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domingo, 16 de febrero de 2020

Las revelaciones sobre cómo EE.UU. y Alemania "espiaron a decenas de gobiernos durante décadas" con una máquina suiza

Fue un espionaje de décadas, que comenzó antes de la Guerra Fría y duró hasta comienzos de este siglo.

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Alemania tuvieron acceso a las comunicaciones encriptadas de varios gobiernos gracias a unos dispositivos de Crypto AG, una compañía suiza de encriptación.

Así lo han contado en sendos reportajes el diario estadounidense The Washington Post, el medio alemán ZDF y el canal suizo SRF.

Estos medios tuvieron acceso al historial interno clasificado de la CIA, en la que la operación era descrita como "el golpe del siglo de los servicios de inteligencia".

De acuerdo a las investigaciones periodísticas, Crypto AG habría suministrado los aparatos a más de 120 gobiernos desde fines de los 40 hasta los años 2000, sin que estas supieran que estaban manipuladas y pertenecían en secreto a los gobiernos de Alemania Occidental y de EE.UU.

Con ellas, tanto la Agencia Central de Inteligencia (CIA) como el Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND) habrían accedido a información confidencial de varios países, entre ellos Irán, India, Pakistán, varias naciones de América Latina e incluso el Vaticano.

Alemania Occidental tuvo acceso junto a EE.UU. a la comunicaciones secretas de varios países desde la Guerra Fría. En 1980, los oficiales de inteligencia de la CIA procesaban el 40% de las comunicaciones extranjeras, suministradas por los dispositivos Crypto.

La compañía suiza hizo millones de dólares con ellas, que fueron a parar a la CIA y al BND, señalan los medios que han destapado la trama.

"Los gobiernos extranjeros estaban pagando buen dinero a a EE.UU. y Alemania Occidental por sus comunicaciones más secretas, que fueran leídos por al menos dos (o hasta cinco o seis) países", dice un reporte de la CIA sobre esta operación.

El reporte indica que Reino Unido, Israel, Suiza y Suecia se encontraban al corriente de estas actividades y recibieron información recolectada por EE.UU. y Alemania.

La estrategia permitió a EE.UU. monitorear a los funcionarios iraníes durante la que se conoce como la "crisis de los rehenes", cuando un grupo de estudiantes de Irán tomó como rehenes 66 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses por 444 días, entre noviembre de 1979 y enero de 1981.

Y también hacerles llegar a los servicios de inteligencia británica información sobre el ejército argentino durante la guerra de las Malvinas y rastrear los movimientos de las juntas militares de Sudamérica, de acuerdo a The Washington Post. ....

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51474629

martes, 17 de diciembre de 2019

Un paseo con el joven Einstein por Zúrich, la ciudad del tiempo. Desprejuiciada y abierta, la ciudad suiza se convirtió en una meca científica para el gran físico teórico.

Albert Einstein junto a su compañera de estudios y pareja, la matemática Mileva Marić, en 1912.

¿Cuánto mide un minuto? En un lugar destacado de Zúrich, 46 centímetros. El reloj de San Pedro, que los zuriqueses presumen que es el mayor reloj mural del mundo, prodiga el tiempo desde el centro de la ciudad. Sus números dorados brillan sobre el gris de una torre de un gótico austero. 46 centímetros es justo la distancia que dibuja la aguja de su minutero cada 60 segundos.

Ahora sabemos que el tiempo es relativo, pero cuando Albert Einstein llegó a Zúrich, en 1895, el tiempo y el espacio, la masa y la energía, todavía eran conceptos absolutos. Einstein tiene apenas 16 años y se ha desplazado a la ciudad suiza en tren desde su Alemania natal. Se cuela bajo las faldas de Mater Helvetica, una escultura encaramada en el dintel de la entrada de la estación, como si se encomendara a ella antes de dar un paso hacia la Bahnhofstrasse: la gran vía burguesa trazada en el siglo XIII que hoy jalonan tiendas de lujo.

