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jueves, 14 de diciembre de 2017

_- Emotivo alegato antinuclear en la entrega del Nobel de la Paz en Oslo al ICAN. Estados Unidos, Reino Unido y Francia, potencias nucleares, no enviaron a sus embajadores a la ceremonia en señal de protesta.

_- Agencias


La Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN) hizo este domingo un emotivo alegato contra los arsenales atómicos al recibir el Nobel de la Paz y, con el drama de Hiroshima de fondo, urgió a las grandes potencias a unirse al tratado de prohibición consensuado en la ONU.

Esta organización que agrupa a 468 entidades y ONGs en 101 países estuvo representada por su directora ejecutiva, Beatrice Fihn, y la activista y superviviente de la bomba atómica lanzada en 1945 por Estados Unidos sobre Hiroshima (Japón) Setsuko Thurlow, que recogieron juntas el premio y pronunciaron un discurso a medias.

"Representamos la única elección racional, representamos a los que rehúsan aceptar las armas nucleares como un elemento del mundo, unir sus destinos a las líneas de un código de lanzamiento. La nuestra es la única realidad posible, la alternativa es impensable", dijo Fihn al recibir el premio en Oslo.

Fihn rechazó el efecto disuasorio de las potencias nucleares y sostuvo que su utilidad "real" es "provocar miedo y negar la libertad, atrayendo a más países a la carrera nuclear".

Frente a la "aceptación ciega" llamó a reclamar "la libertad de no vivir nuestras vidas como rehenes de una aniquilación inminente" y sostuvo que la ICAN es "la voz de la humanidad".

El alegato estuvo dirigido a que las potencias nucleares -entre ellas Estados Unidos, Reino Unido y Francia, que no enviaron a embajadores a la ceremonia en señal de protesta- acaben con la "amenaza" que suponen sus arsenales atómicos para la Humanidad y se unan al Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, que 122 países aprobaron el pasado julio en la ONU.

"La historia de las armas nucleares tendrá un final, de nosotros depende cuál será. ¿Será su fin o el nuestro? Una de esas cosas pasará", afirmó Fihn, quien definió el tratado como "una luz en un tiempo oscuro".

Tras la parte más política y activista del discurso, fue el turno del dramático relato de Setsuko Thurlow, sobreviviente de la bomba atómica lanzada en 1945 por Estados Unidos a la japonesa Hiroshima, que definió las armas nucleares como "el mal máximo" y pidió poner fin de una "locura" intolerable.

"Quiero hacerles sentir la presencia de quienes murieron en Hiroshima y Nagasaki, quiero hacerles sentir una gran nube de un cuarto de millón de almas. Cada persona tenía un nombre, cada persona era amada por alguien. Asegurémonos de que sus muertes no fueron en vano", dijo Thurlow.

La japonesa de 85 años recordó el día del bombardeo, la sensación de "flotar" en el aire, el colapso de su escuela, los gritos de sus compañeros y su sobrino Eiji, de 4 años, convertido en "un trozo fundido de carne" que siguió pidiendo agua hasta morir.
"Mientras salía arrastrándome, las ruinas ardían. La mayoría de mis compañeros murieron quemados vivos. Vi a mi alrededor una devastación total, inimaginable", contó, en declaraciones citadas por la agencia de noticias EFE.

La imagen de ese día en su memoria fue contundente. Había "procesiones de figuras fantasmagóricas que se arrastraban. Gente herida grotescamente sangraba, quemada, ennegrecida, hinchada. Les faltaban partes del cuerpo, la carne y la piel colgaba de sus huesos, algunos tenían las órbitas de los ojos en las manos; otros, los estómagos abiertos y los intestinos colgando", recordó.

Y sostuvo que hay que desmontar el "mito" que las de Hiroshima y Nagasaki fueron "bombas buenas" que acabaron con una "guerra justa", sino que fueron parte de la "desastrosa" carrera armamentista nuclear.

Por su parte, la jurado del Nobel, Berit Reiss-Andersen, reconoció que el mensaje de ICAN es "que el mundo nunca será seguro mientras tengamos armas nucleares".

La firma del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares fue el mayor logro de ICAN, que le permitió adjudicarse el galardón anunciado el 6 de octubre último.

El texto prohíbe la producción, posesión, utilización y el almacenamiento de armas nucleares, pese a la resistencia de las potencias nucleares y sus aliados.

