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viernes, 29 de junio de 2018

Para criar hijos resilientes, debes ser un padre resiliente.

Muchos padres queremos que nuestros hijos sean resilientes emocionalmente, que sean capaces de superar los altibajos de la vida. Pero nuestra capacidad para fomentar la resiliencia depende, en gran medida, de nuestra propia resiliencia emocional.

“La resiliencia de los padres funciona como un patrón para que el niño pueda identificar cómo enfrentar los desafíos, cómo comprender sus propias emociones”, afirma Dan Siegel, autor de The Yes Brain, que se enfoca en cultivar la resiliencia en los niños.

Sin embargo, poder afrontar con filosofía los berrinches y rabietas representa un reto para muchos padres, en especial, si tenemos expectativas poco realistas sobre lo que es la infancia.

“La idea de que la crianza debe ser la maravillosa, feliz y perfecta culminación de nuestras esperanzas y sueños es parte de eso”, comenta Katherine Reynolds Lewis, autora del libro próximo a publicarse The Good News About Bad Behavior.

Lewis dice que el enojo, las lágrimas y otros arrebatos son parte natural del desarrollo de cualquier niño; es lo que ella llama “el caos de la niñez”.

No obstante, los padres que son incapaces de enfrentar ese caos o que no están dispuestos a hacerlo podrían considerar los arrebatos del niño como un problema que debe resolverse de inmediato.

Laura Markham, psicóloga clínica y editora del sitio AhaParenting.com, dice que, cuando eso sucede, “ridiculizamos a los niños, los culpamos y les decimos que es culpa suya; los aislamos al enviarlos a su habitación”.

La naturaleza de la respuesta de los padres puede variar, aseveró Markham, pero el mensaje es el mismo: el enojo, la tristeza o la frustración son inaceptables.

Según Markham, eso es lo contrario a la resiliencia; se trata de imponer una frágil rigidez que hace que padres e hijos se sientan temerosos de que las emociones intensas los destrocen.

En contraste con esa fragilidad, los padres que no evaden el poder de emociones como el enojo tienen una mayor capacidad para asimilar las interacciones desafiantes con sus hijos, expuso Siegel, quien es director ejecutivo del Instituto Mindsight. Además, no hay que preocuparse si este tipo de resiliencia no llega de forma natural, añade, pues con la práctica se vuelve más sencillo.

A continuación, ofrecemos algunos consejos para que esas interacciones complicadas sean más sencillas de asimilar.

Respira profundo
Para responder con inteligencia a los arrebatos de un hijo, primero debemos apagar las alarmas que se encienden en nuestra cabeza. Markham aconseja a los padres “presionar el botón de pausa” antes de ejercer cualquier acción, aun ante el escenario de un niño gritando.

En su investigación, Lewis descubrió que padres e hijos a menudo sincronizan los latidos de su corazón, su respiración y otras funciones fisiológicas, de modo que calmarnos puede tener un efecto físico mensurable en nuestro hijo, sin mencionar que también puede ayudarnos a enfrentar la situación con serenidad.

Deja que las emociones se presenten
La resiliencia depende de comprender que las emociones —incluso aquellas que se consideran “negativas”, como la tristeza, el sufrimiento o el enojo— no son un problema que debe resolverse, sino una consecuencia natural de ser humano.

“El asunto con las emociones es que no duran para siempre; hay un comienzo, un desarrollo y un final en todas ellas”, dice Carla Naumburg, trabajadora social clínica y autora de Ready, Set, Breathe: Practicing Mindfulness With Your Children for Fewer Meltdowns and a More Peaceful Family.

Más allá de eso, permitirnos (y permitirles a nuestros hijos) experimentar y expresar un amplio rango de emociones es vital para nuestro bienestar. Markham resaltó que cuando no expresamos nuestras emociones perdemos el control sobre ellas.

Sé curioso
Como padres, nos preguntamos con mucha frecuencia “¿por qué?” cuando observamos alguna conducta no deseada (“¿Por qué no puede recordar poner los calcetines en el cesto?”). Pero Naumburg afirma que preguntarnos por qué reaccionamos de esa manera podría ser más útil, en especial, cuando nos sacan de nuestras casillas. “Date cuenta de lo que está sucediendo contigo y comienza a responsabilizarte de eso”, sugirió Markham.

Establece límites con compasión
Establecer reglas y límites y apegarse a ellos puede convertirse en uno de los momentos más desagradables en la relación entre padres e hijos, pero actuar con compasión y amabilidad en esos momentos puede ayudar a mantener bajo el nivel de tu presión sanguínea.

Markham y Naumburg indican que reconocer verbalmente los sentimientos de tu hijo y consolarlo no necesariamente va de la mano con ceder ante sus exigencias. “Hay ocasiones en las que me siento con mi hija en el regazo, mientras llora, y la abrazo mientras le digo: ‘No’”, dice Naumburg. “Continúa llorando pero seguimos conectadas”.

Analiza tus respuestas
Susan Newman, psicóloga social y autora de The Book of No: 365 Ways To Say It and Mean It, afirma que los padres deben estar especialmente conscientes de las ocasiones en las que es más probable que cedan ante los arrebatos de su hijo y agrega: “Si puedes reconocer lo que te hace decir que sí de manera automática, es hora de retroceder y pensar: ‘Espera, ¿por qué lo hago?’”.

Newman continúa: “Vivimos en una cultura de los padres que dicen: ‘Sí’ y es más fácil decir que sí que batallar con el berrinche de un niño”. Sin embargo, los padres pueden considerar una negativa como una manera de explorar los límites y así poder comprenderlos mejor.

Toma distancia
Cuando nos identificamos demasiado con nuestros hijos o los consideramos un barómetro de nuestra propia autoestima, estamos preparando el terreno para la decepción (o algo peor) cuando las cosas no salen como las planeamos.

“Nuestro ego está muy atado a nuestro modo de crianza”, dice Julie Lythcott-Haims, autora de How to Raise an Adult. Naumburg señala que esto se debe en parte a una narrativa cultural que sugiere que “si los niños no están bien, entonces es porque nos hemos equivocado como padres”.

Como lo describe Lythcott-Haims: “Si nosotros logramos vivir nuestra vida, quizá nuestros hijos también puedan hacerlo”.

https://www.nytimes.com/es/2018/04/05/hijos-resilientes-berrinche-rabieta/

miércoles, 10 de enero de 2018

Tras más de 20 años de intensa actividad y de especialización con jóvenes y adolescentes. La despedida de un profesor.

Cuarto Poder

La vida es un cúmulo de emociones que lo dominan casi todo. A veces creemos que actuamos por la razón y la ideología pero a estas alturas compruebo que, sobre todo, es el corazón y los sentimientos quienes dirigen nuestras decisiones más importantes.

El 21 de diciembre me despidieron del instituto con un hermoso regalo por mi jubilación. Tuve que atravesar un pasillo de afectos, flanqueado por todo el alumnado y el profesorado de mi último instituto. He dejado reposar las emociones unos días para recuperarme y ahora intento buscar explicaciones para analizar este hecho que me ha sacudido y para cerrar capítulo. Me pregunto por qué algo interno de una comunidad escolar se convirtió en una noticia viral. Y creo que hay respuesta: necesitamos buenas noticias de gente normal, frente a tanto suceso negativo que intencionadamente se difunde. Por eso me tomo la despedida como lo que es: un reconocimiento a todo el profesorado que se deja la piel, que no tira la toalla en estos tiempos de desesperanza; que frente a los recortes no se desmotiva, sino que intenta compensar los tiempos difíciles con su buen hacer, y participa en las movilizaciones cuando son necesarias. He conocido a tantos docentes comprometidos con su oficio que no podría contarlos.

Soy profesor de Historia, y como creía que tenía que darles una explicación a mis alumnas y alumnos por mi jubilación, pensé que lo mejor era compartir con ellos un poco de mi relato de vida dentro del tiempo histórico que me ha tocado vivir, algo que nunca había hecho por pudor. Es lo que hace Marco Tullio Giordana en la maravillosa película “La mejor juventud”, contando la Historia de Italia a través de la historia de una familia. Así, les explique mi nacimiento a mediados del siglo pasado en una casita baja del barrio de Usera de Madrid, en una familia obrera duramente represaliada por el franquismo. Que estudié interno con una beca en la Universidad Laboral de Sevilla (maestría industrial) e Ingeniería Técnica Industrial. Que me tomé como algo personal la injusticia y la falta de libertades de la dictadura, y aquello empezó a complicar mi existencia.

Les conté mi compromiso en la lucha antifranquista y mi ingreso en el clandestino PCE y sus consecuencias. Ello me acarreó una primera detención y procesamiento por el TOP en 1973. Hubo otro intento de detención en 1974 -logré fugarme- y un segundo procesamiento en situación de búsqueda y captura, y condena a dos años de cárcel. Les hablé de mi huida para ocultarme y que me refugié en la Ciudad de los Muchachos de Orense, donde aprendí toda la pedagogía que sé con Pilar e inicié mi vocación de educador.

