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miércoles, 8 de mayo de 2019

Se cumplen 25 años del 0,7%

Carlos Gómez Gil
Rebelión

Se cumplen veinticinco años de las grandes movilizaciones que tuvieron lugar en toda España a favor del 0,7% del PNB de ayuda a los países empobrecidos, impulsando un movimiento insólito en el mundo por su fuerza, aunque sus resultados, con la perspectiva que dan estos años, no hayan sido los esperados.

Un cuarto de siglo es tiempo suficiente para realizar un pequeño análisis de lo que significó esta emblemática campaña para el conjunto de la sociedad, precisamente en unos momentos en que la política estatal de ayuda al desarrollo en España ha caído a mínimos históricos, tras la profunda involución protagonizada por los Gobiernos del PP.

El 6 de abril de 1994 el entonces presidente de Ruanda, el general Juvenal Habyarimana, murió cuando su avión, a punto de aterrizar en el aeropuerto de la capital, Kigali, fue alcanzado por varios misiles. A continuación, los rebeldes del Frente Patriótico Ruandés (FPR) avanzaron sobre la capital, desencadenando uno de los más terribles genocidios conocidos en el siglo XX. Entre 800.000 y 1.000.000 de personas, mayoritariamente de etnia tutsi, fueron asesinadas de forma premeditada, en una acción planificada durante meses por fanáticos Hutus, con la complicidad de varios Gobiernos occidentales. El 75% de los tutsis fueron asesinados de manera cruel, al tiempo que la práctica totalidad de las mujeres de esta etnia que sobrevivieron al genocidio, fueron violadas. Todo ello originó una gigantesca catástrofe humanitaria provocada por millones de personas que huían de forma desesperada para escapar de una muerte segura, especialmente hacia improvisados campos de refugiados en Zaire, hoy República Democrática del Congo.

La dimensión de la tragedia y especialmente la rapidez con que se desarrolló, contaron con la pasividad de la comunidad internacional y de instituciones internacionales, que demostraron el escaso valor que otorgaban a la vida humana en algunas partes del planeta. Pero en esta ocasión, los medios de comunicación retransmitieron por vez primera y en tiempo real, informaciones que detallaban la dimensión del gigantesco drama que se estaba viviendo en la región de los Grandes Lagos. Ante nuestros ojos aparecían cientos de miles de personas cuyo único propósito a lo largo de toda su vida era sobrevivir, algo que significó un auténtico aldabonazo en muchas conciencias, llevando a numerosos ciudadanos de bien a preguntarse por las causas de tanto horror y la manera de paliar tanto sufrimiento humano. Se iniciaba un cambio trascendental en la opinión pública española, que empezaba a mostrarse a favor de la ayuda a los países pobres y la cooperación internacional.

Un país de espaldas a la cooperación internacional

Por aquel entonces, un pequeño grupo de personas vinculado a algunas organizaciones humanitarias venía impulsando actividades en las que reclamaban el cumplimiento de la Resolución 2626 (XXV) de las Naciones Unidas sobre la estrategia del segundo decenio para el desarrollo del año 1970, para destinar el 0,7% del PNB de los países ricos para la ayuda para el desarrollo del Tercer Mundo. Así, en noviembre de 1993, cinco personas iniciaron una huelga de hambre para reclamar al Gobierno el 0,7%, consiguiendo que en diciembre, responsables gubernamentales del PSOE se reunieran con ellos, afirmando tras la reunión que “se identificaban con los objetivos defendidos por los huelguistas”. De hecho, los representantes socialistas afirmaron comprometerse a presupuestar el 0,4% de ayuda al desarrollo para el año 1994. Al mismo tiempo, diferentes ONG, asociaciones y personas decidieron constituir una Plataforma de apoyo al 0,7%, en lo que significó su arranque formal ante la sociedad española.

Sin embargo, España acababa de entrar en el club de países donantes de ayuda al desarrollo, el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, manteniéndose muy alejada de estas cuestiones, que solo empezaban a generar debates en ámbitos cercanos a algunas ONG y en un reducido número de estudiosos que tratábamos por entonces de adentrarnos en este campo. Hasta el punto que muy pocas personas conocían el origen y el verdadero significado del 0,7%. Pero los sucesos que se desencadenaron en la región de los Grandes Lagos en el año 1994 sirvieron de catalizador en una doble dirección: permitiendo, por un lado, que las campañas minoritarias que hasta entonces se habían realizado a favor del 0,7% tomaran una nueva pujanza y se generalizaran en numerosas ciudades y municipios, y al mismo tiempo, que se pudieran plantear en sectores sociales y políticos amplios cuestiones relacionadas con las políticas de solidaridad internacional, generándose un debate sobre el papel de España como país donante y la efectividad de su desconocida política de ayuda al desarrollo.

El papel de las acampadas y movilizaciones

Así las cosas, a lo largo de 1994 se extendió por España un sentimiento difuso de solidaridad a raíz de genocidio en Ruanda y la catástrofe humanitaria que se desencadenó en la región de los Grandes Lagos, tomando como bandera una reivindicación hasta entonces minoritaria, como era el 0,7%. Por vez primera en nuestra historia, tenían lugar movilizaciones y actos masivos en los que se reclamaba un mayor esfuerzo económico de España con los países pobres. De esta forma, la campaña a favor del 0,7% era capaz de plantear en España de forma pionera nuestra responsabilidad en la reducción de la pobreza en el mundo, más allá del horizonte electoral, realizando propuestas que muchos políticos de entonces consideraban un tabú. Manifestaciones y encierros, huelgas de hambre y hasta 140 acampadas se sucedieron a lo largo y ancho de España, teniendo lugar todo tipo de actividades en las que se analizaba, enseñaba y comentaban temas que hasta entonces habían estado fuera de los debates ciudadanos. Algunos, recorrimos muchas de esas acampadas intentando explicar la complejidad de estas políticas y la necesidad de mejorar, con urgencia, nuestra política de cooperación al desarrollo.

La fuerza de la marca 0,7%

Todo aquello de lo que carecía el 0,7%, como movimiento social, en su construcción ideológica, lo tenía de formidable catalizador social y generador de simpatías, construyendo en muy poco tiempo un imaginario colectivo verdaderamente sorprendente. Así, pocos sabían de lo que se trataba, pero la mayoría estaba a favor; ni siquiera las personas implicadas en las movilizaciones conocían a fondo la naturaleza de la política española de cooperación y ayuda al desarrollo o las implicaciones económicas y sociales de sus reivindicaciones, pero la unanimidad era absoluta en cuanto a la necesidad de alcanzar esa mítica cifra del 0,7% de la que todo el mundo hablaba. El extraordinario potencial del movimiento llevó a que ningún ámbito quisiera quedarse fuera del mismo: las universidades empezaron en muchos casos a abordar de forma pionera estos temas; los medios de comunicación iniciaban la inserción de noticias y artículos de opinión hasta entonces ausentes; alcaldes y gobiernos autonómicos multiplicaban sus mociones de apoyo, al tiempo que todos los partidos políticos iniciaron una insensata carrera por erigirse en los mayores defensores de este movimiento y de sus reivindicaciones, utilizando de forma torticera la campaña y a sus líderes para hacer declaraciones demagógicas y firmar compromisos imposibles.

Las movilizaciones desencadenaron un auténtico aluvión de ofertas y compromisos políticos por parte de todos los partidos, siendo numerosos los dirigentes que firmaban manifiestos, acudían a las acampadas o se hacían fotografías de apoyo con los activistas que se pusieron en huelga de hambre. Desde el Gobierno socialista de entonces, los responsables en materia de cooperación trataron de desactivar un movimiento que suponía toda una contestación a la escuálida e ineficiente política de cooperación y ayuda que ellos mismos venían realizando, procediendo a firmar todo tipo de acuerdos con responsables de la Plataforma 0,7% y de ONG a sabiendas de su imposible cumplimiento. Así, el PSOE firmó llegar al 0,5% en el 1995, para alcanzar el 0,7% en el 1997, mientras que el PP en el mismo Congreso de los Diputados llegó a respaldar el 0,7% en el año 2000 e incluso a afirmar que se podría llegar a alcanzar el 1% en esa misma fecha. Todo este juego de falsas promesas llevó a desactivar gran parte de las movilizaciones y a levantar las acampadas, empujando a algunas ONG a difundir informaciones elogiosas sobre estos acuerdos engañosos y el fantástico rumbo que alcanzaría desde entonces la ayuda española. En poco tiempo se demostró que todo era mentira, ya que la ayuda al desarrollo de España comenzó a descender, tardando toda una década en recuperar, siquiera, los niveles que tenía en el año 1994, cuando se desencadenó esta campaña.

Acuerdos, compromisos y pactos engañosos

Sin embargo, en el año 1996 todos los datos confirmaron lo que muy pocos nos atrevimos a señalar por entonces, en la medida en que el Gobierno no solo incumplió sus acuerdos para incrementar la AOD, sino que, por paradójico que pudiera parecer, la AOD vivió un importante retroceso en el volumen de recursos empleados. Pero ello no parecía afectar a los responsables políticos, que continuaban haciendo declaraciones ampulosas sobre el crecimiento experimentado por la Ayuda al Desarrollo en España, a la vez que multiplicaban mociones y acuerdos en el Parlamento, comprometiéndose a dedicar porcentajes y recursos inalcanzables.

Por si fuera poco, la inminencia de las elecciones en ese año y una nueva huelga de hambre protagonizada por dos activistas en una roulotte instalada frente a la sede del PP madrileño, llevaron a que dos de los dirigentes populares, Loyola del Palacio y Rafael Hernando, junto a uno de los huelguistas de hambre y a un dirigente de una gran ONG, firmaran un nuevo “Compromiso por la solidaridad”, repitiendo nuevamente acuerdos y promesas que en muy poco tiempo se incumplieron tras las decisiones adoptadas por el PP nada más ganar las elecciones y entrar en el Gobierno, en el año 1996.