"Este tratado tiene poderosos adversarios pero es más importante que nunca", dijo Reiss-Andersen y agregó que la ICAN "sirve a los intereses de la humanidad", informó la agencia de noticias DPA.

El premio, que se entrega en el aniversario de la muerte del creador de los galardones, Alfred Nobel, está dotado con nueve millones de coronas suecas, unos 1,05 millones de dólares.


Redemption Song
(Bob Marley, autor) Versión de John Legend

Old pirates, yes, they rob I
Sold I to the merchant ships
Minutes after they took I
From the bottomless pit
But my hand was made strong
By the hand of the Almighty
We forward in this generation
Triumphantly
Won't you help to sing
These songs of freedom?
'Cause all I ever have
Redemption songs
Redemption songs

Emancipate yourselves from mental slavery
None but ourselves can free our minds
Have no fear for atomic energy
'Cause none of them can stop the time
How long shall they kill our prophets
While we stand aside and look? Ooh
Some say it's just a part of it
We've got to fulfill the Book
Won't you help to sing
These songs of freedom?
'Cause all I ever have
Redemption songs
Redemption songs
Redemption songs

Emancipate yourselves from mental slavery
None but ourselves can free our minds
Wo! Have no fear for atomic energy
'Cause none of them-a can-a stop-a the time
How long shall they kill our prophets
While we stand aside and look?
Yes, some say it's just a part of it
We've got to fulfill the book
Won't you have to sing
These songs of freedom?
'Cause all I ever had
Redemption songs
All I ever had
Redemption songs
These songs of freedom
Songs of freedom

Viejos piratas, si, ellos me robaron
y me vendieron a barcos mercantes
minutos después me sacaron
del agujero mas cruel
Pero mis manos se hicieron fuertes
por la mano del todopoderoso
nos levantamos triunfalmente en esta generación
Todo lo que siempre he tenido son canciones de libertad
nos ayudas a cantar estas canciones de libertad?
Porque es todo lo que tengo, canciones redentoras.

Emanciparte de tu esclavitud mental
Nadie excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes
No tengas miedo de la energía atómica
Porque ninguno de ellos puede detener el tiempo
Cuanto tiempo más mataran nuestros profetas
Mientras nos quedamos mirando a otro lado
Alguien dijo esto es solo una parte
debemos también nosotros escribir en el libro

Por que no ayudas a cantar, estas canciones de libertad
Porque es todo lo que tengo, canciones redentoras,
canciones redentoras, canciones redentoras.

Emanciparte de tu esclavitud mental
Nadie excepto nosotros mismos puede liberar nuestras mentes
No tengas miedo de la energía atómica
Porque ninguno de ellos puede detener el tiempo
Cuanto tiempo más matarán nuestros profetas
Mientras nos quedamos mirando a otro lado
Alguien dijo esto es solo una parte
debemos también nosotros escribir en el libro

Por que no ayudas a cantar, estas canciones de libertad
Porque es todo lo que tengo, canciones redentoras
Todo lo que tengo, canciones redentoras
Estas canciones de libertad, canciones de libertad

jueves, 16 de junio de 2016

“La palabra desigualdad sigue dando miedo”. Martin Ravallion, exdirector del Departamento de Investigación del Banco Mundial, ahonda en un nuevo libro sobre el acercamiento político a la pobreza.

El economista e investigador australiano Martin Ravallion ha dedicado su carrera a estudiar las estructuras económicas que hay detrás de la pobreza.
El último trabajo del exdirector del Departamento de Investigación del Banco Mundial es un manual que ahonda en esta cuestión. Para Ravallion, la conexión es obvia, pero asegura que aún hace falta comprender mejor cómo sin la economía no se puede erradicar la pobreza. Si no se entiende el desafío al que se enfrentan los ciudadanos más desfavorecidos, las políticas sociales que pretenden ayudarlos pueden condenarlos a permanecer en el último eslabón de la sociedad. Ravallion acaba de recibir el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cooperación al Desarrollo, que recogerá el martes 21 de junio en Madrid.

