sábado, 16 de noviembre de 2019

¿Cómo derrocaron a Evo?

Pablo Stefanoni y Fernando Molina
Revista Anfibia

El gobierno de Evo Morales fue una revolución política antielitista. La situación actual no estaba en el horizonte de nadie y habla de un movimiento contrarrevolucionario. El líder visible es Luis Fernando Camacho, un empresario de 40 años que no participó en el proceso electoral y llegó al Palacio Quemado con una biblia y una escolta policial. Mientras festejaba en La Paz el derrocamiento del presidente, en la calle quemaban Whipalas y gritaban “echamos al comunismo”.

Empecemos por el final (o por el final provisorio de esta historia): el domingo en las últimas horas de la noche, el líder cruceño Luis Fernando Camacho desfiló arriba de un carro policial por las calles de La Paz, escoltado por policías amotinados y vivado por sectores de la población opositores a Evo Morales. Se escenificaba así una contrarrevolución cívica-policial que sacó del poder al presidente boliviano. Morales se parapetó en su territorio, la región cocalera de El Chapare que lo vio nacer a la vida política y donde se refugió de los riesgos revanchistas. Es una parábola –al menos transitoria– en su vida política. De este modo, lo que comenzó como un movimiento en demanda de una segunda vuelta electoral tras la polémica y confusa elección del 20 de octubre terminó con el jefe de las Fuerzas Armadas “sugiriendo” la renuncia del presidente.

Una sublevación contra Evo Morales no estaba en el horizonte de nadie. Pero en tres semanas, la oposición se movilizó con más firmeza que las bases “evistas”, que tras casi 14 años en el poder fueron perdiendo potencia movilizadora mientras el Estado iba reemplazando a las organizaciones sociales como fuente de poder y burocratizando el apoyo al “proceso de cambio”. Y en pocas horas, lo que fue el gobierno más fuerte del siglo XX en Bolivia pareció desmoronarse (hay varios ex funcionarios refugiados en embajadas). Ministros renunciaron denunciando que sus casas eran quemadas y los opositores mostraban a los tres muertos de los enfrentamientos entre grupos civiles como prenda de indignación frente a lo que llaman la “dictadura”. Finalmente, el domingo Evo Morales y Álvaro García Linera renunciaron y denunciaron un golpe en marcha.

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El Movimiento al Socialismo (MAS), formado en los años 90, fue siempre un partido profundamente campesino –más que indígena– y eso se trasladó en muchos sentidos al gobierno de Evo Morales. El apoyo urbano fue siempre condicionado –en 2005 una apuesta a un nuevo liderazgo “indígena” frente a la profunda crisis que vivía en país; luego porque Evo mantuvo muy buena performance económica–, pero los intentos de Morales de permanecer en la presidencia –sumado a sustratos racistas de vieja data y la sensación de exclusión del poder– alentaron a las clases medias urbanas a salir a la calle contra Morales. Objetivamente hablando, el llamado “proceso de cambio” no favoreció a la clase media tradicional ni al estamento “blancoide” –como se suele denominar a los “blancos” en Bolivia–, y, en cambio, les quitó poder. La de Morales fue revolución política antielitista. Por esto chocó contra las élites políticas anteriores y las sustituyó por otras, más plebeyas e indígenas. Este hecho desvalorizó hasta hacer desaparecer el capital simbólico y educativo con que contaba la “clase burocrática” que existía antes del MAS. Entretanto, sus victorias electorales con más del 60 por ciento le permitieron copar todo el poder el Estado.

Morales pareció sellar una victoria de la política sobre la técnica. Si el neoliberalismo creía en el derecho de los “más capaces” a imponer sus visiones al conjunto, el “proceso de cambio” creía en el derecho de la Bolivia popular de imponerse sobre los “más capaces”. Para actuar recurrió a la política (igualitarismo) y al reparto corporativo de cargos entre diversos movimientos sociales antes que a la técnica (elitismo). Por esta razón no llenó de manera meritocrática las vacantes dejadas por el repliegue de la burocracia neoliberal. Y tampoco recurrió sistemática y ampliamente a las universidades para proveerse de un capital cultural que, en cambio, consideraba prescindible. Esto agrió a la clase media, especialmente a su segmento académico-profesional, cuya expectativa máxima era lograr un claro reconocimiento social y económico de los saberes que posee.

Y finalmente, el MAS fue crecientemente estatista. El enfoque siempre estatista con que el gobierno abordaba los problemas y necesidades que iban surgiendo en el país lo llevó a ignorar y a menudo a chocar con los pequeños emprendimientos privados, esto es, con los emprendimientos de la clase media. Por esta razón había roces entre el “proceso de cambio” y los sectores emprendedores no indígenas y no corporativos (los que sí se beneficiaban de los aspectos políticos del cambio e indignaban a los “clasemedieros”). Es cierto que existía un pacto de no agresión y de apoyo táctico entre el “proceso de cambio” y la alta burguesía o clase alta, pero este se fundada en razones políticas antes que empresariales o económicas.

Por otra parte, varias medidas adoptadas por Evo Morales desestabilizaron la dotación de capitales étnicos, perjudicando a los blancos: si bien no hizo una reforma agraria, benefició a los pobres con la dotación de tierras fiscales; hubo una redistribución del capital económico –mediante infraestructuras y políticas sociales– en favor de sectores más cholos y populares; la política educativa implementada por el gobierno mejoró la dotación de capital simbólico a los indígenas y los mestizos, mediante la revaloración de su historia y su cultura pero, al mismo tiempo, el gobierno hizo muy poco para elevar el nivel de la educación pública y, por tanto, para arrebatar el actual monopolio blanco de la educación (privada) de alta calidad. Así, las élites anteriores perdieron espacios en el Estado, vieron debilitados de sus capitales simbólicos y sus vías de influencia en el poder. En síntesis: el Club de Golf perdió cualquier relevancia como espacio de reproducción de poder y estatus.

Diversas encuestas ya mostraban la desconfianza de los sectores medios respecto al presidente. No por la gestión, que aprobaban, sino por la duración del dominio de la élite que Evo dirigía. Tal era la cuestión que importaba a la clase media, una cuestión que la persistencia en la meta reeleccionista de Morales hicieron imposible de resolver, precipitando a la clase media a la sedición. Y a esto se sumó que el “proceso de cambio” no debilitó los microdespotismos presentes en toda la estructura estatal boliviana. El uso de los empleados públicos en las campañas electorales y, más en general, en la política partidaria del MAS debilitó el pluralismo ideológico entre los funcionarios incluso de menor rango.

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Bolivia es un país casi genéticamente antirreeleccionista: ni Víctor Paz Estenssoro, conductor de la Revolución Nacional de 1952, logró dos periodos consecutivos. En parte esta tendencia parece una suerte de reflejo republicano desde abajo y en parte la necesidad de una mayor rotación del personal político. Y cuando alguien no se va limita el acceso de los “aspirantes”. Todos los partidos populares que llegan al poder tienen el mismo problema: hay más militantes que cargos para repartir. El Estado es débil pero es una de las pocas vías de ascenso social.

Bolivia es también el paraíso de la lógica de las equivalencias de Laclau: apenas la situación se sale del carril y se ve débil al Estado todos se suman con sus demandas, indignaciones y frustraciones, que son siempre muchas dado que es un país pobre y con muchas carencias. Así también fue esta vez. Los motines policiales expresan enconos de viejo cuño de sectores bajos con los mandos más altos, por temas de desigualdad económica y abusos de poder entre las “clases”: sucedió en 2003, en el motín de 2012 y en el del fin de semana pasado. Potosí, enfrentado con Evo desde hace años por sentir que desde la Colonia sus riquezas –ahora el litio– se esfuman y ellos siguen siendo siempre pobres, también se sumó a la rebelión. Y lo mismo pasó con sectores disidentes de todas las organizaciones sociales (cocaleros Yungas, ponchos rojos, mineros, transportistas). Esto se suma a una cultura corporativa que hace que las demandas de región o sector pesen más que las posiciones más universalistas, lo que habilita posibles alianzas inesperadas: en esta última asonada se aliaron Potosí y Santa Cruz, impensable durante las crisis de 2008, cuando Potosí fue un bastión “evista”.

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Luego de varios años de impotencia política y electoral de la oposición tradicional –los viejos políticos como Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina o el propio Carlos Mesa– aparece un “liderazgo carismático” nuevo: el de Fernando Camacho. Este personaje desconocido hasta hace pocas semanas fuera de Santa Cruz se proyectó primero ocupando un vacío en la dirigencia cruceña, que desde su derrota frente a Evo en 2008 había pactado cierta pax. Aupado en una nueva fase de radicalización juvenil el “macho Camacho”, un empresario de 40 años, se erigió como líder del Comité Cívico de la región que agrupa a las fuerzas vivas con hegemonía empresaria y defiende los intereses regionalistas. Y más recientemente, frente a la debilidad de la oposición, Camacho esgrimió una mezcla de Biblia y “pelotas” para enfrentar “al dictador”. Primero escribió una carta de renuncia “para que Evo la firme”; luego fue a llevarla a La Paz y fue repelido por las movilizaciones oficialistas; pero volvió al día siguiente para finalmente entrar el domingo a un desierto Palacio Quemado –el viejo edificio del poder hoy trasladado a la Casa Grande del Pueblo– con su Biblia y su carta; allí se arrodilló en el piso para que “Dios vuelva al Palacio”.

Camacho selló pactos con “ponchos rojos” aymaras disidentes, se fotografió con cholas y cocaleros anti-Evo y juró no ser racista y diferenciarse de la imagen de una Santa Cruz blanca y separatista (“Los cruceños somos blancos y hablamos inglés”, había dicho alguna vez una Miss). Y, en una productiva estrategia, Camacho se alió con Marco Pumari, el presidente del Comité Cívico de Potosí, un hijo de minero que venía liderando la lucha en esa región contra el “ninguneo de Evo”. Así, el líder emergente e histriónico terminó siendo el artífice de la revuelta cívica-policial. Para ello desplazó al ex presidente Carlos Mesa, segundo en las elecciones del 20 de octubre, quien al ritmo de la aceleración de los acontecimientos se radicalizó sin convicción ni grandes chances de ser aceptado en el club más conservador por ser considerado un “tibio”.

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René Zavaleta decía que Bolivia era la Francia de Sudamérica: allí la política se daba en su sentido clásico, es decir, como revolución y contrarrevolución. Pero el país vivió más de una década de estabilidad, un periodo que puso en duda la vigencia del pensamiento de Zavaleta. En 2008 Evo Morales resolvió su pulso con las viejas élites neoliberales y regionalistas que se habían opuesto a su asunción al poder y comenzó su ciclo hegemónico: una década de crecimiento económico, de confianza del público en su porvenir, de aprobación mayoritaria de la gestión gubernamental; un mercado interno con grandes inversiones financiadas a partir de ingresos extraordinarios en un tiempo de altos precios de las exportaciones; y una mejora en el bienestar social.

Pero la rebelión volvió y se articuló con un movimiento conservador y contrarrevolucionario. A diferencia de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, Evo Morales no sacó al ejército a la calle. Movilizó a los militantes del MAS, al tiempo que se expandió a través de las redes sociales y los medios la imagen de las “hordas masistas” –ya no se puede decir campesinas o indígenas–. El informe de la OEA sobre el resultado electoral, alertando sobre alteraciones, minó la autoconfianza del oficialismo: perdió la calle y las redes al mismo tiempo. Esta auditoría, que podría haber pacificado la situación, fue rechazada por la oposición, que consideraba a Luis Almagro un aliado de Evo Morales por haber avalado su repostulación. La organización acaba de pronunciarse para rechazar “cualquier salida inconstitucional a la situación”.