Encontraremos pocos ejemplos en la sociedad española donde haya habido tantas declaraciones engañosas, tantos acuerdos incumplidos, tal número de mociones y proposiciones parlamentarias aprobadas a propuesta de partidos, de uno y otro signo político, sobre una misma materia que han sido sistemáticamente despreciados por parte de sus diferentes dirigentes políticos, como a lo largo de todos estos años se ha venido produciendo en torno a la promesa del 0,7%. Todavía algunos nos preguntamos, ¿cómo se ha podido edificar un engaño político tan grande, como ha sido el compromiso asumido primero por el PSOE y luego por el PP, de destinar el 0,7% del PNB para AOD, cuando existía tal grado de apoyo y simpatía de la sociedad española hacia esta reivindicación?

Principales bazas y debilidades del movimiento 0,7%

La campaña del 0,7% demostró la complejidad de los movimientos sociales en las sociedades contemporáneas, la facilidad con la que éstos pueden ser fagocitados por los poderes políticos y económicos, así como la ausencia de escrúpulos sobre la que algunos responsables políticos edifican su futuro. Pero lo que en un momento dado fueron algunas de las principales bazas de este movimiento, se convirtieron también en sus puntos más débiles. La extraordinaria difusión de la campaña en todo el Estado, la pluralidad de expresiones y actos, la espontaneidad con que fue construyéndose el movimiento el 0,7%, junto a la enorme simpatía que cosechó, especialmente entre sectores jóvenes y dinámicos de la sociedad, no impidió que la Plataforma de Madrid tratara de jugar con ventaja su situación de centralidad y contacto con los poderes públicos estatales, en detrimento de otras muchas plataformas locales en diferentes provincias. Además, desde el movimiento de Madrid se dificultaron cauces de organización horizontales, manteniendo una visión naïf de los problemas de la cooperación y la ayuda al desarrollo muy alejada de la realidad, dificultando que se generaran estrategias para difundir mensajes rigurosos y estudios de una cierta profundidad, impidiendo así que se produjera una manipulación de las reivindicaciones y movilizaciones de esta campaña.

Por decirlo de forma muy gráfica, el 0,7% sucumbió bien pronto debido a la dificultad para gestionar el extraordinario éxito que cosechó y a causa de la manipulación deliberada que del movimiento se hizo desde los partidos políticos. No era posible firmar año tras año acuerdos imposibles de cumplir (con solo revisar por encima los Presupuestos Generales del Estado y las grandes cifras de la cooperación) con quienes avanzaban en sentido opuesto a estas peticiones, minando su credibilidad y contribuyendo, con ello, a difundir un discurso de incumplimiento sistemático de estas políticas. Lo más llamativo es que cuantos más acuerdos y compromisos políticos firmaban quienes se erigieron en líderes de esta plataforma, más se alejaba la ayuda española del cumplimiento del 0,7% y más se reducía.

Pero no fueron solo los partidos políticos los que trataron de aprovecharse de la fuerza de este movimiento, sino que también el poder económico comprendió bien pronto los beneficios que podía recoger aprovechándose de sus valores y de su potencial legitimador. Y así, tabacalera utilizó para la promoción publicitaria de su marca de cigarrillos, Fortuna, los valores del 0,7%, aderezándolo con una polémica campaña de supuestas subvenciones a proyectos, a los que concurrieron algunas ONG que evidenciaron su falta de escrúpulos para captar recursos, iniciando un debate que contribuyó a erosionar a la CONGDE, al dar por válida en algunas ONG la máxima de Maquiavelo de que el fin justifica los medios. Todo servía para obtener dinero para sus proyectos, abriendo un debate no resuelto en el oenegeísmo que ha llevado a algunas de ellas a sacrificar principios éticos, códigos de conducta y valores esenciales.

El mayor movimiento de solidaridad en España

Ahora bien, hay otros muchos ángulos que también tienen que ser tenidos en cuenta para valorar en su justa medida lo que ha sido el mayor movimiento de solidaridad internacional generado en la sociedad española. Así, la movilización por el 0,7% ha sido capaz de alimentar nuevos movimientos sociales relacionados con estas cuestiones, algunos de ellos de una gran madurez, que han puesto en práctica algunas de las lecciones que aprendieron. Los grupos contra la deuda externa que se articularon en torno a la RECADE y que culminaron en la campaña “Deuda externa, deuda eterna”; los movimientos en contra del BM y del FMI, o las organizaciones altermundialistas surgidas en los últimos años ante su preocupación por el avance del proceso de globalización, son ejemplos de lo que decimos. Tampoco se puede ignorar que esta movilización permitió que se democratizara un debate social en torno a los problemas del hambre, el subdesarrollo y las políticas de solidaridad internacional. Buena prueba de ello es que en la segunda mitad de los 90 se publicaron algunos de los mejores libros y estudios sobre solidaridad, ayuda y cooperación internacional en España. Incluso las acampadas del 15M emulaban, en muchos lugares, las acampadas del 0,7% del año 1994.

Una sensación agridulce

Pero posiblemente, el mayor logro de esta campaña no pueda interpretarse en clave estatal, sino por el contrario, a nivel autonómico y local. El avance que vivieron en España las políticas de cooperación descentralizada que se llevaron a cabo en ayuntamientos, diputaciones, cabildos y comunidades autónomas desde entonces fue, sin ninguna duda, el mayor logro de esta campaña, y uno de los mayores avances experimentados por la política de cooperación española hasta la llegada de la crisis. La política de cooperación descentralizada en España es única en el mundo, siendo un espacio de vitalidad, originalidad y avances, poco reconocido. España es un donante muy notable en la cooperación al desarrollo que se realiza desde las instituciones descentralizadas a lo largo y ancho del país, en infinidad de ciudades, comunidades autónomas, diputaciones y cabildos, con un volumen de recursos muy importantes y crecientes, generando prácticas y experiencias de solidaridad y participación extraordinariamente enriquecedoras. Y ello se debió gracias a las movilizaciones del 0,7% en el año 1994 y a las numerosas personas y organizaciones que participaron en sus movilizaciones. Un buen ejemplo fue el Concejal de Solidaridad del Ayuntamiento de Córdoba, David Luque, ya fallecido, que salió de las movilizaciones del 0,7% y trabajó posteriormente desde el Ayuntamiento de esta ciudad para llevar a cabo las reivindicaciones de estas movilizaciones en su propia ciudad. También las universidades crearon oficinas, programas, cursos y posgrados, otorgando a estas materias una importancia docente e investigadora hasta entonces inexistente. Al mismo tiempo, las ONG deben ser citadas también como entidades que se beneficiaron de esta campaña, al ver aumentar, hasta la llegada de la crisis, sus recursos disponibles y gozar de una mayor relevancia social e institucional.

Los gobiernos del PP dinamitan el 0,7%

Sin embargo, a pesar de la campaña del 0,7%, la ayuda española nunca consiguió, ni de lejos, aproximarse a esta cifra, alcanzando su máximo histórico en el año 2009, con el 0,46% de AOD dedicado por el entonces Gobierno de Rodríguez Zapatero. Bien es cierto que nuestra política de ayuda al desarrollo mantenía, por entonces, importantes problemas que dañaban su calidad y cuestionaban seriamente su efectividad.

Sin embargo, a partir de esa fecha y con la excusa de la crisis, los sucesivos gobiernos del Partido Popular, presididos por Mariano Rajoy, han protagonizado el mayor retroceso en la historia de la ayuda al desarrollo en un país donante, llevándola a un progresivo desmantelamiento, con cifras del 0,1%, similares a los niveles que tenía España en los años 80, situándonos en el pelotón de cola de los 30 países donantes del CAD. Todo ello subraya bien a las claras el papel que el PP da a las políticas de solidaridad internacional, a la cooperación al desarrollo y la lucha contra la pobreza, arrojados como estamos a las fuerzas del mercado y a los intereses de los poderosos. Al mismo tiempo, es importante destacar cómo el Partido Popular ha tenido, al frente de diferentes organismos e instituciones de ayuda y cooperación, a personas que posteriormente han sido procesadas y condenadas por diferentes delitos de corrupción, mientras recortaba de manera dramática y con saña la ayuda a los países empobrecidos, o directamente la eliminaba, como ha hecho en diferentes comunidades autónomas y ayuntamientos, con la falsa escusa de la crisis. Por ello, en estos momentos la prioridad en nuestro país pasa por una reconstrucción profunda de las políticas de cooperación al desarrollo, reducidas a su mínima expresión durante el mandato del PP, que se han alejado del cumplimiento del 0,7% como nunca antes se había visto desde que España es país donante.

Entender los nuevos valores de la ayuda al desarrollo

Es cierto que, a lo largo de estos veinticinco años, los cambios en la agenda del desarrollo internacional, los nuevos desafíos en las políticas de cooperación al desarrollo y una conciencia de permanente crisis en la ayuda internacional han generado nuevos enfoques que van más allá de un entendimiento limitado de la ayuda a través de la simple medición de los flujos de ayuda asignados. Pero no debemos olvidar que sin recursos, no hay políticas posibles, al tiempo que el acuerdo unánime de la comunidad internacional del año 1970 que tiene como base comprometer a todas las naciones en la eliminación de la pobreza, requiere, a su vez, de otras muchas políticas interconectadas capaces de proporcionar servicios esenciales, junto a la garantía de derechos básicos acompañados de justicia, libertad y dignidad, algo cada vez más erosionado en todo el mundo.

Por ello, las políticas de solidaridad internacional tienen, también, el valor de actuar como fuerte pegamento para la cohesión social sobre la base de valores compartidos, como vemos en los países que han dado al 0,7% carta de naturaleza. No es por ello casual que los defensores del individualismo dañino, del liberalismo depredador, del capitalismo salvaje, sean precisamente quienes más daño han hecho a las políticas de cooperación al desarrollo, como hemos visto con nitidez desgraciadamente en España.

A pesar de que España se encuentra muy lejos todavía del 0,7%, la semilla plantada hace 25 años con las movilizaciones, luchas y trabajos que reivindicaron el cumplimiento de este compromiso, hace que su fruto sea, hoy en día, mucho más valioso de lo que parece.

Carlos Gómez Gil es Doctor en Sociología y profesor de cooperación al desarrollo en la Universidad de Alicante.

