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martes, 29 de mayo de 2018

Filántropos emergentes. El ejemplo de Madame He, una de las pioneras de la nueva filantropía en China, merece ser observado: financia acciones a gran escala para la conservación de los océanos y de especies animales en extinción.

Madame He Quianov (51), nacida en una familia humilde en China, está encabezando los avances de la filantropía empresarial en el país más poblado del mundo. Descolló en su actividad empresarial con Beijing Orient Landscape & Environment, una empresa líder en la provisión de servicios de gestión ambiental del agua en su país que también ofrece servicios de construcción de paisaje, restauración de suelos, agricultura ecológica y protección ambiental. Su fortuna personal la ha colocado en el puesto 99 de la lista Forbes de millonarios de China, y es la 13ª mujer empresaria con más éxito. Mujer, innovadora internacional en arquitectura centrada en jardines y en la preservación de la naturaleza y muy rica; todo ello bastaría para realzar su figura.

Pero, trazando rutas, He fue mucho más lejos. Se comprometió al máximo con causas públicas como el empoderamiento de la mujer, el desarrollo de la filantropía en el país y su vinculación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y con la preservación del medioambiente. Ahora también con el fomento de la cooperación Sur-Sur en alianza con la oficina a cargo de ella, en la ONU.

Es una figura paradigmática de la nueva filantropía que está emergiendo en una nación de influencia cada vez mayor en los destinos del mundo.

En 2010, Bill Gates y Warren Buffet visitaron China para presentar su iniciativa mundial El compromiso de dar y conseguir interesar a las élites de ese país. Su proyecto postula que las 400 mayores fortunas del mundo suscriban públicamente un acuerdo para entregar durante sus vidas la mitad de su patrimonio o más para solucionar los problemas humanos más críticos de nuestro tiempo. La apelación de ambos se hacía desde el ejemplo.

Gates creó la mayor fundación de la Historia, la llamada Bill & Melinda Gates Foundation, y se centró la salud global, la reducción de la pobreza y la mejora del acceso a la educación. Cuestiones muy graves para amplios sectores empobrecidos de la población como las vacunaciones de los niños, las carencias de agua potable y los déficits de instalaciones sanitarias que golpean a 4.500 millones de personas, entre otras, no eran analizadas porque los afectados no constituían mercado.

La Fundación incidió sustancialmente en estos y otros campos con su acción y sus alianzas estratégicas con Gobiernos, organismos internacionales y empresas. Entre los años 2000 y 2016 desembolsó 41.000 millones de dólares. Buffet, el oráculo de Berkshire, el inversor estrella de los mercados financieros, donó a la Fundación Gates el 99% de sus acciones en su Fondo, valoradas en 30.000 millones de dólares. En la época de la donación, el 2006, la revista Fortune, lo llamo “el mayor aporte filantrópico de la historia”. Resalto que parecía mucho, pero que con su familia percibían que tener más del 1% que les quedaría no aumentaría su bienestar, ni su felicidad, y que en cambio el 99% restante podría ayudar a muchos.

A pesar del ejemplo, y el liderazgo empresarial global indiscutido de ambos, la respuesta que encontraron inicialmente en China fue distante. No obstante, personalidades como He, Niu Genshang —fundador del gigante lácteo chino Mengniu Dairy— y Wang Zennyao —presidente del Instituto Chino de Filantropía Global, que reúne actualmente a filántropos de primera fila de Oriente y Occidente— han trabajado con ahínco para que la situación cambie. En 2005 se estableció la primera fundación privada en China. En 2016 había 398. En 2006 se destinaron 10.000 millones de dólares a donaciones; en 2016, 125.500 millones de dólares.

Sin embargo, es poco para China, que tiene un potencial filantrópico enorme. Su economía ha crecido aceleradamente respecto a los promedios mundiales. Su producto bruto per cápita aumentó de 5.670 dólares en el 2000 a 22.864 dólares en 2016. De acuerdo con el Informe Global de Riqueza del Credit Suisse, en 2016 tenía 319 milmillonarios, justo por detrás de Estados Unidos, con 565. China tenía 1,6 millones de residentes con más de 50 millones, una cantidad solo superada por el país norteamericano. En total, el aporte filantrópico en China significa el 0,1% del producto bruto, comparado con el 2% en Estados Unidos.

El avance de las metas de desarrollo sostenible es urgente en un mundo donde en 2016 murieron 2,6 millones de bebés antes de cumplir un mes por causas prevenibles y tratables, como nacimientos prematuros, complicaciones en el parto e infecciones como la sepsis y la neumonía. En un mundo donde el calentamiento global sigue en ascenso y una tercera parte de los corales han desaparecido. La filantropía sola no resolverá los problemas, pero puede ser un aliado formidable de políticas públicas de calidad e impacto.

El ejemplo de Madame He, una de las pioneras de la nueva filantropía en China, merece ser visto con atención. Está financiando acciones a gran escala para la conservación de los océanos y de especies animales en riesgo de extinción. Ha contribuido a la formación de 5.000 mujeres empresarias en las universidades en materias relacionadas con la economía verde, y ha fundado con Bill Gates, Ray Dalio y otros un Instituto para el desarrollo de la filantropía en China y el mundo. Después de la firma del Acuerdo de Paris creó el primer fondo generado por la sociedad civil para la cooperación Sur-Sur en la lucha contra el cambio climático. Su acción y las de los otros renovadores de la filantropía empresarial en China hacen honor a una antigua sabiduría bíblica que reza: “Más vale encender una vela que maldecir a la oscuridad”.

