domingo, 15 de febrero de 2026

Cómo hablar del abuso sexual infantil y dejar de perpetuar la cultura del silencio

Cómo hablar del abuso sexual infantil

El abuso sexual infantil sigue siendo una realidad oculta, un tabú del que pocos quieren hablar. Las familias, las escuelas y la sociedad tienen una responsabilidad al respecto

El abuso sexual infantil (ASI) supone una herida profunda en el psiquismo y el cuerpo: quiebra la inocencia, altera el desarrollo evolutivo y produce daños invisibles pero duraderos. Sin embargo, a pesar de ser una problemática muy prevalente en la sociedad, sigue quedando oculta tras el tabú y los silencios y nos sigue resultando incómodo abordarla.

Según un reciente estudio del Ministerio de Juventud e Infancia, casi tres de cada diez jóvenes declaran haber sufrido algún tipo de violencia sexualdurante su infancia o adolescencia. Este alarmante dato deja en evidencia que, cuando hablamos de ASI, no estamos haciendo referencia a algo excepcional, nos referimos a una realidad con raíces estructurales.

Las consecuencias del ASI sobre la salud son múltiples. En el plano de la salud mental suele conllevar diversas alteraciones: estrés postraumático, trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad y depresión, insomnio, desregulación emocional, disociación y conductas autolesivas o suicidas. La experiencia tiene tal potencial traumático que no solo deteriora el funcionamiento mental, también impacta en el plano de las relaciones (dificultades para lograr intimidad, sentir confianza o desarrollar una comunicación asertiva) y en el cuerpo: más probabilidades de desarrollar dolor generalizado, cefaleas, problemas gastrointestinales, trastornos del sistema nervioso autónomo, disfunciones sexuales e, incluso, dolencias crónicas como enfermedades cardiovasculares o trastornos metabólicos.

Si las consecuencias en la salud son tan graves y el porcentaje de población atravesada por esta realidad no es discreto, ¿por qué no hay una mayor visibilidad, más campañas de prevención o herramientas educativas? Porque el ASI sigue estando rodeado de estigma, silenciamiento, negación y culpabilización. Además, está documentado que el mayor porcentaje se produce dentro del propio seno familiar. Cuando esto es así, las barreras para la denuncia o el reconocimiento son mucho mayores: la víctima suele sentir que está traicionando al hogar y que si habla generará una fractura irreparable. Lamentablemente, el miedo a dañar la reputación familiar o al escándalo social limita el apoyo de la propia familia de la víctima cuando se revela la verdad, algo que puede ser tan traumático como el propio abuso.

Pero hablar salva vidas. En un contexto que tapona muchas oportunidades de pedir ayuda, las personas víctimas de abusos interiorizan un diálogo interno, condicionado por la culpa y la vergüenza, que deriva en aislamiento e impide tener una vida digna. Para derribar esa cultura del silencio, necesitamos actuar en varios frentes.

En primer lugar, la familia: la investigación en prevención del abuso sexual ha demostrado que la educación sexual basada en el consentimiento, el respeto corporal y los límites es una de las estrategias preventivas más eficaces. Enseñar desde la infancia conceptos como “mi cuerpo me pertenece”, “nadie puede tocarme sin mi permiso”, “puedo decir no” y “si algo me incomoda, puedo contarlo” pueden prevenir abusos. La mayoría de los estudios subrayan que la barrera más fuerte para la revelación es el miedo a no ser creído. Es crucial crear un clima de escucha sin juicio donde los hijos sientan que pueden contar cualquier cosa que les ocurra sin miedo a represalias o castigos.

En segundo lugar, la escuela. Incorporar la educación afectivo-sexual de manera integral y libre de tabúes desde edades tempranas no debería ser una opción. La educación sexual nos permite habitar la sexualidad de manera informada, libre y consciente, pero, además, incluir contenidos específicos sobre la sexualidad infantil, el consentimiento y el cuerpo puede prevenir directamente los abusos. Las escuelas deben ser espacios seguros a los que las víctimas puedan recurrir y solicitar ayuda. Para ello, es imprescindible una adecuada formación del profesorado en habilidades de detección y comunicación específicas para abordar la casuística. Las escuelas también pueden ser lugares idóneos para que personas supervivientes puedan compartir su experiencia. Identificarse con alguien que ha atravesado algo similar puede ser la pieza que faltaba para que un menor dé el paso de comunicar lo que está viviendo.

Por último, las instituciones. Es urgente consolidar protocolos coordinados entre Sanidad, Educación, Servicios Sociales y Justicia que prioricen la protección y la escucha. Las víctimas no deberían tener que revivir el trauma una y otra vez para ser creídas ni el factor económico debería ser una brecha que divida a quienes puedan o no recibir la ayuda necesaria.

La responsabilidad es de todos. Los medios de comunicación, la ficción y los espacios públicos seguros, entre otros, pueden ser medios de transformación de la cultura del silencio y el estigma. Cada conversación, cada familia o cada aula pueden ser una nueva oportunidad de lograr construir una sociedad verdaderamente concienciada y capaz de manejar las consecuencias del abuso y las necesidades de apoyo de sus víctimas.

Kike Esnaola es psicólogo y divulgador.

Explotación laboral de emigrantes en obradores de pan de Palencia: cinco detenidos por tener a 12 migrantes en jornadas eternas y con calor extremo

La Policía Nacional desmantela una banda que pedía 20.000 euros por permisos de residencia.

Migrantes explotados, amenazados, vigilados y obligados a trabajar hasta 17 horas diarias en obradores de pan de Palencia en “condiciones extremas de calor e insalubridad”. La Policía Nacional ha detenido a cinco personas por explotación laboral de 12 víctimas a quienes forzaban a trabajar sin descanso para producir pan en la provincia de Palencia. El grupo delictivo se aprovechaba de la vulnerabilidad de los afectados para engañarlos y exprimirles en los obradores, además de requerirles entre 15.000 y 20.000 euros para presuntas autorizaciones de trabajo y residencia con las que luego los chantajeaban, pues no cobraban por su desempeño, no gozaban de vacaciones o descansos y vivían hacinados en casas propiedad de los arrestados. La investigación comenzó tras observar posibles irregularidades en panaderías de Aguilar de Campoo y de Ampudia.

