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jueves, 26 de julio de 2018

Las 12 cosas más efectivas para superar una ruptura, según la ciencia. Una separación puede producir angustia, depresión, sentimiento de culpa y pérdida de autoestima.

1. Estar enamorado es descubrir lo bella que es la vida",
cantaba el inefable y siempre sabio Raphael. De ahí que, cuando una relación se acaba —los matrimonios duran 16,3 años de media, según el INE—, el batacazo psicológico sea morrocutudo. No solo se trunca una relación, sino la vida como la habíamos imaginado. Un estudio de la psicóloga Galena Rhoades, de la Universidad de Denver (EE UU), relacionó la disolución de una pareja con un aumento de la angustia y una disminución en la satisfacción vital.

Los hombres y las mujeres que son rechazados, en comparación con los que rechazan, experimentan más depresión, pérdida de autoestima y pensamientos cuidadosos y reiterados sobre un mismo tema, según otro estudio de la Universidad de Texas en Austin (EE UU). Además, tras una ruptura, el cerebro de las mujeres cambia, incrementando su actividad en zonas relacionadas con la tristeza, según el profesor Arif Najib, de la Universidad de Tubingen (Alemania). Y, por si fuera poco, puede llegar a afectar al sistema inmune, como halló Janice K. Kiecolt-Glaser, de la Universidad de Ohio (EE UU). Por suerte, la ciencia ha encontrado algunos métodos para pasar mejor el trago.

2. Llore, desahóguese 
"Al experimentar esos sentimientos disminuirán con el tiempo y se acelerará el proceso de duelo. Las etapas de duelo con frecuencia incluyen: conmoción/negación, negociación, enojo, depresión y, finalmente, aceptación", indica un documento de la Universidad McGill (Canadá) que recoge 20 estrategias para sobrevivir a una ruptura.

"Es lo primero que hay que hacer: llorar, soltar toda la pena y la rabia. Aunque la gente de nuestro entorno nos diga que lo olvidemos; todo lo contrario: lloro, porque me apetece llorar. Hay que autorizarse a estar mal y llorar", sentencia Esteban Cañamares, miembro del Colegio de Psicólogos de Madrid. "Si cerramos el grifo de la pena lo único que vamos a conseguir es que en vez de durar equis dure tres equis. Llorano vamos a acortar el duelo.

3. Concéntrese en las cosas malas de su ex ¿Se dejaba siempre la tapa del váter levantada? ¿Nunca ponía la lavadora? ¿Era una seta? No deje de pensarlo y se sentirá mejor. Es la conclusión de un estudio publicado en 2018 en Journal of Experimental Psychology: pidieron a los participantes —todos recién salidos de una relación— que, antes de ver una foto de su ex, se concentraran en tres tipos de pensamientos: en los defectos de la otra persona; en aceptar lo ocurrido; y en cosas que a ellos mismos les resultaban gratificantes (su comida favorita, por ejemplo). Aquellos que evocaron los aspectos negatitos tenían una respuesta emocional menor.

4. No intente quedar bien con la otra persona
Cuando dos amantes cortan, ambos lo pasan mal, aunque "la persona que toma la decisión ha tenido un tiempo para reflexionar y asimilar antes de anunciarla, de modo que el sentimiento de culpa y pérdida es más claro en la persona que no decide", dice Trinidad Bernal, doctora en Psicología y experta en mediación de la Fundación ATYME.

A veces, con la mejor intención, quien ha puesto punto final intenta minimizar el daño en el otro ofreciéndole su amistad o proponiendo el clásico "aquí estoy para lo que necesites". Los expertos lo desaconsejan. "Lo único que consigue es crear en el otro un sentimiento de esperanza y lo fastidia indica Bernal.

5. Escriba un diario
Poner por escrito las sensaciones y vivencias posteriores a una ruptura puede ser adecuado para afrontarla, ya que de ese modo se acentúa el procesamiento cognitivo de una forma sencilla, asegura el psicólogo estadounidense James W. Pennebaker en su ensayo Opening up: The healing power of expressing emotions.