Siempre compaginé estudio y trabajo, bien fuera en Villanueva y la Geltrú o en Madrid. Que trabajé de ferralla en la construcción y tuve que cambiar el nº de la Seguridad Social para no ser localizado. Participé en las huelgas de la construcción, donde conocí a unos veteranos (Macario, Arcadio, Tranquilino, Paco el Cura) que eran auténticos héroes obreros. Luego vendrían las largas y duras luchas de enero de 1976 que forzaron la transición a la democracia, pese a la resistencia del franquismo. Fui muy activo en CCOO de la Construcción y empecé a tener responsabilidades sindicales, aún sin quererlas y sin cumplir los treinta años.

Acepté la responsabilidad como secretario de Acción Sindical en CCOO desde 1978 a 1996. Fueron años muy intensos de movilizaciones, negociaciones con la patronal y el gobierno, reuniones, asambleas, viajes, prensa… Los sindicatos tenían fuerza, trataban de tú a tú al Gobierno y a la patronal, se conseguían avances en derechos laborales y sociales. Las huelgas generales eran impresionantes (14-D). Daba gusto trabajar con grandes personas como Marcelino Camacho. Y les expliqué cuándo surgieron las diferencias sobre la estrategia del sindicato en 1994 y cómo se dividió la organización. En el VI Congreso de 1996 hubo dos candidaturas y al llamado Sector Crítico (Camacho y otros muchos compañeros) se nos impidió toda responsabilidad confederal y me despidieron.

Fueron momentos duros, y tomé una decisión muy acertada. Me presenté aquel año a las oposiciones de secundaria y al aprobarlas ya nunca dejé de trabajar en la enseñanza hasta ahora. Ahí empezó mi última etapa laboral pero, sobre todo, de compromiso con otra buena causa: la educación de jóvenes y adolescentes. Han sido más de veinte años de intensa actividad y de especialización. He dado clases en zonas obreras y en centros de difícil desempeño, porque considero la educación como un derecho fundamental de todos que solo lo garantiza la escuela pública. He aprendido mucho de mis alumnos. Les he tratado como personas, no como herramientas, algo que no está reñido con que sacaran dieces en la selectividad. Juntos hemos trabajado los derechos humanos, la convivencia y la igualdad entre mujeres y hombres. La cultura sin este soporte no es más que un adorno y no lleva a transformar el mundo para mejorarlo.

Para mí la mejor manera de defender la escuela pública ha sido el trabajo diario, la cooperación del profesorado y participar muy activamente en proyectos de convivencia, innovación y de defensa de la Escuela Pública (proyecto Turkana, Plataforma de Vallecas por la Escuela Pública, Marea Verde, Foro de Sevilla). He escrito mucho sobre educación en revistas educativas y digitales; he ido a todas las huelgas, manifestaciones, asambleas; he llevado a diario la chapa de la Escuela Pública y la camiseta verde todos los miércoles en el centro. Esa ha sido mi aportación.

En el último claustro también me despedí de mis compañeras y compañeros. Les conté cómo los caminos del azar me habían llevado al instituto Villa de Vallecas, después de ser desplazado de Fuenlabrada. Les confesé que me iba a costar dejar la docencia, quizá por aquello que decía Vasili Grossman de que no hay nada tan difícil como abandonar la casa donde se ha sufrido tanto, aunque no es exactamente el caso: yo he disfrutado mucho y no me han faltado las emociones fuertes. La escuela es muy intensa.

Creo que en la vida hay que saber hacer dos cosas: dar las gracias y pedir perdón para estar a bien consigo mismo y con los demás. Pedí perdón por los errores que pude cometer, por no tener tiempo suficiente para interesarme más por la vida, dificultades y anhelos de los compañeros… Pero, sobre todo, les di las gracias por muchas cosas: por todo lo que me aportaron, por los compromisos compartidos en defensa de la calidad educativa, por el apoyo mutuo, por la imaginación y las ganas echadas para paliar la falta de recursos, por los buenos y malos ratos vividos.

Ahora quizá me explico más por qué el vídeo de la despedida ha sido viral. Yo no he sido nada más –y nada menos- que un maestro, que he hecho mi oficio lo mejor que he podido. De mi padre y de los veteranos de la construcción aprendí que primero hay que cumplir para poder reclamar después. Y porque es, también, una obligación con nuestros alumnos. Recuerdo que en el homenaje al profesor Ladislao Martínez tras su muerte, una alumna dijo: “Nosotros no seremos los mejores alumnos, por eso necesitamos los mejores profesores”. Somos muchos los que intentamos estar a la altura de sus necesidades.

Pero nada se hubiera hecho sin profesores y alumnos que lo organizaran. El alumnado siempre paga, aunque a veces lo haga tarde. En cuanto al profesorado del Villa, es una plantilla extraordinaria que combina juventud con veteranía, oficio y mucho compromiso que les lleva a repetir en un centro de difícil desempeño.

La repercusión en las redes sociales y medios de comunicación de la despedida expresa la necesidad de noticias positivas desde la escuela, frente a las informaciones de acoso escolar, agresiones a profesores muchas veces exageradas, etc. La escuela es el lugar donde nacen los sueños y donde crecen los alumnos a todos los niveles. Se forman como ciudadanos y nuestro papel es acompañarles en ese proceso: ese es el sentido profundo de la pedagogía que decían los clásicos.

Con las juntas de evaluación terminadas y entregadas las notas, el final de fiesta parecía las salidas extraescolares de las dos últimas semanas con los grupos a los que doy clase a museos, al centro de Madrid y a la exposición sobre Auschwitz. Pero llegó el paseíllo y las fuertes emociones. Creo que nunca he dado tantos abrazos y tantas veces las gracias. Allí aguanté el tipo como pude, pero leyendo en casa las cartas y escritos de los alumnos y de alguna compañera, la emoción me producía tal congoja que me tuve que ir a refrescar los ojos a un parque. Como dice un amigo, no había llorado más desde ET. Pero no serán lágrimas que se pierdan en la lluvia, son sentimientos fuertes para cuando me asalten las dudas sobre las cosas que merecen la pena en la vida.

Uno no hace las cosas para que se lo agradezcan, sino por profesionalidad, pero entre irse de un lugar con una caja de cartón con los cuatro papeles y objetos personales que ha ido acumulando o recibir este chute de afectividad hay una diferencia. Ojalá se les haga a tantos docentes que se lo merecen como reconocimiento a su entrega: que la escuela les demuestre que les quiere tanto como ellos han querido a la escuela.

Si ha sido un lujo ir cantando a trabajar, ha sido un orgullo hacerlo en la Escuela Pública. Me ha llegado la hora de pasar el testigo a compañeras y compañeros más jóvenes. Lo hago muy tranquilo porque veo que queda una buena cosecha. Solo darles un consejo: que amen su profesión y que eduquen con afecto, porque sin él no hay aprendizaje; que crean en el alumnado; que cooperen con los compañeros y las familias; que trabajen los valores democráticos y los derechos humanos, y que sepan que sin educación no hay transformación.

Cuando los alumnos me preguntan: “¿Y ahora qué vas a hacer?”, respondo lo que siento: “Echaros de menos”. También porque sé que nadie se va del todo mientras alguien le recuerde.

Fuente:
http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2018/01/08/agustin-moreno-la-despedida-de-un-profesor/

jueves, 28 de julio de 2016

_--La educación exige emociones. El fenómeno es imparable. Los nuevos tiempos exigen desarrollar las capacidades innatas de los niños y cambiar las consignas académicas.

_--¿Estamos educando a las nuevas generaciones para vivir en un mundo que ya no existe? El sistema pedagógico parece haberse estancado en la era industrial en la que fue diseñado. La consigna respecto al colegio ha venido insistiendo en que hay que “estudiar mucho”, “sacar buenas notas” y, posteriormente, “obtener un título universitario”. Y eso es lo que muchos han procurado hacer. Se creyó que, una vez finalizada la etapa de estudiantes, habría un “empleo fijo” con un “salario estable”.

Pero dado que la realidad laboral ha cambiado, estas consignas académicas han dejado de ser válidas. De hecho, se han convertido en un obstáculo que limita las posibilidades profesionales. Y es que las escuelas públicas se crearon en el siglo XIX para convertir a campesinos analfabetos en obreros dóciles, adaptándolos a la función mecánica que iban a desempeñar en las fábricas. Tal como apunta el experto mundial en educación Ken Robinson, “los centros de enseñanza secundaria contemporáneos siguen teniendo muchos paralelismos con las cadenas de montaje, la división del trabajo y la producción en serie impulsadas por Frederick Taylor y Henry Ford”.

