martes, 13 de enero de 2026

Física. Sonia Contera, catedrática de Física en Oxford: “Una de las cosas más terribles de la IA es que nos invita a dejar de pensar”

La experta española publica ‘Seis problemas que la ciencia no puede resolver’ y advierte de los peligros del “marco” neoliberal en el que se desarrollan la ciencia y la tecnología actuales.

Sonia Contera se autodefine como una “inadaptada” de la física en su página personal de la Universidad de Oxford, en la que trabaja como catedrática de Física Biológica. Esta madrileña de 55 años ha dedicado su carrera a estudiar y reflexionar profundamente sobre la física, sí, pero también sobre su relación con la biología, la nanotecnología, la informática, la filosofía el poder y la política. De todo ello habla en su libro más reciente, Seis problemas que la ciencia no puede resolver (Arpa), que explora los grandes enigmas sin solución que, sin embargo, mueven la ciencia y la tecnología en el mundo actual: la mecánica cuántica, la teoría del todo, el origen de la vida, el envejecimiento, la inteligencia artificial y la conciencia. Seis problemas fundamentales que, según Contera, la ciencia lleva décadas sin poder descifrar pero a los que paradójicamente dedica cada vez más recursos y atención.

Contera habla con EL PAÍS por videoconferencia desde su despacho en Oxford, donde reconoce añorar la luz que observa a través de la pantalla de su interlocutora. La experta reflexiona en la entrevista sobre los riesgos del “barbarismo de la especialización” del que hablaba José Ortega y Gasset, la perversión del sistema neoliberal de hacer ciencia y tecnología y el peligro más grave de todos: que la inteligencia artificial nos invite a dejar de pensar.

Pregunta. ¿Por qué escribir un libro sobre problemas que no se pueden resolver en lugar de hacerlo sobre los que sí?
Respuesta. Me decidí a escribir este libro porque, aunque no lo parezca, la ciencia está atascada en sus problemas más fundamentales. Y lo más interesante es que, cuanto menos los podemos resolver, más nos enfocamos en esas preguntas precisamente: la inteligencia artificial, los viajes planetarios, el origen de la vida, las computadoras cuánticas... Todo esto está en una ciencia que no entendemos y que llevamos sin entender mucho tiempo. Es una excusa también para observar cómo la ciencia ha ido mutando en los últimos 100 años y cómo los cambios económicos y geopolíticos se entrelazan con la tecnología. Y, además, creo que en estas preguntas fundamentales es donde la física va más allá de la ciencia utilitaria y racional del dinero, y conecta a las personas con los misterios profundos de la vida.

P. Decía Carl Sagan que vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, donde nadie entiende de ciencia y tecnología, y eso es una receta para el desastre. Algo así se desprende de su libro...
R. Sí, es también lo que decía Ortega y Gasset del barbarismo de la especialización. El científico se ha convertido en una parte de la maquinaria. Y por eso es importante volver a estas preguntas profundas. La mayor parte los científicos sabemos de nuestro campo de especialización, y no solemos opinar de otras áreas de la ciencia. El especialista no reflexiona sobre preguntas fundamentales, y además ahora tenemos unas tecnologías que nos llevan en volandas. Estamos en un momento muy catastrófico para el conocimiento. Los que sobreviven en la academia son los que tienen una capacidad de sufrir sin límites, y eso no tiene sentido. Tenemos que cuestionar el marco.

P. ¿El marco es el capitalismo?
R. No, hay muchos tipos de capitalismo. Es lo que estamos haciendo con él. A partir de la caída de la Unión Soviética, entramos en el neoliberalismo, este invento de la optimización de los beneficios para los que son los dueños de ellos. El marco en el que estamos haciendo la ciencia se está desmembrando. Y nos han vendido también una idea, la de la disrupción, que es una cosa muy perversa. Los científicos nos sentíamos encorsetados en la academia, porque no podíamos sacar ideas nuevas, y veíamos la disrupción de las start-ups como un paso hacia la libertad. Pero era un truco. Han usado la disrupción para destrozar lo público y que se quede en manos de grandes compañías, las “tecnofeudales”. Aunque tengan muy buenas intenciones, si el sistema es capaz de pervertirlas, acabamos en una situación muy complicada, que es en la que estamos ahora.

P. ¿Por qué los seis problemas de los que habla en su libro? ¿Cuál fue el criterio a la hora de seleccionarlos?
R. Están muy unidos y en el centro de los problemas científicos actuales. Por ejemplo, el primero, la mecánica cuántica. Surge a principios del siglo XX, con unos experimentos que no se pueden resolver con la lógica lineal normal. Esto cambia la manera de ver el mundo y todavía no lo entendemos, no comprendemos lo que significa ese salto. Hay un mundo clásico en el que las causas tienen efectos y el tiempo va hacia adelante, y hay un mundo cuántico donde hay otras reglas. Eso rompe con todo el bagaje de la Ilustración, la idea de que la razón puede resolver el mundo. Ese problema sin resolver sigue siendo totalmente central. Todas las preguntas modernas surgen de la mecánica cuántica.

P. El segundo problema es la teoría del todo. ¿Se van a poder alguna vez unificar todas estas teorías de la física?
R. Es muy interesante ese capítulo para mí, porque pensaba que lo iba a odiar. Creía que era una cosa totalitaria, de que los físicos lo quieren controlar todo. Pero es mucho más interesante. Es un anhelo muy profundo y muy antiguo de la humanidad, de intentar cerrar nuestro entendimiento del mundo, sabiendo que no vamos a poder hacerlo, y que está muy relacionado con el problema de la consciencia, con sabernos uno. Y esto cobra un cariz especial ahora, cuando estamos creando máquinas sin consciencia y sin ética.

P. En el libro pasa de la física a la biología con la pregunta que parece fundamental: el origen de la vida. ¿Por qué es la tercera y no la primera?
R. Porque el origen de la vida, como se trata en la ciencia moderna, surge de los físicos cuánticos. Fueron ellos los que se empiezan a obsesionar sobre por qué la vida surge en la Tierra. Esta escala, que es la escala de las moléculas, del ADN, de las proteínas, la escala nanométrica, es la frontera entre el mundo clásico y el mundo cuántico. Es el principio de la máquina de Turing, de los ordenadores. ¡Y eran los mismos personajes! Ahora este conocimiento está separado pero, en esa época, los mismos científicos se dedicaban al origen de la vida, a la mecánica cuántica, a fabricar los primeros ordenadores... Está todo entrelazado y luego lo hemos separado. Se nos ha olvidado la historia.

P. Por esa ultraespecialización científica actual que comenta, quizás hemos perdido una visión de la ciencia más amplia y rica...
R. Al escribir el libro me doy cuenta de que en el Proyecto Manhattan están todos: los físicos que comienzan a hacer los primeros ordenadores y a estudiar la cuántica también estaban preocupados por el origen de la vida. Son problemas muy filosóficos. Y cuando se acaba la guerra entramos en la ciencia de la reconstrucción. Es una agenda mucho más utilitarista, que más o menos cancela todas estas ciencias que se dedican más al significado profundo de la existencia. Era la racionalización de todo el sistema de conocimiento, y entra en sinergia con la fabricación de los primeros ordenadores. Y en ese momento nosotros nos hacemos parte de la máquina y se olvidan esas preguntas fundamentales. Se olvida la parte más trascendental, la cuántica, acaba siendo una cosa de hippies.

P. La siguiente pregunta que usted se hace en el libro intenta entender los límites biológicos del ser humano, el envejecimiento...
R. Es un tema muy interesante porque es profundo. ¿Qué significa envejecer? Movemos el tiempo hacia adelante, somos capaces de romper la simetría del tiempo, y eso son problemas de la física. La del envejecimiento es una ciencia muy multidisciplinar. Lo más problemático es que esto se hace sin control. Hay empresas privadas que no sabemos muy bien lo que están haciendo. Y todos estos magnates que quieren vivir para siempre... El psicoanálisis de los personajes que están en esta batalla sería interesante [risas].