Quienes escriben sobre los aspectos positivos de la ruptura experimentan emociones más positivas con respecto a la misma, según el profesor Gary W. Lewandowski, de la Universidad de Monmouth (EE UU). Entre esas emociones figuran comodidad, confianza, empoderamiento, energía, felicidad, optimismo, alivio, satisfacción, agradecimiento y sabiduría. En esa misma línea, un estudio publicado en Procedia-Social and Behavioral Sciences sostiene que "la expresión emocional escrita reduce los síntomas depresivos".

6. Salga de fiesta con sus amigos
Puede tener efectos balsámicos, siempre que nos lo pida el cuerpo. "Lo de obligarnos a salir, eso nunca. Sin forzarlo. Puede que no nos lo pasemos bien y cuando realmente nos apetezca prefiramos no salir", advierte Cañamares. Un estudio publicado en 2013 en PLOS One decretó que la calidad de las relaciones sociales influye en el riesgo de depresión exactamente igual que los hábitos saludables en el riesgo de enfermedad cardiovascular

7. Pero evite hablar demasiado del tema
Descargar las penas en un hombro amigo es casi una necesidad cuando uno se siente como un perro apaleado. Para los psicólogos, está bien hacerlo dos o tres veces, pero no más. "Al verbalizarlo constantemente, la herida sigue abierta", señala Trinidad Bernal. "Uno encuentra relax en ese momento, pero a la vez provoca que se recuerden una y otra vez las mismas situaciones y no hay manera de salir de un atolladero bastante fuerte. Los amigos creen que ayudan mucho con eso, y no es verdad. Lo que se recomienda es que se desvíe la conversacion hacia otros temas, distraer al amigo o amiga que esta pasando por esa situación.

8. No busque culpables
Montarse películas no trae nada bueno. "Tendemos a inventarnos una historia de buenos y malos. Las cosas son mucho más complejas. Es mejor huir de eso, primero porque es falso, y puede llevarnos a cometer nuevas equivocaciones de pareja. También porque las culpas facilitan las depresiones, los ataques contra uno mismo… En esta sociedad nuestra, de origen judeocristiano, tendemos mucho a la culpabilidad".

Es mejor sacar una moraleja: "Del tipo: a partir de ahora no me voy a conformar con fijarme en el físico, o a partir de ahora hasta que no conozca a su familia no voy a comprometerme. Prender cual es la piedra en la que hemos tropezado. Añade Cañamares.

9. Descarte iniciar una nueva relación enseguida
Suele suceder que quien ha tomado la decisión tiene un derroche social altísimo. Pero no siempre es aconsejable emparejarse pronto. "Si se implica enseguida en una relación sin haber pasado el duelo, lo más probable es que no tenga éxito. Hasta que no se ha pasado esa fase, indudablemente no va estar en condiciones de poder dar cariño a otra persona y va a estar enganchado a situaciones anteriores", dice Trinidad Bernal.

Menos probable es que la persona abandonada tenga ganas de comprometerse a corto plazo. "Ni se le va a ocurrir. Su centro de atención sigue estando en el otro", asegura Bernal. Tras una separación, los hombres son más propensos a iniciar una relación de rebote, como asegura un estudio publicado en Social Sciences en 2013. ¿Y una relación esporádica? "Es un parche para un momento, no la solución", dice Cañamares.

10. Recupere rutinas
El tiempo que antes tenía para usted —en ocasiones limitado, puesto que de buen grado compartía horas y actividades con su pareja— , ahora se ha multiplicado: aprovéchelo en su propio beneficio, apuntándose a un gimnasio, matriculándose en un curso o visitando exposiciones. Será como extraer una consecuencia buena de algo malo. "Es necesario hacer una lista de actividades. Pero con antelación: planifiquemos el fin de semana antes de que llegue el viernes, de lo contrario se quedará tumbado en el sofá dándole vueltas a los recuerdos. Funciona muy bien el volver a hacer cosas que a uno le gustaban y dejó de hacer, o cosas que nunca ha hecho y puede apuntarse a ellas", señala Trinidad Bernal.