Pregunta. Afirma que los economistas no saben lo bastante sobre la pobreza, ¿qué aspecto es el menos entendido?
Respuesta. La pobreza no ha recibido suficiente atención. Yo sabía que la economía me ayudaría a entenderla, pero la mayoría de los economistas no se interesan por este asunto. Uno de los mayores errores es la visión de que los pobres no saben lo que es mejor para ellos, y culparlos de su situación. Esas personas están constantemente tomando decisiones difíciles que afectan a sus familias, a sus hijos. Tanto los medios de comunicación como los políticos deben tener más respeto hacia ellos, porque si no se les respeta se pueden cometer muchos errores que lleven a implementar políticas que les fuercen a hacer cosas que no les favorecen y que, incluso, pueden resultar en un empeoramiento de su situación. Otro error mayúsculo es pensar que la lucha contra la desigualdad y la pobreza tendrá inevitablemente un coste en el crecimiento económico. Esto suele ser una excusa para no tomar medidas.

P. ¿Se sigue aceptando la pobreza como parte inevi­table del sistema económico?
R. Hace 200 años se consideraba que la pobreza era necesaria. Hoy nos hemos dado cuenta de que, por lo menos en el caso de la pobreza extrema, se puede erradicar. Ocurrió en Europa Occidental y en EE UU. El crecimiento económico fue importante, pero iba acompañado de seguridad, de reducción de riesgo y de una serie de políticas sociales que apuntalan esa economía, como la educación y la igualdad de oportunidades. Pero en la actualidad, en la mayoría de los países, ricos y pobres, la desigualdad es demasiado alta. Las personas pobres tienen tantas ideas como las ricas, solo que no pueden financiarlas: es la desigualdad lo que obstaculiza sus oportunidades económicas.

P. En su trabajo se refiere a que el extremo más pobre de la economía cada vez es más “pegajoso”. ¿Qué consecuencias tiene esto en la lucha contra la pobreza?
R. En los 100 años que se tardó en erradicar la pobreza extrema en Europa Occidental y EE UU ocurrieron dos cosas: cada vez había menos personas viviendo por debajo de ese umbral, y el límite inferior se elevaba. Ahora, en los países en vías de desarrollo el progreso ocurre de una forma más rápida pero no afecta a los más pobres. La única explicación es que en el pasado las políticas sociales fueron más efectivas a la hora de llegar a los pobres, y eso es una cuestión de capacidad administrativa y de voluntad política. Deberíamos aprender de países como los escandinavos: hay que empezar aplicando políticas sociales universales que afecten a toda la sociedad.

P. ¿Cómo convencería a quienes creen que los pobres son responsables de su situación de que las políticas sociales universales son necesarias?
R. Es necesario entender las situaciones límite a las que se enfrentan las personas y el contexto en el que viven. Los políticos desconocen lo que es vivir en la pobreza. Los economistas hablan en términos abstractos, pero deberían ver lo que realmente implica, para internalizar los problemas que acarrea. Si hicieran esto empatizarían mucho más y serían menos proclives a culpar a los pobres de sus problemas. Nadie puede creer que la pobreza, en cualquier parte del mundo, sea culpa de quien la padece. Pero siempre hay quien encuentra una excepción y lo utiliza como arma política. Estoy convencido de que las sociedades son fundamentalmente progresistas y avanzan.

P. ¿Por qué sigue habiendo pobreza en países tan ricos como EE UU?
R. Es pobreza pero tiene estándares distintos; la línea que marca el umbral es 12 veces más elevada que en África. Según se desarrolla una economía, también lo hace su definición de pobreza. La trayectoria de crecimiento económico en EE UU hasta 1980 contribuyó enormemente a la reducción de este índice, pero a finales de los setenta se estancó. Hubo un cambio deliberado durante la Administración de Reagan para invertir menos dinero en áreas como la educación. Cada vez era más difícil que un niño pobre pudiera seguir estudiando, lo que disparó la desigualdad. El crecimiento sólo afectó a la parte más alta del espectro económico, dejó atrás a los desfavorecidos, y entonces empezamos a ver un estancamiento en la lucha contra la pobreza.

P. ¿Considera que EE UU no ha hecho lo bastante?
R. No se han implementado suficientes medidas sociales para luchar contra la pobreza. En EE UU descubrieron muy tarde, a finales de los noventa, que si combinas todas las políticas sociales acabas con una tasa de impuestos elevadísima que grava a las personas más desfavorecidas. Esto quiere decir que aunque logren una nueva fuente de ingresos, pierden todo beneficio por los impuestos. Es lo que se llama la trampa de la pobreza: destruye los incentivos para que los más pobres escapen de su situación por sus propios medios. Las políticas sociales inteligentes son las que construyen esos incentivos. Pero debemos tener cuidado de no caer en el paternalismo, asegurarnos de que pensamos en esto desde la perspectiva de una persona sin medios, no desde la de un político que se dedica a hacer juicios de lo que debería o no hacer la gente.