Jorge Chediek es director de la Oficina Sur-Sur de la ONU y enviado especial del secretario general de la ONU para la Cooperación Sur-Sur.

Bernardo Kliksberg es asesor estratégico de la Dirección de la Oficina Sur-Sur. 

https://elpais.com/elpais/2018/03/27/planeta_futuro/1522144916_462396.html?rel=str_articulo#1525979737781

martes, 16 de enero de 2018

Fondos buitre. La plutocracia contra el pueblo

El Salto

El pueblo de los países pobres se mata trabajando para financiar el desarrollo de los países ricos.
El Sur financia al Norte, y especialmente a las clases dominantes de los países del Norte. El medio de dominación más poderoso es actualmente la deuda.

Warren Buffet, considerado por la revista estadounidense Forbes uno de los hombres más ricos del mundo, hace algunos años declaró a la CNN: "There's a class warfare, all right , but it's my class that's making war, and we're winning". O sea: "De acuerdo, existe una guerra de clases, pero es mi clase la que la hace y la está ganando".

El preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas comienza con estas palabras: "Nosotros, el pueblo de las Naciones Unidas". Por lo tanto, la tarea de proteger y garantizar los intereses colectivos de los pueblos, el bienestar universal, corresponde a la ONU —y más exactamente a los Estados aliados que firmaron esa carta el 20 de junio de 1945, en San Francisco—. Pero, actualmente, esos intereses se ven atacados por doquier por la clase de los plutócratas, la de los Warren Buffet. A los Estados les quitaron su capacidad normativa y su eficacia. De alguna manera lograron que los tenedores del capital financiero mundializado los hayan derrotado.

Mi más reciente combate, el que llevé contra los fondos buitre en las Naciones Unidas, ilustra esta realidad de forma paradigmática. Miembro del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU desde 2008, confieso no ser, ni por un instante, neutro en mi trabajo. Los derechos humanos son un arma formidable en manos de aquellos que quieren cambiar el mundo, aliviar los sufrimientos del otro, vencer a los depredadores. Y progresar en ese combate supone formar alianzas.

El medio de dominación más poderoso es actualmente el servicio de la deuda. Los flujos de capitales Sur-Norte tienen excedentes en relación a los flujos Norte-Sur. Los llamados países "pobres" pagan anualmente a las clases dirigentes de los países ricos mucho más dinero del que reciben de ellas, ya sea como inversiones, préstamos, ayuda humanitaria o la llamada ayuda al "desarrollo". El servicio de la deuda mantiene a los pueblos en la esclavitud y saquea sus recursos.

Este expolio aún se vio agravado, durante estas últimas décadas, con la aparición de los fondos buitre, llamados así por su característica de rapaces y carroñeros. Son fondos de inversiones especulativas, registrados en los paraísos fiscales y que están especializados en la compra de deudas, que desde hace largo tiempo se venden por debajo de su valor nominal, con el fin de obtener máximos beneficios. Estos fondos especulativos son propiedad de individuos extremadamente adinerados que se cuentan entre los más terribles depredadores del sistema capitalista. Logran disponer de botines de guerra de miles de millones de dólares. Comandan batallones de abogados capaces de abrir procedimientos en los cinco continentes, durante diez o quince años, si fuese necesario.

Los fondos buitre matan. Os damos un ejemplo: en 2002, y debido a una sequía espantosa, el hambre provocó la muerte de decenas de miles de seres humanos en Malawi. De los 11 millones de habitantes de ese país del sudeste de África, 7 millones se encontraban gravemente subalimentados. El Gobierno era incapaz de ayudar a las víctimas porque algunos meses antes había tenido que vender en el mercado los stocks de reserva de maíz (¡40.000 toneladas!) para pagar a un fondo buitre. Ese fondo había obtenido de un tribunal británico la condena de Malawi a pagar varias decenas de millones de dólares.

El editorialista del Financial Times, Martin Wolf, quien no es realmente lo que se puede llamar un revolucionario, sin embargo, escribió: "It is unfair to the real vultures to name the holdouts such since at least the real vultures perform a valuable task", o sea: "Dar el nombre de buitres a esos fondos es un insulto a los buitres, ya que éstos desempeñan una valiosa tarea". Y tiene razón: los buitres limpian los esqueletos de los animales muertos en las sabanas y evitan de ese modo la difusión de epidemias…

Bajo el impulso de Argentina, una de las víctimas de los fondos buitre, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas pidió al Comité Asesor, por su resolución 27/30 del 26 de septiembre de 2014, un informe que responde a esta doble pregunta: "¿En qué medida y de qué manera las actividades de los fondos buitre violan los derechos económicos sociales y culturales de los pueblos agredidos? Llegado el caso, ¿qué nueva norma del derecho internacional habría que crear para acabar con esas actividades?".

Fui nombrado relator del Comité para responder a esa doble interrogación. Raramente en mi vida trabajé tanto como durante esos dos años: 2014 y 2015. Entregué mi informe el 15 de febrero de 2016. En el mismo explicaba que las actividades de los fondos buitre contravienen por definición la regla de la buena fe presente prácticamente en las legislaciones de los Estados de todo el mundo. Como testimonio, el ejemplo del código civil suizo: "Todas las personas tienen el deber de ejercer sus derechos y de ejecutar sus obligaciones según las normas de la buena fe. El abuso manifiesto no está protegido por la ley".

