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martes, 10 de abril de 2018

La tesis doctoral es perjudicial para la salud mental. Un estudio asegura que los doctorandos son seis veces más propensos a desarrollar ansiedad o depresión en comparación con la población general

En los últimos años se han publicado diversas investigaciones que alertan sobre el estado de salud mental que sufren los estudiantes de doctorado. Un ejemplo reciente es el trabajo que acaba de publicarse en Nature Biotechnology donde se describe cómo los doctorandos son seis veces más propensos a desarrollar ansiedad o depresión en comparación con la población general. Según este trabajo dirigido por el investigador de la Universidad de Kentucky (EE UU) Nathan Vanderford, esto supone que el 39% de los doctorandos se encuentran en un perfil de depresión moderada o severa frente al 6% de la población general.

Podríamos pensar que estos resultados se deben a recortes en las condiciones de trabajo o que son algo intrínseco a empleos altamente competitivos, sean o no tesis doctorales; sin embargo, otro estudio realizado por la Universidad de Gante (Flandes, Bélgica) concluye que los estudiantes de doctorado, en comparación con otros grupos laborales con alta formación, sufren con mayor frecuencia síntomas de deterioro en su salud mental. “Esta es una publicación muy importante ya que progresivamente estamos comprendiendo que existen problemas de salud mental entre los doctorandos y estudios como este nos ayudan a entender mejor sus causas”, afirma Vanderford.

Para profundizar en esta cuestión, Katia Levecque, investigadora de la Universidad de Gante y primera autora del estudio belga, toma como muestra 3.659 doctorandos de universidades flamencas, quienes siguen un programa doctoral muy similar al resto de Europa o Estados Unidos, y cuantifica la frecuencia con la cual los estudiantes afirman haber experimentado en las últimas semanas alguno de entre doce rasgos considerados como signos de estrés y, potencialmente, problemas psiquiátricos (especialmente depresión). Por ejemplo, entre estos rasgos están sentirse infeliz o deprimido, bajo presión constante, pérdida de autoconfianza o insomnio debido a las preocupaciones.

Los resultados fueron que el 41% de los doctorandos se sentía bajo presión constante, el 30% deprimido o infeliz y un 16% se sentía inútil. Es más, la mitad de los estudiantes afirmaba vivir con al menos dos de los doce rasgos evaluados en el test.

Hemos sido los primeros en estudiar a los doctorandos como un grupo aparte usando un tamaño de muestra adecuado y comparándolos con otros grupos de población altamente formados”, enfatiza Levecque. Y es que los resultados más llamativos de este estudio aparecen cuando se comparan personas haciendo una tesis doctoral con otras poblaciones (un grupo de población general, otro de trabajadores y uno de estudiantes) todas ellas con un alto nivel educativo (desde estudiantes de carrera universitaria a doctorados): en todos los casos el grupo de personas que estaban haciendo una tesis doctoral tenían con mucha más frecuencia signos de deterioro en su salud mental, llegando por ejemplo a afirmar el 32% de los estudiantes de doctorado que experimentaban al menos cuatro de los doce síntomas frente al 12%-15% de las personas pertenecientes a los grupos control.

Además, el estudio profundiza sobre si dentro de los estudiantes de doctorado existen condiciones que aumenten las posibilidades de tener o desarrollar un problema psiquiátrico. Por ejemplo, Levecque concluye que el desarrollo de estos síntomas es independiente de la disciplina en la cual se realice el doctorado ya sean ciencias, ciencias sociales, humanidades, ciencias aplicadas o ciencias biomédicas. No ocurre lo mismo con el género, ya que las mujeres que realizan su doctorado tienen un 27% más de posibilidades de sufrir problemas psiquiátricos que los hombres.

Otro factor que puede influir en la salud del estudiante, en este caso tanto negativamente como positivamente, es el tipo de director de tesis que tienen: la salud mental de los doctorandos era mejor de lo normal cuando tenían un mentor cuyo liderazgo les inspiraba. Por el contrario, otros estilos de liderazgo eran neutros o en el caso de aquellos supervisores que se abstenían de dirigir o guiar al doctorando, un tipo de liderazgo laissez-faire, sus estudiantes tenían un 8% más de posibilidades de desarrollar sufrimiento psicológico. “Pero aparte del estilo de liderazgo, hay otros factores importantes como el nivel de presión en entorno laboral, el propio control sobre el ritmo de trabajo o cuándo realizar los descansos, que también están relacionados con el supervisor. Así que el director/supervisor es relevante tanto directa como indirectamente para la salud mental de los doctorandos”, detalla la investigadora.