P. Problema cinco. ¿Podemos crear máquinas verdaderamente inteligentes?
R. Ese es el principal problema de la actualidad. Nos obsesiona mucho, y por muchas razones: porque hablamos con ChatGPT, porque los drones inteligentes matan gente, porque nuestra relación con la IA es ya bastante distópica. Vivimos en la época del engaño. También estamos obsesionados con la inteligencia artificial general, pero es bastante improbable que en modelos digitales podamos tener lo que llamamos inteligencia general. Hay algo diferente en lo vivo respecto a lo digital.

P. Y eso entronca con la última pregunta. ¿Qué es la conciencia?
R. Me parece fascinante, porque ha sido siempre un tema tratado desde la pseudociencia, pero en los últimos 20 años hay un boom de neurocientíficos interesados en esto. El asunto es que solo somos individuos cuando reconocemos al otro. Sin el otro no hay yo. Pero tenemos una conciencia fragmentada por la especialización, y sin conciencia, sin unidad, no hay ética.

P. ¿Es posible una inteligencia artificial con conciencia de sí misma?
R. Creo que es imposible porque, realmente, no hay suficiente energía en el mundo para ello. Con 20 vatios funciona el cerebro humano, ¿cuánto necesitaría una IA? Lo único que sí puede pasar es que estemos dando tantos datos y en tantas dimensiones que el sistema de computación se nos escape y quizá no llegue a ser consciente, pero sí muy poderoso. Además, estas empresas [tecnológicas] empiezan a mutar también, no tienen límites, se les está olvidando lo que es ser humanos. En el libro hablo de la nueva banalidad del mal. Hannah Arendt está muy vigente.

P. ¿Hay alguna forma de controlar estas compañías?
R. Ahora mismo parece que no. En Estados Unidos nadie las puede controlar y Europa ha perdido esta batalla. Un primer paso es empezar a hablar de estos temas desde la ciencia. La reflexión del libro es que necesitamos misterios, porque nos humanizan, y estamos perdiendo la humanidad. El conocimiento es necesario para el bien común, por eso me gusta estar en la universidad. Una de las cosas más terribles que está haciendo la IA es que nos invita a dejar de pensar. Nos está separando del acto de reflexionar, y la ciencia es pensar.

P. Perder la capacidad de pensar, dice usted en el libro, es el desafío más relevante de la humanidad. ¿Lo ve en sus estudiantes, incluso en una universidad como Oxford? ¿Están perdiendo esa capacidad?
R. Esta es una universidad un poco especial, quizá sus estudiantes no sean muy representativos. Pero es verdad que antes muchos se enfocaban en el éxito profesional, el dinero, porque era posible. Sin embargo, la mitad de los estudiantes que tuve el año pasado haciendo proyectos de máster en mi laboratorio no encuentran trabajo. Y eran los mejores. Ahora vienen con una gran necesidad de filosofía, de pensar las cosas profundamente. Por eso he escrito el libro; estoy respondiendo a una necesidad de mis estudiantes. Y quiero darles esperanza.

lunes, 12 de enero de 2026

_- El mundo vive una nueva era de impunidad 80 años después del juicio de Núremberg


De la guerra en Ucrania a Oriente Próximo o Sudán, la justicia internacional sufre su mayor crisis tras los avances de los años noventa

La sala número 600 del monumental Palacio de Justicia de Núremberg es desconcertante a primera vista. Es más pequeña de lo que el visitante se imagina al abrir la puerta. El mobiliario es distinto al que existía durante  el juicio a los líderes nazis al final de la II Guerra Mundial, hace 80 años.

Aquí siguieron celebrándose, hasta hace cinco años, juicios ordinarios, y la estancia conserva el aire anodino y funcional de un tribunal regional alemán. Es un lugar como a medio hacer, igual que la idea que nació en esta misma sala entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946.

En una época de guerras y matanzas impunes, desde Ucrania a Oriente Próximo y pasando por Sudán y otros puntos del planeta, el edificio de la justicia internacional que nació en Núremberg presenta grietas severas.

“Si las personas que han sufrido el horror en Ucrania, en Sudán, en Israel el 7 de octubre, y en Gaza, en Palestina, se preguntan a sí mismas lo que ha hecho por ellas el derecho internacional, responderán que no demasiado”, dice por teléfono el jurista y escritor Philippe Sands. Núremberg y lo que derivó de aquel juicio “no ha sido capaz de evitar horrores en nuestra época”, añade.

Pero Sands advierte que la idea de una justicia penal internacional es, en perspectiva histórica, muy reciente: “Es un sistema que se encuentra en su infancia”. Tiene recorrido.

Hace ocho décadas, en Núremberg, por primera vez los cargos más altos de un Estado se sentaron en el banquillo de un tribunal internacional. Eran 21 hombres asociados a los mayores crímenes del siglo XX. Estaban el líder nazi vivo de mayor rango, Hermann Göring (Hitler, Goebbels y Himmler se habían suicidado antes). El ministro y arquitecto Albert Speer. El jefe nazi Rudolf Hess. El diplomático Joachim von Ribbentrop. Hans Frank, jurista, gobernador en Polonia y perpetrador del Holocausto. Ideólogos como Alfred Rosenberg o Julius Streicher. Y militares como el general Keitel o el almirante Dönitz.

Estados Unidos, la Unión Soviética, el Reino Unido y Francia organizaron el tribunal para juzgar unos crímenes “tan calculados, tan malignos y tan devastadores que la civilización no puede tolerar que se ignoren, porque no podrá sobrevivir si se repiten”. Son palabras, en su declaración inicial, del fiscal jefe estadounidense, Robert H. Jackson, quien añadió: “Que cuatro grandes naciones, eufóricas por la victoria y laceradas por la afrenta, refrenen su sed de venganza y sometan voluntariamente a sus enemigos cautivos al juicio de la ley, es uno de los tributos más significativos que el poder haya rendido jamás a la razón”.

Núremberg debía juzgar tres tipos de crímenes: contra la paz, de guerra y contra la humanidad. Terminó con tres absoluciones, siete condenas a cadena perpetua o a largos años de prisión y 13 condenas a muerte.

Así nació lo que Gurgen Petrossian, jurista en la Academia Internacional de los Principios de Núremberg, denomina la idea de Núremberg, y es la siguiente:. “Cuando una persona comete un crimen internacional ―se trate de genocidio, crímenes contra la humanidad, crimen de guerra o crímenes de agresión― esta persona debe asumir la responsabilidad. Y esto significa que, independientemente de quién, de cuándo y de dónde se haya cometido el crimen, el destino de estas personas está decidido: solo será cuestión de tiempo que acabe compareciendo ante un tribunal”.

Después de las condenas a los dirigentes nazis, se celebraron 12 juicios más en Núremberg hasta 1949. Un año antes, la ONU había adoptado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención para la prevención y la sanción del genocidio.

Después hubo juicios nacionales en Alemania, a partir de finales de los años cincuenta, que ayudaron a este país a afrontar por sí solo ―ya no por imposición de los vencedores― la responsabilidad en el asesinato de seis millones de judíos. Hubo procesos como el de Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961 o el de Klaus Barbie en Lyon en 1987. Pero la idea de una justicia internacional entra en hibernación. Hasta los años noventa, con las matanzas en los Balcanes y en Ruanda, que llevaron a la creación del Tribunal Penal Internacional de La Haya y el de Arusha.