La voz de los adolescentes
“Desde muy pequeño tuve que interrumpir mi educación para empezar a ir a la escuela”
Gabriel García Márquez

Si bien la fórmula pedagógica actual permite que los estudiantes aprendan a leer, escribir y hacer cálculos matemáticos, “la escuela mata nuestra creatividad”. A lo largo del proceso formativo, la gran mayoría pierde la conexión con esta facultad, marginando por completo el espíritu emprendedor. Y como consecuencia, se empiezan a seguir los dictados marcados por la mayoría, un ruido que impide escuchar la propia voz interior.

Cada vez más adolescentes sienten que el colegio no les aporta nada útil ni práctico para afrontar los problemas de la vida cotidiana. En vez de plantearles preguntas para que piensen por sí mismos, se limitan a darles respuestas pensadas por otros, tratando de que los alumnos amolden su pensamiento y su comportamiento al canon determinado por el orden social establecido.

Del mismo modo que la era industrial creó su propia escuela, la era del conocimiento emergente requiere de un nuevo tipo de colegio. Básicamente porque la educación industrial ha quedado desfasada. Sin embargo, actúa como un enfermo terminal que niega su propia enfermedad. Ahogada por la burocracia, la evolución del sistema educativo público llevará mucho tiempo en completarse. Según Robinson, “ahora mismo sigue estando compuesto por tres subsistemas principales: el plan de estudios (lo que el sistema escolar espera que el alumno aprenda), la pedagogía (el método mediante el cual el colegio ayuda a los estudiantes a hacerlo) y la evaluación, que vendría a ser el proceso de medir lo bien que lo están haciendo”.

La mayoría de los movimientos de reforma se centran en el plan de estudios y en la evaluación. Sin embargo, “la educación no necesita que la reformen, sino que la transformen”, concluye este experto. En vez de estandarizar la educación, en la era del conocimiento va a tender a personalizarse. Esencialmente porque uno de los objetivos es que los chavales descubran por sí mismos sus dones y cualidades individuales, así como lo que verdaderamente les apasiona.

¿Para qué sirve?
“Educar no consiste en llenar un vaso vacío, sino en encender un fuego latente”
Lao Tsé

En el marco de este nuevo paradigma educativo está emergiendo con fuerza la “educación emocional”. Se trata de un conjunto de enseñanzas, reflexiones, dinámicas, metodologías y herramientas de autoconocimiento diseñadas para potenciar la inteligencia emocional. Es decir, el proceso mental por medio del cual los niños y jóvenes puedan resolver sus problemas y conflictos emocionales por sí mismos, sin intermediarios de ningún tipo.

La base pedagógica de esta educación en auge está inspirada en el trabajo de grandes visionarios del siglo XX como Rudolf Steiner, María Montessori u Ovide Decroly. Todos ellos comparten la visión de que el ser humano nace con un potencial por desarrollar. Y que la función principal del educador es acompañar a los niños en su proceso de aprendizaje, evolución y madurez emocional. En esta misma línea se sitúan los programas de la educación lenta, libre y viva que están consolidándose como propuestas pedagógicas alternativas dentro del sistema. Eso sí, el gran referente del siglo XXI sigue siendo la escuela pública de Finlandia, país que lidera el ranking elaborado por el informe PISA.

La educación emocional está comprometida con promover entre los jóvenes una serie de valores que permitan a los chavales descubrir su propio valor, pudiendo así aportar lo mejor de sí mismos al servicio de la sociedad. Entre estos destacan:

Autoconocimiento. Conocerse a uno mismo es el camino que conduce a saber cuáles son las limitaciones y potencialidades de cada uno, y permite convertirse en la mejor versión de uno mismo.

Responsabilidad. Cada uno de nosotros es la causa de su sufrimiento y de su felicidad. Asumir la responsabilidad de hacerse cargo de uno mismo en el plano emocional y económico es lo que permite alcanzar la madurez como seres humanos y realizar el propósito de vida que se persiga. Autoestima. El mundo no se ve como es, sino como es cada uno de quienes lo observan. De ahí que amarse a uno mismo resulte fundamental para construir una percepción más sabia y objetiva de los demás y de la vida, nutriendo el corazón de confianza y valentía para seguir un propio camino.

Felicidad. La felicidad es la verdadera naturaleza del ser humano. No tiene nada que ver con lo que se tiene, con lo que se hace ni con lo que se consigue. Es un estado interno que florece de forma natural cuando se logra recuperar el contacto con la auténtica esencia de cada uno.

Amor. En la medida que se aprende a ser feliz por uno mismo, de forma natural se empieza a amar a los demás tal como son y a aceptar a la vida tal como es. Así, amar es sinónimo de tolerancia, respeto, compasión, amabilidad y, en definitiva, dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento y frente a cualquier situación.

Talento. Todos tenemos un potencial y un talento innato por desarrollar. El centro de la cuestión consiste en atrevernos a escuchar la voz interior, la cual, al ponerla en acción, se convierte en nuestra auténtica vocación. Es decir, aquellas cualidades, fortalezas, ­habilidades y capacidades que permiten emprender una profesión útil, creativa y con sentido.

Bien común. Las personas que han pasado por un profundo proceso de autoconocimiento se las reconoce porque orientan sus motivaciones, decisiones y acciones al bien común de la sociedad. Es decir, aquello que hace a uno mismo y que además hace bien al conjunto de la sociedad, tanto en la forma de ganar como de gastar dinero.

En vez de seguir condicionando y limitando la mente de las nuevas generaciones, algún día –a lo largo de esta era– los colegios harán algo revolucionario: educar. De forma natural, los niños se convertirán en jóvenes con autoestima y confianza en sí mismos. Y estos se volverán adultos conscientes, maduros, responsables y libres, con una noción muy clara de quiénes son y cuál es su propósito en la vida. El rediseño y la transformación del sistema educativo son, sin duda alguna, unos de los grandes desafíos contemporáneos. Que se hagan realidad depende de que padres y educadores se conviertan en el cambio que quieren ver en la educación

CLAVES PARA SABER MÁS

ANNA PARINI
Libro
¡Esta casa no es un hotel!
Irene Orce (Grijalbo)

Este libro es un manual de educación emocional para padres de adolescentes. Está escrito desde la perspectiva de los chavales, y su intención es proporcionar claves y herramientas para que los adultos aprendan a crear puentes más constructivos con sus hijos.

Documental
La educación prohibida

Un documental que propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo. (Este documental está promocionado por empresas multinacionales y muy sutilmente promociona la privatización de la educación, desprestigiando a la Educación Pública, en el momento que se empieza a generalizar en América Latina)

La inteligencia emocional

15 cortometrajes,  Aquí


Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/12/12/eps/1418401341_900515.html

domingo, 20 de marzo de 2016

13 juegos para fomentar la autoestima en el aula. Usar un lenguaje motivador y hacer que el alumno se sienta valioso por lo que hace es esencial para su desarrollo

Cada vez más centros, y profesores a título particular, piden herramientas para trabajar las emociones y la autoestima en el aula, como parte de la formación integral de sus alumnos. Puede ayudar a prevenir males mayores, conflictos, casos de bullying y acoso escolar, en ocasiones con un final dramático. Las educadoras de la escuela infantil Arlequín, en Fuenlabrada (Madrid), han realizado cursos para iniciar un programa de inteligencia emocional este año. “Hacemos asambleas donde decimos si estamos contentos o tristes, enfadados o aburridos; trabajamos la empatía y la asertividad”, enumera la directora, Laura Santana.

La escuela de desarrollo emocional y social Afectiva organiza una extraescolar en el colegio público Francisco Arranz a instancias de la asociación de padres y madres de alumnos (AMPA). “Ha de ser una autoestima ajustada y realista; que sean conscientes de sus cualidades y capacidades, pero también de en qué pueden mejorar, de cuáles son sus limitaciones”, matiza Raquel Burguillo, una de las psicólogas del equipo de Afectiva.

“No hace falta hacer cosas muy complicadas, a veces basta con consejos pequeños y cotidianos aplicados de manera constante”, interviene Rocío López, maestra especializada en innovación y directora de comunicación del portal Edúkame. Algo tan básico como reconocer las cualidades de los niños. “Tenemos tendencia a centrarnos en lo negativo, para corregir”. Y no caer en lo que los expertos denominan profecías autocumplidas: “No vas a ser capaz”, “Eres un pesado”… El interpelado, efectivamente, termina por no ser capaz y ser un pesado. “Un buen profesor sabe potenciar la autoestima de sus alumnos elogiando los pequeños progresos y esfuerzos realizados; para ello debe usar un lenguaje positivo, hacer que cada alumno se sienta valioso por lo que es, por lo que siente y por lo que hace”, tercia la psicóloga infantil Sara Tarrés, que ofrece varias recomendaciones más: “Ayudar al desarrollo de aptitudes que el niño tenga, fomentar la comunicación, trabajar hábitos de estudio, huir de las comparaciones y etiquetas, evitar resaltar las cualidades negativas delante de otros niños o adultos, criticar de forma constructiva los trabajos realizados”.