Publica su blog www.carlosgomezgil.com donde recoge otros muchos trabajos.

domingo, 27 de enero de 2019

Desigualdad social, mientras tanto

Hace justamente un año, advertíamos del ensanchamiento de la precariedad y la pobreza en Europa desde la crisis de 2008 y el fracaso de la respuesta que se ha dado institucionalmente a través de la llamada «Estrategia Europa 2020» impulsada por el Consejo Europeo ( “La desigualdad en niveles críticos”, mientrastanto.e, nº 164 de enero de 2018 ). Un nuevo informe de la EAPN confirma esta evolución, en consonancia con la situación mundial denunciada por Oxfam. —La Redacción

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EAPN

El estado de la pobreza
Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España. 2008-2017

https://www.eapn.es/estadodepobreza/

Un año más, la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social presenta su VIII Informe anual de seguimiento del indicador AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) en España. Evalúa minuciosamente el grado de (in)cumplimiento del objetivo de inclusión social en España contenido en la Estrategia Europa 2020, con un empeoramiento de las condiciones de vida de los más vulnerables en términos de desigualdad entre personas y regiones, pobreza infantil, pobreza severa, género o edad.

El informe pone el acento en un hecho muy relevante: el desconocimiento de lo que significa la pobreza real —reducida a una mera cuestión de datos sin conexión con sus causas ni con su impacto real sobre las personas—, lo que induce a una constante manipulación interesada de esta información.

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OXFAM

Iguales

Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas

https://d1tn3vj7xz9fdh.cloudfront.net/s3fs-public/file_attachments/cr-even-it-up-extreme-inequality-291014-es.pdf 

Tal como explica la directora ejecutiva de Oxfam, Winnie Nyanyma, este informe-campaña muestra, a través de nuevas investigaciones y ejemplos de todo el mundo, la magnitud del problema que constituye la desigualdad económica extrema, y pone de manifiesto los diversos peligros que ésta comporta para la población mundial. Asimismo, identifica los dos principales factores que han impulsado el rápido aumento de la desigualdad en tantos países: el fundamentalismo de mercado y el secuestro democrático por parte de las élites. El informe destaca algunas de las medidas concretas que pueden adoptarse para hacer frente a esta amenaza y trata de demostrar que el cambio es posible.

Fuente:
http://www.mientrastanto.org/boletin-176/documentos/dos-informes-sobre-la-desigualdad

domingo, 29 de julio de 2018

¿Por qué tanto odio a Rafael Correa?

Ollantay Itzamná
Rebelión

Un juzgado del Ecuador acaba de girar orden de captura internacional para detener a uno de los defensores principales de los derechos humanos de los pueblos de América Latina y del Ecuador, el ex Presidente Rafael Correa. Lo acusan por delitos de asociación ilícita y secuestro en el caso de la supuesta retención del ex legislador ecuatoriano Fernando Balda, ocurrido en Colombia, en 2012, en base a la declaración de un ex policía imputado (colaborador eficaz) quien indica: “Envié cartas al Presidente Correa”.

Mientras esto ocurre, los ex gobernantes neoliberales más corruptos que entregaron las riquezas de los pueblos latinoamericanos a empresas extranjeras disfrutan de sus vacaciones perpetuas en los EEUU. Caso Gonzalo Sánchez, de Bolivia, Alejandro Toledo, del Perú… Gobernantes fraudulentos y/o corruptos como los actuales de Guatemala u Honduras, mientras tengan la venia del gobierno de los EEUU., son intocables. Temer de Brasil, Macri de Argentina, con denuncias públicas en su contra, siguen gobernando a favor de los intereses del Imperio.

El teatro de mal gusto de la “guerra anti corrupción” impulsado por el gobierno norteamericano, y aplaudido por la candidez latinoamericana, no es más que la continuación de la falsa “guerra anti comunista”.

En la década de los 70, del pasado siglo, torturaban y aniquilaban físicamente a los defensores. Ahora, mediante el linchamiento mediático y judicial, destruyen la honra e integridad moral de los defensores. La finalidad siempre la misma: doblegar a los defensores, y convertirlos en monstruos.

A Rafael Correa, cual coloso ecuatoriano se levanto y desafió al Imperio, durante una década, desde el Palacio de Carondelet, intentan anularlo jurídicamente y políticamente, porque los jinetes de la muerte saben que su Julio Brutus (Lennin Moreno) tiene sus días contados, no por discapacitado físico, sino por su actual condición moral de traidor. El romano Brutus, el traidor/asesino de su padre Julio César, se suicidó derrotado por la culpa. El traidor ensillado también sucumbirá como villano.

¿Qué es lo que imperdonable que hizo Rafael Correa?
Según informes del Banco Mundial para el año 2000, más del 64% de ecuatorianos se encontraba en situación de pobreza. Correa, en su década de gobierno (2007-2017) redujo la pobreza de su país al 21%. Es decir, más de 6 millones de ecuatorianos dejaron de ser pobres en ese período.

Rafael Correa reestructuró todo el sistema tributario del país. Y ese dinero recaudado distribuyó a las familias empobrecidas, mediante políticas sociales. Todo un ejemplo de democratización económica en tiempos de recesión mundial.

Convirtió al Ecuador en un país referente mundial, no sólo en la justicia tributaria y equidad social, sino también por la construcción de la envidiable red caminera moderna jamás antes vista en el país. Expandió, como nunca en el país, el acceso a los servicios públicos como derechos humanos fundamentales. Los mercaderes de los servicios públicos jamás le perdonarán estas y otras osadías.

Para el 2007, en el fenómeno migratorio, Ecuador era lo que actualmente son Guatemala, Honduras, El Salvador: estampidas migratorias hacia afuera. Con Correa, los migrantes ecuatorianos retornaron a su país, con políticas de retorno planificado. Es más, desde la nueva Constitución Política (2008), se impulsó en este país ecológicamente mega diverso, la ciudadanía latinoamericana.

Rafael Correa, junto a la pléyade de libertarios latinoamericanos del siglo XXI, impulsó la dignidad y soberanía regional de América Latina mediante la creación de la CELAC, ALBA, UNASUR y otras instancias. Todo ello fuera del consenso de Washington. Sacó al Ecuador de los grilletes económicos de la CIADI-BM.

Cual si fuese el David latinoamericano, Correa expulsó al usurpador ejército norteamericano del territorio ecuatoriano (Manta). Humilló, sin buscarlo, la prepotencia de la geopolítica norteamericana en el caso Assange, USAID, etc.

Correa, en 2007, encontró un Ecuador en acelerado proceso de descomposición sociopolítica. Pero para el 2017, logró colocar a dicho país andino amazónico en la vitrina mundial, como un modelo a seguir.

En resumen, nuestro defensor de derechos Rafael Correa fue y es una muralla viva contagiosa que frenó y frena el anexionismo comercial y político norteamericano de América Latina

La oligarquía imperial norteamericana y sus cómplices regionales acostumbrados a ver en los latinoamericanos guiñapos vasallos jamás aceptarán, ni permitirán, que defensores libertarios latinoamericanos pasen a la historia como héroes, semilleros de libertad, dignidad y soberanía. Por eso linchan a Lugo, Cristina, Lula, Dilma, Rafael, Maduro… Pero, millones de latinoamericanos ya hemos despertando, y vamos tras nuestros inconclusos, sueños emancipatorios.

jueves, 16 de junio de 2016

“La palabra desigualdad sigue dando miedo”. Martin Ravallion, exdirector del Departamento de Investigación del Banco Mundial, ahonda en un nuevo libro sobre el acercamiento político a la pobreza.

El economista e investigador australiano Martin Ravallion ha dedicado su carrera a estudiar las estructuras económicas que hay detrás de la pobreza.
El último trabajo del exdirector del Departamento de Investigación del Banco Mundial es un manual que ahonda en esta cuestión. Para Ravallion, la conexión es obvia, pero asegura que aún hace falta comprender mejor cómo sin la economía no se puede erradicar la pobreza. Si no se entiende el desafío al que se enfrentan los ciudadanos más desfavorecidos, las políticas sociales que pretenden ayudarlos pueden condenarlos a permanecer en el último eslabón de la sociedad. Ravallion acaba de recibir el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cooperación al Desarrollo, que recogerá el martes 21 de junio en Madrid.

Pregunta. Afirma que los economistas no saben lo bastante sobre la pobreza, ¿qué aspecto es el menos entendido?
Respuesta. La pobreza no ha recibido suficiente atención. Yo sabía que la economía me ayudaría a entenderla, pero la mayoría de los economistas no se interesan por este asunto. Uno de los mayores errores es la visión de que los pobres no saben lo que es mejor para ellos, y culparlos de su situación. Esas personas están constantemente tomando decisiones difíciles que afectan a sus familias, a sus hijos. Tanto los medios de comunicación como los políticos deben tener más respeto hacia ellos, porque si no se les respeta se pueden cometer muchos errores que lleven a implementar políticas que les fuercen a hacer cosas que no les favorecen y que, incluso, pueden resultar en un empeoramiento de su situación. Otro error mayúsculo es pensar que la lucha contra la desigualdad y la pobreza tendrá inevitablemente un coste en el crecimiento económico. Esto suele ser una excusa para no tomar medidas.

P. ¿Se sigue aceptando la pobreza como parte inevi­table del sistema económico?
R. Hace 200 años se consideraba que la pobreza era necesaria. Hoy nos hemos dado cuenta de que, por lo menos en el caso de la pobreza extrema, se puede erradicar. Ocurrió en Europa Occidental y en EE UU. El crecimiento económico fue importante, pero iba acompañado de seguridad, de reducción de riesgo y de una serie de políticas sociales que apuntalan esa economía, como la educación y la igualdad de oportunidades. Pero en la actualidad, en la mayoría de los países, ricos y pobres, la desigualdad es demasiado alta. Las personas pobres tienen tantas ideas como las ricas, solo que no pueden financiarlas: es la desigualdad lo que obstaculiza sus oportunidades económicas.

