, de prepotencia y de ninguneo.

PERIODO 1947 – 1975
Esos 28 años fueron la época más gris y anodina de la sociedad española. El pueblo no opinaba, o mejor dicho, no se le consultaba. En 1953 se instala la base Morón de la Frontera en la provincia de Sevilla; un acuerdo con los Yankees que se extiende 2 años después a la base de Rota en la provincia de Cádiz. Torrejón de Ardoz en Madrid y la base de Zaragoza. ¿Qué obtenía España de todo este despliegue militar? España obtenía ayuda económica y fin del aislamiento. El presidente Eisenhower de la “Democracia por antonomasia”, los EE. UU, blanqueaba la dictadura franquista con su visita a España en 1959. Los yankees tenían lo que querían y el régimen franquista recibía un espaldarazo importante a nivel internacional ¿Y qué pasaba con los españoles de a pie? Depende de en qué lado estuvieras. Los adeptos al régimen tenían buenos empleos, bien fuera en la administración o en empresas cercanas al poder. La masa “amorfa”, sumisa y obediente, cumplía con su labor de trabajar de sol a sol para “levantar” España y los domingos a santificar las fiestas y a dar hijos a la patria. Pero los disidentes, fichados y permanentemente vigilados, obtenían los peores trabajos, los más duros y menos remunerados. Cuando se acercaban efemérides como el 1º de mayo, el 14 de abril o se preparaba alguna huelga (Prohibidas) eran detenidos en previsión de altercados. Y según el humor con el que estuviera el “Gris” de turno, salían de la comisaría con algún ojo a la “funerala” o alguna costilla fisurada. El único quebradero de cabeza que tuvo el régimen fue la banda terrorista ETA que comenzó su andadura en 1959.

La vida fue fluyendo. Llegó el tiempo de la emigración. Aquí sólo tenían trabajo bien remunerado los acólitos al régimen. El resto subsistía con interminables horas extras, otros trabajos adicionales, o chapuzas en fin de semana. Se vivía para trabajar. Se vivía de alquiler, a veces había familias que vivían alquilados en un cuarto y tenían derecho a cocina. Comprar un piso era el principal cometido de la familia y al que dedicaban una parte importante de sus escasos recursos. Las jornadas semanales eran de lunes a sábado y el domingo se libraba. Después llegó el sábado inglés, es decir solo por la mañana. No hubo vacaciones hasta muy entrados los 60-70. Tener una nevera, una lavadora o una televisión era un lujo que no todos podían permitirse y no hablemos de tener un utilitario. Así que más de dos millones de españolitos cruzaron la frontera y se fueron a buscase la vida a otros países. Vuelta a la vida de privaciones para poder mandar todo el dinero posible a la familia. Ese fue el gran motor de desarrollo en la España de los 60-70. Aquellas remesas de dinero hicieron que la economía fluyera y el consumo aumentara. El esfuerzo abnegado de aquellos emigrantes dio un serio espaldarazo al país, sin él hubiéramos tardado décadas en salir de aquella anodina vida se subsistencia monótona y entristecida. Los del régimen vivían en la arcadia feliz y ellos nunca quisieron que aquello cambiara ¿Para qué? Si para ellos todo funcionaba a las mil maravillas. ¿Con Franco se vivía mejor? Quien afirma semejante estupidez, o es un imbécil integral o era un “Estómago agradecido”.

Cuando la flebitis se llevo por delante a “Patascortas” en 1975, todos pensamos que tocaba coger el tren de la libertad, que aquella pesadilla se había acabado y que la democracia en toda su plenitud formaría parte de nuestras vidas. El anhelo de todo eso durante 40 años nos había vuelto unos ilusos, unos crédulos. Nada más lejos de la realidad. Éramos como náufragos sumergidos mucho tiempo y que necesitaban desesperadamente una bocanada de aire, y cuando llegamos a la superficie el aire estaba lleno de humo. Había que tomar una decisión: ahogarnos en el agua o respirar aquel humo que nos haría toser y respirar con mucha dificultad. Es obvio que por supervivencia preferimos tragarnos el humo, pero con la esperanza de que con el tiempo se disiparía. A día de hoy 16/02/2026 el aire sigue contaminado, no tanto como entonces, pero sigue corrompido, todavía apesta a franquismo.

