jueves, 13 de octubre de 2016

El impulso de las cooperativas para transformar la economía

La Marea

La última crisis ha disparado la creación de empresas sociales. Algunas surgen por pura supervivencia, pero otras obedecen a la voluntad de cambiar el sistema.

Las cooperativas están tomando en la actualidad un nuevo impulso al calor de la crisis. Desde 2008 el número de este tipo de empresas ha crecido un 75%. Además, según el Ministerio de Empleo, la estabilidad laboral en estas empresas es bastante por encima del resto del tejido empresarial. Algunas de estas cooperativas –cerca del centenar, según estima la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado– han sido construidas a partir de compañías arruinadas, cuyo control han tomado los propios trabajadores. Hay ejemplos de empresas recuperadas en una gran variedad de sectores. Por ejemplo, Ibersolar, una empresa de ingeniería de energías renovables de Barcelona, tuvo que anunciar un ERE a principios de 2009 cuando la crisis y los recortes golpearon al sector. Algunos de sus trabajadores entonces constituyeron una cooperativa que, bajo el nombre de Arkenova, hoy sigue funcionando. En el caso del fabricante de muebles Cuin Factory de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), ante la amenaza de cierre el dueño se asoció con sus empleados para reflotar el negocio como cooperativa.

Y es que la filosofía básica del cooperativismo se basa en que la empresa es propiedad de sus trabajadores, o de los consumidores, en vez de contar con accionistas que, a menudo, tienen un mero interés financiero en lograr la máxima rentabilidad de su inversión. La responsabilidad es compartida ya que las cooperativas son gobernadas de forma asamblearia donde cada socio tiene un voto. En Argentina o Chile, países muy acostumbrados a las crisis económicas, ha habido cientos de casos de empresas recuperadas por sus trabajadores, y este modelo se está extendiendo en España. Pero, ¿qué hay detrás de este repunte? ¿Una fórmula forzosa ante la crisis o un verdadero espíritu cooperativista?

Lo cierto es que, en cualquier caso, el empleo cooperativo suele ser estable y de mayor calidad, con un 80% de contratos indefinidos. “El modelo está salvando la situación de crisis de manera muy distinta a las empresas del capital”, defiende María del Mar García, vicepresidenta de la Federación Andaluza de Cooperativas de Trabajo Asociado (FAECTA), quien a duras penas puede disimular su pasión por el sector. “En las cooperativas el trabajador es también el dueño, así que siempre se buscan vías alternativas al despido, más o menos imaginativas, no tenemos las cifras económicas como único objetivo”, explica. Andalucía es la región líder en cooperativismo de toda España: el 19,5% de este tipo de empresas están radicadas allí y dan trabajo a más de 62.000 andaluces y andaluzas. Sin embargo, según denuncian las asociaciones, la Junta no hace los esfuerzos suficientes para impulsar el modelo. “En Andalucía, por ejemplo, el 90% de la ayuda a domicilio la gestiona Clece [empresa de la constructora ACS, que cotiza en el Ibex 35], que ha tenido despidos mientras que suele acaparar las licitaciones públicas. Se deberían incluir cláusulas sociales en los concursos, ya que competimos en un mercado donde sólo impera lo económico”, lamenta García. “La Junta asegura que nuestro modelo es el que hay que fomentar pero impide que las pequeñas empresas accedan a los recursos”, agrega.

No todo han sido, sin embargo, méritos para el cooperativismo. A finales de 2013 Fagor, el buque insignia del grupo cooperativista vasco Mondragón, echó el cierre. La compañía, en la que trabajaban 5.600 personas, arrastraba una deuda de 859 millones de euros. Su quiebra fue presentado desde algunos sectores y medios como el fracaso de todo un modelo, incapaz, supuestamente, de sobrevivir en tiempos de neoliberalismo, sobre todo por no poder tomar con rapidez decisiones drásticas, como los despidos masivos. Más de dos años después, el debate ha quedado cerrado por los positivos números del sector. De hecho, las cooperativas de trabajo asociado, entre ellas las del grupo Mondragón, crecían el año pasado a un ritmo del 11%.

El papel de las personas
Sin embargo, muchas de las grandes cooperativas han perdido, en cierto modo, la esencia. Así lo cree Koldo Saratxaga, una especie de gurú de este sector tras los 14 años que estuvo al frente de Irizar, una de las empresas del grupo vasco, en los que logró sacarla de los números rojos y convertirla en un ejemplo de éxito. Para él, el modelo económico de una compañía cada vez cuenta menos. “Los estilos al final tienen que ver con las personas. Una de las razones por las que dejé Irizar, teniendo mucha categoría y ganando mucho dinero, fue por el estilo de relaciones”, asegura. “He visto muchas cooperativas, he estado en el grupo más grande del mundo y me he dado cuenta de que éstas en su gran mayoría al final funcionan como una S.A., es decir, siguiendo un modelo de arriba a abajo, con su director general, etc.”, critica. Saratxaga opina que, pese a que en un principio los promotores empiezan a trabajar de forma colaborativa y horizontal, posteriormente “se va sumando gente, porque es necesario, pero nos encontramos a nivel social una deficiencia de sentido cooperativo”. Es ahí donde, para este veterano, entran en juego los valores, algo que para él es la clave: “Se aprecian los conocimientos, los estudios, los idiomas, pero no se destacan los valores necesarios para trabajar en una cooperativa”, lamenta.

En cualquier caso, Mondragón ofrece una alternativa nada desdeñable dado el estado actual del mercado laboral. El grupo engloba a más de 30.000 socios y socias de diferentes cooperativas –soberanas y democráticas, aunque con algunas reglas comunes, como la limitación de sueldos de los directivos–, que facturan 11.875 millones de euros. En 2015 realizaron inversiones de cerca de 250 millones de euros y hacen el 71% de sus ventas en el mercado internacional. Además, el grupo cooperativo actúa como un Estado en miniatura: los socios destinan el 6,5% del salario bruto a un fondo de previsión, destinado a pensiones, desempleo o asistencia sanitaria privada. Cuando llegan vacas flacas, suele buscarse cualquier alternativa antes que el despido. De hecho, en 2013 los 8.500 socios de Eroski, cooperativa integrante de Mondragón, acordaron una bajada de sueldos general. Eso sí, la decisión recayó sólo en un 21% de la plantilla, ya que la cadena de hipermercados tiene hasta 40.000 trabajadores.

Pese a las ventajas del sector cooperativo con respecto a la empresa tradicional en términos democráticos y al cuestionamiento de la maximización del beneficio por encima de todo que tiene lugar en la mayoría de ellas, no todas tienen una dimensión política o un afán superador del sistema económico actual. De hecho, desde sectores más politizados afean a las cooperativas grandes que, en sus procesos de crecimiento e internacionalización, sufran una pérdida drástica de las esencias y caigan en la lógica de la deslocalización para producir en países donde las libertades sindicales son más reducidas. Aquí es donde entran en juego entidades de la economía social y solidaria como el Mercado Social de Madrid o la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya (XES), redes que aspiran a unir producción, distribución y consumo al mismo tiempo que participan en el debate político y los movimientos sociales. Para Fernando Paniagua, miembro de la XES, el cooperativismo no se puede considerar un fin en sí mismo, sino que es más bien una herramienta. “Permite empezar a caminar, a montar proyectos con formas distintas de gestionar lo económico. Pensar que porque la sociedad se organice en cooperativas vamos a superar un sistema injusto y depredador como el capitalismo es ingenuo”, sentencia.

El cooperativismo parece haber cobrado nueva fuerza tras el hundimiento del bloque soviético y la posterior crisis del modelo neoliberal. “Venimos de un siglo XX con recetas finalistas de revolución que han ido fracasando, así que creo que es mucho más constructivo dotarnos de herramientas que podamos usar como laboratorios, tanto en los terrenos del consumo, como en el de la precariedad, más allá de un sistema que nos convierte en marca y emprendedores”, profundiza. El movimiento de economía social y solidaria engloba, además de a cooperativas, a asociaciones, ONG y economías informales, esto es, las que logran la satisfacción de necesidades sin intermediación monetaria. “El objetivo es acercarse a lo económico de una forma distinta a la relación capital-trabajo, poniendo en el centro de la vida una economía a la escala de las personas”, agrega.

La XES se basa en tres ejes principales: la visibilización, sobre todo mediante la Fira d’Economia Solidària de Catalunya, los encuentros de intercooperación, que trabajan en la cohesión de las diferentes iniciativas, y el balance social, que vendría a ser un “termómetro” de las distintas iniciativas que la integran. El objetivo es generar un ecosistema cada vez más independiente, aunque reconocen que no lo tienen nada fácil. “El consumo responsable tiene una gran fuerza de transformación, pero es cierto que cuando se producen alternativas serias el sistema éste reacciona de la forma más violenta posible”, concede Paniagua. Como ejemplo, pone el de Som Energia, una cooperativa eléctrica, que se ha topado de lleno con el impuesto al sol [el gravamen del autoconsumo de la energía que se produce desde paneles solares] del Gobierno de Mariano Rajoy. “Las fronteras están aquí, pero bueno, podemos a día de hoy gestionar nuestro dinero en bancas éticas como Fiare o Coop57, lo que puede suponer al menos retirar parte del dinero del movimiento especulativo”, señala. También hay otras iniciativas destacables en territorio comanche, como Som Connexió, en las telecomunicaciones, a las que se suman las ya clásicas cooperativas agroecológicas, por ejemplo. “Ahora lo que tenemos que hacer es ir detectando agujeros en nuestras cadenas económicas e ir generando nuevos proyectos, con la idea del ensayo-aprendizaje”, continúa.

Los problemas de crecer
La prueba de fuego de las iniciativas que plantean una alternativa al capitalismo clásico es cómo afrontar el crecimiento sin perder las esencias del modelo. Un negocio grande requiere otro modelo de organización que una cooperativa pequeña que agrupa a cultivadores de aceitunas, por ejemplo. Así lo expresan en la revista de ideología anarquista Todo por hacer: “Hoy Mondragón es una empresa con una división del trabajo muy particular, con trabajadores/as socios/as cooperativistas, asalariados/as comunes y equipos ejecutivos/as completamente separados del proceso productivo. Se ha dado un salto cualitativo dirigiéndose hacia la internacionalización de la corporación, con filiales en países conocidos por sus estupendas condiciones laborales como son Brasil, Polonia, India o China”.

Desde los círculos cooperativistas menos rupturistas sostienen, sin embargo, que es posible acometer ese proceso sin perder la coherencia. “Es cierto que lo local es uno de nuestros mayores valores, pero la internacionalización actual no tiene por qué llevar aparejada la desestructuración del modelo, o salirse de los cánones”, opina García, de FAECTA, y asegura que lo importante es “conservar los valores”. Aun así, reconoce que en el plano práctico “nadie es totalmente puro”. Saratxaga tiene mucha experiencia en este terreno. “He creado ocho empresas en todo el mundo, como México o Brasil, y nadie ha puesto pegas. Hacíamos asambleas, repartíamos el 30% de los beneficios… y sólo recuerdo problemas en Marruecos, donde los gestores trataban mal a los empleados. Eran unos caciques, lo veía cada vez que iba a los consejos allí, pero al final logramos cambiarlos”, recuerda. “Después hemos vivido allí asambleas maravillosas, hemos practicado una transparencia total”, agrega.