La Policía Nacional ha emitido un comunicado informando de la desarticulación de esa organización criminal, saldada con “cinco registros simultáneos, la clausura de los dos obradores y la liberación de 12 víctimas, además de la detención de cinco personas en las provincias de Palencia (cuatro) y Alicante (uno)”. La operación se ha coordinado junto a la Inspección de Trabajo de Palencia contra los delincuentes, que “se aprovechaban de la vulnerabilidad de las víctimas mediante engaños administrativos, amenazas y vigilancia permanente”. “El método empleado consistía en la obtención de certificados de insuficiencia de candidatos emitidos por el Servicio Público de Empleo de Castilla y León, documentos que posteriormente eran utilizados para tramitar autorizaciones de residencia y trabajo”, señala la Policía, para lo cual efectuaban pagos de entre 15.000 y 20.000 euros mediante intermediarios. Una vez los aspirantes a los empleos ―extranjeros― llegaban a España, sufrían “constantes presiones y amenazas”: si no cumplían las exigencias laborales, se les revocarían los papeles de residencia y trabajo, pudiendo ser deportados al quedar en situación irregular. Los trabajadores, vigilados constantemente por cámaras, recibían la orden de no atender a la Policía o mentir a los inspectores de trabajo y se hallaban en “un clima permanente de miedo y coacción”.

Las 12 personas explotadas laboralmente “vivían y trabajaban en condiciones absolutamente inhumanas, siendo obligadas a desempeñar su labor en obradores de pan y pastelería donde las temperaturas superaban los 40 grados”. Tan mal lo pasaban que, ante la orden de abrir puertas o ventanas e incrementarse el calor, los empleados se desnudaban para intentar resistir las temperaturas. Todo en jornadas de entre 10 y 17 horas de trabajo diarias, los siete días de la semana, sin descansos, vacaciones o remuneración económica. Asimismo, en los obradores había “insectos y roedores”, además de “graves deficiencias higiénico-sanitarias” y “absoluta falta de medidas de salubridad”. Parte de los extranjeros residía en viviendas de los explotadores o contiguas a los hornos, lo cual ha significado tres registros policiales en esos inmuebles y en las dos panaderías clausuradas por orden judicial. Además, se han intervenido 3.000 euros en efectivo y documentación clave para los investigadores, quienes insisten en que aún pueden darse más intervenciones o arrestos por este entramado criminal de explotadores laborales sobre extranjeros en grave situación de vulnerabilidad.



PD.: Esta noticia, no única, es la realidad en gran parte de los datos sobre emigrantes, al carecer de papeles y medios para sustentarse, están en su mayoria en precario, muchos empresarios los explotan dándoles sueldos de miseria, comidas insuficientes y alojamientos insalubres. No la falsa realidad que difunde Vox y otros de que vienen a quitarnos el trabajo a los españoles, disfrutar de educación y asistencia sanitaria gratis.

Las estadísticas oficiales muestran que los emigrantes aportan más a la sociedad que los servicios recibidos. El fascismo miente y crea tensiones y mal clima enfrentando a unos trabajadores con otros, enfocan un caso injusto y lo generalizan para crear ese clima antiemigración que no refleja la realidad de su aportación a los trabajos más precarios,  cuidados de mayores e inválidos, servicio doméstico, construcción, recogida de frutas, trabajos en la agricultura y limpieza, rechazados por los españoles. 

Ignoran, conscientemente, su aportación al crecimiento económico, a la natalidad y a la bolsa de la seguridad social y al pago de los jubilados... en definitiva a España.

sábado, 14 de febrero de 2026

Can't Help Falling In Love




No Puedo Evitar Enamorarme
Can't Help Falling In Love

Los sabios dicen
Wise men say

Que solo los tontos se precipitan
Only fools rush in

Pero no puedo evitar
But I can't help

Enamorarme de ti
Falling in love with you

Si me quedara
Shall I stay?

¿Sería un pecado?
Would it be a sin

Si no puedo evitar
If I can't help

Enamorarme de ti
Falling in love with you?

Como un río que fluye
Like a river flows

Seguro hacia el mar
Surely to the sea

Querida, así es
Darling, so it goes

Algunas cosas están destinadas a suceder
Some things are meant to be

Toma mi mano
Take my hand

Toma mi vida entera también
Take my whole life too

Porque no puedo evitar
For I can't help

Enamorarme de ti
Falling in love with you

Como un rio que fluye
Like a river flows

Seguro hacia el mar
Surely to the sea

Querida, así es
Darling, so it goes

Algunas cosas están destinadas a suceder
Some things are meant to be

Toma mi mano
Take my hand

Toma mi vida entera también
Take my whole life too

Porque no puedo evitar
For I can't help

Enamorarme de ti
Falling in love with you

Porque no puedo evitar
For I can't help

Enamorarme de ti
Falling in love with you

viernes, 13 de febrero de 2026

Los once dones de doña Isabel

Ella está con los de arriba. Está con los empresarios más que con los trabajadores, con los fuertes más que con los débiles, con los poderosos más que con los ciudadanos de a pie

Isabel Díaz Ayuso. Isabel Díaz Ayuso. / Alberto Ortega

Algo especial pasa con esta mujer. O algo me pasa a mí con ella. Por mucho que me esfuerzo en entender su forma de pensar, de hablar y de comportarse no doy con la clave. Es un enigma para mí. Creo que le falta un hervor o algún tornillo. Si hay un personaje en la política española que encarna los males del populismo de derechas es la señora Ayuso. Lo tiene todo. Todo lo malo, claro. Este primer enigma me lleva a otro no menos complejo: ¿por qué motivos la votan, siendo como es, diciendo lo que dice y haciendo lo que hace?

Voy a tratar de exponer, aunque sea brevemente, once dones que la hacen singular.

El don de odiar visceralmente a sus oponentes políticos, especialmente al presidente del gobierno. No se puede ser más obsesiva en el desprecio. Creo que no le cabe el odio en el cuerpo. Descalificaciones, insultos, agresiones verbales… Ella, que acusa de forma persistente al presidente de dividir a la ciudadanía en dos bandos, tiene tan elevado el muro entre buenos y malos que es imposible saltarlo o abrir una rendija para ver algo bueno en la otra parte. ¿De verdad le importa esa división entre unos y otros cuando ella es la que se muestra más beligerante con sus adversarios?

El insulto, el desprecio y la mofa constituyen el eje de su proceder. No puede hablar sin agredir. Llamar hijo de puta al presidente y revestir el insulto con risas es un deporte que practica con regodeo. El ya famoso «me gusta la fruta», lema que se ha popularizado en camisetas, tazas y merchandising es uno de sus logros más notables. Es la campeona de las descalificaciones al presidente del gobierno. Que yo recuerde, le ha llamado corrupto, caudillo bolivariano, mafioso, tecnocomunista, caradura, socio de ETA, violento, estafador, chavista y tirano.

El don del protagonismo que la lleva a pensar y a decir que su comunidad es el centro del mundo: ella y su comunidad autónoma tienen una fuerza centrípeta irresistible que hace que todos quieran ir a Madrid a invertir, a vivir o a veranear.