P. En su trabajo se refiere a que el extremo más pobre de la economía cada vez es más “pegajoso”. ¿Qué consecuencias tiene esto en la lucha contra la pobreza?
R. En los 100 años que se tardó en erradicar la pobreza extrema en Europa Occidental y EE UU ocurrieron dos cosas: cada vez había menos personas viviendo por debajo de ese umbral, y el límite inferior se elevaba. Ahora, en los países en vías de desarrollo el progreso ocurre de una forma más rápida pero no afecta a los más pobres. La única explicación es que en el pasado las políticas sociales fueron más efectivas a la hora de llegar a los pobres, y eso es una cuestión de capacidad administrativa y de voluntad política. Deberíamos aprender de países como los escandinavos: hay que empezar aplicando políticas sociales universales que afecten a toda la sociedad.

P. ¿Cómo convencería a quienes creen que los pobres son responsables de su situación de que las políticas sociales universales son necesarias?
R. Es necesario entender las situaciones límite a las que se enfrentan las personas y el contexto en el que viven. Los políticos desconocen lo que es vivir en la pobreza. Los economistas hablan en términos abstractos, pero deberían ver lo que realmente implica, para internalizar los problemas que acarrea. Si hicieran esto empatizarían mucho más y serían menos proclives a culpar a los pobres de sus problemas. Nadie puede creer que la pobreza, en cualquier parte del mundo, sea culpa de quien la padece. Pero siempre hay quien encuentra una excepción y lo utiliza como arma política. Estoy convencido de que las sociedades son fundamentalmente progresistas y avanzan.

P. ¿Por qué sigue habiendo pobreza en países tan ricos como EE UU?
R. Es pobreza pero tiene estándares distintos; la línea que marca el umbral es 12 veces más elevada que en África. Según se desarrolla una economía, también lo hace su definición de pobreza. La trayectoria de crecimiento económico en EE UU hasta 1980 contribuyó enormemente a la reducción de este índice, pero a finales de los setenta se estancó. Hubo un cambio deliberado durante la Administración de Reagan para invertir menos dinero en áreas como la educación. Cada vez era más difícil que un niño pobre pudiera seguir estudiando, lo que disparó la desigualdad. El crecimiento sólo afectó a la parte más alta del espectro económico, dejó atrás a los desfavorecidos, y entonces empezamos a ver un estancamiento en la lucha contra la pobreza.

P. ¿Considera que EE UU no ha hecho lo bastante?
R. No se han implementado suficientes medidas sociales para luchar contra la pobreza. En EE UU descubrieron muy tarde, a finales de los noventa, que si combinas todas las políticas sociales acabas con una tasa de impuestos elevadísima que grava a las personas más desfavorecidas. Esto quiere decir que aunque logren una nueva fuente de ingresos, pierden todo beneficio por los impuestos. Es lo que se llama la trampa de la pobreza: destruye los incentivos para que los más pobres escapen de su situación por sus propios medios. Las políticas sociales inteligentes son las que construyen esos incentivos. Pero debemos tener cuidado de no caer en el paternalismo, asegurarnos de que pensamos en esto desde la perspectiva de una persona sin medios, no desde la de un político que se dedica a hacer juicios de lo que debería o no hacer la gente.

P. ¿Cuál es el mayor obstáculo en la lucha contra la pobreza?
R. El desafío está en la desigualdad, no todo el mundo ve que la brecha es demasiado grande. Aunque aumenta el número de políticos que se da cuenta de que el elevado índice de desigualdad está destruyendo oportunidades económicas, que ven que la clase media se queda atrás y que no reducimos los índices de pobreza; sobre esto no hay todavía un consenso. La palabra desigualdad sigue dando miedo, mientras que pobreza no. Una de las cosas que se pueden hacer es desmontar el término y sacar a la luz aspectos específicos en materia de educación y salud. Si decimos que la diferencia en la esperanza de vida entre ricos y pobres en EE UU es de 15 años, la desigualdad queda retratada en términos que van más allá de riqueza o dinero. Quizá esto ayude a que el término asuste menos.

El otro gran reto es la pobreza relativa. En un periodo de 10 a 40 años podemos haber erradicado la pobreza extrema en casi todo el mundo y eso es algo fantástico, porque es el peor tipo de pobreza. Pero seguirá habiendo pobres y la desigualdad continuará siendo un grandísimo problema.

http://economia.elpais.com/economia/2016/06/09/actualidad/1465484253_626652.html

martes, 22 de marzo de 2016

Guerra al filantrocapitalismo. David Rieff pasa revista crítica a los organismos internacionales, fundaciones y ONG que aspiran a acabar con el hambre en el mundo en un ensayo de argumentos fascinantes.

Pero no vemos ni oímos a los que sufren, y lo terrible de la vida pasa en algún lugar, entre bambalinas. Todo está en silencio, tranquilo, y solo protesta la muda estadística: tantos se volvieron locos, tantos baldes bebidos, tantos niños murieron de inanición… Y este orden, evidentemente, es necesario; evidentemente, el feliz se siente bien, solo porque los infelices llevan su carga callados, y sin ese callar, la felicidad sería imposible. Es una hipnosis general. Es necesario que en la puerta de cada hombre satisfecho, feliz, esté parado alguien con un martillo, y le recuerde con un martillazo de modo constante, que hay hombres infelices, que, por muy feliz que él sea, la vida tarde o temprano le enseñará sus garras, llegará la desgracia, la enfermedad, la pobreza, la pérdida, y nadie lo verá ni lo oirá a él, como él no ve ni oye ahora a los otros.
ANTON CHÉJOV, «Las grosellas».

Las naciones pobres están hambrientas y las naciones ricas son orgullosas, y el orgullo y el hambre estarán en discordia siempre.
JONATHAN SWIFT, «Los viajes de Gulliver».

A nuestros pies se extiende una gran riqueza; no obstante, su generosa distribución languidece a la vista de cómo se administra. Primordialmente, esto se debe a que quienes gestionan el intercambio de los bienes de la humanidad han fracasado a causa de su obstinación e incompetencia, han admitido dicho fracaso y renunciaron.

Las prácticas de los cambistas poco escrupulosos comparecen en el banquillo de los acusados ante el tribunal de la opinión pública, repudiados por los corazones y por las mentes de los hombres…

Los cambistas han abandonado sus tronos en el templo de nuestra civilización. Ahora debemos devolver a ese templo sus antiguos valores. La magnitud de la recuperación depende de la medida en que apliquemos valores sociales más nobles que el mero beneficio económico.
FRANKLIN DELANO ROOSEVELT, «Discurso de investidura», 1933.


Si es de los que creen que el progreso tecnológico y la filantropía van camino de acabar con el hambre en el mundo, David Rieff tiene malas noticias para usted. Su nuevo ensayo, El oprobio del hambre, es un repaso crítico y minucioso a los organismos internacionales, fundaciones y ONG que aspiran a acabar con el hambre en el mundo y que, pese a sus buenas intenciones, logran, a juicio del autor, resultados decepcionantes.

Guerra al filantrocapitalismoRieff reconoce que se han producido ciertos avances en la erradicación del hambre en la última década, pero también advierte de que la población no deja de crecer, de que el planeta se calienta a marchas forzadas provocando sequías y arrasando cosechas y de que la desigualdad avanza sin freno. ¿Cómo vamos a alimentar a los 9.000 millones de personas que habitarán el planeta a mediados de siglo?, se pregunta con angustia neomalthusiana.

Seis años ha dedicado el autor de A punta de pistola o Contra la memoria a escribir esta valiente e inteligente disección de las políticas de desarrollo, en la que dispara sin miramientos y con la que probablemente no hará muchos amigos en el mundillo humanitario. El blanco de sus demoledoras críticas son inversores que especulan con materias primas, el Banco Mundial, las ONG, la ayuda oficial al desarrollo de los países ricos y, sobre todo, los filantrocapitalistas. De ellos dice que “juegan a ser dios” y que no rinden cuentas más que a sí mismos. De Bill Gates llega incluso a escribir que es tan totalitario como Fidel Castro.

A “las élites del desarrollo” les acusa sobre todo de predicar un optimismo casi mesiánico, de no decir la verdad a sabiendas cuando anuncian con estruendo que asistimos al principio del fin del hambre en el mundo. De ellos dice también que se mueven en un magma en el que los intereses comerciales y los fines altruistas no acaban de estar bien delimitados. “¿Es una exageración aseverar que a principios del siglo XXI a veces puede parecer que cuatro categorías de personas (…) tienen derecho a comportarse como les plazca: los niños, los psicópatas, las víctimas y los filántropos?”, escribe.

El problema de fondo es lo que Rieff llama la “antipolítica tecnocrática”, que asegura que inspira los programas de ayuda al desarrollo. Es decir, la creencia de que una buena dosis de innovación promovida por el sector privado lo arreglará todo. Para demostrar que se trata de una creencia errónea, Rieff cita como ejemplo la revolución verde y la eclosión transgénica que se suponía que iban a llenar los estómagos de los hambrientos y no lo hicieron. Rieff parece alinearse más bien con los activistas que defienden que las hambrunas son sobre todo un problema de acceso y no tanto de producción, y rescata en el libro una poderosa cita de Mahatma Gandhi: “En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer su codicia”.

El tema y los argumentos de Rieff son fascinantes, el problema es que el autor dedica demasiadas páginas a explicar qué se está haciendo mal y tal vez demasiado pocas en exponer cómo se podría hacer mejor. Solo al final del libro, Rieff apunta a recetas como el fortalecimiento del Estado y la democracia en un mundo en el que “nuestra política se ha corrompido con el dinero y la publicidad”. Puede que sea esa la vía adecuada, pero resulta una respuesta excesivamente vaga y escasa tras más de 400 páginas dedicadas a desmontar los logros de las organizaciones humanitarias.

Lee el comienzo de 'El oprobio del hambre'.
Leer más:

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/03/16/babelia/1458150314_544272.html?rel=lom

domingo, 4 de octubre de 2015

Quince años y para siempre

José Graziano da Silva
IPS

Los próximos 15 años serán decisivos para el futuro de nuestro planeta. Durante este período, nos enfrentaremos a algunos de los mayores desafíos del siglo XXI, en medio de una transición continua y profunda en la economía global. Somos la primera generación que puede acabar con el hambre y hacer que la seguridad alimentaria y nutricional sea verdaderamente universal. Y tal vez también somos la última generación en condiciones de evitar daños irreversibles provocados por el cambio climático.