P. ¿Cuál es el mayor obstáculo en la lucha contra la pobreza?
R. El desafío está en la desigualdad, no todo el mundo ve que la brecha es demasiado grande. Aunque aumenta el número de políticos que se da cuenta de que el elevado índice de desigualdad está destruyendo oportunidades económicas, que ven que la clase media se queda atrás y que no reducimos los índices de pobreza; sobre esto no hay todavía un consenso. La palabra desigualdad sigue dando miedo, mientras que pobreza no. Una de las cosas que se pueden hacer es desmontar el término y sacar a la luz aspectos específicos en materia de educación y salud. Si decimos que la diferencia en la esperanza de vida entre ricos y pobres en EE UU es de 15 años, la desigualdad queda retratada en términos que van más allá de riqueza o dinero. Quizá esto ayude a que el término asuste menos.

El otro gran reto es la pobreza relativa. En un periodo de 10 a 40 años podemos haber erradicado la pobreza extrema en casi todo el mundo y eso es algo fantástico, porque es el peor tipo de pobreza. Pero seguirá habiendo pobres y la desigualdad continuará siendo un grandísimo problema.

http://economia.elpais.com/economia/2016/06/09/actualidad/1465484253_626652.html

sábado, 23 de mayo de 2015

Miedo a la lectura

Belén Gopegui. Diagonal

Está fuera de Madrid cuando recibe un mail de alguien que, con toda lógica, le pregunta si, dado que pertenece al mundo del libro, podría escribir sobre lo que implica que hayan detenido a unas personas siendo uno de los motivos o de los indicios o, en fin, un dato relevante para el juez la posesión de un libro. En el mail, el libro se nombra algo como c*n-r* l* d*mxcr*ci*, y de él se dice: tiene sólo 83 páginas valientes, en las que se traza una genealogía breve de la historia de la democracia, se expresan unas ideas políticas y se expone una apuesta clara y generosa por las personas.

Las detenidas participaban en CSOA, centros sociales ocupados autogestionados. Así se formó ella políticamente, en una escuela ocupada y autogestionada desde donde se enseñó a leer a cientos de personas analfabetas en el Madrid de los años ochenta. Hoy interpreta la realidad más en clave de marxismo que de anarquismo y, sin embargo, sigue sabiendo que algunas observaciones de esta corriente política son imprescindibles para separar el poder, el “poder hacer”, de la dominación. Quiere leer el libro, pero duda si descargárselo, pues está en casa de unos amigos y quedará huella y, un día, unos policías pueden entrar y registrar la casa de sus amigos, inquietar a los hijos o detener al padre y a la madre. Hay campañas, piensa entonces, a favor del miedo a la lectura. Al final lo descarga, pues puede probar su estancia en esa ciudad ese día; además, en la casa le dicen que no tema. Lo lee, coincide con la persona del mail. Aunque cualquiera puede encontrar el título del libro en las noticias sobre las detenciones, se pregunta si citar su título completo sin condenarlo puede comprometer al medio que ahora lees y ya la pregunta daña.

La realidad suele ser poco clara, pero algunas cosas deberían estar bastante claras. El mundo se indigna cuando la mano de un policía toca el cogote de un exministro acusado de haber desviado dinero en cifras que habrían servido, pongamos, para construir varios centros de salud y hacerlos funcionar. En cambio, las otras nucas, y la incertidumbre de las familias, y la desproporción, se callan. Discrepar no es apropiarse de dinero, esfuerzo ajeno, vida; es crepitar distinto, cuestionar la hoguera de lo establecido. Ese libro discrepa sin buscar la destrucción de una raza ni el abuso de los cuerpos ajenos ni la opresión por desigualdad, y prohibirlo es acallar ruidos como buscando que todo suene igual, siga igual.
Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/26702-miedo-la-lectura.html

sábado, 25 de mayo de 2013

Desconfianza y miedo. Cada vez es mayor el desconcierto y la angustia con que la sociedad española mira al futuro

El CIS no empezó a preguntar hasta septiembre de 2000 en su Barómetro mensual por los gestores inmediatos del sistema político como un posible problema de la sociedad española. Desde septiembre de 2000 hasta abril de 2005, en el listado de las posibles respuestas a la pregunta ¿cuáles son, a su juicio, los tres problemas principales que existen en España? se incluía una mención a los “problemas políticos”. A partir de abril de 2005, “problemas políticos” fue sustituido por “la clase política, los partidos y los políticos”. En el siglo pasado, el CIS incluía ocasionalmente una pregunta sobre “problemas políticos” o “noticias sobre la situación política” o “corrupción política”, pero en la mayor parte de los barómetros no se interrogaba a los ciudadanos por su preocupación acerca de quienes se dedican a gestionar el sistema político.