Una de las razones del insurreccionalismo es el caudillismo, esto es, la ausencia de instituciones políticas consolidadas. No existe más que una lógica inmediatista, de “suma cero”: se gana o se pierde todo, pero nunca se busca acumular victorias y derrotas parciales con la vista puesta en el futuro. Evo Morales no superó esa cultura y por eso buscó seguir en su cargo: pero la oposición hasta ahora tampoco y emerge con otro “caudillo” de derecha como Camacho. No sabemos qué futuro político le aguarda pero ya cumplió una “misión histórica”: que las ciudades acaben con la excepción histórica de un gobierno campesino en el país. No casualmente tras el derrocamiento de Evo se quemaron Whipalas, bandera indígena transformada en una segunda bandera nacional bajo el gobierno del MAS. Y adicionalmente, sacar al nacionalismo de izquierda del poder: “echamos al comunismo”, repetían los movilizados en las calles, algunos con Cristos y Biblias.

Bolivia no es solo el país de las insurrecciones, sino también de las refundaciones. Solo la idea de una “refundación” permite cohesionar las fuerzas que requieren las salidas insurreccionales y anular la influencia social y política de quienes perdieron. Por otro lado, una “refundación”, y la “destrucción creativa” de instituciones estatales y políticas que le es consustancial, permiten una movilización de promesas y prebendas con la dimensión que los nuevos ganadores requieren para “ocupar” (aprovechar) verdaderamente el poder. Pero la paradoja es que el país cambia poco en cada refundación. Sobre todo en términos de cultura política.

Ahora el péndulo quedó del lado conservador, veremos si la fragmentada oposición a Evo Morales logra estructurar un nuevo bloque de poder. Pero las heridas étnicas y sociales del derrocamiento de Evo serán perdurables.

Pablo Stefanoni, es jefe de Redacción de la revista Nueva Sociedad.
Fernando Molina es periodista.
http://revistaanfibia.com/

viernes, 15 de noviembre de 2019

Kingston, la ciudad de EE.UU. que se prepara para el fin del capitalismo

Alexandra Marvar
The Guardian / El diario

La ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, está intentando construir un ecosistema local inclusivo y autosuficiente. Todo empezó con O+, un festival que ayuda a artistas a intercambiar su trabajo por prestaciones de sanidad ante la dificultad de acceder a seguros privados. "Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos. Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos", señala el director de la radio local.

Integrantes de la iniciativa agricultural FarmHub, en el estado de Nueva York
Integrantes de la iniciativa agricultural FarmHub, en el estado de Nueva York

La ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, tiene una población diversa de 23.000 habitantes y está flanqueada en el este por el arroyo Rondout y el río Hudson y en el oeste por las montañas Catskill. Cuenta con una rústica ribera industrial, un colorido casco histórico y edificios de piedra de la época colonial. Cualquier viajero podría describirla como bucólica.

Las calles del centro están llenas de restaurantes y, desde hace un tiempo, tiendas de vestidos de terciopelo, ropa de segunda mano, productos medicinales elaborados con cannabis y teteras con pantallas LCD. Pero al pasar por la librería Half Moon Books, el visitante puede encontrarse con otro aspecto de la ciudad. El escaparate de la librería exhibe únicamente literatura de no ficción sobre el fin del mundo tal y como lo conocemos. "Comencé organizando un escaparate sobre utopías", explica la vendedora de libros Jessica DuPont, "pero no sé cómo acabé con libros sobre la agonía del capitalismo".

Hace poco más de una década me mudé a Kingston desde la ciudad de Nueva York, cuando se desató la crisis económica de 2008. Había terminado mis estudios en la universidad hacía tres años, pero mi incipiente carrera en los medios de comunicación se vio arrastrada por la recesión. Unas amigas mías, dos pintoras –una de unos 30 años y otra de más de 40–, eran propietarias de un edificio en el que estaba disponible un piso en la segunda planta. Allí podría vivir y trabajar.

Mis nuevos vecinos –artistas, músicos, dueños de tiendas o restaurantes, constructores, galeristas– me trataron como si fuera de la familia. Nuestra comunidad era diversa en cuanto a edad, pero todos teníamos ambiciones creativas e independientes en un sitio donde no abundaban las oportunidades económicas.

Así, muchos de nosotros nos encontramos con el mismo problema: la imposibilidad de acceder a un seguro de salud. Hace tiempo que el sistema de sanidad de EEUU es un desastre: lo era entonces y todavía lo es, porque aunque hay un sistema de sanidad público, los gastos extra y los copagos son astronómicos. Por suerte, entre nuestros amigos había médicos y dentistas que consideraban que nuestro trabajo era igual de valioso que el suyo. Entonces, se nos ocurrió algo. Basándonos en el viejo sistema de trueques, diseñamos una forma de intercambiar el arte de la medicina por la medicina del arte.

En octubre de 2010, lanzamos nuestro primer festival de arte callejero que duró todo un fin de semana, con música en vivo y eventos vinculados con la salud. Lo llamamos O+, como el grupo y el tipo sanguíneo. El público general podía participar mediante una donación. Los profesionales de la salud podían ofrecer su trabajo en una clínica que montamos en la calle.

Durante los siguientes años, miles de artistas como Lucius, Spiritualized y artistas locales que han tocado con los B-52’s y David Bowie, han recibido atención médica y dental valorada en cientos, a veces miles de dólares. Algunos artistas incluso afirman que la atención que recibieron allí les salvó la vida.

Poco después del primer O+, me marché de Kingston porque me surgió una oportunidad de empleo en otra ciudad. Ahora vivo en Savannah, en el estado de Georgia. Pero O+ siguió adelante. Los organizadores se han expandido para ofrecerle al público general más recursos: kits de rescate para sobredosis de opioides, formación en reanimación cardiopulmonar, conferencias sobre temas de salud y clases de bienestar que duran todo el año.

Algunos políticos locales o vecinos que no están de acuerdo con que se intercambie arte por atención médica y dental han intentando poner trabas, pero la causa siempre ha estado alimentada por un sentimiento de rebeldía y por la comprensión de que los artistas necesitan atención médica y de que el arte es bueno para la salud.

"Para cambiar el sistema a nivel nacional, hay que hacer miles de cosas a nivel local y en algún momento el sistema evolucionará", asegura el director ejecutivo de O+, Joe Concra, en cuyo edificio yo vivía cuando comenzamos el proyecto. Concra trabajó como voluntario a jornada completa durante años, hasta que gracias a becas y donaciones se pudieron pagar tres modestos salarios a jornada completa y siete de media jornada. "Cada vez que entro a la clínica, pienso: ‘Vaya, sí que es posible construir un sistema nuevo’. Me niego a creer que es imposible. Por eso seguimos trabajando en esto'".

La semana antes de la décima edición del festival O+, Concra y yo nos sentamos en la cafetería de Rough Draft, una librería independiente de Kingston que abrió en 2017 y a menudo es sede de eventos de organizaciones sin ánimo de lucro para recaudar fondos. Los tres empleados de la cafetería llevan camisetas de O+.

"Cuando comenzamos con esto", relata Concra señalándose a sí mismo, a mí y a la habitación, "no nos dábamos cuenta de lo que estábamos haciendo". Se pone de pie y corre al otro lado de la tienda para buscar un ejemplar de Sobrevivir al Futuro de David Fleming (2016), un tratado sobre comunidades sostenibles "en el marco de una economía de mercado" y abre la página en un capítulo llamado Carnaval. "Mira", me dice. "Estábamos creando un carnaval para la revolución".

Mural en la ciudad de Kingston en honor a los migrantes.
Mural en la ciudad de Kingston en honor a los migrantes.

Puede ser que O+ haya aportado el carnaval. Ahora ya no está solo en la revolución: la red de sanidad anticapitalista y antisistema de Kingston es solo un ejemplo de un modelo que podría reemplazar a las corporaciones en el país. Los vecinos han lanzado una cadena de radio no comercial, Radio Kingston WKNY, con una programación representativa de las comunidades locales que se emite gracias a grupos electrógenos si se corta la electricidad. También existe una micro-moneda regional llamada la Moneda Hudson Valley para "generar un ecosistema que nos incluya a todos", en palabras de su cofundador David McCarthy.

Iniciativas agrícolas como Farm Hub trabajan para lograr sistemas de alimentación fuertes e igualitarios. Una red de carriles bici conecta los pueblos con las granjas locales (para cuando ya no haya gasolina para los coches). Y organizaciones como RiseUp Kingston, Kingston Citizens, Nobody Leaves Mid-Hudson, y la Kingston Tenants Union facilitan la participación ciudadana, luchan contra los desahucios y promueven políticas públicas para combatir la cada vez más acuciante escasez de viviendas.

Visto desde mi casa en el sur del país, da la sensación de que, poco a poco, Kingston está montando la infraestructura de una comunidad autosuficiente, una comunidad que pretende sobrevivir a un posible colapso económico sobre el que bromeamos mientras bebemos cerveza en Rough Draft.

DuPont, la vendedora de la librería Half Moon, no cree que el vecino medio de Kingston esté activamente preparándose para una implosión social. "Pero sí pienso que las presiones económicas –especialmente cómo se han disparado los precios de las viviendas– están haciendo que la gente busque formar nuevas redes y maneras de apoyarse entre sí", señala. Mientras tanto, los directores de las organizaciones arriba mencionadas se enfrentan a preguntas como: "¿Cómo podemos asegurarnos de tener todos los recursos que necesitamos?" y "¿cómo hacemos para no dejar a nadie atrás?".

El primer fin de semana de noviembre, en una escuela de la ciudad, se organizó una conferencia llamada Sobrevivir al futuro: conexión y comunidad en tiempos de inestabilidad. "Prominentes pensadores de cambios en el sistema y transiciones" hablaron sobre temas clave para una "transición justa", inclusiva y holística del capitalismo hacia algo nuevo… lo que quiera que sea aquello.

Gran parte del trabajo es imaginar cómo se arma algo desde cero: en un panel sobre la vivienda como derecho humano, copresentado por Radio Kingston, O+, el Centro Comunitario LGTBQ Hudson Valley y otros, Callie Jayne de RiseUp Kingston explica modelos de trabajo para abordar su principal preocupación: la escasez de viviendas. "Si no se ha hecho antes, probablemente sea algo bueno, porque lo que hemos estado haciendo no ha funcionado".

"Me siento privilegiada por formar parte de las conversaciones de alto nivel sobre qué sucederá en el futuro", afirma el director ejecutivo de Radio Kingston, Jimmy Buff. "Aquí hay gente que está intentando encontrar una vivienda que no le cueste el 50% de sus ingresos o quedarse en viviendas en las que han vivido durante décadas y que la gentrificación no los obligue a marcharse del barrio. La crisis climática, la potencial agitación civil…¿Cómo nos organizamos a nivel local para abastecernos cuando todas estas cosas que parecen estar yéndose al diablo se vayan efectivamente al diablo?"

Yo me pregunto esto mismo constantemente. Pero en Savannah –una ciudad de 124.000 habitantes con una gran división racial y política y una tasa de pobreza un cuarto mayor que la de Kingston– formo parte de una minoría muy pequeña. En la radio no se escuchan conversaciones sobre igualdad ni están representadas las voces diversas de mi barrio. No he visto libros apocalípticos en los escaparates de las librerías. Cuando pienso en lo poco preparados que estamos para la crisis, echo de menos Kingston.

"Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos", dice Buff. "Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos, porque esta es nuestra ciudad. Aquí es donde vivimos. Esto es todo lo que tenemos".

Traducido por Lucía Balducci.