Aquel viaje en tren le cambiará la vida al joven Einstein, pero, con todo, no fue el más importante de su aún corta existencia. Sin moverse del sitio, solo con su imaginación, Albert ya había llegado mucho más lejos, y mucho más rápido: aquel joven judío a quien su familia tiene por atolondrado se había planteado cómo sería viajar junto a un rayo de luz. A la larga, un viaje y otro, el real en tren hasta Suiza y el imaginario, pondrán patas arriba la física newtoniana. Pero en 1895 las motivaciones de Einstein son más mundanas. Quiere dejar atrás su adolescencia en Baviera y le puede el pavor a hacer el servicio militar en Alemania.

El siglo XIX está dando sus últimas boqueadas y los viejos científicos aún no terminan de desprenderse de la creencia en el éter como medio que usa la luz para transmitirse. El debate científico se libra en laboratorios polvorientos donde titilan las lámparas de gas. En comparación con ese ambiente casposo, qué flamantes le resultan a Albert los laboratorios que el magnate Siemens había pagado para el Polytechnikum de Zúrich. Sumando premios Nobel hasta los 21 actuales, el Politécnico se convertirá años después en uno de los centros de investigación más afamados del mundo bajo tres iniciales: ETH. Einstein, tras un primer rechazo, logra matricularse en sus clases.

La atmósfera que el joven respira en las calles de Zúrich tampoco tiene mucho que ver con la de las ciudades alemanas donde ha crecido. En el aire de Suiza palpita algo industrioso y civil, y se le hace patente el contraste con el militarismo prusiano. Albert opta por ser apátrida: renuncia a la nacionalidad alemana y aspira, ahorrando 20 francos al mes, a convertirse algún día en ciudadano helvético. Es fácil imaginar al chaval extranjero perdiéndose por el Lindenhof, el barrio que siglos atrás coronó un templo a Júpiter, hijo del dios del tiempo. Quizá buscará a menudo la cima suave de la colina a través de cuestas y plazuelas plagadas de fuentes para plantarse ante la torre enorme del reloj de San Pedro, el de los minutos en centímetros, el de las distancias medibles en minutos. Adentrándose luego en un callejón abierto junto a la iglesia, es posible que sin saberlo pisara los restos de las termas de la Turicum romana (si se pronuncia ese nombre latino durante más de mil años, se termina diciendo Zúrich).

De niño, sus familiares acusaron que tardaba demasiado en aprender a hablar y quizá por eso a Albert se le ha quedado la costumbre de ensayar sus frases en voz alta. Aun siendo distante, guasón y huraño, no le hace ascos a mezclarse entre el gentío que toma café. Aún está abierto, aunque con una decoración bien cambiada, el café Metropol, un refugio a lo belle époque donde se reúne en tertulia con sus amigos escasos pero sinceros del Politécnico. No falla a los encuentros el fiel Marcel Grossmann, apoyo en el armazón matemático de las teorías de Einstein y a quien también deberá el puesto de trabajo en la famosa Oficina de Patentes de Berna, el escenario de su annus mirabilis de 1905, adonde llegará tras recibir rechazos de acá y de allá.

Entre un paisanaje sobre todo masculino, a Einstein le llama la atención una compañera culta, inteligente y tenaz. Mileva Marić es la única chica que se sienta en su clase del Politécnico. Al principio a Albert la joven serbia le resulta fea, pero comienza a hablar con ella, a cartearse. Intercambian referencias científicas como una antesala pudorosa del afecto. Se entienden. Les apasionan las fronteras de la física. Ambos son extranjeros por voluntad propia en una ciudad que los acoge de buen grado.