Fue la época dorada de la idea de Núremberg. “Fuimos muy optimistas”, apunta la historiadora francesa Annette Wieviorka, autora de Los juicios de Núremberg (Rialp, en castellano), en referencia a “este breve momento histórico entre la caída del Muro y el atentado contra las Torres Gemelas”. Por eso, añade, “las lecciones de Núremberg son difíciles de aplicar hoy”.

Philippe Sands ve el espíritu de Núremberg en el actual Tribunal Penal Internacional, en cuya gestación participó, y en la detención del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres en 1998, argumento de su último libro argumento de su último libro, Calle Londres 38. Dos casos de impunidad: Pinochet en Inglaterra y un nazi en la Patagonia (Anagrama). También en el incipiente Tribunal Especial para el Crimen de Agresión contra Ucrania, que retoma la acusación principal contra los líderes nazis, por crimen de agresión. “Sin Núremberg, todo habría sido muy distinto”, dice el jurista franco-británico.

Algunas disfunciones actuales de la justicia internacional pueden remontarse a los pecados originales de Núremberg. Fue un juicio, por ejemplo, organizado por las potencias vencedoras y sus líderes (y uno de ellos, Stalin, ya había perpetrado algunos de sus mayores crímenes). Este “desequilibrio” persiste.

Sands cita las guerras de Afganistán e Irak, a principios de este siglo, y el papel de Estados Unidos y el Reino Unido. O la imputación reciente del expresidente filipino, Rodrigo Duterte, el pasado marzo, por parte del Tribunal Penal Internacional, por crímenes contra la humanidad en su guerra contra el narcotráfico. Le suscita una reflexión: “Lo que sucede en el Caribe y el Pacífico, con 76 supuestos traficantes ejecutados sumariamente [por EE UU], ¿es compatible con el derecho internacional? ¿Es un crimen contra la humanidad?”

Más desequilibrios. Hay líderes buscados por el Tribunal Penal Internacional (TPI),  como el ruso Vladímir Putin o el israelí Benjamín Netanyahu. Pero parece complicado que acaben sentándose en el banquillo.

“Pinochet viajó a Londres en octubre de 1998 pensando que estaba totalmente seguro, así que nunca se sabe”, responde Sands. “Es improbable, pero lo que sabemos es que ellos reciben consejo sobre esta cuestión y no lo ignoran. Es mejor que nada”.

Ante la tentación del cinismo, de pensar que lo que empezó en Núremberg es papel mojado, recuerda el caso de juez Thomas Buergenthal, superviviente de Auschwitz, quien le decía hace unos años que ojalá en 1943 hubiese existido un Convenio contra el genocidio y un TPI. Probablemente, no habría detenido los crímenes, sostenía Buergenthal. “Pero nos habría dicho que no estábamos solos y que se sabía que se estaban cometiendo crímenes”, añadía. “Y nos habría dado esperanza. Esto es más que nada”.

En la sala 600 se evita entrar en casos concretos, pero Petrossian también tiene claro: “El derecho internacional siempre ha estado en crisis”. “Que políticamente la situación sea difícil”, añade, “no significa que jurídicamente haya dejado de existir, o que la idea de Núremberg haya desaparecido”.

domingo, 11 de enero de 2026

_- Mamdani y el futuro de la izquierda

Zohran Mamdani

La perplejidad de la izquierda a lo largo de los últimos años no tenía tanto que ver con la ausencia de éxitos electorales cuanto con el hecho de que gran parte de su electorado natural abrazara las propuestas de la extrema derecha. Ahí es donde duele. Y donde, más que nunca, estaba llamada a revolucionar su discurso.

Su caída en las políticas identitarias, en eso que ya no hay quien le quite el calificativo de wokismo, se acabó demostrando poco eficaz. Quizá por su arrogancia hipermoralizadora y sus indudables sesgos inquisitoriales. Y porque, como decía John Gray, el problema del wokismo es ser “un tipo de hipercristianismo vacío de trascendencia y perdón”.

Cuando se actúa en política, uno no puede evitar dejarse llevar por convicciones morales. Pero un político no debe dar lecciones de moralidad, sino ser capaz de traducir su idea de la justicia a las lógicas del inclemente mundo de la política, tan cargado de contradicciones y dentro de un universo donde predomina el pluralismo de concepciones del bien.

La clamorosa victoria de Zohran Mamdani en Nueva York se explica precisamente por eso, porque supo ensamblar el ideario de la izquierda radical estadounidense a todo un conjunto de propuestas dirigidas a mejorar la vida cotidiana del ciudadano común; y dentro de estos, atendiendo a las necesidades de los más menesterosos. Con un añadido que no es baladí en estos tiempos que corren: enhebrando una estrategia de comunicación simple y libre de ampulosas declaraciones doctrinarias. La izquierda no como doctrina moralizante, sino como programa de acción sustentado sobre premisas claras, precisas y ajustadas al milímetro a los problemas específicos de los ciudadanos. El coste de la vida (affordability) como idea central: vivienda asequible, transporte y guarderías gratuitas, protección del pequeño negocio, cooperativismo, ecologismo urbano.. Todo ello sin renunciar, por cierto, a sus convicciones woke, pero sin presentarlas como dogma infalible.

Lo más relevante de su ideario es que se atreve a plantar cara a los presupuestos del neoliberalismo rampante; a saber, que carece de alternativa. En pleno núcleo central del mundo del dinero, reivindica un socialismo de base apoyado sobre algo así como un activismo de proximidad, destabuizando por el camino el potencial para un socialismo democrático. Y luego va y, encima, gana la elección. No es de extrañar que ahora mismo estén acudiendo a Nueva York representantes de todo un conjunto de partidos izquierdistas europeos para que les den la receta de su éxito. O que incluso alguien como Bannon, quien personaliza mejor que nadie a su antagonista, reconozca lo acertado de su estrategia comunicativa y advierte que los republicanos están ante un serio enemigo, sobre todo por su capacidad para movilizar a sectores hasta entonces renuentes a participar en política. Y acaba profetizando que “veremos un grupo nuevo de estos mamdanis en las grandes ciudades”.

Esto último es lo que constituye la gran incógnita ahora mismo, ¿puede tener un efecto multiplicador o acabará siendo un caso aislado ajustado a la peculiar situación objetiva de Nueva York? ¿Servirá de modelo para una estrategia política generalizada en el partido demócrata o, como con Bernie Sanders, quedará como un mero chispazo incapaz de prender una llama duradera?

No lo tiene fácil, desde luego: la alcaldía de la ciudad carece de los medios fiscales para poder financiar todas sus propuestas, aparte de que aún falta ver el contraataque de Trump. Pero, sea como sea, ha señalado un camino para la reconstrucción de una izquierda otrora mortecina. Y lo ha hecho de forma tan astuta y eficaz como elegante. Importan las ideas, pero también las cualidades de quien las representa.

sábado, 10 de enero de 2026

_- Italia investiga acusaciones de que turistas habrían pagado para disparar a civiles en Sarajevo durante la guerra de Bosnia

Un soldado francés de la ONU junto a un grupo de habitantes de Sarajevo que buscan refugio.

_- Los civiles arriesgaban sus vidas al cruzar la avenida principal de Sarajevo durante la guerra de Bosnia.


    • Sarah Rainsford
    • Título del autor,Corresponsal para Europa del este y el sur

La Fiscalía de Milán abrió una investigación por las denuncias sobre ciudadanos italianos que presuntamente viajaron a Bosnia-Herzegovina en "safaris de francotiradores" durante la guerra a principios de la década de 1990.

Las denuncias alegan que italianos y personas de otras nacionalidades pagaron grandes sumas de dinero para disparar contra civiles en la ciudad sitiada de Sarajevo.

La denuncia fue presentada por el periodista y novelista Ezio Gavazzeni, quien describe una "cacería humana" llevada a cabo por "personas muy ricas", con una gran afición por las armas.