No son tan optimistas en la XES, donde continuamente tienen debates sobre su modelo. “A día de hoy es muy difícil crecer en volumen de negocio o trabajadores sin perder la potencia de transformación social que tienen. No quiere decir que no se pueda, pero de momento no hemos sido capaces”, reconoce Paniagua. Lo local y el avance sostenido, lento y sólido, es la receta de estos cooperativistas-activistas. “Salir al entorno capitalista es muy difícil, las reglas de mercado están diseñadas para destruir todo lo que trate de romperlas. El mercado es tramposo, habla de manos invisibles y es el más intervenido, juega con la evasión fiscal, bordea irregularidades… Las reglas no son las mismas para todos, así que no queda otra que construir poco a poco, desde abajo, en un movimiento de largo recorrido”, desarrolla. Otra vuelta de tuerca son las llamadas cooperativas integrales. En 2010, el llamado “Robin Hood de la banca”, Enric Duran, que logró obtener 492.000 euros en créditos de 39 entidades bancarias durante la burbuja inmobiliaria que luego dedicó a iniciativas anticapitalistas, impulsó la creación de la Cooperativa Integral Catalana (CIC), un modelo que se ha replicado en otros lugares del Estado, como Aragón, Andalucía o Castilla y León. Este concepto pretende superar las cooperativas de un único proyecto o ámbito de actuación y aunar bajo el mismo paraguas jurídico a productores, consumidores y una mezcla de ambos, a los que llaman “prosumidores”. El objetivo: independizarse lo máximo posible del sistema capitalista, mediante el contacto directo de los diferentes elementos de la cadena económica y la utilización de una moneda social.

Juanito Piquete es músico de punk y, como socio de la CIC, también trata de construir “desde la base” y desde hoy ese otro mundo que imagina en sus canciones. “Tratamos de construir una economía que no esté relacionada con el sistema, y lo hacemos mediante herramientas como la moneda social, el crédito mutuo o el trueque, que están basadas en la economía real del territorio”, explica. Pese a la radicalidad de la propuesta, el cooperativismo “no es un fin en si mismo”, advierte este socio de la CIC. “Son herramientas que nos permiten hoy tener una realidad regida por la reflexión individual y colectiva pero también por la acción, por la posibilidad de poner en práctica todo ese afán coordinador que está surgiendo en todos los lugares del mundo”, concluye. Piquete defiende que la CIC no sólo es una vía revolucionaria sino también una alternativa ante la pobreza generada en España tras el comienzo de la crisis.
Fuente:
http://www.lamarea.com/2016/09/23/cooperativas-transformar-la-economia/

Este reportaje forma parte del dossier sobre cooperativas de #LaMarea41, a la venta en quioscos y en tienda online.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Qué decirle a una persona que está pasando por un duelo. Cuando se atraviesa un período de duelo no hay ninguna frase ni palabra que nos reconforte. Lejos de ello, algunas incluso pueden hacernos reaccionar de manera negativa

Cuando una persona está pasando por un duelo debemos ser muy cuidadosos con las palabras y con las formas en la que nos vamos a dirigir a ella.

En una carta de pésame a la familia Besso, Albert Einstein incluyó su ahora famosa cita "Ahora que se ha apartado de este extraño mundo un poco por delante de mí. Aquello no significa nada. La gente como nosotros, quiénes creen en la física, saben que la distinción entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente."

Es un momento sensible, las emociones están a flor de piel y tener tacto, en estos momentos, será algo imprescindible.
Por este motivo, hoy descubriremos algunas de las cosas que debemos decirle a una persona que está pasando por un duelo y, también, aquellas que debemos callar.
Porque, en ocasiones, en nuestro afán de ayudar, hacemos todo lo contrario.
Si necesitas llorar, hazlo

¿Qué te decían cuando eras pequeño y llorabas? “No llores”. ¿Qué te decían cuando estabas triste? “No estés triste”.
Intentar inhibir las emociones no es positivo para nadie y, menos aún, si se lo estás diciendo a una persona que está pasando por un duelo.
Debes permitirle a la persona expresar sus sentimientos si así lo desea. Jamás debes darle a entender que eso es algo que no debe hacer, que tiene que contener.
En estos momentos, lo mejor que puede hacer es desahogarse llorando, gritando o expresando sus emociones y sentimientos de cualquier otra manera.

Si me necesitas, aquí estoy
Relacionado con la situación anterior, muchas personas suelen practicar la huida. No les gusta esta situación y, entonces, se apartan.
Esto tampoco es positivo porque la persona que está pasando por el duelo necesita contacto. Un abrazo o simplemente alguien que se quede a su lado.
No es necesario hablar, aunque sabemos que para muchos guardar silencio es incómodo. Sin embargo, estar ahí, al lado de esa persona, para ella será algo necesario y fundamental.
De esta manera, si la persona quiere hablar o de repente llorar, sabrá que tiene alguien a su lado que le quiere y apoya.
Por eso nunca escapes, aunque te sientas violento, incómodo. Hay personas que creen que, como tiene que superar su proceso de duelo, debe estar solo. Esto no es así.
Créenos, en estos momentos te necesita más que nunca.

Sé que cuando estés preparado, seguirás con tu vida
¿Por qué nos gusta tanto mandar? Entre el “no llores” y el “ahora tienes que mirar para delante” no cesamos en nuestro intento de dar órdenes y “redirigir” la vida de la otra persona.
En estos momentos tan dolorosos lo que menos le preocupa es el futuro, mirar hacia adelante y todas esas cosas que ahora le parecen una nimiedad.
No necesita saber lo que va a pasar o lo que va a tener que hacer, ¡porque ya lo sabe! Pero, ahora, tan solo se encuentra centrada en su dolor.

Debemos permitirle que gestione la situación por sí misma.
No es una persona inútil, simplemente está pasando por un proceso de duelo que tiene que superar.
Cuando lo haga, ya actuará como crea conveniente.

No sé cómo te sientes en realidad
Acostumbramos a decir a todas las personas que están pasando por un mal momento la frase “sé como te sientes”.
No nos damos cuenta de que la variante ideal sería “entiendo que te tienes que sentir muy mal”, porque ese “sé como te sientes” puede provocar una reacción agresiva.
La persona que está pasando por el duelo se encuentra muy sensible y, quizás, tú nunca has pasado por una situación así.
Decir esta frase puede favorecer la respuesta de “¿cómo puedes saber cómo me siento? A ti nunca te ha ocurrido lo mismo que a mí”.
Siempre que podamos, tenemos que evitar decir esto y darle a entender que podemos empatizar con ella hasta cierto límite. Que no podemos conocer exactamente su grado de dolor, pero que lo entendemos.
El duelo tiene su propio momento, por lo que debemos respetarlo en todos sus sentidos, incluido el tiempo en el que tarde en superarse.
Intentar fingir que ya lo hemos superado o presionar a alguien para que recorte su tiempo de duelo es negativo.
Puede que sean semanas, meses, incluso años. Cada persona es un mundo.
¿Cuántas veces has dicho lo que no deberías en un proceso de duelo? ¿Cuántas veces has pronunciado un “sé lo que sientes”?

Ahora ya sabes cómo puedes ayudar de la mejor manera a esa persona que tanto lo necesita.

6 Consejos para superar el duelo
Para superar esta etapa es muy importante que aceptemos lo ocurrido. No olvides que tu ser querido desearía que fueras feliz. Procura distraerte y compartir tu tiempo con familiares y amigos
Afrontar la pérdida de un ser querido y sobrellevar el duelo, es quizá una de las pruebas más difíciles que nos puede poner la vida en cualquier momento. Tener que aceptar que alguien que amamos ya no estará presente físicamente en nuestros días, nos da un fuerte golpe y una confusión, que casi siempre nos hace caer en prolongados periodos de depresión y tristeza.
Todos tenemos formas diferentes de reaccionar ante la muerte de un ser querido y el contar con un apoyo puede ser clave para superar el dolor que esto nos produce. Según las investigaciones, el paso del tiempo, el contar con un apoyo en el entorno social y el mantener los hábitos de vida saludables, hace que las personas superen el duelo con más facilidad. Sin embargo, dependiendo del impacto que cause la muerte en la persona afectada, el tiempo de recuperación puede tardar meses o hasta un año.

Es muy importante tener en cuenta que el duelo implica síntomas emocionales y también físicos. Las personas que pasan por esta etapa por lo general sufren constantemente de cansancio extremo, pérdida del apetito o pérdida del deseo sexual. Cuando el duelo es tan complicado e incluye estos síntomas sumados a la depresión, se recomienda buscar ayuda de un psicólogo profesional que pueda ayudar a determinar cuál es la mejor forma para superar el duelo.
Si estás pasando por un momento tan difícil como la pérdida de un ser querido, te invitamos a tener en cuenta las siguientes recomendaciones que te ayudarán a aceptar la ausencia de esa persona y a continuar con el ritmo de tu vida.

Tiempo
El tiempo es clave en la superación del duelo. Algunas personas pueden tomarse más tiempo que otras, pero todos necesitamos darnos ese tiempo para hacernos a la idea de que esa persona ya no está y que debemos continuar nuestra vida.

Aceptar el duelo
El dolor ante una pérdida es algo inevitable y con él se mezclan una serie de emociones que nos pueden hacer sentir bastante mal y enfermos. Este proceso es algo muy normal que sólo se podrá superar poco a poco, siempre y cuando la persona no se hiera echándose culpas o reprimiendo sus sentimientos.

Expresar los sentimientos
Siempre habrá una persona dispuesta a escucharnos y a compartir el dolor que sentimos por la ausencia de nuestro ser querido. Hablar de lo sucedido y de todas las emociones que esto deriva, es una forma de aceptar que nuestro ser querido ya no está y que sólo nos queda su recuerdo. Cuando no expresamos todas esas emociones de tristeza y frustración, podemos caer en un estado de aislamiento que nos afectará más en el duelo y hará sentir muy mal a quienes nos rodean.

La vida continúa
Aunque perder a alguien es muy difícil y nos quita las ganas de seguir el ritmo norma de nuestra vida, la realidad es que la vida continúa y hay otras personas que también nos necesitan. Piensa en que tu ser querido siempre quiso lo mejor para ti y se alegrará de que puedas ser feliz a pesar de su ausencia. Procura hacer actividades que te distraigan y que te gusten, comparte con tus amigos y familiares, y dedica todos tus logros a esa persona que ya no está. Todas estas cosas te ayudarán a salir de la depresión y darás un paso muy importante a la superación.

