Mostrando entradas con la etiqueta pérdida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pérdida. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de enero de 2017

John Berger. Dónde hallar nuestro lugar. Diez comunicados

1
Alguien pregunta: ¿todavía eres marxista? Nunca antes ha sido tan extensa como hoy la devastación ocasionada por la búsqueda de la ganancia, según la define el capitalismo. Casi todo mundo lo sabe. Cómo entonces es posible no hacerle caso a Marx, quien profetizó y analizó tal devastación. La respuesta sería que la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas políticas. Sin mapa alguno, no saben a dónde se dirigen.

2
Todos los días, la gente sigue señales que apuntan a algún sitio que no es su hogar, sino a un destino elegido. Señales carreteras, señales de embarque en algún aeropuerto, avisos en las terminales. Algunos hacen sus viajes por placer, otros por negocios, muchos motivados por la pérdida o la desesperación. Al llegar, terminan por darse cuenta que no están en el sitio indicado por la señales que siguieron. Donde se encuentran tiene la latitud, la longitud, el tiempo local y la moneda correctos, y no obstante no tiene la gravedad específica del destino que escogieron.

Se hallan junto al lugar al que escogieron llegar. La distancia que los separa de éste es incalculable. Puede ser únicamente la anchura de un vía pública, puede estar a un mundo de distancia. El sitio ha perdido lo que lo convertía en un destino. Ha perdido su territorio de experiencia.

Algunas veces algunos cuantos de estos viajeros emprenden un viaje privado y hallan el lugar que anhelaban alcanzar, que a veces es más rudo de lo que imaginaban, aunque lo descubren con alivio sin límites. Muchos nunca lo logran. Aceptan los signos que siguieron y es como si no viajaran, como si se quedaran siempre donde ya estaban.

...

9
A un kilómetro de distancia de donde escribo, hay un campo donde pastan cuatro burros, dos hembras y dos burritos. Son de una especie particularmente pequeña. Cuando las madres aguzan sus orejas ribeteadas de negro, me llegan a la altura del mentón. Los burritos, de unas cuantas semanas de edad, son del tamaño de unos perros terrier grandes, con la diferencia de que sus cabezas son casi tan grandes como sus costados.

Me brinco la barda y me siento en el campo apoyando la espalda en el tronco de un manzano. Ya tienen sus rutas propias por todo el campo y pasan por debajo de ramas tan bajas que yo tendría que ir a gatas. Me observan. Hay dos áreas en donde no hay pasto alguno, sólo tierra rojiza, y es en uno de estos anillos a donde vienen varias veces en el día a rodarse sobre su lomo. Primero las madres, luego los burritos. Éstos tienen ya una franja negra en los lomos.

Ahora se aproximan. El olor de los burros y el salvado --no el de los caballos, que es más discreto. Las madres rozan mi cabeza con sus quijadas. Son blancos sus hocicos. Alrededor de sus ojos hay moscas, mucho más agitadas que sus propias miradas interrogantes.

Cuando se quedan a la sombra, en el lindero del bosque, las moscas se marchan y pueden quedarse casi inmóviles por media hora. En la sombra del medio día, el tiempo se alenta. Cuando uno de los burritos mama (la leche de burra es la más semejante a la humana), las orejas de la madre se echan hacia atrás y apuntan a la cola.

Rodeado de los cuatro burros en la luz del día, mi atención se fija en sus patas, dieciséis de ellas. Son esbeltas, contundentes, contienen concentración, seguridad. (Las patas de los caballos parecen histéricas en comparación.). Estas son patas para cruzar montañas que ningún caballo se atrevería, patas para soportar cargas inimaginables si se consideran tan sólo las rodillas, las espinillas, las cernejas, los jarretes, las canillas, los cuartos, las pezuñas. Patas de burro.