Su comunidad, alardea la presidenta, está siendo un fenómeno nunca visto de crecimiento, desarrollo y prosperidad. En Madrid se vive una libertad más pura que en ningún otro sitio. Los habitantes de Madrid saben disfrutar de las terracitas y de las cervecitas como en ninguna otra parte se disfruta. Madrid está de moda. No solo es la capital, es lo capital.

Sin exhibir dato alguno (o más bien, ignorando los datos más palmarios, como es el hecho de que Madrid es la comunidad que menos invierte en sanidad) suelta frases como «la sanidad de la comunidad de Madrid es la mejor de España». ¿Por qué es la mejor? Porque ella lo dice. Y punto. Y se queda tan tranquila y tan orgullosa. Y las mujeres que se vayan a abortar fuera de su comunidad…

El don de manejar como nadie la ley del embudo: ella se muestra exigente y justiciera con el gobierno y con el ministro de Transportes y pide la dimisión no solo del ministro, también del presidente del Gobierno antes de que concluya la investigación. Pero no pide en un año la dimisión de Mazón ni la de Feijóo por una irresponsabilidad indiscutible que costó 230 muertos

Ella, que lleva a sus espaldas la friolera de 7291 ancianos fallecidos en las residencias de la comunidad de Madrid, después de aprobar los protocolos de la vergüenza y de recibir la ayuda indecente de jueces que no mueven un dedo para investigar lo sucedido, dice de forma miserable que esos ancianos iban a morir más bien pronto que tarde. Hay que tener cuajo para referirse a los familiares de las víctimas como «plataforma de frustrados». Ella no dimite.

El don de desmantelar lo público en beneficio del negocio privado: recorta el presupuesto de las Universidades públicas y mima a las privadas. Tiene a los hospitales y centros de salud públicos desasistidos y protege a quienes hacen de la salud de los ciudadanos un negocio. El caso de los dirigentes del Hospital de Torrejón lo ha dejado muy clarito: lo primero es el dinero y lo segundo la salud de los pacientes.

Y cuando se privatiza ya se sabe lo que pasa. ¿Tienes dinero? Tendrás salud, sanidad, seguridad… ¿No lo tienes? Pues te pudres. Los ancianos que tengan seguro privado sí se van a los Hospitales…

El don de meterse donde no la llaman: el presidente del Gobierno y el de la comunidad autónoma andaluza acuerdan hacer un homenaje de Estado a las víctimas de los accidentes ferroviarios de Adamuz, pues ella contraprograma casi a la misma hora una misa en la catedral de la Almudena. En Huelva están los Reyes, tres ministros del gobierno, el presidente de su partido y los familiares de las víctimas. Ella es «la reina» en el funeral de Madrid.

Viene el señor Milei a Madrid, insulta al presidente del gobierno de su país, y ella le impone una medalla porque le da la real gana, sin pensar que en su comunidad hay muchas personas que consideran indeseable al señor de la motosierra.

El don de no saber lo que significa la palabra autocrítica: todo lo que funciona mal en la Comunidad de Madrid es culpa del gobierno central y todo lo que funciona bien es mérito suyo y de su equipo.

Todo lo que ella hace es bienintencionado y lo que hace el gobiernocentral es perverso. El gobierno regulariza a medio millón de inmigrantes y ella dice que es «para alterar el censo electoral». No sabe distinguir la regularización de la nacionalización que es necesaria para votar.

El don de ser despiadada con quienes se meten con ella: Pablo Casado, expresidente de su partido, es el mejor ejemplo. Quiso comprobar si los negocios de su hermano con la comunidad de Madrid eran limpios (un deber elogiable) y fue defenestrado de su cargo y de la política. Fue borrado del mapa. ¿Cómo no temerla?

Cuando su «ciudadano particular» admitió haber cometido dos delitos fiscales (ella, de forma descarada insistió arteramente en que se trataba de una multa) emprendió una guerra contra el fiscal general del Estado por una posible y nunca probada filtración de los datos de su pareja. Y la emprendió contra el fiscal general del Estado que, con la colaboración indispensable de la judicatura y la ayuda y las mentiras de su inefable jefe de gabinete, fue condenado con la inhabilitación para el cargo y con una multa para el pobrecito de su novio que estuvo al borde del exilio o del suicidio.

El don de un inusitado afán de protagonismo:

Ella y solo ella se ausenta de la reunión de presidentes porque el lehendakari Imanol Pradales se expresa en euskera. Ella y solo ella no acude a la cita del presidente del Gobierno, como es su obligación, cuando cita a los presidentes autonómicos en Moncloa.

Ella opina sobre todo y sobre todos. Ninguno de sus colegas presidentes tiene un protagonismo similar. En realidad actúa como si fuera la jefa de la oposición, dedicando sus intervenciones en el parlamento autonómico a ejercer la crítica al Gobierno central.

El don de ponerse del lado de los verdugos, no de las víctimas: lo hemos podido comprobar estos días en el caso de las dos empleadas domésticas que han denunciado al cantante español por abusos sexuales. Dice que la comunidad de Madrid no va a desprestigiar a ningún artista y menos a un cantante tan renombrado. ¿Qué le importa lo que han sufrido las dos mujeres mientras trabajaban para él? ¿Qué le importan las condiciones abusivas, humillantes e ilegales que imponía para su contratación?

Ella está con los de arriba. Está con los empresarios más que con los trabajadores, con los fuertes más que con los débiles, con los poderosos más que con los ciudadanos de a pie. Con los genocidas más que con las víctimas. Por eso se fotografía con el equipo ciclista de Israel. Por eso prohíbe llevar a las escuelas banderas de Palestina.

El don de construir las hipérboles más descabelladas: dice con todo el aplomo que le da su caradura que ETA está a punto de conquistar el País Vasco y Navarra, que el presidente del Gobierno la quiere matar, que lo que pretende el presidente es meter a todos los españoles en la cárcel, que estamos avanzando hacia una dictadura.

La antología de sus exageraciones y disparates no tiene límites. Ahí están sus sesudos eslóganes: «socialismo o libertad», «Madrid es libertad», «Menos impuestos, más libertad»…

El don de creer que tener mayoría absoluta es el signo inequívoco de la bondad de sus políticas y de sus planteamientos: El señor Gil y Gil encadenaba mayorías absolutas en las elecciones al Ayuntamiento de Marbella. Era aclamado por la ciudadanía mientras él la expoliaba. Decía con orgullo: «los números cantan». Escribí un artículo titulado ‘Los números desafinan’.

Hay que analizar cómo se conquistan los votos y hay que pensar también para qué y para quiénes se gobierna. Ahí está la clave.