Fuente:
 http://www.eldiario.es/theguardian/Kingston-EEUU-prepara-colapso-capitalismo_0_960304298.html

jueves, 14 de noviembre de 2019

Carne trabajadora

Jesús Uzkudun Illarramendi
Noticias de Gipuzkoa

Mientras el Gobierno actualiza anualmente el Baremo de Indemnizaciones por Secuelas de Accidentes de Tráfico, el Ministerio de Trabajo mantiene congelado desde enero 2013, el Baremo de Indemnizaciones por Lesiones, Mutilaciones y Deformidades de carácter definitivo y no Invalidantes, recogidos en la Orden ESS/66/2013 BOE de 30/01/2013. Qué fácil se aprovechan de los débiles.

¿Cómo definir el valor económico recogido en dicha Orden, sobre las diferentes partes del cuerpo de trabajador/a lesionado a causa del déficit preventivo de la empresa? Poner precio a la perdida anatómica de un Testículo en 2.840 euros;de dos testículos en 6.380 euros;la pérdida de una mama de mujer 2.560 euros;de dos 5.460 euros;la pérdida de la nariz en 7.940 euros, la pérdida total del pene 6.810 euros;pérdida de un riñón 4.260 euros;perdida de una oreja 1.810 euros;por la pérdida de capacidad auditiva un baremo que oscila entre 1.210 a 3.580 euros;la pérdida total del primer dedo del pie 2.240 euros o por el quinto dedo 680 euros, la pérdida completa del dedo índice 2.420 si es el derecho y 1.810 si es el izquierdo, por cicatrices un baremo que oscila entre 540 y 2.130 euros,… etc. Podría seguir, el listado de lesiones y anatomía congelada, es muy amplio, como en la carnicería.

Tal vez alguno se ría, porque no es habitual la pérdida de parte o la totalidad del pene, ovario o una oreja en accidente de trabajo. Pero las amputaciones de dedos, rigideces de las articulaciones, incluso tras ser intervenido quirúrgicamente, las cicatrices, las pérdidas auditivas producidas por el ruido, etc., son el pan de cada día, las lesiones que afectan a miles de personas tras los recortes en la inversión preventiva y, como consecuencia, incrementan la siniestralidad. Aunque pueda ser motivo chistes, el baremo expresa una realidad silenciada, donde las mutuas se resisten con todo descaro al pago de las cantidades correspondientes. Lo preocupante es el injustificable olvido del derecho a esta prestación y el silencio social ante la congelación del baremo durante 7 años.

Recuerdo que un directivo de una importante mutua, me decía: “Sois la leche, reclamáis 540 euros por una pequeña cicatriz y en el sur, aun con una amputación del dedo, no indemnizamos”. Yo siempre respondía: “Quien no llora no mama y si pagáis es porque corresponde”.

En estos tiempos de retroceso en derechos laborales, hasta el Tribunal Constitucional se atreve a bendecir la inhumana política empresarial de “Usar y tirar” la mano de obra, incluso, cuando muchas empresas incumplen la legislación preventiva, manteniendo unas condiciones de trabajo nocivas y peligrosas. Es urgente retomar la lucha por la salud laboral, exigir una prevención real de los riesgos laborales (no solo seguridad, también los higiénicos, ergonómicos, psicosociales...) y la compensación por daños, una vez que sean producido. Por esta razón, nadie debe continuar callado o ignorando tanta injusticia y pasividad. Mañana puede ser tarde para reaccionar.

Jesús Uzkudun Illarramendi, activista por la Salud Laboral

Fuente:
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2019/11/10/opinion/cartas-al-director/carne-trabajadora

miércoles, 13 de noviembre de 2019

_- España hacia el caos sin remedio (como el resto del mundo)

_- Juan Torres López
Ganas de escribir

El titular de este artículo puede parecer exagerado si la palabra caos se interpreta en su sentido más coloquial. Pero yo la uso ahora como la utilizaba Immanuel Wallerstein para referirse a la situación en la que va a encontrarse dentro de poco el capitalismo de nuestra época.

El sociólogo estadounidense, fallecido por cierto el pasado mes de agosto, decía que nuestro sistema social y económico se dirige al caos porque desde la gran crisis de los años sesenta y setenta del siglo pasado se viene alejando constantemente de la «normalidad». Una deriva hacia la inestabilidad y el desorden que es consecuencia de la crisis estructural en la que se encuentra desde entonces y que se hace cada vez más visible a nuestro alrededor en conflictos de todo tipo, en el auge de los populismos, del deterioro ambiental, en crisis comerciales, de deuda y financieras, en la extensión de un auténtico imperio de la mentira, en el debilitamiento de las democracias y las libertades, en la desigualdad creciente y en el clima general de desconcierto y falta de soluciones en el que vivimos últimamente, entre otras manifestaciones.

Curiosamente, son los propios capitalistas quienes más rápidamente se han dado cuenta de ello y los que reclaman con más urgencia medidas de reforma que puedan hacer frente al caos y al desorden generalizado para evitar el colapso del sistema. La declaración que hizo el pasado verano una organización tan a favor del capitalismo como la Business Roundtable, que reúne a los ejecutivos de las 200 mayores empresas de Estados Unidos, es significativa: reconocía que el «sueño americano» se está «deshilachando» y, en lugar de seguir manteniendo la tesis tradicional de que la gestión empresarial debe tener como único beneficiario al accionista, afirmaba que las grandes empresas deben trabajar «para promover una economía que sirva a todos los estadounidenses». Puede parecer simple retórica, pero es un cambio muy significativo cuando en Estados Unidos se registra la etapa de crecimiento más larga de su historia mientras que la desigualdad, el empleo miserable, el deterioro ambiental y la pobreza crecen sin parar.

Lo que está ocurriendo en todo el planeta es una paradoja: el capitalismo neoliberal está entrando en crisis terminal como consecuencia de su propio éxito como sistema de dominación. Su problema es que ha garantizado la apropiación masiva del beneficio pero a costa de llegar a la exageración e incluso a la aberración, monopolizando las fuentes de la toma de decisiones y convirtiendo al uso del poder y de la información en la fuente de la ganancia en detrimento de la actividad productiva. Pero al concentrar en extremo el poder ha generado una correlación de fuerzas tan favorable a las grandes corporaciones que ha terminado destruyendo los equilibrios básicos e imprescindibles que precisa tener cualquier sociedad si no quiere arder en la hoguera que antes o después prenden quienes se quedan sin nada.

El capitalismo había conseguido mantener el orden social y la legitimación cuando permitía que una parte de los de abajo llegara arriba o, al menos, que se beneficiara también de buena parte de la riqueza que se creaba, y cuando permitió que existieran mecanismos de contrapoder. Pero, asustado por la gran crisis de los años setenta del siglo pasado, apostó tan fuerte y con tanto éxito por el beneficio y la concentración del poder que ha creado un mundo en el que millones personas, o incluso naciones enteras, saben que ya nada tienen que perder porque nada hay que puedan ganar. El capitalismo neoliberal es el del todo o nada, el capitalismo sin ningún tipo de bridas, y eso es lo que ha producido la «anormalidad» creciente que le lleva sin remedio al caos y al colapso.

España está inmersa en esa misma crisis, aunque sus manifestaciones sean diferentes. Y no deja de ser curioso que la única persona que en periodo electoral está hablando de los males del capitalismo y de la necesidad de reformarlo sea la presidenta del Banco de Santander, Ana Patricia Botín: «necesitamos un cambio. El capitalismo ha sobrevivido gracias a que ha sabido adaptarse a los cambios. Ahora debe volver a hacerlo. Y esta intención no debe quedarse en palabras».

Nuestro país, nuestra sociedad y nuestra vida política, también se vienen alejando progresivamente de la «normalidad» para dirigirse inevitablemente hacia el desorden y la inestabilidad permanente por una sencilla razón: las piezas que han venido sosteniendo al sistema dejaron de funcionar bien y son ya incapaces de mantenerlo en situación de equilibrio, mientras que todavía no hay otras de recambio que permitan devolverle el orden y la estabilidad.

El orden y la estabilidad del sistema político y, en general, de la sociedad española de esta etapa democrática se han basado en la existencia de dos grandes partidos, el PP y el POSE, que hace tiempo que perdieron la legitimidad y capacidad necesarias para mantener el sistema en equilibrio, el orden de escuadra, por utilizar un término militar, que es preciso mantener para que las cosas no se desmanden y el sistema siga funcionando normalmente.

Cuando los dos grandes partidos entraron en crisis, transmitiéndola desde las más altas instituciones del Estado hasta la arquitectura territorial en la que se basa la cohesión básica de una nación, la propia sociedad creó los antídotos en forma de nuevos movimientos y partidos, pero ninguno de ellos ha sido capaz de constituirse en el cemento de un nuevo estado de cosas. Y así es como, casi desde 2011 y sobre todo desde 2015, nos venimos encontrando en un va y viene continuo que no tiene solución posible porque se está intentando dar solución a los problemas con las mismas piezas, relatos y lógicas que los han provocado.

Y es por ello por lo que ninguno de los escenarios posibles que puedan darse tras las elecciones va a poder proporcionar estabilidad.

Los enfrentamientos entre las fuerzas de izquierda han creado un clima que hace extremadamente difícil, por no decir imposible, que se de la armonía necesaria para gobernar bien y para poner en marcha con suficiente estabilidad y garantías un programa de transformaciones progresistas para España. Y, como la sociedad está rota y no cohesionada, si finalmente hubiera un gobierno de ese perfil, la derecha constituiría un frente de oposición brutal, dispuesto a incendiar lo que haga falta -incluido el conflicto civil como el que han avivado irresponsablemente en Cataluña en los últimos años- para acabar con las políticas de izquierdas, por moderadas que sean. Y el posible triunfo del bloque de derechas (no se olvide que Andalucía siempre ha marcado la senda estratégica de la política española) no haría sino reforzar los procesos y problemas que he mencionado y que han provocado la crisis estructural en la que nos encontramos en España y en todo el mundo.

Las fuerzas que nacieron para regenerar la situación política (Ciudadanos y Podemos) han mostrado su total inutilidad. Las novísimas, o son puros embriones como Más País, o peligrosas variantes del fascismo neoliberal que ya proliferan en otros países, como Vox. Y una entente entre el Partido Popular y el PSOE no sólo podría llevar a este último partido a la irrelevancia en la que se encuentran los que hicieron lo mismo en otros países, sino que daría lugar a que el sistema se quedara sin reservas a la primera de cambio, siendo, al final, sólo un paso más y más rápido hacia el caos.

España no tiene arreglo con los actuales sujetos políticos ni con el discurso de espectáculo que se utiliza para plantear los problemas sociales, ni con la lógica de enfrentamiento cainita que se ha generado como subproducto de la democracia de baja intensidad en la que vivimos, ni con una economía y unos medios de comunicación sometidos sin disimulo al dictado de los grupos oligárquicos. Y eso es grave porque los problemas que tenemos delante de nuestras narices no admiten soluciones de compromiso ni cogidas con hilo. Me refiero, entre otros, a desastres como la corrupción, la mentira generalizada, la ausencia de rendición de cuentas, la constante descalificación del adversario y la consideración como enemigo de quien simplemente no piensa como nosotros, la venta de España a los grandes intereses económicos, el poder desnudo de las grandes empresas y de los bancos, la desindustrialización, el desmantelamiento de nuestro sistema de servicios públicos y de ciencia y tecnología, la manipulación mediática o, sobre todo, nuestra incapacidad para entender que tenemos algo en común que se llama España y que no puede ser sólo de una parte de los españoles sino de todos por igual.