Las murallas medievales de Zúrich han ido cayendo desde mediados del siglo XIX por orden de los liberales gobernantes del cantón. Esa merecida fama aperturista se extiende a los huidos por las represiones de toda Europa y se constata al llegar a la ciudad. Hay algo sorprendentemente ácrata en el frío corazón de los fabricantes de relojes. Una fisura contestataria en los zuriqueses, a pesar de ser adoradores del método, el engranaje, la puntualidad y los seguros. En realidad así es también Albert: está convencido de que la naturaleza se rige por un orden definido —Dios y los dados— y le asustarán las incertidumbres que generará su hipótesis de la onda corpúsculo, pero, a la vez, es reacio ante cualquier autoridad y verdad revelada. Para dar rienda suelta a sus inquietudes, pocas ciudades hay mejores que Zúrich, una ciudad con solera de levantisca desde la Edad Media. La revolución de los gremios del siglo XIV ya había puesto contra las cuerdas el poder de la nobleza y de los monasterios. En la ciudad manda lo empírico, el sentido práctico, la falta de prejuicios, y de ella se beneficiarán también Mileva y otras mujeres pioneras de la ciencia: la Universidad de Zúrich fue una de las primeras en abrir sus puertas al sexo femenino.

En sus calles, sin la atadura de un contrato, Albert y Mileva vivirán su pasión lúcidos y libres. En casa de ella recala él cada vez que pierda las llaves, y bien sabe el atolondrado Einstein que no serán pocas ocasiones. Entre despiste y despiste, los jóvenes engendran a una niña, Lisserl. El embarazo impide a Mileva diplomarse en el Politécnico. La pequeña nace en 1902 en Serbia, y puede que Albert no llegase nunca a conocerla: se cree que la pequeña murió un año después.

Pero antes de que la muerte de la niña los sacuda, mucho tiempo antes de que se divorcien pactando que el dinero de un futuro Nobel será para Mileva, los dos jóvenes estudiantes deciden saltarse las clases y escapan al Üetliberg, el monte-mirador que domina la ciudad y ofrece vistas amplias sobre su lago.

Discuten asuntos tan poco románticos como la teoría electromagnética de la luz. A sus pies se extiende un caserío que alterna edificios antiguos y modernos, una especie de capricho de marquetería en el que conviven las sedes de los antiguos gremios de artesanos con las de los nuevos centros científicos. Destacan las construcciones que albergan el Politécnico y la Universidad de Zúrich, pero también una nueva estructura imponente que surge de entre las casas antiguas como una tenia gigante. Es el observatorio astronómico que Gustav Gull ha ubicado en una de las partes más antiguas de la ciudad. El arquitecto se plantea derruir para siempre el viejo barrio de Schipfe, el cargadero del puerto. Por suerte, la falta de fondos congela el proyecto y sus calles aún ofrecen hoy un refugio pintoresco a quienes huyen del tedio del lujo y el antiglamour de las empresas de seguros.

En esa primera estancia en la ciudad, Albert Einstein pasará solo cuatro años, que acaban porque tras graduarse en el Politécnico no consigue trabajo académico, y es el único licenciado de su sección al que nadie se lo ofrece. Ya aupado por la fama de gran científico, volverá a Zúrich para ser primero profesor asociado, en 1909, y luego profesor de física teórica en su alma mater, de 1912 a 1914. Para vivir escogerá siempre barrios no muy alejados de los centros académicos y repartirá su vida en seis casas que aún se conservan.

Los lustrosos laboratorios Siemens no fueron imprescindibles para Albert. Si no hubiera sido en Zúrich o en Berna, su maravilla genial se habría obrado en otro sitio pero, a pesar de que su imaginación no precisara de instrumentos materiales, sí que encontró estímulo en los imponentes relojes de las torres de Suiza.

Entre reflexión y reflexión, ha llegado la hora de tomar un café helado. Albert y Mileva bajan desde el monte Üetliberg hasta la confluencia de los dos ríos de la ciudad, en el mismo sitio donde un irlandés de apellido Joyce escribirá su única obra de teatro, titulada oportunamente Exiliados. No muy lejos de ahí, el dadaísta Hugo Ball desterrará la razón del arte en su Cabaret Voltaire, Carl Gustav Jung fundará su Club de la Psicología y Lenin calentará motores en su exilio justo antes de partir a Rusia. Aunque todos ellos caminarán por las mismas calles en distintos años, entre lagos, cafés populosos y el relativo rigor de los relojes, en Zúrich cada uno inaugurará el siglo XX a su manera.

https://elpais.com/politica/2019/11/28/sepa_usted/1574944884_710299.html

https://elpais.com/elpais/2019/09/05/opinion/1567703341_398603.html?rel=str_articulo#1575908575776

https://elpais.com/elpais/2019/08/06/opinion/1565095557_591796.html?rel=str_articulo#1575911417540

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Feliz 2016

Paz en la Tierra a los hombres y las mujeres de buena voluntad.