La conciliación familiar es otro tema clave ya que quienes tienen una situación conflictiva entre su familia y el trabajo son un 52% más propensos a desarrollar un problema psiquiátrico. Y lo mismo ocurre con de la carga de trabajo, que según crece aumenta un mínimo del 65% la aparición de desórdenes psiquiátricos.

Todo este trabajo realizado por la Universidad de Gante pone de manifiesto que incluso en países como Bélgica, donde las condiciones económicas son favorables, el propio desarrollo de una tesis doctoral expone a los estudiantes a situaciones tóxicas para su salud mental por encima de lo que es habitual en otros ambientes similares. Sobre esto, Levecque enfatiza el valor de mejorar la asistencia en salud mental para los doctorandos ya que son uno de los pilares sobre los cuales se asienta la producción científico-tecnológica a nivel mundial; y da tres consejos básicos: “En primer lugar, fórmate e invierte tiempo en conocer tu propia salud… y la de otras personas. En segundo lugar, habla de un modo explícito sobre la salud mental. Y finalmente, a nivel de las organizaciones, estas deberían preocuparse por el bienestar de sus empleados tanto por razones humanitarias como financieras: el bienestar de un empleado y su eficacia laboral están altamente correlacionadas”.

https://elpais.com/elpais/2018/03/15/ciencia/1521113964_993420.html

viernes, 2 de febrero de 2018

Sergio Gálvez Biesca publica una excepcional investigación histórica sobre la Huelga General de 1988. El 14-D ya tiene su libro.


A las cero horas del 14 de diciembre de 1988 el fundido a negro de la emisión de Televisión Española anticipó el éxito de movilización de la que ha sido la mayor huelga general protagonizada por la clase obrera en los últimos cuarenta años. Encabezada por la UGT de Nicolás Redondo y Comisiones Obreras contra el Plan de Empleo Juvenil del Gobierno socialista y seguida por unos ocho millones de trabajadores (más del 80% de la población activa), fue otro hito más de la reconversión neoliberal del PSOE de Felipe González, casi tres años después del histórico referéndum sobre la permanencia en la OTAN.

El historiador Sergio Gálvez Biesca (Madrid, 1980) ha dedicado su tesis doctoral (dirigida por el añorado profesor Julio Aróstegui) a aquella Huelga General y el pasado 14 de diciembre, acompañado entre otros por Agustín Moreno, presentó el libro que sintetiza toda una excepcional investigación histórica: La gran huelga general. El sindicalismo contra la ‘modernización socialista’ (Siglo XXI, 763 págs.). “En la España de 1988”, escribe Gálvez Biesca, “se estaba asistiendo al nacimiento de una ‘sociedad dual’. Asimismo, la ‘cultura empresarial de la temporalidad’ se había instalado, mostrando la utilidad de las reformas laborales puestas en marcha. En otras palabras, se había producido una evidente agudización de las contradicciones capital-trabajo. Las tasas de explotación habían crecido a unos niveles no conocidos en décadas”.

Gálvez Biesca estudia las antecedentes inmediatos y los más lejanos (el capítulo segundo se titula: “Las lógicas de la conflictividad obrera durante el primer quinquenio socialista”) de aquella gran movilización, su desarrollo y sus consecuencias. Y lo hace a partir de una documentación de archivo cuidadosamente elegida y exhaustivamente trabajada. Así, por ejemplo cita con acierto las actas de las reuniones (hasta ahora desconocidas) de las direcciones de las dos centrales sindicales, que nos hacen vivir y revivir el clima histórico de aquel tiempo: los planteamientos, los debates, también las dudas y las esperanzas, de sus protagonistas.

El libro se cierra con un relato casi periodístico de la gran manifestación en Madrid del 16 de diciembre, con citas de los discursos de Nicolás Redondo y Antonio Gutiérrez. “Las dimensiones que alcanzó el 14D constituyen un hecho central de nuestra contemporaneidad; fue un punto de inflexión con importantes consecuencias dentro y fuera del mundo del trabajo. Por otro lado, con el paso del tiempo se ha mitificado aquella fecha. Una aproximación desde la historia, al menos, no puede dejar de resaltar dos consecuencias claves: primero, el 14D de 1988 se convirtió en el gran triunfo del movimiento sindical a lo largo de la época socialista; en segundo lugar, la huelga general supuso la mayor de las derrotas de los ejecutivos socialistas, que a punto estuvo de provocar la dimisión de Felipe González”, escribe Gálvez Biesca. “No obstante, aquella última oportunidad se constituyó, pese al 14D, en la antesala de futuras derrotas históricas del movimiento obrero”. Y en este punto abre un campo nuevo para el análisis de nuestra historia más reciente, que muchos ya vivimos como militantes de izquierdas que acompañamos al movimiento obrero en cada huelga general y en cada gran movilización.