Cuidar tu salud y la de los tuyos
El profundo dolor que nos genera la pérdida de un ser querido nos puede hacer olvidar de cosas importantes como la buena alimentación, el ejercicio y todos esos buenos hábitos que mejoran nuestra calidad de vida. Es muy importante dar un paso a recuperar este estilo de vida, pues esto nos ayuda a salir del estado de depresión y evita que nos enfermemos.

Apoyar a nuestros familiares
 Aunque nosotros estamos sintiendo mucho dolor, debemos recordar que no somos los únicos que sufrimos la perdida de esa persona y que quizá nuestra familia necesita de mucho apoyo. Cuando apoyamos a nuestros familiares o personas cercanas, tenemos más posibilidad de sentirnos mejor y ayudar a que los demás también se sientan así. La familia puede aprovechar para recordar momentos felices al lado de esa persona y todas esas anécdotas que quedarán en el corazón para siempre.

http://mejorconsalud.com/6-consejos-para-superar-el-duelo/

Javier Fernández, el equilibrista. El presidente de la gestora tiene más comprensión en Rajoy de las que encuentra en su propio partido

Hay que reconocer a  Javier Fernández, el mérito de haber neutralizado el incendio del PSOE, no hasta el extremo de domeñarlo, pero sí con suficiente habilidad para ir inculcando como natural el discurso de la abstención, dotándola de un adjetivo, "técnica", que la convierte en eufemismo, y subordinando el evidente compromiso de la investidura al énfasis con que se descarta cualquier compromiso de legislatura.

Es una manera de apuntalar el "no" a Rajoy, pero en un plano que trasciende el bloqueo, que evita las elecciones y que pretende sosegar la rebeldía en que puedan incurrir los socialistas reacios a semejante cambio de rumbo. Resulta ahora impensable que Sánchez proclamé la abstención desde su escaño. La cuestión consiste en adivinar cuántos camaradas van a secundarlo. Y cuánto es o no verosímil una escisión a la disciplina entre los socialistas vascos y catalanes, especialmente si deciden exponer la revisión de la cuestión mariana al criterio de sus militantes de base.

Javier Fernández, por tanto, tiene que trabajarse con pedagogía y paciencia el tabú de la disciplina de voto. Y tiene que trabajarse menos, curiosamente, el proyecto de la abstención sin condiciones. Rajoy ha anunciado que no va a ponérselas. No ya asumiendo con sensatez la responsabilidad que se le presupone a un estadista en una situación de emergencia, sino distanciándose del fervor de los cortesanos.

Quiere decirse que Mariano Rajoy es mucho menos marianista que los marianistas. Y que éstos últimos, alentados por las bravuconadas verbales de Fernández Díaz y de Rafael Hernando, habían promovido una estrategia de presión al PSOE en su propia agonía cuyo desenlace aspiraba a forzar las terceras elecciones y proporcionarle a Rajoy un botín de 150 diputados en la ambición de una legislatura estable.

El presidente del Gobierno en funciones ha disipado las dudas. Puede que haya dos almas en el PP respecto a la manera de velar el cadáver socialista —¿investidura inmediata o elecciones en diciembre?—, pero la propia dialéctica se expone al papel cesarista que ejerce Rajoy. El alma es la suya. Y es la única que tiene valor, entre otras razones porque el líder popular había insistido sólo hace unas semanas en el disparate y la aberración que implicaríam convocar unos nuevos comicios legislativos.

Javier Fernández tiene más comprensión en Rajoy de cuantas encuentra en su propio partido. El cráter del sábado es demasiado profundo y demasiado reciente. Por eso el PSOE necesita más una gestoría que una gestora, un espacio de tranquilidad administrativa. Y por idénticas razones, el presidente asturiano se ha puesto los manguitos, asumiendo la interinidad del cago, pero consciente de que esta transición es más importante que cualquier legislatura.

Más información
http://politica.elpais.com/politica/2016/10/07/actualidad/1475822753_025336.html


La gestora comunica a Rajoy que el PSOE no le garantiza la estabilidad
http://politica.elpais.com/politica/2016/10/06/actualidad/1475779799_117053.html

“Si los socialistas no nos respetamos, ¿quién coño va a venir a respetarnos?”
http://politica.elpais.com/politica/2016/07/15/actualidad/1468598485_168643.html

El PSOE revisará su ‘no’ a Rajoy si roza la mayoría absoluta con otros grupos
http://politica.elpais.com/politica/2016/07/09/actualidad/1468093084_865502.html

SUSANA DÍAZ: "NO PERMITIRÉ ENTREGAR MI PARTIDO A PRECIO DE SALDO"

RAÚL LIMÓN, SEVILLA
La situación del PSOE y del Gobierno de España ha vuelto al Parlamento andaluz, donde la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, se ha sometido a una sesión de control marcada por la situación de su partido y las posibilidades de favorecer una formación de Gobierno. “Tengo clarísimo que nunca voy a permitir entregar a precio de saldo mi organización a ninguna otra organización y que se lleve por delante la historia de un partido centenario como el que milito", ha respondido al portavoz de IU, Antonio Maíllo. Tanto este como el presidente del PP, Juan Manuel Moreno, afirmaron que desean que el PSOE encuentre una salida a su crisis.
Díaz, ante las dudas de la oposición sobre su dedicación a Andalucía ante la crisis del PSOE, ha recuperado la afirmación de que la comunidad tiene que ir bien para que España también lo haga y ha recordado las críticas que recibió el expresidente norteamericano Ronald Reagan, de quien la oposición decía que era incapaz de andar y mascar chicle al mismo tiempo. "Yo soy capaz de defender a Andalucía y al mismo tiempo defender los intereses del país al que quiero y al que amo", ha afirmado.
Moreno, quien ha afirmado que el PSOE es necesario –“España lo necesita”, ha afirmado-, ha recurrido a esa misma expresión para criticar a Díaz. “Tiene demasiados chicles pegados a la suela de su zapato”, le ha reprochado para reclamarle “la máxima atención para Andalucía.
Díaz ha replicado acusando al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, de ser el “responsable principal del bloqueo que vive este país”. “Quiere una salida razonable sin mover una pestaña. Es el colmo de la flojera”, ha afirmado.

Tráfico de esclavos: indignante negocio capitalista

AVN

El capitalismo, lejos de ser un sistema económico justo, exhibe a diario su indignante e inhumano rostro con hechos tales como el tráfico de seres humanos en calidad de esclavos y de mercancía, en pleno siglo XXI.

Hoy en día, de acuerdo con la británica Walk Free Foundation, 29.8 millones de seres humanos son víctimas de este "negocio", que genera ganancias por el orden 32 mil millones de dólares, la actividad ilegal más lucrativa después del tráfico de drogas y de armas.

El tráfico de seres humanos se produce bajo los siguientes esquemas:
Trata de personas para someterlas a:

Trabajo forzado,
La explotación sexual y el
Tráfico de órganos.

Estos seres humanos son secuestrados en las naciones más pobres de África, América Latina y de Europa Occidental, y en su mayoría son mujeres y niños. La mitad de las víctimas no alcanza los 18 años, y del 15% al 20% son niños. Las dos terceras partes son mujeres y el 79% de ellas son sometidas a la explotación sexual.

Según el Informe de la Globalización del Crimen publicado por la Oficina contra la droga y el Delito de las Naciones Unidas (UNODC), los principales países de destino para la explotación sexual de víctimas de la trata que provienen de Sudamérica, son: España,Italia, Portugal, Francia, Países Bajos, Alemania, Austria y Suiza.

De acuerdo con ese informe estas personas son deshumanizadas, para tener un trato de mercancía, manejados como esclavos y mano de obra barata. Forzados a trabajar en condiciones miserables, mediante amenazas psicológicas y físicas, imponiéndole restricciones a sus movimientos, mayormente engañados a aceptar un préstamo obligados a pagarlo con trabajo en condiciones paupérrimas para saldar una deuda que quizás jamas como en muchos casos lleguen a pagar, denotando la transformación del esclavismo presente en sistema capitalista en pleno siglo XXI, haciendo mas despreciable esta abominación.

Los principales propulsores incursos en esta actividad son países ricos y de corte capitalista, tal es el caso de Estados Unidos, donde son trasladados entre 45.000 y 50.000 personas anualmente.

Trabajar en contra del tráfico de personas, aquí.

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martes, 11 de octubre de 2016

_--Rescatan del olvido a las mujeres brigadistas de la Guerra Civil Española

Fotografía de la historiadora y periodista austríaca Renée Lugschitz, facilitada por ella misma, autora del libro; Luchadoras en España. Mujeres extranjeras en la Guerra Civil Española; Que rescata del olvido la experiencia de cientos de voluntarias foráneas en las Brigadas internacionales.
_--"Fotografía de la historiadora y periodista austríaca Renée Lugschitz, facilitada por ella misma, autora del libro; Luchadoras en España. Mujeres extranjeras en la Guerra Civil Española; Que rescata del olvido la experiencia de cientos de voluntarias foráneas en las Brigadas internacionales."

Mucho se ha escrito sobre las Brigadas Internacionales que combatieron en la Guerra Civil española (1936-39) pero muy poco sobre las mujeres brigadistas. Una historiadora austríaca llena ahora ese vacío con un libro sobre las combatientes extranjeras que lucharon del lado de la República.

Más de 35.000 voluntarios procedentes de unos 50 países llegaron a España para luchar contra la sublevación militar que encabezaría el general Francisco Franco, entre ellos había también cientos de mujeres, pero se sabe tan poco de ellas que se desconoce incluso cuántas eran.

"He documentado la existencia de 400 mujeres, pero diría que hubo unas 600 o quizá 700", explica Renée Lugschitz, que ha dedicado unos quince años a su libro "Luchadoras en España. Mujeres extranjeras en la Guerra Civil Española".

Alrededor de un tercio de los brigadistas murió en España, en los principales frentes de la contienda: Madrid, Guadalajara, Brunete, Teruel y el Ebro, se desmovilizaron a finales de 1938 y muchos sufrieron persecución política al volver a sus países.

Un gran número acabó en campos de concentración en Francia, pero también los hubo que terminaron en las cárceles comunistas tras la II Guerra Mundial, algo que recoge también el libro.

Ese destino lo padecieron tanto hombres como mujeres, para Lugschitz es fundamental desterrar estereotipos como que tuvieran "un rol secundario, como ayudantes de los hombres" porque "tuvieron un papel activo fundamental", muchas veces en primera línea.

"Las mujeres aparecen muy poco, y cuando aparecen lo hacen como acompañantes de sus esposos, o como 'ángeles' que curan enfermos", lamenta la historiadora, que vive gran parte del año en la localidad alicantina de Benissa.

"La mayor parte llegaron solas" y viajaron a España por su "compromiso político", un activismo por el que ya muchas sufrieron persecución en sus países de origen, especialmente allí donde existían regímenes fascistas en el periodo de entreguerras.

El perfil medio de estas voluntarias era el de jóvenes idealistas, bien formadas y muchas de ellas procedentes de familias judías de entornos urbanos. Algunas incluso dejaron a sus hijos para participar en las Brigadas.