Este año, las elecciones generales se han comido la Navidad. A Rajoy le ha salido el tiro por la culata y, lejos de fomentar la abstención con una convocatoria que sonaba a villancico, ha puesto en peligro la Nochebuena de muchos españoles. Como no pude desearles una noche pacífica y alegre, espero que, al menos, las discusiones políticas no se la echaran a perder. No habría merecido la pena, porque vamos a tener mucho tiempo para discutir.

Los dos principales culpables de la tensión que ha puesto en peligro la convivencia en nuestro país están en la misma situación. A Rajoy, que pretendió sacar ventaja de la estrategia de Mas, le espera la amargura de un mal trago que Mas aún no ha terminado de apurar, por mucha ventaja que pretendiera extraer de la estrategia de Rajoy. De todo lo que puede pasar, lo más seguro es que el presidente en funciones haya sido derrotado tres veces antes de que suceda nada más. La buena voluntad que le ha faltado, la soberbia, la arrogancia y el desprecio que ha exhibido de forma sistemática en la última legislatura le han privado de paz, para condenarle de antemano a un fracaso irremediable. Ahora pide ese dialogo y llama a la colaboración y responsabilidad que nunca tuvo. La voladura jactanciosa, en nombre de su mayoría que no su razón, de todos los puentes, pues gobernó por decreto, imponiendo leyes con las que solo ellos estaban de acuerdo, ahora les deja sin salidas y sin posibles y necesarios colaboradores.  Mientras se expulsaba a la calle a miles de familias en paro se les privaba de cualquier ingreso en nombre de leyes "que no se pueden cambiar". Y lejos de hacerles reflexionar a fin de proponer una política encaminada a la solución o mejora de las necesidades de los ciudadanos; lucha contra el paro, mejora negociada de educación, sanidad, pobreza, asistencia social, becas, investigación, ciencia y tecnología, viviendas sociales, derogación de las leyes hipotecaria, etc. vuelven a hablar de cosas que no preocupan en primer plano a la mayoría, como la responsabilidad, estabilidad, que se rompe España, el llamado separatismo, el terrorismo, etc. Otra vez el miedo y la manipulación para continuar haciendo una política para sus intereses y los de sus amigos a los que se les ha perdonado con amnistías los pagos pendientes de impuestos a Hacienda.

Eso ha hecho que el proverbio navideño se mezcle con la justicia poética en el callejón sin salida donde Rivera lucha por su dudosa supervivencia, exigiendo a Sánchez que se suicide por el bien de sus enemigos. La traición de los propios ideales vuelve a llamarse responsabilidad y sentido del Estado, los mismos nombres que adoptaron nuestros gobernantes cuando sacrificaron los derechos de los españoles a los intereses de los bancos, constructoras y especuladores financieros, mientras se llenaban los bolsillos de sobres con el dinero de lo recaudado a todos los que pagamos impuestos, en vez de invertirlos en mejorar la vida de los ciudadanos.

Ojalá sean ustedes muy felices en 2016 y tengamos paz, acabando con las guerras criminales respaldadas por mentiras que persiguen vender armas y apoderarse de las materias primas e intereses geoestrategicos, sin importarle las muertes de millones de personas inocentes a lo que cínicamente llaman "daños colaterales". Y obligan a la huida de esos infiernos de hambre, fuego y muerte, para después cerrarles las fronteras a ciudadanos que solo buscan vivir en paz y no habrían querido jamás salir de sus casas y países, si en ellos la vida no se les hubiese hecho imposible. Después de tanto sufrimiento, nos merecemos un poco de diversión y alegría y que tantos jóvenes bien preparados encuentren el trabajo que se merecen en España (en los últimos años, por poner uno de otros muchos ejemplos, 13.000 médicos han emigrado al extranjero) por el que seguiremos luchando ya que esta política obscena y manipuladora no procura.
Escrito intertextual inspirado en otro de  28 DIC 2015.