LA GUERRA QUE SUFRIMOS TODOS
Quizá la fase que mejor define lo que paso sea esta. Y no la dijo Pérez-Reverte, sino David Uclés. La mal llamada guerra la perdieron todos aquellos que defendían la legalidad y que se enfrentaron a los militares golpistas. Militares que habían jurado por su honor servir fielmente a la II República. Entre ellos el propio Franco. Dar un golpe de Estado es el delito más grave que puede cometer un militar: traicionar la patria a la que ha jurado lealtad, renunciando así al honor como valor moral. Por tanto, además de golpistas, fueron unos traidores y de paso afloró su verdadera personalidad de sádicos y vengativos asesinos, empezando por Franco y siguiendo por Mola, Queipo de Llano, Yagüe, Dávila, Varela, y otros más. Según el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Castilla-La Mancha, Miguel Ángel Rodríguez Arias, <<” España es la única democracia que no ha realizado ninguna investigación sobre el terrorismo de Estado una vez acabada la dictadura”>> y así nos va.

La clave es la represión brutal tras la contienda. Entre 1939 y 1946 al menos hubo 50 mil ejecuciones documentadas. A eso añádanle cerca de 30 mil niños robados. Los desaparecidos se estiman en entre 114 y 130 mil y todavía hay un gran número de fosas comunes sin exhumar. Hasta la primera ley de memoria histórica nadie se preocupo por ellas. Al régimen no le interesaba que se hablara de aquello. Se puso todo el esmero en ocultarlo. Era un tema tabú. Con seguridad sabían que aquello podría tener consecuencias graves pues se habían realizado entre 1945-46 en Núremberg los juicios contra las elites nazis y de los 23 acusados por crímenes contra la humanidad, todos fueron declarados culpables excepto uno. De ellos 13 fueron condenados a muerte, 3 a prisión perpetua, 3 se suicidaron antes, 2 fueron condenados a 20 años, uno a 10 años y otro ingresó en un manicomio de por vida. Visto aquello, el “cuñadísimo” de Franco, Serrano Suñer, se encargó personalmente de destruir todos los archivos referentes a todas las atrocidades que cometieron durante la contienda y en la larga posguerra. Algunas cosas se saben por archivos que se incautaron a los alemanes al final de la guerra. La conclusión es que ellos sabían perfectamente que habían cometido flagrantes delitos por eso no querían bajo ningún concepto abrir el baúl de los recuerdos y menos que se exhumaran fosas comunes que evidenciaran las atrocidades allí cometidas.

“LA TRANSACCIÓN DEL 78”
“Patascortas” ya se encargó de dejar a los suyos amparados bajo el paraguas de la “Transacción”. La jugada fue el “Enroque”. Mover al rey detrás de la torre fortificada. Es decir, el rey se protegía de un referéndum sobre el tipo de Estado y la torre fortificada (Por el ejército) protegía al rey de dicho referéndum. Nombrar a Suarez presidente de gobierno fue una estrategia urdida por el “Demérito” y el “Sanedrín” franquista que seguía en su puesto. Suarez provenía de la Falange Española de las JONS y era Ministro-Secretario general del Movimiento en el gobierno del “Orejas” Carlos Arias Navarro. Había que “Vestir la mona” para que no se le viera el rabo. Recuerden la confesión del ya difunto Adolfo Suarez en la entrevista con la periodista Victoria Prego en 1995 cuando reconoció que no se consultó sobre Monarquía o República porque sabían que iban a perder. Todavía hay por ahí seres unineuronales que afirman convencidos de que fue el “Demérito” quien “Trajo la democracia” ¡Joder, que país!

No sólo no se realizó es plebiscito sobre Monarquita o República, sino que además, los “Padres putativos” de la Constitución, casi todos provenientes del régimen franquista, incluso con ministerios, en un alarde de cinismo absoluto y con mucho “recochineo” redactaron esto:

Art1º-Apdo.2: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado"

Un pueblo soberano amordazado y condenado al ostracismo político. Esto me recuerda la novela del excelente escritor Alejandro Dumas titulada ”El hombre de la máscara de hierro” y que fue llevada a la gran pantalla en 1998 con grandes actores, entre ellos DiCaprio, Malkovich, Irons, Depardieu, etc.
Probablemente la hayan visto y algunos habrán leído la novela. Ya saben de qué va; de la apropiación de la corona por parte de un usurpador ilegítimo… a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Continuará...

