Mostrando entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta palabras. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de septiembre de 2019

Lo que Unamuno nunca le dijo a Millán Astray

Unamuno, con barba, saliendo del Paraninfo de la Universidad de Salamanca tras el enfrentamiento con Millán Astray, el 12 de octubre de 1936.


“Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho”. Según la historia que varias generaciones de españoles han aprendido, así terminó Miguel de Unamuno su interpelación al general José Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Así se redimió el intelectual vasco de su apoyo a los golpistas, y así se convirtió en símbolo de la democracia contra la dictadura, la civilización contra la barbarie y el bien contra el mal. Cómo no emocionarse ante el sabio anciano encarándose contra la bestialidad del general mutilado. Sus palabras son parte de la mitología española, un evangelio de valentía cívica ante el que solo cabe aplaudir con reverencia.

MÁS INFORMACIÓN

Del Unamuno enamorado a la desazón del 98
Unamuno y la teología de la eterna inquietud

Tal vez los más perspicaces han supuesto siempre que aquel discurso estaba embellecido y retocado para la posteridad. Ha habido biógrafos de Unamuno, como el matrimonio Rabaté, Colette y Jean-Claude, autores de una monografía monumental y canónica, que ya señalaron que el relato de los sucesos del paraninfo se tomaba “muchas libertades” y obedecía “a una voluntad de dramatizar los hechos con todos los ingredientes indispensables para su teatralización”. Los Rabaté identificaron al autor de esta versión popular, quitándole mucho crédito. Ahora, el historiador Severiano Delgado, bibliotecario de la Universidad de Salamanca, ha reconstruido paso a paso cómo se formó esta leyenda y ha dibujado una escena plausible de lo que realmente pudo suceder aquella mañana, basándose en los testimonios de quienes lo presenciaron.

Es imposible reconstruir las palabras de Unamuno porque, aunque el acto se retransmitió por la radio, el rector habló sin micrófono y no se registró su intervención, pero Delgado cree que se pueden acotar los temas que abordó y el tono en que los expuso a partir de tres testimonios presenciales publicados: el de Eugenio Vegas Latapié, dirigente de Renovación Española; el de José Pérez-López Villamil, psiquiatra de Millán Astray, y el de Esteban Madruga, vicerrector (este último, recogido por Emilio Salcedo, el primer biógrafo de Unamuno). Todos se alejan del relato inventado de Luis Portillo.

Estos testimonios permiten a Delgado afirmar que ni Millán Astray gritó “¡muera la inteligencia!” ni Unamuno le interpeló con prosodia y dignidad: “Fue un acto brutalmente banal, donde se dieron cuatro voces y se despidieron a la salida, un tumulto habitual en discursos y charlas de los años treinta, donde la gente se exaltaba con facilidad. Se ha exagerado muchísimo el dramatismo de lo que sucedió allí”, cuenta. Una posible prueba de que Unamuno no lo vivió como algo trascendente fue que, al terminar, siguió su rutina diaria y apareció por el casino para tomar café después de comer, como siempre. “Allí, algunos contertulios le insultaron y abuchearon —relata el historiador—, produciéndose una situación muy tirante, hasta que su hijo Rafael, avisado telefónicamente por alguien, se presentó en el casino para proteger a su padre y llevarlo a casa. En esos momentos es cuando, probablemente, Unamuno se dio cuenta de que el incidente del paraninfo había tenido más repercusión de la que él pensaba”.

“MUERA LA INTELECTUALIDAD TRAIDORA”

Basándose en los pocos testigos del acto que escribieron su testimonio, Severiano Delgado ha reconstruido aquel 12 de octubre de 1936. Fue una mención de Unamuno a José Rizal, héroe de la independencia de Filipinas, lo que provocó la ira de Millán Astray, que era veterano de aquella guerra y no soportaba que se citase como ejemplo de hispanidad a quien consideraba un enemigo. “¡Muera la intelectualidad traidora!” fue lo que gritó, según Delgado, a lo que siguió un tumulto de voces entre las que destacó la del profesor Ramón Bermejo, que dijo: “Aquí estamos en la casa de la inteligencia”. Millán Astray zanjó el barullo ordenando a Unamuno que acompañara a la mujer de Franco, Carmen Polo, a la salida. No hubo réplica ni solemnidad, tampoco armas encañonando al rector. La reunión se disolvió entre gritos y fanfarronadas.

https://elpais.com/cultura/2018/05/07/actualidad/1525711624_377047.html?rel=lom

martes, 19 de febrero de 2019

PALABRAS PARA TEJERSE.

Maruja Torres PALABRAS PARA TEJERSE.

Nos recordaba Santos Juliá en este periódico, hace un par de domingos, a Larra: por desgracia, hoy tan oportuno como en su época, cuando en su opúsculo magistral Dios nos asista, don Mariano (el bueno) José se refería a las fuerzas políticas alternativamente imperantes en la España de entonces: “Tejedores: tejer y destejer. Nadie vende su tela y nadie hace tela nueva” Andaba yo estos días con la indignación crecida y la confianza bajo mínimos, y leer a Juliá, que citaba también a Juan Valera, colocó delante de mi un espejo nada deformante de la realidad, tan exacto que ponía los pelos de punta. Venían estas jornadas mía de desánimo –compartidas por mis amigos de las redes sociales- de la caverna jurídica que ha alumbrado la condena a Garzón- digan lo que digan los equidistantes arrepentidos de de su radicalismo de antaño-; del reciente parto gubernamental de esa criatura innoble llamada reforma laboral, difícilmente no interpretable como un castigo a una clase social entera, la de los trabajadores; venían del renovado sadismo de las agencias de calificación, de la codicia de los mercados, del dolor que provoca la insoportable tragedia griega. Venían de las vejaciones aplicadas al cuerpo médico de la sanidad pública, de la mofa que suponen esos pacientes de pago operados en instalaciones pagadas por todos, de las escabechinas perpetradas en colegios públicos, del morro de las escuelas concertadas que se han pedido bacalao y pescado para Cuaresma. Venían de todo lo que ustedes saben y de más.