Gavanezzi asegura que "pagaban para poder matar a civiles indefensos" desde posiciones serbias en las colinas que rodean Sarajevo.

Según algunos informes, se cobraban tarifas diferentes por matar a hombres, mujeres o niños.

Más de 11.000 personas murieron durante el brutal asedio de cuatro años a Sarajevo.

Yugoslavia quedó devastada por la guerra y la ciudad fue rodeada por fuerzas serbias y sometida a constantes bombardeos y fuego de francotiradores.

A lo largo de los años han surgido varias acusaciones similares sobre supuestos "cazadores de personas" extranjeros.

Las pruebas reunidas por Gavazzeni, que incluyen el testimonio de un oficial de inteligencia militar bosnio, están siendo examinadas por el fiscal antiterrorista italiano Alessandro Gobbis.

Civiles de Sarajevo atraviesan una zona asediada por francotiradores en 1992.


Civiles de Sarajevo atraviesan una zona asediada por francotiradores en 1992.

Fuente de la imagen,Christophe Simon/AFP

Pie de foto,
Más de 11.000 civiles murieron en los tres años de asedio a Sarajevo.

"Le pusimos fin a esto"

El oficial reveló que sus colegas bosnios se enteraron de los supuestos safaris a finales de 1993 y comunicaron la información al Sismi, la inteligencia militar italiana, a principios de 1994.

La respuesta del Sismi llegó un par de meses después. Descubrieron que los turistas que participaban en los "safaris" volaban desde Trieste, ciudad fronteriza del norte de Italia, y luego viajaban a las colinas cercanas a Sarajevo.

"Le pusimos fin a esto y no habrá más safaris", le dijeron al oficial. En dos o tres meses, los viajes cesaron.

Ezio Gavazzeni, quien suele escribir sobre terrorismo y la mafia, leyó por primera vez sobre los viajes de francotiradores a Sarajevo hace tres décadas, cuando el periódico italiano Corriere della Sera publicó la noticia, aunque sin pruebas contundentes.

Retomó el tema tras ver "Sarajevo Safari", un documental de 2022 del director esloveno Miran Zupanic, que alega que los implicados en los asesinatos provenían de varios países, entre ellos Estados Unidos, Rusia e Italia.

Gavazzeni profundizó en la investigación y en febrero entregó a la Fiscalía sus hallazgos, que constaban de un expediente de 17 páginas, incluyendo un informe del exalcalde de Sarajevo, Benjamina Karic.

Pero la investigación en Bosnia parece haberse estancado.

Una mujer corre por las calles en el centro de Sarajevo, el 4 de agosto de 1993.


Una mujer corre por las calles en el centro de Sarajevo, el 4 de agosto de 1993.

Fuente de la imagen,Michael Evstafiev/AFP

Pie de foto,

Francotiradores disparaban contra civiles desde zonas controladas por los serbios de Bosnia con vistas a Sarajevo.

"Al menos un centenar"

En declaraciones al diario italiano La Repubblica, Gavazzeni alega que "muchos" participaron en esta práctica, "al menos un centenar" en total, y que los italianos pagaron "mucho dinero" por ello, hasta US$116.000 (alrededor de 100.000 euros).

En 1992, el fallecido escritor y político nacionalista ruso Eduard Limonov fue grabado disparando ráfagas contra Sarajevo con una ametralladora pesada.

El líder serbobosnio Radovan Karadzic, quien posteriormente fue condenado por genocidio en un tribunal internacional de La Haya, le estaba mostrando posiciones en las laderas.

Sin embargo, Limonov no pagó por su "turismo de guerra". Estaba allí como admirador de Karadzic, a quien llamó el "Carnicero de Bosnia": "Los rusos deberíamos seguir su ejemplo", aseguró.

La noticia de que la Fiscalía de Milán abrió esta investigación se dio a conocer en julio, cuando el portal Il Giornale publicó que los italianos llegaban a las montañas en furgoneta, pagando sobornos exorbitantes para pasar los controles de seguridad, fingiendo estar en una misión humanitaria.

Tras un fin de semana de tiroteos en la zona de guerra, regresaban a sus casas para retomar sus vidas.

Gavazzeni describió sus acciones como la "indiferencia del mal".

Se dice que la Fiscalía y la policía identificaron a varios testigos, mientras intentan determinar quiénes podrían estar involucrados. 

_- Emma Thompson: la gran dama moderna del cine británico que se ha convertido en la inesperada reina de la Navidad

_- Actriz, guionista, activista e icono británico por excelencia, Thompson ha sumado este año un nuevo éxito a su celebrada trayectoria con la serie ‘El misterio de Cemetery Road’. A sus 66 años, también es uno de los grandes rostros del imaginario navideño 




1. De Shakespeare a la comedia romántica, del drama político al cine familiar, Emma Thompson puede presumir de una de las filmografías más completas y coherentes del último medio siglo. La actriz y guionista británica, de 66 años, celebrada desde sus inicios por su inteligencia, elegancia y calidez, sigue ampliando una trayectoria llena de hitos con su último éxito, 'El misterio de Cemetery Road', una serie policiaca que se alza como una de las mejores del año. A ello se suma su consolidación, casi involuntaria, como reina de estas fiestas gracias a títulos como 'Love Actually' o 'Last Christmas'. En la imagen, en 2019 durante la promoción de esa última película. ANGELA WEISS (AFP via Getty Images) 




2. Quizá no con la omnipresencia de Mariah Carey o Cristina Pedroche, pero Emma Thompson también se ha consolidado como uno de los rostros más reconocibles del cine navideño. 'Love Actually' y 'Last Christmas' regresan cada diciembre a las parrillas televisivas, ya como clásicos modernos del género. En la primera, Thompson protagoniza uno de los momentos más devastadores del filme, sentada en la cama y conteniendo las lágrimas al ritmo de Joni Mitchell. En 'Last Christmas', además de interpretar a la madre del personaje de Emilia Clarke, coescribe el guion y ejerce como productora. En 2022, publicó además un libro infantil ambientado en Navidad: 'Jim’s Spectacular Christmas'. Samir Hussein (Samir Hussein/WireImage) 
 

3. Nacida y criada en Londres en una familia de artistas e intelectuales —su madre, Phyllida Law, fue actriz; su padre, Eric Thompson, escritor y director—, estudió Literatura Inglesa en Cambridge. Se ha definido a sí misma como una joven introvertida y 'outsider', una paradoja teniendo en cuenta la atención mediática inherente a su oficio. Su destino cambió al unirse al grupo teatral Footlights, donde coincidió con Hugh Laurie o Stephen Fry. Especializados en 'sketches' de humor, Thompson llegó a pensar que su carrera estaría limitada a la comedia. Se equivocaba. En la imagen, en un programa televisivo de la BBC en 1982. Radio Times (Radio Times via Getty Images) 

4. Durante los años noventa se convirtió en una estrella global y en la primera —y hasta hoy única— persona en ganar un Oscar tanto como actriz como guionista. 'Regreso a Howard’s End' fue su carta de presentación en Hollywood, seguida por una racha de estrenos consecutivos imbatible que incluyó 'Los amigos de Peter', 'Mucho ruido y pocas nueces', 'Lo que queda del día' o 'En el nombre del padre'. Más tarde, 'Carrington' y 'Sentido y sensibilidad', escrita por ella misma en pleno proceso de divorcio, consolidaron un estatus que nunca ha perdido. A lo largo de las décadas ha sabido alternar el cine de prestigio con grandes producciones comerciales, conquistando a nuevas generaciones con sagas como 'Harry Potter' o 'La niñera mágica'. En la imagen, con su Oscar al mejor guion adaptado por 'Sentido y sensibilidad' en 1996. Steven D Starr (Corbis via Getty Images) 