_- ¿Cómo hacen nuevos amigos los adultos? Esto dicen los expertos.

Ilustración de dos amigos varones conversando en un banco del parque al atardecer.
_- Holly Stapleton

Conocer nuevas personas y mantener los vínculos en la edad adulta es difícil. Aquí tienes por dónde empezar.

Cuando se trata de la amistad en Estados Unidos, el panorama es bastante desolador. Alrededor de uno de cada seis estadounidenses dice sentirse solo o aislado de quienes le rodean todo o casi todo el tiempo. En 1990, solo el 3 por ciento de los estadounidenses dijeron que no tenían amigos íntimos. Tres décadas después, el 12 por ciento decía lo mismo.

Es comprensible. Hacer nuevos amigos en la edad adulta es difícil. Los “terceros lugares” donde la gente va a pasar el rato y conectar están desapareciendo. La pandemia hizo que muchos amigos perdieran el contacto.

Aun así, quienes estudian y facilitan amistades para ganarse la vida creen que con esfuerzo —y un poco de estrategia— es posible fomentar el tipo de vínculos platónicos fuertes y vigorizantes que tantos de nosotros anhelamos.

Preguntamos a varios de ellos cuáles son los potenciadores de la amistad en los que se apoyan en sus propias vidas. Esto es lo que nos recomendaron.

Practica la amistad ‘agresiva’
Podría decirse, y discutirse, que la parte más difícil de la amistad entre adultos es simplemente encontrar tiempo para salir. Por eso, a menudo es necesario que una persona tome la iniciativa, con constancia y sin disculparse ni avergonzarse, dijo Richard Reeves, presidente del Instituto Estadounidense para Niños y Hombres, un grupo de reflexión, y autor de Hombres.

Tiene un buen amigo que practica lo que él ha llamado “amistad agresiva”. Llama, envía mensajes de texto y organiza planes, y no le preocupa ser un poco gruñón, dijo Reeves.

Liv Schreiber, fundadora de Camp Social, un campamento de verano para mujeres adultas, hizo eco de esta idea. “Mi mantra es: ‘No esperes, toma la iniciativa’”, dijo. Ella suele terminar las citas de amigos pidiéndoles que saquen sus calendarios y organicen otro plan.

¿Otra forma sencilla de practicar la amistad agresiva? Siempre que pienses en un amigo, llámalo, dijo Jaimie Krems, directora del Centro de Investigación de la Amistad de la UCLA. Ella lo hace aunque solo disponga de cinco minutos, y aunque se sienta como algo totalmente inesperado.

“En lugar de pensar: ‘Oh, debería llamarlos’ y ponerlo en mi lista de tareas pendientes, lo hago”, dijo Krems.

Adapta tus planes
Según los expertos, es más probable que la mayoría de nosotros demos prioridad a la amistad —y llevemos a cabo los planes para conectar— cuando pasar tiempo juntos nos resulta divertido o reparador. Y eso es diferente para cada persona. Por eso Danielle Bayard Jackson, entrenadora de amistades, envía cada cierto tiempo una encuesta por correo electrónico a una decena de amigos para preguntarles cómo les gustaría relacionarse.

Algunas de las preguntas son abiertas y prácticas, como: ¿Cuándo sueles estar disponible para pasar tiempo juntos? Otras son más profundas, como ¿Qué estás celebrando en tu vida en este momento?

También pregunta qué preferirían hacer juntos: ¿Tomar una copa de vino? ¿Hacer algo aventurero? ¿Pasar tiempo junto con los niños?

Puede que el ejercicio no funcione para todo el mundo —y no es un consejo que suela dar a sus clientes—, pero ha descubierto que recopilar algunos datos ayuda a mantener sus amistades a flote.

Tanto si decides encuestar a tus amigos como si no, pensar detenidamente en cómo pasas el tiempo con ellos es una buena idea. Reeves señaló que los hombres, en particular, pueden beneficiarse mucho de realizar actividades “hombro a hombro” con sus amigos, en lugar de cara a cara.