VENÍAN DE ESTE PASMO NUESTRO PARA REACCIONAR. Cuando miro a Grecia y la veo en la calle, puedo afirmar que no es eso lo que quiero para mi país. No quiero que la ira desemboque en vandalismo, pero puedo comprenderla porque el vandalismo y la violencia de guante blanco que Gobiernos y banqueros ejercen sobre los ciudadanos resultan tan insultantes, tan devastadores, tan desproporcionados y sin respuesta por parte de ninguna entidad civilizada que lo único que le quede a la gente es salir a la calle y protestar. Y la protesta, cuando sale de tan adentro, nunca puede medirse.

No así los pasos que se han ido dando para saturnizar las relaciones entre los poderosos y su mano de obra. No basta con que les salga barata; necesitan tenerla arrodillada. Lo repito siempre, que la lucha de clases sigue en pie, pero desde hace años –desde que cayó el Muro- en su versión repulsiva; la clase de más arriba contra todas las demás.

Pues habría seguido yo así, con el pecho de plomo, de no haber sido porque en una de las noches del fin de semana previo al artículo de Santos Juliá, durante un feliz insomnio, me encontré en Radio Barcelona con la última entrevista que Rosa Badía realizó, en su programa Tot és comedia, a la catedrática de Ética y Filosofía Política Adela Cortina. Les recomiendo que busquen el post, en www.cadenaser.com, escribiendo el nombre de la entrevistada. Vale la pena por el contenido, por supuesto, y vale la pena por el tono.

APARTE DE LA PLACIDEZ profesional que siempre me produce comprobar el buen pulso periodístico de Rosa y su deliberado alejamiento de los alaridos propios de esa época, encontrar la voz de esa catedrática –más o menos de mi generación: qué gran madurez, la suya – supuso una especie de relativización importante, de esas que tan poco le gustan al Papa. Es decir, pese a referirse a temas tan amplios como la perdida de valores generalizada, la desconfianza de los ciudadanos en su clase política y económica, y el individualismo feroz en que vivimos, pese a ello, digo, el foco de Cortina se centra en mejorar la sociedad. Y sus reflexiones, aunque realistas, conducen al pensamiento de que, por mucho que nos cueste y por difícil que resulte, podemos hacerlo. Podemos aspirar a cambiarnos y a cambiar la sociedad.

Después de todo, si hay empresas que le encargan –a ella y al instituto que preside- una “auditoría moral”, ¿por qué no puedo creer que podemos contribuir a la creación de un mundo más ético?

Civilización contra barbarie. No es nuevo. Palabra para tejerse y resistir para que no nos destejan.

www.marujatorres.com

martes, 11 de julio de 2017

Belén Gopegui. ¿Qué es más importante: la historia o las palabras que surgen para contarla?

Hay escritores y escritoras que huyen de los focos, de la fama, incluso de los entrevistadores. Belén Gopegui (Madrid, 1963) es una de ellas. Pese a la insistencia de que una conversación alrededor de un café permite un tipo de entrevista más cálida y cercana, Gopegui no cede. Su negativa es amable, desde una timidez que desarma, pero inflexible. Tras un intercambio de varios correos electrónicos, este periodista envía unas preguntas que quizá jamás hubiera formulado en una entrevista presencial. Quedan en el limbo las no pronunciadas, las ni siquiera pensadas. Me gustan las entrevistas que fluyen, que se dejan llevar, que parecen tener vida propia. Son las mejores si quien está enfrente no es un político.

¿Qué es más importante: la historia o las palabras que surgen para contarla?

No hay forma de separarlas.

¿Cómo nace en usted una novela? ¿Un chispazo, una frase, una historia, una noticia? ¿Existe un patrón o cada libro es diferente?

En general por sedimentación. Aquel acarreo de materiales que estudiábamos con respecto a los ríos, las imágenes, las historias, las voces se van depositando y un día necesitas contarlo todo.

Cuando se pone a escribir una historia, ¿existe un plan definido, un mapa de la novela, una hoja de ruta más o menos precisa, o se deja llevar?

Como he contado otras veces, escribir se parece a pintar algo para saber cómo es, con la aparente contradicción que implica: quieres contar, o pintar, algo determinado, y a la vez esperas durante el proceso saber mejor qué es lo que estás queriendo pintar o contar.

Antonio Lobo Antunes sostiene que cuando se termina una novela comienza la búsqueda de la novela debajo de la hojarasca, que el escritor se transforma en un ebanista, en un pulidor de su propia historia. ¿Está de acuerdo?

Cada persona tendrá sus métodos. Por mi parte, suelo preferir ensamblar piezas ya terminadas. Escribir es un proceso mental y físico y a veces no se trata tanto de pulir como de romper y comenzar.

Javier Marías, en cambio, afirma que cuando da por terminado un párrafo ya no lo toca. Saramago escribía dos folios al día y Graham Greene ocho horas, saliera lo que saliera. ¿Cómo es su manera de trabajar? ¿Corrige mucho?