http://elpais.com/elpais/2015/12/24/opinion/1450960735_330200.html

domingo, 24 de agosto de 2014

Un mínimo de humanidad. Ante la brutalidad de las guerras de hoy, deben respetarse los Convenios de Ginebra

Hace exactamente 150 años se adoptó la primera Convención de Ginebra para aliviar la suerte de los militares heridos en campaña, que consagraba en derecho internacional la idea de que, incluso en tiempos de guerra, es indispensable preservar un mínimo de humanidad. Actualmente, Suiza y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que en aquel entonces contribuyeron a impulsar el derecho internacional humanitario en el plano internacional, trabajan para promover el respeto de este principio en todo el mundo, dado que siguen sin existir mecanismos eficaces que garanticen su cumplimiento.

Evidentemente, las guerras contemporáneas no tienen ya nada que ver con las masacres del siglo XIX. Los combates, que antaño se libraban en campos de batalla bien circunscritos, se han ido desplazando a los núcleos habitados. La guerra tradicional entre ejércitos de Estados beligerantes es ahora la excepción; la regla son los conflictos no internacionales. Y la población civil es la víctima principal de los conflictos armados.

El derecho internacional humanitario se ha adaptado a esta evolución. Los Estados, sobrecogidos por el sufrimiento y la locura destructiva de la II Guerra Mundial, se pusieron de acuerdo en 1949 para consagrar en los cuatro Convenios de Ginebra una protección exhaustiva de todas las personas que no participan o han dejado de participar en las hostilidades, como los soldados heridos o enfermos, los prisioneros de guerra y los civiles. En 1977 y en 2005, tres Protocolos adicionales vinieron a completar esta piedra angular del derecho internacional humanitario. En la actualidad, el empleo de armas específicas, como las armas biológicas y químicas, las municiones en racimo y las minas antipersonas, está ampliamente condenado. El derecho prevé suficientes restricciones para proteger a las personas más vulnerables de la brutalidad de las guerras. Asimismo, se han registrado algunos progresos en su aplicación, por ejemplo, en la instrucción de los soldados o en el enjuiciamiento penal de los crímenes de guerra más graves, gracias, sobre todo, a la creación de la Corte Penal Internacional (CPI).

A pesar de ello, todos los días nos llegan de todo el mundo noticias e imágenes abominables que testimonian el sufrimiento indescriptible generado por los conflictos armados. Con demasiada frecuencia, ese sufrimiento es fruto de violaciones graves del derecho internacional humanitario, debidas a un fallo colectivo. En el artículo primero, común a los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, los Estados se comprometieron a respetar y hacer respetar las disposiciones en todas las circunstancias. Sin embargo, hasta el presente, han desatendido la necesidad de dotarse de los medios necesarios para cumplir su compromiso. Desde el principio, el derecho internacional humanitario ha estado desprovisto de mecanismos efectivos que lo hagan respetar. A menudo, esta ineficacia siembra la muerte y la desolación en las poblaciones castigadas por la guerra.

Los principios del derecho internacional humanitario tienen validez universal. Sin embargo, su existencia no está garantizada indefinidamente y requiere esfuerzos constantes. Un derecho que es infringido con regularidad, sin que ello suscite una verdadera reacción, corre el riesgo de ir perdiendo su validez...  /  22 AGO 2014 
Fuente: El País.

martes, 18 de febrero de 2014

El referéndum de Suiza contra la emigración de la UE solo es un síntoma de cómo el proyecto europeo, socialmente devaluado por la crisis y sus estafas, pierde cohesión y base social.

Esto era la granja modelo de la Unión Europea: tres países, Francia, Alemania y Suiza, dos de ellos enemigos históricos y hoy pilares de la UE, y el tercero históricamente neutral y hoy con acuerdos estrechos con Bruselas, conviviendo, sin fronteras y con infraestructuras comunes, alrededor del Rin: el corazón de Europa.