Los próximos 15 años serán decisivos para el futuro de nuestro planeta. Durante este período, nos enfrentaremos a algunos de los mayores desafíos del siglo XXI, en medio de una transición continua y profunda en la economía global. La superación del hambre y la pobreza extrema son los retos más importantes. Hoy en día casi 800 millones de personas no tienen suficiente alimento para comer a pesar de que se produce suficiente comida en el mundo para alimentar a todos. Es evidente que necesitamos soluciones urgentes para superar los cuellos de botella estructurales que impiden que los que padecen hambre tengan acceso a los alimentos.

En otras palabras, la inclusión social debe convertirse en la columna vertebral del desarrollo. Sin embargo, no vamos a lograr ni la inclusión social ni el desarrollo, a menos que nuestras decisiones estén guiadas por la sostenibilidad.

Somos la primera generación que puede acabar con el hambre y hacer que la seguridad alimentaria y nutricional sea verdaderamente universal. Y tal vez también somos la última generación en condiciones de evitar daños irreversibles provocados por el cambio climático.

El marco político necesario para avanzar en la dirección correcta requiere un grado sin precedentes de compromiso político.

Entre el 25 y el 27 de septiembre, en una cumbre en Nueva York, se dio un importante paso en este sentido, cuando la comunidad internacional respaldó los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, con una agenda ambiciosa para cambiar el mundo para mejor en los próximos 15 años.

Este nuevo pacto global para el futuro incluye crucialmente acabar con la pobreza y el hambre para el año 2030, la mitigación y adaptación al cambio climático y la búsqueda de formas más sostenibles de hacer que la oferta satisfaga a la demanda.

Las decisiones que tomamos como consumidores se han vuelto tan importantes para el futuro como los que tomamos como productores.

Además de los cerca de 800 millones de personas que sufren desnutrición crónica, la malnutrición es también un problema importante con unos dos mil millones de personas que sufren de deficiencias de micronutrientes y 500 millones de personas que sufren de obesidad, esta última una enfermedad que va en aumento en muchos países de ingresos medios y altos.

El mundo que se prevé a través de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible no es una quimera inalcanzable. No es una utopía; podemos hacerlo realidad.

La solución está en el problema. A medida que la riqueza sigue ganando distancia a la justicia, la supervivencia depende más y más del imperativo de la cooperación.

O construimos un futuro para todos, o no habrá futuro aceptable para nadie. Cualquier duda al respecto palidece ante el éxodo que estamos presenciando, donde los refugiados arriesgan sus vidas en un intento desesperado por encontrar una vida mejor en otro lugar.

Más de 70 por ciento de la inseguridad alimentaria en el mundo se concentra en las zonas rurales de los países pobres y en desarrollo.

Una de las soluciones es reconocer y apoyar el papel que la agricultura familiar a pequeña escala puede desempeñar para lograr hambre cero de una manera sostenible.

Para lograr esto, necesitamos políticas públicas que desarrollen las capacidades de las personas, apoyar la producción, facilitar el acceso al crédito financiero, la tecnología y otros servicios y promover la cooperación internacional.

Para erradicar el hambre y la pobreza debemos empezar por ir más allá de hacer frente a situaciones de emergencia cuando se producen y en su lugar dirigir nuestros esfuerzos a hacer frente a las condiciones que las causan.

El costo del fracaso está claro. Si prevalece enfoque de negocio como el que ha habido hasta ahora, en 2030 todavía tendremos 650 millones de personas que padecerán hambre.

Hemos estimado que para acabar con el hambre para el año 2030 se requieren una combinación de inversiones en protección social y agricultura y desarrollo rural de unos 267.000 millones de dólares. Esto significa alrededor de 160 dólares al año para cada persona que sufre hambre.

Esto es más o menos el precio de un teléfono celular. Se trata de una cantidad relativamente pequeña a pagar con el fin de liberar al mundo del flagelo del hambre y de hacerlo durante nuestras vidas.

José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2015/09/quince-anos-y-para-siempre/

domingo, 14 de junio de 2015

Avances significativos en la lucha contra el hambre en el mundo. Naciones Unidas anuncia cifras “esperanzadoras”, sin embargo todavía hay 800 millones de subalimentados.

Sergio Ferrari

El número de personas víctimas del hambre en el mundo cayó por debajo de la línea de los 800 millones, anunciaron esta última semana de mayo tres instituciones de las Naciones Unidas. El informe El Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, 2015, registra 795 millones de seres humanos que padecen hambre, es decir 216 millones menos que en el período 1990-1992. El documento ha sido elaborado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura); por el Programa Alimentario Mundial (PAM) y por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), las tres instituciones del sistema onusiano especializadas en esta temática.

Progresos latinoamericanos

América Latina y el Caribe, según el documento que acaba de ser divulgado, avanzó significativamente en el combate contra la malnutrición al disminuir en el último cuarto de siglo a la mitad el porcentaje de personas sub alimentadas.

Los informantes destacan que esa región es la primera en el mundo que alcanza la meta relativa a la reducción del hambre establecida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

A pesar de esta tendencia positiva, en febrero del año en curso el Programa Alimentario Mundial (PAM) había reconocido que 2 millones de habitantes de Centroamérica debían recibir ayuda alimentaria como consecuencia del impacto de una prolongada sequía que afectó la región. Guatemala y Honduras se vieron en ese momento obligadas a decretar un estado de emergencia en zonas rurales particularmente afectadas.

Ese cataclismo meteorológico implicó pérdidas de cosechas con la consiguiente reducción significativa de medios destinados a la salud y la educación por parte de las familias campesinas afectadas, muchas de las cuales debieron vender sus herramientas y animales y emigrar, incluso, de sus regiones originarias.

La situación planetaria
Según el documento de la ONU, en las regiones “en desarrollo”, la subalimentación – es decir el número de seres humanos privados de los alimentos indispensables para poder implementar una vida sana y activa- se redujo del 23.3% (cifra correspondiente al inicio de los años 90) a un 12.9%, en la actualidad.

Progreso particularmente positivo –según las Naciones Unidas - si se tiene en cuenta el marco mundial complejo que ha marcado las últimas décadas. En las cuales cataclismo ambientales extremos, inestabilidad política, e incluso conflictos internos y regionales han estado a la orden del día.

Si bien la tendencia global en la lucha contra el hambre ha sido positiva, 24 países africanos, es decir el doble que en los años 90, se confrontan en la actualidad a crisis alimentarias.

Una persona cada cinco vive actualmente en condiciones de crisis marcada por una “débil gobernabilidad” o bien una vulnerabilidad social aguda. Las tasas de hambre en los países víctimas de crisis prolongadas son tres veces más alto que las otras regiones, sostiene el Informe.

El estudio de la ONU comprueba que América Latina y el Caribe así como el este-y el sur-este asiático y algunos países africanos han realizado progresos rápidos en ese combate. Subrayando que dichos avances están íntimamente ligados a una real “voluntad política de convertir la lucha contra el hambre en un objetivo de desarrollo primordial”.

Mientras en América Latina y el Caribe los índices de personas que sufren de malnutrición cayó significativamente del 14.7% al 5.5%; en Asia la reducción ha sido más tibia (del 23.9 al 15.7%). En tanto el África subsahariana es la región que sigue padeciendo más de este flagelo que golpea a un 23 % de la población.

La FAO destaca los avances en Latinoamérica y el Caribe. Subrayando la importancia de los compromisos asumidos en la región a través de la iniciativa América latina y el Caribe sin Hambre, refrendada por todos los países en el 2005.

lunes, 6 de abril de 2015

La exposición de la Politica de Fondos de Covertura en Nueva York. Trabajando para exponer los mecanismos que los fondos de cobertura y los multimillonarios utilizan para influir en el gobierno y la política con el fin de ampliar su riqueza, influencia y poder. La política que impulsan los multimillonarios y los daños colaterales que inflige a nuestras comunidades, nuestro clima, nuestra economía y nuestra democracia.

Hace dos semanas, varios autobuses llenos de neoyorquinos hicieron una peregrinación a Greenwich, Conn., Para visitar la finca frente al mar del titán de fondos de cobertura Paul Tudor Jones II, donde, baste decir, que no fueron invitados a ver la vajilla de china. Era una tarde de sábado lluviosa y los manifestantes, muchos de ellos gente trabajadora que se han sentido engañados por las injusticias de un sistema fiscal que favorece a unos pocos enriquecidos, estaban allí para llamar la atención sobre la agenda educativa del señor Jones, construida sobre la premisa de que los ricos extravagantes saben mejor cómo enseñar a leer, y a su apoyo a los candidatos y causas republicanas en la Legislatura del Estado de Nueva York, que perjudican a los pobres y la clase trabajadora.

Es este tipo de gasto político, un total de US $ 1,6 millones en los últimos 12 años, sostienen, que socava sus esfuerzos filantrópicos a través de la Fundación Robin Hood, la organización benéfica de lucha contra la pobreza que él creó. Para los civiles, por supuesto, el Sr. Jones puede parecer como alguien que necesita trabajos de reparación en la causa y efecto, un multimillonario cuya industria prospera en la extracción de valor económico de inversiones en lugar de producir, y sin embargo se siente cómodo hablando sobre el impacto corrosivo de la desigualdad.

"Cuando comenzamos a poner la justicia a la par con las ganancias", dijo Jones en un TED Talk recientemente, "entonces tenemos la cosa más valiosa del mundo. Volvemos a nuestra humanidad". Al escuchar que es como escuchar el Real Housewives of Orange County decir que una vez que empezamos comprende la restricción sobre el espectáculo de los consumidores, vamos a estar bien en nuestro camino a un nuevo capítulo en la dignidad cultural.

Los que hicieron el viaje a Connecticut marchaban en nombre de un grupo llamado los Heged Clippers, una naciente organización respaldada por la Federación Americana de Maestros, grupos laborales y comunitarios prominentes, y Zephyr Teachout, el ex candidato demócrata liberal para gobernador. Está dirigido a exponer las formas como los fondos de cobertura sangran la economía a través de la práctica de auto-interés y luego extienden el daño mediante la pródigas compras de la influencia política. Según un análisis realizado por el grupo, los administradores de fondos de cobertura han donado $ 40 millones en contribuciones políticas en el estado de Nueva York en los últimos 15 años, con el gobernador Andrew M. Cuomo recibiendo cerca de $ 5 millones. Muchos de esos donantes son prominentes partidarios de las escuelas charter, y casi todos presumiblemente denuncian la eliminación de las lagunas fiscales que magnifican sus fortunas.