El juego, asegura Tarrés, es “primordial para el desarrollo de la autoestima del niño”. A continuación proponemos algunos.

Infantil
Carteles con autoconceptos. El profesor coloca en distintas partes de la clase carteles con cualidades académicas, sociales o físicas. “Soy simpático”, “Juego muy bien al fútbol”, “Soy listo”. Los carteles son como los de algunas publicidades, con pequeñas pestañas con el teléfono del anunciante en su parte inferior. Los niños corren hacia el cartel que creen que los define mejor, arrancan una de sus pestañas y la pegan en un dibujo de ellos mismos que previamente han realizado.

La silla caliente. Un alumno se sienta en una silla y el resto va pasando por delante diciéndole qué le gusta de él o ella, o qué le hace sentir bien. “Vemos cómo algunos se ruborizan o se sienten incómodos; no están acostumbrados a que les digan cosas positivas”, constatan desde el equipo de Afectiva.

Juego de las estatuas. Sirve para trabajar las emociones. Mientras suena la música, los niños bailan; cuando para, cada uno debe quedarse quieto, reflejando una emoción en su rostro, y sus compañeros han de adivinar de qué emoción se trata.

Primaria
Reparto de estrellas. Los niños se sientan en el suelo, en círculo. El maestro dice algo positivo de cada uno al tiempo que le entrega una estrella de papel o pegatina. A lo largo de la sesión, cada niño debe decir algo positivo de los compañeros que tiene a ambos lados mientras les entrega una estrella. “Lo fundamental es pensar en lo que decimos a los demás, lo que nos dicen y lo que sentimos”, plantea la psicóloga Sara Tarrés.

Caja del tesoro oculto. El docente esconde un espejo en una caja y explica que dentro hay un tesoro único. “Generaremos así expectativa”, aduce Tarrés. Los alumnos abrirán la caja de uno en uno, sin decir a nadie lo que contiene. Al final, el profesor les pedirá que digan en voz alta qué tesoro han visto, y les preguntará por aquello que ellos creen que los hace únicos y especiales, irrepetibles, maravillosos.

Las gafas positivas. El maestro pedirá a sus alumnos que hagan el gesto de ponerse unas gafas imaginarias y muy especiales, a través de las cuales verán solo lo positivo que hay en el mundo. Cada uno se dibujará en el centro de un folio, indicando su nombre. Estos folios irán pasando de mesa en mesa y los niños, todos con sus gafas positivas colocadas, irán escribiendo cualidades de sus compañeros. “Me ayuda con los deberes” o “Aprende muy rápido”. Es importante que el docente también haga su aportación, firmada. “Estos mensajes alimentarán la confianza del niño a través del reconocimiento de los compañeros y del docente, que es un referente clave en su vida”, sostenía Rocío López en un artículo publicado en la revista Educación 3.0.

Una variante de esta dinámica consiste en que cada niño o niña se cuelga un folio en la espalda con su nombre y el resto escribe cosas buenas de él o ella. Para terminar, todos comparten sus impresiones y emociones en una asamblea.

Juego de mímica. Cada chaval anota cosas que se le dan bien y otras que le gustaría mejorar. A continuación expone, utilizando la mímica, aquello en lo que es bueno, y sus compañeros tendrán que adivinarlo.

Hoy te enseño yo. Actividad que también funciona en secundaria. Se trata de organizar en el aula minitalleres impartidos por los propios alumnos, a los que podrá apuntarse el resto de la clase. Los pequeños profesores diseñarán sus talleres en función de sus propios intereses, mostrando, por ejemplo, cómo hacer un truco de magia, cómo dar muchos toques con el balón sin que caiga el suelo, cuánto saben sobre Star Wars o cómo programar un videojuego.

Secundaria
Hay una carta para ti. Cada alumno escribe tres virtudes y tres defectos que crea tener en una hoja de papel, que guardará en un sobre. El sobre irá pasando por todos los compañeros, que habrán de sumar otras tres cualidades, pero no defectos. Cada alumno leerá todo lo bueno que los demás piensan de él. “El objetivo es que lleguen a entender que todos somos distintos y, si bien todos tenemos defectos, también tenemos muchas cualidades que el resto aprecia”, argumenta Tarrés.

Anuncios de contactos. A la entrada del aula se coloca un folio con dos columnas: en la primera, cada alumno indicará qué puede ofrecer a los demás (enseñar matemáticas, coger las cosas de los armarios más altos); en la segunda escribirá sus necesidades, o qué le gustaría aprender de sus compañeros (clases de dibujo, apoyo en ciencias). “Descubrimos a nuestros alumnos cualidades y capacidades de sí mismos que desconocían o creían no tener, y reforzamos su vínculo con compañeros y maestro, favoreciendo su inclusión dentro del grupo”, dice López.

Véndete (?). Los chicos y chicas habrán de inventarse un anuncio para venderse (promocionarse) a ellos mismos, lo que les supondrá reflexionar sobre sus cosas buenas, para que los demás los compren. Lo expondrán delante de sus compañeros.

¡Fuera etiquetas! La dinámica permite reflexionar sobre las etiquetas, buenas y malas, que vienen impuestas desde el exterior y que nos condicionan. Vago, torpe, desordenado, guapo, empollón. El alumno las escribe en pegatinas blancas y se las va pegando por el cuerpo. Tras una puesta en común en asamblea, decide con cuáles se queda y se quita las que no quiere. “Les ayuda a entender que vale, me han puesto etiquetas y las he aceptado, pero tengo el poder de cambiarlas o quitármelas”, indica el equipo de Afectiva.

Comunidad educativa
Buzón de sugerencias. Que los conflictos no se queden cociéndose en silencio, que los problemas salgan a la luz y se hablen resulta fundamental para detectar a tiempo, antes de que sea demasiado tarde, casos de baja autoestima, bullying o acoso escolar. Desde este convencimiento, el equipo de Afectiva propone un buzón de sugerencias, para todo el centro o por aula, donde los alumnos puedan comunicarse, escribir sus quejas, expresarse sobre lo que les gusta y lo que no de su grupo o de su centro.

http://economia.elpais.com/economia/2016/03/17/actualidad/1458211539_319733.html

sábado, 16 de enero de 2016

¿Qué es, qué era, qué debe ser el amor? Guillermo Rendueles Psiquiatra y figura histórica de la izquierda gijonesa. "El capitalismo trata como trastorno de personalidad lo que antes se consideraba lealtad, coherencia u honradez".

...¿Qué es, qué era, qué debe ser el amor?
¿El amor libre de los hippies y los anarquistas, el amor monógamo y eterno de los conservadores o un término medio entre ambas opciones?

Lo que es el amor sano y el insano se ve muy bien en los críos que juegan en el parque. Los que están seguros de que su madre, su padre o su cuidador los quieren juegan tranquilos sin miedo a perderse, mientras que los chavales inseguros están continuamente mirando para atrás a ver si el padre sigue allí, cuando no pegados a él sin jugar ni interaccionar con otros niños. El amor sano es el primero: el amor que te da seguridad. Lo que pasa en la posmodernidad, con ese modelo de mantenerse juntos mientras dure el sentimiento, es que el sentimiento no cambia a la vez en las dos personas, por lo que esa seguridad está siempre en entredicho. Yo he puesto en algún texto el ejemplo de Bertrand Russell, que estaba tan contento con una de sus mujeres hasta que en un paseo en bici se dio cuenta de que ya no sentía lo mismo por ella y, llorando, la abrazó y le dijo que se tenían que separar. Ese emotivismo extremo es la norma en el mundo de hoy.

Una de las teorías psicológicas más en boga es ésa que dice que el amor tiene fecha de caducidad: tres años y medio exactamente. Si te crees esas cosas, acabas autosugestionándote. Yo conozco parejas donde esa cosa ha sido hipertóxica, y que queriéndose mucho se han separado en cuanto se han dicho: «Ya no nos queremos como antes».

Estamos como los críos inseguros, mirando constantemente hacia atrás preguntándonos si le habrá cambiado el sentimiento a éste o a ésta y si nos va a dejar. Eso dificulta mucho la interacción. Igual que los niños no juegan si no tienen la seguridad de que la madre está ahí, en el amor sin una relación de afecto seguro es muy difícil que uno se aventure, a menos que la inseguridad se acabe asumiendo y pase como con otros críos que hay, que como están seguros de que la madre se ha pirado les da igual ocho que ochenta. Ésa es otra de las imágenes de la posmodernidad.