El Palacio de las Naciones en Ginebra, y la ONU en general, están plagados de espías. Todos los servicios secretos del mundo, sobre todo aquellos ligados a las grandes potencias, escuchan las conversaciones mejor protegidas, fotocopian documentos, pagan a funcionarios y actúan bajo la máscara de la diplomacia acreditada. Nada más normal, por lo tanto, que los agentes de los servicios occidentales (y otros) hayan estado informados de la más breve de mis conversaciones y del desarrollo de todas mis sesiones de trabajo.

La votación en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU estaba prevista para la sesión de septiembre de 2016. En la fortaleza de la embajada estadounidense de Pregny [cantón de Ginebra], a algunos centenares de metros del Palacio de las Naciones, sonó la alarma. Nuestros enemigos eran perfectamente conscientes de que se arriesgaban a una derrota. Conocían mis recomendaciones. Sabían que, muy probablemente, éstas serían aprobadas por el Consejo.

Entonces nuestros enemigos cambiaron de táctica, abandonaron el terreno de las Naciones Unidas y se replegaron en otra, ancestral, menos complicada y bien comprobada: la corrupción. Las elecciones tuvieron lugar en diciembre de 2015. El candidato designado por la coalición de izquierda, que debía proseguir el combate contra los fondos buitre, era el favorito según todas las encuestas. Pero finalmente fue derrotado por un político local de derecha. Éste había gastado sumas astronómicas para ganar la elección. No bien asumió su cargo, el nuevo presidente de Argentina, Mauricio Macri declaraba querer pagar sin retardo todas las demandas provenientes de los fondos buitre. ¡Y eso fue lo que hizo!

La prosperidad de los fondos buitre ilustra de manera caricaturesca el poder de la plutocracia. La acumulación de las mayores riquezas en manos de unos pocos, y por consiguiente la desigualdad que deriva, es posible gracias a la eliminación de la normativa estatal, la abolición del control a los bancos, la institución de monopolios privados, la proliferación de paraísos fiscales, etc. Dicha desigualdad conduce inexorablemente a la destrucción de la relación de confianza entre los ciudadanos y sus dirigentes. Cuando los Estados se debilitan y los oligarcas sin fe ni ley gobiernan el planeta, cuando un orden criminal sustituye al Estado de derecho, ¿Quién podría tener todavía la pretensión de proteger el bien público y el interés general?

Como escribe el sociólogo alemán Jürgen Habermas: "El desalojo de la política por el mercado se traduce en el hecho de que el Estado nacional pierde progresivamente su capacidad de recaudar impuestos, estimular el crecimiento y garantizar mediante esas medidas las bases esenciales de su legitimidad, no obstante esa pérdida no está compensada por ningún equivalente funcional […]. Enfrentados al riesgo de ver fugarse los capitales, los gobiernos nacionales se comprometen en una carrera loca hacia la desregulación para la disminución de costes, de donde resultan beneficios obscenos y diferencias inéditas entre los salarios, el crecimiento del desempleo y la marginación social de una población pobre siempre en aumento. A medida que las condiciones sociales de una amplia participación política son destruidas, las decisiones democráticas, aun adaptadas de un modo formalmente correcto, pierden su credibilidad".

Habermas plantea, siguiendo su razonamiento, la cuestión de transferencia de la soberanía: ¿Existen instituciones interestatales, capaces de tomar el relevo de los Estados debilitados y asumir la protección del bien público? Habermas piensa sobre todo en Europa. No estoy de acuerdo con él. Me parece evidente que la Unión Europea (UE) no puede aspirar al título de "democracia continental".

Tal como está organizada actualmente —y cualesquiera que hayan sido las ambiciones de sus fundadores— la UE es esencialmente un organismo de clearing, de coordinación y de potenciación de los intereses de las compañías transnacionales privadas. Numerosos signos lo acreditan, comenzando por el hecho de que la Comisión Europea esté, en la actualidad, presidida por Jean-Claude Junker, que asume hasta la caricatura su papel de buen servidor del capital transnacional. De 2002 a 2010, el hombre fue al mismo tiempo primer ministro de Luxemburgo, su ministro de Finanzas y presidente del Eurogrupo. En sus funciones negoció 548 acuerdos fiscales secretos, llamados tax rulings, con numerosas sociedades multinacionales bancarias, comerciales, industriales y de servicios. Esos tax rulings, como se les llama púdicamente, apuntan a favorecer la evasión fiscal.

Escribo estas líneas mientras centenares de miles de refugiados huyen de las carnicerías de las guerras de Siria, Irak y Afganistán. El 28 de julio de 1951 los Estados del mundo ratificaron la convención relativa al estatuto de los refugiados, llamada Convención de Ginebra, con la que se creó un nuevo derecho humano universal: el derecho de asilo. Quienquiera que esté perseguido en su país de origen por razones políticas, religiosas o raciales tiene el derecho inalienable de atravesar las fronteras y de presentar una demanda de protección y de asilo en un Estado extranjero. Pero, en estos momentos la Unión Europea está liquidando ese derecho. Se erigen muros, se impide que hombres, mujeres y niños que huyen de la tortura, la mutilación y la muerte puedan presentar una demanda de asilo. Habermas está equivocado. Evidentemente la UE no cumple la función de guardiana transestatal del bien público.

¿Qué pasa con la ONU? ¿Actúa mejor en esa cuestión?
Para abordar esas cuestiones, quiero colocarme bajo la autoridad de Antonio Gramsci y de su "optimismo de la voluntad". Ciertamente la ONU no va bien. También es cierto que uno se cruza en su sede con personajes infernales, detestables o malhechores. Y luego está esa legión de taciturnos burócratas, parásitos con salarios más que generosos. Toda esa gente, en la sombra, timorata, eternamente indecisa. Sin embargo, en su seno también se activan numerosas mujeres y hombres respetables, valientes y obstinados.