Hasta el siglo XXI, es decir, hasta un cuarto de siglo después de iniciada la Transición, el CIS no intuye que ese pueda ser un problema de la sociedad española, lo que induce a pensar que el sistema político estaba cumpliendo de manera razonable la función que debe cumplir en una sociedad democráticamente constituida y que no era necesario, en consecuencia, preguntar por “la clase política” como problema. A partir del cambio de siglo deja de ser así.

En los primeros años del siglo, hasta 2005, la preocupación ciudadana se mantiene relativamente baja, entre el 5% y el 7%, con la excepción de 2003, el último año de la segunda legislatura de José María Aznar como presidente del Gobierno, en el que la preocupación se aproxima al 10% o sube ligeramente por encima. Desciende significativamente en la mayor parte de los meses de 2004 y 2005, no aproximándose al 10% más que ocasionalmente, y empieza a situarse en torno al 10% en 2006 y algo por encima en 2007. Desciende en 2008 y a partir de 2009 se consolida por encima de 10%, subiendo permanentemente hasta situarse casi en el 20% en 2010; por encima del 20% en 2011, llegando a estar por encima del 30% desde finales del 2012.

La confianza de la sociedad española en que disponía de un sistema político con el que podía hacer frente a los problemas con los que tuviera que enfrentarse ha venido descendiendo de manera continuada y progresiva desde 2006 y de manera alarmante desde 2010. Ni siquiera la victoria por mayoría absoluta del PP en las elecciones generales de noviembre 2011 y en las municipales y autonómicas de mayo del mismo año ha conseguido que la confianza de la sociedad española en su sistema político se recupere. Más bien lo contrario. Se ha acelerado la pérdida de confianza de manera significativa.

La crisis política es más preocupante que la crisis económica, porque únicamente desde la política se puede encontrar una salida. Si la sociedad no confía en quienes tienen que dirigirla, es muy difícil que se puedan movilizar las energías que en ella existen para salir del estancamiento. La dirección política es la primera tarea que todas las Constituciones encomiendan al Gobierno. En dirección política, en liderazgo, se resume toda la acción de gobierno. Y cuanto más difíciles sean las circunstancias, más necesaria es dicha dirección.

La evidencia empírica de que disponemos nos indica que la dirección política brilla por su ausencia desde la misma noche electoral. Ni un solo gesto tuvo Mariano Rajoy entre la noche del 20 de noviembre y el 23 de diciembre en que se hizo la sesión de investidura. Estuvo mudo durante su primer mes con mayoría absoluta. No hubo ni un gran mitin ni convocó a la prensa nacional e internacional para transmitir a la sociedad española y europea de qué proyecto de futuro era portador. En una situación de emergencia como la que vivíamos y después de un apoyo abrumador en las urnas, era lo menos que cabía esperar. Y ha seguido prácticamente mudo después de la investidura. En lugar de tener confianza en la sociedad española, de ir a su encuentro y hacer una convocatoria que permitiera al país cerrar filas en torno a su liderazgo para aguantar lo que se nos está viniendo encima, no ha hecho otra cosa que huir, refugiándose en una pantalla de plasma e imponiendo de manera autoritaria decisiones sin dar ningún tipo de explicación de las mismas.

Los resultados de todos los estudios de opinión son concluyentes. Cada vez es mayor el desconcierto y la angustia con que la sociedad española mira al futuro. El Gobierno está transmitiendo miedo y, desde Franklin D. Roosevelt, sabemos que no hay nada peor que el miedo para hacer frente a una crisis.
JAVIER PÉREZ ROYO 25 MAY 2013. Fuente: El País

lunes, 6 de febrero de 2012

En 'La economía del miedo', de Joaquín Estefanía, hay política e ideología, economía, números y pinceladas de sociología, pero también un libro cargado de historias