Termino. No es que se me hayan agotado los dones de doña Isabel, es que se me ha agotado el espacio para seguir añadiendo otros que te dejan asombrado de quién es y cómo es esta mujer y de que alguien deposite en ella su confianza. El Adarve

jueves, 12 de febrero de 2026

Hannah Arendt y el futuro del totalitarismo



Como hace un siglo, nos ha tocado un tiempo en el que el ejercicio de la política se basa cada vez más en la repetición de los errores, los horrores y las coartadas de los imperios

El legado de los académicos, sobre todo los humanistas, es efímero. La mayoría de nuestros escritos —a diferencia, por ejemplo, de los trabajos artísticos— tiene una fecha de caducidad muy corta. Casi todos los más o menos conocidos profesores de hoy serán más temprano que tarde olvidados; nadie los citará y aún menos leerá. Sin embargo, a veces hay pensadores cuyas obras trascienden su tiempo. Este es el caso de la filósofa y ensayista política germano-estadounidense Hannah Arendt (1906-1975), de cuyo fallecimiento se cumplen 50 años este 4 de diciembre.

Aunque no era historiadora, Arendt teorizó con agudeza sobre cuestiones históricas y de su tiempo. Como dijo Tony Judt, a menudo cometió errores en los detalles (de los que, por ejemplo, está repleto su libro de 1963 Eichmann en Jerusalén, empezando por el desafortunado subtítulo de Un estudio acerca de la banalidad del mal), pero acertó en las cuestiones importantes. Su arrojo a la hora de decir lo necesario, aunque resultara inconveniente, fue mítico, como demuestran sus relaciones tortuosas con el movimiento sionista. Ya en 1944, en el panfleto Sionismo reconsiderado, advirtió contra la deriva supremacista de este: ¡ella, que había estado enviando niños a Palestina para salvarlos de un futuro cada vez más oscuro en Europa, y que apenas pudo escapar de las garras de Hitler! Podía ser provocadora y controvertida: sus argumentos en el artículo Reflexiones sobre Little Rock, publicado en 1959, contra la desegregación forzada de las escuelas sureñas, quizás harían las delicias del actual Tribunal Supremo estadounidense; pero solo un necio o un fanático le podrá negar a su pensamiento tanto la sinceridad como la profundidad.

Sin duda, su trabajo más influyente y de más relevancia hoy es Los orígenes del totalitarismo, publicado en 1951 y luego revisado varias veces. Su lectura no resulta fácil. Está, no podía ser de otro modo, muy influenciado por su propia vida, educación (creció en el seno de la burguesía judía ilustrada de Königsberg) y tiempo, incluyendo el exilio primero en Francia y su refugio posterior en Estados Unidos. Y esto se nota ya en el mismo título del libro. Con la Guerra Fría, el término “totalitario” ganó amplia aceptación en el mundo occidental como forma de ligar las prácticas políticas de la recién derrotada dictadura nazi con el entonces amenazante y poderoso régimen soviético. Esta asociación de formas olvidaba convenientemente que fue la cooperación entre conservadores y fascistas la que siempre hizo posible la llegada al poder de las dictaduras “totalitarias” de derecha, al igual que la labor de estas en apuntalar al malherido capitalismo de los años veinte y treinta.

Sin embargo, no fue una típica anticomunista de posguerra. A diferencia de quienes se llenaban la boca al hablar de libertad, pero luego justificaban sin pudor los horrores de las dictaduras amigas, era una firme defensora de los derechos humanos, sin importarle de dónde viniese el ataque a los mismos. Ahí fue, otra vez, tajante, y no hizo excepciones cuando escribió que “el primer paso fundamental en el camino a la dominación total es matar a la personalidad jurídica del hombre”. Es una frase acuñada con nazis y estalinistas en la mente, pero muy válida hoy, cuando se detiene, enjaula y deporta a agujeros de dolor y olvido a seres humanos a veces solo por ser inmigrantes sin permiso de residencia. ¿Pensó ella alguna vez que lo que estaba denunciado iba a suceder en sus admirados Estados Unidos? Parece poco probable. Todos tenemos derecho a una cierta inocencia.

Arendt no se limitó a denunciar el totalitarismo. Al estudiar sus raíces, recordó como en su momento las élites ilustradas del siglo XVIII abrazaron el antisemitismo, pues veían a los judíos como elementos atávicos y bárbaros que impedían el desarrollo de la sociedad moderna. Sería interesante saber qué pensaría ella de quienes en nuestro tiempo acusan a los musulmanes que viven entre nosotros precisamente de lo mismo. Su crítica al liberalismo tampoco paró ahí: en Los orígenes atacó la autosatisfacción del entonces llamado Mundo Libre de la posguerra. Hoy recordamos 1945 como la fecha de la liberación de los campos de concentración, pero a menudo nos olvidamos de que, como Arendt denunció, en ese mismo año centenares de millones de personas vivían aún sin derechos políticos y sociales bajo el yugo colonial de las democracias occidentales. También podía haber condenado el colonialismo con argumentos ya manidos, pero fue mucho más allá. Según ella, ni la Shoah ni las demás atrocidades de la Segunda Guerra Mundial podían ser separadas de las ideas racistas y las prácticas imperiales previas del hombre blanco y su supuesto mundo civilizado. La muerte y la subyugación —y la justificación de ambas— que Occidente llevó a sus colonias volvieron luego a azotar a la misma Europa que las había engendrado.

Arendt vivió en su juventud crisis económicas, inseguridades políticas y culturales, un racismo creciente y la irrupción de la radio, el cine sonoro y las técnicas de propaganda modernas que permitieron a los fascistas seducir a amplios sectores de la sociedad con sus discursos tan en apariencia modernos como llenos de odio. Las voces de la sinrazón, disfrazadas de amigos del pueblo, azuzaron y ensalzaron al hombrecito resentido que todos tenemos dentro; al que ofrecieron chivos expiatorios para evitar afrontar de verdad problemas complejos, al tiempo que despreciaban el conocimiento y a los expertos, estos siempre, entonces decían, demasiado humanos y respetuosos con las formas y los principios, y, por lo tanto, ineficaces. Ese fue su paradigma. Cuestión más ardua es determinar cuáles serán nuestras respuestas al nuestro. Pues, por mucho que sepamos del pasado, no encontraremos en los libros de historia, ni de Arendt ni de nadie, las soluciones sobre el presente, ya que, como mucho, aquellos nos enseñarán más sobre qué evitar que sobre qué hacer.