'El comité de la noche' es el último libro de Belén Gopegui Tenía entendido que Greene trabajaba con un número de palabras que debía alcanzar, pero imagino que iría cambiando en distintas etapas de su vida. En mi caso, la vida diaria se entromete, se trata de buscar el tiempo posible de escritura en cada momento. ¿Corregir? A veces escribo fragmentos íntegros, otras los voy limando.

Su última novela, ‘El comité de la noche’ (Literatura Ramdom House), tiene como fondo el negocio de las farmacéuticas, el comercio de la sangre y la salud. Es un tema de actualidad: los límites morales del negocio.

Es un tema que también viene de lejos, aquello del fetichismo de la mercancía, del valor de uso y el valor de cambio, vender y venderse. Cierto que, a medida que pasa el tiempo, el capitalismo necesita ampliar mercados y arrasar nuevos límites. Es un proceso de expansión acelerado que, paso a paso, negocio a negocio, invade y ocupa todos los espacios, todas las imaginaciones. Por otro lado, la mayoría de las novelas tratan de un tema común, cómo vivir, y a veces, cómo poder vivir.

¿Por qué las farmacéuticas no investigan en medicinas para pobres, tratamientos contra la malaria o el ébola?

Supongo que lo sabemos, ¿no?

Un intelectual, los escritores lo son, ¿deben tener compromiso social? ¿Dentro o fuera de sus escritos? ¿Ese compromiso dentro de la novela estropea o impulsa la novela?

¿Hay alguna persona que pueda no tener vínculos de compromiso con su comunidad? No, es imposible. ¿Es mejor desarrollar esos vínculos colaborando en colectivos, escribiendo artículos, hablando de lo que habla, escribiendo novela para olvidar los golpes de la vida, o para intentar aprender a parar los que puedan pararse, o para justificarlos? Mejor para quién, mejor según qué se necesite. En todo caso, también sería curioso preguntarnos si el hecho de que a un personaje no le guste el brócoli estropea la novela, o si hablar, pongamos, de Toronto, estropea la novela, o si la estropea hablar de la amistad o de Boris Vian o de la Primera Guerra Mundial, etcétera.

Pienso en Hertha Müller y en su libro ‘Todo lo que tengo lo llevo conmigo’, y en Danilo Kis y su novela ‘Una tumba para Boris Davidovich’. Son puñetazos en la conciencia. Por no hablar de ‘Archipiélago Gulag’, de Aleksandr Solzhenitsyn.

La editora Elsa Aguiar ha escrito: "quienes editan", y yo diría también quienes escriben y publican, "obran siempre como" colaboradores necesarios de la reproducción de normas que cada obra lleva consigo de forma más o menos implícita o explícita. Las obras culturales nunca se limitan a describir: siempre, además, prescriben porque las normas sociales implícitas se adquieren por absorción de discurso social, ya sea en forma de literatura, de anuncios, de cine, o de conductas cotidianas". Creo que sus palabras son aplicables tanto a las novelas que usted cita como a otras de amor y lujo, las metaliterarias, la Bibilia, y demás narraciones públicas. Después hay que ver qué describe y prescribe cada una y con qué procedimientos.

¿Tiene algo que ver el periodismo con la literatura, o los periodistas que se pasan de bando ya eran escritores camuflados, como García Márquez o Hemingway?

Prefiero el verbo estar pues atañe a lo que hacemos, y según lo que hagamos y cómo lo hagamos seremos una cosa u otra. El periodismo da la noticia, la novela procura construir o ampliar la experiencia, pero ambas actividades no están completamente separadas.

Ha estallado una gran polémica en Alemania y Francia con el último libro de Martin Amis, ‘The Zone of Interest’. Es una trama amorosa en un tono de comedia ligera dentro del campo de Auschwitz. ¿Hay límites o el límite es la autocensura?

El dilema, a mi modo de ver, no debería estar en los temas sino en el blanco, en la correlación de fuerzas. Si el humor va dirigido contra el más débil, es menos humor que prepotencia.

¿Cómo vive la España actual, la de los recortes, los desahucios, la corrupción? ¿Le afecta como escritora, como mujer?

Creo que la España actual viene, una vez más, de lejos. Vivo en ella, me afecta, claro.

¿Están las mujeres escritoras en España castigadas por la desigualdad salarial, o solo depende de la previsión de ventas?

El salario está en relación con otros elementos entre los que destaca la fuerza de quienes lo cobran y, en el mundo de la cultura y en otros, su llamado capital simbólico que no sería sino una parte más de esa fuerza. En la medida en que las mujeres no han acabado aún con el patriarcado, su salario sigue estando condicionado por esta relación de fuerza desigual, además de por las relaciones de clase y otras relaciones de poder. En el caso de la escritura, hay discusión acerca de si podemos llamar salario a lo que cobra un autor. Pero lo sea o no, las mujeres que escriben, no sólo libros, también artículos y otras colaboraciones, lo hacen en un sistema patriarcal, y eso tiene consecuencias.

En España la mayoría de los lectores son mujeres.

Lo que vendría a significar que en España la mayoría de los lectores son lectoras, un malabarismo más al que nos obligan las reglas no neutrales del idioma. No conozco esos datos, no sé si distinguen o discriminan entre quienes leen en las bibliotecas, quienes compran libros, quienes leen en la red. Los estudios de las prácticas de lectura suelen ser imprecisos. Tampoco creo que leer sea en sí mismo significativo si no lo vinculamos a qué se lee y para qué.

Existe una literatura de mujeres o no cree en los adjetivos.