Por encima de su origen, luchar en España era para ellas tratar de contener la primera acometida en un conflicto general contra el fascismo. Estaban convencidas de que en España se dirimía el destino de Europa dentro de una batalla mayor, sostiene la historiadora.

Su libro consta de una introducción general sobre la situación de España en la época, el papel de las brigadas internacionales, la labor de las mujeres durante la guerra y finalmente, once perfiles de voluntarias de diversa procedencia.

Allí se pueden leer las historias de enfermeras, traductoras, periodistas, doctoras, e incluso, el de la única mujer extranjera que estuvo al frente de un batallón republicano: la argentina Mika Etchebéhère (1902-1999), conocida como "La Capitana".

Cuando murió su marido Hipólito en el frente en agosto de 1936, ella asumió su mando al frente de una columna del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), una formación antiestalinista.

"Las mujeres luchando en el frente es algo de principio de la guerra, hasta la creación de las brigadas internacionales", precisa.

También se ofrece un retrato de la alemana Gerda Taro la primera fotoperiodista que murió en un frente, en la batalla de Brunete (Madrid), a los 26 años, aplastada de forma accidental por las cadenas de un carro de combate republicano.

El libro de Lugschitz obtuvo la pasada semana un "premio de Reconocimiento" en los galardones austríacos Bruno Kreisky al mejor libro político del año, que contó este año entre los distinguidos al Nobel de medicina estadounidense Eric Kandel y al de Literatura húngaro Imre Kertész.

Para poder documentar su obra, en los últimos tres lustros ha trabajado en archivos de Viena, Nueva York, Londres y España.

La historiadora considera que en los últimos años se ha producido un avance en el estudio de las brigadistas en la contienda civil gracias a que las mujeres han asumido la tarea de escribir sobre ese capítulo del pasado.

Y por el lado de la memoria histórica en España, considera que aún queda mucho camino por recorrer.

"Aún me sorprende cuando hablo con algunos amigos españoles lo poco que saben sobre la Guerra Civil. La mayoría todavía tiene el reflejo de bloquear el tema. Es también algo que separó a las familias, quizá se necesite un par de generaciones" para superar esa situación, indica.

En los pasados años, asegura, "hubo una corta etapa en la que existió voluntad política para trabajar el pasado y reconocer a las víctimas de la guerra civil y la represión posterior, pero esa fase ha acabado".

"No creo que haya ningún interés ahora por parte del actual Gobierno" en trabajar ese aspecto, concluye la historiadora austríaca.

http://economia.elpais.com/economia/2013/06/15/agencias/1371288215_437899.html

lunes, 10 de octubre de 2016

Cuando Bernstein revisó la "ortodoxia" marxista


Entre 1896 y 1900 el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) - una organización de masas de la clase trabajadora, comprometida con el socialismo - fue sacudida por un debate sobre el "revisionismo". Esta fue la primera brecha intelectual importante dentro de las fuerzas del marxismo desde que desarrolló un apoyo de masas en la década de 1880.

El debate revisionista comienza cuando Eduard Bernstein (en la foto con K. Kautsky), uno de los principales teóricos del partido, escribió un artículo sobre el colonialismo en 1896. En él, Bernstein argumentó que, dado que el SPD representaba ya en 1896 a una cuarta parte de los votantes del Reich alemán (estado), "tenemos un cierta responsabilidad de la política de ese Reich" (1). Los trabajadores, escribió, tienen una nación a la que deben ser leales. Cuando la causa es justa, como el apoyo a los armenios contra la represión turca, los socialistas deben apoyar al gobierno.

El excéntrico socialista británico Ernest Belfort Bax respondió duramente. Había conocido a Bernstein en Inglaterra y estaba convencido de que Bernstein había "inconscientemente dejado de ser un socialdemócrata " (2). Siempre un poco romántico cuando se trataba de las sociedades no-europeas, Bax insistió en que el deber de los socialistas era " luchar con uñas y dientes contra todo avance de la civilización en los países bárbaros y salvajes ... 'Mejor la esclavitud que el capitalismo; mejor el tratante de esclavos árabe que la empresa de tráfico de esclavos': esas deben ser nuestra respuesta a estas preguntas" (3).

A Bernstein no le costó mucho responder, aunque su apología del imperialismo fue más allá de la prudencia requerida ("bajo el dominio directo europeo, los salvajes están, sin excepción, mejor que antes" (4) ). Incluso cuando Bax respondió bastante más sofisticado que los socialistas deben rechazar el imperialismo por su expansión de los mercados, lo que podría prolongar la existencia del capitalismo, ganó pocas simpatías entre los ortodoxos por incluir en su polémica imputaciones antisemitas (Bernstein era judío) (5). No obstante, Bernstein defendía evidentemente el "colonialismo patriótico”. El debate implicó que las sospechas de los ortodoxos se confirmaron cuando Bernstein comenzó su serie de artículos en la Neue Zeit , la revista editada por Karl Kautsky, sobre “Los problemas del socialismo''.

En su serie de artículos revisionistas, Bernstein irritó a otros socialistas al atacar insistentemente supuestos argumentos de autores sin identificar o sin referencias a textos (con la única excepción del blanco fácil de Bax). Una excepción a esta imprecisión fue la referencia directa de Bernstein a una resolución de la Internacional Socialista en el Congreso de Londres de 1896 (o, en todo caso, una versión de ella – porque hubo cierta controversia sobre el propio texto de la resolución aprobada). La resolución decía:

“El desarrollo económico ha llegado al punto en que una crisis podría ser inminente. Por consiguiente, el Congreso hace un llamamiento a los trabajadores del mundo para aprender a dirigir la producción, de modo que estén en condiciones de hacerse cargo de la gestión de la producción en tanto que trabajadores con conciencia de clase con el objetivo del bien común” (6).

Bernstein interpretaba el texto como una teoría del colapso catastrófico del capitalismo como precursor de la revolución social. Era un poco exagerado interpretar así la resolución y, de hecho, en el canon marxista o del SPD era difícil encontrar algo que pudiese sugerir semejante teoría de una crisis inevitable y terminal del capitalismo como sistema económico (7). De hecho, su principal texto inspirador, discretamente pasado por alto por Bernstein, eran los escritos y discursos de August Bebel (8). Y no eran de ninguna manera considerados patrimonio comun de la izquierda socialista.

Bernstein argumentó - en contra de esta supuesta "teoría del colapso" - que las grandes crisis económicas eran una cosa del pasado, debido al desarrollo de la "capacidad de adaptación y flexibilidad" del mundo de los negocios, principalmente en forma de crédito y de la organización en carteles de los mercados (9). Bienvenido fuera, ya que hacia menos probable una revolución repentina, y Bernstein advirtió que una "revolución" no era nada bueno. Esos "sentimientos y pasiones excitados" por las crisis revolucionarias, escribió, eran lo contrario de las reformas socialistas constructivas (10).

La idea de la lucha de clases - una "noción simplista ... largamente acariciada en Alemania y todavía no muerta en nuestra literatura" (11) - era un "desperdicio completo de tiempo, esfuerzo y material" (12). Para ilustrar lo que él consideraba el verdadero "motor del progreso", que conduciría al colectivismo, (13) Bernstein volvió a publicar un artículo del simpatizante fabiano británico, John A. Hobson. Para Hobson, el crecimiento del colectivismo tenía poco que ver con las demandas de los trabajadores o incluso de los socialistas. Era simplemente el resultado lógico natural de ciertas industrias a gran escala - como los servicios públicos, la banca, los seguros, el transporte marítimo, etc - que tendían hacia el monopolio. Para Hobson, tales industrias inevitablemente evolucionaban hacia la propiedad colectiva por el "empuje de las leyes naturales" (14).

Bernstein fue un poco más preciso que esto. El capitalismo, dijo, "tiene su propia historia de desarrollo y ... bajo la presión de las instituciones democráticas modernas, y los conceptos de obligación social que conllevan, debe asumir un rostro distinto de aquel que evidenciaba cuando el poder político estaba monopolizado por la propiedad privada" (15). El socialismo, por lo tanto, no era una alternativa al liberalismo constitucional; era una variante del mismo: " liberalismo organizado" (16).

Bernstein aceptaba en general la teoría marxista que veía en el trabajador industrial moderno "el verdadero y auténtico vehículo instrumental del socialismo". Sin embargo, matizaba mucho esta afirmación. Los marxistas, creía, pasaban por alto el hecho de que no había un "proletariado homogéneo", sino que era un término que agrupaba sin distinciones al ganadero y al pastor, al secretario y al pinche de cocina, al trabajador cualificado y al peón (17). Apuntó correctamente, sin embargo, que el núcleo duro de los trabajadores socialistas no tendía a provenir de la gran industria, sino de "industrias relativamente atrasadas, subordinadas o intermedias": por ejemplo, los fabricantes de cigarros, los carpinteros, los zapateros, los sastres, los maestros artesanos, los trabajadores a domicilio en la industria textil y los encuadernadores (18).

Los asalariados, Bernstein insistió, no se oponen a la extracción capitalista de la 'plusvalía' como tal, sino a lo que subjetivamente perciben como el robo de su ‘trabajo excedente'. Los socialistas, a su vez, actúan movidos por una creencia ética y bastante general de la justicia. De ello se desprendía que la creencia socialista no era un reflejo automático de la condición proletaria (19) : "El proletariado, como suma total de los asalariados, es una realidad; el proletariado como una clase que actúa con un propósito y una perspectiva común es en gran medida producto de la imaginación" (20).

Bernstein vio la reforma social gradual del capitalismo como un reflejo no de la lucha de clases, sino de la democracia naciente. Esta democracia la concibió como un mecanismo de filtro, que ayudaba a limitar la influencia del proletariado en la sociedad en la medida apropiada a su desarrollo: "la democracia significa que en todo momento dado la clase obrera debe pesar en la medida en que lo permita su madurez intelectual y la etapa actual de su desarrollo económico" (21). (Aseguró estar citando a Engels, pero parece ser una paráfrasis tendenciosa de la introducción de 1891 de Engels a una nueva edición de Las luchas de clases en Francia de Marx (22)).

"No está listo para el poder"

Bernstein consideraba claramente que el proletariado tenía bastante camino por recorrer antes de alcanzar la madurez política. La clase obrera, que vive en condiciones de hacinamiento, con un ingreso incierto e insuficiente y mal educada, estaba lejos de poder ejercer el poder (23). Criticó lo que consideraba un "culto" socialista de las masas. Las masas eran, de hecho, en gran medida, un "animal de rebaño" irracional (24). El ejercicio del poder político del proletariado, a menos que fuera preparado para la responsabilidad y delimitado por las poderosas instituciones de la propiedad privada, "podría, de hecho, ser posible sólo en la forma de un poder central dictatorial, revolucionario, apoyado por la dictadura terrorista de los clubes revolucionarios" (25).

