Escribir no es difícil, lo difícil es no escribir. L. Tolstói (1828-1910). Saber no es suficiente tenemos que aplicarlo. Querer no basta tenemos que hacerlo. Goethe (1749-1832). No conozco ningún otro signo de superioridad que la bondad. Beethoven (1770-1827). Ni lamentar ni detestar, sino comprender. Spinoza (1632-1677). La única soledad es la ignorancia. Shakespeare (1582-1616). Nada tan vil como ser altivo con el humilde. Séneca (4 a. C. - 65 d. C.).
Fue un 3 de Noviembre de hace más dos siglos, cuando la Ilustración, moderna y francesa, la que nos trajo las libertades, igualdades y fraternidades, la que nos trajo el "Estado Moderno" base del que hoy tenemos, esa misma Ilustración fue la que cortó la cabeza a Olympe de Gouges. Ella fue la primera mujer que empezó el camino público y colectivo de la lucha de la causa de las mujeres. De la lucha feminista colectiva.
Los ilustrados y modernos hombres mientras escribían "su" declaración de los derechos del hombre y del ciudadano se olvidaban de un "pequeño detalle", incluir a la mujer. Olympe lo denunció y elaboró la declaración de los derechos de la mujer y ciudadana. Acabó guillotinada por su osadía de equiparar en derechos a la mujer con el hombre.
Un 3 de Noviembre del 1793, fallecía Olympe de Gouges. Nacida en Montauban (Francia), el 7 de mayo de 1748, moría en París el 3 de noviembre de 1793. Olympe de Gouges es el seudónimo de Marie Gouze, escritora, dramaturga, panfletista y filósofa política francesa, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791). Como otras feministas de su época, fue abolicionista. Sus trabajos fueron profundamente feministas y revolucionarios. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho a voto, en el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico. Olympe de Gouges escribió:
"Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna"
Se dirigió a la reina María Antonieta para que protegiera “su sexo”, que decía desgraciado, y redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, calcada sobre la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos. Asimismo realizó planteamientos sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera de matrimonio. Fue también una precursora de la protección de la infancia y a los desfavorecidos, al concebir en grandes líneas, un sistema de protección materno-infantil (creación de maternidades) y recomendar la creación de talleres nacionales para los parados y de hogares para mendigos.
Qué mejor manera de homenajear la figura de Gouges que volviendo a leer su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (que este septiembre del 2016 cumplía 225 años).
Los 17 artículos de la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana :
1 – La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.
2 – El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.
3 – El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.
4 – La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.
5 – Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.
6 – La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.
7 – Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.
8 – La Ley sólo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.
9 – Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.
10 – Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.
11 – La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.
12 – La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.
13 – Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.
14 – Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.
15 – La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.
16 – Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.
17 – Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.
Kerem Schamberger ha estudiado comunicación en la Universidad Ludwig Maximilian (LMU) y pretendía comenzar un doctorado el 1 de octubre. En Alemania, los doctorados por lo general se llevan a cabo mediante un contrato laboral que incluye una parte de investigación y otra de docencia en la Universidad en la que se desarrolla.
El joven, de 30 años, no ha podido comenzar aún su relación laboral con dicha institución porque según un decreto que data de 1972 todos los funcionarios o personas que trabajan en el sector público han de ser controladas por el Estado frente a su posible radicalismo, para lo cual deben presentar una aprobación del servicio secreto alemán interno (lo que vendría a ser el CNI español).
La razón es que Schamberger no solo es comunista, sino que además es portavoz del partido comunista alemán DKP en Múnich. A pesar de que es un partido legal, se encuentra bajo vigilancia de la Oficina Federal de Protección de la Constitución (el Verfassungsschutz), que lo califica de extremista.
La Universidad conocía la norma y la posición de Kerem en el partido comunista, por lo que pidió a las autoridades dicho consentimiento ya en julio. Sin embargo, este organismo aún no se ha pronunciado sobre la fiabilidad ideológica de Schamberger, con lo cual no ha podido comenzar a trabajar hasta el momento. Según el profesor Michael Meyen, que lleva la tesis de Kerem, en declaraciones al diario Süddeutsche Zeitung, éste ha sido un alumno excelente y asegura que tiene interés en contratarle “no porque sea comunista, ni tampoco a pesar de ello”.
Para Kerem, se trata de una exclusión práctica de la función docente para los comunistas. Y ello supondría un hecho anticonstitucional, ya que la Carta Magna alemana garantiza la elección libre de una profesión.
Schamberger asegura a este diario que de esta forma “se demoniza a los comunistas”, y explica que esta medida sirve como forma de intimidación: “Conozco a jóvenes que querían entrar en el partido pero que se lo piensan dos y tres veces antes de hacerlo, porque saben las consecuencias que puede tener en el caso de querer hacer carrera en el sector público”, asegura.
Schamberger explica además que en los últimos días, desde que se hizo pública la noticia, ha recibido numerosas muestras de solidaridad, desde los partidos políticos socialdemócrata SPD, Los Verdes (Die Grüne) y La Izquierda (Die Linke), así como de los sindicatos.
Herta Däubler-Gmelin, abogada de Kerem y ministra de Justicia entre 1998 y 2002– ha declarado al Süddeutsche que la actuación del servicio de protección a la Constitución “seguramente no es legal”. A raíz del suceso, se debatirá en el parlamento regional de Baviera la idoneidad de dicha ley, creada en el contexto de la guerra fría.
Las autoridades han comunicado a la prensa que no se pueden dar a conocer datos del caso por cuestiones de privacidad del afectado, así como que en ocasiones se tarda más tiempo en recibir una respuesta a este tipo de consultas porque hay que “comprobar todos los hechos”.
Esta no es la primera vez que Kerem Schamberger se ve en apuros por sus ideas políticas. En 2014 el Commerzbank cerró sin previo aviso su cuenta bancaria, como se contó en este medio. Kerem veía detrás de esta acción asimismo una motivación política y cómo no pudo hacer nada para impedirla.
Limpieza ideológica de facto
El llamado “Decreto de los radicales” (Radikalenerlass, en alemán) fue promulgado en 1972 bajo el Gobierno de Willy Brandt. En dicha ley se especifica que la fidelidad al orden constitucional actual debe ser un requisito para poder trabajar en el sector público. Pertenecer a una organización catalogada por el servicio secreto interno alemán como peligrosa para dicho orden era excluyente de la función pública.
Ya en los 50 y 60 algunos candidatos a funcionarios fueron rechazados, pero a partir de entonces se mencionaba dicho requisito explícitamente. La guerra fría no solo continuaba su curso, sino que se acentuaba. De ahí que el Estado alemán pretendiese de ese modo acabar con todo tipo de influencia de su enemigo comunista en el interior del Estado.
La prohibición de ejercer una profesión pública por motivos políticos afectó durante décadas a personas que pretendían trabajar por ejemplo como profesores o como conductores de tren, ya que a estas profesiones se accedía únicamente a través del empleo público. Desde que la ley se creó hasta 1991 alrededor de 1,4 millones de personas tuvieron que pasar por dicho proceso de control.
Esta praxis fue muy criticada en el interior de Alemania, así como en el exterior. En Francia por ejemplo François Mitterrand, el entonces presidente del partido socialista, se opuso a dicha ley. Las personas afectadas por el decreto continúan aún hoy reclamando una reparación y rehabilitación de su función pública.
Después de la caída del muro de Berlín, en el este de Alemania hubo una auténtica limpieza en el profesorado, desde infantil a universitario. Cientos de profesores fueron despedidos por su relación con el comunismo. Muchos investigadores se marcharon al extranjero a otras universidades, otros se reciclaron en la empresa privada con otras profesiones. La democracia de mercado de la Alemania reunificada demostraba en aquel momento muy poca flexibilidad.
Aunque la legislación continúa vigente, en cada Estado alemán se aplica de forma diferente. Por una parte existe la autocensura de la que hablaba Kerem Schamberger más arriba, en el sentido de que las personas que ya saben desde muy pronto que quieren dedicarse a la función pública no suelen formar parte oficial en organizaciones vigiladas. Por otro lado, la justicia ha ido dando la razón en parte a quien se ha mostrado contrario a que siga vigente una ley creada en un contexto muy diferente al actual.
En 1995 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró que el Estado alemán había actuado en contra de los artículos 10 y 11 de la Convención Europea de Derechos Humanos al haber suspendido a una maestra por el mero hecho de pertenecer al partido comunista DKP. Dichos artículos garantizan la libertad de opinión y reunión. La maestra Dorothea Voigt recuperó su empleo y el Estado alemán fue condenado a pagar una multa.
En 2004 el profesor de instituto Michael Csaszkóczy fue suspendido de la función pública por sus actividades como activista antifascista. A pesar de no haber sido condenado por crimen alguno, durante 25 años el servicio secreto le tuvo sometido a vigilancia y en 2004 le despidieron por formar parte de la comitiva de la asociación Rote Hilfe, que se encarga de ofrecer ayuda jurídica a activistas cuando se encuentran con problemas legales.
En 2007 Csaszkóczy ganó un juicio y volvió a su puesto como profesor. Seguramente Kerem conseguirá su puesto en la Universidad, pero el tufillo a guerra fría y a las dos Alemanias no ha desaparecido del todo en el país.
El 53,9% de las familias tienen que asumir una hipoteca superior a sus ingresos, según un informe del Observatori DESC basado en casos que han llegado a la PAH de Barcelona. El 10% de los hogares no ingresa nada. Un 49,5% de los encuestados sufren ansiedad.
El drama de los desahucios ha sido uno de los que más fuerza mediática ha alcanzado durante la crisis por su gravedad, pero también por la eficaz acción comunicativa y organizativa desarrollada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Precisamente esta organización ha sido la que ha permitido que el Observatori DESC haya podido elaborar, ante el déficit de datos oficiales, su informe Exclusión residencial en el mundo local: crisis hipotecaria en Barcelona 2013-2016. El texto es la conclusión de un trabajo desarrollado durante los últimos tres años en el que se han realizado entrevistas a casi un millar de personas que se han acercado a la PAH.
“Uno de los objetivos del informe es visibilizar los desahucios y el mal estado en el que se encuentra el derecho a la vivienda, pero también llenar el vacío de datos sobre la crisis hipotecaria”, explica Gabriele D’Adda, uno de los investigadores. Y estos son contundentes: el 90% de los impagos registrados se produjeron de 2010 a 2015, es decir, fueron causados directamente por la crisis económica. Los principales motivos -era una pregunta multirrespuesta- fueron, en un 68,1% de los casos, la pérdida del trabajo y el paso a una situación de desempleo y, en un 43,1%, la subida de la cuota hipotecaria. Un 32,1% alegó también como razón la cantidad de deudas contraídas y un 22,3% el divorcio o separación.