Existen marcas en los textos, por origen social, por experiencias vividas, por renta, por género, etcétera. En todos los textos. Unas se convierten en armas arrojadizas y otras no llegan a ser o sí según las épocas: hace años se hablaba de literatura católica, no se suele hablar de literatura de ricos aunque sí proletaria, tampoco se suele hablar de literatura de la mitad de la humanidad sino que algunos textos de una mitad son apropiados por el canon y otros, relegados o expulsados.

¿Escribir tiene horario o cuando una historia te habita en como un demonio que nunca sale?

Suelo convivir con la historia también cuando no estoy escribiendo.

Es posible que Internet y el libro digital acaben con el libro de papel, ¿cómo es su relación con el papel y con el libro digital?

Guardo mejor en la memoria lo que he leído en papel. En ocasiones, si necesito no llevar demasiado peso, uso dispositivos electrónicos para leer.

¿Ha leído alguno en una pantalla?

Sí.

Belén Gopegui ¿Sigue en la Fundación Robo? ¿En qué consiste su trabajo, su denuncia?

Participo, como muchas otras personas, en uno de los proyectos de la Fundación Robo además de ser oyente adicta de sus temas. Me interesó mucho esa idea de ir publicando periódicamente en la red canciones escritas en estos momentos de urgencia, además de versiones, adaptaciones, colaboraciones. Formo parte de Asalto, su "facción literaria" y mucho más inmadura pues si la música siempre ha tenido un componente colectivo y socializador, los últimos siglos han confinado la literatura a las paredes de las habitaciones. Asalto surgió con la idea de generar textos breves a los que acudir, angustias sofocadas que en lugar de conducirnos al hundimiento, movilizasen. Pero con las nuevas incorporaciones se espera que logren cuajar algunos proyectos narrativos más extensos y de elaboración colectiva.

Se considera una mujer de izquierdas, ¿qué significa ser de izquierdas hoy, tras el hundimiento de la URSS, la visualización de que en Europa del Este no había paraísos sino dictaduras y la crisis de la socialdemocracia?

Bueno, su descripción me parece discutible. Diría que, por un lado, antes de conformarse con el calificativo de dictadura para los intentos de poner en práctica el socialismo, conviene tener presente la enumeración de Carlos Fernández Liria cuando señala cómo en todo el siglo XX no hubo un solo ejemplo de victoria electoral de quienes propugnaban salir de capitalismo que no fuera seguida de un golpe de Estado o de una interrupción violenta del orden democrático; ni uno solo en el que se mostrara que opciones comunistas o verdaderamente socialistas tenían derecho a ganar las elecciones, así: "Guatemala en 1944 y 1954, Indonesia en 1965, Brasil en 1964, Chile en 1973, Irán en 1953, República Dominicana en 1963, Haití en 1990 y de nuevo en 2004, Nicaragua en 1990, Argelia en 1992, España en 1936, o la red Gladio en Italia y parte de Europa".

De igual modo pienso que en los intentos de socialismo hay, como en nuestras llamadas democracias, paso del tiempo, contradicciones, partes, virtudes, ataques, defectos, y que en nada nos ayuda descartarlos con una palabra sin analizarlos y valorar lo bueno y descartar lo malo. Un leve matiz: ¿le preguntaría usted a un escritor si se considera un varón de izquierdas, o simplemente un hombre o una persona de izquierdas? Por otro lado, importa menos lo que una persona se considere a sí misma que lo que sus acciones manifiesten. En cuando a las ideas políticas, tanto el marxismo como el ecofeminismo me parecen imprescindibles.

Volvemos a la literatura: ¿ortodoxos o heterodoxos?

Depende de que las normas que se quieran romper o seguir se juzguen buenas o no.

¿Y en política, personas del régimen o disidentes?

"Su propia vocación", decía Graham Greene, conduce al escritor a ser católico en una sociedad protestante, a ser comunista en una sociedad capitalista...", estoy de acuerdo en parte. Sin embargo, la llamada vocación no puede nublar el criterio y habrá ocasiones en que disentir sea estar a favor de lo que se juzga malo, y asentir de lo bueno.

Si tuviera que elegir un modelo: Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia o Brasil.

¿Quién me haría tener que elegir y por qué?

¿Se siente estafada por las tarjetas en negro? Ese asunto tiene otra novela.

Más allá de la hipocresía y el engaño de quienes defienden el respeto a la propiedad privada y jamás respetan la propiedad pública, creo que si las organizaciones ligadas a proyectos emancipadores siguen manteniendo vínculos no sólo con quienes usaron tarjetas, sino con quienes presidieron fundaciones opacas, etcétera, se hundirán con justicia y sin remedio.

Escribir ficción permite vengarse de la realidad.

No, permite indagar en formas y caminos que a veces calman y a veces proporcionan visiones, momentos de intensidad y de alegría, incluso leves instrucciones para defenderse de lo que nos hacen y para cambiarlo.

Después, con la excusa de las fotografías, Gopegui accede a un encuentro breve en la cafetería de La Casa Encendida. En él explica que odia los coloquialismos, que no es capaz de leerse después, que siente vergüenza. Nada de entrevistas en televisión, pocas en radio. “Desde que existe el podcast tampoco me gustan. No es como antes, que se radiaba y ya está, ahora quedan; tres meses después puedes seguir escuchándote. No desaparecen”. Belén Gopegui vende suficientes libros para poder esquivar las promociones. “Si eres actriz tienes que estar bajo los focos, pero no es necesario para escribir”.