Las actividades y las instituciones pueden ofrecer estructura y andamiaje para la amistad masculina, dijo. Reeves señaló, por ejemplo, que tiene varios amigos varones que se ofrecen voluntarios para entrenar a los equipos deportivos de sus hijos: es una forma de retribuir, pero también es una manera de mantener la conexión con otros padres que están ayudando.

“En realidad no vamos a pescar. No vamos a hacer un viaje por carretera. No vamos a jugar al golf”, dijo. “Lo que realmente estamos haciendo es invertir y comprometernos con nuestras amistades. Pero necesitamos el envoltorio”.

Sé un poco necesitado
A veces puede resultar incómodo, pero pedir ayuda puede ser un verdadero incentivo para la conexión, dijo Krems.

“Pensamos que pedir ayuda a nuestros amigos los agobiará. Eso es totalmente falso”, dijo. “Piensa en la alegría que sentiríamos si nuestro amigo nos pidiera ayuda y pudiéramos hacerlo”.

Puede ser cualquier cosa, desde recomendaciones personales (¿un médico? ¿un libro favorito?) hasta apoyo práctico.

Kim Evensen, fundador de Brothers, una organización sin ánimo de lucro centrada en la amistad masculina, admitió que los chicos y hombres con los que trabaja a veces se resisten al consejo de ser más vulnerables con sus amigos. Pero los anima a preguntarse: ¿Alguno de mis amigos tiene una carga —o pasa por una experiencia vital— de la que no se siente cómodo contándome?

“Me di cuenta de que si quiero tener amistades que me hagan más sano y fuerte como hombre”, dijo, “tengo que establecer una norma distinta de la que la cultura que me rodea establece como norma”.

Encaja la amistad en tus rutinas actuales
Una gran ventaja que tienen los niños sobre los adultos es que sus amigos están profundamente integrados en su vida cotidiana a través de la escuela y las actividades extraescolares, dijo Eileen Kennedy-Moore, psicóloga de Princeton, Nueva Jersey, y autora de Kid Confidence: Help Your Child Make Friends, Build Resilience, and Develop Real Self-Esteem.

Ese contacto constante es un ingrediente crucial para la amistad, dijo.

Así que en lugar de esperar “el momento mágico” para conectar con los amigos, Kennedy-Moore busca formas de entretejer la amistad en sus planes establecidos. Eso puede implicar pedirle a un amigo que te acompañe a recoger a los niños al colegio o a una clase en el gimnasio.

“Una amiga me llamó una vez como a las 8 p. m. y me dijo: ‘Voy a Target, ¿qué tal si te recojo dentro de 10 minutos?’”, dijo. “Y fue encantador”.

Schreiber también es creativa a la hora de dar prioridad a sus vínculos platónicos, y advierte que “una de las formas más rápidas de que mueran las amistades en la edad adulta es esperar a una producción completa”. Por eso suele acompañar a una de sus mejores amigas mientras camina al trabajo. A menudo es un momento especial de su semana, dijo.

Únete, de la forma correcta
“A menudo oímos el consejo: ‘¡Únete a un club!’”, dijo Janice McCabe, profesora asociada de Sociología en el Dartmouth College y autora del libro Making, Keeping, and Losing Friends. (Hacer, mantener y perder amigos)

A veces funciona, dijo, y a veces no.

La investigación de McCabe ha descubierto que es mucho más probable que la gente haga amigos si se une a un club relacionado con un cambio de identidad.

Por eso un grupo de madres primerizas es especialmente poderoso, porque las demás personas que lo forman también están pasando por esa transición, dijo. “Se trata de encontrar el momento y el lugar adecuados en esos entornos”.

Maria Avgitidis, casamentera afincada en Nueva York y autora de Ask a Matchmaker, ha descubierto que buscar en tu propia comunidad es un buen punto de partida. Ha observado que el Centro Comunitario Judío de su localidad tiene clases de cocina semanales y anima a sus clientes para que acudan, porque así ven regularmente a las mismas 10 o más personas, “y una de ellas se convertirá en un amigo que te invitará a una parrillada”.

Prepárate para ser un amigo comprometido
Mucha gente tiene la idea de que los amigos deben caer en una conversación fácil y fluida entre ellos —y, por supuesto, a veces es así —, dijo McCabe. Pero cree que dedicar un poco de tiempo a planificar de qué podría hablar con sus amigos ha mejorado la calidad de sus encuentros y, en última instancia, ha reforzado sus contactos.