Los Hedge Clippers producen y emiten informes a una velocidad que haría envidiar a muchos estudiantes graduados. Esta semana se dio a conocer un documento que detalla el flujo de dinero de los gestores de fondos de cobertura y los operadores de alta frecuencia en las arcas de Rahm Emanuel; en Chicago, la tenencia de alcaldía del Sr. Emanuel ha sido cuestionada por una oferta desde la izquierda. Otro informe ofreció una lista de compradores en One57, el condominio de apartamentos ultralujosos en Manhattan que se benefició de importantes ventajas fiscales.

En Nueva York, los Hedge Clippers han estado protestando a un ritmo muy vivo. Una manifestación se llevó a cabo recientemente fuera del 15 Central Park West, una torre de lujo que funciona como dormitorio financiero de la industria. Ese día la atención se centró en el gestor de fondos de cobertura Daniel S. Loeb, el presidente de la red de escuelas autónomas Success Academy, que compró un apartamento en el edificio hace siete años. En la manifestación, los Hedge Clippers ofrecen un tutorial al público sobre las formas complicadas de la forma de operar de los fondos (Hedge Found) para acumular dinero - la llamada de dos horas y veinte sistema de compensación, por ejemplo - y las formas en que sus cargas fiscales se mantienen relativamente bajas.

Otra acción tuvo lugar frente al Club de Harvard en el centro de Manhattan, donde se celebraba un simposio de un día llamado: "Bonos y Pizarras, Invertir en las escuelas charter". Otro tenía a manifestantes apareciendo en restaurantes caros, como el Bar Polo y Del Frisco. "Todo esto realmente comenzó con: "¿Qué vamos a hacer con estos personajes?" Stephen Lerner, miembro de Iniciativa Kalmanovitz en la Universidad de Georgetown para el Trabajo y los trabajadores pobres, me dijo. "Si usted está preocupado acerca del dinero en la política, ahí están los fondos de cobertura; si usted está preocupado acerca de la financiación de los servicios públicos, esos son los fondos de cobertura; si usted está preocupado acerca de la privatización de las escuelas públicas, ahí están los fondos de cobertura".

Los Hedge Clippers tienen un enfoque más singular que lo que nunca hizo Occupy Wall Street. Les gustaría que los impuestos recaudados a los súperricos; que quieren los fondos de pensiones y las universidades para desinvertir de los fondos de cobertura; quieren la participación en cuenta que se aplica un tipo impositivo más elevado a nivel federal y de las lagunas a su alrededor en los códigos fiscales locales para evitarlos. En la ciudad de Nueva York, los fondos de cobertura gigantes y fondos de capital privado no están sujetos al impuesto sobre la participación en cuenta; si lo fueran, la ciudad sería $ 200 millones más rica cada año, de acuerdo con James Parrott, economista en jefe del Instituto de Política Fiscal. El subsidio fiscal va a los pobres por medio del crédito por ingreso del trabajo, (es decir, lo pagan los mismos trabajadores) y es sólo la mitad de eso.

¿Cuándo la gente se sentirá masívamente realmente enojado por conocer estos mecanismos de favoritismo? Un nuevo libro, "La Edad de la aquiescencia," por el historiador laboral Steve Fraser, plantea esa pregunta, y pregunta por qué nuestra nueva Edad de Oro no ha aportado nada que se acerque a los disturbios y el activismo de la anterior. Hay muchas razones, pero una es que pocos estadounidenses entienden realmente la malversación de la industria financiera de la forma en que los trabajadores de la fábrica del siglo XIX podían experimentar, de forma clara y visceralmente, cómo los jefes de las acerías y los magnates del ferrocarril les estaban explotando a ellos. La relación entre las masas que luchan y los peces gordos que les saqueaban era en cierto sentido más crucial e íntima.

Hoy nos enteramos de multimillonarios, en tonos de admiración o simplemente descarados, en las revistas de moda que relata sus divorcios y sus juguetes. Si usted es un ayudante de salud en el hogar que gana $ 11 la hora, es probable que no tengas una suscripción a la revista Vanity Fair. Los Hedge Clippers pueden lograr mucho si simplemente convierten los pocos secreto en algo ampliamente infame.
Fuente: NYT. http://www.nytimes.com/2015/03/29/nyregion/exposing-hedge-fund-politics.html?emc=edit_tnt_20150327&nlid=31217582&tntemail0=y&_r=0

martes, 17 de marzo de 2015

Cómo una sopa en Detroit puede cambiar el mundo. Richard Fenton-Smith. BBC

En Detroit, otrora gigante industrial de Estados Unidos que entró en bancarrota en 2013, un grupo de voluntarios intenta devolverle el espíritu de recuperación económica a la ciudad sirviendo sopa.
Una taza caliente de sopa, servida en una fría noche invernal, atrae a un grupo de personas para escuchar tres o cuatro ideas de cómo ayudar a la comunidad.

El proyecto más prometedor, por decisión mayoritaria, recibe el dinero recaudado a la entrada para su desarrollo, con la condición de que su emprendedor regrese a informar sobre los resultados.
Eso es Detroit Soup.

Sin PowerPoint
Su fundadora, Amy Kaherl, empezó el concepto con unos amigos, hace cinco años, con la intención de ayudar a los artistas locales a lograr sus aspiraciones creativas.
Después de 95 veladas sirviendo sopas, la iniciativa se ha convertido en un movimiento que abarca toda la ciudad y va más allá de la comunidad artística.

El sistema es sencillo: la gente llega, paga US$5 a la entrada, escucha a tres o cuatro personas presentando ideas para mejorar la vida de la comunidad local.
Las presentaciones no pueden durar más de cuatro minutos y definitivamente no pueden utilizar asistencia electrónica como PowerPoint. La audiencia, entonces, puede hacer un máximo de cuatro preguntas.
Una vez terminan las propuestas, se sirve la sopa, que viene acompañada de ensaladas, panes y pastelitos que los participantes han traído voluntariamente.
Durante la comida, se discuten las ideas y se vota por la favorita. La persona ganadora recibe el dinero recolectado para financiar su proyecto, al mismo tiempo, prometiendo regresar en tres meses para informar sobre su progreso.

Inversionistas
En sus principios, Detroit Soup se reunía en una panadería en la zona latina de la ciudad. Unas cuarenta personas asistieron al primer evento y se recaudaron US$110 para un proyecto artístico.

Hoy en día, opera desde un estudio de cine renovado y el dinero que logran ofrecer al proyecto ganador frecuentemente supera los US$1.000.
Algunos de los ganadores incluyen una compañía de teatro que monta obras de Shakespeare con entrada gratis, un equipo de dos personas que construye bancas para paradas de autobús y una empresa emergente que convierte una de las fuentes más abundantes de Detroit -el grafiti- en joyería.
El éxito más sobresaliente, sin embargo, es el Plan de Empoderamiento, una organización sin ánimo de lucro que fabrica abrigos que se pueden convertir en sacos de dormir y que son donados a los indigentes.

La fundadora del plan, Veronika Scott, lanzó su idea en julio de 2010, cuando todavía era una estudiante. Para su sorpresa, se fue con US$850, no una gran suma pero, como dice, no se trata sólo de dinero.
"El dinero sólo puede llegar hasta cierto punto y, en realidad, se acabó bastante rápido. Fue el voto de confianza lo que marcó la diferencia", declaró Scott.
"Era la primera vez que hablaba en público sobre el proyecto y la gente me dijo: 'Este podría ser un gran negocio y deberías intentarlo'".
Tras lograr el fondo, los medios locales informaron sobre la noticia, lo que llamó la atención de los medios nacionales y, crucialmente, de los inversionistas.
En la actualidad, el Plan de Empoderamiento tiene una nómina de 25 personas, reclutadas directamente de los refugios de los desamparados en Detroit.
Ellos fueron entrenados para fabricar los abrigos-sacos de dormir y, el año pasado, el proyecto distribuyó casi 4.500 unidades a los sin hogar por todo Estados Unidos. Este año, esperan fabricar más de 6.500.

Aunque cuentan con inversionistas de peso, como la marca de ropa Carhartt y la cantante Madonna, la meta es volverse autosuficientes.
El éxito del Plan de Empoderamiento podría ser un buen augurio para los ganadores de la más reciente velada de Detroit Soup. Amy Kaherl anuncia que el proyecto seleccionado es el Colectivo Tricycle, que recibirá US$1.151 para su obra que asiste a las familias que enfrentan expropiación y ejecución de la hipoteca de sus viviendas, un problema muy común en Detroit.

"Pasión y gentileza"
Lo importante es que la gente le tiene fe a Detroit Soup.

Gracias al financiamiento de fundaciones benéficas, la iniciativa se ha convertido en una labor de tiempo completo para Kaherl, quien ahora proyecta lanzar el movimiento en otras ciudades de EE.UU. y más allá.
Su trabajo ha sido reconocido por la ciudad de Warren, Ohio, que declaró el 5 de octubre de 2013 el "Día de Amy Kaherl" y también ha sido invitada a la Casa Blanca.
Es algo que Kaherl no pudo haber previsto pues, como muchos de su generación, abandonó Detroit a finales de los 90 para nunca volver, pues no veía un futuro.

Diez años después, sin embargo, regresó para comprender lo que ofrecía la ciudad.
"Detroit es uno de esos sitios donde se tiene que ser muy resistente para sobrevivir. Sí, estamos quebrados por fuera pero, hermano, ¡tenemos corazón, tenemos muchísimos seres humanos formidables!"
"Creo que (Detroit) Soup ha abierto las puertas a las posibilidades y a través de esto he conocido la gente más apasionada, más gentil que está pensando cómo podemos cambiar esto?"