Para ella, escribir es un asunto solitario y esa soledad no concluye con la publicación. Bebe un té durante la conversación que fluye por otros derroteros, como el lenguaje y el machismo. Le digo que esa podría haber sido la entrevista. “Para el próximo libro; me ha convencido”, afirma desde una sonrisa. De momento tenemos este: El comité de la noche (Literatura Random House). Para el siguiente habrá que esperar.

viernes, 15 de julio de 2016

PSICOLOGÍA. La huella de la palabra

Distintos estudios apuntan a que eternos rivales como la terapia psicológica y los tratamientos farmacológicos podrían ser grandes aliados a la hora de propiciar cambios positivos en el cerebro.

LA PALABRA es el lenguaje del cerebro, es lógico pensar que, a fuerza de repetirla, acabe dejando una impronta. Estudios de neuroimagen demuestran que así es.

El cerebro es un órgano vivo que sufre cambios constantes: se transforma en función de lo que vemos, oímos, hacemos y decimos, y gracias a la neuroplasticidad, activa durante toda la vida, se sigue modificando hasta la muerte.

Los hallazgos a nivel molecular en este campo hicieron a Eric Kandel merecedor del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en el año 2000. Sus descubrimientos se han ido comprobando mediante neuroimagen y siguen siendo objeto de estudio.

El cerebro funciona como un gran bloque interconectado. En él hay distintas regiones especializadas encargadas de decodificar información, almacenar recuerdos, regular emociones, decidir si una conducta es pertinente ante una situación determinada, qué estímulos de nuestro entorno son más o menos relevantes y, por tanto, merecen una mayor o menor atención, etcétera. La actividad cerebral es incesante: en función del momento, unas regiones están más activas que otras, optimizando así su funcionamiento y rendimiento energético. En algunos casos, determinadas regiones están activas cuando en condiciones normales deberían permanecer en reposo, por eso hablamos de enfermedad: funcionan mal.

Observemos la región conocida como cerebro emocional: el sistema límbico. En él conviven una estructura llamada amígdala, implicada en el procesamiento de emociones como el miedo, que se activa en situaciones de peligro; el hipocampo, órgano fundamental de la memoria, y áreas de gran especialización como, por ejemplo, la encargada del recuerdo de las vivencias traumáticas. En personas con fobias –miedo irracional ante un estímulo normalmente inocuo– observamos una hiperactividad del sistema límbico en general y en particular a nivel de la amígdala y el hipocampo. Ante estímulos que no suponen un peligro real, estas zonas deberían estar en reposo.

Diferentes técnicas de neuroimagen funcional han permitido estudiar la incidencia de la psicoterapia sobre el funcionamiento del cerebro en enfermedades mentales como la fobia, observándose una normalización de su funcionamiento tras un tratamiento adecuado. Los estudios han encontrado que la psicoterapia también provoca cambios a nivel de la corteza prefrontal o el cerebro lógico, que es la región responsable del pensamiento racional y otras funciones mentales superiores propias del ser humano. Se ha concluido además que a los cambios funcionales les siguen otros en la estructura cerebral, más estables a largo plazo, tras la aplicación de la psicoterapia. Curiosamente, se han detectado patrones similares con la psicoterapia y con los tratamientos farmacológicos, lo que sugiere que psicoterapia y medicamentos podrían funcionar de forma paralela.

Tradicionalmente hemos asistido al enfrentamiento de dos corrientes: las “biologicistas”, que centran sus conocimientos, las bases de la enfermedad mental y, en consecuencia, su solución en los procesos bioquímicos cerebrales, y las “psicologicistas”, que plantean que tanto el origen como la solución se encuentran en el ambiente. Sin embargo, esta tradicional rivalidad va perdiendo fuelle porque, según varios estudios, las intervenciones psicoterapéuticas también son biológicas, pues producen cambios a nivel bioquímico similares a los que producen los fármacos.

El poder del silencio

PSICOLOGIA El secreto del éxito del psicoanálisis está en el silencio del psicoanalista: es el paciente quien tiene que profundizar en su cerebro hasta extraer las conclusiones necesarias con ayuda del tiempo y de la pericia directiva del analista.

Diferentes técnicas psicoterapéuticas, como la terapia de orientación psicodinámica (el psicoanálisis) o la cognitivo-conductual, demuestran tener un impacto claro sobre el funcionamiento cerebral.

La fuerza de la repetición es la responsable de que funcione la terapia cognitivo-conductual, de ahí los famosos “deberes” que el terapeuta manda semana tras semana hasta conseguir una nueva huella cerebral.

http://elpaissemanal.elpais.com/confidencias/psicologia-cerebral/?por=friso

domingo, 13 de marzo de 2016

Contra la manipulación y la corrupción de las palabras que buscan dominarnos

Hablar de corrupción del lenguaje, de manipulación de las palabras, no es solo un tema académico u objeto de debate universitario, que también. Es cuestión altamente política que tiene que ver con que una clase domine al resto de clases y, sobre todo, a la clase trabajadora. Por eso estoy de acuerdo con Miguel Ángel Rus, editor de Irreverentes, cuando asegura que “para cambiar el mundo, tenemos que recuperar el significado de las palabras”. El lenguaje es un arma con doble filo. Para construir la conciencia crítica colectiva y cambiar las cosas para bien. Pero también se utiliza de modo artero para reducir, bloquear, impedir o destruir esa conciencia crítica. Y, por tanto, retrasar el cambio necesario hacia un mundo mucho menos desigual, más justo y decente hasta alcanzar la equidad.