11. Pongase en forma
Cuidar el cuerpo es importante. "La actividad física, salir al aire libre, pasear, respirar de una manera más acompasada…, son cosas que ayudan mucho. Las emociones nos están generando reacciones químicas en nuestro organismo que son contraproducentes, y de este modo se equilibran", comenta Trinidad Bernal.
Hágase un control médico. 

El ejercicio puede ser un buen tratamiento contra la ansiedad, dicta un estudio de 2015 de la Universidad de Duke (EE UU). En 2017, un grupo de investigadores canadienses estimó que es beneficioso para los trastornos de ánimo y la depresión.

12. Dejar de seguirlo/la en Facebook e Instagram
Esteban Cañamares recomienda dejar pasar al menos seis meses hasta retomar el contacto. "No podemos pretender que a las dos semanas de haber cortado ya seamos amigos", dice. "Durante seis meses no deberíamos saber nada de él o ella. Ni en Facebook ni nada por el estilo. No ayuda a que el duelo evolucione. Hay que dejar que la herida cierre totalmente, y a partir de ahí podemos seguir siendo amigos o compañeros de pádel".

Una tesis doctoral de Veronika A. Lukacs, de la Universidad de West Ontario (Canadá), sostiene que el contenido en Facebook puede ser una fuente de angustia para las personas que recientemente han experimentado una ruptura romántica. En su estudio, aquellos que participaron en altos niveles de vigilancia electrónica interpersonal experimentaron más angustia por la ruptura que las personas que no lo hicieron.

13. La guinda: si cree que algo le va a aliviar, hágalo
En 2017 se publicó en Journal of Neuroscience un curioso estudio, a cargo de investigadores de la Universidad de Colorado (EE UU). Reunieron a un grupo de personas que acababan de terminar una relación y les pidieron que miraran fotos de sus exparejas. A algunos les dieron un pequeño aparato, diciéndoles que se trataba de "un poderoso analgésico efectivo en reducir el dolor emocional"; al resto les dijeron la verdad: era un simple espray nasal. Entre los engañados, la actividad cerebral aumentó marcadamente en las regiones involucradas en el control de la emoción y disminuyó en las áreas asociadas con el rechazo; también aumentó en una región llamada gris periacueductal, que ayuda a controlar los analgésicos y los neuroquímicos que estimulan el estado de ánimo como los opioides y la dopamina. El experimento con el placebo sugiere que las expectativas positivas pueden ser suficientes para influir en áreas del cerebro en las que habitualmente actúan los antidepresivos.

https://elpais.com/elpais/2018/06/18/album/1529315028_761947.html#foto_gal_2

domingo, 1 de enero de 2017

Eliminada de mi propia historia de amor. Por SAGE CRUSER.

En la pantalla de inicio de mi computadora tengo una carpeta dentro de otra carpeta que se llama “No abrir” (como un mensaje para mí misma).
Y para mi gran sorpresa, la abrí hace poco.
Está llena de fotos maravillosas de mi ex y yo que había borrado de todos lados. Una llamó mi atención: una foto en blanco y negro de nosotros en un viaje que hicimos a la costa de Oregon para celebrar su cumpleaños hacía dos veranos, justo después de ir a la boda de mi madre en mi ciudad natal, Portland.

El cursor del ratón daba vueltas por la foto y di clic dos veces para agrandarla.
Con los codos sobre la arena, sonreíamos mientras su mano acariciaba mi antebrazo izquierdo, su cabello oscuro y sus ojos contrastaban con mis facciones claras. Mi puño derecho, casi oculto por la manga de mi sudadera negra, escondía la mitad de mi tímida sonrisa blanca.
Esa imagen había estado en todos lados: en Facebook (donde fue mi foto de perfil), en su oficina, en la pared de nuestra sala y en la mesa lateral de sus abuelos en Iowa. La habíamos tomado cuando ya llevábamos seis meses juntos, durante nuestra fase de “luna de miel”, y todo el mundo le gustó y nos dijo cosas como “es perfecta” o “ustedes hacen tan bonita pareja”.

Lo que no sabían era que nos había costado muchísimo trabajo tomarla. Habíamos activado el temporizador de la cámara, así que presionábamos el botón y corríamos a posar, tratando de que la instantánea se viera tan natural como fuera posible. Tomábamos una foto y luego analizábamos el resultado:
-“Parezco loca”.
-“Me veo viejo”.
-“La pose se ve forzada”.
-“¿Parece que mi ojo izquierdo se está derritiendo?”.