Los desahucios se han cebado con una clase social determinada, lo que se refleja, por un lado, en los barrios donde se concentra el mayor número de afectados, entre los que Sant Martí y Nou Barris se llevan la mitad. Por el otro, es significativo el dato de los ingresos netos mensuales por familia, que se sitúan en una media de 939 euros al mes, mientras que la cuota de la hipoteca alcanza, también de media, los 1.065 euros. Esto significa que el 53,9% de las unidades familiares tienen que asumir una cuota superior a sus ingresos. El 10% de los hogares estudiados no ingresa nada y el 7% sólo percibe entre 400 y 800 euros al mes. La situación se vuelve más dramática si se tiene en cuenta que más de la mitad de las familias con tres o más miembros no tiene ningún ingreso.
Las dificultades de las familias -de las que un 61,6% tienen al menos un menor- a la hora de pagar la hipoteca no sólo se viven en el momento de la ejecución hipotecaria. Un 24,8% de los hogares, una vez pagada la cuota mensual, se queda sólo con 400 euros para costear las necesidades básicas de sus miembros. Otros, un 7%, reciben ayudas para alimentar a su núcleo familiar por parte del Banco de Alimentos, de Cáritas o de la misma PAH. Con estos datos sobre la mesa, no resulta extraño que nueve de cada diez encuestados afirme que tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas, entre ellas la alimentación, el vestido o suministros. Todo esto acaba impactando de manera contundente la salud de los afectados, de modo que un 49,5% sufre ansiedad, un 33% depresión, un 17,8% insomnio y un 11% afirma que estas dificultades han provocado tensión familiar.
¿Quiénes son los bancos responsables de estas situaciones? El Observatori DESC también analiza esta cuestión, y entre ellos gana con diferencia Catalunya Caixa. “Un 40% de las hipotecas de los afectados son de esta entidad, que fue rescatada con fondos públicos”, recuerda Eduardo Salas, coautor del informe. “Si además sumamos al BBVA, que ha comprado Catalunya Caixa y se ha beneficiado también de la ayuda pública, la cifra sube al 50%”, añade. Después vendrían Bankia (con un 8% de las hipotecas de afectados), UCI (un 7%) y Banc Sabadell (un 7%). El 84% de estas hipotecas fueron firmadas en plena burbuja inmobiliaria, entre 2004 y 2007. En cuanto a los contratos, el informe destaca que “la mayoría de personas no sabían leer su contrato hipotecario, no conocían si contenían cláusulas o no abusivas”. Cuando llegan los problemas, también las faltas de respeto: el 36% de los encuestados asegura que ha recibido algún tipo de trato denigrante por parte del banco.
Mal empieza José Antonio Marina, cuando dirige una “primera” carta al futuro Ministro o Ministra de Educación para decirle qué es lo que tiene que hacer. Comienza postulando que la mejora de la escuela necesita un “pacto educativo más allá de la escuela”, pues “todos educamos, queriendo o no”. Pero sesga su propuesta inicial, cuando concreta ese punto de partida con una clara posición neoliberal.
En primer lugar, propone, una Carta de los deberes educativos de los ciudadanos, como si la ciudadanía cargase con el peso de la educación de las futuras generaciones. Siendo cierto que cualquier persona influye en otra si se relaciona con ella, es una influencia limitada aunque sea importante. Quizá Marina debería elaborar una Carta de los deberes educativos de los medios de comunicación masivos que son los que realmente conforman y manipulan el pensamiento y las conductas sociales de la mayoría de la población. Y esta influencia no suele contribuir a una educación en valores de justicia, solidaridad, ecología y libertad. Más bien lo contrario. No tenemos más que repasar los programas de entretenimiento más vistos en las televisiones, los videojuegos más vendidos, las películas más taquilleras o las letras de las canciones más escuchadas.
Proponer que los responsables de la educación informal son los ciudadanos es contribuir a ocultar la verdad. Son los grandes monopolios multinacionales de los medios de comunicación quienes configuran fundamentalmente el pensamiento único que teje las mentalidades colectivas hoy en día, y que la ciudadanía asimila progresivamente, con mayor o menor énfasis en cada caso. Si el Ministerio de Educación les pusiera deberes de obligado cumplimiento a los medios de comunicación, para que contribuyeran a la tarea de educar en los valores proclamados en los derechos humanos y en la Constitución, estos monopolios pondrían en marcha todos sus equipos de abogados para demandar al Estado y defenderían su libertad de expresión.
Pero el meollo del discurso de Marina es lo que propone en segundo lugar: indica al Ministerio de Educación que debe privatizar aún más el sistema educativo. Plantea que ya no se puede entender el sistema educativo sin incorporar a las grandes corporaciones multinacionales de la informática y la comunicación (cita a Google, Cisco, Huawei, Telefónica). Que éstas “dedican grandes esfuerzos a la educación” y hay que “implicarlas en la educación, animarles a que aporten conocimientos y fondos”.
Aquí suelta ya la ideología neoliberal: privatización de la educación, abriéndola al negocio. No es suficiente con que financiemos centros concertados (negocios privados) con dinero público. Sino que Marina propone articular de forma clara, con nombres y apellidos, uno de los planteamientos básicos de la LOMCE y que tanto ha cuestionado la comunidad educativa. La LOMCE ya establece que se “entiende por Sistema Educativo Español el conjunto de agentes, públicos y privados, que desarrollan funciones de regulación, de financiación o de prestación del servicio de la educación”. Ello supone que a las corporaciones empresariales y grupos religiosos que financian, prestan o regulan la educación, se les reconozca en pie de igualdad con el sector público, abriendo las puertas a una mayor profundización en el proceso de privatización.
De esta forma, Marina en perfecta conexión con los planteamientos del PP, quiere que las grandes multinacionales, cuya finalidad fundamental es obtener beneficios para sus accionistas, se conviertan en parte del sistema educativo, como agentes de educación, al mismo nivel que el Estado. Los intereses corporativos de accionistas y ejecutivos decidirán sobre la educación de nuestros hijos e hijas. No es de extrañar que Marina, en este contexto, alabe la “gigantesca influencia educadora” de estas corporaciones que, según él, “debemos aprovechar” para la promoción del emprendimiento, de la formación profesional dual (tan contestada por la comunidad educativa), o el negocio de la transferencia de conocimiento de la universidad al mundo empresarial, que tiende a convertir la investigación colectiva y pública en negocio y beneficios para unos pocos.
Avanzar en esta línea de privatización de la educación, dejándola en manos sobre todo de las empresas (2.000 millones de euros al año de dinero público destinados a bonificaciones a empresas para formación), orienta las decisiones políticas que se toman sobre educación a una de sus finalidades, la formación para el empleo. Formarse como profesional es algo necesario, pero subordinado a la meta de una educación integral: formarse como persona en todas sus dimensiones individuales y sociales para avanzar en la construcción de una sociedad más sabia, justa y cohesionada. Por desgracia, la LOMCE y Marina reducen la finalidad de la educación a “entenderse como motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país […] para competir con éxito en la arena internacional […] representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”. Es curioso que Marina no recomiende al nuevo ministro derogar la LOMCE y revertir los 8.000 millones de euros recortados en educación, que son las claves para convertir a España en un gigantesco bar de copas.
No sabemos si, tras su carta, Marina ya se ve como futuro Ministro de Educación en la gran coalición informal presidida por PP y Ciudadanos. La pregunta que nos hacemos es cómo va a “despertar la pasión por aprender”, tal y como entiende el futuro de la educación. Los seres humanos no hemos nacido solo para trabajar. Necesitamos la música, la literatura, el arte, la danza, para emocionarnos. Y todas las ciencias y humanidades para entender nuestro complejo mundo. También debemos aprender a convivir solidariamente con los demás y ecológicamente con nuestro medio y el resto de seres. Los seres humanos vivimos, disfrutamos de la belleza, compartimos, hacemos deporte, soñamos, componemos poesía y música, debatimos, incluso nos apasionamos, no solo somos trabajadores formados por grandes corporaciones para producir más beneficios para sus accionistas, Sr. Marina. Tenemos otra idea de lo que es práctico y útil para las personas. Esta es la educación que deberíamos defender.
Enrique Javier Díez es profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León y Agustín Moreno es profesor de Enseñanza Secundaria en Vallecas (Madrid) y autor del blog de cuartopoder.es ‘La espuma y la marea’. Ambos son miembros del Foro de Sevilla.
OuiShare Fest Barcelona 2016 cierra sus puertas tras dos días de intenso debate sobre el presente y el futuro de un fenómeno con potencial y potencia para cambiar el sistema económico y social.
Decía Einstein que no podemos usar un mapa viejo para explorar un nuevo mundo. Quizás por eso -nos fiamos del genio- la economía colaborativa puede tomarse la licencia de ser optimista. Viajar sin un guion rígido, aunque con una brújula para recordar dónde está el norte, no le está yendo tan mal después de todo. Y, para prueba, lo que ha ocurrido en Barcelona en los últimos días.
Por segundo año consecutivo, OuiShare Fest ha conseguido reunir en nuestro país a más de 700 personas de todo el mundo para dialogar y definir el papel del fenómeno colaborativo en un futuro que ya es presente. Un rol que, por cierto, se confirma mucho más ambicioso de lo que muchos creían cuando empezó a hablarse de intercambiar ideas, servicios y bienes entre pares a través de la tecnología. “Podemos comenzar a competir contra el sistema dentro del sistema, tanto a nivel económico como social”, aseguraba David de Ugarte, socio fundador del Grupo Cooperativo Las Indias, durante la inauguración.
En este sentido, si algo puede extraerse de esta segunda edición de OuiShare Fest Barcelona, es que la economía colaborativa continúa madurando y, en ese proceso evolutivo, comienza a definir aún más sus principales cualidades. Por un lado, su amplitud y la diversidad de prácticas que engloba; por otro, su carácter abierto e inclusivo, sus ganas de dialogar (con los agentes sociales, con las otras economías); y, finalmente, su capacidad para proponer soluciones reales a los problemas más acuciantes que la “economía del sálvese quien pueda, la Mad Max Economy”, en palabras de Manuel Escudero, Socio de NEARCO Estrategia de Posicionamiento y Crisis, ha provocado.