Un nivel elemental de corrupción de las palabras es ocultar o disfrazar la realidad con eufemismos. No llamar a las cosas por su nombre. Una palabra es un significante con un significado. La perversión del lenguaje destruye la correspondencia entre ambos y finalmente la presunta comunicación es una torre de Babel en la que se confunden realidades y palabras.

La manipulación y corrupción del lenguaje (herramienta principal de las élites para imponer su hegemonía cultural) cambia o distorsiona el significado de las palabras. Y así, el paro se convierte en ‘tasa natural de desempleo’; la emigración de jóvenes desesperados por no encontrar empleo en España en ‘movilidad exterior’. La recesión es ‘crecimiento negativo’; el rescate bancario es ‘línea de crédito favorable’; la rebaja de salarios es ‘devaluación competitiva interna’; los despidos sistemáticos son ‘flexibilidad laboral’; ‘las viviendas embargadas son ‘activos adjudicados’; el cierre de empresas es ‘cese de actividad’; la crisis es ‘desaceleración del ciclo económico’; el robo de dinero público es ‘desvío irregular de fondos’ y los recortes y violaciones de derechos sociales pasan a ser ‘reformas estructurales’… No es cualquier cosa ni algo inocente, porque el uso reiterado del eufemismo suaviza la realidad que es dura e incluso criminal y abona la extensión de un peligroso mito colectivo que se concreta en el ‘no hay para tanto’ o ‘no hay nada que hacer’.

Insisto, no es debate lingüístico o académico sino político. Según nos explica Gramsci, el poder de la clase dominante se basa en muy gran medida en la hegemonía cultural que ejerce sobre las clases sometidas. Impone sus valores, principios y ‘verdades’ en detrimento de los de la mayoría social dominada. Lo hace por medio del sistema educativo, la industria de la cultura y los medios de comunicación. Para que la mayoría acepte someterse y ser explotada como algo natural y conveniente. Y hoy, además, ser desposeída de la mayor parte de sus rentas, esencialmente sociales. La mal llamada austeridad fiscal se basa en un cúmulo de falsedades económicas, fiscales y contables que tienen en la corrupción del lenguaje un poderoso aliado.

Además de la manipulación del lenguaje, las élites y sus voceros recurren cada vez más lisa y llanamente a la mentira. Pura y dura. Como insistir en que el aumento de las deudas públicas de los estados es por exceso de gastos sociales. Cuando está ampliamente documentado que las deudas públicas han crecido de modo desorbitado porque los gobiernos rescataron la banca con cantidades milmillonarias tras el estallido de la crisis financiera.

Un caso muy actual de mentira en el Reino de España, además de insufrible desfachatez, son las declaraciones de portavoces del PP de ser éste el partido que más actúa contra la corrupción política y con mayor contundencia. ¡Para llorar de rabia! Y no me digan que estas cuestiones no son importantes porque, de no disponer de hegemonía comunicativa, por ejemplo, el Partido Popular no tendría siete millones de votantes de los que muchos son trabajadores, asalariados. No hay siete millones de ricos en este país ni de clase media real.

Los medios de comunicación (una base de la hegemonía cultural de las élites) buscan legitimar el discurso de éstas ocultando sus intereses reales bajo la apariencia de objetividad, aparentes buenos resultados, pretendida buena gestión y democracia. La corrupción del lenguaje para mantener la hegemonía cultural de esas élites sigue la pauta del nazi Goebbels: una mentira repetida mil veces finalmente se considera verdad. Y así, el partido del gobierno y sus voceros repiten hasta el hastío que esta país se recupera económicamente cuando los hechos, la creciente precariedad y la dureza de vida para millones de personas del pueblo trabajador demuestran lo contrario. Solo se puede hablar de recuperación cuando se recuperan las personas.

La corrupción de las palabras además se usa para deslegitimar todo lo que se opone a este sistema capitalista, antidemocrático, injusto, insostenible y suicida (porque lleva al desastre ecológico).

Palabras como democracia, soberanía, libertad o derechos sociales, entre otras, se han vaciado de contenido por la acción de los medios de hegemonía cultural y de comunicación de las élites. Hoy se entienden de forma sesgada e incluso contraria a su verdadero significado. ¿Cómo se puede negar en nombre de la democracia el derecho a decidir de un pueblo (catalán o cualquier otro)? ¿Cómo se puede negar el derecho a decidir cuando la democracia es precisamente eso: que el pueblo decida?

Según Andrés Querol, la manipulación del lenguaje hoy no tiene nada que envidiar a la que perpetró el Tercer Reich, por ejemplo. Un ejemplo sería la utilización torticera del término anti-sistema, convertido en máximo anatema por dirigentes y mercenarios de las élites económicas. Fernández Buey explica que, si el sistema capitalista es malo para la mayoría de la gente (como es evidente y comprobamos cada día), lo lógico y justo es estar contra ese sistema, ser anti-sistema. Pero al término se le atribuye miserable y falsamente el significado de actuar con violencia y atentar contra los intereses de todos.

No es cuestión académica. Si nos neutralizan por la manipulación y corrupción del lenguaje, bloquean y reducen la conciencia crítica. Porque manipulación y corrupción del lenguaje buscan ocultar, distorsionar, disfrazar, manipular… Para que todo continúe igual, pero parezca que algo cambia.
http://www.attac.es/2016/03/10/contra-la-manipulacion-y-la-corrupcion-de-las-palabras-que-buscan-dominarnos/

viernes, 30 de agosto de 2013

Las palabras nos ayudan a ver

La palabra que designa un objeto puede hacer que seamos más capaces de detectar ese objeto con la vista, según una reciente investigación.