El 14D dejó también una honda huella, una herida profunda, en la relación histórica entre la UGT y el Partido Socialista, muy bien descrita en este libro. Hace pocos años, con su acostumbrado tono sibilino, Felipe González resumió en estos términos aquella gran movilización: “En 1988 el sector empresarial ya tenía ganas de que hubiera un cambio de gobierno, tanto que antes de las elecciones los sindicatos convocaron una huelga general que tuvo mucho éxito y que acordaron con la patronal, incluso para recuperar las horas perdidas. La patronal facilitó la huelga y el país se detuvo por completo. Hasta Televisión Española se paró. En 1989 hubo elecciones y volví a obtener la mayoría en el Parlamento” (Transiciones democráticas: enseñanzas de líderes políticos. Sergio Bitar y Abraham F. Lowenthal, eds. Galaxia Gutenberg, 2016). Recomendamos fervientemente a González que lea el magnífico trabajo que Sergio Gálvez Biesca nos ha regalado.



martes, 6 de octubre de 2015

El ‘cazador’ de plagiadores Heidingsfelder acabó con la carrera de políticos alemanes al descubrir que copiaron sus tesis

Martin Heidingsfelder es quizás el hombre más temido por los miembros de la familia política alemana que lucen con orgullo en sus tarjetas de visita la abreviación “Dr.”, que corresponde al título de doctor. A través de VroniPlag, la plataforma que creó en marzo de 2011 para investigar tesis copiadas o con ideas robadas, este cazador de plagios ha acabado con la carrera de varios políticos, y unos 30 médicos prominentes han tenido que renunciar a sus títulos.

Verónica Sass, una prestigiosa abogada e hija del político bávaro y excandidato a canciller, Edmund Stoiber, fue su primera víctima. Aunque existían serias denuncias sobre el trabajo de Sass, su condición de hija de Stoiber y la certeza de que el expolítico sigue siendo en Alemania una figura influyente en la CSU -el partido hermano de la CDU de la canciller Angela Merkel- la convirtieron en una doctora intocable, hasta que apareció en su vida Martin Heidingsfelder.

“Nadie quería investigar el plagio y tomé una decisión que cambió mi vida. Si nadie lo quiere hacer, lo hago yo mismo me dije. Ella tuvo que renunciar a su título y yo fundé VroniPlag”, dice ahora Heidingsfelder, que ha vuelto a ser el protagonista de un nuevo escándalo político, que le puede costar el cargo a la ministra de Defensa del país, Ursula von der Leyen.

Heidingsfelder descubrió que la ministra había robado ideas y copiado citas sin mencionar a sus autores en una tesis que la convirtió en 1991 en doctora en Medicina de la Universidad de Hannover. “Ella fue extremadamente floja y copió sin compasión”, afirma el cazador que inició su trabajo gracias a una denuncia anónima, pero también porque hubo gente que estaba dispuesta a pagar cifras de hasta cinco dígitos para descubrir el pecado cometido por la ministra. “Estoy completamente convencido de que ella renunciará, pero necesitamos el apoyo de la opinión pública, porque hay medios poderosos como Bild que la defienden”.

Martin Hedingsfelder dirige su plataforma desde Nürenberg y confiesa sin vergüenza que su afición se ha convertido en una profesión. Ahora sólo comienza a investigar un posible plagio si hay gente que está dispuesta a pagarle. “Ellos siempre me dicen: este señor oculta algo y quiero que se le investigue”, asegura.

Otro de los damnificados de Heidingsfelder ha sido el barón Karl-Theodor von Guttenberg, un político de la CSU que parecía estar predestinado a convertirse en el primer canciller de Alemania elegido por aclamación y que ocupó hasta marzo de 2011 el cargo de Ministro de Defensa. En febrero de ese año, un académico descubrió por casualidad que el barón había cometido plagio en su tesis y se lo contó al periódico Süddeutsche Zeitung. Cuando el artículo del periódico vio la luz, Heidingsfelder creó la plataforma GuttenPlag-Wiki y descubrió que el político prácticamente había escrito su tesis gracias a trabajos ajenos sin citar las fuentes. El ministro renunció el 1 de marzo de ese año y desde entonces vive exiliado en Estados Unidos.