Deambulan, con la cabeza baja, pastando, mientras sus orejas no se pierden de nada; los observo, con sus ojos cubiertos de piel. En nuestros intercambios, tal como ocurren, en la compañía de mediodía que nos ofrecemos ellos y yo, hay un sustrato de algo que sólo puedo describir como gratitud. Cuatro burros en un campo, mes de junio, año 2005.

10
Si, entre otras muchas cosas sigo siendo marxista.

John Berger

Fuente y leer más
http://www.sinpermiso.info/textos/dnde-hallar-nuestro-lugar-diez-comunicados

miércoles, 3 de febrero de 2016

Premiado un ecólogo por predecir la supervivencia de las especies. Los trabajos de Ilkka Hanski ayudan a la conservación de animales en peligro de extinción.

Ilkka Hanski (Helsinki, Finlandia, 1953) fue desde su infancia un ávido coleccionista de mariposas. A finales de los noventa escogió una amplia región las Islas Åland, en el Báltico, para llevar a cabo un censo anual de la mariposa doncella punteada. Con este trabajo de campo, Hanski abrió una nueva área en la ecología: la biología de metapoblaciones, una rama que permite entender cómo una especie sobrevive en un hábitat fragmentado gracias al equilibrio entre extinción y colonización de pequeñas poblaciones locales. Dos décadas de investigación después, este catedrático de  Zoología de la Universidad de Helsinki ha ganado el  Premio Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación, otorgado por la Fundación BBVA y dotado con 400.000 euros. "Los exquisitos trabajos de Hanski en el estudio de las metapoblaciones permiten analizar y predecir de forma exacta en qué momento  se produciría la extinción de una especie si disminuyera la colonización y se deteriorara el paisaje en el que habita", ha argumentado este martes el secretario del jurado y catedrático de Ecología en la Universidad de Zúrich (Suiza) Jordi Bascompte.

"La acción del hombre en la Tierra tiene un impacto tremendo. Los hábitats naturales están reduciéndose y los que quedan cada vez se fragmentan más. Estamos ante una crisis de biodiversidad", ha explicado el premiado por teléfono. Así, el objeto de estudio de Hanski es la red de poblaciones locales o individuales, conocida como metapoblación, que se forma en estas regiones fragmentadas por la acción humana. El finlandés ha abordado una cuestión clave: determinar cuál es el número, el tamaño y la conectividad entre poblaciones que hay que preservar para evitar que se extinga una especie que se enfrenta a la degradación y pérdida de su hábitat.

Esta investigación permite diseñar estrategias qpara que una especie sobreviva ante la deforestación, la urbanización o  el cambio climáticoLos mamíferos, las mariposas o los animales marinos son algunas de las especies que más se han beneficiado de la conservación aplicada de estas investigaciones, según ha indicado el ecólogo.

Las aportaciones de Hanski se han aplicado a muchas acciones de conservación actuales: al diseño de áreas protegidas, a la creación de corredores biológicos o a los estudios de impacto ambiental de grandes infraestructuras. "Una aplicación típica sería el diseño óptimo de una reserva, decidir cómo debe ser para reducir en lo posible el impacto sobre las especies", ha dicho Hanski que ha incidido en la  importancia de la conservación del planeta.

"Las señales de la destrucción que hemos causado son evidentes.  Nuestros líderes políticos van a tener que darse cuenta pronto de que no podemos continuar con este impacto destructivo a la naturaleza. El mundo es finito y no podemos seguir usando los recursos cómo lo hacemos", ha asegurado Hanski. El ecólogo se pregunta preocupado si hemos llegado a un punto de no retorno en la destrucción del planeta o si todavía es reversible el daño realizado.

El concepto de metapoblación ha sido también incorporado a áreas de investigación relacionadas con humanos. Un ejemplo es la oncología, donde se puede estudiar el comportamiento de las poblaciones de células de un tumor, o la epidemiología, donde el conocimiento sobre el tamaño crítico de una red de metapoblaciones puede ser útil para combatir una epidemia.
http://elpais.com/elpais/2016/02/02/ciencia/1454415393_415680.html