Así estuvimos hasta que nos dolieron los músculos de la cara de tanto reírnos y se fue el sol, pero con ayuda de una buena edición, la versión final lucía espontánea y natural. Y gracias al temporizador, logramos hacer que algunas personas no se dieran cuenta de que era una foto jactanciosa que habíamos tomado nosotros mismos.

Me encantaba contar la historia de cómo nos conocimos. Pero ya no, así que no lo haré. Lo que verdaderamente importa es esto: no me tomé en serio que justo el día antes de que comenzamos nuestra historia de amor, él acababa de terminar con su novia de mucho tiempo.

Yo solía reprimir pensamientos de que yo era el clavo que saca otro clavo o la novia sustituta mientras llegaba la de verdad. Seguí adelante, atraída por su guapura, inteligencia y educación. Me encantaba lo expresivo que era con las manos mientras hablaba.

A pesar de todo lo bueno, siempre sentí como si tuviera que probarle a todos que él y yo éramos felices y que nuestra relación era legítima; las redes sociales ayudaban. En Facebook, podía excluir lo negativo, un comentario despectivo por aquí, una mentira por allá, y mostrar no solo cómo quería que los demás nos vieran, sino cómo quería vernos.

Algunas veces él hacía comentarios sobre que creía que yo sería más feliz con alguien que no fuera tan “conservador” como él. Seamos justos: fui yo quien lo convenció de que se dejara crecer la barba, tratando, supongo, de acercarlo a la imagen del novio ideal que me había imaginado.

Casi exactamente un año después de la foto en blanco y negro que nos tomamos y para la que posamos horas, logramos capturar otra imagen de las que provocan envidia, y esta vez a color. La tomamos en la rueda de la fortuna en el malecón de Seattle. Viajamos en auto allá para su cumpleaños y nos quedamos con mi prima.

Habremos posado unas diez veces ante la cámara de mi prima para lograr la foto “perfecta”: el estrecho de Puget de fondo en sorprendentes tonos verde aguamarina, las colinas lejanas en el horizonte. Nuestras sonrisas generosas y blancas, y mi hombro acomodado con soltura en el hueco de su brazo.
Pensamos bien qué poner en su estado de Facebook para que sonara natural pero cálido, breve pero con sentimiento:
“¡Celebrando una magnífica semana de cumpleaños con Sage en el área de Seattle!”.
-“Te amo, McBug”, me susurró aquella noche antes de quedarnos dormidos.

Dos meses más tarde, poco después de habernos mudado a nuestro segundo departamento juntos, se levantó diciendo que le dolía el estómago.
-“¿Habrán sido las fajitas de anoche?”, pregunté entre bostezos, mientras me acurrucaba bajo la cobija blanca y mullida que él acababa de hacer a un lado.
Dejó escapar un suspiro y se sentó en la orilla de la cama, con la cabeza entre las manos. Yo sonreía como tonta con los ojos entrecerrados.
-“No”.
Levanté la cabeza. -“¿Qué pasa, cielo?”.
-“Yo… no me imagino nuestro futuro”.
Hice a un lado las cobijas. -“Espera. ¿Estamos hablando de lo que creo que estamos hablando?”.

Volteó a verme con los ojos tristes y los labios contraídos. Casi me sentí mal por él hasta que me di cuenta de que estaba terminando conmigo. Sus razones para terminar la relación eran vagas; decía que llevaba seis meses pensándolo.
-“¿Alguna vez me amaste?”, pregunté.
Hizo una pausa y después trató de balbucear una explicación, pero la pausa lo dijo todo.
Lloré a moco tendido en nuestra cama, traía puesta una camiseta que me quedaba grande, la cara se me había puesto roja y me atragantaba con mi propia saliva. Y así fue como todo acabó.