La ONU se mantiene potencialmente como la única fuente viva de la normalidad internacional. En sus predicaciones, a Lacordaire le gustaba citar esa evidencia, enunciada en El contrato social de Jean-Jacques Rousseau: "Entre el débil y el fuerte, es la libertad que oprime y la ley la que libera". Sí, los principios enunciados en la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos siempre serán el horizonte de nuestra historia, la utopía que guía nuestros pasos.

Unas últimas palabras sobre los fondos buitre. José Martí hacía esta constatación: "La verdad, una vez despierta, no vuelve a dormirse jamás". Paul Singer, a la cabeza de varios fondos buitre, ganó ciertamente contra el pueblo argentino y contra muchos otros pueblos de África, Asia y el Caribe. Pero él y sus semejantes fueron sacados de las sombras, puestos en evidencia. Se creó conciencia. Bajo las brasas acecha el fuego. Un día, otros llevarán el combate más lejos.

Jean Ziegler es sociólogo, miembro del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Es también autor de numerosas obras, entre las cuales: Los nuevos amos del mundo y aquellos que se resisten (Ed. Destino, 2003), El imperio de la vergüenza (Taurus, 2006); El odio a Occidente (Ed. Península, 2010) o Destrucción masiva (Ed. Península, 2012).
Traducción del francés por Griselda Piñero.

miércoles, 4 de mayo de 2016

¿Dónde están Marx y Lenin ahora que los necesitamos?

Paul Craig Roberts
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.
Marx y Lenin iban por delante de su tiempo. Marx escribió antes que nadie sobre la externalización de los puestos de trabajo y la financiarización de la economía. Lenin presidió una revolución comunista que se adelantó al tener lugar en un país en el que los elementos feudales predominaban aún sobre el capitalismo. En el siglo XXI, el capitalismo estadounidense se ha liberado de las regulaciones que lo democratizaban y hacían que estuviera al servicio de la sociedad. Hoy en día el capitalismo se ha financiarizado con la consecuencia de que se ha vaciado de su poder de producción al servicio de la deuda. Cuando yo era joven, un tipo con un millón de dólares era alguien muy rico. Cualquiera que tuviera unos pocos millones era considerado más rico que los ricos. En estos momentos, hay gente en posesión de miles de millones de dólares.

Pocos de ellos han ganado sus miles de millones produciendo bienes y servicios vendidos a los consumidores.

Los economistas neoliberales que prescriben la política económica no sólo en Occidente sino también en Rusia y China, afirman erróneamente que el dinero recibido es dinero ganado. De hecho, ¿cómo consiguieron realmente los de Menos-del-Uno-Por-Cien sus miles de millones?

Los consiguieron a través de conexiones políticas y mediante transacciones puramente financieras.

Cuando la Unión Soviética se desmoronó como resultado de que los comunistas de línea dura arrestaran al presidente Gorbachev, individuos con buenas conexiones en Rusia y en la provincia soviética de Ucrania, especialmente los que estaban bien relacionados con Washington e Israel, se quedaron con los enormes grupos de empresas que anteriormente eran propiedad del Estado.

En EEUU, los multimillonarios son el resultado de los préstamos bancarios para las adquisiciones apalancadas de empresas. Las adquisiciones proporcionan riquezas al adquiriente recortando las jubilaciones de la compañía y utilizando el efectivo de la misma para amortizar el préstamo de la adquisición. A menudo, la compañía y sus empleados se arruinan mientras el tiburón se larga con cantidades inmensas de dinero. La manipulación de la oferta pública inicial es otra fuente de riqueza, al igual que los derivados titularizados.

Los economistas clásicos, y Michael Hudson hoy, definen estos beneficios como “rentas económicas”, y se obtienen sin aumento alguno de la producción real. Es decir, las ganancias de esos multimillonarios son una forma de parasitismo basada en la explotación y no en la creación de una producción real. Las ganancias son consecuencia de la reducción de los ingresos de la producción al servicio de la deuda.

Las economías capitalistas actuales son mucho más disfuncionales de lo que Marx suponía. Durante las últimas dos décadas, las economía occidentales no han estado al servicio más que de los muy ricos, y las masas explotadas se han sometido a su explotación. También en Occidente la gente puede ser esclava.

No hay ninguna razón para que una persona tenga miles de millones de dólares. El dinero eleva el poder político de determinados tipos por encima del poder del electorado. De hecho, el dinero se convierte en el electorado. El dinero se utiliza para comprar control político y eso destruye a un gobierno que sea representativo. Multimillonarios como Sheldon Adelson, George Soros y los hermanos Koch utilizan sus fortunas multimillonarias para controlar al gobierno estadounidense en aras a sus intereses. Que el Tribunal Supremo sea republicano les ha facilitado bastante las cosas.

El aumento del poder financiero en Rusia y China ha creado centros de poder privado en esos países que, al igual de los existentes en EE.UU., son independientes de los gobiernos. Esos centros de poder tienen potencial para capturar a los gobiernos y utilizar las instituciones públicas para concentrar aún más la riqueza en pocas manos. Las privatizaciones en Rusia y China reforzarán el poder independiente de los estrechos intereses privados existentes en Europa y el Reino Unido. Las economías neoliberales garantizan que, finalmente, el dinero controle a los gobiernos.

Oxfam, una organización benéfica internacional con sede en Oxford, Inglaterra, informa que 62 multimillonarios poseen la mitad de la riqueza del mundo.