Es el llamado “Eurodistrito del Rin” o “Aglomeración trinacional de Basilea”, con 2,3 millones de habitantes de las tres naciones. A un lado la ciudad suiza, sede de importantes industrias, al otro Saint Louis, villa francesa de la alta Alsacia, y un poco más allá Lörrach, parroquia de Baden-Württemberg, el estado más boyante de la dominante Alemania. Todo en razonable armonía. Y en eso llegó el referéndum suizo.

El día 9 los suizos aprobaron en consulta limitar la emigración europea, renegociando los acuerdos vigentes establecidos en la materia con la UE. El mandato, que habrá que ver cómo se aplica, contempla el establecimiento de unas cuotas de emigración dentro de tres años. La UE, que cada vez más se comporta como un imperio arrogante y autoritario ha recibido una bofetada de la pequeña Suiza. ¡Intolerable!

En la prensa alemana se lee que en el referéndum de Suiza, “ha ganado la estrechez de miras y la cerrazón” y ha perdido, “la tolerancia y la justicia”. La canciller Merkel ve “importantes problemas”. En Bruselas se enfadan, congelan acuerdos y amenazan con represalias.

Nadie parece ser consciente del espejo que ese referéndum, en el que indudablemente la derecha suiza ha capitalizado un resentimiento nacional hacia ciertos deterioros, ofrece a toda Europa y en primer lugar a Alemania.

Desayuno
Desayuno en Saint Louis, 20.000 habitantes y una calle sin gracia que acaba en la frontera. Bajo las banderas de Francia y Suiza un edificio de aduanas abandonado desde 2008 y con las ventanas polvorientas. Edouard Dombó es uno entre las decenas de miles de franceses que atraviesan diariamente esta frontera para trabajar en Basilea. Treinta años en “Swiss Metall”, una empresa metalúrgica que fabrica piezas para relojes. La empresa la han comprado los chinos que se van deshaciendo poco a poco de la plantilla. “Alguno de mis compañeros se ha suicidado”, dice. Ya sesentón, él se ha podido jubilar. El referéndum del domingo va a cambiar aún más el ambiente hostil hacia los “frontaliers” (en alemán “Grenzgänger”, en italiano “frontalieri”) los que atraviesan cada día la frontera para trabajar en Basilea, explica. “Mi hijo, que nació en Suiza se ha encontrado con que esta semana le han puesto problemas para obtener el pasaporte suizo, le han dicho que hay que esperar a ver qué pasa”. “Todo esto no anuncia nada bueno para Europa”, dice Dombó, nacido en Martinica y votante de François Hollande. ¿Decepcionado?, “claro, pero, ¿qué se podía esperar de Hollande? Todo esto supera a los políticos. Tampoco Obama ha podido cambiar nada en Estados Unidos”, dice. “El euro lo desordena todo, esto no hay quien lo arregle”, concluye encogiéndose de hombros...
Fuente y leer más, en Rafael Poch. http://blogs.lavanguardia.com/berlin/?p=550

sábado, 13 de abril de 2013

Suiza celebrará en septiembre un referéndum para limitar los salarios más altos

Un directivo no podrá ganar más de doce veces el salario de su empleado peor pagado. Nestlé amenaza con irse del país si la iniciativa prospera

Los suizos votarán a finales de septiembre sobre la limitación de los salarios más altos de una empresa a un máximo de doce veces el salario más bajo percibido en ella. Un referéndum sobre la cuestión será el resultado de la llamada “Iniciativa 1:12” por la que se quiere introducir en la constitución el precepto de que nadie pueda ganar en un año menos de lo que el directivo mejor pagado de su misma empresa gane en un mes.

“En 1984 la diferencia salarial entre el salario medio y el de un alto ejecutivo era de 1:6. Cuatro años después, en 1988, era de 1:13. Bajo el dictado de la gran desigualdad impuesta en el mundo por la ideología neoliberal, esa relación se ha multiplicado en los últimos treinta años astronómicamente y en Suiza alcanza la relación 1:93”, dice Filippo Rivola, representante de las juventudes socialistas suizas. Los altos directivos ganan en Suiza una media de 73 veces más que sus empleados peor pagados, estima la iniciativa a favor de salarios equitativos que nació en octubre de 2009 y presentó dos años después las cien mil firmas autentificadas legalmente requeridas para convocar un referéndum.