Y ese hallazgo sugiere que el lenguaje tiene un rol importante en la forma en que percibimos el mundo.

Así lo sostienen Gary Lupyan y Emily Ward, autores de un estudio publicado en Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

"Este experimento demuestra que el lenguaje afecta una parte central de la percepción", dice Lupyan a BBC Mundo.

Para su investigación, Lupyan y Ward utilizaron una técnica denominada "flash continuo de represión".

En cada una de muchas pruebas, se mostró a los participantes la imagen de un objeto sólo en un ojo.

"Usamos imágenes de objetos comunes y animales –dibujados y en fotografías– y en el otro ojo mostramos sólo ruido visual parpadeante, garabatos", explica Lupyan, investigador de la Universidad de Wisconsin.

Como resultado, ese ruido visual en movimiento y de alto contraste domina y oculta la información visual que llega al otro ojo.

"Es una técnica muy útil para entender el procesamiento visual porque cuando las personas no tienen conciencia de una imagen parece que el procesamiento neuronal en el sistema visual la reprime en un nivel bastante básico."

Y los investigadores estaban "interesados en ver si el conocimiento o el lenguaje podían contrarrestar esa represión".

Ayuda o distracción
Justo antes de mirar a esta combinación de líneas parpadeantes e imágenes de objetos, los participantes escuchaban o bien la palabra que designaba el objeto oculto, o una palabra diferente, o nada.

Luego, se les preguntaba si habían visto algo.

Scrabble
El experimento buscó la relación entre el lenguaje y la capacidad de ver.

Y lo que hallaron, después de cientos de estos ejercicios, fue que cuando oían la palabra que se correspondía con el objeto que luego les mostraban solapado por el ruido visual, había más probabilidades de que los participantes vieran algo.

Y no sólo eso. También observaron que cuando escuchaban una palabra distinta, tenían menos probabilidades de detectar la imagen en cuestión.

"En algunas de las pruebas, las mismas personas no escuchaba ninguna palabra y veíamos cómo lo hacían, y lo comparábamos estadísticamente con las veces en que escuchaban la palabra correcta y cuando escuchaban la palabra incorrecta", detalla Lupyan en conversación con BBC Mundo.

Lo que hacía la palabra, sostienen los autores del estudio, es hacer que el objeto "salte" a la vista.

Pero cuando la palabra no coincidía, lo que hacía era ocultarlo aún más.

Expectativas
De acuerdo con Lupyan, el leguaje establece una serie de expectativas que determinan cómo se procesa la información que entra a través de la visión.

"Si el objeto que se muestra coincide con esas expectativas, entonces se mejora la percepción. Si no coincide con estas expectativas, si esperaban una cosa de forma redonda y lo que obtienen es digamos una jirafa, entonces la percepción se inhibe", agrega el investigador.

Entonces, si a este nivel de percepción el lenguaje mejora la habilidad de detectar algo, Lupyan sospecha que también podría tener una influencia en los otros sentidos.

"Hay un montón de trabajos anteriores sobre la visión, y hemos descuidado el rol del conocimiento y las expectativas en otras modalidades, especialmente en el olfato y el gusto."

En todo caso, dice Lupyan, "estudios como este muestran que el lenguage es una herramienta poderosa para dar forma a los sistemas perceptivos".

Y en el caso de la vista, lo que percibimos parece estar definido por lo que sabemos y lo que esperamos ver. Ciencia BBC Mundo, @bbc_ciencia

viernes, 26 de julio de 2013

El significado de las palabras. Cuando la verdad jurídica difiere de la verdad semántica

La palabra "gato" es un hipónimo de "animal". La palabra "barco" es un hiperónimo de "velero". Es decir, los hiperónimos designan unos rasgos generales que agrupan a un cierto número de individuos, mientras que los hipónimos nombran a cada tipo específico de integrantes. "Vivienda" es hiperónimo de "piso", "mansión" o "apartamento"". Y el hiperónimo "árbol" engloba los hipónimos "ciprés" o "roble".

De tal modo, si una ley obligase a conservar los árboles de una zona, eso incluiría también a los sauces que se encontraran en ella. Pero si se refiriese a los sauces quedarían excluidos los endrinos.

El artículo 159 de la Constitución concreta algunas de las incompatibilidades de los miembros del Tribunal Constitucional, y a continuación señala: "(...) En lo demás, los miembros del Tribunal Constitucional tendrán las incompatibilidades propias de los miembros del poder judicial". Y si uno va al título sobre el poder judicial, se encuentra (artículo 127 de la Constitución): "Los jueces y magistrados (...) no podrán desempeñar otros cargos públicos ni pertenecer a partidos políticos".

Miles de estudiantes de bachillerato habrán aprendido que los poderes de un Estado de derecho son tres: Legislativo, ejecutivo y judicial. Y dentro del hiperónimo "poder judicial" encuadrarán con toda lógica los tribunales y juzgados, desde el Constitucional hasta el más humilde de primera instancia e instrucción. Así pues, y siempre en el terreno de la semántica, "Supremo" y "Constitucional" son hipónimos que forman parte del hiperónimo "poder judicial", lo mismo que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña o un juzgado de Aranda de Duero.

Frente a estos razonamientos semánticos, la nota que hizo pública el Constitucional el pasado jueves sobre la militancia política de su presidente, Francisco Pérez de los Cobos, defiende con argumentos legales que ni el tribunal ni sus magistrados forman parte del poder judicial y por ello no les son aplicables las incompatibilidades que prevé la ley para ese ámbito.