Fue Warren Buffett, uno de los megamultimillonarios más ricos, quien dijo que la tasa de impuestos que pagaba su secretaria era más alta que la suya. Si los gobiernos no rectifican esta situación, la revolución lo hará.

Pero, según parece, no harán tal los votantes, al menos no en EE.UU. Hillary representa al Uno Por Cien, como atestiguan los 153 millones de dólares en honorarios como oradora, pero el 99% restante son autodestructivos al votar en apoyo de las ambiciones de Hillary para conseguir la presidencia. Al parecer, H.L. Mencken tenía razón, la inmensa mayoría de los estadounidenses son imbéciles.(?)

Paul Craig Roberts fue secretario adjunto del Tesoro de EEUU. Y editor asociado del Wall Street Journal. Su ultimo libro es The Neoconservative Threat to World Order.
Fuente: http://www.counterpunch.org/2016/04/11/where-are-marx-and-lenin-when-we-need-them/

viernes, 22 de enero de 2016

Los silencios sociales. Dos lecciones que cabe extraer de la crisis: la concesión de crédito no ayuda a vencer la desigualdad y no es posible la redistribución de la riqueza en un mundo globalizado.

Para entender buena parte de lo que ha sucedido durante los años de la Gran Recesión hay que tener en cuenta lo que se denominan “silencios sociales”. Son aquellos aspectos de la vida cotidiana que habitualmente se omiten o se ocultan, a pesar de ser tan importantes o más que aquellas cuestiones que son objeto del debate público. Muchas veces estos silencios son los que ayudan a reproducir un sistema y sus estructuras de poder a lo largo del tiempo.

La periodista del Financial Times Gillian Tett aplicó esta teoría de los silencios sociales al mundo de las finanzas, en el que es experta. Y la complementó con lo que denominó la trampa del silo: la existencia de compartimentos estancos que dificultan sacar consecuencias del conjunto de la realidad. Conectar los puntos que definen el perímetro de la cartografía social es cada vez más complicado.

Se pueden buscar dos ejemplos de lo que el economista norteamericano Mark Blyth ha calificado como “la mayor operación de engaño con señuelo de la historia moderna”. Son dos falacias: la consideración del crédito como factor de lucha contra la desigualdad; y la distribución de la riqueza y el poder en el seno de una misma clase social porque la globalización impide que se haga entre distintos grupos sociales.

Aunque la desigualdad en el interior de los países haya crecido exponencialmente durante la crisis, ya estaba muy presente antes. Ha crecido sin parar desde los años ochenta del siglo pasado. Lo denunció, entre muchos otros, uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffett, cuando escribió en 2011 un artículo en The New York Times, titulado Dejad de mimar a los ricos: “Mientras las clases media y baja luchan por nosotros en Afganistán, mientras los norteamericanos pelean por ganarse la vida, nosotros, los megarricos, continuamos teniendo exenciones fiscales extraordinarias”. Ya entonces el mapa cotidiano de las clases medias y bajas era de salarios prácticamente estancados, amén de una creciente precariedad laboral. Las diferencias entre unos y otros se trataron de compensar con el acceso masivo al crédito, en un tiempo en que los tipos de interés eran bastantes bajos. No ganamos mucho, pero nos podemos endeudar para comprar casa, coche e irnos de vacaciones. Precisamente la expansión de los préstamos bancarios a las familias de menos ingresos fue el origen de las hipotecas subprime (de alto riesgo) con el que arranca la crisis financiera del verano de 2007.

Los beneficios de esta forma de actuar —aumento del consumo, compra de viviendas, incremento del precio de las mismas, lo que hacía que las familias se sintieran más pudientes (el efecto riqueza), más empleo...— son inmediatos, en tanto que el pago de la inevitable factura se aplaza para el futuro. Pelotazo hacia adelante. Así se puso en marcha el ¡qué coman crédito!, que funcionó hasta que estalló la burbuja. El crédito como sustitutivo de una distribución más progresiva de la renta y la riqueza ha sido uno de los silencios sepulcrales de la Gran Recesión.

Otro de ellos ha sido el de la distribución en las entrañas del mismo grupo social. Se ha instalado una verdad ideológica: no se puede distribuir desde el capital hacia el trabajo, desde los ricos hacia los pobres, porque las empresas y los ciudadanos ricos abandonan los países de altos impuestos hacia aquellos de gravámenes bajos o directamente hacia los paraísos fiscales, aprovechando la libertad de movimientos de capitales. La mayor parte de las reformas fiscales han reducido los impuestos al capital y han paliado o eliminado los impuestos del patrimonio (a lo que se posee, no a lo que se gana) y el de sucesiones y donaciones (a lo que se hereda). Las clases medias, ya suficientemente demediadas por la crisis, son las que padecen esas reformas fiscales y las reformas laborales que exigen dosis cada vez superiores de flexibilidad del mercado de trabajo.

En este contexto, los sindicatos y los trabajadores permanentes se convierten, a los ojos de los demás (exempleados que perdieron su puesto, jóvenes que lo buscan por primera vez pero no lo encuentran, mujeres que aún siendo menos jóvenes lo intentan por las dificultades económicas familiares, asalariados a tiempo parcial, trabajadores pobres que no llegan a fin de mes, falsos autónomos, becarios permanentes, etcétera), en defensores de los derechos adquiridos. ¿Cuántas veces se escucha que los jóvenes no pueden encontrar trabajo por culpa de los “privilegios” de los trabajadores fijos, o que los sindicatos sólo se preocupan de los intereses de estos? Se elimina lo que es seguro, mientras se promete lo que es incierto.