¿Cuál es el amor ideal? Pues un amor que te dé la seguridad de que no se va a romper de un momento a otro; un amor que aunque te pongas malo, aunque te arruines, aunque te despidan, va a seguir ahí, y al mismo tiempo lo suficientemente flexible para que sea sincero, para que no te obligue a simular esa estabilidad y esa serenidad. Y un amor en el que se asuma que el amor significa cosas distintas en cada etapa de la vida. En suma, un proyecto a largo plazo que, como todos los proyectos, pueda fracasar, pero que no esté sometido a una incertidumbre constante.

El mal es una opción voluntaria, no un problema psiquiátrico. Usted escribe bastante últimamente sobre lo que llama la psiquiatrización del mal.

Sí, esa teoría muy en boga de que el mal es algo psicológico, un impulso que puede afectar a cualquiera. Sus defensores suelen aludir a un experimento que hizo en 1961, justo después del juicio a Eichmann, un psicólogo de la Universidad de Yale, Stanley Milgram. En ese experimento, los participantes tenían que apretar un botón que provocaba una descarga eléctrica cada vez que otro participante fallaba una pregunta. Con cada error se incrementaba la intensidad de la descarga, y el experimentador incitaba a quienes debían aplicar las descargas a hacerlo con frases como: «Por favor, continúe», o «No tiene otra opción, debe continuar». Los estudiantes no sabían que las descargas eran falsas: quien las recibía en realidad estaba actuando y no sufría dolor ninguno. El caso es que, a pesar de que quienes recibían las descargas gritaban cada vez más, el 65% de los participantes llegó a infligir el dolor máximo y sólo el 35% paró antes de llegar a ese punto. Lo que no se suele contar es que años después alguien cogió la caja de ese experimento y se puso en contacto con los participantes y les preguntó cómo habían podido llegar a hacer aquel disparate. La inmensa mayoría se había reformado y decía: «Huy, gracias a aquello yo tomé conciencia de cómo era el hombre». Uno se había hecho asistente social, otro objetor de conciencia, etcétera. Eso demuestra que, sí, uno puede tener un momento de obediencia a la autoridad, pero luego eso puede transformarse radicalmente mediante la reflexión. Eso sería el bien: ser reflexivo frente a las propias acciones.

¿Tiene remedio esta sociedad histérica? ¿Es posible la utopía?
Yo no sé si es posible, pero me parece que vale la pena pelear por el cambio. Si no es posible en esta generación, que haya otra que coja el relevo. Yo veo la historia un poco así, como una carrera de relevos en los que cada generación continúe lo que la anterior ha dejado pendiente...

-El mandato capitalista es: "Sé gerente de ti mismo, empréndete a ti mismo" Si estoy en paro, sólo yo tengo que solucionarlo formándome más o buscando trabajo más concienzudamente.
-Y para buscarlo tengo que tener capital humano: idiomas, másteres, cursos…
-Y si eso me vuelve loco, me tomo la pastilla y listo.
-Eso es, sí (risas)...

Fuente: http://mas.asturias24.es/secciones/entrevistas-en-el-toma-3/noticias/el-capitalismo-trata-como-trastorno-de-personalidad-lo-que-antes-se-consideraba-lealtad-coherencia-u-honradez/1451271184

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Hay vida real y razón política más allá de la inteligencia emocional?

Las emociones parecen referirse a un ser humano inmaculado y natural, puro en sus esencias constitutivas, mientras que la inteligencia a secas o razón nos remiten a análisis fríos y pragmáticos que no toman en consideración los componentes de origen de cada individuo concreto. Más allá de las variadas interpretaciones psicológicas al uso, estas categorías convencionales, la inteligencia emocional y la fría razón, inciden en dos aspectos primordiales de la vida en sociedad: la ideología política y la manipulación informativa y publicitaria. Y, además, son artefactos creados a propósito, producciones académicas que pretenden marcar territorios científicos inapelables.

Emocional y frío son adjetivos modifican respectivamente las sustancias inherentes a inteligencia y razón. A la primera de forma positiva y a la segunda de manera sesgada en favor del concepto emocional. En el mundo actual prevalece la idea popular de que el único modo de realizarse en la vida pasa por sentir plenamente las emociones que salen a nuestro encuentro. Racionalizar el conflicto buscando las relaciones entre las cosas, los determinantes y condicionantes históricos y las causas y los efectos de las situaciones sociales, económicas y políticas tiene mala prensa: es cosa diabólica de materialistas sin alma ni corazón.

Se viene hablando repetidamente de inteligencia emocional desde las postrimerías del siglo XX, siendo su uso casi general desde entonces. Incluso, de utilización coloquial, aunque es la herramienta favorita en los departamentos de recursos humanos y en el medio publicitario.

Definir las emociones resulta harto complejo. Muchas veces pasiones, sentimientos y emociones se confunden en una mezcolanza indistinguible tanto para profanos como para expertos en la materia. Da igual, lo importante es contar con una maquinaria física y mental que pueda ser susceptible de emocionarse con arreglo a las pautas invisibles de la cultura dominante y los estímulos inducidos por la sociedad de consumo. Ahí radica el éxito fulgurante de la inteligencia emocional.

Es sabido que el miedo, la ira, la alegría, la tristeza, el entusiasmo, el aburrimiento y la angustia (no se agota aquí el baúl de las emociones) son respuestas casi automáticas que nos visitan a todos sin excepción en momentos de especial relevancia de nuestro acontecer cotidiano. Se dice que cuando una emoción es racionalizada, si aprueba conforme al análisis concienzudo de la razón, se transforma en sentimiento, una segunda piel psicológica que da sentido a nuestra personalidad única o carácter específico.

Puede colegirse de lo dicho que la emoción es inconsciente, al tiempo que el sentimiento entra dentro de los dominios de la plena razón que digiere y otorga sentido propio a las tensiones y conflictos del ser humano histórico y social. Todo ello es perfectamente conocido por las industrias capitalistas de la producción, el consumo, el ocio y el entretenimiento y de la elaboración cultural de iconos y símbolos mediáticos.

La realidad es lo que ofrece resistencia al viaje de los seres humanos por la vida. El trabajo es la realidad sustantiva del asalariado y la masa trabajadora del empresario capitalista, siendo la emoción el medio intangible que procura dulcificar y esconder ese conflicto clásico de los sistemas capitalistas trastocando con sutileza la realidad del trabajador para hacerla aceptable y asumible por él, a la vez que de ese cambio ideológico extrae un rendimiento extraordinario el empresario de turno. Esto es, la clase trabajadora se conforma como un sujeto-objeto desde perspectivas antagónicas.

Por ende, la realidad modificada a través de las emociones opera en dos ámbitos complementarios que se necesitan imperiosamente: sobre el objeto de lo real y sobre el sujeto trabajador, obligando a una relación más sublimada, o mágica, y tolerable para el régimen capitalista.

En el terreno laboral, la aplicación sistemática de la inteligencia emocional pretende un aumento de la productividad laboral, que los trabajadores crean en uno mismo, relanzar una autoestima narcisista y motivar una competitividad salvaje edulcorada con el subterfugio de las capacidades simpáticas que emanan de la emoción prístina, virgen y pura. La magnificación del yo hasta extremos insospechados permite solapar las relaciones sociales y los condicionantes y determinantes que prevalecen en el trabajo capitalista.

Éxito o fracaso, maniqueísmo capitalista

Ese yo pletórico de individualismo esencialista solo cuenta con capacidades o habilidades para sentir la fugacidad del éxito o el fracaso puntual, pero mientras está imbuido de ese sentimiento tan volcánico todos nos vivimos como los ases indestructibles del mejor de los mundos posibles. La contrapartida es caer en el fracaso, el despido fulminante, la soledad existencial, la precariedad vital. Ese yo fruto del emocionalismo se ha olvidado del otro a conciencia; su territorio social es inexistente.

Las emociones, no obstante, jamás vienen dadas o se manifiestan como un automatismo inocente al que no podemos plantar cara o hacer frente de modo efectivo, salvo en casos excepcionales. El vasto campo de lo emocionante es manipulable para conseguir metas políticas mediante su control y también por medio de su desbordamiento calculado previamente.

La publicidad y la propaganda liman psicológicamente las resistencias que se opone al vivir, dirigiendo las acciones concretas de los consumidores e incitando a la acción o a la pasividad en función de intereses políticos no declarados expresamente.