5. En lo relativo a la alfombra roja, varias publicaciones especializadas la han señalado como la reina del 'menswear'. Emma Thompson apuesta con frecuencia por el traje sastre y rehúye cualquier tipo de rigidez, con una predilección clara por las zapatillas y las camisas 'oversize'. Su modista de referencia es su íntima amiga Stella McCartney, responsable también de este traje verde con el que acudió a recibir el título de Dama del Imperio Británico en 2018, combinado con unas Stan Smith blancas que resumían a la perfección su filosofía estética. WPA Pool (Getty Images) 

6. Tal es su aversión a los tacones —“¿Por qué los llevamos con el daño que hacen? No tiene ningún sentido, parad”, afirmó en una ocasión— que incluso decidió aparecer descalza sobre el escenario de los Globos de Oro de 2014 para entregar el premio a mejor guion. Con los 'stilettos' en una mano y un Martini en la otra, protagonizó uno de los momentos más recordados de la historia de los galardones. “Quiero que sepáis una cosa: ¿veis este color? Es mi sangre”, dijo entonces, en referencia a la icónica suela roja de los Louboutin. Larry Busacca/NBCUniversal (NBC) 

7. En su lucha contra el escrutinio constante al que se somete la apariencia de las mujeres, Thompson ha recordado en varias ocasiones un episodio vivido en su primera alfombra roja de los Oscar, en 1993. “Una periodista de moda, al pasar a mi lado, dijo: ‘Que Dios la bendiga, siempre parece desaliñada con todo lo que se pone’. ¡Y eso que me había esforzado! Desde entonces lo llevo como una medalla de honor”, contó al 'Daily Mail'. Aquel año se alzó con el Oscar a la mejor actriz por 'Regreso a Howard’s End'. Ron Galella, Ltd. (Ron Galella Collection via Getty) 


 8. A comienzos de los noventa, Emma Thompson formó junto a Kenneth Branagh la “pareja real” más emblemática del Reino Unido sin necesidad de tener la sangre azul. Ken y Em, como los bautizó la prensa, se conocieron rodando una miniserie para la BBC y durante años encarnaron una combinación perfecta de talento, popularidad e intelectualidad. En 1995 anunciaron su divorcio tras seis años de matrimonio. Aunque entonces se habló de agendas incompatibles, más tarde se supo que la ruptura estuvo marcada por una infidelidad de Branagh con Helena Bonham Carter durante el rodaje de 'Frankenstein'. “Ken me rompió el corazón”, declaró Thompson en 2018, explicando que para rodar la célebre escena de 'Love Actually' en la que su personaje descubre una traición se inspiró en su propia experiencia: “Sabía muy bien lo que se siente cuando descubres que el collar que tu marido ha comprado para Navidad no es para ti. No fue exactamente lo que me pasó a mí, pero todos hemos estado ahí”. Ron Galella (Ron Galella Collection via GETTY



9. La actriz no tardó en recomponerse. Tras pasar meses “deprimida y arrastrándose en camisón al ordenador” para escribir el guion de 'Sentido y sensibilidad', recuperó la ilusión durante el rodaje de la adaptación de Jane Austen. Allí se enamoró de su compañero de reparto Greg Wise, con quien se casó en 2003 y con quien comparte dos hijos: Gaia y Tindyebwa, un niño soldado que perdió a su familia durante el genocidio de Ruanda y al que adoptaron con 15 años. La responsable de propiciar aquel encuentro fue Kate Winslet, quien le aseguró a Wise que ambos estaban hechos el uno para el otro. En la imagen, la familia posando en 2018. WPA Pool (Getty Images) 


10.  En 2022, la londinense volvió a generar titulares tras el discurso que pronunció en la sala de prensa del Festival de Berlín, donde aseguró que “a las mujeres se nos ha lavado el cerebro toda la vida para que odiemos nuestros cuerpos”. La reflexión acompañaba al estreno de 'Buena suerte, Leo Grande', en la que interpretaba a una profesora jubilada que, tras enviudar, contrata a un trabajador sexual para explorar un deseo y una relación con su cuerpo que su matrimonio le había negado. Especial repercusión tuvo una escena —“lo más difícil que he hecho nunca”, según narró ella misma— en la que se mira desnuda frente al espejo, sin artificios ni retoques digitales. “Todo lo que nos rodea nos recuerda lo imperfectas que somos: todo está mal con nosotras y debemos mostrarnos de una determinada manera”, añadió Thompson, que ha reconocido haber perdido papeles por no estar lo suficientemente delgada. 



11. La crítica ha vuelto a rendirse ante su trabajo en 'El misterio de Cemetery Road' (Apple TV), donde interpreta a una investigadora privada que es reclamada por una vecina, encarnada por Ruth Wilson, para desentrañar una conspiración que arranca con la desaparición de una niña en un apacible barrio de Oxford. Según Laura Fernández en 'El País', Thompson está “brillante, soberbia, la mejor detective privada en décadas”. La serie ya prepara su segunda temporada. En la imagen, en los Bafta de 2023. Stephane Cardinale - Corbis (Corbis via Getty Images) 




12. Cambio climático, tráfico de personas, igualdad de género, MeToo… Más allá de la interpretación, Thompson se ha convertido en una de las voces más combativas y visibles del activismo dentro de la industria cinematográfica. Ha participado en dos expediciones al Ártico y ha financiado la creación de Activate Collective, una organización destinada a ayudar a mujeres de todo tipo de orígenes a acceder a la política. “Sabía que algún día tendría que ver a hombres poderosos incendiar el mundo… lo que no esperaba es que fueran tan perdedores”, afirmó recientemente, parafraseando a la escritora Rebecca Shaw. En la imagen en 2019 apoyando en Londres una protesta de Extinction Rebellion. TOLGA AKMEN (AFP via Getty Images) 




13. Hace unos meses compartió pantalla por primera vez con su hija Gaia, de 26 años, en el thriller 'Dead of Winter', donde interpreta una versión más joven del personaje de su madre. Gaia ha iniciado recientemente su carrera como actriz tras pasar varios años en tratamiento contra la anorexia, un trastorno que apareció en plena adolescencia y la dejó tan debilitada que apenas podía sentarse sin sentir dolor. Finalmente ingresó en un centro de rehabilitación y ha agradecido públicamente el apoyo de sus padres por “haberle salvado la vida”. Hoda Davaine (WireImage) 



14.  Thompson lució su condecoración de Dama del Imperio Británico en la coronación del rey Carlos III y la reina Camila en la abadía de Westminster en 2022. La intérprete apostó por un 'look' que equilibraba solemnidad y personalidad con un abrigo estampado de flores en tonos rojo y negro de Emilia Wickstead sobre un vestido negro hasta la rodilla y complementado con zapatos negros —esta vez sí— de tacón. WPA Pool (Getty Images) 

 Sobre la firma Carlos Megía 


viernes, 9 de enero de 2026

_- Joseph E. Stiglitz y «la buena nueva» del desarrollo latinoamericano

_- Moneda de curso común en América Latina es la recepción mecánica y acrítica de algún académico o economista proveniente de Europa y, particularmente, de los Estados Unidos.

Gobernantes, funcionarios, asesores, consultores, activistas de ONG, empresarios, editores, audiencias masivas e, incluso, estudiantes y académicos universitarios suelen, no pocas veces, caer seducidos ante la perorata de algún vendedor de ilusiones que, desde el norte del mundo, pretende desvelar los misterios del subdesarrollo latinoamericano y de las paradojas políticas de la región.