Es ingenuo creer que las elecciones del 10N puedan proporcionar algún tipo de solución estable. Los problemas sistémicos, estructurales, como los que estamos viviendo no generan pequeñas heridas sin importancia sino el colapso de los sistemas, y eso es lo que está comenzando a suceder en España y en el mundo. Las viejas orquestas dedicadas a difundir música de siempre no podrán evitarlo. Se necesitan otros proyectos. Las reformas que anhelan Ana Botín y los grandes dirigentes capitalistas pueden darle de nuevo un aire diferente al capitalismo pero nada ni nadie puede ser contrario a sí mismo, así que están condenadas a dar el mismo tipo de problemas a medio y largo plazo. Hay que hacer frente al gran expolio, de riqueza y de derechos, que han llevado a cabo, al mundo digital que se abre paso, a una naturaleza destrozada y a una sociedad fragmentada, ensimismada y engañada. Y para eso hacen falta otros sujetos y un nuevo tipo de liderazgo, de lenguaje y de discurso político, nuevos mecanismos de representación y de control más genuinos y democráticos, nuevas formas de propiedad, de instituciones de gobierno y de relaciones sociales, liberarnos de la dictadura de la mercancía, una nueva cultura política y un nuevo ejercicio de la ciudadanía, un proyecto socialista, o llámese como se quiera llamar, que quiera y sepa ir más allá del capitalismo. Y además, la capacidad de saber resolver con justicia y sostenibilidad los problemas del día, cada vez más difíciles de abordar en medio de tantas turbulencias.

Fuente: http://www.juantorreslopez.com/espana-hacia-el-caos-sin-remedio-como-el-resto-del-mundo/

martes, 12 de noviembre de 2019

_- Científicos de todo el mundo plantean seis medidas para hacer frente a la crisis climática

_- Valentina Raffio
El periódico de Aragón

Más de 11.000 profesionales de 153 países suscriben un manifiesto para exigir acciones inmediatas. La declaración va acompañada de más de 40 años de datos que corroboran la emergencia medioambiental

Los bomberos trabajan en la extinción de los incendios en la selva amazónica, en una imagen de archivo. - LEO CORREA (AP)

En 1979, la comunidad científica se reunió en la que fue la primera conferencia mundial sobre el clima para alertar sobre el cambio climático. Cuarenta años más tarde, más de 11.000 científicos de todo el mundo han suscrito un manifiesto en el que declaran la emergencia climática y plantean seis medidas urgentes para hacerle frente. La declaración, publicada este martes en la revista 'Bioscience', va acompañada de un análisis científico que recopila datos de a lo largo de más de 40 años en los que se puede corroborar el deterioro de los "signos vitales" del planeta.

"Hemos pasado los últimos 40 años en negociaciones globales sobre este problema y, a pesar de ello, se ha seguido actuando como de costumbre; no se ha hecho nada para abordar esta crisis", exclama William Ripple, ecólogo de la Universidad Estatal de Oregón y uno de los impulsores del manifiesto. "La temperatura global está aumentando, los océanos se están calentando y el nivel del mar sube, aumentan los fenómenos meteorológicos extremos... El cambio climático ha llegado y se está acelerando más rápido de lo que muchos científicos esperaban", añade.

"Los científicos tienen la obligación moral de advertir a la humanidad de cualquier gran amenaza. Y, por lo que indican los datos, está claro que estamos ante una emergencia climática", argumenta Thomas Newsome, investigador de la Universidad de Sídney y uno de los firmantes del documento. Ante esto, la recién publicada declaración defiende que "mitigar y adaptarse al cambio climático significa transformar las formas en que gobernamos, administramos, comemos y obtenemos recursos y energía".

El manifiesto, más allá de constatar la gravedad de este problema, plantea seis medidas urgentes para abordar esta crisis medioambiental.

1. Transición energética
El primer paquete de medidas propuesto por la comunidad científica se centra en la transición energética. Los expertos proponen, entre otras, reemplazar los combustibles fósiles por energías renovables limpias; frenar la extracción de recursos de las reservas de carbón, petróleo y gas natural, eliminar los subsidios a las compañías de combustibles fósiles e imponer tarifas lo suficientemente altas como para restringir el uso de este tipo de fuentes de energía no renovables.

2. Freno a los gases contaminantes
Los científicos también instan a reducir de manera inmediata las emisiones de gases contaminantes como el carbono, el metano y los hidrofluorocarbonos, unos compuestos responsables del efecto invernadero. Esta medida, implementada de manera urgente, podría reducir a la mitad las estimaciones de calentamiento global para las próximas décadas.

3. Protección de la naturaleza
 Los expertos también reclaman un mayor compromiso con recursos naturales. Entre las medidas propuestas destaca la restauración y protección de ecosistemas como bosques, praderas y humedales. La conservación de estos espacios naturales, además de su valor intrínseco para el mantenimiento de la biodiversidad, contribuiría a la retención de dióxido de carbono atmosférico, un gas clave en el efecto invernadero.

4. Cambios en la alimentación
La comunidad científica, una vez más, se posiciona sobre la necesidad de cambiar los hábitos alimentarios para hacer frente a la crisis climática. Hace unos meses, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU ya propuso reducir el consumo de carne para mitigar la huella ecológica. Ahora, los expertos reclaman una dieta basada principalmente en vegetales y con un menor consumo de productos animales. Este cambio podría reducir significativamente las emisiones de metano y otros gases de efecto invernadero y, a su vez, liberaría tierras agrícolas para el cultivo de alimentos humanos en lugar de alimentos para el ganado. Asimismo, los científicos piden frenar el desperdicio de alimentos, ya que, según las últimas estimaciones, hasta un tercio de todos los alimentos producidos terminan en la basura.

5. Reforma del sistema económico
El manifiesto también sugiere cambios en la esfera económica. Entre las medidas propuestas destaca reformar la economía basada en los combustibles de carbono; reducir la extracción de materiales y la explotación de los ecosistemas para mantener la sostenibilidad de la biosfera a largo plazo; así como alejar los objetivos de crecimiento del producto interno bruto y la búsqueda de la riqueza e ir hacia un modelo de decrecimiento.

6. Estabilizar la población
El último paquete de medidas propuesto por la comunidad científica intenta hacer frente al problema de la sobrepoblación. Los expertos instan a estabilizar la población mundial, que según las estadísticas aumenta en más de 200.000 personas por día, utilizando enfoques que garanticen la justicia social y económica.

Fuente:

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/sociedad/cientificos-todo-mundo-plantean-seis-medidas-hacer-frente-crisis-climatica_1394239.html?utm_source=noticias_diario&utm_medium=newsletter&utm_campaign=2019-11-06

lunes, 11 de noviembre de 2019

In Flanders Fields es un poema de guerra en forma de rondó escrito durante la Primera Guerra Mundial por el teniente coronel médico John McCrae perteneciente al Cuerpo Expedicionario Canadiense desplegado en Flandes.

John McCrae fue un médico de origen canariense que sirvió como cirujano en un hospital de campaña durante la Primera Guerra Mundial. Además de su vocación por la medicina, McCrae era un gran amante de la poesía y siempre que podía (o era visitado por las musas de la inspiración) escribía algún poema.

McCrae quedó muy afectado por la muerte de su amigo (y antiguo alumno) teniente Alexis Helmer durante la Segunda Batalla de Ypres. Al día siguiente, 3 de mayo de 1915, McCrae inspirado por la muerte de Helmer junto con tantos otros soldados y observando la cantidad de amapolas que crecían entre las cruces de los caídos, escribió “In Flanders Fields”. El poema fue publicado sin firmar y por primera vez en la revista londinense Punch del 8 de diciembre de 1915.

Es uno de los poemas más famosos y citados desde su composición. Debido a su rápida popularidad, versos del poema fueron usados por la propaganda aliada en el esfuerzo de guerra así como para el reclutamiento de soldados y la obtención de fondos mediante la venta de bonos de guerra. La referencia del poema a las amapolas que crecen sobre las tumbas de los soldados caídos han hecho de esta flor uno de los símbolos para el recuerdo de los soldados muertos durante uno de los conflictos armados más conocidos del mundo. El poema y la amapola son los distintivos omnipresentes en el Día del Recuerdo o del Armisticio en los países miembros de la Commonwealth, especialmente en Canadá dónde "In Flanders Fields" es una de las obras literarias más conocidas del país. El poema también tiene amplia difusión en los Estados Unidos donde está asociado a las celebraciones del Día de los Veteranos.

¿Por qué cada 11 de noviembre algunas personas lucen una amapola en la solapa? (En los campos de Flandes)Esto le pasó el 3 de mayo de 1915, cuando tras acudir al funeral de su compañero Alexis Helmer, fallecido en el campo de batalla, el acto fúnebre le inspiró para escribir un poema que tituló «En los campos de Flandes» y en el que hacía mención a las amapolas que brotaban de las tumbas de los soldados que habían muerto en aquella guerra.

El poema fue publicado poco tiempo después en la revista británica Punch (muy de moda en aquel tiempo gracias a la feroz crítica que hacía del conflicto bélico). Meses después, Moina Michael, una de las secretarias de la oficina de la YMCA en Nueva York quedó emocionada por las letras escritas por John McCrae y el 9 de noviembre de 1918 (dos días antes del armisticio de la Primera Guerra Mundial) decidió comprar unas amapolas y repartirlas entre los asistentes en la conferencia que celebró la YMCA.

¿Por qué cada 11 de noviembre algunas personas lucen una amapola en la solapa? La francesa Anna Guérin (también voluntaria de la organización) quedó conmovida por el gesto de su compañera Moina y cuando volvió a Europa decidió hacer lo mismo en su país, coincidiendo con el final de la Gran Guerra el 11 de noviembre. Desde entonces, coincidiendo con el aniversario y todas las conmemoraciones que se realizan durante el mes de noviembre, son infinidad las personas que cada año lucen una amapola (colocada en la solapa o en el pelo) como homenaje a los soldados caídos.

Este día es conocido internacionalmente como el ‘Poppy Day’ (Día de la Amapola o Día del Recuerdo).

El poema «En los campos de Flandes» dice así:

«En los campos de Flandes
crecen las amapolas.
Fila tras fila
entre las cruces que señalan nuestras tumbas.
Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,
escasamente oída por el ruido de los cañones.
Somos los muertos.
Hace pocos días vivíamos,
cantábamos, amábamos y éramos amados.
Ahora yacemos en los campos de Flandes.
Contra el enemigo continuad nuestra lucha,
tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos agotadas.
Mantenerla en alto.
Si faltáis a la fe de nosotros muertos,
jamás descansaremos,
aunque florezcan
en los campos de Flandes,
las amapolas».


In Flanders fields the poppies blow
Between the crosses, row on row,
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.

We are the Dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved and were loved, and now we lie
In Flanders fields.

Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders fields.

Cabe destacar que el hecho de lucir una amapola en la solapa (u otras partes del cuerpo) se realiza prácticamente durante todo el mes de noviembre, siendo el día álgido de esta tradición el 11 de noviembre (Poppy Day), al ser la efeméride del Día del Armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial.

La espadita de Sófocles

Decía el sábado pasado, en esta misma sección, que era conveniente ejercitarse en una actitud positiva ente la vida, ante la historia, ante las personas y ante nosotros mismos y que para ello no hay mejor receta que el sentido del humor.

Hoy es día de reflexión en España. Volvemos a las urnas mañana por haber resultado fallida la última legislatura. Unos por otros, la casa sin barrer. Y ya se acumula mucha suciedad dentro de la casa común. Los políticos tratan de sacudirse las responsabilidades y apuntan a los demás como principales culpables del fracaso. Ahí está uno de los más importantes problemas de la acción política: el análisis riguroso de las causas. Más que de forma rigurosa se manejan de forma interesada. Una cosa es describir lo que sucede y otra muy distinta explicar con rigor por qué sucede.

Hay muchas personas malhumoradas por haber tenido que repetir las elecciones. Hay muchos ciudadanos que despotrican de los políticos y los descalifican de forma persistente, contundente y casi cruel. “Todos son lo mismo”. Lo cual quiere decir que todos son malos. No es cierto. No es sensato. No es justo. Porque ni todos son iguales ni todos son malos. Hace falta más sentido de la realidad.