“Von Guttenberg ni siquiera tenía las notas necesarias para poder iniciar la promoción pero obtuvo el título gracias a una importante donación que recibió la universidad. Huele un poco a corrupción”, recuerda el cazador. “También hubo otros dos escándalos de plagio en el verano de 2013. Descubrí que Franz-Walter Steinmeier, actual ministro de Asuntos Exteriores, y Norbert Lammert, el presidente del Bundestag, habían cometido plagio en sus respectivas tesis. Pero lo descubrí en una época poco apropiada. Cuando divulgué el plagio, los partidos estaban inmersos en la negociación para formar el gobierno de gran coalición y a nadie le interesaba que dos importantes personalidades políticas se vieran envueltas en un escándalo de plagio”.

Según Heidingsfelder, las universidades se negaron a investigar las denuncias por presiones políticas, pero admite que en el caso de la ex ministra de Educación, Annette Schavan, la universidad de Düsseldorf tuvo el valor de retirarle el título de doctora en Filosofía gracias a sus investigaciones.

“Necesitamos políticos y científicos honestos en Alemania”, dice Heidingsfelder, en un intento de justificar su trabajo. Asegura que ya tiene en sus manos la tesis de Merkel, que en 1986 se doctoró en Química Cuántica. “Mucha gente quiere que investigue el trabajo de la canciller, pero es un trabajo muy difícil. Si recibo dinero suficiente lo haré”, afirma.

Martin Heidingsfelder recibe, desde que fundó VroniPlag, amenazas e insultos cuando abre su correo electrónico, pero admite que ya dejaron de preocuparle: “No necesito protección de la policía, porque me siento suficientemente protegido por la opinión pública y por el mundo intelectual y científico de mi país”.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/09/30/actualidad/1443623591_708715.html

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jueves, 28 de mayo de 2015

Y tras 80 años, justicia en la Universidad. La centenaria Ingeborg Rapoport logra el doctorado que los nazis le negaron por ser judía

Ingeborg Rapoport tenía todo listo a los 24 años para obtener su doctorado. Había entregado una tesis sobre la difteria y solo le quedaba pendiente el examen oral. Pero las leyes raciales recién aprobadas por la Alemania nazi impedían expedir títulos a gente como ella. Su pecado lo había heredado de su madre, que era judía. Han pasado 78 años desde entonces, y el mismo país que arrebató a Rapoport lo que era suyo le rendirá homenaje el próximo 9 de junio. Ese día recibirá el título para el que comenzó a prepararse de joven y ha concluido ya centenaria.

“Este ha sido el examen que más trabajo me ha costado en mi vida”, asegura en su casa del este de Berlín esta mujer que a los 102 años tiene la cabeza tan lúcida como para recibir al periodista con unos versos de Manuel Machado. “El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas. Polvo, sudor y hierro. ¡El Cid cabalga!”, recita en español, un idioma que desconoce.

Nadie ha regalado a Rapoport el doctorado que está a punto de recibir. La Universidad le ofrecía un título honorífico, pero esa solución no le convencía. Si lo hacía, debía ser con todas las de la ley.

La iniciativa partió del decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Hamburgo, que en un acto le dijo unas palabras que no olvida: “Usted va a tener noticias mías en breve”. A los pocos días, el decano le propondría hacer lo posible para recuperar su doctorado. Desde entonces, los obstáculos han sido muchos. Rapoport, que a su edad está prácticamente ciega, no podía investigar los avances científicos de los últimos años. Pero este hueco fue suplido con la colaboración de colegas, que le ayudaron a ponerse al día. Finalmente, el decano y otros profesores la examinaron en su propio salón hace dos semanas. Pasó la prueba con creces. “No lo he hecho por mí. A estas alturas de mi vida un título ya no me aporta nada. Era una cuestión de principios. Se trata de restituir la injusticia cometida”, asegura. “Además, quería hacer bien el examen para no decepcionar al decano”, añade con una sonrisa.