Los países más avanzados de la época no estaban maduros para la "dictadura del proletariado" - lo que significaba el gobierno de la clase trabajadora sino para que los partidos de la clase obrera influyeran sobre la política del gobierno (26). En el futuro previsible, los socialistas debían trabajar sobre la base de "coaliciones y compromisos "con los partidos liberales burgueses, tanto fuera como dentro del gobierno (27). En caso de que un gobierno socialista llegase al poder, no sería prudente tratar de poner en práctica su programa máximo. El capitalismo no puede ser revocada por decreto, dado el gran número de pequeñas empresas que no podrían ser rápidamente socializadas, ni podría incluso dar marcha atras en gran medida, por temor a socavar la confianza empresarial (28). Un gobierno socialdemócrata "no podría en un principio prescindir del capitalismo, a menos que quisiera frenar en seco la vida económica" (29).

Desde su punto de vista, sólo se podría intentar la socialización de sectores o empresas que fuesen aceptables para los sectores de negocios y otros intereses de los propietarios. Un partido socialista sólo podía legítimamente proponer reivindicaciones que fuesen aceptables para los no socialistas: "Una exigencia a la que todos los partidos burgueses se opusieran necesariamente por principio sería, por ese solo hecho, calificada de utópica" (30) (el subrayado es mío). Solo tendría sentido, por lo tanto, para el estado burgués en el poder llevar a cabo únicamente las medidas de socialización que creyera prudente. El papel más productivo para el partido político de la clase obrera sería permanecer en la oposición, instando a la burguesía a avanzar hacia el colectivismo (31).

El SPD había caracterizado habitualmente las medidas de socialización emprendidas por el gobierno alemán semi-autoritario, como la legislación laboral fabril y la nacionalización de servicios públicos como los ferrocarriles y correos, no como los primeros pasos hacia el socialismo, sino más bien como un "capitalismo de Estado", cuyo objetivo era reforzar la independencia del gobierno vis-à-vis la sociedad, y para regular a la clase obrera. Bernstein rechazó esta idea. Tales medidas por parte de la derecha eran de hecho los primeros avances hacia el socialismo (32).

Para Bernstein, la función principal del movimiento socialista era educar a la clase obrera para ejercer un papel corporativo en la democratización del estado. La socialdemocracia tenía que tomar en sus manos una clase obrera "impregnada de superstición y con una educación deficiente" (33). A este respecto, como resumió con tanto éxito, francamente admitió que tenía "poquísimo interés, o intuición, de lo que por lo general se denomina ‘el objetivo final del socialismo’. Este objetivo, sea lo que sea, no significa nada para mí; el movimiento lo es todo" (34).

Cualquier idea de autogestión de los trabajadores de la sociedad era utópica, porque "a menos que la sociedad socialista haga del diletantismo un principio rector, se necesitan funcionarios con experiencia". Cuando se trataba de la economía, esos ‘funcionarios’ eran idealmente los mismos capitalistas. La autogestión cooperativa no podía funcionar en las empresas de mayor escala, y la fábrica moderna jerárquica debilitaba más que fortalecía el instinto de trabajo cooperativo (35). No se podía prescindir de los gestores profesionales. "No es una cuestión de cuán grande es el ejército ‘revolucionario’, sino de si podemos prescindir de los capitanes de industria, para usar la frase de Carlyle" (36). Era necesario, por tanto, que los trabajadores aprendiesen auto-disciplina y auto-subordinación a la autoridad del estado que evidentemente les faltaba (37).

Para Bernstein, era crucial que los socialistas dejasen de aterrar a las clases poseedoras, que eran indispensables para el funcionamiento social, con tanta mención a la lucha de clases. Esto sólo serviría para empujarlas hacia la reacción. La socialdemocracia debía dejar clara su oposición a la "revolución violenta", porque "cuanto más claramente se diga y se fundamente, más pronto se disipará el miedo [de la burguesía] " (38).

Bernstein negó que la sociedad se polarizase entre un diminuto número de capitalistas y una masa de proletarios no diferenciada, como la obra de Marx parecía predecir:

“Los modernas asalariados no son la masa homogénea, uniforme sin el estorbo de la propiedad, la familia, etc., que se prevé en el Manifiesto [Comunista]. Amplios estratos se han levantado entre ellos para lograr condiciones de vida pequeño-burguesas. Y, por otro lado, la disolución de las clases medias se está produciendo mucho más lentamente que lo que el Manifiesto creía” (39).

Precisamente en la industria manufacturera más avanzada era donde la división jerárquica tendía a desarrollarse más entre los trabajadores, y "entre éstos, hay sólo un sentimiento tenue de solidaridad" (40). Los trabajadores se dividían por las grandes diferencias de ingresos y los modos de trabajo: "El tornero de precisión y el minero de carbón, el experto decorador de casas y el portero, el escultor y modelador y el fogonero, llevan como regla tipos de vida muy diferentes y tienen diferentes tipos de necesidades" (41).

Bernstein argumentó que el proletariado asalariado era mucho más débil en los países capitalistas avanzados que lo que los socialistas estaban dispuestos a admitir, porque - en contra de las predicciones de Marx - la pequeña propiedad o la propiedad pequeño-burguesa seguía siendo sustancial y numerosa. La gran industria, que, vale la pena recordar se definía en Alemania como cualquier empresa con 50 empleados o más, representaba el 60% de la producción, pero un poco más del 38% del empleo (42). Esta fragmentación de la economía significaba, además, que la propiedad colectiva de la industria social a una escala que permitiese superar rápidamente el capitalismo simplemente no estaba al orden del día.

El revisionismo de Bernstein, aunque global en su menosprecio de las versiones bastardas de la ortodoxia marxista, no estaba exento de ambigüedades y predicciones aventuradas. En su respuesta a los críticos se quejó regularmente de ser mal interpretado, e insistió en que no pretendía ninguna nueva orientación táctica. Karl Kautsky tenía razón cuando escribió que "el único resultado final práctico" de la crítica dispersa de Bernstein era "una exhortación a no utilizar términos que podrían asustar a la burguesía" (43).

Respuesta 1: Parvus

En una respuesta bastante eficaz a Bernstein, el socialista de izquierda ‘Parvus’ (Alexander Helphand, en la foto), señaló que el tamaño de los lugares de trabajo no determinaba si un sector industrial estaba maduro para la socialización. Si numerosos talleres relativamente pequeños se coordinaban en red convenientemente, estando socializados bajo el capital, podrían ser igualmente socializados como propiedad colectiva. Apuntó asimismo que el sector de la fabricación de gas alemán, un candidato obvio incluso para la nacionalización bajo un "capitalismo de estado", estaba compuesto por 427 empresas que empleaban cerca de 35 hombres por empresa. Pero estaba integrado (44). Por el contrario, las empresas que estaban verdaderamente dispersas y eran independientes entre sí, como aquellas orientadas principalmente al servicio personal, no eran técnicamente aptas para la "concentración" incluso si se empleaban proletarios. Parvus puso como ejemplos a instaladores, fontaneros, electricistas y decoradores de interiores (45).

Parvus reconoció que la clase media de "personal técnico y administrativo", aunque por lo general indiferente a los trabajadores y rechazados por estos como capataces, necesariamente tendrían un "papel destacado" en una economía socialista como "planificadores". Esto planteaba un peligro para un gobierno obrero, ya que tenían la voluntad y la capacidad de dominar:

“Nosotros, como políticos que conscientemente preparan el camino para la revolución social, no tendremos entonces más remedio que 1) desarrollar una rápida expansión de la educación técnica para asegurar que la sociedad tiene suficiente personal técnico y administrativo a su disposición, y 2) desalentar [su] aventurerismo mediante la extensión de la organización democrática de la dirección de la fábrica y el uso energético de un poder político central” (46).

Para Parvus, mientras que el tamaño de la empresa determina si el empresario tenía una conciencia capitalista o pequeño-burguesa, esto no se aplicaba pari passu a los trabajadores. Esos trabajadores de la gran fábrica - y dependiendo de la industria, señaló, una fábrica que emplease a 50 trabajadores podría considerarse "grande" – no necesariamente tenían que ser la mayoría de los asalariados para que existiese un proletariado consciente, pero sí el núcleo determinante de la población urbana socialmente progresista. El número relativamente pequeño de trabajadores de la gran industria "actuaría como centro de coordinación de capas asalariadas mucho más amplias” (47).

Parvus menospreciaba demasiado la capacidad de la verdadera pequeña-burguesía de resistir el movimiento proletario: "la revolución social no será frenada por la posible, pero muy poco probable, resistencia de las lavanderas y los barberos" (48). Sin duda, pero la enorme masa de la pequeña-burguesía y las crecientes clases profesionales eran una auténtica barrera para el avance socialista. El énfasis de Parvus, sin embargo, se apoyaba en el argumento de que no era necesario esperar a que el capitalismo se articulase en grandes unidades de producción para que el socialismo se convirtiese en una alternativa.

Respuesta 2: Rosa Luxemburgo

Rosa Luxemburgo (en la foto en un mitin del SPD) también atacó a Bernstein desde la izquierda. Sus argumentos, sin embargo, fueron bastante poco ortodoxos. Reconoció que las tácticas propuestas por Bernstein - la lucha por reformas - no diferían de la práctica cotidiana de la socialdemocracia. Tampoco estaba en contra. En lo que no estaba de acuerdo con Bernstein era en su balance de esta actividad práctica cotidiana. Donde Bernstein veía una actividad política y sindical con el objetivo de subordinar el capitalismo al control social, Luxemburgo insistía que no eran más que vehículos para preparar al proletariado mentalmente para la revolución social:

“La principal importancia socialista de la actividad política y sindical consiste en el hecho de que se socializa la conciencia , la conciencia de la clase obrera. Si se concibe como un medio para la socialización directa de la economía capitalista, no sólo no alcanzará su supuesto objetivo; también perderá su otra y única posible significación social: dejará de ser un medio para preparar a la clase obrera para la revolución proletaria” (49).

La lucha de clases sin llegar a la revolución, sin embargo, tenía un mérito intrínseco relativo.

Luxemburgo aceptaba que la conciencia del proletariado no era espontáneamente socialista. De hecho, la actividad sindical no cuestiona el capitalismo sino que refleja "la ley capitalista de los salarios: es decir, la venta de ... la fuerza de trabajo a los precios del mercado" (50). Los sindicatos podían ser positivamente reaccionarios al intentar frenar la introducción de mejoras técnicas en la producción en defensa de la posición relativamente privilegiada de los trabajadores cualificados. Si los sindicatos trataban de utilizar su poder de negociación para mantener artificialmente el precio de los bienes producidos por sus miembros, estaban operando efectivamente como un cartel con los empleadores contra los consumidores. Las reformas sociales reivindicadas por Bernstein tendían a tener estos efectos regresivos (51).

En lugar de mantener o mejorar la productividad capitalista, el reformismo de Bernstein tendía a debilitarla. El reformismo, por lo tanto, no era práctico, ya que, desconectado de la lucha para trascender el capitalismo, simplemente debilitaba su dinamismo económico (Georges Sorel argumentó algo similar). La política de clase del proletariado, desconectada del ideal socialista, era simplemente negativa. " Tan pronto como los resultados prácticos inmediatos [en la forma de reformas sociales] se convierten en el objetivo principal, el punto de vista de clase duro e implacable, que no tiene sentido, excepto en relación con la lucha para tomar el poder político, se vuelve cada vez más una influencia negativa" (52).