Gather - as diverse a group as possible
Pitch - four ideas, four minutes each
Ask - four questions, no more
Eat - and discuss the ideas
Vote - winner takes proceeds

Reúna - un grupo tan diverso como sea posible
Exponen - cuatro ideas, cuatro minutos cada una
Preguntas - cuatro preguntas, no más
Comer - y discutir las ideas
Votar - el ganador se lleva lo recaudado

Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/03/150313_detroit_sopa_empresas_wbm

sábado, 14 de marzo de 2015

Tú salvas vidas. Hay 51 millones de refugiados. La solidaridad europea puede ser decisiva

En estos momentos en el mundo hay más de 51 millones de personas refugiadas y desplazadas. Es una cifra histórica que supera la de la II Guerra Mundial, la mayor desde que se registran estos datos. La principal causa de este incremento es la intensificación de los conflictos, especialmente en Siria, Sudán del Sur y la República Centroafricana.

Sudán del Sur se ha visto afectado por continuas crisis que han provocado enormes necesidades humanas. El país más joven del mundo está inmerso en un conflicto armado desde diciembre de 2013 que ha dejado miles de muertos y ha obligado a más de dos millones de personas a abandonar sus medios de vida, provocándoles una situación de extrema vulnerabilidad. Más de la mitad de las personas que han huido son niños. Esta cifra incluye 1,5 millones de personas desplazadas dentro del propio país y los más de 500.000 refugiados en países vecinos, principalmente Sudán, Uganda, Etiopía y Kenia.

En situación igualmente frágil se encuentra la República Centroafricana, un país inestable en el que los conflictos, las intervenciones y golpes de Estado se han venido repitiendo periódicamente en las últimas décadas. Desde marzo 2013, el aumento de la violencia, los asesinatos y otras graves violaciones de derechos humanos y la destrucción de propiedades han provocado la pérdida de medios de vida y un desplazamiento masivo de la población que asciende a más de 860.000 personas. Los agricultores no han podido cultivar sus campos por culpa de la violencia y ahora las cosechas son insuficientes. Los precios de los alimentos han aumentado y muchas familias solo logran comer una vez al día. Hoy, 2,7 millones de personas en el país, de una población total de 4,6 millones, necesitan asistencia humanitaria.

Por su parte, Siria está a punto de cumplir el cuarto aniversario de un conflicto que acarrea una devastadora crisis humana internacional. Más de 12,2 millones de personas se han visto afectadas y necesitan ayuda; y los 3,8 millones de refugiados que han huido de Siria están llevando los recursos de los países vecinos más allá de sus capacidades.

Detrás de estas cifras y estadísticas hay seres humanos, personas que han tenido que huir dejando atrás sus pertenencias, un hogar, amigos y a menudo familia. Es muy difícil expresar con palabras la desolación y la vulnerabilidad a las que se enfrentan.

Una mujer se esconde en el agua para salvar su vida atravesando el Nilo con tres hijos a cuestas y otros tres flotando, sorteando disparos, sin nada que comer durante más de cinco días; esta es la historia de Martha en Sudán del Sur. Como ella, millones de otras mujeres, hombres, ancianos y niños se vieron obligados a abandonar sus hogares. Ahora necesitan un techo; mantas y ropa; alimentos y agua; seguridad y protección; educación; un trabajo, y dinero para sobrevivir.

Hablamos de millones de personas que reunidas en un mismo estado podrían constituir el 26º país más poblado del mundo, al que cada 4 segundos se sumaría un nuevo habitante desplazado de su hogar. Un país en el que todos compartirían una misma historia que empieza siempre con una huida desesperada para encontrar un lugar seguro. Estas historias de profundo sufrimiento a menudo pasan inadvertidas.

No podemos permitir la indiferencia ante estas crisis permanentes que afectan a un número de personas similar al tamaño de la población de España, más de cuatro veces la población de Grecia o Bélgica, más de diez veces la población de Irlanda, o casi cien veces la de Luxemburgo.

Es por ello por lo que la Unión Europea y Oxfam unen sus fuerzas para poner el foco en la vida de aquellos que tuvieron que huir de sus hogares. EU savelives-Tú salvas vidas es nuestro proyecto común, que estará centrado en las tres crisis humanas más graves que vive el mundo hoy: Siria, Sudán del Sur y la República Centroafricana. Queremos contar las historias de aquellos que han sido desplazados. No podemos permitir que su sufrimiento sea olvidado.

A los ciudadanos europeos les preocupa y son la principal fuente de la ayuda que Europa destina a los refugiados. En 2013 la Comisión Europea invirtió alrededor de 546 millones de euros en apoyo a las personas refugiadas y desplazadas en 33 países. Este esfuerzo se ha visto complementado por organizaciones como Oxfam, que suman a los fondos públicos dinero de donantes individuales y empresas, con aportaciones que grandes o pequeñas constituyen una ayuda adicional determinante.

Gracias a estos fondos, las personas que huyen de los países reciben asistencia básica como servicios sanitarios, comida, refugio, kits de higiene, agua y saneamiento y protección. La ayuda humanitaria dada a los refugiados, al margen de cualquier agenda política y con independencia de la nacionalidad, religión, género, origen étnico o afiliación política de las víctimas, salva millones de vidas cada día.

Desgraciadamente, el número de refugiados y desplazados continuará aumentando cada día a menos que la violencia termine.

Conseguir una solución política sostenible a los conflictos es crucial.

Pero incluso si estos acabaran mañana, las enormes necesidades humanas continuarían y requerirían apoyo durante años para recuperarse.

Formas innovadoras de distribuir asistencia, tales como los programas de transferencia de efectivo, pueden ayudar a generar actividad en los mercados locales y reiniciar medios de vida. También adquiere importancia mirar las necesidades a largo plazo fortaleciendo la capacidad de las comunidades de acogida para proporcionar servicios básicos como la salud y la educación que ayudan a los refugiados y los desplazados internos a construir de nuevo su futuro

La solidaridad europea puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Estas víctimas son la prueba del gran impacto que la ayuda humanitaria puede tener en las vidas de personas inocentes, que acaban de tener la desgracia de ser atrapadas en un conflicto por causas ajenas a su propia voluntad.

Tenemos una responsabilidad para hacer más. Aliviar el impacto de las crisis humanas es una lucha de todos los días que requiere de la acción colectiva. Y esto es lo que estamos decididos a hacer.
Christos Stylianides es comisario europeo de Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis. Francesc Cortada es director global de Programas de Oxfam Internacional.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/02/23/opinion/1424703574_582715.html

viernes, 6 de marzo de 2015

La teoría de John Hope Bryant. Un buen caso para aplicar el sentido crítico,...

A John Hope Bryant, su teoría sobre la pobreza y cómo ésta puede salvar el capitalismo le ha convertido en asesor financiero de Barack Obama. Un ascenso meteórico desde su etapa "sin techo" en la administración Reagan. "Ser pobre —dice— es un estado mental que depende de la baja autoestima y del entorno que tomemos como modelo. En EE UU los dueños de las pymes han aprendido el lenguaje del dinero y están generando la mayor parte del empleo del país. El 70% de la economía norteamericana se basa en el consumo y la mayoría de empresas tienen menos de 50 empleados".

Hope Bryant afirma que la pobreza y la inmigración han dado lugar a los mayores éxitos empresariales norteamericanos. Y pone ejemplos: "El del fundador de Walmart, la empresa más grande del mundo según Fortune", Sam Walton, que ordeñó vacas y repartió periódicos; o Jim Casey, que a los 19 años y con 100 dólares que le prestó un amigo puso en marcha el gigante que es hoy UPS.

Hope Bryant es consejero delegado de Operación Hope, organización bancaria social sin ánimo de lucro. Desde ésta presta servicios a más de 1,5 millones de personas sin recursos y ha empleado seis millones de dólares para ayudar con las hipotecas.
Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2015/02/20/actualidad/1424449305_893245.html

miércoles, 29 de octubre de 2014

«Seguimos pensando que uno es culpable de su propia pobreza» Suzanna Jansen.

Un libro indaga en un capítulo oculto de la historia, un experimento de reeducación de pobres que comenzó en 1823 en una ciudad de Holanda.
Suzanna Jansen. Periodista y escritora.

«No se ponían el traje de domingo ni los zapatos. Les agradaba salir a pasear, pero querían ir por su cuenta y sin vigilancia, lo que obviamente no podíamos permitir». Este comienzo, que bien podría ser de una novela de Orwell o Huxley, es el de una historia real, la de un experimento de reeducación al que estuvieron sometidos centenares de miles de familias durante los siglos XIX y XX, entre ellas cinco generaciones de antepasados de Suzanna Jansen, autora de 'El paraíso de los pobres'. Un ensayo en el que la autora documenta y muestra sus investigaciones sobre lo que comenzó siendo una colonia de mendigos creada en el pueblecito holandés de Veenhuizen en 1823 hasta las viviendas protegidas construidas en Amsterdam en el siglo XX. Lo que comenzó siendo una idea con buenas intenciones para acabar con la pobreza y elevar a las clases más bajas acabó convirtiéndose en una condena a cadena perpetua para no salir jamás de la miseria.

-¿Cómo comenzó su investigación acerca de este hecho tan poco conocido?
-Un día encontré un recordatorio de funeral de mi bisabuela, Helena Gibjen. Al mostrárselo a mi madre ella suspiró: '¡Pobre mujer! Nació protestante y se casó con un católico, por lo que quedó separada de su legado cultural y fue desheredada'. Una explicación perfecta para el origen de la pobreza de nuestra familia que a la par despertó en mí cierta curiosidad. Así que decidí investigar sobre mi bisabuela y, al requerir su certificado de nacimiento, vi que había nacido no en el pueblecito de Norg que ponía en su recordatorio, sino en el Hospicio Número Tres de Veenhuizen. ¿Un hospicio? Algo no encajaba, así que seguí indagando hasta descubrir los experimentos sociales que narro en el libro.