Los escollos burocráticos también han sido importantes. “Yo soy muy desordenada, pero por suerte encontramos el certificado en el que se me denegaba el título”, explica. Pese al tiempo transcurrido desde que se escribió este texto, leerlo hoy sigue estremeciendo. “Por la presente certifico que Ingeborg Syllm [su apellido de soltera] me entregó un trabajo que sería válido como doctorado si las leyes vigentes no lo hicieran imposible por la ascendencia de la señorita Syllm”, dice sin rodeos el documento, firmado por el director de la Clínica Universitaria Infantil de Hamburgo el 30 de agosto de 1938. “Sin este papel, no habría sido posible poner en marcha el proceso”, añade la doctora.

No es este el primer récord que bate Rapoport. Antes de convertirse en la persona de más edad que consigue un doctorado ya ocupó en 1969 la primera cátedra de neonatología de toda Europa en el hospital berlinés de Charité, en la antigua República Democrática de Alemania.

Rapoport, que descuelga el teléfono para evitar las constantes llamadas de felicitación y poder mantener una charla tranquila, está ya acostumbrada a que su vida genere interés.

En 1938 huyó del país que gobernaba Adolf Hitler rumbo a Estados Unidos. “Me sentí expulsada de mi propio hogar. Aquí se quedaba toda mi familia y yo me iba tan solo con 38 marcos en el bolsillo”, recuerda. Al otro lado del Atlántico conocería a su marido, tendría cuatro hijos y obtendría otro doctorado. Pero de allí también tuvo que huir. Las simpatías comunistas del matrimonio no eran bien vistas en la época de la caza de brujas del senador McCarthy. La familia se trasladó primero a Austria y en 1952 a la RDA. “Pese a todo lo que he pasado no me quejo. Las cosas han salido bien”, concluye.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/21/actualidad/1432202186_531906.html

domingo, 28 de abril de 2013

Thomas Herndon. El estudiante que salvó al mundo de la austeridad. Un alumno de doctorado de 28 años desmontó el informe de dos economistas de Harvard

Las políticas de recortes del gasto se basan en este estudio erróneo.

Cuando la deuda de un país supera el 90% del PIB, el crecimiento de la economía es inviable. El aserto, nacido de dos cerebros de Harvard y sobre el que se asientan las políticas de austeridad que están a punto de dinamitar los pilares del Estado de bienestar en medio mundo, ha resultado tan falaz como las armas de destrucción masiva que sirvieron para justificar la invasión de Irak.

“Es exagerado hacer la comparación, pero acepto la analogía porque es cierto que se están adoptando políticas a partir de premisas que son falsas”. Quien habla es Thomas Herndon, el estudiante de 28 años que, en su camino para sacarse un doctorado en Economía en la Universidad de Massachusetts, ha desenmascarado la mentira macroeconómica más significativa de los últimos años, y sobre la que EE UU y Europa se han apoyado en su campaña por la austeridad fiscal y el recorte drástico del gasto.

Herndon cuenta que se frotaba los ojos al cruzar los datos de su trabajo ordinario de carrera con los del hipercitado informe de los profesores de la prestigiosa Universidad de Harvard Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. Los errores eran básicos. De hecho, al principio pensó que el equivocado era él. No podía ser que dos reputadas eminencias hubieran podido pasar por alto cosas así.

El estudio que está en el centro de la controversia global lo publicaron Reinhart y Rogoff en la American Economic Review en 2010. Ahí defienden cómo el crecimiento cae de golpe cuando la deuda pública de un país supera el 90% del PIB. Reinhart, nacida en La Habana (Cuba) hace 57 años, fue economista jefa durante tres años del difunto Bear Stearns, la primera víctima de la crisis financiera. Eso fue en los años 1980, antes de ocupar varios cargos en el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde llegó a ser la número dos en el departamento de investigación antes de llegar a Harvard. Rogoff, de 60 años, fue su jefe en el FMI, donde tuvo un sonado encontronazo con Joseph Stiglitz a cuenta de la crítica que el premio Nobel hizo de esa institución en su libro El malestar en la globalización (2002).

No fueron pocos los políticos que echaron mano del trabajo para defender que se pase la podadora al gasto para volver a la senda de un crecimiento sano y robusto. Entre ellos, Paul Ryan, el candidato republicano a la vicepresidencia de EE UU. También el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, y el expresidente del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet. Ninguno cuestionó la metodología del trabajo, ni sus datos, como hizo el joven Herndon.