Como ocurrió hace un siglo, nos ha tocado un tiempo en el que el ejercicio de la política, en vez de estar enfocado a confrontar los grandes retos de la humanidad, se basa cada vez más en la mentira descarada, la manipulación de los sentimientos de la población, el blanqueo de la historia y la repetición de los errores, los horrores y las coartadas de los imperios. Todo esto ha sido fomentado tanto por la eclosión de las redes sociales, que están controladas por unas élites que han dejado de creer en la libertad y la igualdad, como por la sumisión a los intereses de estas de unas masas desorientadas dispuestas a echarse en manos de demagogos: líderes del mal; embusteros; hombres que hablan de paz mientras lanzan odios y guerras; dirigentes mendaces y crueles de revoluciones que llaman patrióticas. Fue un peligro sobre el que Arendt ya avisó: “Mientras que el pueblo en las grandes revoluciones lucha por su auténtica representación política, la turba siempre vitoreará al hombre fuerte, al gran líder”. Aquí los tenemos, de nuevo, a las turbas y sus patéticos hombres providenciales endiosados.

Todos deberíamos saber las decenas de millones de muertos que costó la liberación de las dictaduras. Y, por eso mismo, recordar también por qué la búsqueda de la verdad y la defensa de la democracia siguen siendo tan necesarias hoy para nosotros como lo fueron para Hannah Arendt.

Antonio Cazorla Sánchez es catedrático de Historia Contemporánea de Europa en la Universidad Trent (Ontario, Canadá)

Los mensajes ocultos en "La muerte de Marat", una de las escenas del crimen más famosas de la historia del arte

Personas apreciando el cuadro La muerte de Marat

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,"La muerte de Marat", de Jacques-Louis David, es una imagen engañosamente simple de un asesinato real.

El gran arte nos hace mirar y luego volver a mirar. Tomemos como ejemplo "La muerte de Marat" (1793), de Jacques-Louis David, quizás la representación pictórica de una escena del crimen más famosa de los últimos 250 años.

A primera vista, la representación del cuerpo sin vida del revolucionario francés Jean-Paul Marat, apuñalado en su bañera el 13 de julio de 1793, no podría ser más simple.

El periodista asesinado, que había abogado por la ejecución del rey Luis XVI, se desploma hacia nosotros. Su cuerpo está enmarcado por un vasto vacío que se extiende sobre él.

Sin embargo, si observamos con atención, la icónica pintura de David comienza a revelar un inquietante rompecabezas de detalles dobles en la mitad inferior del lienzo: dos plumas, dos fechas, dos cartas, dos mujeres ausentes, dos cajas, dos firmas, dos cadáveres.

La cacofonía de pistas contradictorias nos atrapa, haciendo que pasemos de observadores pasivos de una simple instantánea de la historia a convertirnos en detectives forenses inmersos en la resolución de un misterio más profundo, uno en el que se sospecha que el propio artista manipuló las pruebas.

En cada rincón de "La muerte de Marat", una de las obras maestras de la importante exposición de David en el Louvre de París, se aprecia la doble intención del artista: crear, a la vez, una elegía íntima y personal en memoria de un amigo asesinado, con quien compartía ideas políticas radicales, y una potente pieza de propaganda pública.

En manos de David, Marat es mucho más que un simple periodista jacobino al que una francesa, Charlotte Corday, apuñaló en el pecho con un cuchillo de cocina, convencida de que él estaba envenenando el debate público.

Marat aquí es glorificado, como un segundo Cristo.

La muerte de Marat: una pintura en la que se ve un hombre muerto en una bañera, con una herida en el torso que sangra sobre una sábana blanca. Tiene en su mano una carta escrita, y manchada con sangre, en la otra sostiene una pluma. A su lado hay una caja de madera con la inscripción A. Marat.

Fuente de la imagen,Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)/J Geleyns


Pie de foto,
La obra de David forma parte de una importante exposición en el Louvre de París que estará hasta el 26 de enero de 2026. 

El retrato de David exalta a Marat, quien pasa de ser una persona enfermiza, que requería largos baños medicinales para aliviar una enfermedad cutánea crónica, a un transformarse en un mesías secular sacrificado.

Para amplificar esa elevación de mortal inválido a mártir místico, David entreteje su pintura con símbolos descifrables y ecos de la historia del arte que mantienen nuestra mirada fija en el mito que teje ante nosotros.

Tan implicado está el artista en la coreografía de la escena, que resulta fácil comprender cómo Sébastien Allard, comisario de la exposición del Louvre, pudo llegar a la conclusión en su ensayo para el catálogo de que "el monumento que David erige a Marat es también un monumento que construye para sí mismo… Marat actúa con su pluma y el pintor, con sus pinceles".

Las dos manos 

Nuestra mirada se divide en dos direcciones, intentando seguir los curiosos y contradictorios movimientos de las manos moribundas del hombre.

En la mano derecha de Marat encontramos la pluma con la que escribía cuando fue apuñalado con el cuchillo de mango de nácar que yace a escasos centímetros.

Con los nudillos apoyados en el suelo, esa mano cuelga inerte, evocando los brazos caídos de Cristo tanto en la monumental escultura de mármol de Miguel Ángel, "La Piedad", como en el conmovedor cuadro de Caravaggio "El Entierro de Cristo".

Mientras tanto, la mano izquierda de Marat, rígida por el rigor mortis, sostiene una carta manchada de sangre, sugiriendo un foco de atención completamente distinto.

Una mano se aferra a la vida, la otra sucumbe a la muerte.

Entre estos dos gestos divergentes, el espíritu de la pintura oscila eternamente entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Las dos plumas

Un acercamiento a la mano del hombre muerto en la bañera en la que sostiene la pluma.

Fuene de la imagen,Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)/J Geleyns

Pie de foto,

En su mano derecha, una pluma; en la izquierda, una carta. Hay otra pluma junto al tintero.

A la tensión entre el flujo inquieto y la sombría quietud de las manos contradictorias de Marat se suma la decisión, aparentemente redundante, de David de insertar en la escena despojada no una, sino dos plumas entintadas.

Entre los dedos inertes de su mano derecha, Marat sujeta una pluma de escribir, aún húmeda de tinta.

Siguiendo su trayectoria desde el suelo, más allá del penacho blanco, hasta la caja volcada que Marat usaba como escritorio, descubrimos una segunda pluma junto al tintero agachado.

La punta oscura de esta pluma apunta amenazadoramente hacia la herida de arma blanca fatal y plantea una pregunta incisiva: ¿fue un cuchillo o las palabras lo que mató a Marat? En tiempos de política acalorada, nunca está claro qué es más poderoso, si la pluma o la espada.

Como veremos, en la pintura de David, la pluma y la espada son, en sí mismas, dobles. Se afilan mutuamente.

Las dos cartas

Una vez detectada, la duplicación de la evidencia en la pintura se multiplica repentinamente.