Hace falta también más sentido del humor, a los políticos y sobre los políticos. ¿Quién pudo detectar ni una brizna de humor en el debate electoral? ¿Quién recoge algunos brotes de humor en el hemiciclo en las sesiones parlamentarias? Ya sé que ni a un lugar ni al otro se va a hacer bromas, pero el clima de crispación, de hostilidad y de agresividad no permite que nazca ni un gesto de amabilidad ni una sonrisa. Y las reacciones a los errores o a las equivocaciones son brusca, malhumoradas y humillantes.

Cuenta Jaime de Casabuberta en su libro ¡Despega!, del que hablé el sábado pasado en este mismo espacio, una anécdota que tiene lugar en un memorable e intenso debate político en el seno del Congreso Nacional de Chile (Por cierto, qué horror. ¡Cómo está Chile! Con decenas de muertos). Se discutía acaloradamente una importante ley de la República. Parlamentarios de la izquierda pedían a gritos la aprobación, mientras que la derecha proclamaba su abierto rechazo. En cierto momento intervino un distinguido y culto legislador derechista. Sus elocuentes y lapidarias palabras terminaron por sacar de sus casillas a los apasionados legisladores izquierdistas. Los ánimos se enardecían, el ambiente estaba para cortarlo con cuchillo. En medio de este tenso clima pidió la palabra el señor Mario Palestro. El inconfundible personaje de grandes bigotes, habló apasionadamente, fustigando con dureza la posición de la derecha. Al finalizar su encendido discurso y a modo de elegante y contundente cierre, levantó su brazo (seguramente el izquierdo) y apuntando el índice hacia el lugar donde se encontraba la bancada de la derecha, con voz mesiánica y en tono profético dijo, “y si no aprueban esta ley, ¡penderá sobre vuestras cabezas la espada de Sófocles!”.

Como es fácil imaginar, se produjo un silencio sepulcral. Luego de un momento, el culto parlamentario de derechas, pidió nuevamente la palabra al presidente de la sala y dijo: señor presidente… Solo quiero aclararle al señor Palestro que la espada no es de Sófocles sino de Damocles.

Después de unos breves instantes, el aludido Palestro tomó el micrófono y dijo: ¡Así que Sófocles no podía tener su espadita también!

Al terminar el relato, Jaime apostilla con tino: Palestro respondió con humor a la situación.

Podía haberse hundido en la miseria de su error, podría haberse encolerizado con su adversario que le había sometido a una humillación. Podía haberse callado sumiéndose en la vergüenza de su ignorancia o de su despiste. Pero no. Hizo una broma y estoy seguro que fue celebrada por todos los miembros del hemiciclo, tanto adversarios como afines.

En su libro “Humor y política”, Alfred Sauvy habla de una recepción en una embajada en Moscú en la que el propio Khuschev (entonces presidente de la URSS) contó esta anécdota con indudable sentido del humor: Un hombre en plena Plaza Roja comienza a gritar: ¡Khuschev está loco! ¡Khuschev está loco! Al momento llega la policía secreta y es detenido. En el juicio le caen tres meses por insultos al Jefe del Estado… y diez años por revelar un secreto de Estado.

No sé dónde leí esta otra historia de humor negro. Si mal no recuerdo fue en el libro “El sentido del humor”, de Ziv y Diem. Dos políticos ya muy mayores acuden a un cementerio para rendir homenaje a excombatientes fallecidos. Uno de ellos le dice al otro al pie de las tumbas:

– Dada la edad que tienes, ¿crees que te trae cuenta ir a casa?

Tengo delante un libro de Thomas Cathcart y Daniel Klein, dos filósofos estadounidenses, que lleva por título “Aristóteles y un armadillo van a la capital” y como subtítulo: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”.

En una de las viñetas se puede ver a tres políticos preparando un mitin en la sede de la campaña electoral. Uno de ellos se dirige a los otros dos y les dice:

– Es un buen discurso… solo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión.

La dedicatoria del libro te hace saborear de antemano todo lo que viene después. Dice así: “A la memoria de ese fabuloso humorista político de otra época, Will Rogers, que dio en el clavo cuando dijo: No hay ningún secreto en ser humorista cuando tienes a todo el gobierno trabajando para ti”.

El libro consta de seis partes en las que los autores reflexionan de forma ingeniosa sobre las siguientes formas de provocar confusión: confundir con la ambigüedad, confundir centrándose en lo personal, confundir con falacias informales, confundir mediante la creación de un universo alternativo, confundir mediante retorcidas falacias formales, confundir mediante (nuestras) mentiras…

Describen mentiras piadosas y justificaciones peregrinas. Un ejemplo de cada:

El vicepresidente Al Gore dijo en cierta ocasión que su madre lo solía dormir cantando cuando era bebé “Look for the Union Label” , una canción compuesta cuando Al Gore tenía 27 años. Al se puso a tiro de la acusación de que su madre le seguía cantando nanas más allá de la edad apropiada.

Vean ahora lo que dijo el expresidente Ronald Regan el 4 de marzo de 1987 cuando los periodistas que habían seguido el caso hubieran demostrado que, en realidad, había intercambiado armas por rehenes: “Hace unos meses le dije al pueblo estadounidense que no cambiaría armas por rehenes. Mi corazón y mis mejores intenciones aun me dicen que eso es verdad, pero los hechos y las pruebas me dicen que no”. El 13 de noviembre de 1986, había dicho: “Nunca –repito, nunca- intercambiamos armas o cualquier otra cosa por rehenes, ni lo haremos nunca”.

En otra de las interesantes viñetas se ve al jefe de un partido pidiendo a un subalterno: “Este es el meollo de lo que quiero decir. Ahora busque unas estadísticas para probarlo”.

Sonriamos. No descarguemos sobre los políticos toda la rabia y toda la crispación que acumulamos en la vida. Ellos son como nosotros. Personas de carne y hueso. Y, aunque a veces se nos muestren como prestidigitadores de la verdad, los necesitamos para gestionar lo público. La alternativa es horrible. ¿Alguien se apunta a una dictadura? Vayamos a votar. Elijamos a los más valiosos, a los más honestos. Y luego exijamos coherencia, justicia y verdad. No nos preguntemos solo qué pueden hacer por nosotros. Preguntémonos qué podemos hacer para que mejoren. Y lo primero que tenemos que hacer, como exige nuestra responsabilidad cívica, es ir a votar. Con una sonrisa como bandera.
Escrito por: Miguel Ángel Santos Guerra

https://mas.laopiniondemalaga.es/blog/eladarve/2019/11/09/la-espadita-de-sofocles/

domingo, 10 de noviembre de 2019

_- Cinco claves para que nuestros hijos desarrollen su autoestima. El amor propio les ayuda a fortalecer la inteligencia emocional, a establecer sólidas relaciones personales y a sortear con éxito los momentos complicados.

_- Si queremos que nuestros hijos sepan afrontar con éxito las dificultades, ayudémosles a desarrollar su autoestima. La buena noticia es que podemos hacerlo como padres y educadores. Esa es la conclusión a la que llegan diversos estudios realizados por dos expertos en la materia: Robert Reasoner y Michele Borba, quienes se centran en el análisis de una cualidad esencial para el ser humano: el arte de quererse y de evaluarse de manera positiva.

La autoestima nos ayuda a fortalecer nuestra inteligencia emocional, a establecer sólidas relaciones personales y a sortear con éxito los momentos complicados. Por eso es tan importante fomentarla desde la infancia. Reasoner y Borba aportan las cinco claves que favorecen su desarrollo desde las investigaciones que han realizado. Veámoslas con detalle.

1. Seguridad. La seguridad emocional se materializa cuando el niño se siente cómodo expresando lo que opina y siendo él mismo, cuando tiene claras las expectativas y cuando sabe cuáles son las reglas y los límites. Los adultos nos adaptamos mejor al cambio, pero de pequeños necesitamos la estabilidad que nos ofrece la rutina de los horarios. En la medida en la que el niño crece, va ganando importancia el cumplimiento de las expectativas de padres y educadores, de ahí que debamos evitar mentiras, aunque sean piadosas. Les genera mucho desconcierto. Uno de los puntos más difíciles de la seguridad está relacionado con el establecimiento de reglas y límites claros. Cuando el niño es mayor, se sugiere abordar conjuntamente las consecuencias de no cumplir los objetivos. De ese modo se consigue tanto seguridad como responsabilidad.

2. Identidad. La identidad se expresa cuando el niño es capaz de hablar de sí mismo de una manera realista y precisa. Para reforzarla, se recomienda que los padres o educadores pongan énfasis en las fortalezas de los pequeños, no en sus áreas de mejora, en especial cuando hablan de ellos delante de otras personas. Existen padres que, por torpeza, utilizan el sarcasmo o la ironía para referirse a sus hijos, algo que debemos evitar. Es veneno para su identidad. También hay que dar espacio a los niños para que puedan expresar emociones como el enfado, el miedo o la tristeza. No se les puede negar esta necesidad, ni tampoco obligarles a evitarla. Hay que acompañarles de un modo natural.

3. Pertenencia. Como buenos mamíferos sociales, los seres humanos necesitamos sentirnos parte de un grupo para sobrevivir. La sensación de pertenencia positiva se logra cuando existe una comunicación de calidad en la familia, cuando los chicos asumen una responsabilidad dentro de la casa, aunque solo sea poner los cubiertos encima de la mesa, y cuando se les anima a formar parte de actividades familiares divertidas. Otra iniciativa que refuerza la pertenencia es hacerles expertos en algo. Vale la pena observar en qué destacan nuestros hijos y darles un espacio para que hablen de lo que están aprendiendo. La idea es reconocerles y hacerles entender que todos tienen algo importante que aportar a los demás.

4. Propósito. Los chicos que tienen un propósito orientan mejor su energía para concluir tareas y se sienten realizados con lo que hacen. Para fomentarlo, se sugiere que cada miembro de la familia proponga tres tareas al inicio de la semana. Luego, habría que revisarlas en conjunto el viernes, por ejemplo. También se pueden definir tres objetivos a principio de año, recogerlos y ponerlos en algún lugar visible, como el frigorífico; y a mediados del año, hacer una revisión. Otra actividad que ayuda al propósito está relacionada con definir sueños para realizar en común, como viajes o actividades. Una vez seleccionados, es necesario usar todas nuestras energías en conseguirlo.

5. Competencia. Este apartado contribuye a generar en los pequeños la convicción de que pueden enfrentarse a todos los desafíos que la vida les plantee. La manera de ayudarles es, de nuevo, poner énfasis en sus talentos y fortalezas, no en las áreas de mejora. Una iniciativa es recoger en un libro todo aquello qué están haciendo de manera destacada. También vale la pena crear un rincón de logros y de éxitos, en donde se resalte el esfuerzo que pusieron en alcanzarlos. De este modo, se refuerza la mentalidad de crecimiento, tan importante en la vida del adulto. Y por supuesto, se fomenta su autonomía, aunque sea a la hora de comer o de vestirse. Es el camino para ir ganando confianza en sus propias capacidades.

sábado, 9 de noviembre de 2019

_- Se cumplen treinta años de la caída del Muro de Berlín. Resistencia, no muros

_- Maren Mantovani
Rebelión

Este 9 de noviembre se cumplen treinta años de la caída del Muro de Berlín y de la proclamación de la superioridad de Occidente y de su modelo de libre mercado con el que iban a caer todos los muros. Tres décadas después se han construido más de 70 muros en todo el mundo. Visto desde el punto de vista de la Campaña Palestina contra el Muro, parece que el mundo está atravesando un proceso de ‘israelización’. De hecho, hasta 2002, fecha en que Israel comenzó a construir su muro de apartheid en la Cisjordania ocupada, los muros eran un tabú político. Incluso el muro que encarcela a toda la población palestina de Gaza desde 1995 se mantuvo en silencio. La indignación que provocó la construcción por parte de Israel de un muro de ocho metros de altura en Cisjordania fue enorme al principio, en parte porque, al contrario de la mayoría de los otros muros, este se construye en territorio ocupado. Pero a pesar de que la Corte Internacional de Justicia en 2004 declaró ilegal este muro así como cualquier apoyo internacional al mismo, la decisión se quedó en los cajones de la diplomacia de la ONU mientras que los muros se normalizaron y globalizaron.