Por tanto, las reglas de la legalidad, que no carecen de su propia lógica, desde luego, se escapan aquí de las reglas de las palabras, que también tienen la suya.

El segundo asunto en esta cuestión de los hiperónimos y los hipónimos concierne a otra sutileza legal. La ley orgánica del Poder Judicial incluye un capítulo de "incompatibilidades y prohibiciones". Por tanto, hacia él apuntan el artículo 159 de la Constitución y el casi idéntico artículo 19 de la ley orgánica del Tribunal Constitucional cuando remiten a "las incompatibilidades propias de los miembros del poder judicial". Pero algunos especialistas en derecho arguyen que una cosa es la incompatibilidad y otra la prohibición, puesto que el capítulo se titula "de las incompatibilidades y prohibiciones". Dicho de otro modo: una cosa es un animal y otra un gato; y una cosa es un árbol y otra un manzano.

En eso también tienen razón.

Obviamente, la incompatibilidad entre dos cargos o situaciones conduce a que se prohíba su ejercicio simultáneo. Y entendiendo las palabras según su significado general (intentamos no salir de ese campo), parece lógico interpretar que la prohibición, como la inelegibilidad, es un hipónimo de la incompatibilidad, pero con características más concretas y restrictivas. Del mismo modo ocurriría con la necesidad de cumplir los requisitos del hipónimo "pingüino" respecto del genérico "ave" si el animal en cuestión desease ser realmente un pingüino.

Unas incompatibilidades en sentido amplio pueden dar lugar, por ejemplo, a que no se puedan cobrar dos sueldos, pero sí ejercer las dos funciones; y en sentido estricto, otras incompatibilidades prohíben incluso la simultaneidad de dos circunstancias, como sucedería en el caso que comentamos si las palabras nos dieran la razón.

Podemos leer unas instrucciones veterinarias que alertan sobre los peligros que acarrean los felinos; y también otras específicas, y más estrictas, sobre el peligro que representan los tigres. El capítulo se titularía "de felinos y tigres", claro. Pero si nos encontráramos de repente ante un tigre seguirían teniendo validez las recomendaciones relativas a todos los demás felinos. Entre un gato y un tigre no hay muchas diferencias de temperamento. Tampoco a éstos conviene despertarlos con brusquedad.

El texto legal sometido a esa controversia, el relativo a las prohibiciones y las incompatibilidades, está contenido en el artículo 395 de la ley orgánica del Poder Judicial: "No podrán los jueces y magistrados pertenecer a partidos políticos o tener empleo al servicio de los mismos, y les estará prohibido (...) tomar en las elecciones legislativas o locales más parte que la de emitir su voto personal".

De ahí se deriva, en las sin duda competentes interpretaciones jurídicas de cualificados expertos, que estamos ante una prohibición y no ante una incompatibilidad; y por ello tampoco por esta vía se debe establecer enlace alguno con el artículo de la Constitución que remite a que los miembros del Constitucional tendrán las mismas incompatibilidades del poder judicial.

Sin embargo, existe una incompatibilidad, por ejemplo, entre ejercer como senador y a la vez como diputado, y es inherente a tal circunstancia la prohibición de que ambos cargos se simultaneen; del mismo modo que es inherente al velero la condición de barco.

Además, esa misma redacción del artículo 395 muestra la expresión "no podrán", pero después añade la fórmula "y les estará prohibido", lo que parece significar que la primera parte del párrafo queda fuera de la prohibición porque se refiere a la incompatibilidad.

Por otro lado, el artículo 127 de la Constitución (capítulo referido al poder judicial) se refiere a "jueces y magistrados" cuando señala que ni unos ni otros podrán pertenecer a partidos ni sindicatos. Y los miembros del Constitucional son "magistrados" según los define su propia ley orgánica.

Ligando en una sola frase todos estos argumentos puramente semánticos, los ciudadanos españoles podrán entender que un miembro del Constitucional es un magistrado que forma parte del poder judicial, y que por tanto en su capítulo de incompatibilidades figura la prohibición de pertenecer a un partido político.

Los argumentos jurídicos pueden echar abajo estos razonamientos lingüísticos, desde luego. Los doy por reproducidos y hasta por aceptados, para no hacer más extenso el artículo. Pero quienes se mueven en el ámbito de las palabras y de sus significados cabales (casi todos los ciudadanos) desconfiarán seguramente de las explicaciones que presenten un valor distinto y específico de los vocablos que todos manejamos.

Ocurrió lo mismo en 1997, cuando el Tribunal Superior de Cataluña determinó, tras una sólida argumentación jurídica, que no se había producido ensañamiento en el asesinato de una mujer que recibió 70 puñaladas. Consideraban los magistrados que, una vez infligidas las primeras, las demás se le propinaron a un cadáver; y que por ello no añadieron dolor innecesario. Eso motivó que se rebajase de 15 años a 12 la pena que había aplicado antes un jurado popular (para el que sí existía la saña en el asesinato). Pero la gente y los periódicos se escandalizaron.

La verdad jurídica de las palabras difiere a veces de su verdad semántica y etimológica, y de cómo las entiende la sociedad. Eso suele generar disgusto y derivar en controversia; pero, sobre todo, alienta la desconfianza.

Nos ahorraríamos situaciones como estas si las palabras significaran en el derecho lo que todos creemos que significan en la vida. Porque así nos entenderíamos mejor. Y porque generalmente el sentido de las palabras coincide con el sentido común.
Fuente: ÁLEX GRIJELMO 21 JUL 2013, El País.