En el centro del lienzo, encontramos no una, sino dos cartas, cada una escrita por una mano diferente.

Entre estos dos documentos se desarrolla toda la trama de la pintura.

La nota que Marat sostiene en su mano izquierda está colocada por el artista de tal manera que podemos leer fácilmente la manera en la que Corday engatusó a Marat sin que éste lo supiera para que la invitara a entrar y así aprovecharse de su naturaleza benevolente.

"Basta con que yo sea muy infeliz", suplica Corday con hipocresía en su carta, "para tener derecho a tu amabilidad".

El mensaje es claro: fue la bondad de Marat lo que lo mató.


Un acercamiento a la mano del hombre muerto en la que sostiene una carta ensangrentada. En el cubo de madera que está al lado, se ve otra carta.

Fuente de la imagen,Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)/J Geleyns

 

Pie de foto
Entre los documentos está escrita la trama del cuadro.

Justo debajo de la carta de Corday, al borde de la caja, se encuentra otra misiva escrita por el propio Marat: el documento que, al parecer, estaba redactando cuando ella se declaró en huelga.

Esta nota está sujeta por un asignado (o moneda revolucionaria), considerado por los estudiosos como la primera representación de papel moneda en el arte occidental.

En su carta, Marat promete desinteresadamente cinco libras a una amiga de la Revolución que sufre: "Esa madre de cinco hijos cuyo esposo murió en defensa de la patria".

Incluso en la muerte, se nos dice, Marat sigue siendo generoso.

Las dos mujeres

Las dos cartas no solo trazan los ejes del engaño y la mentira, la bondad y la redención, sobre los que se desarrolla la historia del cuadro.

Las dos cartas evocan fantasmas: dos, para ser exactos.

El primero es el de Corday, la intrigante asesina que se coló en casa de Marat con un largo cuchillo oculto bajo su chal.

El segundo, también invisible, es el de la viuda afligida a quien Marat deseaba ayudar, cuyo esposo murió luchando por la República.

El enfrentamiento entre fuerzas femeninas, una que personifica el bien y la otra el mal, tiene una larga tradición en la historia del arte.

Durante siglos, los artistas han representado la lucha entre la santidad y el pecado como una amarga contienda entre mujeres fuertes.

La famosa "Alegoría de la Virtud y el Vicio" del artista renacentista Paolo Veronese, de alrededor de 1565, muestra a una mujer que invita a Hércules al honor, mientras que otra, con un largo cuchillo oculto a la espalda, lo tienta hacia el placer.

David actualiza la alegoría para la era de la Revolución. En "La muerte de Marat", lo que está en juego es el alma de una nación.

Una pintura en la que un hombre con una chaqueta blanca se abalanza a proteger a una mujer con vestido verde, mientras otra mujer, con vestido rojo y azul se acerca a la pareja.

Una pintura en la que un hombre con una chaqueta blanca se abalanza a proteger a una mujer con vestido verde, mientras otra mujer, con vestido rojo y azul se acerca a la pareja.

Fuente de la imagen,Alamy



Pie de foto,
El enfrentamiento entre las fuerzas femeninas en la obra de David recuerda a la "Alegoría de la Virtud y el Vicio".

Las dos firmas

Cada cuadro termina con una firma: ese toque final con el que el artista da su consentimiento a la historia que ha contado.

"La muerte de Marat tiene dos", lo que garantiza que la obra nunca esté completa, sino que se trata de un desconcertante caso sin resolver que siempre nos intrigará.

Una, garabateada de lado en el centro del lienzo, pertenece a Corday y es una falsificación de David al recrear la carta que ella le escribió a Marat.

En otro lugar, cerca del borde inferior del cuadro y aparentemente cincelada en la caja de madera como si hubiera sido tallada en piedra, se encuentra la firma del propio artista, dedicando formalmente la obra a su amigo asesinado, cuyo nombre magnifica más allá de la escala del suyo: "Para Marat, David".

Al grabar su nombre en la propia estructura de la obra, David se inserta en la escena del crimen.

Una vez más, evoca la historia del arte. En el único cuadro que Caravaggio firmó, hizo lo mismo.

En la parte inferior de su colosal lienzo "La decapitación de San Juan Bautista", Caravaggio reúne las sílabas de su nombre, "f. Michelang.o", a partir de un charco de sangre que brota del cuello cercenado del sacerdote.

Es un gesto sombrío que parece asumir cierta responsabilidad por el asesinato. Al recordar la firma autoinculpatoria de Caravaggio, David no confiesa el asesinato de Marat, sino que declara su adhesión a su agenda política.

Afirma: "Ahora todos somos Marat".

Un cuadro de Caravaggio en el que se ve la decapitación de San Juan Bautista, una mujer está mirando con las manos en la cara, otra mujer prepara una bandeja y un hombre las acompaña. Al fondo se ve a un preso presenciando la escena desde la ventana de su celda.

Fuente de la imagen,

 

Pie de foto,
La obra de David también recuerda a Caravaggio, quien escribió "f. Michelang.o" al pie de "La decapitación de San Juan Bautista".

Las dos fechas

Si observas con atención debajo de la firma de David, verás una lucha silenciosa no solo entre dos fechas distintas, sino entre dos concepciones opuestas del tiempo.

Bajo su nombre, David ha cincelado "L'an deux", que denota el segundo año del Calendario Revolucionario, que comenzó en 1792, año de la fundación de la República.

Esa fecha nítida y legible se sitúa entre los dígitos, separados y parcialmente borrados, de la calibración del calendario cristiano para el año de creación de la obra: "1793".

En las dos esquinas inferiores del recuadro, David ha insertado y borrado "17" y "93", lo que indica una abolición total del tiempo cristiano en favor de las medidas revolucionarias.

Una vez más, Marat podría estar haciendo una sutil alusión en su curiosa fusión de sistemas de tiempo contrapuestos.

Al igual que Caravaggio, Botticelli también firmó un solo cuadro, "Natividad mística", en el que inserta una inscripción enigmática que yuxtapone el calendario cristiano con otro sincronizado con el Libro del Apocalipsis: "Este cuadro, a finales del año 1500, en medio de las convulsiones de Italia, yo, Alessandro, lo pinté en el tiempo transcurrido, según el capítulo 11 de San Juan, en la segunda penuria del Apocalipsis…".

En "La muerte de Marat", David invoca a Botticelli y a la vez lo supera, pues las prioridades de la revelación son usurpadas por las de la revolución.

¿Qué significa, en definitiva, toda esta dualidad en la famosa pintura de David, una obra que, al fusionar pasión y principio, redefiniría la textura e intensidad de la pintura histórica e influiría en obras que van desde "La balsa de la Medusa" de Delacroix hasta el "Guernica" de Picasso?