Como consecuencia de esta argumentación, la redistribución sólo se hace en el seno de cada clase social, de cada estamento, no entre unas clases y grupos sociales y otros. La redistribución se hace ontológicamente imposible, por mor de la globalización. En el periódico italiano Il Manifesto, el periodista Aldo Carra hablaba de ello como una guerra en el interior de la clase media. Se dice: estamos pagando los abusos del pasado (vivir por encima de las posibilidades) y, por lo tanto, los privilegiados tienen que pagar. Pero ¿quiénes son los privilegiados? En una sociedad en crisis, individualizada y fragmentada, empobrecida, son aquellos que están más cerca de nosotros: quien tiene un trabajo es un privilegiado para el que está en paro; el que tiene un trabajo indefinido para el que tiene uno temporal; el que trabaja a tiempo completo para el que sólo trabaja a tiempo parcial, el que gana 2.000 euros para el que gana 1.000; etcétera.

¿Y los demás? ¿Y los privilegiados de verdad? ¿Y las élites extractivas que se han amparado en las instituciones políticas y económicas para subir la cucaña social? Esas están muy lejos y no se las ve. En la cola social que no avanza se mira con envidia al vecino que está delante. Y si ya no se le ve porque ha avanzado mucho, se observa con antipatía a los que nos rodean y compiten por lo poco, por lo escaso. Así, la lucha de clases se convierte en la envidia dentro de la clase. El sociólogo francés Pierre Bourdieu escribió que los efectos ideológicos más seguros son aquellos que para ejercerse no precisan de palabras o no demandan más que silencios cómplices.

Joaquín Estefanía acaba de publicar Estos años bárbaros (Galaxia Gutenberg) y Las posibilidades económicas de nuestros nietos. Siete ‘Ensayos de persuasión’. Una lectura de John Maynard Keynes (Taurus).

http://economia.elpais.com/economia/2015/11/18/actualidad/1447865827_638475.html

domingo, 28 de abril de 2013

El derrumbe que desnuda a la industria de la ropa

Un derrumbe en un edificio de Bangladesh puede parecerles una historia lejana. Pero está mucho más cerca de lo que parece. No sería raro que algunas de las prendas que usted viste hayan sido fabricadas allí. El miércoles miles de trabajadores que confeccionaban prendas para tiendas y marcas occidentales estaban en el edificio Rana Plaza, en Savar, a 24 kilómetros de la capital Dhaka, cuando este se desplomó sepultando a cientos de ellos.

La tragedia deja hasta ahora más de 300 muertos y reactivó un debate sobre el papel de las compañías de moda occidentales, los derechos de trabajadores en países pobres y el afán consumista de las sociedades más ricas.

Las imágenes de la tragedia han generado indignación mundial por las fallas de seguridad y de condiciones laborales elementales que parecen estar en el centro del problema en Bangladesh. Fuente BBC.
Hasta aquí la noticia, detrás la tragedia. Tragedia que ya había dejado su reguero de miseria y paro en los países de origen de los empresarios. La codicia lleva a la deslocalización para conseguir ganar más a base de dar nada, miseria, hambre, pobreza, esclavitud, robo de derechos, ... y las leyes y normas protectora ante estos abusos se destruyen para dejar al trabajador en precario y sin defensa. Se ataca a lo que queda de sindicato y de organización obrera y se arroja a los trabajadores atados de pies y manos a los "emprendedores". Estos que por ahorrar construyen edificios de papel y por eso se derrumban. Y los hacen trabajar jornadas enormes a cambio de miseria y hambre. Y los poderosos dicen "es la lucha de clases" y "están ganando los míos, los ricos".

A Warren Buffet, uno de los hombres con más dinero en el mundo, se le debe esta frase: "Esto es una lucha de clases, por supuesto. De pobres contra ricos. Y están ganando los míos, los ricos, que la dirigen".

Es un vocabulario que la izquierda ya no usa, timorata como nos ha salido, al revés de la derecha, que no se corta un pelo a la hora de decir barrabasadas ni en Estados Unidos ni aquí. Buffet, que debe de tener un raro sentido del humor, de vena aristocrática -sólo un patricio hablaría así- ha declarado más recientemente que el Gobierno estadounidense no debería mimar tanto a la gente como él y, acto seguido, ha afirmado que los súper ricos deberían pagar más impuestos. Es un punto de vista al que se han sumado las grandes fortunas francesas. En España, país en el que los ricos tienen espíritu plebeyo, no se espera nada similar... La derecha, de Berlusconi a Gloria Lago, utiliza el vocabulario de la libertad para devastarla; Anton Baamonde en El País. ¿De dónde viene la ropa que llevamos? respuesta aquí en BBC

sábado, 26 de enero de 2013

Susan George nos explica lo que ocurre con la llamada crisis. Es la lucha de clases y como dijo el multimillonario, Warren Buffett; los míos, los ricos, están ganando.



Más sobre Warren Buffett.
Susan George, es una extraordinaria mujer, norteamericana de origen y nacionalizada francesa, residente en París y enamorada de Europa y la Ilustración. Es presidenta de ATTAC y una defensora de la Razón, la Justicia, el Humanismo y los Derechos Humanos. Emociona escucharla por su brillantez didáctica, lucidez expositiva, sencillez de argumentos, certeros conocimientos y claridad de ideas. No dice una palabra de más ni de menos. Es una suerte oírla, un inmenso privilegio tenerla a nuestro lado y un honor inconmensurable que dirija ATTAC ese grupo de luchadores por la justicia y la razón que nació en Francia y se ha extendido por Europa para construir un mundo mejor, pacíficamente mediante la defensa y difusión del conocimiento y el buen saber.

lunes, 26 de septiembre de 2011

¿Existe la lucha de clases?