No son pocos los nombres: Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Albert Noguera Fernández, Marco Aparicio Wilhelmi, José María Guijarro, Antoni Gutiérrez-Rubí, Alfredo Serrano Mancilla, Éric Toussaint, Henry Veltmeyer, François Houtart, Heinz Dieterich, Alex Salmond, Boaventura de Sousa Santos, entre otros de signo progresista e incluso radicados por largo tiempo en países latinoamericanos. Vinculados a otros espectros ideológicos destacan personajes como Jeffrey D. Sachs, Paul Krugman, Dani Rodrik, Ha-Joon Chang, Richard Layard, Mariana Mazzucato, Daniel Lacalle, Lawrence Summers, Juan Ramón Rallo, David McWilliams, Xavier Sala-i-Martin, Judith Butler, Yanis Varoufakis y, por supuesto, Joseph E. Stiglitz. Estos nombres evidencian una propensión al escapismo psicológico por parte de las élites políticas, empresariales y académicas latinoamericanas, así como una negación por parte de estos grupos sociales locales a pensar el desarrollo con cabeza propia.

Como activistas y propagandistas de ciertas ideas e ideologías relacionadas con los problemas públicos, sean estos económicos, políticos, educativos o propios de las relaciones internacionales, sus plataformas de difusión son también vastas: desde cátedras en universidades, foros académicos como congresos y simposios, editoriales que publican sus libros y testimonios, hasta conferencias magistrales ante audiencias variadas, programas de radio, cápsulas de podcast, mesas redondas y paneles de análisis en televisión o en las redes sociodigitales, columnas de opinión en diarios y revistas de divulgación, entre otros. Desde esos púlpitos construyen y difunden significaciones en torno al diseño y ejercicio de políticas públicas, los procesos de democratización en las sociedades nacionales, la comunicación política, los desafíos de la economía mundial, las contradicciones geopolíticas, los procesos de integración económica, el estado y futuro de los organismos internacionales, entre otros temas más.

Joseph Eugene Stiglitz es uno de esos peculiares economistas que gozan de amplias audiencias y lectores en prácticamente todo el mundo. Nacido en Gary, Indiana en 1943, académico de la Universidad de Columbia, Presidente del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de los Estados Unidos durante el primer mandato de Bill Clinton, Primer Vicepresidente y Economista Jefe del Banco Mundial, y colaborador en el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Peculiar su pensamiento porque pese a desempeñar estos cargos en el establishment, al pertenecer a la academia de universidades estadounidenses ampliamente influyentes y a ser un representante –a través de la llamada economía de la información– de la corriente principal de la teoría económica convencional que se enseña en un sinfín de universidades, desliza ante sus lectores y audiencias una postura progresista y hasta crítica en torno a la gestión o no de la economía mundial. Difusor de una globalización con rostro humano o de un capitalismo progresista, e incluso de ideas como las de un Consenso Post-Washington, Stiglitz se presenta como un reivindicador de las tesis keynesianas y como una alternativa al monoteísmo de mercado que arraigó desde finales de los años ochenta bajo el imperativo friedmaniano de la libertad de elegir.

Con la noción de capitalismo progresista (https://shre.ink/odMB), Stiglitz aboga por posicionar el poder del mercado al servicio de los ciudadanos y de la mejora de sus ingresos. Retóricamente, el economista laureado con el Premio Nobel en el año 2001 introduce la noción de desigualdad acotada a la distribución del ingreso y de la riqueza, pero sin referir un mínimo análisis y cuestionamiento a la estructura asimétrica y polarizada del capitalismo y a sus relaciones de explotación que son el telón de fondo que originan esa desigualdad social e internacional. A lo sumo, respecto a la carrera desbocada por crear y acumular riqueza, habla del abuso del poder de mercado, de la captación de rentas o de las ventajas que brinda la posesión asimétrica o imperfecta de la información.

Su crítica al modelo económico imperante desde los años ochenta del siglo XX se centra en la desregulación de los mercados bancario/financieros, al papel errático de organismos como el Fondo Monetario Internacional, así como en el creciente poder de mercado concentrado por las grandes corporaciones y los oligopolios. En general, se opone a la ideología fundada en un mercado sin restricciones o regulaciones; de ahí que aboga con ingenuidad para que se adopten leyes antimonopolio, los agentes financieros y los bancos rindan cuentas y que “los mercados, en general, se pongan al servicio de la sociedad”. De ahí que sea posible argumentar, muy a contracorriente de la postura de Stiglitz (https://shre.ink/odev), que el capitalismo progresista sí es un oxímoron.

Además de criticar la noción de libertad y elección individual difundidas por libertarios como Friedrich August von Hayek y Milton Friedman, Stiglitz cuestiona las políticas que restringen el poder del Estado. En suma, Stiglitz, a lo largo de su obra e incursiones públicas, aboga por una mayor acción colectiva para afianzar la gobernanza de la economía global a partir de la coordinación entre el Estado y el mercado. Sin embargo, la noción de libertad del nacido en Indiana no se extiende al campo laboral y a las relaciones de producción, las ignora totalmente.

Poco distan estas posturas de muchas otras que desde una raigambre teórica profunda se estudian en lo más fecundo y fértil de las ciencias sociales latinoamericanas y de su pensamiento crítico. Múltiples economistas abogan por la reivindicación de tesis de corte neokeynesiano para retomar la senda del crecimiento económico sobre bases duraderas. Sin embargo, no pocos gobiernos y empresarios de la región ignoran estas posturas y las hacen pasar como desapercibidas.

Las simpatías políticas de Stiglitz son evidentes: proclive a las administraciones demócratas de los Estados Unidos y a las élites globalistas que impusieron hace cuarenta años el mismo modelo económico rentista y concentrador de la riqueza que el Premio Nobel critica. Por el contrario, son evidentes sus antipatías respecto al nacionalismo populista encabezado por Donald J. Trump (https://shre.ink/odSd). Sus simpatías también se extienden a varios de los llamados gobiernos progresistas instaurados en América Latina durante distintos ciclos políticos desde 1999, sin reconocer el propio Stiglitz las contradicciones de estas élites políticas y de sus modelos económicos fundamentados en la reprimarización de las economías, en la exportación de commodities y en la perpetuación de las condiciones de desigualdad a lo largo y ancho de la región. El último gesto respecto a estas élites políticas latinoamericanas lo evidenció Stiglitz en su abierto respaldo al grupo Democracia Siempre, que reúne a los mandatarios de Chile, Brasil, Colombia, Uruguay, España, entre otros de la Unión Europea (https://shre.ink/odqO), en aras de formar de un frente contra lo que se denomina como la ultraderecha.

La cortedad de miras en la perspectiva de Joseph Stiglitz respecto a América Latina es directamente proporcional a la miopía de la corriente teórica a la cual pertenece. Sin dotarse del suficiente trabajo empírico y sin el conocimiento profundo de las realidades y diversidades latinoamericanas, se torna incapaz de comprender las estructuras profundas del subdesarrollo latinoamericano y la misma construcción histórica de los Estados y sus instituciones, la estructura de clases sociales y la correlación de fuerzas en la región. Con amplia seguridad, los datos de que dispone para sus análisis son solo aquellos provenientes de las bases estadísticas de organismos internacionales. De ahí que sus recomendaciones de política económica sean, por decir lo menos, superficiales y apenas cosméticas para el grado que alcanzan las contradicciones del capitalismo en América Latina y los flagelos sociales que acelera su patrón de acumulación rentista, neoextractivista, maquilador y primario/exportador.

Stiglitz se erige en una especie de gurú que esboza apreciaciones y pronósticos sobre la situación de la economía mundial. Y ello le trajo no pocos equívocos y diferencias en América Latina, como cuando habló de un “milagro económico argentino” tras la recuperación económica del país luego de la pandemia del Covid-19, omitiendo especialmente el tema de la inflación galopante y la caída de las reservas internacionales, así como el incremento de la pobreza y de la informalidad laboral en el país austral (https://shre.ink/odAB). En efecto, la economía argentina se recuperó hacia el 2022, pero como resultado de actividades y sectores económicos que estuvieron confinados durante la crisis epidemiológica global. Entonces, los comentarios errados de Stiglitz son más atribuibles a una simpatía por gobiernos y economistas apegados a una ideología progresista que por contar con las bases empíricas para sustentarlos.