Al refractar implacablemente las pruebas halladas en la escena del crimen de Marat a través del denso prisma de su imaginación, David proyecta un doble retrato.

Ante nuestros ojos, el artista transforma el asesinato en mito, mientras que el cuerpo físico del polemista asesinado se alquimiza en una segunda figura mística que sentimos más que vemos.

La inquietante presencia de Marat, perturbó la imaginación del poeta francés Baudelaire, quien observó sobre la pintura: "En el aire frío de esta habitación, sobre estas frías paredes, alrededor de esta fría y lúgubre bañera, un alma se cierne".

Esta es una adaptación al español de una historia publicada por BBC Culture. Si quieres leer la versión original, en inglés, haz clic aquí. 

miércoles, 11 de febrero de 2026

Omelet Mousseline de puerros


Omelet Mousseline
Francesco Tonelli for The


Esta tortilla es más esponjosa y ligera que la clásica. Utiliza la técnica de Auguste Escoffier: batir las claras de huevo e incorporar las yemas con movimientos envolventes. Un poco de nata para montar enriquece la tortilla, lo que la convierte en una excelente opción para una última capa de azúcar glas o un relleno de mermelada. Servida dulce o salada, es un plato etéreo que se deshace en la boca.



Ingredientes
Rinde:
1 porción
3 huevos grandes, claras y yemas separadas
1 cucharada de crema para batir
Una pizca grande de sal marina fina, al gusto
Pimienta negra recién molida, al gusto
1 cucharada de mantequilla sin sal

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Información nutricional
Preparación
Paso 1
Con una batidora eléctrica, bata las claras de huevo hasta que formen picos firmes. Mientras tanto, en un tazón grande, bata las yemas con la crema para batir, la sal y la pimienta. Incorpore ¼ de las claras a punto de nieve a las yemas. Incorpore suavemente las claras restantes en dos partes.

Paso 2
Coloque una sartén de 20 a 23 cm (preferiblemente antiadherente o, si no, de acero al carbono bien curado) a fuego alto. Derrita la mantequilla hasta que deje de burbujear.

Paso 3
Vierta la mezcla de huevo y reduzca el fuego a medio. Con una espátula, extienda la mezcla de huevo para cubrir toda la sartén y cocine hasta que cuaje en el fondo. Esto toma solo unos segundos. Use una espátula para doblar el huevo sobre sí mismo en tres partes. Incline la sartén y un plato para servir juntos, y voltee la tortilla sobre el plato.

Ramp Omelet

Ahora mismo, mi combinación favorita es la de puerros y huevos, una combinación especialmente satisfactoria. Con un poco de mantequilla, los puerros dan lugar a unos huevos revueltos estelares y, sin mucho más esfuerzo, a una espectacular tortilla de queso.

Ingredientes
Rinde:
2 porciones
4 huevos grandes
Sal y pimienta
2 cucharadas de mantequilla
½ taza de puerros picados
1 onza de queso Gruyère rallado

Preparación

Paso 1. 
Romper los huevos sazonar con sal y pimienta y batir  

Paso 2
Calentar una sartén para omelette a fuego medio y añadir la mantequilla. Cuando empiece a chisporrotear, añadir los puerros y cocinar durante unos 30 segundos, hasta que se ablanden. Verter los huevos y remover para incorporar los puerros. A medida que los huevos empiecen a cuajar, incline la sartén y levante los bordes del omelette para que los huevos crudos se asienten en el fondo. Cocine durante un minuto como máximo y luego espolvoree el queso sobre los huevos.

Paso 3
Con una espátula, doble el omelette en tres partes. Colóquelo en una fuente con la costura hacia abajo. Sirva inmediatamente.

Mi boeuf bourguignon clásico francés, buey al vino.

Beef Bourguignon
Christopher Testani for The New York Times
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Mi boeuf bourguignon clásico 

Al igual que el coq au vin, su plato hermano de la región francesa de Borgoña, el boeuf bourguignon es un guiso de carne cocinado a fuego lento en un vino tinto intenso, acompañado de cebollas perla, champiñones y tocino crujiente en cubos. Use un buen vino, algo sencillo pero fácil de beber. Marca la diferencia en el resultado final. Como todos los guisos de carne, es mejor prepararlo con uno o dos días de antelación; no saltee los champiñones ni las cebollas hasta justo antes de servir. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar. 


Rinde: 4 a 6 porciones 
1.4 kg de carne de res deshuesada para guisar, cortada en cubos de 5 cm y secada con papel absorbente 
2¼ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida 
140 g de lardones, panceta o tocino, en cubos (aprox. 30 ml) 
1 cebolla, finamente picada 
1 zanahoria grande, en rodajas 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
2 cucharadas de harina para todo uso 
1 botella de vino tinto de 1750 ml 
1 hoja de laurel grande 
1 ramita grande de tomillo 
225 g de cebollas perla, peladas (aprox. 12 a 15 cebollas) 
225 g de champiñones cremini, cortados por la mitad si son grandes (aprox. 110 ml) 
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra 
Una pizca de azúcar 
Perejil de hoja plana picado, para decorar 

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Información nutricional 

Preparación 

Prepara la receta con nosotros 

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Paso 1 
Sazona la carne con 2 cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. Deja reposar al menos 30 minutos a temperatura ambiente o refrigera hasta por 24 horas. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocina los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, aproximadamente de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transfiere la carne a un plato forrado con papel absorbente. Reserva la grasa en la olla. 

Paso 3 
Precalienta el horno a 175 °C. Sube el fuego a medio-alto y cocina hasta que la grasa empiece a humear. Coloca la mitad de los cubos de carne en una sola capa en la olla, dejando espacio entre los trozos. Cocina hasta que estén bien dorados por todos lados, de 10 a 15 minutos; transfiere los trozos a un plato a medida que se doren. Repita con el resto de la carne. 

Paso 4 
Reduzca el fuego, si es necesario, para evitar que se queme. Incorpore la cebolla, la zanahoria y el ¼ de cucharadita de sal restante y cocine hasta que estén blandas, unos 10 minutos, revolviendo ocasionalmente. 

Paso 5 
Incorpore el ajo y la pasta de tomate y cocine durante 1 minuto. Incorpore la harina, cocine durante 1 minuto y luego agregue el vino, la hoja de laurel y el tomillo, raspando los restos dorados del fondo de la olla. Vuelva a colocar la carne dorada y la mitad de los lardones cocidos en la olla, tape y transfiera al horno. Cocine hasta que la carne esté muy tierna, aproximadamente una hora y media, volteando la carne a la mitad de la cocción. 