Warren Buffet es uno de los ricos más superricos de EEUU y del mundo. Se caracteriza por ser inteligente, por conocer muy bien la realidad que le rodea y por hablar muy claro, frecuentemente en contra de la clase social a la que pertenece. Es, como The Wall Street Journal lo define, un “traidor a su clase”.

Entre sus declaraciones, la más citada por los no ricos es aquella en la que indicó que, en contra de aquellos que creen que ya no hay clases sociales en EEUU (y que, por lo tanto, asumen que el concepto de lucha de clases es anticuado e irrelevante), la realidad que él conoce es que sí que hay clases sociales y que también existe una lucha entre ellas en la que su clase –los superricos– gana cada día a costa de los intereses de la mayoría de la población, que consigue sus rentas a partir del trabajo en lugar del capital.
Tal señor escribió recientemente un artículo en The New York Times, Stop Coddling the Super-Rich (Basta de mimar a los superricos, 15-08-11), en el que explicaba los impuestos que él paga comparándolos con los que pagan los empleados de su compañía (él es un inversor financiero). Señala que pagó este año en impuestos 6.938.744 dólares, lo cual, señala, es una cifra más que respetable. Pero tal cantidad es menos del 17% de sus ingresos anuales, un porcentaje mucho menor que el de sus empleados, cuyo porcentaje varía desde el 33% al 41%, con un promedio (de los empleados de su despacho) de un 36%. Considera, con razón, que ello no es justo. Y subraya que los superricos no están contribuyendo al sacrificio general que el Gobierno federal de EEUU está pidiendo de todos los ciudadanos para salir de la crisis. A ninguno de los superricos se le ha pedido hasta recientemente que haga ningún sacrificio, y ello a pesar de que –tal como señala Buffet– la crisis les ha ido muy bien a los superricos.
¿Y cómo puede ser que paguen mucho menos en impuestos que la clase trabajadora y que las clases medias? Buffet lo dice claramente. La mayoría de su renta deriva de los beneficios que consigue de sus inversiones (la mayoría inversiones financieras). Es decir, es dinero de lo que antes se llamaba el capital financiero. Subraya Buffet que los impuestos sobre las rentas del capital (como el Impuesto de Sociedades) gravan mucho menos que las rentas del trabajo, lo cual le parece una profunda injusticia. Según él, todas las rentas, tanto las derivadas del capital como las derivadas del trabajo, deberían gravarse por igual, sin privilegios (como ocurre ahora) a las rentas del capital, que se gravan mucho menos. En realidad, no sólo gravan menos, sino que incluso han ido descendiendo más y más, bajo el argumento de que disminuir tales impuestos al capital facilita la creación de puestos de trabajo. La sabiduría convencional en el conocimiento económico –que, en general, está sesgado a favor de las rentas del capital– promueve políticas que favorecen estas últimas a costa de las rentas del trabajo, argumentando que es necesario incentivarlas para conseguir más inversión y más empleo. Pero, como Buffet señala en su artículo en The New York Times, los ingresos derivados del capital han crecido astronómicamente para los superricos, a la vez que los impuestos sobre tales rentas han ido disminuyendo y, sin embargo, la creación de puestos de trabajo en EEUU ha sido menor que antes (de 1950 a 1980) cuando las rentas del capital se gravaban mucho más que ahora.
En realidad, las políticas fiscales que definen quién paga impuestos y en qué cantidad no vienen definidas por factores económicos, sino por factores políticos, lo cual quiere decir por el poder e influencia que distintos colectivos de personas tienen en nuestras sociedades sobre las instituciones políticas (y mediáticas). Y de estos colectivos, los ricos y superricos (lo que solía llamarse la clase capitalista o burguesa, términos hoy abandonados por considerárseles anticuados) son los más influyentes. El hecho de que no se hable de clases sociales y lucha de clases en España se debe precisamente a su enorme poder sobre las instituciones políticas y mediáticas. Como consecuencia, la versión convencional de la estructura social de nuestros países afirma que las clases sociales básicamente han desaparecido, puesto que la mayoría de ciudadanos pertenece a la clase media, aceptando que por encima están los ricos –la clase alta– y por debajo los pobres –la clase baja–. Por lo demás, hablar de clase capitalista o burguesía, pequeña burguesía, clase media y clase trabajadora (la mayoría de la población) se considera ser muy anticuado. Las ciencias sociales, sin embargo, son ciencias. Y la clase social es una categoría científica. Y en ciencia no debe confundirse antiguo con anticuado. La ley de la gravedad es muy antigua, pero no es anticuada. Si lo duda, salte de un cuarto piso y lo verá. Y esto es lo que está ocurriendo a gran parte de las izquierdas gobernantes. Están saltando del cuarto piso y están cayendo en picado.
El famoso dicho del presidente Zapatero de que “bajar impuestos es de izquierdas”, continuando unas políticas iniciadas en España por el Partido Popular, ha favorecido enormemente a la clase capitalista (es decir, aquel colectivo que deriva sus rentas del capital), que como bien dice Buffet, existe. Y los datos de la Agencia Tributaria española así lo documentan. Mientras que los ingresos al Estado derivados de la gravación a las rentas del trabajo han ido aumentando desde 2006 (pasando de representar 430.428 millones de euros en 2006 a 494.431 millones de euros en 2010), las derivadas del capital han descendido considerablemente, pasando de 75.027 millones de euros a 53.455 millones de euros, y ello en gran parte, como consecuencia de las bajadas de impuestos, sobre todo a las rentas superiores y del Impuesto de Sociedades. ¿Dónde está la versión española de Buffet?

miércoles, 24 de agosto de 2011

Las grandes fortunas de Francia piden pagar más impuestos ante la crisis. Y, en España, ¿para cuando?