Para Luxemburgo, por lo tanto, el socialismo era necesario para salvar al proletariado de un punto de vista de clase instintivamente egoísta contrario a los intereses de la comunidad:

“El socialismo, por lo tanto, no es definitivamente una tendencia inherente a la lucha diaria de la clase obrera. Es inherente sólo en las contradicciones objetivas crecientes de la economía capitalista y en el reconocimiento subjetivo de la clase obrera que la supresión de estas contradicciones por medio de la revolución social es una necesidad absoluta” (53).

La lógica del reformismo, si quería permanecer fiel al ideal de la mejora de la sociedad en general, debe inevitablemente implicar el abandono de la posición de clase (54).

Para Luxemburgo, el modelo de organización estable del proletariado del SPD era, de hecho, inadecuado para alcanzar el socialismo, y en su lugar creaba ilusiones reformistas. Apostaba, por lo tanto, por crisis cada vez más agudas que tenderían hacia un colapso sistémico del capitalismo como el mecanismo para la radicalización de las masas y la revolución socialista. En contraste con casi todos los otros críticos de Bernstein, defendió con toda claridad que para ella "la teoría del derrumbe capitalista ... es la piedra angular del socialismo científico" (55).

En su trabajo de 1910, la acumulación de capital , Luxemburgo intentó elaborar una teoría del colapso. Argumentó que los capitalistas se apoyaban en sectores no capitalistas de la economía mundial - el campesinado y la pequeña burguesía en los países avanzados, y las colonias - para proporcionar una demanda suficiente para realizar los beneficios que el capitalismo no podía producir en su seno. La consecuencia era el imperialismo, en sí mismo un proceso potencialmente catastrófico, ya que creaba las condiciones de las guerras interimperialistas. En última instancia, esto llevaría a un colapso económico:

“... Cuanto con más violencia, ferocidad e intensidad provoque el imperialismo la caída de las civilizaciones no capitalistas, más rápidamente corta la yerba bajo los pies de la acumulación capitalista. ... La mera tendencia hacia el imperialismo hace que adopte formas que convierten la fase final del capitalismo en un período de catástrofes” 56.

El argumento de Luxemburgo era que el reformismo en sí era insostenible: que no superaría el capitalismo ni lo haría más eficiente. De hecho, todo lo contrario. Sólo la revolución socialista era un objetivo viable para un partido obrero, y la revolución sería el resultado de la reacción popular a las crisis capitalistas agudas.

Respuesta 3: Karl Kautsky

August Bebel, líder del SPD, fue relativamente rápido a la hora de condenar los artículos de Bernstein como "absolutamente vergonzosos" (57). Se mostró especialmente molesto por la acusación indirecta de Bernstein de que sus colegas del SPD aceptaban ciegamente sin discusión cada línea del Manifiesto Comunista (58).

Bebel empujó a Karl Kautsky a escribir una réplica. Kautsky no estaba muy dispuestos a enfrentarse a su viejo amigo, Bernstein, y en el Congreso de Stuttgart del SPD, de hecho, argumentó que su análisis era totalmente apropiado para Inglaterra, pero no para Alemania (59). Finalmente, sin embargo, saltó al ruedo.

En su Anti-crítica (1899) – que curiosamente nunca se tradujo al inglés - Kautsky señaló que esas predicciones de Marx criticadas por Bernstein (la progresiva miseria del proletariado, la desaparición de las clases intermedias y el declive de la pequeña-burguesía) estaban lejos de ser posiciones exclusivas de Marx. Fueron defendidas ampliamente por otros socialistas y comentaristas de la época. Lo original de Marx fue su predicción del crecimiento de la organización del proletariado, de su disciplina y madurez política (60). Como Kautsky resumió, la teoría marxista:

“Ve en el modo de producción capitalista el factor que impulsa al proletariado a la lucha de clases contra la clase capitalista, que a su vez hace que crezca cada vez más en número, unidad, inteligencia, confianza en sí mismo y madurez política, que cada vez más aumente su importancia económica , que debe conducir a su organización como partido político, cuya victoria es segura, como lo es el surgimiento de la producción socialista como consecuencia de esta victoria.

Esta es la teoría básica para el futuro del socialismo organizado; lo que forma el programa básico de los partidos socialistas; esto - no la ridícula teoría del "colapso", que Bernstein nos atribuye - es lo que no debemos perder de vista ...” (61).

Para Kautsky, la "miseria física" del proletariado disminuía, aumentando así su capacidad para organizarse y educarse, mientras que al mismo tiempo su "miseria social" crecía - una miseria social que derivaba de la conciencia del proletariado de la polarización de la riqueza, la proliferación de las mercancías y, por tanto, su afilado sentido de que no estaba recibiendo lo que merecía en justicia.

“La conclusión es el hecho de que el contraste entre las necesidades de los asalariados y la capacidad de satisfacerlas con sus salarios, por tanto también la oposición entre trabajo y capital, es cada vez mayor. En esta era de creciente miseria de una fuerza de trabajo física y mentalmente fuerte, no en la creciente desesperación de hordas medio embrutecidas y delirantes [Marx vio] ... la fuerza motriz más poderosa del socialismo. El trabajo [de Marx] no se refuta señalando el aumento del nivel de vida de la clase obrera” (62).

Kautsky criticó a Bernstein por mezclar, descuidadamente, el término preciso, "capitalista", con el impreciso de 'propietario' ( Besitzender ). Marx no había formulado ninguna predicción sobre el crecimiento o reducción de estos "propietarios", y si los asalariados poseían ropa, sábanas, muebles, quizás una pequeña casa y un campo de patatas, eso no los hacía menos proletarios (63).

Sin embargo, si la producción industrial de mercancías daba paso a una economía basada en el comercio y el mercantilismo – como había ocurrido con la economía holandesa desde el siglo XVIII y quizá la economía británica en el XX - la propiedad rentista se volverían más importante que el trabajo asalariado, y el dinamismo político se agotaría: "lo que es seguro es que el socialismo saldrá de la fábrica y no de la bóveda [ de los bancos]" (64).

Kautsky reconocia que una "nueva clase media" se estaba expandiendo. Se trataba de las clases educadas ( Intelligenz ): médicos, abogados, artistas, funcionarios públicos, periodistas, oficiales de policía, clero, empleados administrativos, técnicos, comerciantes, ingenieros y otros. En contraste con la vieja pequeña burguesía, no estaban unidos fanáticamente a la propiedad privada individual. Tampoco, sin embargo, eran una fracción del proletariado, porque estaban inevitablemente unidos a la burguesía por todo tipo de afinidades y vínculos sociales.

Cuando la nueva clase media actuaba como administradores en los centros de trabajo para el capital, asumían el antagonismo de sus empleadores con la fuerza de trabajo. "Pero la barrera más importante que separa a la Intelligenz del proletariado es que la primera constituye una clase privilegiada. Su posición privilegiada se basa en el privilegio de la educación" (65). Se ven como los líderes meritocráticos naturales de la sociedad, que dominan sobre las masas embrutecidas.

Una minoría de intelectuales, gracias a la ventaja de sus amplios horizontes intelectuales y su formada capacidad para el pensamiento abstracto, puede vincularse al movimiento de los trabajadores progresista, aunque incluso entonces es probable que sean hostiles a la lucha de clases. Sin embargo, con la difusión de la educación, este privilegio se ve amenazado, y la Intelligenz cada vez más es prisionera de ideas reaccionarias y del antisemitismo (66).

Los cárteles y las sociedades participadas, que Bernstein celebraba, pueden suavizar la violencia de los ciclos de auge y recesión, pero al mismo tiempo tienden a hacer que la sobreproducción capitalista sea una enfermedad crónica en lugar de un problema cíclico. Al socavar la sana competencia y al explotar los recursos del estado, también contribuyen mucho a socavar la legitimidad de la propiedad privada capitalista a ojos de los trabajadores. Ningún otro fenómeno de la vida capitalista hace más para convencer a los trabajadores de que el poder político sobre el Estado es una condición necesaria para expropiar a los propietarios ociosos de capital (67).

Bernstein estaba en efecto defendiendo, afirmaba Kautsky, que la socialdemocracia se transformase de un partido de clase del proletariado en un partido democrático interclasista. Pero los elementos no proletarios de semejante partido, al depender de la propiedad privada o de los privilegios de la educación, deben rechazar inevitablemente toda deferencia al proletariado no propietario: "Un partido de concentración democrático sólo es posible bajo un liderazgo burgués" (68).

Si el SPD renunciaba a su orientación de clase, perdería confianza en si mismo y unidad. La realización del socialismo, Kautsky argumentó, requiere la supremacía política del proletariado (aunque era poco entusiasta acerca de la noción marxista de la "dictadura del proletariado" (69)). De hecho, una vez que un partido verdaderamente proletario dominase el estado, sea cual fuera su ideología oficial, las campanas doblarían por el capitalismo. Kautsky asumía que un régimen obrero actuaría inmediatamente para socializar los grandes monopolios capitalistas y para acabar con el desempleo. Esto dejaría a los capitalistas restantes sin ningún medio eficaz para intimidar y disciplinar a su fuerza de trabajo. Soportarían la carga de ser dueño de sus empresas sin ser capaces de gestionarlas de manera eficaz y expresarían el deseo rápidamente de que fuesen adquiridas por el estado.

“En otras palabras, el modo de producción capitalista y la dominación política del proletariado son irreconciliables ... Sea el que sea que organice al proletariado en un partido político independiente de este modo prepara el camino para la idea de ?? la revolución social, cualquiera que sea su amor a la paz, la placidez y el escepticismo con el que contemple el futuro” (70).

En este sentido, Kautsky argumentaba que el reformismo, incluso totalmente ausente de "socialismo científico", conducía inevitablemente al socialismo, pero sólo si estaba guiado por un partido proletario firmemente de clase (para Kautsky, el programa formal de tal partido era totalmente secundario).

Kautsky comprendia que el proletariado puede dividirse por su formación, salario, religión, región y un gran número de otros factores. Estas divisiones eran ciertamente evidente para cualquier persona involucrada en la agitación socialista, que hacían el reclutamiento cada vez más difícil a medida que se alejaba del corazón de la mano de obra industrial. Pero la división del proletariado no era mayor que la de la burguesía, que iba desde pequeños maestros a los plutocráticos señores de la industria, que sin embargo en el siglo XIX habían defendido el liberalismo (71). Y, si bien era cierto que el proletariado no era homogéneo políticamente, siempre en la historia una élite de vanguardia con capacidad política había dirigido a las masas en la lucha.