Paso 6 
Mientras tanto, en una sartén grande a fuego alto, combine las cebollas perla, los champiñones, ¼ de taza de agua, el aceite de oliva y una pizca de sal, pimienta y azúcar. Deje hervir a fuego lento, luego tape y reduzca el fuego a medio, cocinando durante 15 minutos. Destape, suba el fuego a alto y cocine, revolviendo con frecuencia, hasta que las verduras estén bien doradas, de 5 a 7 minutos. 

Paso 7 
Para servir, esparza la cebolla, los champiñones y el resto de los tocinos cocidos sobre el guiso y espolvoree con perejil.

Coq au vin, pollo al vino, clásico francés

Coq au Vin
Christopher Testani for The New York Times. Food Stylist: Simon Andrews.
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2½ hours, plus marinating
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El coq au vin es un guiso francés clásico en el que el pollo se cocina lentamente en vino tinto y un poco de brandy para obtener una salsa exquisita, llena de carne tierna, crujientes trocitos de tocino, champiñones y cebollitas de perla. Las recetas tradicionales requieren un pollo entero troceado, pero usar solo carne oscura da como resultado un plato especialmente suculento sin el riesgo de que la carne blanca se cocine demasiado. Sin embargo, si prefiere sustituirlo por un ave entera troceada, simplemente añada las pechugas en los últimos 30 minutos de cocción a fuego lento. Si prefiere omitir los crutones como guarnición, puede hacerlo, pero aportan un delicioso toque crujiente y mantecoso junto con la carne y las verduras tiernas y cocidas a fuego lento. Esta receta forma parte de "Los nuevos imprescindibles de la cocina francesa", una guía de platos imprescindibles que todo cocinero moderno debería dominar.

Ingredientes

Rinde: 4 porciones 

1,4 kg de muslos y contramuslos de pollo 
2½ cucharaditas de sal kosher, más al gusto 
½ cucharadita de pimienta negra recién molida, más al gusto 
3 tazas de vino tinto fuerte, preferiblemente de Borgoña 
1 hoja de laurel 
1 cucharadita de hojas de tomillo fresco picadas 
113 g de lardones, panceta o tocino, cortados en cubos de 6 mm (aproximadamente 1 taza) 
3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, más al gusto 
1 cebolla grande, cortada en cubos 
1 zanahoria grande, pelada y cortada en cubos 
225 g de champiñones blancos o marrones, cortados por la mitad si son grandes, y luego en rodajas (aproximadamente 4 tazas) 
2 dientes de ajo, picados 
1 cucharadita de pasta de tomate 
1 cucharada de harina común 
2 cucharadas de brandy 
3 cucharadas de mantequilla sin sal 
225 g de cebollas perla peladas (aproximadamente de 12 a 15 cebollas) 
Una pizca Azúcar 
2 rebanadas de pan blanco, cortadas en triángulos, sin corteza 
¼ taza de perejil picado, más para servir 

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Guía de sustitución de ingredientes 


Preparación 

Paso 1 
Sazonar el pollo con 2¼ cucharaditas de sal y ½ cucharadita de pimienta. 
En un tazón grande, mezclar el pollo, el vino, la hoja de laurel y el tomillo. Tapar y refrigerar durante al menos 2 horas o, mejor aún, toda la noche. 

Paso 2 
En una olla grande de hierro fundido o una olla de fondo grueso con tapa hermética, cocinar los lardones a fuego medio-bajo hasta que la grasa se haya derretido y los lardones estén dorados y crujientes, de 10 a 15 minutos. Con una espumadera, transferir los lardones a un plato forrado con papel absorbente, dejando la grasa derretida en la olla. 

Paso 3 
Retirar el pollo del vino y reservar la marinada. Secar bien los trozos de pollo con papel absorbente. Calienta la grasa de lardón a fuego medio hasta que esté a punto de humear. Si es necesario, añade el pollo en una sola capa y cocina hasta que esté bien dorado, de 3 a 5 minutos por lado. (Añade aceite si la olla se ve un poco seca). Pasa el pollo a un plato mientras se dora. 

Paso 4 
Añade la cebolla picada, la zanahoria, la mitad de los champiñones y el ¼ de cucharadita de sal restante a la olla. Cocina hasta que las verduras estén ligeramente doradas, unos 8 minutos, removiendo los restos dorados de la olla y ajustando el fuego si es necesario para evitar que se quemen. 

Paso 5 
Incorpora el ajo y la pasta de tomate y cocina durante 1 minuto. Luego, incorpora la harina y cocina durante un minuto más. Retira del fuego, aparta las verduras a un lado de la olla, vierte el brandy en el lado vacío y enciéndelo con una cerilla. (Si te da miedo encenderlo, simplemente reduce el brandy durante 1 minuto). Una vez que se apague el fuego, agrega la marinada reservada, deja que hierva y reduce el fuego a la mitad (a 1½ tazas), aproximadamente 12 minutos. Retira la espuma que se forme en la superficie. 

Paso 6 
Agrega el pollo, los jugos acumulados y la mitad de los tocinos cocidos a la olla. Tapa y cocina a fuego lento durante 1 hora, dándoles la vuelta a la mitad. Destapa la olla y cocina a fuego lento durante 15 minutos para que espese. Prueba y agrega sal y pi   mienta, si es necesario. 

Paso 7 
Mientras tanto, derrite 1 cucharada de mantequilla y 2 cucharadas de aceite en una sartén antiadherente o grande a fuego medio-alto. Agrega las cebollas perla, una pizca de azúcar y sal al gusto. Tapa, reduce el fuego a bajo y cocina durante 15 minutos, moviendo la sartén con frecuencia para que las cebollas se muevan. Destapa, aparta las cebollas a un lado de la sartén, agrega los champiñones restantes y sube el fuego a medio-alto. Continúe cocinando hasta que se doren, removiendo los champiñones con frecuencia y removiendo la cebolla con cuidado de vez en cuando, de 5 a 8 minutos. Retire la cebolla y los champiñones de la sartén y séquela bien. 

Paso 8 
En la misma sartén, derrita 2 cucharadas de mantequilla y 1 cucharada de aceite a fuego medio hasta que burbujee. Agregue el pan y tuéstelo por todos lados hasta que esté dorado, aproximadamente 2 minutos por lado. (Ajuste el fuego si es necesario para evitar que se queme). Retire de la sartén y espolvoree con sal. 

Paso 9 
Para servir, sumerja los crutones en la salsa de vino y luego cúbralos con perejil. Agregue las cebollas perla, los champiñones y la mitad restante de los lardones cocidos a la olla. Rocíe con la salsa de vino, espolvoree con perejil y sirva con los crutones por encima.