El paradigma de la colaboración en su estado más esencial y puro se convierte así en una de las salidas a la desigualdad creciente, la fragmentación social, la obsesión enfermiza por el crecimiento y el cambio climático. “Realmente, estáis construyendo una sociedad diferente. Si esto cristaliza, podemos llegar a una sociedad postcapitalista donde el acceso a los bienes básicos sea libre o muy barato, donde trabajemos solo 3 o 4 horas al día, y el resto del tiempo no tenga una utilidad mercantil sino social”, insistía Escudero.
Entre las herramientas de cambio, se ha vuelto a hablar de la tecnología y de lo digital, de conocimiento y datos abiertos. Pero, sobre todo, se ha insistido en la figura del ciudadano que, empoderado, tiene la capacidad y las ganas de intervenir de manera más activa en la gestión de servicios como la salud y la educación, el diseño de las ciudades, la producción y el trabajo, e incluso la democracia. Esta forma de entender la economía colaborativa en positivo, por lo que tiene que aportar, ha permitido analizar el fenómeno en toda su complejidad y tender puentes, como nunca antes, con otros movimientos como el procomún, la economía social, la cooperativa y el decrecimiento.
Como decía Joan Subirats, profesor de Ciencias Políticas en el Instituto de Gobierno y Políticas Públicas, en la clausura de OuiShare Fest Barcelona, “no estamos en un marco de crisis, sino en un cambio de época”. Y la economía colaborativa se ha propuesto estar muy presente, si no liderando, esa transformación social.
Tal como figura en el programa organizado por la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (ABBI), entre los días 27 y 29 de este mes de octubre de 2016 tendrán lugar una serie de actos en Madrid que conmemoran el octogésimo aniversario de la llegada a España de dichas brigadas, a fin de luchar contra el fascismo en la guerra que tuvo lugar entre 1936 y 1939. Sirva la oportunidad de esta noticia para recordar los dos últimos fallecimientos de los pocos brigadistas que aún viven:
El primero, Antoine Pinol, murió el pasado 2 de septiembre de 2016 en la localidad francesa de Agen. Pinol era español, nacido en Palamós (Girona) en 1915, había cumplido ya la avanzada edad de 101 años. Siendo muy joven, Antoine emigró para trabajar en Francia. Al estallar la guerra no se lo pensó: por su amor a la libertad y su ideal republicano se unió a un grupo de italianos que cruzaron la frontera y se enroló en el batallón Garibaldi. Luchó en la defensa de Madrid, en el Jarama, Guadalajara y en otras batallas. También en la del Ebro, en la que Antoine fue comandante de la 3ª Compañía del 2º batallón. Recibió una distinción por “su valentía destacándose en el golpe de mano efectuado por su Compañía el día 7 [de septiembre] marchando al frente de sus hombres”.
El segundo fallecimiento ocurrió el pasado viernes y todavía no se tenía noticia en castellano en el momento en que redacto estas líneas, por lo que he de recurrir al texto en inglés recogido en la página International Brigade Memorial Trust.
Se trata de Stan Hilton, el último sobreviviente británico de las legendarias Brigadas Internacionales -tal como se encabeza la noticia- durante la Guerra Civil de España, quien falleció en Australia a la edad de 98 años. Stan fue un joven que a la edad de 19 años abandonó en Alicante el barco de cuya tripulación formaba parte en noviembre de 1937 para integrarse en la 15ª Brigada Internacional: “El pueblo español necesitaba ayuda. Eso era hacer lo correcto”, según sus palabras.
Stan Hilton estuvo en la terrible batalla de Teruel y en la primavera de 1938 luchó con su batallón en Aragón y Cataluña. Nacido en New Haven, Sussex, el 31 de diciembre de 1917, Hilton pasó a servir en la marina mercante a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. En 1956 emigró con su familia a Australia, donde trabajó como soldador en el sector de la construcción. Murió en un hogar de ancianos en Ocean Grove, cerca de Melbourne.
Unos 2500 voluntarios de las Islas Británicas se unieron a las brigadas internacionales durante la guerra civil de 1936 a 1939, y un total de 526 de ellos murieron en combate. Al anunciar la noticia, la brigada con sede en Londres Memorial Trust International (CICM) dijo que la muerte del último veterano de la brigada internacional británica marcó el final de una época.
La secretaria BMT Jim Jump dijo que Stan Hilton había ayudado a escribir un capítulo de orgullo en la historia británica del siglo XX. Y agregó: “Si bien su propio gobierno miraba para otro lado y se negó a ir en ayuda de un compañero de la democracia, los hombres y las mujeres de Gran Bretaña que se unieron a las Brigadas Internacionales hicieron algo para salvar el honor y la reputación de su país. Stan y los demás voluntarios pasarán a la historia como los primeros soldados británicos en hacer frente a Hitler y Mussolini en el campo de batalla. Al hacerlo, también son un ejemplo sin igual de la solidaridad internacional y el antifascismo”.
Sin duda se trata de un chico muy inteligente, su actitud no es solo lo más importante. Es como la gallina y el huevo. Qué es primero, su inteligencia y de ahí su actitud, o su actitud consecuencia de su inteligencia?
En los últimos tiempos, es frecuente que dramones como Someone Like You, de Adele, encabecen las listas de éxitos, si bien las composiciones musicales lúgubres, como el Réquiem de Mozart, han conmovido a la gente a lo largo de los siglos. Ambas reflejan y provocan un intenso sentimiento de pérdida y tristeza. Sin embargo, el goce de la música triste es algo paradójico. Si en la vida diaria hacemos lo imposible por evitar la pena, ¿cómo es que, en el arte, se pueden experimentar sin peligro, disfrutar intensamente, e incluso exaltar temas como la pérdida?
Durante mucho tiempo, a los investigadores nos ha desconcertado este fenómeno, y no ha sido hasta hace poco cuando hemos empezado a entender mejor cómo disfrutamos de la música. Ahora, un nuevo estudio publicado en Frontiers in Psychology, del que soy autor junto con varios compañeros, ha descubierto el motivo por el cual algunos de nosotros disfrutamos de la música triste más que otros. Resulta que tiene mucho que ver con la empatía.
La investigación ya había demostrado que, habitualmente, los individuos con una mentalidad abierta valoraban mucho la sofisticación de la música, mientras que los "sistematizadores" ‒las personas muy interesadas en los patrones, los sistemas y las normas‒ solían preferir la música intensa, como el rock y el punk.
Pero, ¿qué pasa con la música triste? ¿Seguramente no gustaría a nadie si no fuese porque la emoción que se experimenta al oírla no es auténtica tristeza, sino una versión transformada de la misma? Basándonos en extensos estudios sobre qué siente la gente cuando oye música triste, sabemos que, en general, esas experiencias encajan en diferentes categorías.
Para algunos, la música triste ahonda y amplifica realmente los sentimientos de pérdida y pesar. Ambas son emociones conectadas con sucesos y recuerdos personales. Estas vivencias no son ni mucho menos placenteras y, por lo tanto, no ofrecen una explicación a la paradoja. A otros les despierta un sentimiento de melancolía, esa sensación que experimentas, por ejemplo, un día lluvioso después de que tu equipo favorito haya sido derrotado.
El misterio de sentirse conmovido
Sin embargo, el tipo de experiencia más curiosa es la sensación de que algo te está conmoviendo, que, en nuestra opinión, es la base de nuestra fascinación por la música triste. Esta experiencia puede ser difícil de describir con palabras, pero suele ser intensa y placentera. Sin embargo, parece que no todo el mundo es capaz de experimentarla. ¿Y quién lo es, entonces? Intuitivamente, sería lógico que quienes sienten empatía con facilidad, también se conmuevan con facilidad.
Para comprobar esta hipótesis, reunimos una muestra formada por 102 participantes que fuese representativa del país, para un experimento de escucha. Les pusimos Discovery of the Camp, de Michael Kamen, una pieza triste de música instrumental que sonaba unos instantes en la miniserie Hermanos de sangre. En un estudio piloto inicial, la gran mayoría de la gente no había sido capaz de reconocerla.
Tomamos la decisión de centrarnos en piezas de música instrumental que era improbable que los participantes hubiesen oído con anterioridad con la intención de excluir cualquier fuente externa de emoción, como recuerdos específicos relacionados con una determinada composición musical o con interpretaciones de la letra que pudiesen tener los entrevistados. En otras palabras, queríamos asegurarnos de que las respuestas emocionales las provocase la propia música.
Asimismo, pedimos a los oyentes que nos proporcionasen información sobre toda una serie de variables de fondo, entre ellas si eran muy propensos a sumirse en la nostalgia, y cuáles eran su estado de ánimo y de salud y su calidad de vida en esos momentos. También trazamos un perfil de sus preferencias musicales y utilizamos la medida estándar de la empatía ‒el "índice de reactividad interpersonal" ‒ para cuantificar en qué medida tenían esta capacidad.
Las experiencias generadas por la pieza musical en concreto iban desde sentirse relajado o conmovido a ‒en algunos casos‒ ponerse ansioso o nervioso. Los participantes que se conmovieron hablaron de sentimientos intensos, placenteros, y, sin embargo, al mismo tiempo tristes. Significativamente, descubrimos que las personas que se habían conmovido con la pieza también tenían valores elevados de empatía. Y viceversa, quienes tendían a sentir poca empatía, apenas declararon haberse sentido conmovidos por la música.
Aún hay más: nuestros descubrimientos indican que la clave del disfrute no reside solo en la capacidad de empatizar con los sentimientos sombríos que expresa la música, sino también en la de autorregularse y distanciarse del proceso. Este componente específico de la empatía se conoce como "preocupación empática". Mientras que empatizar significa reaccionar al sentimiento percibido en alguien experimentando un sentimiento similar, la preocupación empática significa también sentir ternura, compasión y simpatía por él. Este rasgo específico era el que pronosticaba con más acierto si nuestros participantes iban a afirmar que se habían sentido conmovidos por la música.
Entender los resultados
Esta investigación viene a sumarse a una serie de trabajos que indican que en la apreciación de la música interviene la cognición social. La gente sensible y dispuesta a empatizar con las desventuras de otros ‒en este caso, representados por la música triste‒ se ve recompensada en cierta manera por el proceso. Existen diversas teorías sobre la causa.
La recompensa podría ser puramente bioquímica. Todos hemos experimentado una sensación de alivio y serenidad después de haber llorado a gusto. La causa es un cóctel de sustancias químicas generado por el llanto. Una teoría reciente propone que basta incluso con una tristeza ficticia para engañar a nuestro cuerpo y desencadenar esa reacción endocrina, cuya finalidad es aliviar el dolor mental que implica una pérdida real. Esta reacción la provocan hormonas como la oxitocina y la prolactina, que en realidad inducen en nosotros sensaciones de consuelo, ternura y un suave placer. Es probable que esta mezcla hormonal sea particularmente potente cuando se eliminan de la ecuación la pérdida y el pesar reales, cosa que se puede hacer con frecuencia en el caso de la tristeza inducida por la música.