La propia Europa ya ha construido más de mil kilómetros de vallas, seis veces más que la extensión del Muro de Berlín. El presidente de Estados Unidos Donald Trump arrancó el año con el cierre de gobierno más prolongado de la historia del país y un Congreso enfrentado entre quienes querían financiar su “gran, grueso y hermoso” muro y quienes apoyaban la versión de un “muro tecnológico”, como proponía la dirigente demócrata Nancy Pelosi. India, Turquía, Arabia Saudí, Túnez, Marruecos, Argentina y muchos otros países están construyendo muros de los que se oye hablar mucho menos.

Para entender este proceso de globalización de los muros Stop the Wall ha publicado "Resistencias, no muros: una antología para un mundo sin muros", una recopilación de ensayos y entrevistas que presenta tanto un análisis profundo y una investigación sobre los muros como experiencias de las luchas contra ellos. Esta antología saca a la luz las conexiones entre los muros de todo el mundo y en su último capítulo recoge diversas iniciativas llevadas a cabo como parte de la convocatoria de un Mundo sin Muros hecha por los movimientos palestinos y mexicanos en 2017 y respaldada por más de 400 movimientos y redes en todo el mundo.

El llamamiento inicial, que ha instituido el 9 de noviembre como Día Global de InterAcción por un Mundo sin Muros, declara:

Desde el Muro del apartheid de Israel en tierras palestinas hasta el muro de la vergüenza de Estados Unidos en tierras indígenas en la frontera con México los muros son monumentos de expulsión, exclusión, opresión, discriminación y explotación. [...] Los muros no sólo se han levantado para fortificar las fronteras bajo control estatal sino para demarcar la frontera entre los ricos, los poderosos, los socialmente aceptables y los 'otros'.

Con ocasión del III Día Global intelectuales, periodistas de investigación y activistas del movimiento popular de Palestina, Israel, México, Estados Unidos, Grecia, Italia, el Estado Español, el País Vasco, Marruecos, el Sáhara Occidental, Brasil, Argentina, India y Cachemira comparten en esta antología sus puntos de vista y visiones.

La globalización de los muros es consecuencia de la actual crisis económica, civilizacional y ambiental global que revela la incapacidad de la élite gobernante para dar respuestas efectivas a las necesidades de las personas. Incapaces de prometer de manera creíble el bienestar, adoptan lo que Charles Derber y Yale R. Magrass llaman el "relato de la seguridad". Este relato infunde miedo en nuestras sociedades al inventar amenazas falsas y empeorar las amenazas reales, además de justificar la autoridad de la élite gobernante como la única fuerza que puede garantizar al menos la seguridad y la supervivencia. El resultado inevitable es la aparición de fuerzas racistas, supremacistas y excluyentes, desde Narendra Modi de India hasta Bolsonaro de Brasil, la extrema derecha europea y Donald Trump.

No es casual que estas fuerzas consideren a Israel su modelo y los distintos tipos de muros una herramienta de dominio sociopolítico y geopolítico. El apartheid y el proyecto colonial de Israel ofrecen paradigmas, métodos y tecnología probados sobre el terreno para implementar esas políticas racistas y supremacistas.

Sin embargo, los muros no son algo nuevo, sino una herramienta colonial antigua, que Israel adoptó para sus propósitos actuales. Khury Peterson-Smith, uno de los organizadores de la declaración Solidaridad Negra con Palestina de 2015, describe en su contribución cómo Estados Unidos es una "Nación de Muros" ya que históricamente ha usado muros para avanzar en su conquista colonial. El apoyo de Estados Unidos y la adopción de la versión israelí de los muros contemporáneos no son sino una consecuencia de esa trayectoria.

Juan Hernández Zubizarreta, miembro del movimiento vasco por los derechos de las personas migrantes Ongi Etorri Errefuxiatuak, define los muros como elementos de una dinámica en la que las prácticas fascistas y totalitarias avanzan hacia un nuevo modelo de neofascismo. Los considera parte de la guerra de las estructuras capitalistas, heteropatriarcales y coloniales contra pueblos de los que se libran mediante la expulsión, la explotación y la necropolítica.

Para Israel la globalización de los muros, el aumento de la extrema derecha y las políticas de expulsión y exclusión son una fuente inestimable de legitimación y, al mismo tiempo, abren mercados cada vez mayores. Un resumen del extenso estudio de Mark Akkerman sobre la industria del muro muestra un aumento global del 8% anual y un aumento europeo del 15% en el gasto de militarización fronteriza. Riya AlSanah y Hala Mashood muestran cómo las compañías militares y de seguridad nacional de Israel utilizan su ventaja comparativa sobre otras al vender su militarización fronteriza y tecnología de muro como "probadas sobre el terreno", no solo para la construcción del muro de Estados Unidos en la frontera con México.

En el marco del relato de la seguridad, la otra cara del paradigma de los muros es, según Jamal Juma', la creación de una sociedad de vigilancia que crea un panóptico que despoja a las personas de todas las capas que podrían proteger sus derechos y su intimidad. Una vez más, la tecnología y la metodología israelíes son líderes en el mercado al utilizar Palestina como laboratorio al aire libre las 24 horas del día. Los recientes escándalos en AnyVision o el spyware de NSO Group son solo dos ejemplos.

El sistema de los muros es penetrante y no está solamente en las fronteras ni se expresa solamente en estructuras físicas. Los muros de nuestras mentes –o lo que Gilberto Conde denomina las cartografías imaginarias– son el resultado del poder simbólico de los muros y del poder normativo de su régimen asociado de leyes, políticas públicas, ideologías y otros muchos factores que impiden el acceso a la justicia.

Está claro que solo juntas podemos derribar estos muros.

La antología ofrece también espacio para reflexionar sobre las acciones iniciadas conjuntamente para derribar los muros: los Tribunales Populares, las Caravanas Populares, así como las iniciativas de boicot, desinversión y sanciones (BDS) para derrumbar la arquitectura de la impunidad que protege a las empresas que permiten, facilitan y se benefician de los muros de la injusticia.

Las y los activistas de base y movimientos al frente de la lucha reiteran en sus contribuciones su llamado a c ortar los vínculos de complicidad, de apoyo de Israel a la militarización y las políticas racistas en todo el mundo. Gizele Martins, del movimiento de favelas en Río de Janeiro, reflexiona sobre su experiencia en Palestina, donde ha visto utilizar las mismas tácticas que utiliza la policía militar de Río adiestrada por ISDS, una compañía de seguridad israelí. Subraya elocuentemente que es imprescindible que los movimientos se unan cuando "globalizan la forma en que nos matan".

En vez de ceder a la tentación de dejarse llevar por los cada vez más furibundos y brutales ataques, es hora de levantar la cabeza, mirar más allá de los muros, percibir otras luchas y conectarlas con la nuestra para ganar fuerza y confianza juntas. Esta mirada más allá de los muros nos permite vislumbrar en el horizonte un mundo de justicia, libertad e igualdad, nos da esperanza y nos marca el rumbo.

La antología Resistencia, no muros. Una antología para un mundo sin muros se puede leer en este enlace http://antologia.stopthewall.org/

Maren Mantovani es coordinadora de las relaciones internacionales de la campaña palestina Stop the Wall.

_- De cómo la ciencia ha cambiado nuestro sentido de identidad

__ Nathaniel Comfort
Nature

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Los avances biológicos han cambiado repetidamente la percepción que tenemos de nosotros mismos, escribe Nathaniel Comfort, en el tercer ensayo de una serie, en conmemoración del aniversario de Nature, sobre cómo los últimos 150 años han ido moldeando la ciencia actual.

Ilustración de Señor Salme
En el icónico frontispicio de Evidence as to Man’s Place in Nature [Evidencias sobre el lugar que ocupa el hombre en la naturaleza] de Thomas Henry Huxley (1863), esqueletos de primates caminan a través de la página, presumiblemente hacia el futuro: “Gibón, orang, chimpancé, gorila, hombre”. Pruebas recientes de anatomía y paleontología habían situado el lugar de los humanos en la escala natural de forma científicamente irrefutable. Vamos inequívocamente en compañía de los animales, aunque encabecemos la fila.

Atribuido a Paul D. Stewart/SPL
Nicolás Copérnico nos había desplazado del centro del universo; ahora Charles Darwin nos desplazaba del centro del mundo vivo. Independientemente de cómo se tomara uno esta degradación (Huxley no estaba preocupado; Darwin sí), no había duda del mensaje más amplio de Huxley respecto a que la ciencia por sí sola puede responder a lo que él llamaba la “pregunta de las preguntas”: “El lugar del hombre en la naturaleza y sus relaciones con el universo de cosas”.

La pregunta de Huxley ocupó un lugar destacado en los primeros números de la revista Nature. Ingenioso y provocativo, el “Bulldog de Darwin” era uno de los ensayistas más solicitados de la época. Norman Lockyer, editor-fundador de la revista, se anotó un buen tanto cuando persuadió a su amigo para que se convirtiera en colaborador habitual. Y Huxley reconocía una tribuna en cuanto la veía. Dio el salto y utilizó las páginas de Nature para defender el darwinismo y la utilidad pública de la ciencia.

Fue en el séptimo número, el 16 de diciembre de 1869, cuando Huxley propuso un esquema para lo que llamó “darwinismo práctico”, que nosotros llamamos eugenesia. Convencido de que el dominio continuo del Imperio británico iba a depender del carácter “emprendedor enérgico” inglés, meditó respecto a la selección de una actitud dinámica entre los británicosi. Reconociendo que la ley, por no mencionar la ética, podría interferir, escribió: “Es posible influir, indirectamente, en el carácter y la prosperidad de nuestros descendientes”. Francis Galton -primo de Darwin y un planeta exterior al sistema solar de Huxley- estaba ya escribiendo sobre ideas similares y llegaría a ser conocido como el padre de la eugenesia. Entonces, cuando apareció esta revista, la idea de “mejorar” la herencia humana estaba en la mente de muchas personas, sobre todo como una potente herramienta del imperio.

La visión radiante de Huxley –sobre un progreso y triunfo humanos infinitos, propiciados por la marcha inexorable de la ciencia- incorpora un problema con los llamados valores de la Ilustración. El precepto de que la sociedad debería basarse en la razón, los hechos y las verdades universales ha sido un tema rector de los tiempos modernos. Lo que en muchos sentidos es algo espléndido (últimamente he visto suficiente gobernanza sin evidencias como para toda una vida). Sin embargo, la navaja de Occam tiene un doble filo. Los valores de la Ilustración se han adaptado a creencias chirriantemente discordantes, como que todos los hombres son creados iguales, que habría que decapitar a los aristócratas y que puede venderse a las personas como esclavos.

Quiero sugerir que muchos de los peores capítulos de esta historia son el resultado del cientifismo: la ideología de que la ciencia es la única forma válida de comprender el mundo y resolver los problemas sociales. Donde la ciencia ha expandido y liberado a menudo nuestro sentido de identidad, el cientifismo lo ha limitado.