Antes de ver o hablar con un amigo, dijo McCabe, piensa: ¿Hay algo en particular de lo que quieras hablar? ¿Hay algo que tu amigo dijo en tu última conversación que quieras asegurarte de comentar esta vez?

Jackson dijo que tiene una ficha pegada en su despacho con una lista de amigos con los que quiere pasar tiempo o ponerse en contacto. Es un recordatorio sencillo pero eficaz para ser una amiga comprometida, dijo.

Cuando ve el nombre de alguien de la lista y piensa: “Ah, sí, es una buena amiga. Me cae muy bien”, se pregunta: “¿Qué hago al respecto?”.

​​Catherine Pearson es reportera del Times, donde escribe sobre familias y relaciones.

Carmen Conesa: “Soy más de amantes y amores que de parejas”




Carmen Conesa, sin filtros.Be
La actriz, cantante, bailarina y pintora, con 40 años en escena, estrena ‘El jardín de los cerezos’ inmediatamente después de ‘Cabaret’. Considera su cuerpo un instrumento de trabajo: “Lo cuido como un ‘stradivarius”

Una, más o menos coetánea de la entrevistada, tiene una cierta idea de Carmen Conesa, aunque, como a otras actrices de su edad, haga tiempo que no la vea en pantalla en papeles de protagonista. Una mujer alta y espigada al modo de las bailarinas, con una melena de rizos rubios volando al viento, aunque no haga viento. Y es esa misma estampa, con el tamiz de los años en la voz y en el rostro, la que se materializa en el atrio del teatro Fernán Gómez de Madrid, donde ultima los ensayos de El jardín de los cerezos, el clásico de Chéjov, y donde hemos quedado para charlar sin prisas. Antes, ofrece su cutis sin retoques al fotógrafo sin ponerle media pega, a diferencia de otras celebridades más jóvenes y menos prestigiosas. No le hace falta. Hipnotiza a la cámara.

Muchos la recuerdan como una de Las chicas de hoy en día, una serie de 1991 que solo duró un año en antena. ¿Por qué cree que sucede?

Me halaga, claro. Fue un momento en que llegaban este tipo de series a la televisión española. Una sitcom de 25 minutos, rodada en cine, en un tiempo en que se veían series tipo Cañas y barro. De la mano de Fernando Colomo, aparecieron estas chicas que llegan a la gran ciudad queriendo ser actrices, y fue un golpe de viento fresco. La siento casi como autobiográfica. Nuria Rocamora, mi personaje, era una catalana llegando a Madrid y queriéndose comer el mundo, y yo acababa de llegar de pasar un año en Nueva York, con una beca del Comité Hispanoamericano, y quería zampármelo todo.

¿Se la pone cuando anda baja de ánimo? La serie, digo.

No, tengo tan buen recuerdo que no quiero estropearlo. Para mí, es un sueño que existió. Nunca revisito nada del pasado, tampoco esas fotos que te manda el móvil cuando menos te lo esperas. El pasado nos coloca en un punto melancólico que no me gusta. Dicen que la gente con depresión mira demasiado al pasado, y la gente con ansiedad, al futuro. Lo único que existe es el ahora.

¿No hace planes?

No, ahora estoy hablando contigo e intento disfrutar de este momento. La vida ya te da las suficientes vueltas como para creer que puedes controlar algo.

Bueno, para encadenar un proyecto con otro, como usted, algo de planificación debe de haber.

Bueno, hay épocas y épocas, pero sí. Tengo 65 años, soy mayor, estoy en edad de jubilación, pero no pienso retirarme: si no me ofrecen cosas, ya las hago yo.

¿Cómo se ve a sí misma y cómo cree que la ven los demás?

Si no tuviéramos espejos, seríamos todos simplemente personas, sin edad. Ni señora, ni viejecita, ni abuela, ni mamá ni adolescente. Me gusta mucho lo que dicen los argentinos: los mayores son personas “grandes”, no viejas, y también en catalán: aquesta persona es gran. Es exactamente eso: las personas, a partir de los 50, 60, 70, están en camino de convertirse en muy grandes. Si tu salud te acompaña. En esa etapa de la vida que nos hacen creer que es un tobogán hacia abajo, justamente, estás comenzando una nueva vida. Estoy leyendo Filosofía de la longevidad, de Pascal Bruckner, y es maravilloso.