Para Kautsky, apostar por el proletariado era un deber moral. Si Bernstein tenía razón en creer que el proletariado asalariado era políticamente inmaduro, entonces no cabía ninguna esperanza no ya en el socialismo sino en la misma democracia. Los socialistas no podían esperar "controlar" una falange proletaria homogénea; sólo podían alentar a los trabajadores a mirar más allá de sus intereses sectoriales y ayudar a la clase a organizar de forma independiente su capacidad para gobernar: "Si hacemos uso de todos nuestros esfuerzos en este sentido, habremos cumplido con nuestro deber como socialistas: el éxito de nuestro trabajo depende de factores que no controlamos" (72).

Para Kautsky, las reformas eran una parte necesaria de la lucha proletaria, porque ayudaban a elevar el proletariado, haciéndole capaz de reconstruir la sociedad. El dominio político del proletariado, por sí, llevaría a la construcción de un orden socialista. No podía, sin embargo, garantizarse la madurez de la clase obrera antes de la revolución. Y, cuando la revolución llegó a Europa central en 1917-1919, provocando la división del movimiento socialista internacional, Kautsky con tristeza llegó a la conclusión de que la clase obrera había demostrado no estar todavía lista (73).

Conclusiones

Con demasiada frecuencia, la "controversia revisionista” se ha descrito como un simple debate sobre la exactitud de las predicciones de Marx (en el que Bernstein actúa como el chico solitario valiente, que dice al rey que está desnudo). Bernstein, sin embargo, estaba defendiendo una línea política: en contra de la idea de un partido de clase y a favor de una alianza estratégica con la burguesía liberal.

Que perdiese el debate en aquellos años no es sorprendente ( el "revisionismo" fue condenado formalmente en el congreso del SPD de Dresden en 1903): no había ningún grupo importante de la burguesía alemana a favor de una alianza a largo plazo con los trabajadores socialistas. Incluso en Inglaterra, que tanto idealizaba Bernstein, el ideal fabiano de 'permeación' de la clase política con planes socialistas 'razonables' y tecnocráticos obviamente había fallado, ya antes incluso del comienzo de la controversia, y estaba constituyéndose un Partido Laborista sólidamente proletario (como lo era entonces).

Los oponentes de Bernstein defendían alianzas tácticas con los progresistas burgueses, si eran posibles, pero insistían en la necesidad de un partido proletario sólidamente comprometido con sus propios intereses de clase. Pero no se limitaban simplemente a repetir a Marx. Parvus negó la caricatura (aún en vigor) de que la inevitable "polarización de clases” fuese una predicción marxista; Luxemburgo insistió en que el reformismo era económicamente y socialmente regresivo a menos que condujese al socialismo; Kautsky (el "Papa del marxismo”) conjeturó una revolución socialista ¡sin socialistas! No hubo una respuesta única "ortodoxa" a Bernstein.

Como la mayoría de los debates en un movimiento vivo, hubo más respuestas que preguntas. 

Notas:

1. E Bernstein, ‘German social democracy and the Turkish troubles’ Neue Zeit October 14 1896, in H and JM Tudor (eds) Marxism and Social Democracy: the revisionist debate 1896-1898 Cambridge 1988, p51. 

 2. EB Bax, ‘Our German Fabian convert; or, socialism according to Bernstein’ Justice November 7 1896, in JM Tudor op cit p64. Cf EB Bax, ‘The socialism of Bernstein’ Justice No21, November 1896, in JM Tudor op cit p71. 

 3. EB Bax, ‘Our German Fabian convert’, in JM Tudor op cit p73. 

 4. E Bernstein, ‘The struggle of social democracy and the social revolution’, part 1: ‘Political aspects’ Neue Zeit January 5 1898, in JM Tudor op cit p154. 

 5. EB Bax, ‘Colonial policy and chauvinism’ Neue Zeit December 21 1897, in JM Tudor op cit pp140-49. 

 6. Cited in E Bernstein, ‘The struggle of social democracy and the social revolution’, part 2: ‘The theory of collapse and colonial policy’ Neue Zeit January 19 1898, in JM Tudor op cit p159. 

 7. Un punto que Kautsky subrayó en K Kautsky Bernstein und das sozialdemokratische Programm: eine Antikritik Stuttgart 1899 pp42-43. Un compañero revisionista, Konrad Schmidt, decía identificar la teoría del colapso en el Manifiesto Comunista , pero sólo fue capaz de ello en tanto que una crisis social multidimensional en vez de una convulsión económica singular. Ver K Schmidt, "El objetivo final y el movimiento” Vorwärts, 20 de febrero de 1898. Rosa Luxemburgo, en respuesta a Bernstein, de hecho sí formuló una teoría del colapso basada en la incapacidad del capitalismo internacional de generar mercados suficientes para su producción de mercancías, y su incorporación y agotamiento de todos los mercados no capitalistas. El capitalismo estaba así "inexorablemente acercándose al principio del fin, el momento de la crisis final del capitalismo" (R Luxemburgo, “El método” Leipziger Volkszeitung, 21 de septiembre en 1898 JM Tudor op.cit P258. 

 8. Por ejemplo, A Bebel La mujer y el socialismo, Nueva York, 1910, P366.

9. E Bernstein, ‘Collapse and colonial policy’, p164. 

 10. E Bernstein The preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p125. 

 11. E Bernstein, ‘The conflict in the English engineering industry’, part 1: ‘The issues of principle in the conflict’ Neue Zeit December 20 1897, in JM Tudor op cit p124. 

 12. E Bernstein, ‘General observations on utopianism and eclecticism’ Neue Zeit October 28 1896, in JM Tudor op cit p77. Cf E Bernstein, ‘Problems of socialism’, second series: ‘Socialism and child labour and industry’ Neue Zeit September 29 1897, in JM Tudor op cit p106. 

 13. E Bernstein, ‘General observations on utopianism and eclecticism’ Neue Zeit October 28 1896, in JM Tudor op cit p80. 

 14. JA Hobson, ‘Collectivism in industry’ (October 1896): www.marxists.org/archive/hobson/1896/10/collectivism.html. 

 15. E Bernstein, ‘The struggle of social democracy and the social revolution’, part 1: ‘Political aspects’ Neue Zeit January 5 1898, in JM Tudor op cit p153. 

 16. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p150. 

 17. Bernstein to Bebel, October 20 1898, in JM Tudor op cit p326. 

 18. E Bernstein, ‘The realistic and the ideological moments in socialism’ Neue Zeit Nos34 and 39, 1898, in JM Tudor op cit p235. 

 19. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p107. 

 20. E Bernstein, ‘The realistic and the ideological moments in socialism’ Neue Zeit Nos34 and 39, 1898, in JM Tudor op cit p241. 

 21. ‘Statement’ by Edward Bernstein, read by August Bebel to the SPD party in Stuttgart, in JM Tudor op cit p290. 

 22. El sufragio universal nos "informó con precisión de nuestra propia fuerza y ​​de la de todos los partidos hostiles y, por lo tanto, nos proporcionó una medida de la proporción de nuestras acciones insuperable, salvaguardándonos tanto de una inoportuna timidez como de una temeridad prematura": www. marxists.org/archive/marx/works/subject/hist-mat/class-sf/intro.htm. 

 23. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, pp206-08. 

 24. E Bernstein, ‘Crime and the masses’ Neue Zeit November 10 1897, in JM Tudor op cit pp109, 110, 130. 

 25. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p152. Cf ibid p205. 

 26. E Bernstein, ‘General observations on utopianism and eclecticism’ Neue Zeit October 28 1896, in JM Tudor op cit pp74-75. 

 27. E Bernstein, ‘Social democracy and imperialism’ (May 1900), in RB Day and D Gaido Witnesses to the permanent revolution: the documentary record Chicago 2009, p219. 

 28. Cited in E Bernstein, ‘The theory of collapse and colonial policy’ Neue Zeit January 19 1898, in JM Tudor op cit p167. 

 29. E Bernstein, ‘Critical interlude’ Neue Zeit March 1 1898, in JM Tudor op cit p220. 

 30. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p175. 

 31. E Bernstein, ‘Critical interlude’ Neue Zeit March 1 1898, in JM Tudor op cit 221. 

 32. E Bernstein, ‘General observations on utopianism and eclecticism’ Neue Zeit October 28 1896, in JM Tudor op cit p76. 

 33. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p160. 

 34. E Bernstein, ‘The theory of collapse and colonial policy’ Neue Zeit January 19 1898, in JM Tudor op cit pp168-69. 

 35. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, pp115-19. 

 36. E Bernstein, ‘Critical interlude’ Neue Zeit March 1 1898, footnote viii, in JM Tudor op cit p228. 

 37. E Bernstein, ‘The social and political significance of space and number’ Neue Zeit April 14 and 21 1897, JM Tudor op cit pp83-98 (quotation p88). 

 38. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p158. 

 39. E Bernstein, ‘Critical interlude’ Neue Zeit March 1 1898, in JM Tudor op cit p217. 

 40. E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, p104. 

 41. Ibid p105. 

 42. Cited in E Bernstein, ‘The theory of collapse and colonial policy’ Neue Zeit January 19 1898, in JM Tudor op cit pp161-62. 

 43. K Kautsky Bernstein und das sozialdemokratische Programm: eine Antikritik Stuttgart 1899, p8. 

 44. A Parvus, ‘Further forays into occupational statistics’ Sächsischen Arbeiterzeitung February 1 1898, in JM Tudor op cit p181. 

 45. A Parvus, ‘The social revolutionary army’ Sächsischen Arbeiterzeitung February 6 1898, in JM Tudor op cit pp185-86. 

 46. A Parvus, ‘The social revolutionary army (continued)’ Sächsischen Arbeiterzeitung February 8 1898, in JM Tudor op cit p188. 

 47. A Parvus, ‘Further forays into occupational statistics’ Sächsischen Arbeiterzeitung February 1 1898, in JM Tudor op cit pp182, 183-84, 

 48. A Parvus, ‘Further forays into occupational statistics’ Sächsischen Arbeiterzeitung February 1 1898, in JM Tudor op cit p177. 

 49. R Luxemburg, ‘Practical consequences and the general character of the theory’ Leipziger Volkszeitung September 28 1898, in JM Tudor op cit p270. 

 50. R Luxemburg, ‘The introduction of socialism through social reforms’ Leipziger Volkszeitung September 24 and 26 1898, in JM Tudor op cit p260. 

 51. Ibid en JM Tudor op cit pp261-63. Kautsky estuvo de acuerdo con el argumento de Luxemburgo, mientras que Bernstein se negó a condenar las alianzas sindicales con los cárteles para "contrapesar la competencia desleal y la subvaloración no regulada". E Bernstein Preconditions of socialism (1899), Cambridge 1993, footnote by Bernstein, p137. 

 52. R Luxemburg, ‘Practical consequences and the general character of the theory’ Leipziger Volkszeitung September 28 1898, in JM Tudor op cit p271. 

 53. Ibid. 

 54. R Luxemburg, ‘Practical consequences and the general character of the theory’ Leipziger Volkszeitung September 28 1898, in JM Tudor op cit p272. 

 55. R Luxemburg Social reform or revolution (1899, 1908), in D Howard (ed) Selected political writings of Rosa Luxemburg New York and London 1971, p123. 