Cabe puntualizar que lo anterior evidencia una postración de las élites latinoamericanas ante un sinfín de propagandistas que desde distintas partes del norte del mundo desfilan por los auditorios, salas de conferencias, salones de capacitación de funcionarios nacionales y aulas de universidades. Evidencia también el extravío para pensar el desarrollo con cabeza propia y a partir de la recuperación del pensamiento social, económico y filosófico de raigambre latinoamericana. Lo cual no supone ignorar las posturas teórico/ideológicas de los gurús visitantes, sino dialogar con ellos de manera multidireccional, crítica y creativa, sin caer en la tentación de incorporar de manera mecánica sus posturas no pocas veces infundadas, descontextualizadas y apegadas a realidades distintas y distantes de las latinoamericanas.

Isaac Enríquez Pérez. Académico en la Universidad Autónoma de Zacatecas, escritor y autor del libro «La gran reclusión y los vericuetos sociohistóricos del coronavirus. Miedo, dispositivos de poder, tergiversación semántica y escenarios prospectivos»

Twitter: @isaacepunam

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

jueves, 8 de enero de 2026

La fascinante historia del ajo (y cuáles son sus propiedades medicinales)

El ajo ha sido preciado durante miles de años, no sólo por su intenso e inconfundible sabor, sino también por sus propiedades medicinales. Conocido por sus efectos antimicrobianos y antivirales, el ajo ha sido desde hace mucho un producto esencial tanto en las cocinas como con los remedios tradicionales.

Originalmente oriundo de Asia Central, el ajo se extendió a Europa y Estados Unidos con las poblaciones migrantes.

Hoy día, China es el mayor productor mundial de ajo.

El programa Food Chain del Servicio Mundial de la BBC exploró la rica historia del ajo, su significado cultural, y planteó un interrogante: ¿es el ajo realmente beneficioso para nosotros?

Imprescindible en la cocina
Un cuchillo de carnicero con un mango negro puesto al lado de tres cabezas de ajo y un pollo crudo sobre una tabla

Hoy en día el ajo se consume ampliamente a través de países y culturas.
El ajo es esencial en innumerables cocinas. El chef danés Poul Erik Jenson, que enseña a estudiantes de EE.UU., Australia, Reino Unido y Asia en su Escuela de Gastronomía Francesa en el noroccidente de Francia, asegura que nunca ha conocido a un estudiante que no esté familiarizado con el ajo.

Piensa que el ajo eleva dramáticamente la comida y se pregunta qué sería de la cocina francesa sin éste.

"No creo que ellos [los franceses] pudieran imaginar un plato salado sin ajo", afirma. "Desde los caldos hasta las sopas, y en platos de verduras o carnes, definitivamente hay un diente de ajo en alguna parte. Es inimaginable no usarlo".

Sin embargo, cuando se estaba criando en una región rural de Dinamarca a comienzos de la década de 1970, el ajo era virtualmente desconocido.

Recuerda que el ajo se destacaba por su olor fuerte, pero luego los trabajadores turcos empezaron a migrar a Dinamarca, haciendo que la preparación de comidas con ajo fuera una experiencia más común. Jenson también se acostumbró al ajo a través de las pizzas italianas, y actualmente se beneficia además de este como un remedio de invierno.

"Mi pareja y yo bebemos una taza de caldo en la mañana con una cabeza entera de ajo exprimida en cada taza", afirma. "No hemos tenido un solo resfriado o gripe grave, y estoy seguro que es gracias al ajo".

Una larga travesía
Un hombre con un guante negro sostiene dos cabezas de ajo en su mano derecha

Poblaciones migrantes llevaron el ajo a sitios nuevos durante el siglo XX.

El significado cultural y espiritual del ajo abarca milenios. Los antiguos griegos dejaban ajos en el cruce de caminos como ofrendas a Hécate, la diosa de hechizos y protectora de los hogares.

En Egipto, se encontró ajo en la tumba del famoso faraón Tutankamón, que se creía que lo protegería en el más allá. En el folclore chino y filipino, hay leyendas de personas usando ajo para ahuyentar vampiros.

"La receta más vieja del mundo es un guiso mesopotámico, de unos 3.500 años de antigüedad, y contiene dos dientes de ajo", comenta Robin Cherry, autora del libro "Ajo: una biografía comestible".

"La mención más antigua [de ajo] también es de hace unos 3.500 años. Se llama el papiro de Ebers, y tenía muchas menciones de cómo usar el ajo para curarlo todo desde el malestar hasta los parásitos y problemas cardíacos o respiratorios", expresa.

Cherry señala que el antiguo galeno y filósofo griego Hipócrates usó ajo en una variedad de tratamientos médicos. Además, destacados pensadores y escritores como Aristóteles y Aristófanes también se refirieron a las propiedades medicinales del ajo.

De comida de esclavos a platos de la realeza
Una gran pizza redonda con salsa de tomate, ajo fresco, chiles, queso y aceite de olivaFuente de la imagen,Getty Images Pie de foto,

El ajo es integral en muchos de nuestros platos favoritos como la pizza.
El ajo fue ampliamente popular en la antigua Mesopotamia, Egipto, Grecia, Roma, China e India. Los soldados romanos creían que el ajo les infundía valor y fuerza, y lo propagaron a través de Europa durante sus conquistas.

Aunque el ajo se usó tanto como alimento y como medicamento, en una época su uso culinario estuvo limitado a las clases bajas.

"Realmente era un alimento para la gente pobre", continúa Robin Cherry. "Se suponía que daba fuerza a personas como los esclavos que construían las pirámides en Egipto, o a los marineros romanos. Era barato, podía ocultar el mal sabor de la comida rancia. Así que se veía como algo que sólo los pobres comían".

La reputación del ajo empezó a cambiar durante el Renacimiento, un período crucial en la historia europea entre los siglos XIV y XVI, caracterizado por el resurgimiento de la enseñanza clásica, y un florecimiento de las artes y las ciencias.

"Enrique IV de Francia fue bautizado con ajo y comió mucho de éste, y eso lo volvió popular", cuenta Cherry, añadiendo que el ajo también ganó popularidad en la Inglaterra victoriana en el siglo XIX.

El ajo llegó a Estados Unidos mucho más tarde, en los 50 y 60 del siglo pasado, llevado por los migrantes. Eso ayudó a revertir estereotipos negativos.

"De hecho, el ajo se usaba en un sentido muy despectivo contra judíos, italianos y coreanos. Se les llamaba comedores de ajo, y eso tenía una connotación negativa", señala Robin Cherry.

Ajo como medicina
El ajo se usa por sus propiedades medicinales. Actualmente, hay unas 600 variedades de ajo en todo el mundo. Unos, como los de Uzbekistán, en Asia Central, y Georgia, en el Cáucaso, solo recientemente acaban de estar disponibles globalmente.

Más allá de su destacado papel en las cocinas modernas, se usa comúnmente para tratar o reducir los síntomas del resfriado. Pruebas clínicas han explorado sus efectos sobre la presión arterial, el colesterol, y hasta el cáncer, pero los resultados han sido mixtos.

Un pequeño estudio en Irán encontró que ajo con jugo de limón ayudó a reducir el colesterol y la presión arterial en seis meses. Sin embargo, un estudio mayor realizado en la Universidad de Stanford, en EE.UU., con 200 individuos saludables durante seis meses no encontró reducciones significativas de colesterol.

Consumir ajo con el estómago vacío puede producir malestar gastrointestinal, ventosidades y cambios en a flora intestinal. Un estudio de 2014 realizado en la Universidad de Sídney, en Australia, confirmó las fuertes propiedades antimicrobianas, antivirales y antimicóticas del ajo.