Así, las erupciones de entusiasmo nacionalista o étnico, el miedo existencial provocado por la precariedad laboral y las crisis recurrentes, las alegrías pasajeras suscitadas por eventos deportivos o culturales de masas, la ira que surge ante el relato o visiones macabras de asesinatos o catástrofes, la tristeza o sentimentalismo que nos invade por empatía meliflua con personajes públicos de cierta resonancia o ante minorías especialmente sensibles (ancianos, niños, inmigrantes, marginados, pobres) …

También el aburrimiento y la angustia tienen domicilio en este rosario de manipulaciones psicológicas de las emociones. Todos los mencionados son estados de ánimo elaborados con métodos publicitarios y complejos mecanismos ideológicos que propician con premeditación y cálculo estadístico respuestas estereotipadas con el fin de extraer resultados óptimos para el orden establecido. Cuando acaece o brota de las profundidades telúricas el instante de la emoción parece que nos movemos con el mundo, sin embargo no es más que un sucedáneo de vitalismo superfluo que nos tapa la auténtica realidad en que nos hallamos inmersos.

El prestigio de las emociones es formidable en el mundo actual, casi sinónimo de libertad sustancial. A pesar de ello, sentir emociones no es más que asistir a accidentes etéreos de la vida real. Decía el existencialismo que primero es existir y que luego venía la esencia, que el ser humano, cada cual a su manera, debía ineluctablemente que hacerse construirse a sí mismo, estando obligado a elegir paso a paso, ininterrumpidamente, dejando en un segundo plano la teoría marxista que señalaba que todo ser humano se planta en el mundo con unos determinantes y condicionantes históricos que eligen por él su punto de partida y su anclaje en la realidad vital.

Esa lectura superficial del existencialismo fue cogida por los pelos por el neoliberalismo rampante de las últimas décadas en su propio beneficio, con la ayuda inestimable de las naturales emociones humanas. En el fondo de todo ello subyacía la idea de vaciar de contenido al materialismo y a la razón, sustituyendo la realidad por fenómenos encarcelados en los espurios sentimientos de la inocencia y en las equívocas pasiones edénicas.

El psicoanálisis inventado por Freud, por su parte, más allá de sus discutibles terapias que nunca llegan a la tierra prometida, descubrió la base materialista del ser humano dando forma a la ruptura entre significantes y significados, entre lo que permanece en la trastienda del subconsciente y las conductas, tensiones y conflictos que vivimos en primera persona. Hallar ese nexo entre la realidad oculta y las emociones que percibimos es el quid de la cuestión, alcanzar, o al menos intentarlo, la compleja realidad social e individual que nos produce tal y como nos ven y nos vemos.

Ese nexo es de naturaleza material (lo real es racional y viceversa, según Hegel), puede medirse y puede ofrecernos las claves de por qué la realidad nos ofrece tan colosal resistencia. Hacernos libremente como seres humanos, tanto en el plano personal como social, exige tratar las emociones como velos ideológicos que no permiten atisbar las causas y los efectos que permanecen en la zona oscura de toda realidad histórica.

Inteligencia emocional es una convención donde caemos como moscas sin advertir que sin razón no somos más que marionetas al albur del destino. Inefable e incomprensible destino capitalista, por supuesto.
Fuente: Armando B. Ginés

miércoles, 12 de agosto de 2015

Cómo ayudar a tu hijo si está ‘Del revés’. Consejos de dos especialistas para que un niño supere un cambio de ciudad y sus consecuencias, como en la película de Pixar

Tristeza se ha convertido en la emoción protagonista de Del revés. Pixar ha demostrado a través de la animación que, a veces, es necesaria para seguir adelante y, entonces sí, encontrar la felicidad. Para desarrollar esta premisa han recurrido a Riley, una niña de 11 años que pierde la inocencia cuando su padre recibe una oferta de trabajo y toda la familia tiene que mudarse a otra ciudad. A miles de kilómetros de su casa de siempre, de sus amigos del colegio y de sus compañeros del equipo de hockey. Todo lo que conocía queda demasiado lejos. Algo similar sucede en su mecanismo emocional. Hasta el momento en que se sube al coche y se despide de lo que considera su hogar, la felicidad guiaba su vida. Cuando el motor arranca, el cóctel emocional empieza a agitarse.

Con la ayuda de Ana Piñar Salinas, psicóloga especializada en niños y adolescentes, y Patricia Ramírez, experta en psicología deportiva, intentamos responder a las cuestiones que este tipo de situaciones provocan en los más pequeños. ¿Cómo se ayuda a un niño que pierde sus referentes en el camino que separa su casa de su nueva ciudad? ¿Cómo pueden reaccionar unos padres cuyo único objetivo es que su hijo sea feliz?

Antes de seguir leyendo una advertencia: hay algunos spoilers de la película.

- ¿Cómo se explica a un hijo/a de unos 11 años una mudanza a otra ciudad?

Piñar aconseja anticiparse a la situación e involucrar paulatinamente a los niños en el cambio. "Informarles muy bien. Tendemos a pensar que ellos no se enteran de nada, pero es al contrario. Podemos argumentar las razones de la mudanza, que entiendan que es una necesidad... Pero sin idealizar la situación". Un buen recurso es poner ejemplos que los hijos puedan comprender. "Tendemos a llevar una vida estancada, con casas y trabajos para toda la vida", explica Ramírez, "si les planteamos casos como los de los entrenadores de fútbol que cambian de equipo cada año y se llevan con ellos a su familia, o los hijos de diplomáticos que también se trasladan frecuentemente de ciudad, el cambio se convierte en algo positivo".

- La mudanza supone para Riley un cambio de colegio, nuevos amigos y nuevas rutinas. ¿Qué consejos hay que darle a un niño/a para el primer día de clase?

"En este caso la preocupación es mayor por parte de los padres que por los hijos", opina Ramírez. "Normalmente un niño va al parque y solo le hace falta decir ‘cómo te llamas’ para hacer amigos". Piñar sugiere la posibilidad de ensayar en casa situaciones que podrían sucederles en clase para ayudarles a que se relajen. "La mejor manera es comportarse como uno es, presentarte e interesarse por los demás porque así los otros se sentirán importantes y enseguida se harán amistades", apostilla Ramírez.

Existen algunas herramientas que pueden guiar a un padre. "Hay que empezar por preguntarles qué les preocupa", plantea la Ramírez. "Probablemente sea no ser aceptado o que se rían de ellos. En ese caso, hay que buscar experiencias en su vida similares. No encontrarán ninguna. Entonces, ¿por qué hay que preocuparse por cosas que nunca han ocurrido?". Otra opción es recordarles que esos nervios que sienten son los mismo que tenían cada inicio de curso en su anterior colegio.

- En la película, Riley siente celos porque su mejor amiga tiene nuevas amigas.

"Los celos", dice Piñar, "son una respuesta emocional que ellos desconocen, así que hay que comenzar por explicarles por qué se sienten así. Mostrar empatía ante su frustración a través de nuestra propia experiencia ('yo también siento ganas de llorar o me enojo cuando me ocurre esto con un amigo') dándoles pautas para gestionarlo". Para atenuar esa parte posesiva de "mi" mejor amiga, Ramírez sugiere que se les explique que lo ideal es tener varias amigas y que se alegren por las nuevas amistades: "Así se transmiten valores como la generosidad y el compartir".

"Lo importante es que invierta su energía en mantener la relación con sus antiguas amistades: contarles cosas nuevas, ir a visitarla de vez en cuando, acordarme de su cumpleaños, de las cosas que le gustan… Y ayudarles como adultos para que lo consigan", remata Ramírez.

- ¿Hay que animarles a que sigan con sus aficiones en esta nueva etapa? Riley lo intenta con el deporte.

"Mantener las rutinas", nos cuenta Ana Piñar, "suele funcionar muy bien en situaciones de cambio. Eso no significa, sin embargo, que debamos mantener todas ni que los nuevos hábitos sean exactamente igual a nuestra vida anterior". Otra opción es animarles a que hagan cosas nuevas. "Cuando llegas a un sitio nuevo donde nadie te conoce es el momento de reinventarte", dice Ramírez.

- El cambio de trabajo de uno de los padres afecta a la familia. ¿Cómo se explica a un niño/a de esa edad este tipo de problemas familiares de los que hasta ese momento no era consciente?

Ambas expertas consideran que "aunque no contemos todo, ni les hagamos llegar los temas más escabrosos, sí debemos hacerles partícipes de lo que ocurre". La mejor forma de afrontar las adversidades es siendo francos con ellos y contándoles la parte del problema que sea comprensible para un niño de esta edad. "Es aconsejable trasladarles que lo importante no es agobiarnos sino buscar soluciones", dice Ramírez. "Y si pueden participar de las soluciones se sentirán importantes y además agradecerles su participación".

http://verne.elpais.com/verne/2015/07/29/articulo/1438164820_641718.html

domingo, 24 de agosto de 2014

La enseñanza no es un negocio. Teaching Is Not a Business

Los reformadores de la educación de hoy creen que las escuelas funcionan mal, y que imitar el funcionamiento del mundo de los negocios pueden procurar el remedio. Algunos ponen su fe en la idea de la competencia. Otros abrazan la innovación disruptiva, principalmente a través del aprendizaje en línea, (TIC). Ambos bandos comparten la creencia de que la solución reside en lo impersonal, ya sea la mano invisible del mercado o el poder transformador de la tecnología.