También es posible que el efecto sea principalmente psicológico. En este caso, quienes se permiten sumergirse emocionalmente en la música triste no hacen ni más ni menos que ejercitar su repertorio emocional de una forma gratificante en sí misma. La capacidad de entender las emociones de los demás es fundamental para navegar por el mundo social en el que vivimos y, en consecuencia, es probable que ejercitar esa habilidad proporcione una recompensa debido a su sentido evolutivo.
La música casi se podría comparar con una potente droga. Si la empatía constituye el meollo de la transformación de esa "droga" en placer o en dolor, ¿no se podría utilizar la propia música para entrenar a la gente para que fuese más empática?
Todavía no lo sabemos, aunque sea corriente emplear la musicoterapia para recuperar a personas con trastornos emocionales como la depresión y la baja autoestima. Sin duda, entender las transformaciones emocionales inducidas por la música triste nos ayudaría a comprender cómo se podría utilizar la intervención musical en individuos que sufren trastornos emocionales.
Aunque no hayamos descifrado del todo el código de estas transformaciones, el nuevo estudio es un primer avance. En todo caso, parece que darse permiso para dejarse transportar y sumergirse en un viaje musical a la tragedia y el dolor puede ser justamente lo que su mente social anhela y necesita para mantenerse en forma.
Tuomas Eerola es Profesor de Cognición musical en la Universidad de Durham, y trabaja en el proyecto 'Dulce tristeza. Entender los mecanismos que intervienen en el disfrute de la música triste'.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation
“Cuando los zulús produzcan un Tolstói nosotros lo leeremos”. ¿A quién se refería Saul Bellow con esa primera persona del plural en una de sus más célebres y denostadas citas? Ese “nosotros” que el gran novelista utilizó incluía a los blancos y excluía a los negros. No podía ser de otra manera siendo Bellow un estadounidense de Chicago y un judío descendiente orgulloso de la gran tradición literaria europea. Es muy probable que el novelista lo dijera sin ánimo de ofender, que no pensara que la misma ciudad en la que él vivía y escribía estaba poblada en sus afueras por negros descendientes de esclavos. Bellow se metió en muchos jardines en sus últimos años, probablemente por no percibir que cuando dices algo hay al otro lado personas sometidas a la injusticia, que ven mermados sus derechos a diario y que han nacido para servirnos. No imaginaba que sus palabras llegarían a un escritor negro nacido en 1975, Ta-Nehisi Coates, que se crió en un barrio pobre de Baltimore y que, aún habiendo crecido en una familia comprometida con el activismo radical, heredó el terror de sus antepasados, respiró el miedo a veces agresivo de sus padres a que le pasara algo, padeció el miedo que le provocaban las pandillas, tembló cada vez que la policía asomaba la nariz por sus aceras y fue consciente desde niño de que su color le convertía en un cuerpo a merced de los abusos policiales. Todo eso lo cuenta este periodista editor de la revista The Atlantic en un libro, Between the World and Me(Entre el mundo y yo) que debiera leerse en España tanto como se ha leído en EE UU, donde ha recibido el premio nacional de no ficción 2015. Las palabras de Coates están dirigidas a su hijo, al que cuenta lo que significa ser negro en el país de los grandes sueños; de hecho, llama "soñadores" a los blancos y los culpa absolutamente de perpetuar un sistema que les condena a la exclusión o a ser ciudadanos de tercera.
Los datos económicos le dan la razón a Coates: los cien multimillonarios americanos que encabezan la lista Forbes suman más dinero que toda la población negra. Aun con medidas correctoras, a los negros les costaría doscientos años ponerse a la altura económicamente de sus compatriotas blancos. Solo el 40% de los negros posee una vivienda, comparado con el 70% de los blancos. La propiedad de una vivienda supone grandes ventajas fiscales para sus dueños, por lo tanto, se da más al que más tiene. Para colmo, en los barrios con población negra las viviendas se revalorizan menos, dado que los blancos evitan vivir en una zona donde haya un 25% de población negra. Esto se traduce en menos compradores y en unos precios más bajos. El resultado es que tras el fin formal de la segregación racial prosiguió una segregación económica. Es decir, las diferencias y por tanto las heridas entre las dos comunidades jamás se han cerrado. Si no fuera por los frecuentes casos de brutalidad policial, este asunto estaría fuera del debate político.
Coates ha escrito un libro desalentador porque no quiere mentir a su hijo, no es creyente y no se identifica con los negros que alzan sus manos al cielo en los servicios religiosos convencidos de que llegarán a la tierra prometida donde una justicia ciega trate a todos los ciudadanos por igual. El autor de este alegato contra el sistema americano no está dispuesto a tener esperanza, se niega, y así desea transmitirle a su hijo lo que él piensa de la habitual cantinela nacionalista del discurso americano: "Esta es la base del sueño: que sus adeptos no solamente deben creer en él, sino que deben creer que es justo, creer que su posesión del sueño es el resultado natural de las agallas, el honor y las buenas obras". Pero en algo disiento del autor: la esperanza está contenida en estos libro, dado que nos explica sin darnos un minuto de respiro cómo sería vivir en un cuerpo de tez oscura, nos obliga a calcular la cantidad de recelos, miedos y rencor que atesoraríamos desde el nacimiento.
Coates vincula su existencia a la de los esclavos. En realidad, ha pasado muy poco tiempo. Todos los negros descendientes de la esclavitud leerán este libro como si un padre les estuviera hablando, incluida Michelle Obama. Pero también nosotros debemos saber qué ocurre cuando la suerte está echada desde la casilla de salida.
El autor encontró en un ensayo del periodista negro Ralph Wiley una deslumbrante contestación a la ironía de Bellow: "Tolstói es el Tolstói de los zulús. A menos que uno obtenga algún beneficio al vallar el patrimonio universal de la humanidad para otorgarle una propiedad tribal exclusiva". En descargo de Bellow, pensemos que era ya un viejo, inmerso en exceso en un mundo cultural acotado. Pero nosotros ya no tenemos excusa. No hablo de herir la sensibilidad de personas con la piel muy fina, sino la de gente a la que no vemos, porque en el fondo nuestro bienestar se sostiene por su postergación.
Como ya advirtió Max Weber, con aquella fuerza sintética que siempre caracterizó su escritura: “Toda organización de la salvación en una institución universalista de la gracia se sentirá responsable de las almas de todos los hombres, o al menos de todos los que le han sido confiados, y por ello se sentirá obligada a combatir, incluso con violencia despiadada, toda amenaza de desviación en la fe”. Nada sobra, nada falta: la organización de salvación en instituciones universalistas, esto es, la clerecía, si puede, recurrirá a la violencia despiadada: tal es la ley que atraviesa todas las historias de las religiones de salvación hasta que un poder civil, que no construye su legitimidad en la lectura de ningún libro sagrado, es capaz de reducir la religión al ámbito y al espacio que le son propios: la comunidad de creyentes y el templo.
Pero tanto la religión cristiana, como la musulmana y la judía han erigido sus templos —catedrales, mezquitas, sinagogas— en el centro del espacio público para que sus sacerdotes, imames y rabinos dominen desde esas imponentes construcciones la vida de los fieles, sus creencias y su moral, y para mantener a raya a los fieles de otras iglesias o los creyentes de otras religiones. No existe ninguna clerecía administradora de una religión de salvación que no haya pretendido que su voz, desde el púlpito, el minbar o el amud, se extendiera sobre todo el espacio circundante hasta llegar a someterlo a su mandato. Así es como los clérigos creen cumplir su misión como responsables de la salvación universal, aunque para lograrlo tengan que mezclar, según las ocasiones, la persuasión con el terror. Nada importa que, en sus orígenes, la religión de salvación haya germinado en comunidades de fraternidad y amor, como sin duda lo fue entre los primeros cristianos; cuando llegan los clérigos y se constituyen en poder, la fraternidad se transforma en odio y por amor se es capaz de llevar al matadero al hermano en la fe si sucumbe a la tentación de desviarse de la sagrada doctrina.
Por eso es vana, para alguien que no crea en una determinada religión, la pretensión de establecer cuál es su verdadero contenido o cuál el significado único de su libro sagrado: no hay ni puede haber un islamismo verdadero, de la misma manera que nunca hubo un cristianismo ni un judaísmo verdaderos, siempre idénticos a sí mismos durante todo el tiempo y en cualquier circunstancia. Más aún, los clérigos de las religiones asociadas a una concreta moral pública y de las que se derivan determinadas prácticas políticas, como ocurre con las tres monoteístas, suelen contemplar cómo surgen de sus mismas entrañas voces que se alzan contra la interpretación de la palabra divina sobre la que ellos construyen su poder; son los herejes, perseguidos y condenados a la hoguera por desviarse de la verdadera fe establecida por los dueños de los textos sagrados. Antes que a un infiel, que por definición no cree en la palabra revelada, a quien mata un creyente es al hereje, que le disputa el control de esa palabra.
Si disponen de poder para hacerlo o lo creen en peligro, derraman la sangre del infiel o del hereje
De ahí que pueda predicarse de todas las religiones monoteístas, contempladas a lo largo de siglos, aquello que Carl Schmitt decía de la católica, que era una complexio oppositorum: paz de Dios junto a guerra santa; o también: guerra santa y tregua de Dios. Lo mismo puede decirse de la judía y de la musulmana, las tres monoteístas, las tres basadas en un libro sagrado que contiene verdades reveladas, las tres —y este es el punto que aquí interesa— regidas por una clerecía, formada exclusivamente de hombres que por elección divina se encuentran investidos de autoridad para interpretar la palabra. Son ellos, los clérigos, quienes transmiten en cada momento y por medio de rituales que solo ellos pueden celebrar, y en los que solo ellos toman la palabra, el verdadero y único sentido de la fe revelada. En las tres religiones, los libros sagrados son mudos hasta que alguien, con el poder derivado de su consagración como clérigo, interpreta lo que allí quedó escrito.