La iniciativa es apoyada por los partidos socialista y verde, así como por los sindicatos y estrictamente rechazada por la patronal, que al principio la ninguneó como contraproducente e ilusoria. Las cosas cambiaron cuando, el pasado 3 de marzo, los suizos aprobaron con una mayoría de casi el 68%, y en los 26 cantones del país, otra iniciativa en la misma línea por la que los accionistas de las empresas que cotizan en bolsa recibieron la capacidad de veto sobre las indemnizaciones y bonificaciones desmesuradas a los ejecutivos de sus empresas.

La medida, que fue aprobada por el voto de 1,6 millones de suizos contra 760.000, siguió a la habitual serie de escándalos y noticias sobre abusos en materia de contratos blindados, premios e indemnizaciones desmesuradas a ejecutivos claramente implicados en los desmanes del casino financiero.

En el mundo empresarial el próximo referéndum sobre tope salarial, ahora orientado a todas las empresas, también visto como una amenaza. El presidente de la patronal suiza, Valentin Vogt, considera la iniciativa “un error garrafal”. El Presidente de Nestlé, Peter Brabeck, ha amenazado con llevarse fuera de Suiza la sede del mayor consorcio alimentario del mundo en caso de que el país establezca el tope.

“En ese caso nos tendremos que plantear de forma clara la pregunta de si Suiza todavía es la sede correcta para nosotros”, declaró Brabeck al diario “Sonntag”.

“La iniciativa 1:12 solo exige un techo salarial máximo, eso no afecta al éxito de una empresa ni encarece su producción, ni tampoco dificulta su gestión”, señalan los defensores de la consulta. No son los sueldos de los directivos sino la calidad y otros factores lo que determinan el producto, explica a nuestro diario David Roth, presidente de las juventudes socialistas de Suiza.

Según la estimación de dos profesores de economía, Bruno Frey y Margit Osterloh, publicada por el “Tages-Anzeiger” de Zurich, con la fórmula 1:12 el masajista del tenista Roger Federer debería ganar cuatro millones de euros anuales para que los ingresos del deportista estrella fueran legales. El argumento es considerado banal por Roth, según el cual “Federer no es un empresario y sus beneficios no son salario”.

Las encuestas sobre la iniciativa dan actualmente un 50% de “si” a la limitación salarial, frente a un 40% de “no” y un 10% de indecisos. En esa situación el trabajo sobre la opinión pública será decisivo, augura Roth.

En marzo del año pasado Suiza aprobó en referéndum otro hito particularmente inspirador para España: una enmienda constitucional para ponerle coto al ladrillo. Desde entonces los municipios solo pueden tener un tope del 20% de residencias secundarias, una norma sobre la que deben rendir cuentas anualmente y publicar un catastro antiespeculativo que especifique qué viviendas están habitadas y cuáles no. La iniciativa del veterano ecologista helvético Franz Weber, “Acabemos con la invasión constructora de segundas residencias”, obtuvo el 50,6% de los votos. Weber explicó a este diario que recibió presiones y amenazas durante su tenaz recorrido hasta el referéndum.

Animados por esta serie de referendos contra la desigualdad y la especulación, los sindicatos suizos están promoviendo también una consulta sobre el establecimiento de un salario mínimo de 4000 francos suizos (3280 euros) mensuales, que sirva para poner coto a la emigración de fuerza de trabajo barata del extranjero, incluida de Alemania, donde no existe salario mínimo y se ha creado uno de los mayores sectores de salarios bajos de Europa. Actualmente hay en Suiza alrededor de 400.000 trabajadores que ganan menos de 4000 francos. Huyendo de los bajos salarios, decenas de miles de alemanes han emigrado en los últimos años a Suiza y Austria donde su trabajo se paga mejor.
Rafael Poch. La Vanguardia.
Fuente: http://www.lavanguardia.com/economia/20130412/54371163076/suiza-referendum-limitar-salarios-iniciativa-112.html