Cambiamos nuestras fotos de perfil a las dos horas de haber terminado. Él cambió nuestra tierna foto en una cafetería de Portland por una foto en la que aparecía solo, vestido de traje. Yo cambié la foto en blanco y negro de la playa por una donde aparecía en la cima de una montaña en Irlanda, con la mirada fija y una expresión que esperaba que dijera: -“Estoy en la cima del mundo, soy exitosa”.
Con cada “Me gusta” sentía como se reconstruía mi ego, pero la euforia se desvaneció cuando empaqueté mis cosas y me mudé al sótano de mi madre, que no estaba en la cima de nada.
Familiares y amigos no lo podían creer. Sentía un dolor agudo en el estómago cada vez que pensaba en él. Me quedaba contemplando el techo por horas. Me perdía entre la confusión y los sentimientos de traición y odio. Aun así, fantaseaba con la reconciliación y que todo volvería a ser como antes.

La semana siguiente, me enteré de que él había abierto una cuenta de citas en línea un día después de haber terminado conmigo. Su foto de perfil me dejó sin aliento: me había recortado de la foto de la rueda de fortuna, en la que solo habían quedado sus dientes blancos y ojos verdes brillando y el agua resplandeciente que hacía contraste con su cabello oscuro. Me había eliminado de mi propia fantasía.
Dos semanas después, tras la división de los bienes, del llanto, las arcadas sin vómito y de escuchar “Hello” de Adele hasta el cansancio, recibí una carta suya escrita a mano, junto con un paquete que tenía un brasier deportivo mío que había encontrado entre la ropa sucia. Era una “oportunidad para ventilar algunas cosas” que quería decir.

La carta daba la misma explicación vaga que me había dado antes y en ella confesaba que todavía no tenía “razones específicas”, era “solo un sentimiento”, y decía que todavía me extrañaba “mucho”.
Me pregunté qué podría contestarle, pero nunca le mandé nada. En cambio, corregí su ortografía y gramática con una pluma roja, lo cual me hizo sentir algo de satisfacción.
Quería que mi amor perfecto se viera como yo me había convencido de que se veía: las fotos, los estados de Facebook, la barba, el recuento de nuestra relación que había hilado en mi cabeza. Me había enamorado del hombre que quería que fuera y era la mujer que quería ser. Me había enamorado de lo que pensaba que podíamos ser juntos y no de lo que realmente éramos. Esta era una verdad difícil de aceptar.

Poco después de mi incursión en mi carpeta no tan escondida, me reuní con una vieja amiga a la que no había visto en año y medio. Nos fuimos un fin de semana a acampar a Cannon Beach, el mismo lugar donde había tomado la foto en blanco y negro hacía casi dos años.
Después de ponernos al día y encender una fogata, ella me confesó que había pasado por una separación muy similar a la mía con su novio, quien le había puesto fin a la relación de manera abrupta cuando ella pensaba que todo iba de maravilla. Pasaron un mes sin hablarse antes de reconciliarse cuando él le pidió que regresaran.
A ella le parecía asombroso que hubiésemos experimentado rupturas tan parecidas, pero que habían acabado de forma tan opuesta. Ella se regocijaba de su felicidad recién descubierta, y decía que se casaría con él si se lo pidiera.

Nos sentamos en silencio sobre la arena fría, al lado de la fogata que crujía, mientras yo observaba una cometa amarilla, cuya larga cola bailaba en el cielo sobre las escasas nubes de la tarde.
Ella rompió nuestro silencio con una pregunta: “Oye, ustedes podrían estar juntos de nuevo algún día. ¿Te gustaría?”.
La miré, después miré de nuevo la cometa y contesté: “No”.


http://www.nytimes.com/es/2016/10/27/eliminada-de-mi-propia-historia-de-amor/?smid=fb-espanol&smtyp=cur

sábado, 27 de junio de 2015

“Atreveos a decir que nos echáis por no vender IU a Podemos”. Dirigentes de IU Madrid cargaron contra la dirección y Alberto Garzón en la reunión federal. En sus intervenciones, acusaron al candidato a la Presidencia del Gobierno de "apuñalarles"

El consenso alcanzado en Izquierda Unida en torno al plan de su candidato a La Moncloa, Alberto Garzón, para concurrir a las elecciones generales en candidaturas de unidad popular, es algo casi inédito en una organización acostumbrada a las batallas internas.