Las tres con largos tramos de sus respectivas historias en los que no solo era posible sino voluntad misma de Dios, Alá o Jehová morir o matar en defensa de la fe, una voluntad que se transforma en violencia despiadada sobre las cosas y las personas cuando los clérigos sienten amenazado el poder de vida y muerte que detentan sobre la sociedad. En la larga y sangrienta historia de las religiones, no es posible encontrar ninguna dotada de ritos que celebrar, de libro sagrado en que creer y de clérigos a quienes obedecer, que no haya servido como instrumento de muerte y desolación cuando el dios de los creyentes alcanza la categoría de único dios en el mundo, cuando del libro sagrado se derivan leyes que rigen la conducta de los miembros de toda la sociedad y cuando los clérigos reclaman para sí y conquistan el poder de erigir sus templos sobre las ruinas de los antepasados, de destruir estatuas que el paso del tiempo ha convertido en símbolos perdurables de otros cultos y otras creencias, o de enviar a disidentes y heterodoxos a la muerte, después de conducirlos en procesión por las vías públicas: los herejes o las pobres brujas que la santa Inquisición llevaba a la hoguera tras someterlos a refinadas torturas; esos desventurados cristianos degollados hoy como corderos ante la mirada del mundo. Antes que derramar su sangre como mártires de la fe, los clérigos de las religiones de salvación, si pueden, si disponen de poder para hacerlo, o creen que ese poder corre peligro, derramarán la sangre del infiel o del hereje. Siempre lo han hecho, siempre lo van a hacer.
Los yihadistas ejecutan igual el sacrificio de vidas humanas y la destrucción de estatuas milenarias
Nosotros guardamos en la memoria alguna reciente experiencia de toda esta desgracia. En aquel estremecedor y admirable panfleto que será por siempre Los grandes cementerios bajo la luna, el católico Georges Bernanos, procedente de la derecha nacionalista francesa y testigo horrorizado en 1936 de las matanzas en Mallorca, en las que tomaba parte uno de sus hijos bajo el mando del impostor conde Rossi, dejó escrito que “el Terror habría agotado desde hace mucho tiempo su fuerza si la complicidad más o menos reconocida, o incluso consciente, de los sacerdotes y de los fieles no hubiera conseguido finalmente darle un carácter religioso”. Fue primero el terror implantado por militares y fascistas; luego llegaron los clérigos: la religión católica vino a sacralizar la práctica derivada de una política de muerte. No fue que los rebeldes, por creyentes, mataran; fue que los asesinos, para proseguir su acción hasta el exterminio, la revestían de aura sagrada y la tomaban como prenda de salvación: la alta clerecía había predicado una guerra santa, una cruzada contra infieles e invasores que, con la religión, destrozaban la patria; su destino no podía ser otro que la muerte.
La palabra yihad podrá significar, para los eruditos en la interpretación de textos sagrados, lo que quiera que sea: esfuerzo, ayuda, lucha de liberación. Da igual. Es una auténtica yihad vivida como guerra santa —si fueran cristianos: una cruzada— lo que hoy repiten, celebrando ese horrible ritual ideado para transmitirse a todos los confines del mundo por las redes globales, los matarifes del Estado Islámico bajo la atenta mirada de un clérigo, todo vestido de negro, que observa a corta distancia y con idéntica impasibilidad el sacrificio de vidas humanas y la destrucción de estatuas milenarias.
Yo, Daniel Blake es la historia de un hombre bueno abandonado por un sistema malo. Un trabajador honrado sufre un ataque al corazón que le condena al reposo. Sin ingresos, solicita apoyo del Estado y se ve enredado en una cruel espiral burocrática. Esperas absurdas al teléfono, entrevistas humillantes, formularios estúpidos, funcionarios a los que el sistema ha desprovisto de empatía. Kafka en los años de la austeridad. En esa deshumanizadora espiral Daniel se encuentra con Katie, madre soltera de dos hijos, obligada a mudarse a Newcastle porque el sistema dice que no hay lugar donde alojarlos en una ciudad, Londres, con 10.000 viviendas vacías. Daniel se convierte en un padre para Katie y un abuelo para los niños. La humanidad que desprenden subraya la indignidad del monstruo que los condena. He ahí, como habrán reconocido sus fieles, el toque Ken Loach.
Su cine siempre ha estado del lado de los de abajo y, con 80 años, la realidad le sigue proporcionando argumentos para ponerse detrás de la cámara. Yo, Daniel Blake, Palma de Oro en el último festival de Cannes (la segunda de Loach), es una película espartana. No hacen falta piruetas para conmover con esta historia que escribió Paul Laverty, amigo y guionista, después de patearse bancos de alimentos, centros de empleo y otros escenarios trágicos del Reino Unido de hoy, donde conoció a muchos daniels y katies. La realidad de Loach (Nuneaton, 1936) está ahí fuera para quien quiera verla. Pero en un mundo inmune a los datos, la emoción que despliega el cineasta para contar esa realidad resulta más valiosa que nunca. Recibe a EL PAÍS en sus oficinas del Soho londinense.
Pregunta. ¿Cómo hemos llegado a la situación que describe su película?
Respuesta. Es un proceso inevitable, es la forma en que se ha desarrollado el capitalismo. Las grandes corporaciones dominan la economía y eso crea una gran bolsa de gente pobre. El Estado debe apoyarlos, pero no quiere o no tiene recursos. Por eso crea la ilusión de que si eres pobre es tu culpa. Porque no has rellenado tu currículo correctamente o has llegado tarde a una entrevista. Montan un sistema burocrático que te castiga por ser pobre. La humillación es un elemento clave en la pobreza. Te roba la dignidad y la autoestima. Y el estado contribuye a la humillación con toda esa burocracia estúpida.
P. ¿Abandonar a los más desfavorecidos es una elección política?
R. Es una elección política nacida de las demandas del capital. Si los pobres no aceptasen que la pobreza es su culpa, podría haber un movimiento que desafíe el sistema económico. Los medios hablan de gente vaga, de adictos, de personas que tienen demasiados hijos, que compran televisores grandes… Siempre encuentran historias para culpar a los pobres o a los migrantes. Es una forma de demonizar la pobreza. Este invierno muchas familias tendrán que elegir entre comer y calentarse. Hay una determinación de la derecha para no hablar de ello y es asombroso que lo toleremos.
P. La situación recuerda a Cathy Come Home, su película de 1966 sobre una familia joven que se ve en la calle. ¿Qué ha cambiado en 50 años?
R. Ahora es peor. Entonces aún funcionaban los elementos del Estado de bienestar, ahora no. La sociedad hoy no está tan cohesionada. Sucede en toda Europa. El sistema se ha vuelto peor porque el proceso capitalista avanza.
P. ¿Las historias humanas son su vehículo para articular mensajes políticos?
R. Todas las historias humanas son políticas. Tienen consecuencias políticas. Ni Katie ni Dan son animales políticos. No dan discursos, no van a reuniones. Pero la situación en la que se encuentran está determinada por la política. Tiene que haber individuos. No vale alguien que represente algo. Deben ser idiosincráticos. Deben ser personas con cosas particulares que las hagan especiales.
P. ¿Todo el cine es político?
R. El cine estadounidense rinde culto a la riqueza. Los personajes tienen dinero y casas bonitas. Y nunca se explica de dónde viene ese dinero. Todos se ven muy saludables, con cuerpos perfectos. El subtexto es que la riqueza es buena, que el privilegio es bueno. Además de otros mensajes, como que el hombre con la pistola resolverá todos tus problemas. Hay una agenda de derechas en el cine estadounidense. Excepto Chaplin, claro. Sus películas contienen una cierta política radical, la del hombre pequeño que gana.
P. Usted apoya a Jeremy Corbyn, el controvertido líder laborista ¿Cree que su proyecto de izquierda podría cambiar la realidad que describe en su película?
R. Sí, soy optimista. Sanders, Podemos, Syriza... Hay una sensación de que otro mundo es posible. El auge de Corbyn es muy esperanzador, pero es sistemáticamente atacado por toda la prensa, la BBC, incluso los periódicos de izquierdas. Es una gran lucha, pero es muy popular entre las bases.
P. A menudo, como ha demostrado su país, sucede que entre los más desfavorecidos calan los mensajes populistas y xenófobos.
R. Ofrecen una respuesta simple: los inmigrantes se llevan tu trabajo. Es lo mismo que el auge del fascismo en los años 30. Es fácil señalar al diferente. La gente siempre es vulnerable a las respuestas sencillas. La izquierda tiene una respuesta más complicada.
P. ¿Qué piensa cuando oye decir a Theresa May que los tories son el partido de la clase trabajadora?
R. Sería una broma si no fuera porque nadie se lo discute. Es un Gobierno que utiliza el hambre como arma, que hace a la gente hambrienta para disciplinarla. Es propaganda.
P. Insinuó que Jimmy’s Hall (2014) iba a ser su última película, pero volvió y ganó la palma de oro. ¿Con esta sí echa el cierre?
R. No lo sé. Como en fútbol, iremos partido a partido. Hay muchas historias que contar pero físicamente el cine es muy exigente.
P. ¿Cómo le gustaría se recordado?
R. Como alguien que no se rindió, supongo. No rendirse es importante, porque la lucha sigue. Y la gente tiende a rendirse cuando se hace vieja.
Ayer se celebró el 50 aniversario de la muerte del pedagogo Célestin Freinet. Es una buena ocasión para recuperar y compartir un fragmento de mi comunicación en las jornadas Getxolinguae de 2013, que llevaba este título: Si la gramática (no) fuera inútil. Historia de un largo debate:
En los ambientes renovadores de nuestro contexto educativo, la figura de Freinet quizá ha sido la que mejor ha representado la condena de la [enseñanza de la] gramática. Su obra, publicada en España en los años 70 del pasado siglo por las editoriales Fontanella y Laia, dio argumentos de autoridad a algunos sectores del profesorado, sobre todo de la educación primaria, en su rechazo de un modelo de enseñanza de la lengua basado en la memorización de reglas y en ejercicios mecánicos sin relación con el uso de la lengua. “Si la gramática fuera inútil”: este era el lema provocador con el que Célestin Freinet llamaba a abandonar el estudio de reglas ortográficas y gramaticales por su escasa o nula utilidad para aprender a usar la lengua.