Ninguna de estas estrategias ha vivido suficientemente su evolución, y por buenas razones. Es imposible mejorar la educación haciendo una carrera final hacia niveles marcados por test, dejando de lado las relaciones humanas inherentemente complicadas y desordenadas. Todos los jóvenes necesitan creer que tienen interés en el futuro, un objetivo digno de esfuerzo, si van a tener éxito en la escuela. Necesitan un campeón, alguien que crea en ellos, y ahí es donde los profesores entran en escena. Se acercan al más efectivo cheque educativo de cuidado entre los profesores y sus alumnos.

Mantras sobre el mercado dominan los debates políticos. Pruebas con altas apuestas de lectura y matemáticas son tratados como la única medida del éxito, la contrapartida del objetivo de fondo del "negocio". Los profesores cuyos estudiantes les va mal en las pruebas obtienen cartas de despido, mientras que aquellos cuyos estudiantes sobresalen reciben el pago por méritos, por mucho que las empresas pagan bonificaciones a sus empleados estrellas y despiden o ignoran a los rezagados. Así como las empresas cerraron las tiendas que no estaban cumpliendo con sus cuotas de ventas, y abren otras nuevas en territorio más prometedor, las escuelas (que no obtuvieron buena puntuación en las evaluaciones) se cerraron y las denominadas escuelas modelo son la respuesta, con nuevos directores y profesores, ocupan su lugar.

Este enfoque puede sonar plausibles en un laboratorio de ideas, pero en la práctica ha sido un fracaso. Despedir maestros, en lugar de darles la dirección técnica que necesitan, socava la moral. En algunos casos, puede también disuadir a los estudiantes de seguir una carrera en la enseñanza, y con la escasez de maestros que se avecina cuando la generación actual se jubile, eso es una receta segura para el desastre. El pago por mérito invita a rivalidades entre los maestros, cuando lo que se necesita es la colaboración. El cierre de escuelas trata a todos como culpables de causar bajas calificaciones, haciendo caso omiso del contexto y la difícil vida de los niños en estas escuelas - "no hay excusas", dicen los reformadores,- como si la pobreza fuera una excusa.

Las escuelas charter (1) se han promovido como mejora de la educación mediante la introducción de la competencia. Pero los estudiantes charter hacen lo mismo, sobre todo, que sus colegas de las escuelas públicas, y las peores charter, al igual que las escuelas de línea K-12, que han proliferado en varios estados, no merecen ser llamados escuelas. Los vales o cheques escolares también se supuso que aumentarían la competencia por dar a los padres influencia directa sobre las escuelas a las que asisten sus hijos, pero los estudiantes no se han beneficiado. Durante la última generación, Milwaukee ha ejecutado un experimento con cheques, con resultados tan debatidos que no muestran ninguna mejora académica real.

Mientras que estos reformadores hablan mucho de los mercados y de la competencia, la esencia de una buena educación - que reúne a los maestros talentosos, estudiantes comprometidos y un plan de estudios exigente - sigue indiscutida.

Las empresas (y el mundo de los negocios) tienen algo que enseñar a los educadores, pero no es el poder salvador de la competencia ni las llamativas ideas como la innovación disruptiva. En su lugar, lo que los datos pueden mostrar son estrategias probadas con el tiempo.

"Mejorar constantemente y siempre el sistema de producción y servicio": Ese es el evangelio del gurú de la gestión W. Edwards Deming que lo predicó durante medio siglo. Después de la Segunda Guerra Mundial, las empresas japonesas adoptaron el enfoque de "planificar, hacer, verificar, actuar", y muchas compañías de Fortune 500 se beneficiaron de prestarle atención. Mientras tanto, el historiador de la Harvard Business School y ganador del Premio Pulitzer, Alfred D. Chandler Jr., demostró que las empresas han prosperado mediante el desarrollo de "capacidades de organización," por la puesta en marcha de sistemas eficaces y fomentando el aprendizaje dentro de la organización. La construcción de una cultura de este tipo lleva su tiempo, enfatizó Chandler, y podría hacerse fracasar por ejecutivos seducidos por sus manías.

Cada iniciativa educativa objetivamente exitosa de las cuales yo tengo conciencia fortalecen los lazos personales mediante la construcción de fuertes sistemas de apoyo en las escuelas. Los mejores maestros y maestras de preescolares crean mundos íntimos donde los alumnos se convierten en exploradores y los adultos están atentos y a la mano.

En el modelo "Éxito para Todos" - un programa de lectura y matemáticas que, durante un cuarto de siglo, se ha utilizado con buenos resultados en 48 estados y en algunas de las escuelas más difíciles de la nación - los alumnos aprenden de un equipo de profesores, con lo que disponen de más adultos en sus vidas. "Diplomas ahora" están teniendo éxito con estudiantes difíciles de secundaria que son los principales candidatos para la deserción. Reciben tutoría de uno-a-uno, mientras a los que tienen problemas más profundos les tutorizan  profesionales.

Un extenso estudio de las escuelas públicas de Chicago, Organización de Escuelas para el Mejoramiento, identificó 100 escuelas primarias que habían mejorado sustancialmente y 100 que no lo habían hecho. La presencia o ausencia de confianza social entre los estudiantes, maestros, padres y líderes de la escuela fue una explicación clave.

"Big Brothers Big Sisters" de América, la organización de tutoría a nivel nacional, ha tenido un impacto sustancial en millones de adolescentes. La explicación no es lo que los adolescentes y sus mentores "gran hermano" hacen juntos, ya sea excursiones a las montaña o visitas a museos. Lo que cuenta, lo muestra la investigación, es la forja de una relación basada en el respeto mutuo y el cuidado.

Durante los últimos 25 años, YouthBuild ha dado una sólida experiencia laboral y tutoría de aula para cientos de miles de estudiantes que abandonan la escuela. Setenta y uno por ciento de esos jóvenes, a los que las escuelas habían renunciado, obtienen el GED - Cerca de la tasa nacional de graduación de la escuela secundaria. Los estudiantes de YouthBuild dicen que están motivados para conseguir una educación debido a que sus maestros y profesores "le respaldan".

El mismo mensaje - que el contacto personal es fundamental - viene de los estudiantes universitarios de la comunidad que han participado en la Universidad de Nueva York de iniciativa contra la deserción escolar de la ciudad, que ha conseguido duplicar la tasa de graduación.

A pesar de que estos programas, y muchos otros con una filosofía similar, han demostrado su valía, las escuelas públicas han estado gastando miles de millones de dólares en tecnología que se imaginan como la ola del futuro. A pesar de las exageradas afirmaciones, los resultados han sido decepcionantes. "Los datos son bastante débiles", dijo Tom Vander Ark, el ex director ejecutivo de educación en la Fundación Bill y Melinda Gates y el inversionista en empresas de tecnología educativa. "Cuando se trata de poner de manifiesto resultados, es mejor mostrarlos o callarse."

Si bien la tecnología se puede utilizar bien por los profesores con talento y habilidades, ellos, y no los futuristas, debe tomar la iniciativa. El proceso de enseñanza y aprendizaje es un acto íntimo que ni los ordenadores ni los mercados pueden esperar obtener. No es de extrañar, entonces, que el modelo empresarial de negocio no ha sido útil en la tarea de la reforma de las escuelas - pues simplemente no hay sustituto para el elemento personal.
DAVID L. KIRP, AUG. NYT. 16, 2014 "Teaching Is Not a Business"
David L. Kirp es profesor en la Universidad de California, Berkeley, y el autor de "Improbables Eruditos: El renacimiento del Gran Sistema Escolar Americano y una Estrategia para las Escuelas de los Estados Unidos." (David L. Kirp is a professor at the University of California, Berkeley, and the author of “Improbable Scholars: The Rebirth of a Great American School System and a Strategy for America’s Schools.”)
Una versión de este artículo de opinión aparece en la prensa el 17 de agosto de 2014, en la página SR4 de la edición de Nueva York, del NYT, con el título: La enseñanza no es un negocio.
(1) Las llamadas escuelas Charter son escuela que se han entregado a la iniciativa privada provenientes de anteriores estatales cerradas o bien de nueva creación. Serían aquí como una reconversión de escuelas públicas en escuelas concertadas, dando por supuesto que "las escuelas de iniciativa privada son mejores" que las públicas. Hay en los EE.UU., toda una lucha por la mejora de la escuela pública y una enorme cantidad de estudios e investigaciones que indican cómo se pueden mejorar. Algunos estudios muestran como la mayoría de centros privados utilizan sutiles procedimientos para rechazar o desmotivar a aquellos alumnos (de minorías étnicas, con lengua materna distinta al inglés, con déficit, instalándose lejos de barrios pobres, etc.,), que no van a ayudar a mejorar sus calificaciones en las "evaluaciones diagnósticos", para que acaben mayoritariamente asistiendo a las escuelas públicas. Después presentan mejores resultados y pretenden afirmar que son consecuencias de su mejor "calidad" y presionan para generalizar la reconversión consiguiendo destruir la escuela pública democrática,...

domingo, 11 de agosto de 2013

Lo que necesitas para ser feliz

Sensaciones, personas, afectos, armonía… Si tuviéramos que elegir, las emociones estarían antes que los bienes materiales

Imagínese que le han ofrecido el proyecto de su vida… no importa si es personal, laboral o de cualquier otro tipo. Es un proyecto que ni puede ni desea rechazar. Se tiene que marchar muy lejos y le conceden diez deseos para convencerle. Usted puede llevarse diez cosas, lugares, experiencias… Diez hábitos, elementos u objetos a los que no querría renunciar bajo ningún concepto. ¿Preparado para viajar, preparado para hacer esta elección? Se trata de diez imprescindibles en su vida para ser feliz en su nuevo destino y con su nueva historia. ¿Qué se llevaría?