A lo largo de los últimos 150 años, podemos ver que tanto la ciencia como el cientifismo moldean la identidad humana de muchas maneras. La psicología del desarrollo se centró en el intelecto, lo que llevó a la transformación del CI (coeficiente intelectual) de una herramienta educativa en un arma de control social. La inmunología redefinió el “yo” en términos del “no-yo”. La teoría de la información proporcionó nuevas metáforas que reformulaban la identidad como algo que reside en un texto o en un esquema eléctrico. Más recientemente, los estudios celulares y moleculares han relajado las fronteras del yo. La tecnología reproductiva, la ingeniería genética y la biología sintética han hecho que la naturaleza humana sea más maleable; la epigenética y la microbiología complican las nociones de individualidad y autonomía; y la biotecnología y la tecnología de la información sugieren un mundo donde el yo está repartido, disperso, atomizado.

Las identidades individuales, arraigadas en la biología, tal vez nunca hayan jugado un papel más importante en la vida social, incluso cuando sus límites y parámetros se vuelven cada vez más difusos.

Diseños sobre la inteligencia
“Es preciso introducir métodos de precisión científica en todo el trabajo educativo para llevar a todas partes el buen sentido y la luz”, escribió el psicólogo francés Alfred Binet en 1907 (traducción al inglés publicada en 1914ii). Una década antes, Binet y Théodore Simon desarrollaron una serie de pruebas para escolares franceses para medir lo que llamaron la “edad mental”. Si la edad mental de un niño fuera inferior a su edad cronológica, podría recibir ayuda adicional para ponerse al día. El psicólogo alemán William Stern llevó la ratio de la edad mental a la cronológica, que dio lo que llamó coeficiente intelectual y, en teoría, podían hacerse comparaciones a través de los grupos. Mientras tanto, Charles Spearman, estadístico británico y eugenista de la escuela de Galton, encontró una correlación entre el rendimiento de un niño en diferentes pruebas. Para explicar las correlaciones, teorizó una cualidad innata, fija y subyacente que llamó “g” para la “inteligencia general”. Luego, el psicólogo estadounidense Henry Goddard, con el eugenista Charles Davenport susurrando en su oído, afirmó que un coeficiente intelectual bajo era un rasgo mendeliano simple. Por lo tanto, paso a paso científico, el coeficiente intelectual se convirtió de una medida del rendimiento pasado de un niño determinado en un indicador del rendimiento futuro de cualquier niño.

El cociente intelectual se convirtió en una medida no de lo que haces, sino de quién eres: una puntuación para el valor inherente de uno como persona. Durante la Era Progresista, los eugenistas se obsesionaron con la inteligencia baja, creyendo que era la raíz del crimen, la pobreza, la promiscuidad y la enfermedad. Cuando Adolf Hitler expandió la eugenesia a grupos étnicos y culturales enteros, decenas de miles de personas en todo el mundo habían sido ya arrancadas del acervo génico, esterilizadas, institucionalizadas, o ambas cosas.

Yo no
Los inmunólogos adoptaron otro enfoque. Localizaron la identidad en el cuerpo, definiéndola en términos relacionales más que absolutos: el yo y el no-yo. El rechazo al injerto de tejido, las alergias y las reacciones autoinmunes podrían entenderse no como una guerra sino como una crisis de identidad. Se trataba de un terreno bastante filosófico. De hecho, el historiador Warwick Anderson ha sugerido queiii en inmunología, el pensamiento biológico y social han estado “mezclándose promiscuamente en un entorno tropical común bajo las palmeras”.

El Platón inmunológico fue el inmunólogo australiano Frank MacFarlane Burnet. El diseño de Burnet de la inmunología como la ciencia del yo fue una respuesta directa a su lectura del filósofo Alfred North Whitehead. Ojo por ojo, los teóricos sociales desde Jacques Derrida hasta Bruno Latour y Donna Haraway se han apoyado en las imágenes y conceptos inmunológicos al teorizar el yo en la sociedad. El hecho es que el pensamiento científico y el social están profundamente implicados, reverberantes, co-construidos. No puedes entender completamente el uno sin el otro.

Más tarde, Burnet se sintió atraído por las nuevas metáforas tomadas de la cibernética y la teoría de la información. “Está en el espíritu de los tiempos”, escribió en 1954iv, creer que pronto habría “una ‘teoría de las comunicaciones’ del organismo vivo”. De hecho, la hubo. En el mismo período, los biólogos moleculares se enamoraron también de las metáforas de la información. Después de la solución de 1953 de la doble hélice del ADN, cuando el problema del código genético tomó forma, los biólogos moleculares encontraron que las analogías con la información, el texto y la comunicación eran irresistibles, tomando prestadas palabras como “transcripción”, “traducción”, “mensajeros”, “transferencias” y “señalización”. El genoma "se deletrea" en un "alfabeto" de cuatro letras, y casi siempre se discute como texto, ya sea un libro, un manual o una lista de partes. No por coincidencia estos campos crecieron junto con la informática y la industria informática.

El yo de la posguerra se convirtió en una cifra que había que decodificar. Las secuencias del ADN podrían ser digitalizadas. Sus mensajes podrían, al menos en teoría, ser interceptados, decodificados y programados. Pronto se hizo difícil no pensar en la naturaleza humana en términos de información. En la década de 1960, se empezó a conocer el ADN como el “secreto de la vida”.

Muchos yoes
A finales de los años sesenta y setenta, los críticos (incluidos varios científicos) se preocuparon cada vez más de que la nueva biología pudiera alterar lo que significa ser humano. Los problemas éticos y sociales planteados eran “demasiado importantes para dejarlos exclusivamente en manos de las comunidades científica y médica”, escribió James Watson (famoso por sus aportaciones sobre el ADN que más tarde cayó en la infamia) en 1971.

En 1978, Patrick Steptoe y Robert Edwards tuvieron éxito con la fertilización humana in vitro, lo que llevó al nacimiento de Louise Brown, la primera “bebé probeta”. En 1996, la clonación humana parecía estar a la vuelta de la esquina tras la clonación de una oveja que Ian Wilmut y su equipo llamaron Dolly.

La clonación y la ingeniería genética impulsaron mucha búsqueda del alma pero poco encuentro del alma. Durante mucho tiempo ha habido algo terrible y fascinante en la idea de fabricar una persona, quizás no exactamente una persona. ¿Tendrían los individuos clonados los mismos derechos que los nacidos naturalmente? ¿Se deshumanizaría de alguna manera a un bebé concebido o diseñado para ser donante de tejidos? ¿Tenemos derecho a alterar los genes de los no nacidos? O, como han argumentado los provocadores, ¿tenemos la obligación de hacerlo? El reciente desarrollo de potentes herramientas de modificación de los genes, como CRISPR, solo ha hecho que sea más urgente una participación amplia en esa toma de decisiones.

Macaco sometido a un trasplante de hígado de cerdo en China en 2013 Foto: VCG/Getty

Los argumentos, tanto a favor como en contra, en torno a la ingeniería humana se apoyan a menudo en una comprensión demasiado determinista de la identidad genética. El cientifismo puede ir en ambas direcciones. Un profundo reduccionismo localizó la naturaleza humana dentro del núcleo celular. En 1902, el médico inglés Archibald Garrod escribióv sobre una “individualidad química” basada genéticamente. En la década de 1990, cuando los primeros tsunamis de datos de secuencias genómicas comenzaron a bañar las costas de la ciencia básica, se hizo evidente que la variación genética humana era mucho más extensa de lo que habíamos pensado. Garrod se ha convertido en un tótem de la edad del genoma.

A finales de siglo, los visionarios habían comenzado a promocionar la llegada de la “medicina personalizada” basada en tu genoma. No más “tallas únicas”, decía el eslogan. En cambio, el diagnóstico y la terapia se adaptarían a ti, es decir, a tu ADN. Después del Proyecto del Genoma Humano, el coste de la secuenciación del ADN cayó en picado, haciendo que “tu genoma forme parte” de la cultura de masas.

Hoy en día, las universidades con tecnología avanzada ofrecen perfiles de genoma a todos los estudiantes que ingresan en primer curso. Las firmas de moda pretenden usar tu genoma para componer listas de vinos personalizadas, suplementos nutricionales, cremas para la piel, batidos o bálsamo labial. La secuencia se ha convertido en el yo. Como dice en el kit de prueba del ADN de la compañía de secuencias 23andMe, “Bienvenido a ti mismo”.

Los límites se difuminan
Pero tú no eres todo tú, ni mucho menos. El modelo de ADN como cianotipo está desactualizado, es casi pintoresco. Para los principiantes, todas las células en un cuerpo no tienen los mismos cromosomas. Las mujeres cisgénero son mosaicos: la inactivación aleatoria de un cromosoma X en cada célula significa que la mitad de las células de una mujer expresan la X de su madre y la otra mitad la de su padre. Las madres también son quimeras, gracias al intercambio de células con un feto a través de la placenta.

El quimerismo puede cruzar también el límite de la especie. Se han producido embriones chimpancés-humanos en el laboratorio, y los investigadores están trabajando de forma ardua para tratar de desarrollar órganos humanos inmuno-tolerantes en cerdos. Los genes, las proteínas y los microorganismos fluyen continuamente entre casi cualquier forma de vida que viva una junto a otra. John Lennon tenía razón: “Yo soy él como tú eres él como tú eres yo y somos todos a la vez”.

Incluso en términos estrictamente científicos, “tú” eres más que el contenido de tus cromosomas. El cuerpo humano contiene al menos tantas células no humanas (principalmente bacterias, arqueas y hongos) como humanasvi. Decenas de miles de especies microbianas se apiñan y empujan sobre y a través del cuerpo, con profundos efectos sobre la digestión, el aspecto, la resistencia a las enfermedades, la visión y el estado de ánimo. Sin ellos, no te sientes como si fueras tú; de hecho, no eres realmente tú. El ser biológico ha sido reformulado como un grupo de comunidades, todas ellas comunicadas entre sí.

Estas también retozan promiscuamente debajo de las palmeras. Los científicos descubrieron que podían usar el microbioma de una persona para identificar a su pareja sexual en el 86% de las vecesvii. Hallaron que las comunidades con mayor similitud en parejas que conviven están en los pies. El microbioma del muslo, por el contrario, está más estrechamente relacionado con su sexo biológico que con la identidad de su pareja.

Se puede entender que una parte del cuerpo, un pozo negro, un vagón de metro, un aula, -cualquier lugar con una comunidad característica- tienen una identidad genética. En dicha comunidad, la información genética pasa dentro y entre los organismos individuales a través del sexo, la depredación, la infección y la transferencia horizontal de genes. En el último año, los estudios han demostrado que las comunidades de microbios simbióticos en los mejillones de aguas profundas se aíslan genéticamente con el tiempo, como las especies. En los hongos, los genes llamados Spok (asesino de esporas) fluyen y refluyen y se recombinan a través de las especies mediante un “impulso meiótico”, una especie de botón genómico de avance rápido que permite que se produzca un cambio genético hereditario lo suficientemente veloz como para responder a un entorno que cambia rápidamente. El genoma, como dijo la genetista Barbara McClintock hace mucho tiempo, es un órgano sensible de la célula.

La epigenética disuelve aún más los límites del yo. Los mensajes codificados en el ADN se pueden modificar de muchas maneras: mezclando y combinando módulos de ADN, seleccionando u ocultando bits para que no puedan leerse, o cambiando el mensaje una vez leído, modificando su significado en la traslación. El ADN se enseñó una vez como un texto sagrado transmitido fielmente de generación en generación. Ahora, cada vez más evidencias apuntan al genoma nuclear como algo más que una bolsa de sugerencias, frases turísticas, sílabas y galimatías que usas y modificas según sea necesario. El genoma parece ahora menos la sede del yo y más un juego de herramientas para modelar ese yo. Entonces, ¿quién está haciendo la configuración?