Freinet, en efecto, a lo largo de los escritos reunidos en Los métodos naturales. Vol. I. La enseñanza de la lengua niega la utilidad de las lecciones sobre ortografía y gramática, del aprendizaje de reglas y normas, de los ejercicios pautados, etc. para iniciarse en la lectura y la escritura y para desarrollar las destrezas básicas de comprensión y de expresión:
La Escuela se imagina que el pensamiento y la expresión de este pensamiento pueden montarse y construirse como se monta una máquina, por adición y disposición de las piezas que la componen, preparadas anteriormente. Si esto fuera verdad, el primer estadio de las adquisiciones lingüísticas sería evidentemente el conocimiento perfecto de las reglas y principios sin los cuales la mecánica no podría funcionar. (p. 226)
Frente a este modelo escolar, Freinet nos proponía un “método natural”, la lectura y la escritura en contextos de comunicación vivos, en los que leer y escribir sea grato y tenga sentido para los niños: la correspondencia entre alumnos de diferentes escuelas, la publicación de los propios textos en la imprenta de aula, la preparación de informes y conferencias, etc. son algunos de estos contextos propuestos. En ellos, los aprendices despliegan sus conocimientos, desarrollan sus capacidades y se interesan por los recursos que desconocen y que necesitan para expresar y comunicar aquello que se proponen:
En nuestro método natural de aprendizaje de la lengua [partimos] de la vida del niño, de su expresión oral y escrita, de su texto libre […] Al tantear, el niño busca sin cesar, conscientemente o no, la respuesta esencial y constructiva a los problemas complejos que le plantea la vida. No tantea sólo para conocer, sino para reaccionar ante los acontecimientos con un máximo de éxito. (p. 243)
Sólo cuando el niño manifiesta esta necesidad, o cuando la suscita el profesor, tiene sentido introducir como ayuda los conocimientos explícitos sobre la ortografía y la gramática.
Examinemos un fragmento en el que se muestra cómo la ayuda del maestro en cuanto a las necesidades gramaticales tiene sentido dentro del proceso de revisión y mejora de los textos:
Los niños […] comprenden que se deba a veces completar las frases que terminan demasiado bruscamente, cambiar o modificar ciertas palabras vulgares, estridentes, o que no tienen una resonancia de acuerdo con el texto […] Evidentemente, corresponde al maestro orientar y dirigir esta labor de perfeccionamiento en función de las necesidades sintácticas reglamentarias. No habrá de aportar reglas en un trabajo que es pura sutileza y, por ello, difícil de definir. Se trata, verdaderamente, de un trabajo de pulimento del texto y que se hace por tanteo experimental únicamente.
[…] Este trabajo de elaboración, exactamente equiparable al del adulto, escritor o poeta, es particularmente sensible en la elaboración colectiva de nuestros poemas de niños. No comporta ninguna norma precisa: se tacha, se vuelve a empezar, se vuelve, a veces, a la expresión espontánea que el ulterior correría el riesgo de pervertir. Es la creación literaria con toda su complejidad, pero también con todas sus virtudes entusiasmantes y fecundas.
En este trabajo de preparación [es necesario] tener a mano en nuestro fichero de documentos, o en nuestra biblioteca de trabajo, bellos textos de escritores o de poetas, para leer en el momento oportuno, a fin de mostrar cómo otras personas, en circunstancias parecidas, han utilizado palabras y frases para expresar con brío sus pensamientos y sus reacciones ante los elementos de la vida. (pp. 247-248)
Freinet aconseja centrarse, durante los primeros cursos de primaria, en la preparación del texto: pulirlo y completarlo, sin dar ninguna explicación gramatical. Pero a partir del cuarto curso, el trabajo de “pulimento de los textos” se deberá acompañar de explicaciones técnicas elementales. Freinet opone este modo de proceder –la reflexión sobre la lengua unida a su uso- a los ejercicios más o menos sistemáticos que los alumnos han de realizar sin conexión con la tarea de elaboración cuidada de los textos.
Además, Freinet es consciente de que pueden ser necesarios ciertos ejercicios destinados a la adquisición formal de los conocimientos gramaticales, “indispensables para satisfacer los programas y los exámenes”. Estos ejercicios no son peligrosos si “dejan siempre en primer lugar la adquisición de la lengua”. Los ejercicios sugeridos son:
Observaciones gramaticales (por ejemplo, sobre clases de palabras) que los alumnos están produciendo a partir de los textos que los alumnos están elaborando y reflexión sobre las lagunas de los propios textos en relación con las formas lingüísticas observadas.
Actividades estructuradas y autocorrectivas que estarán disponibles para que los alumnos las realicen según las lagunas y dificultades constatadas en sus textos.
Análisis de enunciados complejos, que no se deben presentar “como un jeroglífico de nombres extraños”, sino que han de estar destinadas a desentrañar el sentido de estos enunciados.
En conclusión, creemos que se ha de matizar la imagen de Céletine Freinet como un radical antigramaticalista. Como se ha examinado, la reflexión sobre lo que el aprendiz hace cuando escribe, y sobre las formas lingüísticas que usa, se considera indispensable para apropiarse de las destrezas de escritura. Sin embargo, como ha señalado Anna Camps , no hay en Freinet ni una planificación de la reflexión gramatical ni una revisión de los contenidos gramaticales tradicionales que permita hacerlos más aptos para el aprendizaje del uso.
Miguel Riera es el director de la revista El Viejo Topo.
-Sé que recuerdas el grito-recomendación del Manifiesto: “Proletarios de todos los países, ¡uníos!”. Pero si conoces una variante más moderna. Nos hemos reunido los topistas de muchos lugares hace muy pocos días y hemos lanzado nuestro lema, una versión actualizada del anterior: “¡Topistas del mundo, uníos! ¡Este no es nuestro mundo!” De paso hablamos de nuestra historia y hemos recordado nuestros cuarenta años, nuestro 40 aniversario al lado del viejo topo marxista que sigue haciendo pacientemente su trabajo: cava y cava. Un encargo del colectivo reunido: ¡que te felicite! Lo hago y añado: 40... y 30 años más. Y que sigas con nosotros, que sigamos todos.
Para situarnos en la historia de una de las publicaciones españolas de izquierda más adultas, viajemos si te parece a 1976. ¿Quién eras tú en aquellos momentos? Creo que habías estudiado Químicas, venías del mundo científico.
-Sí, estudié químicas. Al acabar la carrera estuve cinco años investigando en un organismo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El tema de la tesis era “Radicales libres inertes funcionalizados”. Ya ves, la vida nos lleva por caminos inesperados.
-¿Radicales libres inertes funcionalizados! ¿Y eso qué debe ser? No me atrevo a preguntarte. ¿Por qué os dio por fundar una revista?
-Bueno, supongo que fue una modesta contribución a la lucha contra el franquismo y el posfranquismo. En la Universidad viví los años del Sindicato Democrático, de las manifestaciones, las expulsiones... creo que se nos ocurrió fundar la revista de una forma muy natural, casi lógica, dados los tiempos que vivíamos. Además yo lo tuve particularmente fácil, porque ayudé a mi vecino, Ángel Casas, a montar una revista de Rock, Vibraciones, un aprendizaje que luego allanó el camino hacia el Topo.
-¿Qué tenía de singular vuestra publicación en aquellos años?
-Tres características que la hacían diferente:
1) Tenía colorines. Incluso nos dieron el premio Laus de diseño.
2) Estaba absolutamente abierta a todas las corrientes de la izquierda. Ese fue uno de los objetivos, que fuera un marco de diálogo entre gentes que se tiraban los trastos a la cabeza desde sus respectivas publicaciones.
3) Le dimos mucho peso a la cultura y a asuntos relacionados con la vida cotidiana. Desde la defensa de los derechos de los homosexuales (por entonces aún con responsabilidad penal) al feminismo, pasando por aspectos novedosos como la crisis de la militancia. En cierto modo fue una revista hija del 68.
-¿Y quiénes emprendisteis la aventura? ¿Erais amigos? ¿De dónde sacasteis el dinero si no es una indiscreción?
-Amigos, sí. Los creadores fuimos Josep Sarret, Claudí Montañá y yo mismo. Tras la trágica desaparición de Claudi, se incorporó Miguel Barroso. El dinero, muy escaso, lo pusieron mi madre y mi esposa, Elisa Nuria Cabot. Los varones estábamos sin blanca.
-¿Puede decirse que, desde el primer momento, el topo fue una revista marxista?
-No. Los marxismos tuvieron mucho peso, desde luego. Pero también el pensamiento libertario. ¡Si hasta llegó a colaborar Jiménez Losantos! Claro que entonces ese personaje era telqueliano, y republicano, por cierto; sus mejores artículos de entonces tenían como referencia a Azaña y otros políticos de izquierda de la época.
-¿A quién se le ocurrió el nombre?
-A Josep Sarret. A mí me pareció un nombre horrible. El tiempo le ha dado la razón, aunque al principio resultó divertido: ibas a un quiosco pidiendo la revista y te preguntaban si trataba de perros, gatos u otros bichos.
-Las cosas os fueron muy pero que muy bien. La revista se distribuía mejor que bien, llegaba a los kioskos, se compraba, se leía, la leíamos. ¿Qué cifras alcanzasteis?
-La tirada habitual era de 35.000 ejemplares, con algún pico de 50.000. Fue increíble.
-¡35 mil, 50 mil! ¡Qué tiempos! Editasteis, si no recuerdo mal, varios números extraordinarios. Uno de ellos, lo conservo aún, está dedicado al estalinismo.
-Sí, empezamos con un especial sobre el franquismo. Cada dos meses publicábamos uno, además del número normal. Pero ya casi no me acuerdo de los temas que tratamos. Hubo uno especialmente significativo, el dedicado al control social.
-Paco Fernández Buey, un amigo común, colaboró desde el principio. ¿Qué temas tocó en aquellos primeros números?
-Estuvo presente ya en una primera reunión, en la que quisimos crear un consejo amplio de redacción. La reunión fue un desastre, porque fue evidente que varios de los presentes trataban de asentar su hegemonía en la revista, así que seguimos adelante sin Consejo. Paco colaboró desde el número 1, con textos diversos, uno sobre marxismos, otro sobre Gramsci, cuestiones culturales... Fue una pieza fundamental, y un amigo leal. Cuando el escándalo del manifiesto de “Lo que queda de España” se puso a nuestro lado sin dudarlo. Tuvo buen olfato.
-¿Qué escándalo fue ese? ¿Lo que queda de España no es un libro de Jiménez Losantos?
-Fue una operación genial de marketing dirigida contra nosotros. El grupo de Jiménez Losantos, Alberto Cardín, Biel Mesquida, etc., nos acusaron de atacar a la libertad de expresión por no querer publicar ese libro, cuando yo ni siquiera había leído el original. Tenían preparado un manifiesto que firmó mucha gente, amigos incluidos, tragándose la mentira. Por aquel tiempo todo el mundo firmaba cualquier manifiesto. Al estallar el escándalo leí el libro, y me alegré de no haberlo publicado. Lo hizo después Ajoblanco, aunque con un contenido del que se habían suprimido algunas estupideces. Fue un éxito de ventas.