La historia de Florence Owens Thompson. Sin saber nada de economía, Florence Owens Thompson es probablemente quien mejor ha explicado la Gran Depresión, la feroz crisis de los años treinta del siglo pasado. Y sin malgastar una sola palabra: acababa de vender las llantas de su coche para alimentar a su famélica prole cuando quedó inmortalizada en una fotografía que se ha convertido en la imagen icónica de aquella crisis. La imagen del miedo: una mujer de 32 años junto a sus hijos, con la mirada perdida y ese gesto de desaliento e incertidumbre en sus ojos claros. Ahí hay un pedazo de historia. La economía del miedo, del exdirector de este periódico -El País- Joaquín Estefanía, arranca con esa foto. "Este es un libro de política económica", escribe Estefanía a la que uno se arranca con las primeras páginas. Sí y no: hay política e ideología, economía, números y pinceladas de sociología, pero también un libro cargado de historias.
"Para contar cualquier historia se necesitan los impulsos de ordenar y dar forma, propios de la ficción, aunque la historia tenga la misma profunda improbabilidad que la vida", dice el novelista John Lanchester para justificar por qué dejó de lado la ficción durante un tiempo para acabar firmando uno de los mejores libros de esta crisis (¡Huy!, Anagrama). En el caso de la Gran Recesión actual, esa improbabilidad era tan grande que los modelos estadísticos del todopoderoso Goldman Sachs demostraban que era prácticamente imposible que algo así ocurriera. La Gran Recesión ha sido una crisis con mil caras distintas. La miopía de los financieros y de esos científicos sociales llamados economistas, "encerrados en un onanismo experimental durante años", forma parte del material del que está hecho el ensayo de Estefanía. Pero el hilo conductor de la crónica del último lustro, por encima de todos, es el miedo.
"El miedo ha sido siempre fiel aliado del poder. Nos han inoculado el miedo a la inseguridad económica, al paro, al otro, al que viene a disputar los pocos empleos que se crean… Y ese miedo, que adopta rostros inéditos, da paso al cabreo y a la indignación: estamos entrando con lentitud en esa segunda fase", avisaba Estefanía en una entrevista. La idea viene de lejos: Naomi Klein la apuntó en La doctrina del shock, y el propio autor ya escribió una columna premonitoria, meses después del atentado a las Torres Gemelas. Entonces la raíz de ese miedo era diferente. Pero la narrativa que ese temor instala en las sociedades es la misma.
nuestros representantes, aquellos a quienes la sociedad ha elegido para resolver los problemas, no pueden hacerlo porque las decisiones ya no se toman en los parlamentos, sino en territorios más alejados: los espectrales mercados.
... Estefanía castiga a derecha e izquierda, por los efectos devastadores de la revolución conservadora y del Consenso de Washington, pero también por "el debilitamiento de la socialdemocracia, incapaz de elaborar un relato alternativo al económico". Al cabo, fueron los Bill Clinton, los Toni Blair, los Gerhard Schröder y alguno más quienes no se alejaron del discurso economicista instaurado en los años de Reagan y Thatcher. Estefanía señala que en lo peor de la Gran Recesión, cuando la peor de las pesadillas pudo convertirse en realidad, sí hubo una vuelta al keynesianismo. Pero ese movimiento pendular ha durado poco: el retroceso pacífico de la economía a favor del mercado es evidente. El autor reivindica a Keynes, a Hyman Minsky y a los pepito grillo contemporáneos: Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Y reclama la vuelta de la política (como Xosé Carlos Arias y Antón Costas en La torre de la arrogancia): "La autorregulación es una farsa: la enfermedad infantil del capitalismo. Ya nadie se atreve a decir que el Estado es el problema y el mercado es la solución". (Error: después del triunfo del PP en las elecciones, esa era la tesis de la patronal en un acto organizado por FAES)...
En fin: vuelta a Florence Owens Thompson para cerrar esta historia. Por esa serie de fotografías —que dieron fama a Dorothea Lange—, un comprador pagó casi 300.000 dólares en una subasta de Sotheby’s. Eso era en octubre de 2005, cuando casi nadie ponía reparos a la exuberancia irracional del dios mercado, cuando los más brillantes economistas y políticos hablaban del fin de los ciclos económicos, de una era —la Gran Moderación—. La crisis es una bofetada de realidad que obliga a despertar. Pero los despertares no son iguales para todo el mundo. Leer más en El País.La economía del miedo, Joaquín Estefanía. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2011. 348 páginas. 21 euros