"El ajo contiene niveles altos de potasio, fósforo, cinc y azufre, y cantidades moderadas de magnesio, manganeso y hierro. Es como un vegetal milagroso", asegura Bahee Van de Bor, portavoz del la Asociación Dietética Británica y una dietista pediátrica.

"Posee unos encantadores compuestos que contienen azufre llamados alicinas. Es rico en fibras prebióticas, que les caen muy bien a los intestinos, así que es fabuloso para nuestra salud digestiva. También tiene unas propiedades antimicrobianas", dice, complementando que la fibra del ajo ayuda a nutrir las bacterias digestivas y puede ayudar contra el estreñimiento y la hinchazón.

Consumir uno o dos dientes de ajo crudo al día se considera sano para adultos. Sin embargo, según un artículo publicado en la revista clínica American Family Physician, el exceso de consumo, especialmente con un estómago vacío, puede causar molestias gastrointestinales, ventosidades y cambios en la flora intestinal.

miércoles, 7 de enero de 2026

Tres confusiones que impiden entender y resolver el problema de la vivienda

No hace falta que explique hasta qué punto es grande el problema de acceso a la vivienda debido a su alto precio, ni las consecuencias tan dramáticas que provoca, principalmente en el ámbito personal y familiar, pero también en el económico, financiero, urbanístico y social, en general.

Hoy me limito a señalar tres confusiones que, a mi juicio, se vienen cometiendo constantemente, no sólo entre la gente corriente, sino entre los políticos que debieran hacer frente a este asunto y también, aunque parezca mentira, entre muchos economistas. Como se verá enseguida, son graves porque impiden percibir correctamente la naturaleza del problema, de modo que resulta entonces imposible solucionarlo.

Son las siguientes.

En primer lugar, creer que la subida exagerada de los precios de la vivienda ocurre sólo en nuestro entorno, en nuestro pueblo o ciudad, en nuestra región o país. No es cierto. Es un error de percepción porque la subida y su exagerada magnitud se está produciendo en la práctica totalidad de los países. Si bien es verdad que algunos, incluso de nuestro entorno más cercano, registran subidas más moderadas, se puede decir con total fundamento que el alza de los precios de la vivienda es un auténtico fenómeno global.

Una confusión de este tipo impide resolver el problema por una razón bien sencilla. No es lo mismo que cualquier tipo de mal se padezca individual o localmente que de forma generalizada. No se trata igual ni se cura con el mismo procedimiento una enfermedad singularizada en una persona que la producida por una pandemia. Las causas que lo generen serán, con toda seguridad, muy diferentes.

Una segunda e importante confusión consiste en no percatarse de que el precio de la vivienda no es el único que está subiendo.

La realidad es que a la vivienda le viene ocurriendo exactamente lo mismo que a otros bienes que se han convertido en objeto de la inversión de quienes en los últimos años han acumulado una cantidad ingente de ahorro y riqueza.

Si sólo fuera el precio de la vivienda el que está subiendo, tendríamos que darle solución específica. Pero si comprobamos que evoluciona al alza siguiendo la misma estela que otros bienes como el oro, la plata, los objetos de lujo, las piezas de arte, o los activos financieros, y si tenemos en cuenta que todos ellos son los que efectivamente adquieren quienes disponen de ahorro en abundancia, tendremos otra clave fundamental.

La razón es sencilla, sabemos que en los últimos años y muy particularmente tras la pandemia, los grandes patrimonios han multiplicado su magnitud en casi todos los países. Y ese incremento no se destina al consumo de bienes y servicios corrientes, sino al tipo de activos de inversión que he mencionado. Eso es lo que ha producido un incremento muy grande de su demanda que impulsa extraordinariamente al alza sus precios o cotizaciones, según el caso.

La vivienda es un bien de inversión muy atractivo, quizá no tanto como el oro o las acciones cuando se tienen grandes capitales, pero sí lo suficiente como para que allí se destinen cantidades de dinero muy grandes que elevan, como acabo de decir, la demanda de viviendas y su precio. Lógicamente, no para que en ellas vivan quienes las adquieren, sino para obtener rentas de su mera posesión, dedicándolas al alquiler o a usos turísticos, por ejemplo.

Además, la mayor demanda de vivienda para los grandes ahorradores no sólo eleva su precio, sino que «tira», por una especie de efecto reflejo, de los precios de todas las viviendas que hay en el mercado, para propiedad o alquiler.

La consecuencia de esta confusión es que se intenta resolver el problema de la vivienda dentro del mercado cuando su origen, como acabo de mostrar, se encuentra fuera de él,

La tercera confusión es un efecto de la anterior. Consiste en creer que, ante la gran presión de la demanda producida por la razón que acabo de apuntar, la solución es elevar la oferta, hacer que el número de viviendas construidas crezca, crezca y crezca si cesar. Como ocurre ante tantos otros problemas económicos, sólo se sabe recurrir al crecimiento constante, cuando el problema que se sufre no es, en realidad, de cantidad, sino de calidad o de reparto, como en este caso.

Se trata de otra confusión no menos relevante que las dos anteriores porque igualmente impide resolver el problema de acceso a la vivienda o, cuanto menos, frenar el alza de su precio.

Cuando la oferta de viviendas aumenta mediante la iniciativa privada, se buscará atraer a la demanda más solvente, justo la que en mayor medida impulsa el alza de precios, pues puede pagarlos sin apenas tener que preocuparse por cuál sea su cuantía. Y, aunque la oferta de viviendas sea pública, será esa misma demanda la que más fácil y rápidamente pueda adquirirlas. Y en ambos casos, como he dicho, la mayor oferta atrae más demanda que arrastra al conjunto del mercado y lo que sucede, como está sucediendo, es que, aunque suba la oferta, los precios siguen aumentando sin cesar.

El corolario de todo lo que acabo de señalar es bastante evidente y se puede resumir con claridad: no se puede enfrentar el problema de la vivienda como si fuese un problema local (porque es global), sin tener presente que está causado por un fenómeno que no tiene origen en el mercado de la vivienda (la concentración extraordinaria de la renta y la riqueza) y limitándose a aumentar el parque de viviendas que se ofrecen en el mercado (pues, en su totalidad o en una proporción suficientemente determinante, serán adquiridas por la demanda de alta riqueza, retroalimentando la subida de precios).

Sabiendo esto, lo que se puede y se debe concluir es que resultará materialmente imposible no ya resolver, sino incluso paliar en pequeña medida el problema de acceso a la vivienda de los grupos sociales de menor renta si no se cumplen dos requisitos imprescindibles:

a) Frenar con firmeza la desigualdad y a la concentración de la riqueza.

b) Impedir que la vivienda siga siendo un activo de inversión, al menos mientras no esté asegurado que sea lo que debe ser, un bien de primera necesidad para los individuos y familias y cuya provisión debe quedar garantizada a todas las personas por los poderes públicos.

En resumen sencillo de todo lo anterior: es un hecho objetivo y claramente observado día a día que el mercado está siendo incapaz de resolver el problema de la vivienda. Es más, está generando otros al conjunto de la economía y a la sociedad de gran magnitud y que pueden llegar a ser explosivos si no se resuelve. Por tanto, no hay otra alternativa que sacar, literalmente hablando, u ofrecer fuera del mercado el número de viviendas suficiente para garantizar el derecho de habitación de todas las personas que hoy día la necesitan y no pueden acceder a ella; por supuesto, contribuyendo a su financiación en la medida de su capacidad.

Todo lo demás es retórica y cada día que pase sin que se asuman y pongan en práctica estos últimos presupuestos hace que el problema se haga cada vez más difícil, por no decir imposible, de resolver.