El yo repartido
Los implantes cerebrales, las interfaces hombre-máquina y otros dispositivos neurotécnicos extienden el yo al dominio del “universo de las cosas”. La compañía Neuralink de Elon Musk en San Francisco, California, intenta hacer que la interfaz perfecta de la mente y la máquina -ese tropo de la ciencia ficción- sea una realidad (virtual). La inteligencia natural y la inteligencia artificial se juntan ya; no es descabellado que de alguna manera, algún día, se fusionen.

¿Puede el yo llegar no simplemente a ampliarse sino a distribuirse? El escritor y exeditor de Nature, Philip Ball, permitió a los investigadores tomar muestras de las células de su piel, convertirlas nuevamente en células-madre (con el potencial de convertirse en cualquier órgano) y luego cultivarlas en un “mini-cerebro”, tejido neural en una placa que desarrolló patrones de disparo eléctricos típicos de las regiones del cerebro. Otros productos básicos de ciencia ficción, como cultivar cerebros enteros en placas de Petri o cultivar órganos humanos en animales de granja, aún están muy lejos, pero se están realizando esfuerzos activos para lograrlos.

Control del yo
Sin embargo, hay una mosca de la fruta en la pomada. La mayoría de estas nociones de identidad del Siglo de las Luces y los escenarios dominantes de ciencia ficción del futuro post-humano han sido desarrollados por hombres con educación universitaria que no estaban discapacitados y que provenían de las clases medias y altas de las naciones ricas del norte global. Sus ideas reflejan no solo los hallazgos, sino también los valores de quienes han dominado durante demasiado tiempo el sistema científico: positivista, reduccionista y centrado en dominar la naturaleza. Quienes controlan los medios de producción de secuencias son quienes escriben la historia.

Eso ha comenzado a cambiar. Aunque queda mucho camino por recorrer, una mayor atención a la equidad, la inclusión y la diversidad ha moldeado ya profundamente el pensamiento sobre la enfermedad, la salud y lo que significa ser humano. Es importante que Henrietta Lacks, cuyas células tumorales se usan en laboratorios de todo el mundo, cultivadas y distribuidas sin su consentimiento, fuera una mujer pobre afroamericana. Su historia ha estimulado innumerables conversaciones sobre desigualdades y prejuicios en la biomedicina, y ha cambiado las prácticas en el mayor financiador biomédico de Estados Unidos: el National Institute of Health.

Considerando la genealogía genómica desde una perspectiva afroamericana, la socióloga Alondra Nelson ha revelado esfuerzos complejos y cargados de emociones para recuperar las historias familiares perdidas en el pasaje del medio. En la comunidad nativa americana, la creación de una identidad nativa genética fue una coproducción de la ciencia occidental y la cultura indígena, como demostró la historiadora Kim TallBear. Las concepciones de etnicidad basadas en el ADN están lejos de no ser problemáticas. Pero el impulso de hacer que las tecnologías del yo sean más accesibles, más democráticas –que tengan más que ver con la autodeterminación y menos sobre el control social- es, en su base, liberador.

En ninguna parte se ve esto más claro que en las personas que viven con discapacidades y que utilizan tecnologías de asistencia. Podrían ganar o recuperar modos de percepción, podrían comunicarse y expresarse de nuevas maneras y ganar nuevas relaciones en el universo de las cosas.

La artista Lisa Park juega con estas ideas. Ella usa tecnologías de biorretroalimentación y sensores derivados de la neurociencia para crear lo que ella llama representaciones audiovisuales del yo. Un árbol de luz que florece y deslumbra mientras los espectadores se dan la mano; piscinas de agua que resuenan armónicamente en respuesta a las ondas de electroencefalograma de Park; una “orquesta” de músicos androides que usan sensores cardíacos y cerebrales hacen una música inquietantemente bella al reaccionar e interactuar de diferentes maneras cuando Park, la directora de la orquesta, les indica que se quiten las vendas de los ojos, se miren, se hagan guiños, rían, se toquen o se besen. Sin embargo, incluso este sentido artístico, subjetivo e interactivo del yo está ligado a una identidad limitada por la biología.

Desde la Ilustración, hemos tendido a definir la identidad humana y el valor en términos de los valores de la ciencia misma, como si solo ellos pudieran decirnos quiénes somos. Esa es una noción extraña y estrecha de miras. Frente al colonialismo, la esclavitud, las epidemias de opioides, la degradación ambiental y el cambio climático, la idea de que la ciencia y la tecnología occidentales son las únicas fuentes confiables de autoconocimiento no puede sostenerse ya. Esto no significa poner toda la miseria humana a los pies de la ciencia, ni mucho menos. El problema es el cientificismo. Definir el yo solo en términos biológicos tiende a oscurecer otras formas de identidad, como el rol laboral o social de uno. Quizás la respuesta a la “pregunta de preguntas” de Huxley no sea, después de todo, un número.

Referencias:
i H. [Huxley, T. H.] Nature 1, 183–184 (1869).

ii Binet, A. & Simon, T. Mentally Defective Children (Arnold, 1914).

iii Anderson, W. Isis 105 , 606–616 (2014).

iv Burnet, M. Sci. Am. 191 , 74–78 (1954).

v Garrod, A. E. Lancet 160 , 1616–1620 (1902).
vi Sender, R., Fuchs, S. & Milo, R. Cell 164 , 337–340 (2016).

vii Ross, A. A., Doxey, A. C. & Neufeld, J. D. mSystems 2 , e00043-17 (2017).

Nathaniel Comfort es profesor de Historia de la Medicina en la Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Maryland.

Fuente: https://www.nature.com/articles/d41586-019-03014-4

(Nature, núm 574, pág. 167-170, 2019)

viernes, 8 de noviembre de 2019

Ken Loach: “Soy optimista, los pueblos siempre resistirán”. El cineasta británico vuelve a la carga con la denuncia del trabajo precario y el desmoronamiento social con ‘Sorry We Missed You’.

Amable en extremo, la elegancia y suavidad de Ken Loach contrasta con la firmeza en la defensa implacable de los derechos de la clase trabajadora y en la mirada siempre emocionada sobre la gente anónima. En su cine no hay huecos ni concesiones que valgan. A sus 83 años, el director vuelve a la carga con Sorry We Missed You, un filme que relata el agotador y difícil día a día de una familia, madre cuidadora de enfermos, padre repartidor autónomo y dos hijos adolescentes, que intenta sobrevivir en la jungla del libre mercado. Su presentación en el último festival de Cannes provocó un profundo estremecimiento, el mismo que cuando se proyectó en el certamen de San Sebastián, donde consiguió el Premio del Público a la mejor película europea. Sorry We Missed You, escrito de nuevo con su mano derecha, el guionista Paul Laverty, se estrenó este jueves en las salas españolas. A pesar de todo lo que muestra su cine —Lloviendo piedras, Mi nombre es Joe o Yo, Daniel Blake, su segunda Palma de Oro— no es Ken Loach un hombre pesimista. Cree en la fuerza de los pueblos y en el futuro de la izquierda. “Los pueblos siempre resistirán. Siempre habrá alguien que luche”, aseguraba el cineasta en una entrevista realizada en septiembre en San Sebastián.

Sorry We Missed You pone la mirada sobre los repartidores autónomos sometidos a unas draconianas normas que imponen las plataformas de comercio electrónico. No quiere su director hablar de esclavitud —“la palabra esclavo tiene otras connotaciones”—, pero sí de nuevas y atroces formas de explotación, consecuencia de la economía de libre mercado. “Hace tan solo una generación tenías un trabajo y los empresarios obtenían beneficios, desde luego, pero era un trabajo seguro, podías recurrir a los sindicatos, podías ponerte enfermo porque estabas protegido, te podías ir de vacaciones y trabajabas unas ocho horas al día. Tu sueldo te permitía vivir de una manera digna. Lo que ha ocurrido, de forma inevitable en una economía de libre mercado, es que las grandes corporaciones compiten entre sí para vender sus mercancías y compiten con los precios. ¿Cómo conseguir que el precio sea más barato que el de la competencia? Muy simple, pagando menos a los trabajadores”, reflexiona. El inglés, nacido en Nuneaton, no cree que la Red por sí misma haya contribuido a esta nefasta situación: “Internet es una herramienta de conocimiento neutro y eso es un gran avance, pero si se usa para controlar a los empleados, como se ve en la película, es un desastre para el trabajador. No es un problema de la ciencia, sino de quién controla esa ciencia, de los propietarios de la tecnología”.

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Las dudas de Ken Loach sobre el independentismo
Aunque no da por acabado el Estado del bienestar en Europa, se enardece, siempre de forma tranquila aunque decidida, ante la falta de recursos públicos para las clases populares y cómo a las empresas privadas les están facilitando el camino para hacerse cargo de unos servicios que deberían de correr a cargo del Estado. “Hay dos motivos para la esperanza. El primero es que los pueblos siempre resistirán y alguien siempre luchará. Lo segundo es que vivimos en un sistema que no puede continuar más tiempo. Por ejemplo, si uno piensa en el trabajo de los repartidores que utilizan gasolina para su trabajo cuando el petróleo tiene los días contados. Estamos destruyendo los pequeños comercios en los centros de los pueblos y ciudades, pidiendo y comprando todo por Amazon. ¿Queremos seguir así?”.

Rechaza Ken Loach referirse a su cine en singular y habla con pasión de todas las historias maravillosas que uno va conociendo. “Tengo que hablar en plural porque yo siempre trabajo con Paul Laverty. Somos un equipo y por eso no me gusta hablar solo de mí. La gente que uno va conociendo en la vida es la que nos sirve de inspiración. Mires por donde mires, hay tantas historias que contar, y lo más maravilloso es poder contarlas. Durante la preparación de esta película, conocimos a mujeres que cuidaban a personas mayores con una generosidad y cariño muy por encima de lo que les pagaban”.

Y, cómo no, sale en la conversación el Brexit. “El Brexit es absurdo porque los grandes problemas de la gente como es la precariedad en el trabajo, la pobreza, la inseguridad, los sin techo o los servicios públicos colapsados no los va a solucionar. El Brexit es una distracción para no hacer frente a los grandes problemas del Reino Unido. Es un conflicto entre los dos bandos de la derecha, unos que creen necesitar del mercado europeo y los más extremos que quieren salir de la Unión Europea para pagar menos impuestos y abrir el mercado a Estados Unidos”.

De triunfar el Brexit duro, Ken Loach augura un todavía más desaforado capitalismo en su país. “Si dejamos la Unión Europea y los tories están el poder, el Reino Unido se convertirá en un gran mercado de trabajo barato, sin ningún tipo de regulación, que atraerá inversiones extranjeras hacia los servicios públicos. Es realmente preocupante. El sistema sanitario podría caer en manos de grandes compañías estadounidenses. Ese es mi mayor miedo”.

A pesar de todo, el director confía en la izquierda de su país. Dice que es un ejemplo para Europa. “La izquierda británica es fuerte y está unida, con un líder, Jeremy Corbyn, totalmente opuesto a lo que fue Tony Blair, por su apoyo al sindicalismo y a las inversiones públicas, además de que planta cara al problema del medio ambiente”. Por primera vez en su vida, confiesa que puede decir bien alto y con orgullo: “Seguid el ejemplo de Gran Bretaña. Hemos conseguido erradicar las divisiones de la izquierda desde que Corbyn está en el poder. Por fin tienen la oportunidad de alcanzar el poder. Nunca pensé que podría decir esto. Hay que abandonar los egos, aceptar las diferencias y aprender de Lenin, cuyo lema era "Tierra, pan y paz'”.

La visceralidad de Loach, su perpetua intención (¡y derecho!) de querer cambiar el mundo, aparecen aquí con emocionante ternura.


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