“Estaba convencido desde el principio de que algo iba realmente mal con el estudio. Y cuando me llegaron los datos [los autores le mandaron las tablas de Excel que utilizaron, a petición del estudiante], se confirmaron mis sospechas”, relata Herndon. El joven estudiante, criado en Austin (Texas), de padre texano y madre de Hong Kong, al que le gusta tocar el bajo, le pasó las tablas a su novia, Kyla Walters. Ella tiene un doctorado en Sociología y gracias a su trabajo de investigación está muy acostumbrada a cruzar números. “No creo que te estés equivocando”, le respondió.

El siguiente paso fue acudir a Michael Ash y Robert Pollin, dos de sus profesores, que ahora le cubren las espaldas, pero que en un primer momento se mostraron más bien incrédulos. Lo que no logró anticipar Herndon, ni tampoco Ash y Pollin, es lo que venía a continuación. Hay economistas que les han llamado para emprender con ellos una batalla contra la idea de que el alto endeudamiento frena el crecimiento.

Pero hasta ahora ni un solo dirigente político se ha puesto en contacto con el trío para conocer su teoría. Aun así, el estudiante señala que el trabajo “está empezando a marcar la diferencia en los círculos de decisión política”. Cita, por ejemplo, el blog de John Taylor. El reputado economista por Stanford asegura que el error puesto en evidencia por el joven influyó en la decisión de los ministros de Finanzas del G-20 para omitir en su comunicado de la semana pasada una referencia al nivel de endeudamiento.

En el origen del fiasco está un encargo convencional de los profesores. Pidieron a los alumnos que emularan resultados estadísticos de estudios ya publicados. Él eligió el estudio de Reinhart y Rogoff porque, “aunque era poco atractivo”, le pareció oportuno vistas las dificultades que tienen Europa y EE UU para salir del agujero de la recesión y del impacto de las políticas que se están adoptando en los países.

Los profesores de Harvard ahora cuestionados le facilitaron en enero todo el material que necesitaba para descifrar el estudio y le dieron libertad para publicar lo que quisiera. “Vi el error muy rápido”, dice Herndon. A comienzos de abril, Reinhart y Rogoff admitieron que habían cometido algunos fallos a la hora de codificar las cifras. Pero siguen defendiendo su metodología e insisten en que existe una clara correlación entre alto endeudamiento y lento crecimiento. “Este lamentable desliz no afecta al mensaje central”, dicen en una nota.

Herndon, que habla siempre en plural, admite que criticar el trabajo de los dos profesores de Harvard “es lo más fácil” y no cree que hubiera una intencionalidad cuando omitieron ciertos datos, como el hecho de que Australia, Canadá y Nueva Zelanda crecieran en periodos de alto endeudamiento, o se equivocaran en alguna suma al introducir mal las órdenes en la celdilla de Excel. Pero está convencido también de que la teoría no puede replicarse, porque está mal planteada. Y apoya que se adopten políticas de estímulo para salir de la recesión. “La austeridad es contraproducente, crea sufrimiento”.

El joven no se declara ni conservador ni liberal; dice que no le gustan las etiquetas. Pero sí parece tener muy claro que “es falso decir que el alto endeudamiento es malo”. Por eso cree que lo que deben hacer los dirigentes es ver las circunstancias específicas en las que la deuda puede ser efectiva en un escenario de recesión. Su prioridad ahora, comenta, es terminar el segundo semestre y recopilar ideas para su tesis final.

De momento se está dedicando con sus profesores a publicar los primeros hallazgos para después seguir desarrollando el trabajo a lo largo del verano, integrando mejoras estadísticas. Y entre clase y clase busca tiempo para conceder entrevistas e incluso acercarse a Nueva York para verse con Stephen Colbert, el conductor del programa satírico The Colbert report. Colbert le dedicó esta semana dos espacios a su trabajo, lo que muestra hasta qué punto está caliente el debate. En el primero se dedicó a mofarse de los profesores de Harvard y de los que se apoyaron en su estudio para aventurar “una nueva crisis económica alimentada por la deuda”. “¿Sabes que has enfadado a mucha gente en el campo de la austeridad, importantes y muy poderosos?”, le preguntó después. “La Universidad me cuida mucho”, le respondió. Herndon admite no estar preparado para la avalancha mediática. “Ni siquiera tenía una buena foto”, comenta. Y las siglas con las que los tres autores firman el trabajo, HAP, tomada de la inicial de sus apellidos, ha inspirado ya una expresión entre los estudiantes: “To get happed”, que alguien te señale los errores...
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