Tiene una hija de 23 años. ¿Cómo es verse a una misma a través de ella?

Tenemos mucho que aprender de los jóvenes, de los adolescentes, de los niños, que todavía no están envenenados por el mundo. Hay que escucharlos mucho. En la vida hay que aprender como si fuéramos a vivir siempre y vivir como si fuéramos a morir mañana. Y con los jóvenes vamos a tener que entendernos, porque vamos a vivir muchos años, no queremos, legítimamente, retirarnos de nuestro sitio y somos el tapón para que ellos ocupen el suyo. Vivir ese reajuste es mi único propósito de futuro.

¿Qué cosas la nutren como creadora?

La capacidad de ilusionarme y sorprenderme, la capacidad de incomodarme, en el sentido de sacarme de mi zona de confort. En este oficio, la comodidad es la muerte. Entonces, hay que estar siempre incómodo. La incomodidad provoca la acción, la creatividad, la revolución. Así que, cuando estoy fantásticamente bien, me complico la vida.

¿No le gusta estar bien?

Es que yo siempre estoy bien. Ese es mi lema. Yo decido ser feliz. La felicidad es una decisión.

Eso queda muy bonito en los libros de autoayuda, pero luego la vida te golpea.

Podemos estar pasándolo mal, con una enfermedad, un duelo, una mala racha, pero la actitud con que la afrontas es cosa tuya. También depende de lo que tú entiendas por felicidad. Para mí la felicidad es poder comer cada día y no pasar frío. Entonces, cuando me preguntan cómo estoy, siempre digo que muy bien, porque nadie a mi alrededor está malito, me encuentro bien de salud, tengo para comer y no paso frío. Si tienes a alguien que te quiera, mejor, pero no necesito a nadie que me quiera, porque quiero a mucha gente. He querido y me han querido mucho, tengo amor de sobra. El afortunado es el que ama, no el que es amado.

¿Qué duele más, dejar o que te dejen?

Es complicado. Si te dejan porque no te aman duele mucho, pero tienes que entender que es mejor para él y, si lo amas de verdad, entender que se vaya con otra persona o que no quiera estar contigo. Ese es el amor de verdad.

Actúa, baila, pinta, dirige. ¿La artista nace o se hace?

Es difícil. Por ejemplo, yo toco el piano y la guitarra y, hace dos años, quise aprender a tocar el saxo, porque era un reto. Tienes que tener algo, lo que sea. Yo creo que hay algo innato en todos, que es el talento. Todos tenemos un alma de artista, y luego hay gente más diestra y gente más torpe.

¿Qué importancia le da a su cuerpo como instrumento de trabajo?

Es bonito eso, porque yo creo que es exactamente eso: un instrumento, y lo cuido como un stradivarius. Si quieres que suene afinado y bonito, tienes que afinarlo, cuidarlo, mimarlo, cambiarle las cuerdas. La naturaleza me ha regalado este instrumento, quiero que me dure lo máximo posible, que me dé felicidad y a las personas de alrededor, inspirar a la gente en el escenario. Entonces, lo cuido, y lo llevo al lutier: los médicos, los coaches, el gimnasio, los profesores de baile. Para que este instrumento no se deteriore tanto, porque todos vamos hacia eso.

¿Hacia dónde? ¿Qué nota en el stradivarius?

Cada día me levanto y me duele algo nuevo. Hoy, por ejemplo, me dolía muchísimo la espalda, pero tienes que aprender a decir: vale, tengo que bregar con esto y no dejar que eso me pare, sino seguir moviéndome. Y la cabeza, igual. Cuando no tengo textos que aprenderme, porque estoy pintando o preparando una exposición, me aprendo poesías de Miguel Hernández, de Machado, de Lope de Vega, como entrenamiento.

¿Como quien hace sudokus?

También hago sudokus. Me encantan los juegos. Y las matemáticas. Ahora estoy estudiando física cuántica, y creo que está relacionada con el mundo del espectáculo: creo que la energía del público modifica la manera de actuar de los actores, y la de los actores, modifica la del público. Por eso, entre otras cosas, no hay dos funciones ni dos públicos iguales.