En una carta abierta, 16 líderes empresariales proponen una contribución especial, porque el déficit y la deuda "amenazan" al país y a Europa.
El llamamiento del multimillonario Warren Buffet a aumentar los impuestos para los más ricos ha calado en Francia, donde un grupo de 16 grandes fortunas emula el ejemplo estadounidense. En una tribuna publicada ayer en la web del semanal Nouvel Observateur, algunas de las mayores fortunas de Francia, entre ellos la mujer más rica del país y propietaria de L'Oréal, Liliane Bettencourt, piden la creación de una "contribución excepcional" para los más adinerados, como ayuda para enfrentar la tremenda crisis que afecta tanto a Francia como a Europa. El Gobierno, que prepara nuevas medidas de austeridad que anunciará hoy, está de hecho analizando la creación de una imposición extraordinaria para el 1% de personas más ricas del país.
"Deseamos que se instaure una contribución excepcional que afectaría a los contribuyentes franceses más favorecidos", empiezan el llamamiento, redactado por el semanal y aprobado por los firmantes, la gran mayoría presidentes de grandes empresas. Entre ellos se encuentran los de L'Oréal, Jean-Paul Agon; de Total, Christophe de Margerie; de Société Générale, Frédéric Oudéa, y de PSA Peugeot Citroën, Philippe Varin. "Somos conscientes de habernos beneficiado plenamente de un modelo francés y de un entorno europeo a los que estamos vinculados y que deseamos seguir preservando", añaden.
El grupo justifica la creación de esta medida excepcional por el contexto actual, "en el que el déficit de las finanzas públicas y las perspectivas de empeoramientode la deuda del Estado amenazan el futuro de Francia y de Europa". Dado que "el Gobierno pide a todos un esfuerzo de solidaridad, nos parece necesario contribuir", explica la nota, de apenas un par de párrafos.
La crisis de la deuda ha golpeado de pleno a la segunda economía de la zona euro, que se ha convertido en el centro de todas las especulaciones en las últimas semanas. El Gobierno prepara de hecho nuevas medidas de ahorro para cumplir con sus compromisos de reducción del déficit, que debería anunciar hoy. Una de ellas podría ser precisamente la instauración de un impuesto para las grandes fortunas.
Millonarios franceses a favor de la subida de impuestos a las rentas más altas
- Liliane Bettencourt, (88 años) accionista mayoritaria del grupo de cosmética L'Oreal. Capitalización bursátil: 47.822 millones de euros. Fortuna personal: 16 millones.
- Frédéric Oudéa, (48 años) director general del banco Société Générale. Capitalización bursatil: 16.220 millones de euros. Fortuna personal: 2,9 millones de euros.
- Stéphane Richard, (50 años) director general de France Telecom. Capitalización bursatil: 34.117 millones de euros. Fortuna personal: 1,7 millones.
- Philippe Varin, (59 años) presidente de PSA Peugeot-Citroën. Capitalización bursátil: 4.372 millones de euros. Fortuna personal: 3,3 millones.
El texto del Nouvel Observateur no da ninguna cifra de imposición concreta, y se limita a indicar que el impuesto sería calculado en "proporciones razonables" para evitar la huida de capital y la evasión fiscal. Sin embargo, Gilles Carrez, el encargado del presupuesto ante la Asamblea Nacional del partido presidencial, la conservadora Unión por un Movimiento Popular, ya ha propuesto la creación de una tasa excepcional de entre el 1% y el 2% sobre los ingresos de los contribuyentes que declaran más de un millón de euros por año, lo cual apenas supone el 0,01% de la población.
Según los estudios de los economistas Thomas Piketry, Camille Landais y Emmanuel Saez, el sistema fiscal actual, debido a la gran cantidad de desgravaciones, es tal que el 50% de la población más modesta paga en torno a un 45% de impuestos en Francia, cuando los 500.000 más adinerados apenas contribuyen con un 35%.
Con este llamamiento, el grupo sigue el ejemplo marcado por el inversor y filántropo estadounidense Warren Buffet en su tribuna publicada la semana pasada en The New York Times, en la que pedía un cambio del sistema de imposición demasiado generoso con los más ricos. En Francia, Michel Lévy, dirigente de Publicis, fue el primero en secundar la iniciativa con un artículo de opinión publicado por el diario Le Monde, en la que se expresaba en su calidad de presidente de la Asociación Francesa de Empresas Privadas, un club muy exclusivo de las grandes sociedades del país.
Otras personalidades, como el empresario y compañero sentimental del fallecido Yves Saint-Laurent, Pierre Bergé; el presidente de BNP Paribas, Michel Pébereau, y el de Virgin Mobile, Geoffroy Roux de Bézieux, también han manifestado su disposición a aceptar este tributo. Además del llamamiento, el semanal publica la opinión de otros empresarios que, sin llegar a firmar el texto, ven la iniciativa con buenos ojos, como Henri de Castries, presidente de AXA, el propio Pébereau o Bertrand Puech y Patrich Thomas, gerentes de Hermès. El País, 24 de agosto de 2011.
Insuficiente? otras opiniones.