-Junto al Topo, editasteis también otras revistas. Transición, Vibraciones, hablabas antes de esta segunda. ¿Qué tal fueron?
-Vibraciones ya existía, era la revista de rock que dirigía Ángel Casas. La casa editorial que hacía esa revista, y de la que yo era el administrador, acogió a El Viejo Topo, y luego a Transición, una revista cuyo subtítulo indica perfectamente su contenido: economía, trabajo, sociedad.
-Pero que también tocó temas de economía ecológica cuando no muchas revistas hablaban de estos temas
-Así fue. La palabra ecología tenía entonces un sentido académico, científico. No se usaba en el lenguaje común. Por cierto, creo recordar que en un número de Transición ya se hablaba de cambio climático. Luego los poderes reales han estado décadas negándolo.
-Luego o al mismo tiempo estuvo el proyecto editorial. ¿Qué libros publicasteis en aquel tiempo? ¿Quiénes llevabais la editorial?
-La editorial la llevábamos los mismos que hacíamos la revista. Publicamos libros de autores importantes: Samir Amin, André Gorz, Saraiva de Carvalho, Fernando Claudín, K.S. Karol, Toni Negri...
-Samir Amin… siempre habéis tenido en gran consideración la obra de este marxista egipcio. Acaso más que ninguna otra editorial.
-Tengo una gran admiración por los trabajos de Samir Amin. Aunque él recientemente ha escrito sobre los errores que ha cometido en el pasado al interpretar el sentido y la dirección de los hechos políticos, yo me asombro de constatar cómo y cuánto acertó en su visión acerca de cómo se desarrollarían el capitalismo, el imperialismo, incluso el llamado socialismo real en las posteriores décadas. Su obra me parece simplemente fundamental.
-Luego estuvieron las jornadas, aquel encuentro inolvidable de 1978. ¿Crees que fue un exitazo? ¿Cómo pudisteis montar todo aquello? ¿Cuántas charlas, cuánta gente asistió?
-Fue un exitazo. Los tres días. Si no recuerdo mal, vendimos 25.000 entradas. Con el dinero de la recaudación del viernes fuimos el sábado por la mañana a pagar las letras protestadas en poder de las notarías. Lo digo para valorar mejor aquel enorme esfuerzo. Ocupamos todo el Pueblo Español de Barcelona con mesas de debate, música, etc. El ciclo de cine franquista lo proyectamos en la Fundación Miró. Para que veas cómo cambian los tiempos: el ayuntamiento de Barcelona nos cedió el recinto completamente gratis.
-Sí, sí, que cambian. ¿Os influyó lo que se llamó por aquel entonces la crisis del marxismo? ¿El desencanto?
-Nos influyó nuestra propia crisis. El desencanto llegó mucho después.
-Te pregunto por la crisis. ¿Cuándo las cosas empezaron a ir menos bien?
-Nunca fueron económicamente bien. Desde el punto de vista empresarial, una responsabilidad que se me atribuyó en exclusiva, la editorial fue un desastre. Nos afectó mucho la quiebra de las distintas distribuidoras de América Latina, y digamos que como gestor aún tengo mucho que aprender.
-¿Qué hizo estallar la crisis?
-Un “golpe de estado” interno protagonizado por Miguel Barroso, que pretendió hacerse con la revista de forma desleal y torticera. Él acabó expulsado por la asamblea que se formó para discutir el asunto, y Sarret y yo acabamos amargados. Ambos abandonamos poco después la revista, que pasó a gestionar Pep Subirós.
-¿Y qué venía ese intento de toma de poder en exclusiva por parte de Barroso?
-Mientras Sarret y yo pretendíamos una revista plural, Barroso iniciaba su aproximación al PSOE. Las discusiones sobre cada uno de los artículos, que hasta entonces habían sido cordiales, empezaron a agriarse. Era evidente que Barroso pretendía instrumentalizar la revista.
-Abandonasteis la revista... ¿qué significa exactamente? ¿No colaborabais de ninguna manera?
-De ninguna manera. Al principio compartimos local, pero en cuanto pudimos nos trasladamos.
-¿En qué año se dejó de publicar la revista?
-En el 82, por sorpresa, Subirós presentó en el juzgado una suspensión de pagos. Sarret estaba entonces si la memoria no me falla, dirigiendo el semanario “El Mon”, y yo dirigía la revista literaria Quimera. La suspensión de pagos fue un golpe bajo.
-Entiendo que estás criticando a Subirós por lo de la suspensión de pagos.
-Pues sí. Pero no quiero hurgar en esa herida, porque Subirós ya no está entre nosotros, y es mejor olvidar las malas pasadas.
-De acuerdo, de acuerdo. Creo que no sigues dirigiendo Quimera pero ¿Qué tal la experiencia a lo largo de estos años? ¿No es difícil mantener una revista literaria de estas características?
-Estoy orgullosísimo de esa etapa. Dirigí Quimera durante 18 años, ayudado por un conjunto de personas de un nivel extraordinario. El mérito es de ellos, desde luego. Alrededor de la revista estaban Juan Goytisolo, Rafael Humberto Moreno Durán, Julián Ríos, Roa Bastos, por citar solo unos pocos. Durante los primeros años se imprimían entre 30 y 35.000 ejemplares, una cifra extraordinaria para ser una revista literaria.
Otro gran éxito. Me centro de nuevo en el Topo. ¿Cuándo se volvió a editar? ¿Quiénes estabais en esta segunda etapa de la aventura?
-En 1993, cuando pude recuperar la cabecera, que Subirós se había adjudicado, supongo que por si algún día decidía volver a publicarla. Pero olvidó seguir pagando los derechos de marca, y así pude recuperarla. Decidimos volver a publicarla hastiados de contemplar la corrupción del PSOE y asqueados por el terrorismo de Estado y los GAL. Nos juntamos unos pocos, Jordi Dauder, José Sanchís Sinisterra, Enrique Helguera, Santiago Palacios, Esther Mañé, mi compañera y yo, para impulsar la resurrección.
-Once años entre una y otra etapa. ¿Eres tú el director en solitario o estaban contigo otros compañeros?
-Era yo el director, con un redactor-jefe muy activo, Xavi Giró.
-¿De dónde salieron los fondos para este resurgimiento?
-Además de los nombres que ya he citado, llegó también una aportación de una de las empresas de Jaume Roures, quien más tarde se desvinculó de la aventura.
-Mirado desde ahora, pensando en aquellos años, ¿no estabais como un llum? ¿A quiénes pensabais que podría interesar la revista en aquel tiempo tal felipe-felipe-felipe?
-Tal vez… pero en la primera época no fuimos los únicos, ni mucho menos. Un sector de mi generación estaba en ebullición creativa, y surgían proyectos por todas partes. También en el sector de las publicaciones. En la segunda época las cosas ya eran diferentes.
-Desde un punto de vista político, ¿teníais las mismas coordenadas políticas e ideológicas que en la etapa anterior?
-Sí en lo fundamental, no tanto en los objetivos. Han cambiado el paisaje y las circunstancias; ahora, por ejemplo, hay que luchar para ampliar o para que no sea laminada la democracia, y entonces había que luchar por conseguirla. Y así más o menos todo.
-Los contenidos, las secciones de la revista, ¿han ido variando a lo largo de estos años?
-Desde luego. Del mismo modo que se ha ido produciendo un relevo, parcial y lógico, en los colaboradores.
-¿Con qué colaboradores habéis contado a lo largo de estos años?
-De la primera época algunos acabaron ocupando altos cargos, pero con la excepción de Juan Goytisolo no les hemos vuelto a ver el pelo. Excepcional en esto fue Fernández Buey, pieza clave tanto en la primera como en la segunda época. En los últimos años, además de los muchos que han colaborado ocasionalmente, debo resaltar a algunos de fidelidad inquebrantable: Antonio García Vila, Higinio Polo, Luis Roca, Víctor Ríos, Eduardo Luque, Antonio Santamaría, Gómez Tarín, y Agustín Rubio son el espinazo de la revista. Además de ti, Salvador, que llevas colaborando en cada número desde hace no sé cuántos años. Muchos.
-Gracias, un honor para mí, ¿Habéis tenido ayudas ministeriales o de la administración en general?
-Hace bastantes años, siendo yo el presidente de ARCE, la asociación de revistas culturales, se alcanzó un acuerdo con el ministerio para que las bibliotecas públicas se suscribieran a todas, o casi todas, las revistas culturales y político-culturales. Surgió un problema que luego ha dado pie a malentendidos: como según la ley de contratos del estado no se puede pagar nada hasta haber sido entregado, el ministerio no podía pagar las suscripciones hasta bien entrado el año siguiente. Para salvar eso, se ideó formalizar el asunto en forma de subvención con la contraprestación de entrega de los ejemplares. Una chapuza, que ha originado que se dijera que las revistas recibían subvenciones, cuando era en realidad venta de suscripciones.
En 2011, por presiones de la UE, el PSOE, poco antes de cederle el gobierno a Rajoy, suprimió las suscripciones a bibliotecas. Completamente.
-Lo recuerdo, lo recuerdo
-En su lugar, el PP implementó, ahora sí, unas subvenciones a fondo perdido (con la entrega de unos pocos ejemplares) pero con cuantías alejadísimas de lo que anteriormente se facturaba. Una lástima, porque ahora son muy pocas las bibliotecas que están suscritas a las revistas.
-¿Cuál es el tiraje actual de la revista?
-Casi me da vergüenza decirlo al compararlo con los de otros tiempos: habitualmente 3.500, alguna vez llegamos a 5.000. De todas formas cuando lo comento por ahí se sorprenden de lo alto que es. No parece que los tiempos sean buenos para el formato revista.
-No son buenos, no lo son. Como revista, ¿hacéis apuestas políticas? No sé, a favor del 15M, a favor de Unidos Podemos.
-Nos gustaría apoyar la idea gramsciana de construcción de un bloque histórico capaz de impulsar una transformación real. Pero eso es decir muy poco, y concretarlo es difícil, pues la política modifica constantemente el terreno en el que nos movemos. En las pasadas elecciones editorialmente apoyamos la idea de Unidos Podemos. Pero no estamos casados con nadie.
-Se os acusa en ocasiones de ser una revista poco sensible al “hecho catalán”. ¿Es así en tu opinión? ¿Te parece bien esta crítica?
-No sé exactamente qué entiendes por el “hecho catalán”.
-Tocado y hundido.