-Gran parte de su familia formó parte de esos experimentos. ¿Cómo comenzaron?
-Tras las guerras napoleónicas se generó mucha pobreza, sobre todo en Holanda, y muchas tierras del norte se quedaron sin nadie que las cultivase. Un general llamado Johhanes van den Bosch ideó un plan: ¿por qué no emplear a los pobres y de paso darles disciplina, 'civilizarles', para que dejaran de ser pobres? Así mandó construir en aquellas tierras tres grandes hospicios a modo de cuarteles para alojar a unas 3.000 personas. Durante aquel proceso de 'civilización' se separó a los padres de sus hijos para educar a ambos por separado y hasta que los adultos no demostraron ser eficientes no tenían derecho a volver a reunir a la familia, de otro modo habría que reeducar a los pequeños. Era el director de todo aquello quien sabía perfectamente lo que era mejor para todos y quien aplicaba una disciplina militar: les decía lo que comer, cuándo hacerlo. Nadie tenía poder de decidir nada sobre su vida. Mucha gente de la que fue voluntariamente descubrió después que no podía irse cuando quería. Y aún estamos en el momento en el que todo se hacía con las mejores intenciones, pero ya sabemos que el infierno está lleno de buenas intenciones.

-Con esas condiciones la integración después sería casi imposible...
-Claro, primero porque durante años a esas gentes no les dejaron decidir sobre nada de su vida y carecían de las herramientas para volver a una vida normal. Después, porque el mundo exterior señalaba a los que salían de aquellos hospicios, había un estigma asociado. Aquellas personas solo eran pobres que habían tenido mala suerte, pero la sociedad ya no les daba trabajo, era como si hubieran estado en una cárcel.
-¿Ha cambiado la visión que se tiene de los pobres hoy?
-No tan radicalmente, muchos desprecian a la gente desfavorecida y estos siguen llevando su estigma. La pobreza avergüenza y eso es algo que como sociedad seguimos creyendo. Además, se piensa que en parte es culpa de uno, que uno es culpable de su propia pobreza. Por eso creo que este libro también habla acerca de lo que pasa hoy en día.

-De hecho, sigue habiendo intentos para ayudarles que no parecen funcionar.
-Efectivamente. Aunque son más inteligentes, los que diseñan esas políticas siguen pensando que ellos saben lo que necesitan los pobres, pero nadie les incluye en el proceso de toma de decisiones, no se les toma en cuenta. Es una de las actitudes que no ha cambiado. Hay una cita de Orhan Pamuk que me parece muy importante: «¡No somos tontos! ¡Solo somos pobres! Tenemos derecho a que se distingan las dos cosas».
-Que las ayudas se vean como un favor y no como un derecho, ¿cree que perpetúa en parte el problema?
-Absolutamente, y eso es lo que yo he visto en toda la historia de mi familia, independientemente del periodo o del tipo de programa en el que estuvieran. Siempre eran dependientes y debían estar agradecidos y esa actitud del pobre se transfiere de generación en generación, aunque ya no seas pobre. Sientes que no vales nada, lo sé porque a mí me ha pasado.

-Cuando la Unión Europea concede ayudas parece que sucede lo mismo, el país que las necesita también se siente culpable, ¿no?
-Efectivamente, es que es exactamente lo mismo. Y la gente que concede el dinero decide qué debería pasar con ese país, con su política y con el objetivo del gasto de su dinero.

-Ahora es usted asesora para estos temas de su Gobierno. ¿Alguna idea?
-Está claro que yo no tengo la solución, pero debemos observar ciertos puntos.

-Uno es cómo se pasa la pobreza de una generación a otra, porque si creces en un entorno pobre no tienes la sensación de que el mundo te pertenece, tienes baja autoestima y no confías en ti mismo, y eso es algo que te confirma el mundo exterior.

-Otro es tener en cuenta que solucionar la pobreza lleva mucho mucho tiempo y cuando se diseñan políticas para erradicarla son programas a como mucho cinco años vista y si no funcionan se dan por no válidos, se piensa que la gente no quiere dejar de ser pobre. Y eso no es así.

-También es importante identificar que hay una gran brecha entre la gente que diseña esas políticas y los pobres y sus necesidades reales, y eso hay que tenerlo muy presente. Hay que hablar con ellos y saber qué necesitan, tomarlos en serio, involucrarles en el proceso y dejarles que tomen las riendas de su vida.

Fuente: http://www.laverdad.es/alicante/culturas/libros/201410/27/seguimos-pensando-culpable-propia-20141027004244-v.html

jueves, 9 de enero de 2014

El progreso en la guerra contra la pobreza. El caso paradigmático de Norteamérica

La Guerra de Estados Unidos contra la pobreza cumplió 50 años esta semana, y un gran número de personas han llegado también a la conclusión tal como el presidente Reagan lo expresó: "Hemos luchado una guerra contra la pobreza, y la pobreza ganó"

Esa percepción hace recaer la sospecha sobre el derecho a los cupones de alimentos, al aumentos de salario mínimo y a las extensiones de las prestaciones por desempleo.
Un lector llamado Frank ha publicado en mi página de Facebook: "Todos los folletos/asistencias de gobiernos en el mundo no hará que mejoren los padres de la gente. Esto es por qué las ideas de la izquierda, aunque siempre elaborada con la mejor de las intenciones, nunca funcionará. ... Toda esta ayuda se desperdicia".

Sin embargo, una mirada más cuidadosa a la evidencia sugiere que tal punto de vista es completamente equivocado.
De hecho, la primera lección de la guerra contra la pobreza es que podemos hacer progresos contra la pobreza, pero que es un trabajo duro, cuesta arriba.

Las medidas más precisas, utilizando cifras de la Oficina del Censo que tengan en cuenta los beneficios, sugieren que las tasas de pobreza han disminuido en más de un tercio desde 1968. Hay un consenso de que sin la guerra contra la pobreza, otras actuaciones de fuerzas (como el encarcelamiento masivo, el aumento de las madres solteras y la disminución de los sindicatos) habrían crecido con una pobreza mucho mayor.

Un estudio de la Universidad de Columbia sugiere que sin los beneficios del gobierno, la tasa de pobreza habría aumentado a 31 por ciento en 2012.
De hecho, un promedio de 27 millones de personas lograron anualmente salir de la pobreza mediante programas sociales entre 1968 y 2012, de acuerdo con el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca.

El mejor ejemplo de cómo los programas de lucha contra la pobreza del gobierno pueden tener éxito, involucra a la tercera edad. En 1960, alrededor del 35 por ciento de los estadounidenses mayores eran pobres. En 2012, el 9 por ciento eran. Eso es porque la tercera edad puede votar, por lo que los políticos le escucharon a ellos y por los programas que se aplicaron como el Seguro Social y Medicare.

En cambio, los niños no tienen voz, por lo que son el grupo de edad con más probabilidades de ser pobres hoy. Eso es un fracaso práctico y moral.

No quiero que nadie sea pobre, pero, si tengo que elegir, diría que es más bien una prioridad ayudar a los niños que a los adultos mayores. En parte, eso se debe a que cuando los niños se ven privados de oportunidades, las consecuencias pueden incluir toda una vida de fracaso escolar, el subempleo y la delincuencia.

Las investigaciones de las neurociencias subrayan por qué las intervenciones tempranas son tan importantes.
El desarrollo temprano del cerebro resulta tener consecuencias de por vida, y la investigación de estudios en humanos, y animales por igual, sugiere que un alto estrés en la primera infancia en la pobreza cambia el cerebro físico de maneras sutiles que deterioran el rendimiento educativo y los resultados en la vida.

Una revisión cuidadosa de los programas de lucha contra la pobreza en un nuevo libro, "Los legados de la Guerra contra la Pobreza", muestra que muchos de ellos tienen un claro impacto - aunque a veces no tanto impacto como sus defensores esperaban.

Para empezar, uno de los programas sociales más básicos que funciona -de hecho paga por sí mismo muchas veces- es la asistencia de planificación familiar para adolescentes en situaciones de riesgo. Esta realidad ha sido uno de los programas sociales más exitosos de Estados Unidos en los últimos años. La tasa de natalidad de adolescentes se ha reducido a la mitad en aproximadamente los últimos 20 años.

Otra serie de gran éxito son los programas de orientación para los padres involucrados para lograr que las mujeres embarazadas no tomen alcohol y fumen menos y para alentar a las madres en situación de riesgo a hablar con sus hijos más. Programas como Nurse -Family Partnership, Healthy Families America, Niño, Save the Children y Treinta millones de palabras, Proyectos todos que han tenido un gran éxito en ayudar a los padres a hacer un mejor trabajo con sus hijos.

La educación temprana tiene igualmente una fuerte evidencia del impacto.
Los críticos señalan que con el Head Start, por ejemplo, lo que ganan en el cociente intelectual parece desaparecer en unos pocos años. Eso es verdad y decepcionante. Pero en los últimos cinco años, los estudios rigurosos de investigadores como David Deming han demostrado que los egresados ​​de Head Start también han mejorado los resultados de la vida: la tasa de asistencia más alta a graduación de la escuela secundaria y la universidad, y menos probabilidades de estar fuera de la escuela y sin un trabajo.

Otra área de éxito: Los programas que fomenten el empleo, especialmente para los grupos más en riesgo. El crédito tributario por ingreso del trabajo - es un gran beneficio para los trabajadores pobres y para la sociedad-.

Del mismo modo, un programa llamado Academias de Carrera Profesionales ha tenido excelentes resultados en la formación de adolescentes en riesgo en carreras especializadas y en darles la experiencia laboral práctica. Incluso ocho años después, aquellos jóvenes asignados al azar a Academias Profesionales ganan significativamente más que los de los grupos de control.

Como ese ejemplo sugiere, cada vez más tenemos investigaciones de primera clase -los ensayos aleatorios controlados, poniendo a prueba los programas antipobreza tan rigurosamente como si fueran productos farmacéuticos- que nos dan evidencia sólida de lo que funciona o no.

Así que dejemos la grandilocuencia y demos un vistazo a la evidencia.

Los críticos tienen razón en que el trabajo para combatir la pobreza es difícil y que la dependencia puede ser un problema.
Pero la premisa de que gran parte de la oposición de hoy a los cupones de alimentos y otros beneficios -y que la ayuda del gobierno fracasa inevitablemente- es simplemente incorrecto. Y la pobreza infantil es tan inconcebible en una nación rica hoy como lo era hace medio siglo.

Fuente: The NYT Nicholas Kristof