¿Usted sabe cuándo ha estado cumbre en escena?

Es que yo siento que casi siempre estoy cumbre, en el sentido de que salgo siempre con muchísima ilusión, creo que cada espectador se merece la mejor función, que hagas tu trabajo lo mejor que puedas y, para mí, ese es un acto de profesionalidad y de amor. Cuando me dicen si estoy cansada, siempre digo que más duro es bajar a la mina.

Autoestima no le falta.

Verás: yo fui la nena de mi familia. Mis padres me tuvieron muy mayores. Él era albañil, pero, cuando yo nací, había montado una pequeña empresa y ya éramos una familia, digamos, burguesa. Me mimaban y me apoyaban en todo, eran mis mayores fans. Entonces, tengo la autoestima muy alta. Luego, las patadas de la vida te vienen solas, pero esa base sustentada de que todo es posible, la llevo puesta.



En El jardín de los cerezos interpreta a una aristócrata rusa que se resiste a cambiar su modo de vida. ¿Cómo de vigente está ese arquetipo en estos tiempos de incertidumbre?

Los protagonistas son personas habituadas al privilegio a las que no habían educado en el cambio. Pero cambios ha habido siempre. Igual que ahora, ellos procrastinan los cambios, esa palabra que ahora se usa tanto, pero cuyo significado se ha practicado toda la vida.

¿Qué cree que define a su generación de actrices y actores?

Somos los testigos de los verdaderamente grandes y el puente con los jóvenes. Hemos trabajado con auténticos mitos: Amparo Rivelles, Concha Velasco, María Luisa Ponte y tantas y tantos que no enseñaban nada a nadie, sino que simplemente aprendías respirando el mismo aire que ellos, y eso no tiene precio.

¿Y usted, tiene la impresión de ser una clásica para los jóvenes?

No, soy una señora grande que sabe de teatro. Me da mucho pudor decir que soy una diva, no lo voy a decir nunca. Lo que sí te digo es que sé reconocer cuando algún joven vale para esto; reconozco la raza cuando la veo. Ahí hay una parte de la soberbia del actor y, si la vences, puedes aprender mucho de ellos.

Me ha impresionado que no le pida al fotógrafo disimular sus arrugas. ¿Siente, como muchas mujeres, presión por renovar el barniz del stradivarius?

En mi caso, es más autopresión, quizá porque en teatro no trabajo con gente que tenga la cara más o menos estirada. La presión me la pongo yo, y decir que no quiero hacerlo es una decisión, como la de la felicidad. Claro que empiezo a tener complejos, pero quiero poder tener orgullo de mis arrugas, tengo que amarlas, como los pliegues de mi tripa. Que esa es otra, de repente tienes un novio y tienes que enseñarlos.

De eso nunca se habla.

Ni de la sequedad, ni de la menopausia, ni de la gravedad. Evidentemente, a esta edad, te da más pudor todo. Yo tengo un amor en Argentina, que viene de vez en cuando, o voy yo, pero no un compañero fijo. Tiendo a tener amantes, he tenido muchas parejas y algún marido. Soy más de tener amantes y amores que parejas. Hace como ocho años que me separé de la última fija, con la que pasé 10 años muy felices, pero ahora creo que lo mejor es vivir separados y juntarse cuando te apetezca. Para vivir, prefiero la soledad. Si es con mi hija, yo feliz, pero creo que tienes que crecer tú sola y acabar con ese concepto de la pareja para toda la vida y tener que morirme con él. Lo importante es no necesitar a un hombre o a una mujer. Necesitar a alguien no es bueno. Aquello de que te dicen: “Te necesito”. Pues no: fatal, fatal, fatal. No me necesites. Tú a tu vida, yo a la mía, y nos encontramos en el camino.

UNA MUJER DE HOY EN DÍA
Carmen Conesa (Barcelona, 65 años), saltó a la fama como coprotagonista, junto a Diana Peñalver, de Las chicas de hoy en día, una serie dirigida por Fernando Colomo a principios de los noventa, que aún triunfa en la plataforma de RTVE. Desde entonces, su nombre es presencia habitual en montajes teatrales, musicales y dramáticos. Su formación como actriz, bailarina, música y pintora le da herramientas para defenderse en todos ellos. Pero su mejor instrumento, dice, es su cuerpo.
El País