 56. R Luxemburg The accumulation of capital: www.marxists.org/archive/luxemburg/1913/accumulation-capital/ch31.htm. 

 57. Bebel to Kautsky, February 15 1898, in JM Tudor op cit p135. 

 58. Bebel to Bernstein, October 22 1898, in JM Tudor op cit p330. 

 59. Kautsky at the SPD party in Stuttgart, in JM Tudor op cit p295. 

 60. K Kautsky Bernstein und das sozialdemokratische Programm: eine Antikritik Stuttgart 1899, p46. 

 61. Ibid p48. 

 62. Ibid p120. 

 63. Ibid p81. 

 64. Ibid p95. 

 65. Ibid p131. 

 66. Ibid pp131-135. 

 67. Ibid p151. 

 68. Ibid p177. 

 69. Ibid p172. 

 70. Ibid pp180-183. 

 71. Ibid p188. 

 72. Ibid pp194-95. 

 73. "... la clase obrera no era lo suficientemente fuerte como para ser capaz de mantener el poder que la catástrofe puso en sus manos, sobre todo porque la guerra había debilitado sus filas, desmoralizado a muchos de sus miembros, y desorganizado a la mayoría de los sectores revolucionarios. En lugar de ofrecer un frente unido a sus oponentes de la clase media, la clase obrera fue devastada por las luchas internas " (K Kautsky The labour revolution (1924): www.marxists.org/archive/kautsky/1924/labour/ch02_b.htm).

Fuente:

Nos han saqueado

Víctor Arrogante
La crisis económica que padecemos no se produjo por casualidad ni por que las cosas en economía son cíclicas y nos ha tocado. Un dato: el ministro en funciones de Economía y Competitividad Luis de Guindos, era miembro del Consejo Asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y Director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008. Ya sabemos como provocó la caída en cadena de tantas economías como la española. De otra parte, se calcula en más de 7.500 millones de euros saqueados por la corrupción de empresarios y políticos sin escrúpulos, mientras reducían los gastos sociales.

Hemos conocido el Barómetro del CIS de Septiembre, por el que la segunda preocupación de los españoles es la corrupción y el fraude (el primero sigue siendo el paro). El cuarto de los problemas son los de índole económica. El 89,1% considera que la situación política sigue siendo «mala» o «muy mala»; y el 64,7% de los encuestados que la situación económica es «mala» o «muy mala» y con pocas esperanzas de futuro (seguirá igual para el 40,2% y peor para el 22,8%). Pese a todo, no se entiende que algunos miembros del partido socialista pretendan que siga gobernando el PP.

Algunas encuestas, tras la crisis en el PSOE, muestran que la celebración de terceras elecciones rompería el equilibrio de fuerzas que existía hasta ahora y el PP saldría muy reforzado. Esta situación se confirma en el Barómetro de Octubre del Instituto DYM para El Confidencial, que pronostica que el principal beneficiado de terceras elecciones sería el PP y el más perjudicado el PSOE, que caería a la tercera posición, siendo adelantado por Unidos Podemos, que quedaría como líder de la oposición. También confirma que el 69,6% de los encuestados cree que unas terceras elecciones no solucionará el bloqueo político. Conclusión: el PP, implicado en los dos grandes escándalos de corrupción, no roza a Rajoy ni como testigo, y sería el partido más votado y con mayor fidelidad de votantes.

Otras encuestas, como la de JM&A para Público, nos dicen que en unas terceras elecciones, ni el PP ganaría escaños ni tendría mejores bazas para sacar adelante la investidura de Rajoy a la presidencia del Gobierno. Todo por ver, después de las declaraciones de Rajoy, asegurando que no pondrá condiciones al PSOE para que se abstenga y el aviso de Fernández de que «en ningún caso le va a dar estabilidad».

A lo que vamos, el objetivo del sistema capitalista es ganar dinero con lo que fabrica y vende cuanto más mejor. Cuando la capacidad de producir crece más que la posibilidad de consumir, entra en juego el sistema financiero, que concede créditos al consumo, provocando el endeudamiento desproporcionado de familias y empresas. Cuando los precios suben o se inflan, como fueron los de la vivienda, se crea una «burbuja especulativa» y cuando la distancia entre la capacidad de compra y capacidad de pago aumenta, el riesgo de impago sobrepasa los límites y estalla la burbuja. Si a esto sumamos, lo que se han llevado los corruptos gestores empresariales y los políticos administradores públicos, las arcas se vacían.

Estamos sufriendo las consecuencias de los recortes y ajustes económicos que los gobiernos de turno han ejecutado en los últimos años. Es la puesta en práctica de la ideología neoliberal, «teoría económica y políticas austericidas contra el pueblo llano». Para Adam Smith, las relaciones económicas de forma equilibrada se producen gracias a una «mano invisible», que, de forma espontánea, coordina los mercados y sus intereses. Keynes defiende, que en momentos de crisis, es necesaria la intervención del estado para corregir los desequilibrios que el mercado origina, mediante políticas fiscales y redistributivas. Para Marx, el capitalismo se sustenta en la existencia de dos clases cuyos intereses son antagónicos: la burguesía, dueña de los medios de producción, y el proletariado, dueño de su fuerza de trabajo. Burguesía y proletariado enfrentados en una «lucha de clases», que sigue vigente aunque no se diga.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), ilustra en un informe, que 2.000 millones de personas no tienen contrato, carecen de derechos y de protección social, perciben un salario injusto o sufren enfermedades y accidentes laborales. También denuncia que 168 millones de niños están atrapados en el trabajo infantil y 21 millones de personas son explotadas en condiciones de trabajo forzoso. Dos tercios de los trabajadores que hay en el mundo, carecen de contrato laboral y de derechos, sufren discriminación, cobran salarios inferiores a sus capacidades, no tienen protección social y están sobreexpuestos a accidentes o enfermedades laborales. Datos que muestran las escandalosas cifras de la barbarie capitalista.

Tras el fracaso de los países comunistas, la «economía planificada», dejó de ser alternativa al «capitalismo». Los defensores del «mercado», se hicieron más fuertes y el «pensamiento único» se implantó globalmente para quedarse. ¡Qué el estado no intervenga! y piden privatizaciones, inversión pública o rescate cuando se reducen las ganancias. En este sistema económico, si alguien no compra, otro no vende, no obtiene beneficios, por lo que no tiene sentido seguir produciendo ni mantener asalariados. El objetivo es ganar dinero a costa de lo que sea y es secundario lo que se venda: si existe demanda (incluso prostitución, armas o drogas), si crea beneficio y posibilidad de acumulación de riqueza, todo vale. El capitalismo alcanza las mayores cuotas de creación de riqueza, a costa de la injusticia social.

Hay otro enfoque posible, en el que ni todo vale, ni todo consiste en ganar dinero, en donde la producción adquiere una función social. El modelo, basado en la competencia, combina: la libre iniciativa, con progreso social, asegurado por la capacidad económica. Los valores éticos en los cuales se fundamenta la economía social de mercado, se centran en principios que guardan relación con la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiaridad, a fin de lograr un sistema económico equilibrado, al servicio de la calidad de vida de los seres humanos. En la «economía social de mercado», el Estado interviene, para garantizar la justicia social.

La Constitución española permite lo uno y lo contrario. Proclama la voluntad de «Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida». Dice en su articulado: «Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad». Reconoce el derecho y el deber de todos los españoles «al trabajo,… y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia». España se constituye en un «Estado social y democrático de Derecho» y garantiza un orden económico y social justo. «Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado». Los gobiernos han optado por la economía de mercado, alejándose del Estado social.

En estas estábamos cuando El 2 de septiembre de 2011 el Congreso aprobó, a propuesta de Rodríguez Zapatero, con 316 votos a favor y 5 en contra, la primera reforma constitucional de calado, para introducir de forma urgente en la Constitución el principio de estabilidad financiera para limitar el déficit. La reforma salió adelante con el desplante del resto de grupos: CiU y PNV presentes en el hemiciclo y se ausentaron IU, ERC, NBG, ICV y Nafarroa Bai. El PSOE justificó la reforma: «No hay peor sordo que el que no quiere oír, le digo que las tensiones en los mercados han llegado a un límite que pone en riesgo las políticas sociales. Esta es la realidad», le espetó el portavoz socialista José Antonio Alonso a Gaspar Llamazares.

Al grito de «ahora no es Tejero, son Rajoy y Zapatero», el Movimiento 15M protestó airadamente contra lo que llamaron mercadocracia, que había suplantado a la democracia. En el extremo opuesto, la canciller alemana Angela Merkel, defensora del principio de estabilidad financiera en las constituciones europeas, felicitó al presidente Zapatero. Lo hicieron también la OCDE, el presidente Sarkozy, y la agencia de calificación Moody's. Por quienes apoyaron la reforma, podemos conocer lo que se pretendía con la famosa reforma del artículo 135. Izquierda Unida presentó una enmienda la totalidad, al considerar muy grave, lo que calificó como «golpe de los mercados a la Constitución», rechazando frontalmente la reforma constitucional.

Las novedades introducidas en la Constitución, consagraron el principio de estabilidad presupuestaria, supeditando la política de deuda a las decisiones europeas. Se da «Prioridad absoluta» en los presupuestos del Estado en el pago de la deuda, cuyas condiciones no podrán ser renegociadas, límites de deuda por ley, que sólo podrán incumplirse en caso de «catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia». La reforma de la Constitución, se hizo con agostidad sin someterla a ningún debate público ni plantear una consulta a la ciudadana sobre el cambio de la Carta Magna. La norma consagra una cesión de soberanía a la UE y a los mismos especuladores que amenazaban con hundir la economía española. «Prioridad absoluta» para pagar a unos acreedores, que exigían unos intereses altísimos por prestar el dinero. Primero la deuda, después, todo lo demás (sanidad y educación incluidas).

El gobierno de Rajoy, que gestiona el Estado al servicio de los intereses del capital, con la excusa de la crisis, ha desmantela el «Estado social» y hasta el democrático de Derecho con su rodillo, sus reformas y las dejaciones en la administración de justicia. Con austeridad y sin inversión pública, recortó gastos en prestaciones sociales, eliminó derechos y servicios públicos esenciales y privatizó otros. El gobierno no ha asumido su fracaso y Rajoy, pese a lo que dice, ha consolido la miseria. La crisis la hemos pagado los que siempre pagamos todo, en beneficio de los poderosos.

Desde determinados ámbitos del PSOE, se piensa en la abstención para que siga gobernando Rajoy y los suyos, pese a la corrupción y sus políticas antisociales y regresivas. Javier Fernández ha llegando a decir «abstenerse no es apoyar al PP», pero si es consentir. Espero que el partido socialista tenga en cuenta al menos el caso Gürtel, en el que se procesa a 37 personajes corruptos miembros o cercanos –incluso al propio PP de Rajoy–, en el que se piden hasta 732 años de cárcel y millonarias indemnizaciones.

No puede permitirse que una «organización criminal», que ha saqueado las arcas públicas, vuelva a gobernar.

@caval100