Su propuesta fue aprobada el viernes por el 91% de los votos en la Presidencia Federal del partido, máximo órgano ejecutivo. Pero un grupo minoritario empañó la armonía en la reunión del partido. Los dos representantes de la federación madrileña de IU —a la que la Presidencia decidió intervenir políticamente como paso previo a la expulsión— dedicaron intervenciones muy duras contra la dirección y el propio Garzón. Le acusaron de "apuñalarles, humillarles y venderles", según explicaron fuentes presentes a EL PAÍS.

Una de ellas fue Lidia Fernández Montes, coordinadora del Área de Comunicación y Electoral de IU en la Comunidad de Madrid. La dirigente se refirió durante su intervención ante la plana mayor del partido a la noticia adelantada por este periódico de que la federación madrileña con sus 5.000 militantes será desfederada en el próximo Consejo Político del día 14, según el plan de la dirección. "¿Así se inicia la unidad popular? ¿Echando a 5.000 personas de tu organización? Bonito comienzo", se quejó, antes de acusar a la dirección de expulsarles por no querer disolverse en Podemos. "Atreveos a decir por qué se nos echa, se nos echa por defender a Izquierda Unida y no venderla a Podemos como están haciendo otras personas que forman parte de esta dirección federal", criticó.

"La unidad popular en Madrid se ha forjado a fuerza de expulsiones de IU", señaló otro de los representantes de IU Madrid, Julián Sánchez Urrea, antes de dirigir un alegato de reproches y acusaciones contra Alberto Garzón, presente en la sala, aunque sin citarle directamente. "A aquellos que nos habéis vilipendiado, insultado y apuñalado durante toda la campaña: no quiero gobernantes capaces de vender a sus compañeros, de triunfar por la vía de humillar a sus contrincantes más débiles, y asentar su poder sobre las cenizas de incendios provocados por ellos mismos", aseguró. El dirigente madrileño terminó incluso llamando "mala persona" al candidato. "Me da igual que gestionen con eficacia, que tengan un expediente académico admirable y que enamoren a las cámaras, las malas personas no deberían dedicarse a la política", concluyó.

La dirección federal de IU ha mantenido una agria disputa con la federación madrileña agravada por la integración de IU en la candidatura de Ahora Madrid que lidera Manuela Carmena. Las diferencias en la formación sobre la convergencia con Podemos llevaron entonces a la marcha de los candidatos de IUCM elegidos en primarias, Tania Sánchez y Mauricio Valiente, y a la quiebra en dos del partido.

La dirección de IU decidió después no reconocer la candidatura de IU al Ayuntamiento de Madrid que encabezaba Raquel López, y el propio Alberto Garzón no participó en ningún acto de campaña con ella. López reaccionó llamándole "miserable" la noche electoral, una vez confirmada la debacle electoral (IU se quedó sin representación en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento por primera vez en su historia).

La actuación de los dirigentes madrileños, según la dirección federal del partido, forma parte de un “ataque perfectamente orquestado contra el candidato”, señala Ramón Luque, secretario de Política Electoral de IU. “Hacen a Alberto Garzón responsable de algo de lo que no lo es: la política de convergencia es de toda IU, refrendada en nuestra asamblea y votada a favor por la federación madrileña”, indica. El miembro de la dirección federal estima que “los disparos” contra el dirigente son parte de una “estrategia que va más allá de algunos dirigentes de IUCM. Los tentáculos de los poderes fácticos están muy interesados en debilitarnos”, destaca. "Convertir a Alberto Garzón en un chivo expiatorio no es casualidad", señala.

El conflicto con la federación madrileña se ha enconado tanto que por eso la dirección entiende que la única solución es desfederarla. "La militancia de IUCM no tiene nada que temer de IU federal", aclara el dirigente Ramón Luque. La resolución que ayer propuso la intervención política, al declarar que se iban a tomar decisiones por IU Madrid, fue aprobada por mayoría (44 votos a favor, 11 en contra y 4 abstenciones).

MÁS INFORMACIÓN

http://politica.elpais.com/politica/2015/06/06/actualidad/1433581851_100354.html?rel=lom