-Yo soy catalán. El abuelo de mi compañera incluso fue fundador del Barça. Pero ninguno de los dos acabamos de saber qué es ese “hecho”. Si te refieres a asuntos tales como la posible independencia, el derecho a decidir, el principio de autodeterminación y cosas por el estilo, mi posición personal, no necesariamente compartida por el resto de colaboradores, es que son conceptos que sirven fundamentalmente para que la burguesía nacionalista siga manejando los resortes del poder, mareando la perdiz indefinidamente sabiendo que transitan por un camino que no lleva a ninguna parte, aunque dejará muchos heridos en las cunetas. El catalanismo es un sentimiento, absolutamente legítimo mientras se respeten los derechos de todos, pero yo no soy patriota. De ninguna patria. En todo caso me reconozco en “La marsellesa” y “La internacional”, y poco más.
Es verdad, de todos modos, que en este aspecto la revista ha sido políticamente incorrecta en un ambiente tan “controlado” como el catalán, porque ha dado cabida a alguna voz discrepante, y no ha defendido en su momento algunos argumentos que se han propalado en medios catalanes y que finalmente se han demostrado falsos, pura propaganda. Pero no abundar en ellos ha sido suficiente para que algunos nos consideren “enemigos”. Odio los fanatismos.
-Coincidimos también en esto último. ¿Has, habéis pensado en algo especial para celebrar estos 40 años?
-He, hemos tenido algún delirio al respecto. Ensoñaciones. Pero el agobio del trabajo cotidiano nos tiene bloqueados. Lo primero es lo primero.
-Por cierto, has hablado en varias ocasiones de tu compañera, de Elisa. ¿Me equivoco si afirmo que ha sido alguien esencial en las varias etapas del Topo?
-No te equivocas en absoluto. Sin ella el Topo ni hubiera existido, ni hubiera resucitado, ni se seguiría publicando. Pero como es la personificación de la discreción, casi nadie es consciente de ello. Personalmente se lo debo todo.
-Dejemos constancia de ello. ¿Seguirá el Topo cavando y cavando? No lo digo por ti específicamente, pero ya tenemos nuestros añitos.
-A mí me gustaría. Pero como dices, yo ya tengo una edad... A ver si alguien se anima a seguir cavando galerías....
-¿Me he dejado algo importante en el tintero? ¿Quieres añadir algo más?
-Nada, muchas gracias por el tiempo que te has tomado. Quizás sí, una cosa: no nos dejemos llevar por nostalgias o tristezas. Hay mucho que hacer, muchos obstáculos que salvar, muchos golpes que recibir pero también mucha esperanza que alumbrar.
-Gracias. Alumbremos, pues, toda la esperanza que podamos. Con el Topo y contigo tenemos mucho ganado.
¿Por dónde comenzar? ¿Qué decir ante la dura noticia de su muerte?
Trabajábamos juntos, a la distancia, en la nueva edición de Listen Yankee! Why Cuba matters fruto, en parte, de largas conversaciones entre dos viejos amigos y que es también parcialmente, una suerte de memorias a cuatro manos.
Porque nuestra amistad perduró intacta desde los años sesenta cuando nos tocó dirigir dos organizaciones gloriosas, Students for a Democratic Society (SDS) y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Nos unieron la lucha y los ideales y sobre todo la terca convicción de que un mundo mejor era posible y que valía la pena dedicar la vida a conquistarlo.
Mucho habría que decir sobre Tom Hayden. Su larga trayectoria que tantas veces lo envió a prisión desde los días iníciales en que marchó al Sur a defender los derechos de los negros hasta colocarse a la cabeza del movimiento contra la guerra de VietNam que tuvo su punto culminante en la insurgencia juvenil de Chicago en 1968. Un camino que continuó después y lo llevó a ocupar cargos electivos por el Partido Demócrata sin abandonar sus sueños de juventud.
Porque para él los sesenta no quedaron atrás y sin él jamás se podrá hablar de esos años imborrables.
Dilatada fue también su obra publicada, sus numerosos libros, ensayos y discursos desde la declaración de Port Huron, manifiesto fundacional del SDS y su texto sobre la rebelión afroamericana en New Jersey, hasta los más recientes, en los que nunca faltó su solidaridad con Cuba y con nuestros Cinco Héroes antiterroristas por cuya causa fue incansable batallador.
Su vida y su pensamiento seguirán siendo inspiración para las nuevas generaciones. Porque él fue, es y será, lo que quiso el fundador de la FEU, un eterno joven rebelde. Hasta la victoria siempre Tom, compañero del alma, compañero.
"No se escribe para ser escritor, ni se lee para ser lector. Se escribe y se lee para comprender el mundo. Nadie, pues, debería salir a la vida sin haber adquirido esas habilidades básicas". J. J. Millás.
"Nada curo llorando y nada empeoraré si gozo de la alegría" (Arquílaco).
Tome color. El año pasado, los investigadores alemanes hallaron que sólo echando un vistazo a los tonos de verde pueden impulsar la creatividad y la motivación. No es difícil adivinar por qué: asociamos colores verdes con vegetación, alimentos - tonos que prometen alimento. Esto podría explicar en parte por qué las vistas de paisajes desde la ventana, en programas de investigación, puede acelerar la recuperación del paciente en los hospitales, ayuda al aprendizaje en las aulas y estimula la productividad en el lugar de trabajo.
Esta lluvia amiga... A la tierra la volvió jardín, dicen que el campo se cubrió de verde, el color más bello, el color de la esperanza. Y la isla de mi corazón en pocos días es tempestad que ya viró a bonanza. (De la canción Regreso, de Cesarea Evora).
Joan Manuel Serrat. Aquellas pequeñas cosas,...Uno se cree/que las mató /el tiempo y la ausencia. /Pero su tren/ vendió boleto/ de ida y vuelta./ Son aquellas pequeñas cosas,/que nos dejó un tiempo de rosas/en un rincón,/en un papel/ o en un cajón./Como un ladrón/te acechan detrás/de la puerta./Te tienen tan/a su merced/como hojas muertas/que el viento arrastra/ allá o aquí,/que te sonríen tristes y...
Violeta Parra.
Gracias a la vida (Thanks to the life)
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, ...
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro al fruto del cerebro humano
Cuando miro al bueno tan lejos del malo
cuando miro al fondo de tus ojos claros.
...
Volver a los 17.
Volver a los diecisiete después de vivir un siglo ...
"Una vida humilde y tranquila trae más felicidad que la persecución del éxito y la constante inquietud que implica". Albert Einstein (1879-1955)
Libros
50 Cosas que hay que saber sobre Física, 2009. Joanne Baker
50 Cosas que hay que saber sobre Matemáticas, 2009. Tony Crilly
50 cosas que hay que saber sobre psicología, 2008 Adrian Furnham
A Física en Banda Desenhada. 2005. Larry Gonick e Art Huffman
Al servicio del Reich. La física en tiempos de Hitler. Philip Ball. 2014
Ángel González
Antología, Federico García Lorca
As Pequenas Memórias, José Saramago
Belén Gopegui, El lado frío de la almohada
Blas de Otero
Campos de Castilla, Antonio Machado
Canto General, Pablo Neruda
Cantos Iberos, Gabriel Celaya
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
De Arquímedes a Einstein. 2007. Manuel Lozano Leyva
Einstein et la relativité, Jean Eisenstaedt
El enigma cuántico. Encuentros entre la física y la conciencis. B. Rosenblum y F. Kuttner. Tusquets, 2010.
El factor humano, John Carlin
El libro de las matemáticas. 250 hitos de la historia de las matemáticas, 2011. Clifford A. Pickover. Ilus Books.
El olvido de la razón, Juan José Sebreli
El PCE y el PSOE en (la) transición, Juan A. Andrade Blanco, 2012. Siglo XXI.
El Prisma y el péndulo, Robert Crease
El Quijote, Miguel de Cervantes
El romancero gitano, Federico G.Lorca
Emma. 2001. Howard Zinn.
Eric J. Hobsbawm, Política para una izquierda racional
Eternidades, Juan Ramón Jiménez
Evaluación de la lengua escrita y dependencia de lo literal. 2009. Maite Ruíz Flores
Feynman, Richard P. El carácter de la ley Física
Geometría para turistas. 2009. Claudi Alsina
Giles Macdonogh. Después del Reich. Crimen y castigo en la posguerra alemana. 2011. Galaxia Gutenberg
Hacemos ciencia en la escuela. 2009. Grao
Imperialismo Humanitario. 2008. Jean Bricmont
Imposturas intelectuales, A. Sokal y J. Bricmont
José Hierro
Kosovo. La coartada humanitaria. Isaac Rosa y otros
L`Etat démantelé. 2010. L. Bonelli et W. Pelletier. La Découverte.
La Alemania nazi, Enzo Collotti
La CIA y la guerra fría cultural. Frances Stonor Saunders. Edt. Debate. 2001
La cocina de Menorca, Josep Borrás
La disciplina en la conciencia: Las Brigadas Internacionales, Mirta Núñez
La educación Lenta, 2009. Joan Domenech Francesch
La poesía española de 1935 a 1975. II de la poesía existencial a la poesía social 1944-50
La resistencia Alemana contra Hitler 1933-1945. 2005. Barbara Koehn
Las Ciencias en la escuela, M. Catalá, R. Cubero y otros
Las leyes del caos. Ilya Prigogine. Critica. Drakontos bolsillo, 2008
LEONARDO DA VINCI Walter Isaacson. 2018
Los caminos cuánticos. Feynman. J. Navarro Faus. Nivola, 2007
Los versos del capitán, Pablo Neruda
Marinero en Tierra, Rafael Alberti
Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura. 2009. Alan Sokal
Momentos estelares de la ciencia, 2008. Isaac Asimov
Odas y Sonetos, John Keats (ed. bilingüe)
Odifreddi, Piergiorgio. 2007. Juegos Matemáticos Ocultos en la Literatura. Octaedro.
Pablo Neruda. Antología General, 2010. Real Academia Española
Paroles, Jacques Prévert
Poesía, Miguel Hernández
Poeta en Nueva York, Federico G. Lorca
Qué significa todo eso. Reflexiones de un científico ciudadano. Richard P. Feynman. Crítica. Drakontos, 2010
Science 101 Physics. 2007. Barry Parker.
Sed sabios, convertíos en profetas, G. Charpak y R. Omnès
Seis piezas fáciles, 2008. Richard P. Feynman
Soberanos e intervenidos, Joan E. Garcés. Siglo XXI Editores, 2000. (original del 96)
Sobre la guerra. La paz como imperativo moral, 2008. Howarrd Zinn
Walter Benjamin. 2010. Revista Anthropos
Weinberg Steven, 2010. El sueño de una teoría final. Drakontos