A pesar de que con esta pregunta todo el mundo empieza a fantasear, al final la elección del decálogo es muy similar para todos. Lo que la mayoría de las personas dicen necesitar para ser felices es más básico y más fácil de obtener de lo que imaginamos. Nadie elige al final un coche de superlujo ni a una mujer u hombre espectacularmente atractivos.

La familia. Sobre todo la familia inmediata, esa que convive con usted: sus hijos, su pareja, su compañero de piso, el padre o madre que admira o la abuela que tanto adora. Personas con las que comparte miedos, alegrías, decisiones, que están para dar apoyo y seguridad. Acompañantes con los que se puede estar en silencio sin que el silencio parezca incómodo. Su núcleo.

Sus amigos. A quienes confía sus secretos, sus inquietudes, y con quien abre su alma. Los que le dan la mano para tirar de usted cuando está en lo más hondo y los que se alegran de forma sincera de sus éxitos. Amigos que le quieren de verdad, sin envidia y sin rencor.

Su trabajo. El trabajo es un lugar en el que uno se siente productivo, aporta ideas, participa, resuelve problemas, se relaciona con gente. El trabajo, bien gestionado y bien dirigido, es una fuente de placer. De hecho, uno de los principales motivos por los que las personas deciden trasladarse de ciudad y distanciarse de su gente. Si eligieron su dedicación por vocación, a pesar de las quejas, el esfuerzo, los horarios o la rutina, si tuvieran que viajar lejos, querrían llevarse el concepto “desempeñar una profesión”.

Sus libros, su música, las fotos y todo lo que le identifica y con lo que se ha sentido en armonía durante su vida. La cultura es ocio, es crecimiento personal, es disfrute, es fluir. Es una seña de identidad. La literatura y la música provocan un potente chorro de emociones, le hacen sentir vivo, le evocan recuerdos de la infancia, del momento en el que se enamoró e incluso de cuando sufrió.

Hay libros de los que no se despren­­dería jamás, cedés que volvería a comprar cada vez que los perdiera, fotos que le provocan sonrisas… Ese material que de vez en cuando desempolvamos para revivir, para sentir la nostalgia y el paso del tiempo y recuperar esas sensaciones que nos dejaron huella en el alma.

“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días” (Benjamín Franklin)

El estilo de vida. Las actividades que le hacen sentir de forma plena, como ir al cine, practicar deporte, pasear, jugar al fútbol, quedar con amigos, su manera de cuidarse, etcétera. El estilo de vida está relacionado con elecciones que ha ido haciendo a lo largo de su existencia y que la experiencia le dice que le sientan bien, tanto a nivel de salud como de ánimo.

El Baúl de los recuerdos. Lugares especiales que fueron formando la memoria de la vida, la de las experiencias tristes, románticas, apasionadas, salvajes, irascibles. En este baúl no hay tangibles, hay momentos: una cena en la que tomó una decisión importante, una mirada, el amigo que le traicionó, una pelea que no olvida, la cara emocionada de su hijo, el agradecimiento hacia la gente que le ha hecho bien en su vida… En el baúl también se lleva la experiencia, la formación y todo lo que ha ido aprendiendo de la vida.

El baúl condiciona mucho su carácter. Las personas que guardan más momentos felices que tristes tienden a estar en paz y en equilibrio. Mientras que las personas que miran atrás y se centran en los agravios, en las deslealtades o en sus errores se sienten irascibles y con la idea de que la vida les debe una.

Los animales domésticos. Para las personas que comparten su vida con uno, forma parte de su familia. No los abandonarían ni los dejarían fuera del proyecto.

Las emociones, las risas, el llanto, la pena, la frustración, la alegría. Ni el baúl de los recuerdos ni la lectura ni las fotos ni la música tendrían sentido si no generaran emociones. Las emociones nos hacen sentir vivos. Huimos de la rutina aburrida, la que nos convierte en autómatas, la rutina que nos pinta el alma de gris. Las personas buscan agitarse, enamorarse, sentir mariposas, ilusionarse, porque las emociones son nuestro motor.

Tecnología. Hay personas que, por trabajo o por diversión, le dedican muchas horas al día, que, bien gestionadas, han colaborado para que tenga una vida más fácil. Es cierto que le pueden esclavizar y provocar la sensación de tener que vivir deprisa, dando respuestas inmediatas a todo, pero a pesar de sus inconvenientes, pocas son las personas que hoy rechazarían los avances tecnológicos.

La ciencia, la medicina, los descubrimientos, la ingeniería, la inteligencia… todo lo que al ser humano le ha permitido avanzar, descubrir e investigar. Estas disciplinas son una fuente de superación para la humanidad. Nadie quiere dejar atrás los grandes avances que permiten vivir en un mundo más cómodo, confortable y seguro.

¿Y a usted qué le falta para ser feliz? ¿Coincide con el decálogo? Sea cual sea el déficit, tiene arreglo. Porque este decálogo, excepto el tener trabajo, no depende de la crisis. Depende de su valentía, de tomar decisiones, de orientarse hacia lo que se disfruta en lugar de hacia lo que resta. Está al alcance de casi todos los que disfrutamos del privilegio del primer mundo. Somos nosotros quienes tenemos que plantarle cara a la vida y envalentonarnos.

Diversos estudios científicos han demostrado que las personas son mucho más felices con las experiencias que con los bienes materiales. Lo material pierde valor nada más adquirirlo, pero la huella que dejan las emociones fruto de las experiencias perdura en el tiempo, en la memoria. Y recordando una vivencia podemos volver a experimentar lo que sentimos sin tener que repetirlo.

Empiece por decidir qué punto del decálogo le gustaría potenciar o tener en el caso de que no lo posea, y defina cómo quiere satisfacerlo. Tener experiencia con los puntos del decálogo depende en gran parte de nosotros mismos. Elegimos a nuestras parejas, decidimos tener hijos, escogemos a los amigos, formamos nuestro estilo de vida, decidimos recordar un agravio u olvidarlo, disfrutamos con nuestros hobbies, damos valor a los avances, nos fascinamos con una obra de arte o nos recreamos en la lectura. A pesar de que el valor del dinero es importante, en el decálogo no es determinante para ser feliz.

Lo de pedir un deseo y que se elija "que me toque la primitiva” es más utópico que real. Cuando nos vemos en la tesitura de tener que elegir con criterio y de verdad, su atención está puesta en lo importante. Las personas felices lo son no porque tengan más que otros, sino porque ponen su atención en lo que tiene sentido.

“La felicidad es interior, no exterior; por tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos” (Henry van Dyke)

Entrenarse para ser feliz es entrenarse para vivir, o viceversa. Lo uno lleva a lo otro. Pero entendiendo este concepto en toda su envergadura, existir para soñar y para recrearnos en lo que suma. Nadie firma un contrato ni promete pasar por un calvario para ser dichoso. No hay mejor paraíso que el que generamos a nuestro alrededor. La vida es un lugar para disfrutar, para rodearse de buena gente, para sacar lo mejor que lleva dentro, para compartir, para ser bondadoso; en definitiva, para ser persona. ¿A qué espera? Hoy es un buen día para ser feliz.


Una canción
- "El sitio de mi recreo", de Antonio Vega.

Una película
- "Como agua para chocolate", de Alfonso Arau.

Una frase y un libro
- "Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos", en 'El principito', de Antoine de Sant-Exupéry.

Fuente: El País.

lunes, 11 de marzo de 2013

La importancia de las emociones en el proceso educativo




Leer más sobre Neurociencias, en la revista de diciembre de 2012 del Concejo Escolar del Estado, Participación Educativa, dedicada a "La investigación sobre el cerebro y la mejora de la educación". Descargarla aquí.